La ficción del déficit y el valor del dólar
Tuesday, November 3rd, 2009La economía americana parece estar empezando volver a la vida - el PIB está creciendo de nuevo a un ritmo más que aceptable, y los sospechosos habituales (vivienda, exportaciones, etcétera) empiezan a recuperarse. Aunque no me atrevo a decir que lo peor ya ha pasado y no veremos más sorpresas desagradables (hay bombas de relojería en todos sitios), parece que la recesión empieza a superarse.
Las cosas parece que empiezan a ir bien, pero eso no impide que los republicanos critiquen al presidente como de costumbre. Dejando de lado la sanidad (que sigue su lento avance por el Congreso) y cambio climático (que parece encallada en chiquilladas), las dos líneas de ataque principales son el déficit y el desempleo. Una es completamente estúpida, la otra no lo sería si no estuvieran contradiciendo la primera.
Me explico. El déficit fiscal americano este año será bastante espectacular, rozando el 10% del PIB - cerca de 1,4 billones de dólares. Parece un problema gigantesco, pero de hecho no lo es tanto. Primero, porque una parte muy importante de esta cifra viene de medidas con fecha de caducidad: 400.000 millones de dólares del plan de estímulo fiscal (la otra mitad, el año que viene), 400 ó 500.000 millones de los rescates financieros (gran parte será recuperado), y unos 120.000 millones viene del coste directo anual de las guerras. Si a eso le añadimos la caída de ingresos derivada de cualquier recesión (especialmente horrible este año), el déficit fiscal real a medio plazo es de hecho mucho menor; probablemente cercano a 300.000 millones con una guerra abierta, o un 3% del PIB.
Dicho en otras palabras: un número grande, pero controlable - y perfectamente tolerable para la ecomomía más poderosa de la tierra. Lo más importante, este déficit es relativamente fácil de reducir de forma “natural”; el crecimiento económico se ocupará de ello. A largo plazo las cosas pintan un poco peor, pero no demasiado; el gran agujero negro del futuro fiscal americano (Medicare y el gasto sanitario) va camino de resolverse gracias a la nueva reforma, y el sistema de pensiones es fácil de arreglar (de hecho, goza de muy buena salud) con unos pocos cambios menores. Como comenta Paul Krugman, la presunta preocupación del electorado con el déficit realmente no quiere decir gran cosa; los votantes en general lo confunden con “crisis económica”.
El desempleo es un problema un poco más serio. La economía americana es tremendamente flexible, así que crea empleo -y crecimiento- con más facilidad que las economías europeas. El problema, sin embargo, es que la población está creciendo a un ritmo decente, así que hace falta crear mucho empleo. Más allá de eso, la situación del mercado laboral es peor de lo que parece mirando los números, con muchísimos trabajadores a tiempo parcial o subempleados, así que recuperar el número general va a ser muy complicado.
En un contexto en que los tipos de interés están a cero, un gobierno tiene básicamente dos palancas para combatir el desempleo: devaluar la moneda para incentivar exportaciones (algo que están haciendo tanto como pueden - más luego) o estimular la economía dándole a la palanca fiscal. Esto quiere decir estimular la economía mediante el gasto, generando déficits - precisamente lo que critican tanto los republicanos. El estímulo fiscal ha funcionado bien, pero es insuficiente.
El problema más serio para Estados Unidos (y la Unión Europea), sin embargo, es la tozudez China en mantener su moneda artificialmente baja. No hace falta que recuerde a nadie que una de las causas de esta gloriosa crisis fue el exceso galopante de reservas en dólares esparcidas de mala manera que China acumuló manteniendo el yuan por los suelos. Parece que los dirigentes chinos están haciendo otra vez lo mismo, pero aún más insidioso: son los únicos creciendo a buen ritmo, pero siguen machacando su moneda como desesperados.
El resultado es una repetición de algo que vimos antes de la crisis: los americanos intentan devaluar su moneda para hacer sus exportaciones más competitivas, los chinos los siguen cuesta abajo para no perder competitividad, y los que se comen el marrón quedándose con una moneda cara son otra vez los europeos. El Banco Central Europeo, sin embargo, tiene esta extraña (y muy germánica) obsesión contra la inflación. La zona euro se come las exportaciones de todo el mundo, ya que cualquier cosa que suene a “debilitar” la moneda hace que en Frankfurt la gente se desmaye y empiece a gritar “¡Weimar! ¡Weimar!” como desesperados. Toda esta pureza monetaria está consiguiendo que la zona euro esté flirteando muy seriamente (y en el caso español, teniendo ya un apasionado affaire) con la deflación, mientras China sigue haciendo de troll monetario internacional.
¿Recordáis esa lista de reformas que pedimos por aquí de vez en cuando? Ya puestos a pedir heroicidades, Zapatero podría impulsar reformas en el BCE. Está haciendo daño en serio.




