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La (aún más) larga crisis española

Wednesday, August 26th, 2009

La economía parece haber pasado a un segundo plano estos días en el debate político español, en gran medida porque el PP parece obsesionado en perder el tiempo utilizando la estrategia del calamar para hablar de corrupción. Supongo que en el PSOE estarán encantados viendo como el principal partido de la oposición se las apaña para ser ridiculizado por todo el mundo estos días, pero sinceramente espero que estén mirando las cifras económicas con un poco más de atención que Rajoy.

Los datos no son, en apariencia, demasiado malos. La banca parece gozar de buena salud, el aumento del paro parece haberse estabilizado y las cosas parecen no estár hundiéndose al mismo ritmo. El problema es que si se miran las cosas de cerca, hay muchas señales ominosas, casi lúgubres que señalan que aún queda mucha, muchísima recesión por delante - y que no se ha tocado fondo ni de lejos.

Primero de todo, la salud de los bancos. Este informe recibía bastante atención en la blogosfera económica americana estos días, y con cierta razón. El problema de partida es que mirando los balances de resultados de los bancos y los precios de la vivienda de cerca, hay buenos motivos para sospechar que esos números no dicen toda la verdad. Para empezar, la burbuja inmobiliaria puede que fuera mucho peor de lo que dicen los datos (España tiene tantas casas vacias como Estados Unidos), y -aún peor- que la caida de los precios es de hecho muchísimo peor de lo que las cifras dicen, y los bancos están usando trucos contables para negar la evidencia.

Segundo, si bien España tuvo menos hipotecas basura en el sentido estricto (es decir, menos casas vendidas a gente que ni siquiera pretendía demostrar que tenía un salario, etcétera), el horroroso mercado laboral ha acabado por crear una cantidad de impagos igual o peor que el que puso el sistema americano contra las cuerdas. La regulación bancaria española es elegante, pero no hay nada que sobreviva a un 20% de desempleo, por mucho que hagas a tus bancos aversos al riesgo. Por mucho que el paro parezca haber bajado un poco, no soy el único que cree que aún seguirá subiendo, creando más problemas.

La salud de los bancos no sólo depende de las hipotecas impagadas, sin embargo; tenemos también el pequeño problema de la deflación. Los precios en España es bastante probable que estén bajando, creando una situación muy peligrosa para quien tiene préstamos: si la moneda vale cada vez más,  pagar deudas se hace cada vez más difícil, ya que el valor de la deuda está aumentando mientras que el precio del activo disminuye, haciendo pagar esa hipoteca es cada vez más complicado.

Para acabar de complicar las cosas, la banca española parece haber llegado a la conclusión que todo esto es pasajero, y que es mejor apretar los dientes y seguir manteniendo con vida a sus creditores que dejarles morir y comerse las pérdidas. Las inmobiliarias son las mayores beneficiarias de esta clase de refinanciación de la deuda, pero no son de lejos las únicas (Hola, señores de PRISA). En condiciones normales, esto debería llevar a los bancos a la quiebra a medio plazo, pero ya sabemos que los bancos no pueden quebrar; de momento sobreviven gracias a la liquidez artificial (y necesaria) del BCE, zombies manteniendo con vida a empresas zombies.

En otros sitios (como en Estados Unidos) la zombificación no se ha vuelto en algo demasiado peligroso porque los bancos han podido recapitalizarse a bases de generar beneficios - el problema es que en España, por múltiples motivos, eso es muchísimo más complicado (y sí, eso incluye el horrible mercado laboral que necesita ser reformado, etcétera). La burbuja inmobiliaria era peor, el nivel de financiación externa fue muchísimo más exagerado y el Banco Central Europeo no ha sido, ni de lejos, tan manirroto como la Reserva Federal.

Como resultado, es posible (no seguro, pero posible) que el sector financiero español, o más concretamente, los bancos y cajas que no se ha diversificado internacionalmente (todo aquel que no se llame Santander o BBVA, vamos) esté en camino de pegarse un tortazo descomunal. Si eso sucede (y ya digo, no es seguro), que Dios nos pille confesados a nosotros, y que pille al resto de Europa despiertos, porque cuando el principal moroso del continente deje de poder pagar (gracias a su deflación), todos esos listillos que nos dejaron dinero se van a pegar un castañazo con nosotros.

¿Veremos algo de este estilo en un futuro cercano? No necesariamente. Todo lo dicho arriba se basa en una serie de conjeturas un tanto forzadas sobre los datos sobre el terreno. Si la burbuja inmobiliaria no es peor de lo que parece, la cantidad de hipotecas basura es menos malo de lo que dice, la deflación no está realmente allí (¡el precio del petróleo al rescate!) y el paro no va a subir demasiado más (digamos que el sector de la construcción se ha reestructurado a lo bestia y no queda mucho más ajuste), lo de arriba no sería la previsión correcta. Si sólo alguno de estos factores se cumplen, la crisis empeorará, pero no demasiado más.

¿Podemos ser optimistas? La verdad, no lo sé. El Santander conoce mejor que nadie el estado real del mercado inmobiliario, y parece estar apostando estos días a que la cosa ha tocado fondo, via recompra de activos hipotecarios. Aún así si yo estuviera en el Ministerio de Economía no dormiría tranquilo, me pasaría el día llamando a bancos de forma histérica y haría lo imposible para prepararme para lo peor, preparando nacionalizaciones bancarias por un lado, y estando listo para suplicar al BCE y FMI que tengan piedad de nosotros. Y por descontado, la economía mundial parece que está empezando a recuperarse, pero quién sabe si hay algún otro desastre espantoso (hundimiento del mercado comercial o algo peor) que ponga a todo el mundo en problemas.

Lo que no podemos olvidar, sin embargo, es que la economía española ya está en una situación espantosa ahora mismo, sin la ayuda de ningún colapso bancario espantoso. Si merced de una actuación heróica del gobierno lo peor no sucede, no podemos alegrarlos demasiado, ya que a España a efectos prácticos ya se ha despeñado por el barranco que nuestros vecinos (excepto Irlanda e Islandia) no llegaron a tirarse. Para salir de esta y asegurar que nos la peguemos otra vez, hacen falta reformas serias - reformas que no incluyen batallar otra vez el dichoso sistema autonómico o fantasías de escuchas ilegales, y sí cosas más difíciles como… bueno, ya sabéis qué.