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El Coliseo

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La hora de los valientes

Tuesday, March 16th, 2010

Esta semana sí. Esta semana los demócratas va a intentar aprobar la reforma de la sanidad.

Esta vez va en serio. La cosa irá como sigue. Primero, la cámara de representantes votará el texto del Senado. Esto hará que la sanidad esté oficialmente aprobada;  Obama podría ya firmar, con la cámara alta entrando en vigor de inmediato. La cosa no quedará ahí, sin embargo; el texto del Senado tiene unas cuantas cosas que no gustan a los representantes. Para solucionar esto, la cámara baja aprobaría inmediatamente una ley con enmiendas sobre la reforma recién aprobabada, dedicada básicamente a cambiar varios capitulos de gasto e impuestos. Con esta enmienda aprobada, el Senado votaría esas enmiendas utilizando el procedimiento de reconciliación, de modo que la ley refleje un punto medio entre ambas cámaras.

¿Por qué este procedimiento tan recontracomplicado? Básicamente, porque los republicanos no han dejado otra opción. El procedimiento normal sería que las dos cámaras enmendaran la ley en conferencia y votaran el texto consensuando por separado. El problema, claro está, es que los demócratas no tienen los sesenta votos necesarios en el Senado para cerrar el debate (sí, el dichoso filibusterismo) - y los republicanos se niegan a permitir que una ley pase por mayoría simple.

Aquí es donde entra el procedimiento de reconciliación: las leyes aprobadas con este método no pueden ser bloqueadas vía filibusterismo; el tiempo de debate está limitado (si mal no recuerdo) a 30 horas. Es una maniobra rebuscada que abre la puerta a aprobar la ley por mayoría absoluta en vez de una supermayoría absurda.

Esta es la idea básica; los demócratas tienen otras opciones, como declarar la ley como adoptada (sin votarla) y aprobar directamente enmiendas en la Cámara de Representantes. No sé si lo harán (se ha hecho con otras leyes, pero es un método un poco cafre), pero parece claro que esta semana están trabajando duro, durísimo para atar los últimos votos.

Todos los que piden el fin de la disciplina de partido harían bien de seguir el debate en Estados Unidos esta semana. Los demócratas necesitan 216 votos, y tienen 255 representantes - y atar los votos suficientes es un ejercicio desesperante. Los líderes del partido están intentando convencer a miembros recalcitrantes de forma desesperada. Obama está reuniéndose en persona con decenas de representantes, tratando de convencerlos que su presidencia depende de ellos. Los sindicatos y grupos de presión demócratas están diciendo a todo aquel que tenga dudas que si votan en contra le montarán unas primarias de inmediato, a ver si espabilan. Todo Dios está pidiendo a sus bases que llamen a sus representantes como locos, berreando a pleno pulmón que su vida depende de ello. Y por descontado, hay anuncios en televisión a todas horas, de todos los colores, gastándose millonadas pidiendo votos a favor o en contra. Es una especie de aquelarre histérico de relaciones públicas, intentando aprobar una reforma realmente muy moderada.

¿La verdad? Es un voto difícil, pero creo que la reforma saldrá adelante. Primero, porque los demócratas parecen haber entendido eso que “de perdidos, al río“: más vale llegar a las elecciones en noviembre fardando por haber aprobado esa reforma que nadie ha conseguido pasar hasta ahora que defendiendo el hecho que intentaron pasar algo, votaron a favor una vez, y la pifiaron en la siguiente.

Segundo, todo indica que según la reforma empieza a clarificarse y el debate es “demócratas contra republicanos” en vez de “demócratas siendo incapaces de ponerse de acuerdo” la opinión de los votantes sobre la ley ha ido mejorando. Todas las encuestas llevan diciendo hace tiempo que si describes la ley sin decir que es “la reforma de Obama” la gente apoya las medidas cuando las escucha; parece cada vez más claro que la ley será más popular una vez entre en vigor.

Tercero,  Nancy Pelosi nunca ha perdido una votación importante. La Casa Blanca y los líderes demócratas no estarían hablando de pasar la ley con esta fuerza si no estuvieran relativamente seguros que tendrán los votos sobre la mesa. Rahm Emmanuel sería capaz de estrangular a su madre si eso le da dos votos en el Congreso; no creo que estén jugándose el cuello de este modo si no supieran que la pueden aprobar.

Cuarto, y esto si es más subjetivo, porque Obama está haciendo esto:

Es corto; vale la pena verlo - y tomar notas. El mensaje es muy sencillo: no sé si la reforma de la sanidad me dará votos o no. No sé qué dicen las encuestas. Lo que sí sé es que uno, salí elegido con la promesa que iba hacer lo que era mejor para el país, y dos, estoy convencido que esta reforma es imprescindible, urgente. Es hora de ser valientes, apretar los dientes y aprobar la reforma, porque es lo que conviene al país. No estoy aquí para politiqueo - estoy para aprobar cosas que funcionen.

¿Alguien sabe de algún presidente europeo que podría utilizar esa clase de retórica? Pues eso.

Que quede claro, no está todo hecho, ni mucho menos. Estamos hablando del partido demócrata, esa organización que ha sido incapaz de aprobar esta misma reforma en los últimos doce meses. De todos modos, si tuviera que apostar, diría que hay un 65% de probabilidades que tengamos una reforma de la sanidad la semana que viene. Veremos.

Sanidad: la hora de la verdad

Friday, February 26th, 2010

La cumbre sobre la sanidad en Estados Unidos llegó y pasó, y es difícil decir realmente qué ha cambiado. El asunto ha durado siete horas, con un debate a ratos denso, a ratos lleno de retórica idiota sobre cómo reformar el desastroso sistema de salud del país.

No comentaré demasiado sobre el debate en sí; lo he seguido durante el día en la oficina, como ruido de fondo cuando he podido, y la verdad, no es que nadie haya dicho algo nuevo. En general diría que el debate lo han ganado los demócratas; los republicanos presentaban un plan excepcionalmente limitado (sólo daría cobertura a 3 de los 45 millones de americanos sin seguro) y sus argumentos eran, en general, entre ridículos y contradictorios. A efectos prácticos, sin embargo, esto no tiene demasiada importancia, ya que los medios no se van a preocupar de informar sobre estos detalles nímios como los efectos de una posible reforma; lo importante hoy era la carnaza, y aquí el efecto es más difícil de definir.

Los medios se están fijando en dos cosas. La primera, la muerte de Andrew Koenig y de una cuidadora de orcas en Seaworld (en fin), y la segunda, el hecho que de bipartidismo poco, y que no se ha llegado a ningún acuerdo. Los medios querían o un circo o una especie de catarsis de estadistas responsables, y lo único que han visto es siete horas de debate sesudo con gente que no se ponía de acuerdo, así que están dando esa noticia, frunciendo todos el ceño.

¿Sorpresa? Ninguna, de hecho. Ya he mencionado antes que los republicanos (como Rajoy) no tienen el más mínimo incentivo para pactar. La prensa americana, sin embargo, sigue emperrada con esta absurda idea de glorificar el consenso y el bipartidismo, obviando el hecho que que uno de los dos partidos está trabajando activamente para bloquear cualquier ley. El problema es que la minoría que quiere que el partido gobernante se estrelle tienen capacidad real para vetar la ley, así que esta clase de exigencias de pacto crean situaciones imposibles. Los medios informan que hay dos partidos y hay desacuerdo, pero no que este desacuerdo es realmente una estrategia racional de sabotaje.

El debate, sin embargo, no ha sido realmente un espectáculo inútil - al menos, no para los demócratas. Recordad que si quieren pueden aprobar una ley en solitario, utilizando una maniobra parlamentaria que evita la necesidad de obtener una supermayoría en el Senado (50 votos de 100 en vez de 60 de 100); lo que necesitan son agallas, y dejarse de historias sobre buscar consensos y hacer posturitas. El debate, en este sentido, creo que ha dejado bien claro varias cosas para los miembros del partido más cobarte del mundo:

  1. El partido republicano no tiene la más mínima intención de mover un dedo para aprobar una ley. La que sea. No se están tomando el problema en serio. Ni se molestaron en debatir con ideas.
  2. Los republicanos creen que asegurar un 7% de los 45 millones de americanos que no tienen cobertura médica es una medida suficiente. Lo único que entienden por consenso es que los demócratas acepten esta idea.
  3. Los demócratas, si quieren evitar que el aumento de los costes de sanidad lleven el país literalmente a la bancarrota (EUA gasta un 18% del PIB en sanidad, prácticamente el doble que la media de la OCDE, y los gastos suben más deprisa que en ningún sitio) están completamente sólos. La solución republicana es dejar a gente sin sanidad.

Los dos puntos más importantes, sin embargo, son los siguientes:

  1. La Casa Blanca ha descartado completamente la posibilidad de aprobar una reforma de tercera que arregle el problema a medias. Nada de pasitos pequeños. La reforma será seria o no será.
  2. Obama ha dicho claramente que se han acabado las bromas:  si los Republicanos no quieren ni siquiera ceder un milímetro para llegar a un consenso, a pesar que la reforma es esencialmente una propuesta moderada (algo que el presidente señaló repetidamente), ahí se quedarán. El partido demócrata va a intentar aprobar la reforma en solitario.

Dicho en otras palabras: Obama está convencido que la ley es buena, y que una vez aprobada los hechos le darán la razón. Por tanto, va a hacer lo imposible para aprobar la reforma, aunque tenga que arrastrar a su partido entre alaridos, lloros y pataleos. El público real de este evento era, ante todo, el propio partido demócrata. El mensaje es que la ley es buena, necesaria, y moralmente correcta, pero, por encima de todo, que es ahora o nunca - y el Presidente está dispuesto a tirar del carro.

La ley es, realmente, una buena reforma. Ahora mismo, todo depende del valor de unas decenas de representantes en la cámara baja, y unos pocos senadores, que esta reforma sobreviva. Veremos cómo se mueven las cosas los próximos días. La sensación que tengo es que Obama ha puesto las cartas sobre la mesa, entrando a por todas - y en estas situaciones, los legisladores tienden seguir al líder del partido, especialmente cuando el objetivo final está tan, tan cerca.

Hay esperanza.

“Let Bartlet be Bartlet”

Tuesday, February 9th, 2010

Uno de los episodios más gloriosos en The West Wing gira alrededor de las discusiones dentro de la Casa Blanca tras un par de derrotas políticas serias. El equipo del presidente está desmoralizado; se ven inefectivos, incapaces de pasar reformas reales en el país. No les cuesta demasiado darse cuenta que gran parte del problema parte de su propia timidez: no han sido capaces de utilizar y mostrar las virtudes de su (imposiblemente perfecto) presidente. Es hora de “Dejar que Bartlet sea Bartlet” - actuar decididamente, con el presidente tirando del carro.

Me parece que en la Casa Blanca alguien ha estado viendo The West Wing estos días: el mensaje es claramente “dejar que Obama sea Obama”. Todo empezo con el ya legendario turno de preguntas del presidente con los republicanos en Baltimore, una de las mejores discusiones políticas en décadas en Estados Unidos. Obama estuvo extraordinario, ganando el debate con una facilidad apabullante.

Para resolver el debate de la sanidad (y empujar a su partido en el Congreso a aprobar una reforma de una puñetera vez), Obama va a intentar hacer algo parecido a finales de este mes. La idea es celebrar una “cumbre” sobre sanidad televisada con miembros de ambos partidos; un debate abierto con luz y taquígrafos pidiendo ideas y discutiendo cambios para aprobar la ley.

Por descontado, es un debate con las cartas marcadas: la reforma propuesta en el Senado tiene ya de hecho un montón de ideas republicanas; es un plan muy moderado, prácticamente conservador. Uno de los grandes problemas que ha sufrido la reforma es que los demócratas (y los medios) han sido incapaces de explicar sus contenidos; forzando a los republicanos a discutir el fondo (y no esconderse detrás de un púlpito o micrófono amigo en Fox y decir todas las burradas que quieran) es una táctica brillante. El presidente puede ejercer de presidente (Bartlet, de nuevo), arbitrando un debate al que los republicanos no pueden renunciar a participar.

¿Funcionará? Eso espero. Es una táctica muy ambiciosa, casi peliculera. Los medios americanos adoran esta clase de bobadas, sin embargo; no me extrañaría que se lo tragaran pero bien. El presidente está tomando un riesgo serio - veremos si funciona. Por cierto, ¿alguien tomando notas en España?

Torpe equilibrio electoral

Monday, May 4th, 2009

La encuesta que publicaba El País ayer es tragicómica. Para empezar, da al PSOE como hipotético perdedor de unas elecciones generales; algo natural a estas alturas de la crisis. El gobierno realmente no se está cubriendo de gloria estos días, con su respuesta tímida, comunicaciones torpes y falta de valentía proponiendo nada nuevo. Dejando de lado las enérgicas políticas de estímulo fiscal (que son necesarias, pero no suficientes), Zapatero no ha propuesto grandes cambios, y los que ha ofrecido los ha explicado espectacularmente mal.

El PP, sin embargo, tiene una ventaja anémica en este sondeo, con apenas un puntito de ventaja sobre los socialistas. Una victoria es una victoria, cierto, pero en vista de la inmensamente torpe retórica del gobierno uno esperaría ver algo más sólido. Comparar el hipotético resultado de Rajoy con lo que predicen los sondeos en el Reino Unido (país que está “disfrutando” de una crisis parecida, y un gobierno algo menos torpe); los tories le sacan 17 puntos a los laboristas, en gran parte porque David Cameron está haciendo oposición como debe.

Cierto, los dos países no son estrictamente comparables. Los laboristas compiten en el centro izquierda con los liberal demócratas, y el electorado británico es tradicionalmente más despiadado que el español. Aún así, el PP esta legislatura está haciendo lo imposible para no parecer una alternativa creíble. Un partido en la oposición tiene un trabajo menos complicado de lo que parece; lo único que tienen que hacer es estarse relativamente quietos, no dar miedo, y parecer lo suficiente responsables como para que los votantes no te rehuyan. El PP se ha pasado dos años corriéndose a boinazos por tonterías, diciendo barbaridades autistas de vez en cuando, y básicamente intentando demostrar que si llegan al gobierno estarán más ocupados discutiendo entre ellos que en hacer nada creíble. Y eso sin hablar de la incomprensible obsesión por negar que la corrupción de algunos de sus miembros es algo que vaya con ellos, un estupendo generador de confianza.

Parece increíble, pero el PSOE puede que gane las próximas elecciones. No es algo que debería suceder, si uno sólo atiende a cómo va la economía, pero el PP parece obsesionado en no aprovechar la oportunidad que la economía mundial le ofrece.

En fin, quizás estoy subestimando lo bien que lo está haciendo el PSOE en políticas de comunicación, quién sabe. No sería la primera vez que Zapatero es más listo de lo que parece, o básicamente tiene más potra que nadie. No lo sé. Quizás España, después de una serie de buenos presidentes y líderes, finalmente ha acabado por escoger dos incompetentes en el peor momento posible.