Quiénes somos
Hágase socio
Noticias y eventos
El Coliseo

Posts Tagged ‘reforma laboral’

¿Cómo sabremos si una reforma laboral es buena?

Thursday, March 4th, 2010

Pregunta simple, respuesta simple: cuando tanto sindicatos como empresarios salgan de la reunión medio enfadados. Ambos actores tienen que contentar a dos públicos distintos; sus miembros “viejos”, ganadores en el status quo pre-crisis (los jarrones Ming laborales para los sindicatos, empresarios de trabajo basura para la patronal) y sus miembros “nuevos”, que se llevaron todas las tortas antes de la crisis y se han comido todo el marrón durante la recesión (jóvenes demasiado cualificados y empresas centradas en la productividad).

La reforma laboral tiene que hacer posible un cambio de guardia ordenado: tenemos que poder retirar / reconvertir a los fósiles que vivían demasiado cómodos (y si alguien no quiere adaptarse ni con ayudas, es su problema) y permitir que todo ese potencial que hemos tirado a la basura durante décadas se desarrolle y crezca. Si patronal y sindicatos no pasan apuros tremendos para convencer a parte de sus miembros que la reforma es necesaria e inevitable, el gobierno no ha hecho las cosas bien.

Por lo que respecta al gobierno, Obama ha dicho hoy una cosa hablando de la reforma de la sanidad que ojalá repita Zapatero algún día: “I don´t know if this is good politics, but I do know it is the right thing to do” (no sé si esto es bueno políticamente, pero sí sé que es lo que necesitamos hacer). Los votantes quieren cosas que suenen bien, cierto - pero ante todo, quieren cosas que funcionen. Si los socialistas quieren tener alguna oportunidad el 2012, tienen que preocuparse en aprobar buenas leyes, no reformas que queden bien en las encuestas.

No hace falta que diga que ni lo que dice el gobierno, ni la burrada que propuso la patronal anteayer son remotamente buenas. Lo que escribía Díaz Ferrán ayer no es horrible, pero su credibilidad es totalmente nula - el hecho que él sea el negociador, de hecho, me hace pensar que la Patronal no tiene el más mínimo interés en cambiar el mercado laboral, cuidando a su casta de empresaurios basuristas por encima de todo. Los sindicatos sí quieren cambiar cosas, pero no hasta después de la crisis - es decir, demasiado tarde para salvar a Zapatero. Quizás son de los que creen que contra Aznar vivíamos mejor, y prefieren que la reforma la haga el PP.

No sé si en Moncloa se dan cuenta, pero el gobierno no está negociando con nadie. Quizás va siendo hora que decida hacer algo de una puñetera vez.

Una oportunidad perdida

Saturday, February 6th, 2010

Hoy quería hablar sobre la propuesta del gobierno para reformar el mercado laboral. Una lectura pausada, tranquila, viendo qué cambios ponen sobre la mesa y cómo afectarán a la economía. Un estudio de las medidas. La situación en el mercado laboral es absolutamente catastrófica, especialmente entre los jóvenes (votantes naturales del PSOE, recuerdo - a este paso, duda que vuelvan), así que prácticamente cualquier reforma hubiera sido una mejora en comparación con el desastre actual.

¿La verdad? No hace falta que escriba nada. La reforma es básicamente irrelevante. Un parche. Un maquillaje inútil. Los cambios van todos en la dirección correcta, pero se quedan patéticamente cortos; el gobierno está proponiendo cruzar un oceano dando saltitos desde la orilla. Me podría poner en detalles, como el contrato con 33 de indemnización en vez de 45, pero es básicamente inútil. Los jóvenes no tienen antigüedad; cuando toca echar gente, serán ellos los que se lleven los tortazos, sean fijos o temporales. La asimetría seguirá allí. El resto de medidas (inspección laboral, concentrar incentivos, encarecer temporales, trabajo a tiempo parcial) son buenas ideas, pero se quedan tan ridículamente cortas que no tendrán un efecto significativo.

Es la flexibilidad, es el coste del despido. Los sindicatos se desgañitarán diciendo que de media los trabajadores cobran 22 días por año al perder al trabajo, pero la media es irrelevante; la inmensa mayoría de trabajos perdidos no son indefinidos. La reforma que necesitamos es abandonar el absurdo sistema de seguros de desempleo semiprivatizados (por que la indemnización actual es esto) y socializar estos costes aumentando la protección social, a cambio de crujir los que más tienen con impuestos para pagar el invento. Es la única reforma viable y efectiva que puede aprobar un gobierno de izquierdas, pero parece que Zapatero ha querido buscar excusas, retrasar el asunto unos cuantos meses más y renunciar a proponer un cambio ambicioso.

No es cuestión de neoliberalismo. No estamos hablando de derechos sociales. Que el seguro de despido nos lo pague el jefe en España es exactamente igual de absurdo que el seguro médico lo cubra la empresa en Estados Unidos. Es ridículo que un sistema de protección social esté en manos de nuestro jefe, no del estado.

Lo más triste, sin embargo, es la oportunidad perdida. Zapatero tenía una oportunidad única para hacer una reforma ambiciosa, aprobando unos cambios que podían reforzar el estado del bienestar a medio-largo plazo de forma tremenda.

Para empezar, el paro está por las nubes. Eso deja meridianamente claro que aprobar una reforma es necesario. Si el gobierno hace un esfuerzo en pedagogía serio (y se muestra decidido; recordar que eso es más importante que ser populista), podrían ganar el apoyo popular necesario, especialmente si la reforma crea nuevos derechos.

Segundo, el PSOE anda fatal en las encuestas. Esto puede parecer contradictorio, pero es una herramienta negociadora muy potente: Zapatero puede decirle a los sindicatos que si su propuesta no les gusta y se lanzan a la calle, el PP estará encantado de pasar una mucho más agresiva cuando saquen mayoría absoluta. Si el gobierno aparenta ser lo suficiente suicida (no les costaría demasiado; ya se están autoinmolando ahora mismo), UGT y CCOO tienen bastantes incentivos para echar una mano.

De acuerdo, el hecho que Rajoy parezca un político aún menos ambicioso y aún más pusilánime que Zapatero no ayuda en esta estrategia demasiado. La reforma, sin embargo, llegará tarde o temprano; los sindicatos estoy seguro prefieren que venga desde la izquierda. Por añadido, la fragmentación sindical es también un problema: si Zapatero plantea una reforma ambiciosa y CCOO la apoya, UGT tiene incentivos para openerse, en vista de ganar apoyo en las próximas elecciones sindicales (un dilema del prisionero). En una situación de emergencia como la actual, sin embargo, un gobierno agresivo podría defender la reforma como un acto de responsabilidad.

La verdad, todo esto es irrelevante. El gobierno ha renunciado a intentar hacer nada ambicioso. Prefieren pretender que ellos no son los que toman las decisiones, dejando todo a pactos sociales y negociaciones. Veremos cuántos meses pierden, ahora que ni la patronal está de acuerdo consigo misma.

En fin.

La extraña reticencia del gobierno

Tuesday, December 29th, 2009

No hace demasiado me encontraba (vía Florentino) una encuesta curiosa. Resulta que un 61% de españoles, según encuestas del Eurobarómetro, opina que los contratos deberían ser más flexibles para fomentar la creación de empleo.  Cuando se pregunta al votante español medio si quiere una reforma en profundidad del mercado de trabajo, en otras palabras, resulta que dicen que sí.

Es una encuesta relativamente reciente, de Mayo-Junio del 2009, así que los datos son bastante relevantes. Un 61% es una mayoría relativamente cómoda; más aún cuando un 30% de los encuestas dice oponerse a ello. En el presunto tema intocable al hablar de reformas estructurales en España, resulta que los votantes son más radicales (y sensatos) que el gobierno. El españolito medio trabaja en empresas que “disfrutan” de las kafkianas políticas de personal que crea el mercado laboral español, y no parece ser demasiado reticente a tirar esos presuntos derechos por la borda.

¿Por qué los políticos españoles son tan ridículamente reticentes a emprender reformas serias? No es sólo cosa del PSOE; Aznar, con mayoría absoluta, retrocedió avanzó hacia la retaguardia tan rápido como pudo cuando los sindicatos se le rebotaron. Aunque los sindicatos en teoría representan a todo el mundo vía elecciones sindicales, en la práctica la tasa de afiliación es muy limitada comparada con otros países de nuestro entorno; su fuerza proviene más de legislación muy favorable (la organización de la negociación colectiva, el funcionamiento de los expedientes de regulación de empleo, el hiperblindaje de los contratos indefinidos) que de un apoyo social real.

La capacidad de movilización social de los sindicatos puede que sea importante, pero no tiene porque ser efectiva electoralmente. La primera legislatura de Zapatero fue un rosario constante de manifestaciones masivas por temas completamente aleatorios (estatuto, ETA, aborto, etcétera), pero eso no varió el resultado en las urnas demasiado. En vista de la magnífica prensa que algunos sindicatos se están ganando (sé que los controladores no son representativos, pero siendo cínico, son un ejemplo magnífico), un gobierno con ganas de cambiar las cosas no tiene por qué enfrentarse a demasiados costes políticos - le bastaría con explicarse bien.

¿Qué paraliza al gobierno de Zapatero estos días? ¿De dónde viene esta increíble timidez? La verdad, creo que la cosa va más allá de cálculos electorales o cobardía política; tiene más que ver con la tiranía del saber convencional.

Es un sesgo muy común; algo que todos sufrimos en mayor o menor medida. En la mayoría de los casos, es algo bastante racional: seguimos haciendo una cosa porque ha funcionado bien en el pasado. Del mismo modo que tendemos a ducharnos siempre a la misma hora, pedir siempre el café del mismo modo, encargamos comida china siempre del mismo restaurante o vamos al trabajo siempre por la misma ruta, también tomamos decisiones parecidas en cosas más importantes. Las empresas tienden a comprar materiales siempre de los mismos proveedores, incluso cuando sale un poco más caro (incluso cuando se ha preocupado en comparar), los inversores siguen reglas establecidas de forma bastante mecánica (”¡el ladrillo nunca baja!”), y los políticos tienden a apreciar algunas decisiones tomadas en el pasado un poco demasiado.

En el esquema mental de la política española, el mercado laboral es una “conquista social”. A pesar que el altísimo coste del despido es una herencia franquista, esa protección social privatizada y el sistema de negociación colectiva sesentera asociado es tomada como uno de los pilares de la economía española. España ha experimentado un milagro económico impresionante desde los años ochenta (excluyendo recesiones con niveles de paro catastróficos, claro), así que cualquier institución presente debe haber tenido algo que ver. Sea porque tiene efectos mágicos sobre la economía, sea porque define lo que es “el modelo español” y “es lo que somos”, las leyes en los libros son por definición buenas, ya que han funcionado “bien” hasta ahora.

Cuando una organización o ejecutivo se enfrenta a una situación de crisis, la primera tentación es intentar simplificar el problema. Repasar todo lo que has hecho y decidido hasta ahora es complicado; todo el esquema mental en que se basa tu estrategia depende de una serie de certezas (”regular el mercado laboral forma parte del estado del bienestar”) que hasta ahora han funcionado. La tentación de tomar por bueno la mayoría de lo que tienes, y señalar como problema uno de sus efectos (la ridícula especialización de la economía española en sectores con baja productividad, la burbuja inmobiliaria) y no en los factores causantes es muy elevada.

Racionalizar es muy fácil; lo hacemos todos. Si tenemos la idea preconcebida que una determinada institución ha funcionado bien, es muy fácil encontrar motivos y explicaciones que nos digan que la rigidez del mercado laboral no tiene la culpa. Lo que me parece que es obvio, sin embargo, es que el hecho que sea comprensible no quiere decir que sea una reacción aceptable, especialmente cuando medio planeta está diciéndote a gritos que tienes que hacer cambios de forma urgente.

No es sólo la patronal. No es el partido de la oposición, que parece igual de ensimismado en este asunto que el PSOE. No es sólo el FMI. No es sólo el Banco Mundial. No es sólo la OCDE, la Comisión Europea, el último premio Nóbel de economía, el Economist, el Financial Times, una burrada de expertos locales y extranjeros. No es una conspiración capitalista mundial que odia a los trabajadores. No es una especie de idiotez colectiva o ignorancia de lo muy especial que es España; un 61% de los votantes, tipos que viven en el país y que tienen menos empanadas mentales están viendo exactamente el mismo problema,  y ven algo que tiene que ser cambiado.

La cifra de desempleo español esté a años luz de distancia de todo el mundo. Lo único que distingue al país de sus vecinoses su surrealista método de regular el mercado laboral. No creo que sea una casualidad, y los votantes parecen ver lo mismo.