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Friday, July 16th, 2010
El Senado aprobó ayer al fin la reforma del sistema financiero en Estados Unidos, dándole a Obama la tercera gran victoria legislativa desde que llegó a la presidencia, tras el estímulo fiscal y la sanidad. En una legislatura normal, cosas como la reforma de los préstamos universitarios, las reformas educativas o una ley de igualdad de género estarían en la lista de grandes éxitos, pero en esta Casa Blanca suenan pequeñitas. Pasar tres grandes leyes progresistas en menos de dos años es realmente impresionante.
¿Qué incluye esta ley? ¿Es una reforma ambiciosa y efectiva? Diría que sí, es una buena reforma, pero no es tan redonda como la ley de sanidad. El problema, en este caso, es que es muy difícil decir exactamente qué funcionará, ya que no entendemos el sistema del mismo modo. Regular Wall Street es complicado porque mucha gente en Wall Street gana montones de dinero a base de explotar agujeros legales, así que cualquier reforma exigirá una vigilancia constante.
La ley en sí tiene algunas secciones muy ambiciosas, con regulaciones muy agresivas. Las joyas de la corona son la regulación sobre derivados financieros, colocándolas en un mercado muchísmo más transparente y vigilado que antes, y la creación de una oficina de protección al consumidor, vigilando que no se repitan las tácticas predatorias que vimos antes de la crisis. Ambos son cambios que casi nadie esperaba que sobrevivieran a los 600 millones de dólares en lobistas que se ha gastado la industria, y que sin embargo han llegado al texto final. Ambas reducirán la ofuscación que era la base de muchos de los beneficios del sector, y realmente harán bien.
La nueva ley también crea una serie de mecanismos dirigidos a evitar implosiones descontroladas estilo Lehman. Los reguladores tienen muchos más instrumentos para vigilar y disciplinar bancos antes que se salgan de madre (aunque ya sabemos qué pasa cuando los reguladores se duermen, o son nombrados por un presidente que no cree en regulación); en caso que una entidad financiera salte por los aires, la reforma incluye mecanismos para nacionalizar y liquidar de forma ordenada, sin tener que recurrir a rescates chapuceros ad hoc.
Lo que no es esta ley, o no lo es en el sentido estricto, es una vuelta a las regulaciones automáticas / garrulas de antes de los ochenta. Es una buena reforma, pero no es una reforma que destruye el mundo de los tiburones de Wall Street. Los reguladores siguen teniendo muchísmo poder en sus manos, no hay límites “duros” sobre apalancamiento, y hay muchos temas muy importantes que serán regulados vía reglamento, abriendo la puerta a que una hipotética Presidente Palin decida que todo ese papeleo es absurdo y desmonte gran parte del sistema.
La reforma es un éxito, y es una gran mejora sobre el status quo; los beneficios del sector seguro se resentirán a medio plazo, y más si las regulaciones de Basilea III (el tratado internacional sobre reglas contables que está siendo negociado estos días - y no, nadie está cubriéndolo bien en la prensa) son relativamente duras. Es posible que los dos cambios estrella, sumado a las reglas para desmantelar bancos suicidas, basten para evitar la repetición de la última crisis.
Si hay algo que distingue Wall Street, sin embargo, es su capacidad en convertir el préstamo más inofensivo en una monumental bomba de relojería - Dios sabe qué se inventarán para la próxima. En fin, confiemos que funcione; no me atrevo a decir si lo hará o no.
Tags: Obama, reforma financiera, Regulación Posted in Pollo Financiero Global, americanadas, economía, ingeniería institucional | 4 Comments »
Thursday, June 24th, 2010
El asunto McCrystal ha durado relativamente poco - tan poco, de hecho, que no hay ya demasiado que comentar. El tipo dijo una cantidad de burradas considerables en un largo artículo en Rolling Stone, y siguiendo con la tradición americana de estricta obediencia militar a las autoridades civiles, McCrystal no ha tenido más remedio que dimitir.
Lo más relevante (y decepcionante) ha sido la elección de David Petreus como su relevo en Afganistán, y la reacción de los medios y comentaristas americanos que representan el saber convencional en Washington. Petreus es la señal más clara que la Casa Blanca sigue apostando por la estrategia actual para intentar ganar la guerra, basada en la creencia que la escalada temporal de tropas en Irak (surge) consiguió estabilizar el país. Este decisión ha sido recibida con entusiasmo por prácticamente todo aquel que es relativamente influyente en la prensa y Congreso, dejando más o menos claro que la clase política americana está metida en esto con entusiasmo.
El pequeño problema es que la premisa de ese análisis, que la escalada en Afganistán funcionará igual de bien que la de Irak, es errónea. Los dos países se parecen como un huevo a una castaña, con tradiciones políticas y distribuciones étnicas completamente diferentes, así que exportar estrategias debería generar desconfianza. Más allá de eso, sin embargo, el “éxito” de la escalada en Irak tiene mucho de espejismo, fruto de la coincidencia de muchos factores (el alto el fuego de Sadr, las tribus Suníes rechazando a Al-Quaeda y el final de la limpieza étnica en Bagdag) más que de una victoria militar estricta.
Como comenta Suzy Khimm, sin embargo, Petreus tiene en Washington el mismo estatus reservado a los superhéroes: su plan en Irak es una obra de genio militar, el tipo ganó la guerra el 2007 de forma heróica, y todo lo que dice y hace es palabra sagrada. Si Petreus está de acuerdo, entonces el Presidente está en lo correcto, y el Cónsul de las Legiones Imperiales pacificará las Galias provincias insurrectas Afganistán como Dios y la Patria mandan. No habrá debate, el asunto está cerrado. Hora de seguir aplaudiendo a nuestros aguerridos hombres de uniforme.
Es una lástima. Es una lástima porque tengo la sensación que Obama se está equivocando en Afganistan, y cada vez tengo menos dudas. Iñigo Saez me parece que llegó a esta conclusión antes que yo, pero me temo que es una guerra absurda en un país de locos que tiene nulo valor estratégico, y que lo mejor que podemos hacer todos a estas alturas es hacer las maletas y largarnos. La guerra no va bien, y no parece que los americanos (y aún menos los europeos) tengan estómago para enviar más tropas. Los Estados Unidos tienen este extraño debate político en que algo que los republicanos apoyan y tiene un 60% de los votantes en contra en las encuestas es una política valiente, y algo que los demócratas defienden y tienen un 40% en contra es impopular (la legislación sobre cambio climático, por ejemplo), así que lo único que veremos en Washington es gente hablando de ganar guerras mientras que una buena parte del electorado está convencido (con razón) que es una campaña absurda.
Estamos en Afganistán, figura, para contener el terrorismo. Eso lo dicen todos, con gesto adusto y cara de sacrificio. Mientras tanto, los atentados de Madrid se organizarón en Leganés, los de Londres en Leeds, el 11-S en Florida y Hamburgo y el último intento fallido en Times Square aquí en Connecticut, con conexiones más o menos directas en Pakistán. ¿Afganos? Ni uno, ni falta que hacen. El PIB de este agujero en Asia Central es 12.000 millones de dólares, y los americanos llevan gastados 250.000 en esa estúpida guerra, sin que parezca que se haya avanzado lo más mínimo, insistiendo en ser un ejercito de ocupación en un sitio que los rusos (¡los rusos!) dieron por un caso perdido.
La OTAN están en Afganistán a estas alturas por un simple motivo: tenemos miedo de lo que pueda suceder si nos vamos. Es la misma lógica estupida de Vietnam, aunque esta vez el malo maloso es una criatura imaginaria. La Unión Soviética puede que no tuviera la intención de conquistar el mundo después de Stalin, pero al menos era un estado gigantesco armado contra los dientes. El “terrorismo internacional” son una pila de aficionados armados de fertilizante, amenazando con hacer algo que las democracias occidentales han sido capaces de controlar e ignorar durante décadas, desde tiempos de los anarquistas.
Es hora de largarse. No es que no podamos ganar, es que ganar no significa absolutamente nada.
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Por cierto, nota al margen: ¿Presidente Obama? ¿General Petreus? ¿Qué es esto, un episodio de Battlestar Galactica? Vaya nombres nos gastamos estos días….
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Wednesday, May 12th, 2010
Esto empieza a ser cómico. Básicamente el planeta se divide en dos grupos: toda la gente que dice que España tiene que pasar reformas estructurales a un lado, y Zapatero (y cuatro matados de izquierda pura e incorrupta) al otro. El único que faltaba por unirse al coro de repetir evidencias era Barack Obama, y ayer parece que le canto a Zapatero las cuarenta por teléfono.
Esto empieza a ser un poco patético, ciertamente. Creo que sólo falta el Papa y ya estarán todos.
A ver si Zapatero nos da una sorpresa y propone algo decente hoy de una vez. Incentivos no le faltan - por lo que dicen, Merkel y Sarkozy ya le han dicho que si no hacemos nada, dejamos el gasto igual y no pasamos reformas, cuando nos la peguemos no nos pasarán un duro. El plan de ajuste ya está aquí, mal que nos pese.
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Friday, April 30th, 2010
El otro día alguien me comentaba que Obama era un tipo con con suerte. Ganó las primarias gracias en gran parte a la inmensa incompetencia del director de campaña de Hillary Clinton, Mark Penn. Ganó las generales gracias al tremendo error de McCain de escoger una idiota congénita como vicepresidente y la enorme pifia de Paulson de dejar que Lehman quebrara.
Una vez presidente, las cosas no es que cambiaran demasiado. Cuando la reforma de la sanidad parecía muerta en febrero, Wellpoint anunció que subía las primas de sus seguros un 30% en California, resucitando a los demócratas. La reforma del sistema financiero parecía encallada de forma irremisible, y esa misma semana Morgan Stanley anuncia primas descomunales para sus directivos y Goldman Sachs es llevada a juicio por la SEC. Su promesa de impulsar una reforma de inmigración estaba en el limbo, y Arizona aprueba un ley draconiana y completamente enloquecida sobre el tema. La ley de cambio climático se empatanaba en el Senado, y en apenas dos semanas una explosión en una mina de carbón mata decenas de mineros y un accidente en una plataforma petrolífera amenaza la costa de Luisiana.
Parece que todo lo sale bien, ¿verdad?. La verdad, no es tanto cuestión de suerte como cosa de correr riesgos. El sistema sanitario americano era un auténtico desastre, y precisamente por eso Obama se mete en el enorme berenjenal que era la reforma. Las aseguradoras daban malas noticias a sus clientes en forma de subidas de precios de forma rutinaria desde hacía años; con los medios centrados en la reforma, era previsible que algo así sucediera. La reforma del sistema financiero daba pie a algo parecido: Wall Street está lleno de cretinos que ganan demasiado dinero utilizando sistemas de fraude creativo a ojos de la opinión pública. Una vez la reforma entra en el debate político, algo así iba a suceder.
Eso que dicen que la suerte existe, sino que uno la busca es un tópico, pero es bastante cierto. Si un político se dedica a intentar activamente a resolver un problema, la atención de los medios tenderá a magnificar todo lo que encuentre. Noticias y eventos que no hubieran tenido demasiada cobertura en los medios (una subida de seguros, un ejemplo especialmente delirante de oligofrenia universitaria, un accidente en una mina de carbón) pasarán a ser cubiertos bajo el prisma de “presidente-arreglando-problemas” casi de inmediato. Las oportunidades políticas aparecen continuamente en aquellos sectores que funcionan mal. Sólo es necesario que haya un político cerca dispuesto a explotarlo de forma desalmada.
¿Digo esto pensando en cierto país de Europa occidental? No, en absoluto. Claro que no. Es sólo una pequeña observación aleatoria.
Hablando de cosas más substantivas, la reforma del sistema financiero la podemos dar casi por hecho; los republicanos cumplieron con lo que todo el mundo esperaba y apoyarán la reforma. Ahora sólo falta ver si la ley es lo suficiente dura. Cambio climático e inmagración lo veo aún bastante difícil, pero no imposible. No me extrañaría ver una versión relativamente descafeinada de la primera, y una espantosa batalla política que no lleva a ninguna parte (pero favorece a los demócratas) en la segunda. Pero sobre eso, mañana, si Dios quiere.
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Thursday, April 22nd, 2010
Los demócratas, por una vez, han hecho algo bien: han conseguido poner el miedo en el cuerpo a los republicanos. Es cierto que era una batalla completamente obvia y patéticamente fácil de ganar, pero aún así, por una vez, han conseguido que la derecha tenga un ataque de pánico, deje de berrear en bloque y se vea forzada a negociar por primera vez desde que Obama fue elegido.
El tema es, por descontado, la reforma del sistema financiero. Los conservadores tenían que escoger entre oponerse la reforma e inflingir una derrota a la administración Obama, ejerciendo de grandes defensores de Wall Street y los bancos, o pactar una reforma sorprendentemente dura (el texto del Senado será más restrictivo que el de la cámara baja, algo que no pasa casi nunca) concendiéndole una tremenda victoria política a los demócratas. Las encuestas dicen que la gente detesta Washington y los políticos, pero odia con la furia de mil soles a esos malditos banqueros que casi destruyeron el mundo, así que la decisión ha sido relativamente sencilla para ellos.
Parece que la estrategia de la administración Obama el año pasado era correcta: ir primero a por los dos programas más complicados políticamente (estímulo fiscal y sanidad), para apretar este año con una reforma tácticamente muy ventajosa (sistema financiero), otra menos polémica de lo que parecía (cambio climático -otro artículo pendiente) y otra que puede dividir a los republicanos de forma irreparable (inmigración). Si encima la economía empieza a recuperarse (algo que está sucediendo), el tipo va a parecer un puto genio.
Estímulo fiscal, ley de igualdad, Sotomayor en el supremo, regulación de tarjetas de crédito, reforma de la sanidad, sistema financiero, y becas universitarias en menos de dos años. Con suerte, añadiremos otro juez, retirada de tropas de Irak, sanciones a Irán, cambio climático y sanidad. Y después dirán que el tipo era un pufo.
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Wednesday, February 24th, 2010
Hace mes y medio dejamos la reforma de la sanidad en Estados Unidos en estado de crisis, víctima del súbito ataque de pánico de los congresistas demócratas tras perder un misérrimo escaño en el Senado. En las últimas dos semanas, sin embargo, la ley parece haber vuelto a la vida, lenta pero segura, y esta semana vuelve a ser motivo de debate y discusión, con la Casa Blanca trabajando duro para que sea aprobada. ¿Qué ha sucedido para que esto sea así?
Empecemos por una crónica de las últimas semanas - esta es un buen punto de partida. Primero, los demócratas se calmaron un poco. Tras los alaridos desesperados de los primeros días, el partido entró un poco en razón. Jonathan Chait lo explica bien aquí; básicamente, es más lógico y racional que aprueben algo, lo que sea, que suicidarse políticamente víctimas de un miedo desatado.
Hace tres o cuatro semanas, la ley volvió a aparecer en el debate político. Los medios la habían dado por muerta, pero Obama empezó a volver a hablar de ella. Primero fue en el discurso sobre el estado de la Unión, dando una cordial bronca a sus compañeros de partido. Después entre bastidores, con Pelosi y Reid (los líderes demócratas en ambas cámaras) empezando a contar votos. Finalmente, de forma brillante por el mismo presidente en su épico debate / masacre dialética con los republicanos en Baltimore, en una intervención digna de cierta serie televisiva de ficción. Obama estaba en la calle, hablando de la necesidad imperiosa de aprobar la reforma, retando a los conservadores a salir al ruedo y ofrecer ideas. Para acabar de reforzar el mensaje, las aseguradoras, en un ejemplo de torpeza épica, anunciaban increíbles subidas de precio (¡39%!) esos mismos días.
Volvamos al procedimiento legislativo americano, recordandocómo se aprueban las leyes en Estados Unidos: las dos cámaras tienen que votar a favor del mismo texto, y el Presidente tiene que firmar. En la reforma de la sanidad, los demócratas tienen dos textos distintos realmente muy parecidos entre ellos, tienen un acuerdo más o menos decente entre ambas cámaras sobre cómo sería la ley final… y no tienen los sesenta votos necesarios en el Senado (recordad que los republicanos están abusando del filibusterismo como posesos) para aprobarla utilizando el procedimiento normal.
Eso no quiere decir que no haya una salida. Para aprobar una reforma, los demócratas necesitan hacer dos cosas. Primero, la Cámara de Representantes tiene que aprobar la propuesta de ley aprobada por el Senado. Segundo, el Senado tiene que aprobar una serie de enmiendas a su propia ley que recojan los cambios pactados con la cámara baja, utilizando un procedimiento llamado reconciliación (mayoría pura) que evita los bloqueos vía filibusterismo. El problema, por descontado, es que los representantes no se fían de lo que haga el Senado, y quieren garantías que si aprueban el texto de sus “amigos” de la cámara alta (nota: no se aguantan) estos cumplirán con su palabra y cambiarán las cláusulas que consideran inaceptables.
Llegamos a esta semana. La Casa Blanca tiene dos objetivos. Primero, convencer a sus compañeros de partido que dejen de correr despavoridos, paren de apuñalarse unos a otros y se decidan a aprobar una reforma que necesitan desesperadamente (leed aquí por qué; Jonathan Bernstein lo explica mejor que yo). Segundo, necesita dar una cobertura política a su compañeros de partido, vendiendo agresivamente la ley a un público no demasiado convencido. La gente dice estar en contra de la ley en general, pero está a favor de las medidas que esta incluye; mejor comunicación (y el efecto que tiene una victoria legislativa en indecisos; “lo que gana, es bueno” es un lógica muy extendida) es algo necesario.
Para vender la reforma, la Casa Blanca ha convocado una cumbre bipartidista este jueves. La idea es tener un debate público con el Presidente y gente de ambos partidos, discutiendo y presentando ideas para mejorar la reforma. El lunes Obama presentó su propuesta, una combinación de los textos del Senado y Cámara de Representantes que (”curiosamente”) está cerca del consenso entre ambas cámaras (nota al margen: es la primera vez en todo el proceso que la Casa Blanca presenta un texto concreto), y retaba a los republicanos a que hicieran lo mismo.
Por descontado, los republicanos realmente no tienen nada que poner sobre la mesa (sus dos “grandes ideas” son o irrelevantes o peligrosas) y no tienen mucho que discutir; su oposición a la reforma ha sido básicamente una serie de alaridos irracionalistas, no una cuestión de principios. La ley incluye una cantidad tremenda de ideas conservadoras; de hecho, es un calco del modelo de Mitt Romney en Massachusetts (que ha funcionado bien) hace unos años. Si tienen que debatir en público, se los van a comer con patatas, así que llevan toda la semana a la defensiva, diciendo que la cumbre es puro teatro.
¿La verdad? Están en lo cierto. El debate de mañana es totalmente ficticio y básicamente artificial, ya que los demócratas están peleándose para aprobar la ley por si sólos. La táctica, sin embargo, parece que va a conseguir dejar a los republicanos en ridículo - en cierto sentido los demócratas están pagando con su propia medicina el alocado teatro del absurdo conservador de los últimos meses. De momento parece que los medios (Fox News excluído, pero esos son imposibles) se han tragado el invento de la Casa Blanca, y están muertos de ganas de ver la carnaza el jueves, en una partida que Obama tiene básicamente ganada.
Queda la segunda parte, atizar a su propio partido. De momento, están avanzando sin prisa (de hecho, con muy poca prisa) pero sin pausa, trabajando para aprobar la ley. La Casa Blanca está repartiendo tortas y dando caramelos con entusiasmo, intentado evitar que el entusiasmo de la izquierda pierda votos de los moderados del partido (muy a mi pesar, la public option está muerta), y mediando con energía y decisión ante todo conflicto. Obama realmente está utilizando su capacidad de atraer y dirigir el debate con energía estos días, dejando claro que quiere una ley.
¿Quiere decir esto que veremos una reforma este año? No tan rápido. Hace un mes le daba un 30% de posibilidades; hoy quizás subiría a un 50%. Como dice Ezra Klein, estamos hablando del partido demócrata, con su capacidad casi infinita de estrellarse contra obstáculos imaginarios; la reforma sigue teniendo que superar obstaculos considerables. Veremos cómo van las cosas el jueves, y si cómo se porta el partido político más desorganizado del mundo cuando toca demostrar algo parecido a coraje.
Aun así, hay partido. Esto no se ha acabado.
Tags: Obama, partido demócrata, reconciliación, sanidad Posted in Presidente Obama, americanadas, amo al líder, política, sanidad | 2 Comments »
Tuesday, February 9th, 2010
Uno de los episodios más gloriosos en The West Wing gira alrededor de las discusiones dentro de la Casa Blanca tras un par de derrotas políticas serias. El equipo del presidente está desmoralizado; se ven inefectivos, incapaces de pasar reformas reales en el país. No les cuesta demasiado darse cuenta que gran parte del problema parte de su propia timidez: no han sido capaces de utilizar y mostrar las virtudes de su (imposiblemente perfecto) presidente. Es hora de “Dejar que Bartlet sea Bartlet” - actuar decididamente, con el presidente tirando del carro.
Me parece que en la Casa Blanca alguien ha estado viendo The West Wing estos días: el mensaje es claramente “dejar que Obama sea Obama”. Todo empezo con el ya legendario turno de preguntas del presidente con los republicanos en Baltimore, una de las mejores discusiones políticas en décadas en Estados Unidos. Obama estuvo extraordinario, ganando el debate con una facilidad apabullante.
Para resolver el debate de la sanidad (y empujar a su partido en el Congreso a aprobar una reforma de una puñetera vez), Obama va a intentar hacer algo parecido a finales de este mes. La idea es celebrar una “cumbre” sobre sanidad televisada con miembros de ambos partidos; un debate abierto con luz y taquígrafos pidiendo ideas y discutiendo cambios para aprobar la ley.
Por descontado, es un debate con las cartas marcadas: la reforma propuesta en el Senado tiene ya de hecho un montón de ideas republicanas; es un plan muy moderado, prácticamente conservador. Uno de los grandes problemas que ha sufrido la reforma es que los demócratas (y los medios) han sido incapaces de explicar sus contenidos; forzando a los republicanos a discutir el fondo (y no esconderse detrás de un púlpito o micrófono amigo en Fox y decir todas las burradas que quieran) es una táctica brillante. El presidente puede ejercer de presidente (Bartlet, de nuevo), arbitrando un debate al que los republicanos no pueden renunciar a participar.
¿Funcionará? Eso espero. Es una táctica muy ambiciosa, casi peliculera. Los medios americanos adoran esta clase de bobadas, sin embargo; no me extrañaría que se lo tragaran pero bien. El presidente está tomando un riesgo serio - veremos si funciona. Por cierto, ¿alguien tomando notas en España?
Tags: Liderazgo, Obama, sanidad Posted in Presidente Obama, amo al líder, política, sanidad | 3 Comments »
Thursday, January 28th, 2010
Obama acaba de cerrar su discurso sobre el Estado de la Unión hace un ratito (discurso completo, resumen de propuestas concretas), y a decir verdad, no me ha dejado con demasiadas cosas a decir. Las expectativas eran bastante ridículas, como siempre que Obama habla en público, con cientos de analistas hablando de momentos decisivos, enigmas, liderazgo y redefiniciones de la agenda.
¿Qué hemos visto hoy? Algo bastante más normal y sencillito de lo que todos los estrategas de salón comentaban. El discurso ha sido clásico Obama: muy bien escrito, muy bien presentado y con una habilidad y talento retórico impecable. Se ha explicado bien, ha sonado confiado, fuerte y directo. En fin, lo que esperas de un gran orador.
Lo que el discurso no ha sido algo sorprendente, o demasiado fuera de los cánones de un discurso sobre el Estado de la Unión tradicional. Lo que hemos visto ha sido un repaso de dónde está el país, qué ha hecho la administración para solucionar los problemas y una lista de propuestas rematadamente larga, no una especie de punto de cambio místico en la trayectoria histórica de su presidencia.
¿La verdad? Casi mejor así. Un país de 300 millones de habitantes no se cambia en un discurso, y la historia de una presidencia tiene poco que ver con veleidades oratorias puntuales. Eso no quiere decir que el discurso haya sido aburrido o irrelevante; simplemente, no ha hecho nada fuera de lo normal, aparte de darlo muy, muy bien.
Eso no quiere decir que el contenido sea anodino, o que no hubieran varias cosas que merecen ser comentadas:
- Déficit: por algún motivo que se me escapa, el déficit público es algo que preocupa mucho más a la mediocracia y políticos americanos que el paro o crecimiento económico. Es un sesgo realmente estúpido, pero me temo que no hay nada que hacer. Obama ha hablado mucho sobre el déficit - de su origen, cómo reducirlo y medidas concretas sobre cómo solucionarlo. Ha señalado en detalle (y correctamente) sobre cómo ha heredado los número rojos de la administración anterior, y ha dado algunas propuestas sobre cómo remediarlo. ¿Cuáles? La verdad, dejando de lado la reforma de la sanidad, más simbólicas que relevantes, pero sonaban bastante bien.
- Sanidad: parece que la reforma se niega a morir. Obama no ha dado una receta concreta sobre cómo aprobar la ley (aunque los demócratas tienen varias ideas), pero si ha empujado con fuerza a su partido a aprobar algo. Sigo sin ver concreción suficiente desde la Casa Blanca, y podría haberle dedicado un poco más de tiempo, pero ha estado bien. El mejor toque: decir que no está intentando reformar la sanidad “porque es bueno para él políticamente, sino porque sabe que es necesario”. Es la clase de honestidad que un político debe utilizar en estos casos.
- Cambio climático: ha dicho (gracias a Dios) que la ciencia sobre el tema es clara y está cerrada, y que algo hay que hacer sobre ello. El Senado, por desgracia, no está colaborando en absoluto. Ha tirado dos huesecillos a los republicanos a ver si pican (nucleares y offshore drilling, buscar petróleo en aguas territoriales), pero no me parece que vaya a conseguir nada este año.
- Bancos: No ha habido novedades, aparte de ver al Partido Republicano al completo sentado sin aplaudir cuando Obama pedía clavarles un impuesto a los bancos. Las propuestas son las ya conocidas, pero es interesante ver al presuntamente populista partido conservador defender al sector financiero sin sonrojarse.
- Sobre el gobierno en sí: para mí, la parte más interesante e importante del discurso, y que los comentaristas en televisión parecen estar ignorando completamente. Obama ha señalado repetidamente que los votantes han envíado a los políticos a Washington a tomar decisiones y aprobar leyes, no a liarse a tortas como locos y sólo pensar en salvar el culo. Ha hablado mucho de obstruccionismo (sin pedir la eliminación del filibusterismo. Gñe) y sobre cómo el electorado está asqueado que Washington sea un circo inoperante por encima de todo. Tengo la sensación que gran parte de los problemas que los demócratas y el Congreso tienen en las encuestas (y no el presidente, por cierto) se debe a que los votantes están hartos que nadie sea capaz de hacer nada de forma coherente o mínimamente honesta; hablar sobre la necesidad de cambiar esto, y la necesidad de pasar a la acción, sonará bien en el electorado.
Fuera de contenidos concretos, y concentrándome en la política, unos pocos comentarios breves:
- Todos los que dicen que Obama es un rojeras radical peligroso quedan un poco en evidencia. El discurso ha sido muy moderado en muchos aspectos; en cosas como el déficit, la retórica podía haber venido de un republicano un poco centrista. No es que el presidente haya cambiado, por cierto; ya en las primarias decía que Obama estaba a la derecha de Hillary y Edwards en prácticamente todo, siendo el candidato más moderado de los tres. Sigue estando muy a la izquierda del partido republicano, por descontado, pero sus propuestas no son nada extrañas.
- Obama ha hecho muy bien recordando a los votantes que no siguen demasiado la política que es un tipo bastante centrista, por cierto. El ruido mediático de la derecha es ensordecedor, así que vale la pena repetirte un poco.
- El efecto en las encuestas será básicamente nulo, o casi nulo, a medio plazo, por cierto. Históricamente estos discursos mueven la opinión pública relativamente poco. La audiencia principal del discurso, en muchos casos, son los todólogos de la prensa y los compañeros de partido. Aún así las encuestas inmediatas han sido espectacularmente positivas; parece que ha gustado.
- Debo recalcar que aunque el discurso ha sido “normal”, Obama como orador ha estado impecable. El tipo sigue siendo imbatible en estas cosas - lleva el cargo como nadie. Mi mujer (que no es tan politiquera como un servidor) decía que le ha recordado por qué voto (y donó dinero a la campaña de) Obama en las elecciones. Sencillamente, el tipo sabe lo que hace.
- Lo más inusual: el debate no ha sido defensivo; ha sido una descripción de hechos y del camino a seguir de alguien que cree estar haciendo bien su trabajo. Lleno de confianza, muy rico en proyectos y lleno de explicaciones sobre qué han hecho bien. Ha sido optimista, decidido y prometiendo hacer cosas. Un discurso que mira hacia adelante. Como dice Jorge Galindo, a ver si algunos aprenden.
- ¿Qué debe suceder para que el discurso sea efectivo? Estamos de vuelta a lo de siempre: será efectivo si consiguen aprobar algo antes de las elecciones. No soy el único en decir esto, por cierto.
Resumiendo: un buen, sólido discurso, centrado en proyectos y trabajo, no en grandes castillos en el aire. Esta clase de eventos, sin embargo, son hasta cierto punto secundarios; lo que cuenta realmente (y más en un candidato que ha prometido cambios) es ser capaz de aprobar leyes y reformas.
El Discurso del Estado de la Unión es bonito, efectista y televisivo, pero en Washington, por encima de todo, la política se hace fabricando salchichas, contando votos, y llevando tu partido, ese que está lleno de incapaces, cobardes y melones, a actuar como hombres de una puñetera vez. Si las reformas de Obama son aprobadas (y sanidad y mercados financieros están a tiro, si no pierden la cabeza) hablaremos de grandes logros, no hoy que ha hablado bien de ello.
Tags: discursos, estado de la unión, Obama Posted in americanadas, amo al líder, política | 5 Comments »
Monday, January 25th, 2010
No tengo demasiado tiempo para elaborar en detalle, pero me parece que es necesario comentar un par de cosas ante los increíblemente confusos artículos del País sobre Obama de este fin de semana. Primero, es una tontería decir que Obama abandona su agenda de cambio - más que nada, porque la administración sigue con los mismos proyectos sobre la mesa. El problema es el Congreso, y más concretamente, el absurdamente antimayoritario Senado y el hecho que se necesiten 60 votos para hacer casi cualquier cosa. Los demócratas, aún con sus ingentes reservas de cobardía, han estado moviendo legislación poco a poco; el problema es que el partido republicano no quiere hacer absolutamente nada.
El artículo que se lleva un premio es este, por eso, preguntándose si aún queda presidencia. El tono es como si Obama fuera un presidente ampliamente odiado, con tasas de aprobación zapateriles en su casillero; la realidad, sin embargo, es mucho más tranquila, con Obama en un 49-45. No son números fantásticos, pero es donde estaba Reagan a estas alturas, con un nivel de desempleo parecido. Los demócratas están haciendo un ruido increíble en sus ataques de pánico, pero el presidente está, dentro de lo que cabe, en una situación bastante aceptable.
¿Qué tenemos que esperar esta semana? Dos cosas. Primero, parece que los demócratas están entrando en razón, y puede que hagan algo sobre reforma de la sanidad. Nada en concreto, pero están moviéndose en la dirección adecuada. Aún lo veo complicado, pero menos que ayer; ha pasado de un 20 a un 30%. Segundo, el miércoles el discurso sobre el estado de la Unión, evento televisado en directo por todas las cadenas. Obama tiene una oportunidad magnífica de poner las cosas claras y marcar la agenda. Veremos que dice.
Por cierto, una nota: el discurso del presidente parece que sea de cara a la opinión pública, pero no lo es. Como sucede en España, lo que marca si tu discurso es un éxito o un fracaso es la reacción de la prensa y opinadores profesionales, y como esta afecta a esa tropa de legisladores acomplejados que viven en el Congreso. Aún sin 60 senadores, hay maneras de aprobar legislación (como el método de reconciliación en el Senado, para leyes que afecten gasto y recaudación - con 51 basta), así que Obama aún tiene su margen de maniobra.
Es una semana importante. No empecemos a decir bobadas sobre funerales políticos porque alguien ha tenido una mala semana; si no, mirad cuántas veces he dado a Rajoy por muerto este último año y veréis por qué digo esto.
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Thursday, December 3rd, 2009
He estado pensando bastante sobre el plan de la administración Obama sobre Afganistán. Tras darle muchas vueltas, creo que no puedo decir, honestamente, si es buena idea o no.
Mi primer instinto es, realmente, cerrar la puerta y largarnos. Estados Unidos va a gastarse entre 80.000 y 100.000 millones de dólares en Afganistán el año que viene; básicamente el mismo precio que la reforma de la sanidad. El PIB Afgano es, si mal no recuerdo, 12.000 millones. Es un gasto enorme, en un lugar que realmente no estoy seguro que lo merezca.
Sinceramente, ¿qué es lo peor que puede suceder? Los Talibanes derriban al gobierno, el país se va a hacer gárgaras otra vez, y tenemos el estado semifeudal estilo somalí que existía en el 2001. Sí, los ataques del 11 de septiembre, etcétera; esos atentados que se diseñaron en Hamburgo y fueron preparados en Florida, con los secuestradores aprendiendo a pilotar aviones. O los del 11 de marzo, diseñados en la provincia afgana de Madrid. Quizás los del metro de Londres, preparados en Leeds, al ladito de Kandahar. Ya se sabe, esos atentados.
Afganistán sería un desastre, igual que lo es Somalia ahora, con la diferencia que no tienen salida al mar, así que no tendríamos piratas. Como base del terrorismo internacional, sin embargo, su efecto sería más bien limitado; realmente, no lo ha sido nunca. La vida de los afganos (y las mujeres afganas que vivan en zonas controladas por los talibán, especialmente) será un infierno violento y opresivo, pero ya lo era antes de la invasión - Estados Unidos no tiene el deber moral de salvar a países horribles de sí mismos.
El problema de salir por piernas es que eso, en sí mismo, también es un riesgo. Aunque lo que digo arriba parezca razonable, no tiene por qué ser lo correcto; los talibanes pueden controlar Afganistán, financiarse a base de tráfico de drogas, fanáticos religiosos y gobiernos bandidos y hacer la vida imposible al gobierno paquistaní. Pueden intentar provocar al gobierno Indio en Kashmir. Pueden realmente dedicarse al terrorismo en serio, sin tapujos, mientras cantan victoria. No es una región propensa a la estabilidad, y lo cierto es que Afganistán puede convertirse en un desastre serio.
Más allá de eso, los americanos tienen un cierto deber moral de estabilizar el país. La invasión fue un éxito, pero han permitido que poco a poco se convierta en un manicomio. Estabilizarlo es una necesidad, pero también es hacer lo correcto.
El plan en concreto me parece que es básicamente pragmático - y el discurso de ayer, muy realista. Se le ha criticado por ser frío, y lo cierto es que tienen cierta razón; Obama se centró en los hechos, no ideas. El presidente no se metió en esos berenjenales dialécticos de Bush de prometer paz, libertad y democracia, hacer que Afganistán sea un sitio feliz y que la gente beba Coca-Cola. Obama dijo que envía 30.000 soldados, el objetivo es estabilizar el país y cazar terroristas, y después que un gobierno afgano menos corrupto y más efectivo tome el control del país. ¿Derechos? ¿Democracia? De puntillas.
La idea, me parece, es darle a Karzai un poco de tiempo. Dejar que el gobierno se consolide, asegurar que la cosa no se derrumbe cuando se larguen, por feo que sea el dictador presidente local, y en el 2011 darse una ronda de aplausos, cantar victoria, y salir por piernas. Será muy difícil, especialmente con un gobierno Afgano tan odiado e incompetente, pero quién sabe.
No es la solución fácil. En contra de lo que dice Iñigo, enviar más tropas tiene un coste político considerable para Obama. La izquierda americana está muy, muy mosqueada; hoy Rachel Maddow básicamente le ha sacado los ojos a Susan Rice (embajadora americana ante la ONU) en televisión en una entrevista brutal. Al electorado no le gusta como está llevando la guerra; sólo un 47% de los votantes quería un aumento de tropas. Hay fecha de salida porque si no el electorado americano no aceptaría escalar el conflicto; es así de burdo. Algunos demócratas están pidiendo que si quiere más tropas, lo tienen que pagar con una subida de impuestos. La derecha tampoco es que estuviera contenta; o querían más tropas, o no están de acuerdo que la Casa Blanca diga que empezarán a reducir tropas el 2011, ya que hará que los talibanes se esperen a que se vayan.
Y por descontado, queda Irak, ahora casi olvidada. Veremos si votan cuando toca o retrasan las elecciones, forzando a los americanos a quedarse más tiempo.
Obama, básicamente, no tenía una salida buena, o fácil. Todo es políticamente arriesgado, militarmente complicado y con consecuencias imprevisibles. No estoy del todo contento con la decisión tomada, pero me temo que aún escéptico, no me atrevo a decir que se han equivocado.
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Tags: Afganistán, guerra, Obama Posted in Afgania., americanadas, amo al líder, política exterior | 12 Comments »
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