Fronteras de la socialdemocracia
(I)
Oliver Laufer (22/2/2006)
En
este ensayo de varios capítulos intentaré
demostrar objetivamente la ineficacia del Estado para
sostener gastos que no le competen. Por eso, este
será un ensayo en defensa del Liberalismo Clásico,
aceptando la existencia del Estado de forma limitada.
Es decir, este ensayo está escrito en defensa
del Gobierno Limitado, donde el papel del Estado,
además de observador, es el de asegurar los
servicios básicos: justicia, seguridad e infraestructuras.
Pensiones.
El primer punto, de una increíble
importancia, radica en la distribución de las
riquezas de los individuos. Un gobierno socialdemócrata
partiría del supuesto económico de que,
para satisfacer algunos servicios, es necesaria la
participación estatal. Esta participación
consistiría en llevar a cabo una recaudación
fiscal obligatoria que, en suma, pagaría las
prestaciones que requieren los individuos beneficiarios.
Es decir, en la socialdemocracia es
obligatorio transferir dinero de un grupo de personas
(contribuyentes) a otro grupo (beneficiarios), incluso
cuando no es necesaria dicha transferencia, ya que
este segundo grupo posee capacidad de capitalizarse
sin que el Estado intervenga, y lo demostraré
a continuación. Pero para ello partiré
de una idea más básica.
El mayor enemigo que posee el sistema
de transferencia estatal es la evolución de
las pirámides de población. Es decir,
el aumento de la longevidad, así como la disminución
de la natalidad, han creado cambios en las pirámides
poblacionales. Estos cambios son conocidos como transiciones
demográficas y poseen una total correlación
con el desarrollo económico y político
de la región.
El gasto público en el Estado
de Bienestar se basa en la dependencia y en la transferencia.
Por eso se acude al traspaso de capital del sector
que produce, esto es, individuos dentro del mundo
laboral, al sector que depende, los llamados beneficiarios,
que en una pirámide poblacional, en Seguridad
Social, engloban a los mayores de 65 años.
En términos económicos,
la socialdemocracia parte de la idea de que la recaudación
fiscal dentro del sector activo es suficiente para
mantener a los beneficiarios.
Actualmente el principal problema
radica en que la elevada política fiscal dificulta
la capacidad de ahorro de los individuos, y con ello
se obstaculiza el desarrollo económico. Pero
las consecuencias a medio y largo plazo van más
allá del ahorro.
Hoy en día, el número
de personas en edad laboral dentro de España,
por ejemplo, es del 68,6% de la población
total, incluyendo a los desempleados. Mientras que
el número de jubilados alcanza 16,9%.
Esto es, 7 de cada 10 personas mantienen,
al pagar sus impuestos, a las tres personas restantes,
en concepto de pensión, escolaridad, desempleo
y un largísimo etcétera.
La transición demográfica
obligará por naturaleza a que en el año
2025, en ese mismo país, sean 6,5 de cada 10
las que realicen esta función. Y que en el
año 2050 sea el 52% de la población
la que sostenga al 48% restante.
En el año 2050, de cada 10
personas que trabajen o estén en edad de trabajar,
habrá otras 9 personas que dependerán
de las primeras 10. Esto significa que el número
de jubilados rondará el 35,6%, y será
completamente insostenible mantenerles a través
de una política económica socialdemócrata,
en la que el Estado administra las pensiones.
Traduciéndolo al mundo real,
hoy siete personas que ganan alrededor de 2.000 euros
mensuales, entrega cada una aproximadamente el 25%
de su sueldo cada mes en Impuestos, unos 500 euros
mensuales. Esto es, 6.000 euros anuales cada una.
O bien, 42.000 euros anuales entre las siete, -sin
tomar en cuenta que entre esas siete puede haber desempleados.-
Pero serían 42.000 euros logrados
del esfuerzo de haber realizado un trabajo, aunque
destinados a sostener las pensiones y la escolaridad,
entre otras muchas cosas, de las tres personas restantes.
En el 2025 serán poco
más de seis personas las que tendrán
que mantener a las restantes cuatro, y por tanto,
habrá un aumento de los impuestos para hacer
la situación sostenible. Se perderá
un contribuyente y se ganará un beneficiario.
En el 2050, para mantener a
los beneficiarios, los contribuyentes tendrán
que entregar en impuestos la casi totalidad de su
sueldo, para así poder sostener, bajo las arcas
estatales, al sector parasitario de la economía,
es decir, al 48% de la población total del
país.
Esto es, si usted gana 2.000 euros
mensuales, entregará, en el mejor de los casos,
cerca de 1.800 euros en impuestos y sólo le
quedarán unos 200 euros mensuales para consumo
propio. La renta per capita descendería a unos
3.000 euros anuales, frente a los 20.700 euros anuales
de hoy. España tendría la RPC que actualmente
tiene Cuba. Y con este irónico evento, quedaría
perfectamente explicado cuál es el futuro del
Estado de Bienestar, si se le quiere seguir llamando
así.
La socialdemocracia y un Sistema Público
de Pensiones serán simplemente inaplicables
en los próximos años, y por eso deben
llevarse a cabo una revisión y una reconsideración
del Gasto Público y así mantener en
el futuro un equilibrio presupuestario.
Obviamente, este terrible hundimiento
económico no va a ocurrir y, en el punto anteriormente
descrito, ya nos encontraríamos en la cumbre
de este desastre. En los próximos diez años
las consecuencias económicas de las transiciones
demográficas van a comenzar a dar sus primeros
signos de alta visibilidad y se deberá empezar
a actuar desde ahora.
Solución.
La cuestión no es si la socialdemocracia,
en estos parámetros, va a sufrir un gran cambio,
sino cuando debemos empezar dicha modificación.
La solución a este problema es acudir a la
liberalización de los sectores de la economía
que se ven implicados, es decir, acudir en primer
plano, a la privatización del sistema de pensiones.
Y para ello, si deseamos obtener los resultados en
el futuro, debemos aplicar una nueva política
económica en la actualidad. La privatización
de las pensiones no es algo nuevo, y en algunos países,
como por ejemplo Chile, se está llevando a
cabo desde hace varias décadas.
En el caso de Chile se mantienen algunos imperfectos
que deben ser todavía trabajados, como por
ejemplo la obligatoriedad de participar en este sistema
y la lenta erradicación del modelo anterior.
Un sistema privado de pensiones consiste
en que las personas que quieren tener su futuro asegurado,
pueden participar, si así lo desean, en un
Plan de Pensiones Privado. La persona en edad laboral
entregaría una pequeña porción
de su sueldo mensualmente ahorrada al no pagarla en
impuestos. Este porcentaje, sin la intervención
estatal, como demostraré, serviría para
asegurar una vejez cómoda, para aumentar notablemente
nuestra capacidad de ahorro y mejorar nuestro nivel
de vida.
Por ejemplo, sin la devaluación
de hoy, un trabajador que gana en Venezuela dos millones
de bolívares mensuales, podría entregar
cada mes a su Plan de Pensiones cien mil bolívares
que se ahorraría en Impuestos. Tan sólo
un 5% del sueldo, que en 42 años de vida laboral
sumarían más de 50 millones de bolívares
que desembocarían en una pensión mensual,
durante 10 años, de 420.000 bolívares.
Mucho más de lo que cualquier gobierno venezolano
ha dado en pensión nunca. Casi el triple de
lo que da en la actualidad el gobierno de Hugo Chávez.
Este ejemplo es bajo el caso de que
el trabajador sólo decida invertir un 5% de
su sueldo en su futuro, y no un 10% o un 12%, en cuyo
caso se podría cobrar una pensión, durante
diez años, de más de un millón
de bolívares mensuales. Aquí nos estamos
basando, de igual modo, en la idea de que el trabajador
mantenga ese hipotético sueldo de dos millones
de bolívares durante toda su vida, algo también
improbable.
Este trabajador tendría una capacidad de ahorro
mucho mayor que la del trabajador que, ganando ese
mismo sueldo, tiene que invertir obligatoriamente
una cuarta parte de sus ganancias en Impuestos.
La capacidad de ahorro potenciaría
el consumo y aumentaría nuestra calidad de
vida. Por tanto, también podríamos recibir
mejores bienes y servicios que los que nos promete
el Estado, y si no los deseamos o no los necesitamos,
podríamos utilizar ese dinero ahorrado para,
por ejemplo, comprar otra casa cerca de la costa,
o un Cessna, o simplemente para que nuestros hijos
puedan estudiar la carrera que deseen en la Universidad
de Berkley.
Soluciones socialdemócratas.
En la socialdemocracia barajan también
algunas soluciones que no son factibles. Una de ellas
sería la disminución de las pensiones
y, a su vez, un aumento de impuestos. Entendemos con
esto que le daríamos más dinero al Estado
pero recibiríamos menos prestaciones sociales.
La gente preferiría entonces no recibir dichas
prestaciones y ahorrar su dinero para poder invertirlo
en algo útil.
Una segunda opción consistiría
en potenciar positivamente la inmigración en
los países con tendencia a un crecimiento negativo
en las pirámides de población, para
que pudiese haber un mayor número de empleados
que pagasen impuestos. Los problemas de este planteamiento
vienen de que, para empezar, se potenciarían
sectores de la economía que en un país
occidental son innecesarios. A pesar de lo positivo
que implica ser la inmigración para una región,
al haber una abundante mano de obra y un número
limitado de puestos de trabajo, aumentaría
el desempleo. Y finalmente, para que aumentara la
oferta de trabajo en la región, tendría
que disminuir el precio de la mano de obra y la situación
laboral sería, indistintivamente, precaria.
Conclusión.
Por eso mismo la solución más
lógica es privatizar las pensiones. En muy
sencillo: dentro de un contexto de igualdad de oportunidades,
e incluso fuera de ese contexto, el individuo está
en capacidad de administrar su futuro ya que éste
no pertenece al Estado. Las consecuencias de la privatización
de las pensiones en los países que se ha aplicado
han sido tremendamente positivas. Del mismo modo que
se le entrega una considerable porción del
sueldo al Estado obligatoriamente para que éste
lo administre, el individuo puede, en cambio, ahorrar
ese capital y administrarlo de la forma que desee.
No se debe estar atado a ninguna obligación
y mucho menos si ésta es innecesaria.
Oliver Laufer es
miembro de la ODLV
|