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Las propuestas que el PP va a rechazar

Tuesday, June 1st, 2010

No acabo de entender esta obsesión del gobierno con delegar la reforma laboral a los agentes sociales, especialmente con la que está cayendo. Todos los observadores internacionales, analistas, inversores, todólogos, instituciones y articulistas ven esta legislación como el punto central del paquete de reformas que necesita España. Si los mercados desconfían de nosotros, es porque tenemos un problema obvio y evidente (un 20% de paro) que está ahogando la salud fiscal y económica del país y somos completamente incapaces de aprobar ningún cambio.

El gobierno, ahora mismo, se está escondiendo de forma cobarde detrás de las negociaciones. La imagen es la de un ejecutivo que no quiere tomar decisiones impopulares, aunque sean completamente obvias y totalmente imprescindibles, e intenta desesperadamente que alguien les evite el mal trago. Tras dos años de negociaciones, el gobierno ha aplazado la decisión decenas de veces, confiando que alguien venga a rescatarles en el último momento. No importa que sindicatos y patronal lleven encallados en el mismo sitio desde el 2008 - el gobierno ha renunciado a dar la más mínima muestra de liderazgo y no ha puesto nada sobre la mesa.

Es difícil leerlo de otro modo, pero realmente da la sensación que no saben cómo negociar. En vez de poner algo sobre la mesa y amenazar de forma creíble que si no llegan a un acuerdo el gobierno tirará adelante con ese paquete de medidas, han preferido dejar que la discusión se quede en algo abstracto, siendo la alternativa un mantenimiento del status quo. No hace falta que diga que la patronal (y algunos sectores sindicales) están encantados con como están las cosas - las empresas que sobreviven son las que adoran el mercado actual. Sin un punto focal, sin una salida que puedan temer, el debate es imposible.

Lo más patético es que tras dos años de discutir, el gobierno está trabajando ahora en su reforma. Es un paquete de medidas obvio, a media distancia de lo que dicen unos y otros, con la creatividad que sólo puede surgir en un comité de políticos aterrorizados. El resultado será una reforma que no hará feliz a nadie, pero que parece no tener el menor atisbo de ambición - un pasito adelante, no un cambio real. Las medidas son tan obvias, de hecho, que incluso un tipo con la imaginación de un ladrillo como es Montoro es capaz de decir cosas parecidas. Comparar la probable propuesta del gobierno con el artículo del jefe económico del PP, y buscad las diferencias.

De acuerdo, el partido de la oposición es aún menos ambicioso y todavía más ambiguo. El artículo, de hecho, es totalmente irrelevante, y no porque no diga nada de interés. El gobierno podría cortar y pegar las propuestas del PP y Rajoy seguiría votando en contra, al fin y al cabo. Lo de la responsabilidad y sentido de estado no van con él.

Una nota final: hemos llegado a un punto que no me importa qué reforma laboral aprobamos - cualquier cosa es mejor que el engendro actual. Pueden copiar a Austria, pueden copiar ese infierno neoliberal que es Dinamarca o Suecia (ambas con despido libre) y substituir indemnizaciones por un mega-estado de bienestar, pueden ponerse creativos. Cualquier cosa que cambie las bases del sistema actual. Tengo la sensación que ante una emergencia nacional, con el mundo cada vez más escéptico de nuestra capacidad para salir del agujero, lo único que vamos a hacer será poner un parche. Otro más.

Y no aprendemos.

Una oportunidad perdida

Saturday, February 6th, 2010

Hoy quería hablar sobre la propuesta del gobierno para reformar el mercado laboral. Una lectura pausada, tranquila, viendo qué cambios ponen sobre la mesa y cómo afectarán a la economía. Un estudio de las medidas. La situación en el mercado laboral es absolutamente catastrófica, especialmente entre los jóvenes (votantes naturales del PSOE, recuerdo - a este paso, duda que vuelvan), así que prácticamente cualquier reforma hubiera sido una mejora en comparación con el desastre actual.

¿La verdad? No hace falta que escriba nada. La reforma es básicamente irrelevante. Un parche. Un maquillaje inútil. Los cambios van todos en la dirección correcta, pero se quedan patéticamente cortos; el gobierno está proponiendo cruzar un oceano dando saltitos desde la orilla. Me podría poner en detalles, como el contrato con 33 de indemnización en vez de 45, pero es básicamente inútil. Los jóvenes no tienen antigüedad; cuando toca echar gente, serán ellos los que se lleven los tortazos, sean fijos o temporales. La asimetría seguirá allí. El resto de medidas (inspección laboral, concentrar incentivos, encarecer temporales, trabajo a tiempo parcial) son buenas ideas, pero se quedan tan ridículamente cortas que no tendrán un efecto significativo.

Es la flexibilidad, es el coste del despido. Los sindicatos se desgañitarán diciendo que de media los trabajadores cobran 22 días por año al perder al trabajo, pero la media es irrelevante; la inmensa mayoría de trabajos perdidos no son indefinidos. La reforma que necesitamos es abandonar el absurdo sistema de seguros de desempleo semiprivatizados (por que la indemnización actual es esto) y socializar estos costes aumentando la protección social, a cambio de crujir los que más tienen con impuestos para pagar el invento. Es la única reforma viable y efectiva que puede aprobar un gobierno de izquierdas, pero parece que Zapatero ha querido buscar excusas, retrasar el asunto unos cuantos meses más y renunciar a proponer un cambio ambicioso.

No es cuestión de neoliberalismo. No estamos hablando de derechos sociales. Que el seguro de despido nos lo pague el jefe en España es exactamente igual de absurdo que el seguro médico lo cubra la empresa en Estados Unidos. Es ridículo que un sistema de protección social esté en manos de nuestro jefe, no del estado.

Lo más triste, sin embargo, es la oportunidad perdida. Zapatero tenía una oportunidad única para hacer una reforma ambiciosa, aprobando unos cambios que podían reforzar el estado del bienestar a medio-largo plazo de forma tremenda.

Para empezar, el paro está por las nubes. Eso deja meridianamente claro que aprobar una reforma es necesario. Si el gobierno hace un esfuerzo en pedagogía serio (y se muestra decidido; recordar que eso es más importante que ser populista), podrían ganar el apoyo popular necesario, especialmente si la reforma crea nuevos derechos.

Segundo, el PSOE anda fatal en las encuestas. Esto puede parecer contradictorio, pero es una herramienta negociadora muy potente: Zapatero puede decirle a los sindicatos que si su propuesta no les gusta y se lanzan a la calle, el PP estará encantado de pasar una mucho más agresiva cuando saquen mayoría absoluta. Si el gobierno aparenta ser lo suficiente suicida (no les costaría demasiado; ya se están autoinmolando ahora mismo), UGT y CCOO tienen bastantes incentivos para echar una mano.

De acuerdo, el hecho que Rajoy parezca un político aún menos ambicioso y aún más pusilánime que Zapatero no ayuda en esta estrategia demasiado. La reforma, sin embargo, llegará tarde o temprano; los sindicatos estoy seguro prefieren que venga desde la izquierda. Por añadido, la fragmentación sindical es también un problema: si Zapatero plantea una reforma ambiciosa y CCOO la apoya, UGT tiene incentivos para openerse, en vista de ganar apoyo en las próximas elecciones sindicales (un dilema del prisionero). En una situación de emergencia como la actual, sin embargo, un gobierno agresivo podría defender la reforma como un acto de responsabilidad.

La verdad, todo esto es irrelevante. El gobierno ha renunciado a intentar hacer nada ambicioso. Prefieren pretender que ellos no son los que toman las decisiones, dejando todo a pactos sociales y negociaciones. Veremos cuántos meses pierden, ahora que ni la patronal está de acuerdo consigo misma.

En fin.