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¿Sobrevivirá la reforma de la sanidad en Estados Unidos?

Wednesday, January 20th, 2010

Tras el resultado electoral de Massachusetts, ¿Es este el final de la reforma de la sanidad en Estados Unidos?

Aunque parezca increíble, la combinación de un 41% de escaños nihilistas en el Senado y una mayoría profundamente idiota puede hacer que eso suceda. Recordemos dónde está la ley ahora. Tras un año (¡!) de interminables negociaciones del partido idiota consigo mismo (y un par de meses tirados a la basura persiguiendo unos nihilistas listillos que pretendieron colaborar), tanta la Cámara de Representantes como el Senado aprobaron su versión de la ley. Desde finales de diciembre, negociadores de ambas cámaras están negociando un texto de consenso para llevarlo (de nuevo) a votación, con la idea de aprobar la ley antes de fin de mes. Por lo que parece, el texto final estaba básicamente cerrado, listo para enviarlo a la CBO y ser votado.

Pequeño problema: los demócratas idiotas tienen amplias mayorías en ambas cámaras para aprobar la ley, pero no tienen suficientes votos para cerrar el debate en el Senado. A pesar de tener 18 escaños más que el partido nihilista, la minoría puede (y lo hará con entusiasmo) cerrar la puerta a la ley completamente. El texto consensuado, apoyado por una mayoría abrumadora de la cámara, no puede llegar a ninguna parte. ¿O no?

No exactamente. Los idiotas tienen un plan B. Una ley necesita ser aprobada por mayoría simple en ambas cámaras; ahora mismo hay dos textos que cumplen este requisito en una de ellas. Si la Cámara de Representantes (que no necesita absurdas supermayorías) simplemente toma el texto del Senado y lo aprueba tal cual, la ley estará lista y Obama sólo tendrá que firmarla.

¿Suena fácil? Recordad que estamos hablando del partido idiota en este caso. Hoy mismo tenemos senadores como Evan Bayh (héroe político) diciendo que esto de pasar leyes cuando tienes un 59% de los escaños es algo que los votantes no quieren que suceda. Otros hombres de inacción como Jim Webb están completamente en contra de intentar votar antes que los nihilistas tengan su bien merecido derecho a veto.  La Cámara de Representantes tiene un número significativo de idiotas diciendo que esto de aprobar reformas es peligroso y absurdo; algunos idiotas de izquierda porque dicen que la ley del Senado es demasiado moderada, otros porque dicen que esto de legislar ofende a sus donantes Rush Limbaugh sus altos ideales.

¿Qué va a suceder ahora? La verdad, no estoy seguro. Los líderes demócratas en la Cámara de Representantes, con Nancy Pelosi al frente (de lejos la persona más cuerda en el manicomio que es el partido) parecen ser partidarios de aprobar la ley del Senado y punto. Los cambios negociados se pueden añadir después, utilizando una maniobra legislativa extraña (y extraordinariamente limitada) llamada reconciliación después para evitar el filibusterismo.

Si creyera que el partido idiota tiene una onza de cerebro, la respuesta sería muy sencilla. Aprobar la ley de reforma de la sanidad puede ser impopular a corto plazo (y la verdad, no está claro que realmente lo sea), pero dejar que el trabajo de décadas, la gran promesa electoral de Obama, el sueño eterno de todo el movimiento progresista americano muera víctima de un ataque de cagarrinas profundo derivado de perder un escaño de cien en el Senado es realmente una receta para el suicidio político. Por muy impopular que sea la ley, dejarla morir es de hecho mucho peor que aprobarla: las bases del partido demócrata se quedarán en casa, y la gente que odiaba la reforma no perdonaran la aventura a nadie gracias a un súbito ataque de lucidez/ pánico. Si quieren sobrevivir, tienen que aprobar algo, sea lo que sea. Son un avión en la pista de despegue, y se han quedado sin sitio para frenar. O vuelan, o se estrellan.

El problema, por descontado, es que este es el partido demócrata de Estados Unidos, no una entidad racional. Al lado de esta tropa, el PSOE de Zapatero es Ulises, Patroclo y todos los héroes de la guerra de Troya juntos, una coalición de guerreros infatigables que luchan contra monstruos invencibles. Si hay alguien capaz de desperdiciar una oportunidad histórica y renunciar a votar una segunda vez una ley que ya han aprobado, este es el partido demócrata.

El dilema, a estas alturas, es muy sencillo: sabemos que Estados tiene una minoría nihilista que no tiene cerebro (ni interés) para gobernar. Queda saber si la mayoría demócrata tiene los cojones para hacerlo, o prefiere resignarse a una condena eterna fruto de su ridícula incompetencia.

No me digáis que no es una forma estupenda de gobernar una superpotencia.

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