Ciencia y fe: ¿opuestas
o complementarias?
Carlos Ojea (22/2/2006)
Comienzo
mi colaboración en la sección de ciencia
del Club Lorem Ipsum con un tema que en este momento
se encuentra presente en la sociedad. El tema en cuestión
no es otro que el siguiente: ¿la ciencia y
la fe se oponen entre sí o se complementan?
El ejemplo más claro de esta cuestión
candente es la reciente lucha entre el evolucionismo
y el diseño inteligente (ID, intelligent
design) que ha tenido lugar en Estados Unidos.
Da la sensación de que la fe se entromete en
cuestiones de ciencia y que la ciencia hace lo propio
en ocasiones con temas de fe. La pregunta es clara:
¿Son la ciencia y la fe como dos trenes que
chocan frontalmente o cada una camina por su vía
hacia el conocimiento de la verdad?
Si yo preguntase si la historia y
la música se oponen entre sí o si se
complementan, creo que la respuesta general sería
lo segundo porque todas las ramas del saber deben
complementarse, aportando cada una de ellas el granito
de arena que les corresponde. Es cierto que las composiciones
de un músico pueden verse influenciadas por
el contexto histórico en el que se encuentra;
eso pertenecería a la parte de complemento.
Pero ni una situación histórica determinada
puede describirnos la belleza de una partitura ni
una composición musical, con sus notas y demás
elementos, podrá hablar jamás de la
historia.
¿Por qué han de oponerse
ciencia y fe si tratan cosas diferentes? La ciencia
nos habla del mundo tangible que tenemos ante nuestros
ojos mientras que la fe nos habla de Dios. ¿Qué
puede decir la teoría de la relatividad sobre
Dios? Nada. ¿Qué pueden decir las bienaventuranzas
de las leyes de Newton? Nada. A la ciencia no le compete
la fe y a la fe no le compete la ciencia. ¿Cómo
pueden chocar dos trenes que no circulan por la misma
vía?
Sin embargo, todo esto parece pura
teoría ya que podemos comprobar con relativa
frecuencia que parece haber una confrontación.
Eso ocurre, sencillamente, porque se entiende mal
la ciencia, la fe o las dos al mismo tiempo.
Pensemos en dos ejemplos. El primero,
el ya mencionado ID. ¿Cómo puede introducirse
la idea de un ser o un conjunto de seres inteligentes
que dirigen el camino del Universo y la evolución
de los seres vivos si no es algo científico?
Si se me permite hablar a título personal,
he de decir que yo creo en Dios, soy católico.
Pero también creo que la ciencia debe ocuparse
de los hechos verificables con experimentos y no de
ideas filosóficas: para ello existen la filosofía
y la teología. Es evidente que si uno observa
una magnífica escultura, sabe por pura lógica
que ha sido esculpida por un artista. Pero esa deducción
no pertenece al arte de esculpir, es un hecho aparte.
Observando el Universo se puede llegar a la conclusión
de que tiene que haber alguien detrás de tan
gran obra. Pero esa deducción es cuestión
de fe, no de ciencia.
El segundo ejemplo es de hace unos
cuatro años, cuando el científico Stephen
Hawking anunció haber encontrado una forma
de demostrar el origen del Universo sin la necesidad
de que exista un ser creador. En definitiva, trató
de refutar la existencia de Dios. Fue un error de
base. La ciencia no puede demostrar ni refutar algo
que no pertenezca a ella, igual que una partitura
no nos puede decir si nos encontramos en una época
u otra de la historia. Jamás habrá una
ecuación que demuestre la existencia de Dios
o su inexistencia. La ciencia nunca podrá pronunciarse
sobre Dios más que para mantenerse en una posición
neutral. Y si lo hace, hará mal. Igual que
la fe y la filosofía en caso contrario.
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