Señales claras y obvias que indican que un artículo periodístico sobre política es una parida irrelevante:
Utiliza la expresión “comunión emocional” como herramienta de análisis.
Habla de las canas de un político como elemento de debate.
Recurre a la metáfora del boxeador en un debate de propuestas.
Señala la personalidad misteriosa de un líder como elemento crucial en su futuro.
Se recrea en la idea del líder como una especie de figura paternal extraña pseudo freudiana.
Dicho en otras palabras, el último “análisis” de Antonio Caño en El País sobre Obama, la mayor sarta de clichés pseudoemocionales que he visto en tiempo. Aunque parezca mentira, la política no tiene nada que ver con el psicoanálisis.
Mira, uno de esos subgéneros políticos que me ponen nervioso. Otros son la política como cotilleo, con el último libro de Mark Halperin y John Heilemann como exponente más reciente y cargante, y la política como una carrera de caballos, en que lo importante es quién gana y quien pierde, no qué políticas proponen o quieren implementar. Los tres están horriblemente extendidos en el periodismo español (y aún más en Estados Unidos), y los tres deben ser objeto de mofa, burla y escarnio de forma incesante.
Si queréis un buen análisis previo al discurso sobre el estado de la Unión de esta noche, por cierto, este de Jonathan Cohn me parece excelente. Estaré en Twitter siguiendo la fiesta en directo, por descontado (9 pm, hora local). Ya sabéis de que hablaré esta noche por aquí.
Es el primer martes de noviembre, y en ¡Estados Unidos hay elecciones! Como todo en este país, la prensa y comentaristas se han pasado el día diciendo que todo es extraordinariamente relevante, emocionante, decisivo y va a cambiar todo, y la verdad, la cosa es de hecho no demasiado importante.
¿Qué se vota hoy? Un cajón de sastre de elecciones de segundo orden, la verdad. Municipales en muchos estados (Connecticut incluído), unos cuantos escaños en la cámara de representantes (algunos interesantes) y un par de gobernadores de estados más o menos interesantes. A pesar de todo el ruido y la furia mediático, las elecciones en años no presidenciales tienen una participación minúscula, incluso para lo que es habitual en Estados Unidos; un 30% es considerado un buen dato. En muchos municipios en Connecticut, de hecho, no se pasará del 10% - y no es un dato anormal.
Traducido al planeta tierra: es como intentar extrapolar unas elecciones generales españolas a partir de unos comicios en Logroño, Cuenca y La Seu d´Urgell. Pretender que lo que sale en las urnas tiene algo que ver con el resto del país es ser un excéntrico estadístico.
Aún así, como sé que somos incorregibles, un pequeño repaso a los grandes éxitos de la noche:
Virginia
Los demócratas presentaban un tal Deeds, ex-representante estatal aburridote que no conocía ni Dios; los republicanos McDonnell, ex-fiscal general del estado, moderado, conocido y con buena reputación. Virginia tiene una población afroamericana enorme, que salió en tromba el año pasado para votar a Obama. Este año, en unas elecciones que tenían demasiado interés, parece que se han quedado en caso . El resto del estado es muy conservador (excluyendo los suburbios de Washington DC), así que el candidato demócrata, como era previsible, ha sido aniquilado.
¿Relevancia a nivel nacional? Bueno, los gobernadores anteriores eran demócratas, aunque la clase de demócrata que estaría a la derecha de Jaime Mayor-Oreja en un día malo. Cuando presentas un candidato malo en un terreno que no te va bien, uno pierde horriblemente.
Nueva Jersey
Los republicanos presentaban un tal Chris Cristie, ex-fiscal federal, contra el gobernador Jon Corzine, ex-senador del estado y ex-CEO de Goldman Sachs. Corzine es megamillonario, viene del banco que encarna todo lo que los americanos detestan de Wall Street ultimamente y es un tipo aburrido a matar. Para hacer las cosas peores, Corzine no era un gobernador popular: los estados no pueden endeudarse, así que en un año electoral ha tenido que subir impuestos, subir peajes y recortar programas sociales. Y para acabarlo de arreglar, el partido demócrata en el estado ha tenido “algunos” escándalos de corrupción, con alcaldes en la cárcel acusados de tráfico de órganos (no, no es broma).
A pesar que el estado es tradicionalmente demócrata (Obama lo ganó de calle), era un año horrible para gobernadores en el poder. Corzine parece que va a perder por los pelos; un resultado muy malo, pero no demasiado sorprendente.
Matrimonio gay en Maine
Maine es un estado rural de Nueva Inglaterra; frío, poco poblado y extraordinariamente bonito. El legislativo del estado aprobó una ley autorizando el matrimonio homosexual a principios de este año, y grupos conservadores forzaron un referéndum. Parece que los votantes van a decidir mantenerlo, algo que me alegraría muchísimo. Rhode Island es el único estado de Nueva Inglaterra que no lo ha legalizado, si mal no recuerdo.
(Actualizaciones: Ups, hablé demasiado rápido - ahora está empatado. Veremos… Oh, mierda, ahora pierden. En fin, olvidad lo de arriba. Confirmo mañana)
Nueva York (ciudad)
Bloomberg ha sido un buen alcalde. A principios de este año el tipo decidió que le gustaba el trabajo, así que convenció al “legislativo” de la ciudad (Nueva York tiene capacidad legislativa en no pocas cosas) que le permitiera presentarse a un tercer mandato más allá de los dos habituales. El tipo ha ganado, aunque -para sorpresa de todos- lo ha hecho justito: sólo seis puntos. No sé si será su relación con Wall Street o la ínfima participación (apenas un 25%), pero ha sudado.
Nota al margen: el tipo se ha gastado noventa y siete millones de dólares de su propio bolsillo en la campaña. Con un par.
NY-23: festival del humor
De lejos, la elección más irrelevante y divertida de la noche. El distrito 23 del estado de Nueva York la cámara de representantes es el equivalente americano de “en medio de ninguna parte”. Es un distrito rural, conservador, que ha estado en manos del partido republicano durante 100 años.
Hoy votaban por ahí arriba a un nuevo representante, ya que el anterior, un republicano moderado, ha entrado en la administración Obama como secretario del ejército. En principio, ese escaño no tenía ningún misterio; los republicanos podían nominar a cualquiera, ganar de calle, y listos. El partido local escogió a una tal Dede Scozzafava, clásica republicana moderada del noreste, y se sentaron a esperar.
El problema es que para algunos conservadores, “republicano moderado” no sirve. Scozzafava podía estar en el ala derecha del partido en Nueva York, pero ser pro-aborto, pro-matrimonio gay y votar de vez en cuando por alguna subida de impuestos cuando no hay más remedio es algo que el ala montañesa del partido no toleraba. Hará cosa de un par de meses gente como Glenn Beck, Rush Limbaugh, Sarah Palin y otras luminarias intelectuales (es un decir) conservadoras (gente que se gana la vida vendiendo mensajes ultras; es un negocio enorme) salieron en tromba diciendo que la mujer no valía nada, y que los conservadores de verdad no podían votarle. En vez de votar republicano, tenían que votar a un independiente realmente conservador, Doug Hoffman.
¿Quién es Doug Hoffman? Realmente un don nadie. Es un tipo excepcionalmente aburrido que básicamente pasaba por allí; el clásico tipo que se presenta a unas elecciones casi para pasar el rato (en serio; vedlo “en acción”). De golpe y porrazo, todo el sector neotroglodita de la derecha americana estaba hablando de él en la radio, regándolo de millones y haciendo anuncios para él. Una campaña que normalmente apenas hubiera costado medio millón de dólares por candidato tenía un don nadie con posiciones de derecha radical con varios millones de dólares en la mesa.
Dicho en otras palabras: un circo salido de madre, hasta el punto que este fin de semana Scozzafava se retiraba de los comicios y daba su apoyo al tercero en la discordia: Owens, el candidato demócrata. Newt Gingrich (el que fuera azote de Clinton en los noventa), que había apoyado al candidato oficilialista horrorizado, decía ayer que el partido se había vuelto majara apoyando a un tarado montañés irrelevante como Hoffman.
¿El resultado? Cien años después, NY-23 parece que va a tener un representante demócrata (*), con Owens ganando (por ahora) 49 a 45 (Scozzafava ha sacado un 5%). El “efecto Palin” del que algunos hablan es, otra vez, un pufo; el conservadurismo antiintelectual, airado, ruralista, ultrareligioso del sector más radical republicano no lleva el partido a ningún sitio fuera del sur y la América rural profunda. Y no, Nueva Jersey o Virginia no son ni de broma la victoria de la derecha troglodita que representaba Hoffman; Cristie es básicamente el “no-Corzine” y McDonnell es un moderado.
Resumiendo: He escrito muchísimo por algo que realmente no representa gran cosa - y aún no sabemos (casi medianoche) los resultados de la mitad de las elecciones relevantes. Obama sigue siendo bastante popular, al fin y al cabo. Mañana, más.
(*): No que vayamos a saber los resultados finales hoy. Hoffman técnicamente aún lo tiene a tiro, aunque no es demasiado probable que gane. Aún así, CNN da a Owens como ganador.
Para los amantes de la política superficial pura, los yonkis de las relaciones públicas y la imagen política descarada, ayer Obama nos brindó uno ejemplo fantástico. El tipo andaba por Green Bay, Wisconsin, haciendo un town hall meeting sobre sanidad (algo así como un “tengo una pregunta para usted” presidencial; los políticos de verdad -americanos- lo hacen a menudo) cuando un hombre empieza su pregunta diciendo que estaba allí con su hija, que se estaba saltando clase para verle.
Aquí entran los reflejos de Obama. En vez de responder y seguir, para al hombre y pregunta por el nombre de la hija - y si necesita una nota para darle a la maestra, justificando que no fuera a clase. El público se rie, la niña está al lado del padre, toda risueña, y Obama escribe una nota, la firma, y se gana un voto demócrata para los próximos 90 años. Más importante que eso, sin embargo, genera una anécdota encantadora de la nada - anécdota que tiene a todos los medios totalmente hiponotizados durante todo el día, dando una imagen de estilo y cariño impecable y -probablemente- genuina.
Ahora decidme si véis un político español haciendo algo parecido, así de la nada. La verdad, no creo que Obama sea un tipo ultraespecial o megahumano; es probable que otro político en un momento inspirado hubiera hecho algo parecido. El problema, claro está, es que en España no hay nadie que se atreva a dejar que los políticos se pongan en situaciones remotamente genuinas, en contacto directo con los votantes. Los políticos son seres humanos; vale la pena recordarlo de vez en cuando.
Hace unos días, un niño visitando la Casa Blanca le pidió al Presidente si podía tocarle el pelo; no se creía que era alguien como él. El resultado, otra foto impagable.
Esto es un pequeño experimento psicológico para la clase política y los medios americanos. Observar atentamente.
Este domingo, dos de los principales bancos de inversión de Estados Unidos, Merryl Lynch y Lehman Brothers, se han ido a tomar por saco. Medio sistema financiero se debate entre el pánico, la risa histérica y la catatonia más absoluta mientras los mercados de capitales corren el riesgo de sufrir una implosión catastrófica, en gran parte derivada por las desastrosas desregulaciones que los republicanos parecen amar tanto.
¿Hablarán los medios de esto mañana, o seguiremos con las chorradas que hemos estado sufriendo de forma insistente estas dos últimas semanas? Estados Unidos está en una situación potencialmente muy peligrosa, y los medios parecen más preocupados en aplaudir a la orquesta del barco que se hunde que en el debate sobre como cerrar las vías de agua.
No creo que me sorprendan mañana: el tema serán de nuevo estupideces. La campaña de McCain lleva una buena temporada alegremente huyendo de hablar de cualquier cosa relacionada con sucesos acaecidos en el Planeta Tierra (y de hecho, lo admiten alegremente), así que o los medios desarrollan contra todo pronóstico un par de cojones, o la cosa seguirá igual de idiotizada.
Las campañas políticas americanas son habitualmente bastante idiotas, pero lo de estos días está llevando la idiotez al nivel de arte. El País hablaba ayer sobre cómo un comentario de Obama (”no importa que le pongas pintalabios a un cerdo; seguirá siendo un cerdo”) ha creado una gigantesca tormenta política, con la campaña de McCain acusando a los demócratas de sexismo (otra vez) y diciendo que su candidato ha llamado a Sarah Palin “cerdo”.
Dicho en pocas palabras: no parece que esta vez haya funcionado, básicamente por dos motivos. Primero, porque la alegación de sexismo es una soberana estupidez; veamos la frase en su contexto:
Obama está hablando del hecho que McCain habla de representar el verdadero cambio, y Obama le acusa de maquillar ideas gastadas. Hablar de sexismo es estirar la realidad y distorsionar lo dicho de forma exagerada, algo que McCain está haciendo a menudo estos días.
La frase “pintalabios en un cerdo” tiene una larga, gloriosa tradición en la política americana. McCain, de hecho, la utiliza a menudo; la última vez hace unos meses hablando de Irak, pero la había utilizado también hablando de Hillary Clinton (que supongo debe ser un hombre) y su plan de sanidad. Dick Chenney la ha utilizado a menudo. La ex-jefa de prensa de McCain tiene de hecho un libro titulado “Lipstick on a Pig“.
Obama contesto ayer con una intervención bien ponderada, que viene a ser el equivalente demócrata a las críticas de los republicanos a los medios, sólo que dicho de forma más elegante:
El ataque es absurdo, y la respuesta es buena. Si uno ha seguido la campaña, sin embargo, uno debería saber de sobras que esto no es en absoluto suficiente en Estados Unidos; los medios americanos acostumbran a quedarse embobados con estas estupideces, convirtiendo esta clase de giliflautadas en “controversias” que se alargan un par de días.
Esta vez, sin embargo, parece que los medios no han picado. Ayer por la noche, en un heróico intento de servir a mis fieles lectores, me dediqué a ver los canales de noticias unas cuantas horas (hasta que mis neuronas empezaron a dimitir y tratar de a abandonar el cerebro por la oreja en protesta, vamos), y parece que de forma casi unánime los comentaristas daban la razón a Obama que todo este debate es, de hecho, un burdo intento de distracción de los republicanos. Incluso Bill O´Reilly se apunto a esta teoría, algo que me pareció alucinante. Incluso el habitualmente inane Chris Matthews se pasó una hora pegando palizas retóricas a los pobres portavoces republicanos que pasaron por su programa.
¿Por qué? Bueno, una campaña puede mentir o distorsionar la realidad de vez en cuando, pero no puede hacerlo de forma habitual. Los medios, tarde o temprano, se hartan que los tomen por el pito del sereno, y empiezan a quejarse. Estos días McCain y los suyos estaban defendiendo tres historias básicamente absurdas: el pintalabios gorrinil, un ridículo anuncio acusando a Obama de defender educación sexual a preescolares (Obama votó que fuera posible preguntarles si eran víctimas de abusos en algunos casos) y la obsesiva repetición que Sarah Palin estaba en contra del “puente hacia ninguna parte” (algo que es básicamente falso). Son muchas exageraciones y mentiras directas para confiar que los medios aún te hagan la pelota. Parece que los periodistas finalmente se han hartado.
Esto puede tener dos posibles resultados: los medios se pasan un par de días criticando a McCain, hasta que los republicanos pillan a algún periodista exagerando demasiado, se hacen la víctima, y los medios vuelven a retroceder aterrados que les acusen de parcialidad. Los republicanos llevan haciéndolo de forma habitual durante la campaña, y los medios hasta ahora ha acabado retrocediendo de forma invariable. El otro posible resultado es que los medios empiecen a cambiar la narrativa, y empiecen a tratar a McCain como alguien más preocupado de hablar de tonterías que de temas serios. Esta narrativa (visto lo visto en la convención republicana, en que se habló más de biografía que de política) sería básicamente cierta, pero no sé si los medios estarán por la labor.
Eso significaría que los periodistas estarían haciendo su trabajo. La verdad, en Estados Unidos esto no pasa demasiado a menudo.
Mira que me quejo de las burradas que cubren los medios en Estados Unidos. Pues mira, El País se apunta. Obama ha sido entrevistado por George Stepanopolous durante una hora esta mañana en televisión, cubriendo temas importantes como política exterior, política fiscal o la enorme nacionalización de Freddie Mac y Fannie Mae hoy.
MSNBC ha sacado de todo ello el hecho que Obama se arrepiente que hace un mes se explicó mal al hablar sobre el aborto. El País, una minúscula broma (era una broma, leches) sobre Palin y baloncesto. Si a eso le sumamos la importante, crucial tarea de informar sobre el vestuario de Cindy McCain, me temo que haréis mejor de leer alguna bitácora de calidad sobre el tema que buscando información en El País.
Dioses, qué mal está el patio.
Hablando de chorradas, me remito a la gente de FiveThirtyEight para hablar sobre las encuestas estos días. No les hagáis caso; ahora mismo los republicanos disfrutan de los efectos de los tres días de publicidad gratuita sin descanso que son las convenciones. Básicamente, estamos viendo ruido estadístico a patadas, especialmente en las encuestas diarias de Gallup y Rasmussen. Recuerdo, esta gente hace 1000 encuestas al día y el resultado que vemos es una media de las tres últimas muestras; dicho en otras palabras, estamos “escuchando” a votantes que fueron entrevistados justo después de toda esa publicidad. Hasta mediados de la semana que viene no podemos decir nada con sentido.
Por cierto, y puestos a mencionar tonterías relativas, Barcepundit enlazaba un artículo que dice que Obama ha perdido las elecciones al no escoger a Hillary. No me voy a meter demasiado en ello, pero el artículo tiene relativamente poco sentido por varios motivos, empezando por el hecho que Hillary como candidata tiene muchísimos problemas. El más más grave, sin duda, es Bill Clinton y todos los “amiguitos” que donan dinero a su fundación, no pocos no demasiado presentables. En una campaña presidencial, esos nombres deberían hacerse públicos, algo que no haría favores a nadie.
Más allá de eso, nada pondría más histéricos a los republicanos que tener a un Clinton como oponente; es difícil percibir el nivel de odio que genera esa mujer en muchos sectores. Más allá de eso, hay bastantes demócratas que no aguantan a los Clinton (y más con las primarias que nos dieron), y que tendrían problemas serios para apoyar a Obama con el mismo entusiasmo con ella en la papeleta. Por no hablar de votantes moderados con parecido cinismo. Y obviamente, el mensaje de cambio con la mujer de un expresidente se disuade muchísimo; pensad que desde 1980 ha habido un Bush o un Clinton en la Casa Blanca.
Resumiendo, Obama no tiene esto perdido. De hecho, en vista de como está el patio (paro subiendo, nacionalizaciones, Palin y sus ideas más bien raras en no pocos temas -es realmente ultrareligiosa-) sigue siendo el candidato favorito. McCain puede ganar, obviamente, pero si estáis apostando, hacedlo por el demócrata. Al menos por ahora.
Un día lleno de muchas noticias, todas demasiado pequeñas para un artículo largo. Aquí van, con comentarios rápidos.
Obama anunciará su vicepresidente probablemente el miércoles a primera hora (sobre mediodía hora española): parece que los tres finalistas son Joe Biden, senador de Delaware con experiencia internacional, Evan Bayn, senador de Idiana moderado y Clintonista, o Tim Kaine, gobernador de Virginia. Hillary parece descartada, pero nunca se sabe. El favorito parece, ahora mismo, Joe Biden, un tipo que reconozco me gusta mucho; es inteligente, ágil y bien preparado. Sin embargo, yo soy un gafoso con bitácora, así que las cualidades que busco en un líder no tienen por qué ser parecidas a las que quiere el gran público. Veremos.
McCain anunciará su heledelo Simba probablemente un día después que Obama acepte la nominación: una táctica tan válida como cualquier otra para quitar un poco de viento en las velas a Obama después de la convención. Las convenciones son cubiertas de forma obsesiva por las televisiones, y tienden a dar un buen salto en las encuestas a los candidatos; lo que hace McCain tiene sentido. Las quinielas parecen divididas entre Mitt Romney, el fabuloso hombre de plástico y ex-gobernador de Massachusetts, y Tim Pawlenty, ex-gobernador de Minessota.
Por cierto… me reafirmo, y es de hecho lo que dicen la mayoría de estudios y comentaristas: el vicepresidente no acostumbra a afectar el resultado final demasiado, siempre que el candidato no escoja alguien absurdo. Los medios se excitan mucho, pero el vicepresidente de hecho casi nunca hace demasiado una vez elegido. En vista del “éxito” de tener a Dick Chenney tomando decisiones estos últimos años, creo que se volverá a la tradición.
La última obsesión tonta de la blogosfera progresista americana: resulta que una sentida, profundamente cristiana anécdota que explicó McCain este sábado sobre sus años como prisionero de guerra puede que sea más o menos ficticia. Parece que la historieta la contaba Solzhenitsyn, y era un clásico de los sermones evangélicos antes que McCain se la apropiara. La verdad, no creo que tenga puñetera importancia; el tipo se pasó su temporada en el Hanoi Hilton, y si con la estancia confunde lo propio con historias oidas a otros pero que le suenan cercanas, no creo que sea tan grave. Y sí, uno puede hacer un comentario sobre la edad de McCain, pero la lleva contando desde 1999, cuando aún era -relativamente- joven.
Michael Goldfarb critica a la “peña Dungeons & Dragons” que apoya a Obama: en una muestra definitiva que los frikis están asaltando el poder político a manta, Michael Goldfarb, bloguero de McCain, dice que los que se preocupan del punto anterior son una pila de jugadores de rol. Cosa que me ofende profundamente, ya que juego a rol y no me preocupo por esas tonterías. Afortunadamente, el tipo se ha disculpado; los comentarios por aquí son impagables. Lo dicho, estos días no está pasando nada.
Lo mejor de Biden: El tipo es pro-trenes. Ya sé, irrelevante, pero a mi me gusta.
Llevamos varias semanas en esta campaña en que los medios parecen incapaces de hablar de política. No es que los candidatos no estén hablando de planes para Irak, la economía (aunque de eso no ha habido demasiado; más luego) o sanidad, es que los medios tienen una tendencia realmente exagerada a distraerse con las cosas más estúpidas. En First Read le llaman “Oh, shinny” (ui, brilla); básicamente es alguna declaración, suceso o polémica relativamente cercana a las campañas que parece dejar a todo periodista corto de ideas totalmente embobado, fascinado con los reflejos de la purpurina y repitiendo chorradas.
El último caso de esta larga serie de monumentos a la estupidez es la dichosa portada del New Yorker de esta semana. Sí, esa con una caricatura de Obama vestido de árabe y Michelle vestida de terrorista. La portada en cuestión es obviamente una sátira, pero parece que no poca gente en este país (empezando por la campaña de Obama, que respondieron todo ofendidos) carecen del más mínimo sentido del humor.
La verdad, la portada es bien poco ofensiva. Para empezar, la revista en cuestión es el New Yorker. Para quienes no la conozcan, es un seminario gafoso e intelectualoide muy progresista que se edita (oh milagro) en Nueva York, y que tiene como lectores la clase de gente que salen en las películas de Woody Allen. Dicho en otras palabras, es bastante obvio que ni los editores de la revista ni sus lectores creen que Obama es un peligroso criptoterrorista islámico. La portada es obviamente una sátira, que intenta decir en una viñeta lo que Stephen Colbert hace cada noche en Comedy Central: ridiculizar las alocadas teorías de algunos sectores de la derecha histérica que claman que Barack Obama no es lo que parece.
Lo que es realmente patético es que este dibujito haya creado un debate de proporciones épicas, con incontables horas de radio y televisión gastadas y enormes cantidades de tinta y píxeles escritos discutiendo si eso es apropiado o no (sí, percibo la ironía que yo esté perdiendo el tiempo con esto también). El New York Times publicaba hoy incluso un largo, detallado, sesudo artículo hablando sobre lo difícil que es para los cómicos americanos (con la excepción de Colbert) hacer bromas sobre el candidato demócrata. Es realmente una pérdida de tiempo, y no tiene nada, nada, nada que ver con los problemas del país.
Algunos dicen que hay una cierta reticencia por parte de no pocos cómicos y columnistas a ser demasiado duro con Obama. Hay un cierto temor a ser el tipo que acabó con el candidato más brillante, histórico, maravilloso etcétera de la historia, según no pocos comentaristas republicanos. La verdad, todo esto es una bobada. A Obama le critican como a cualquier otro, y no es que programas como SNL o Colbert no se mofen de él a mansalva. Lo que es patético es que andemos todos hablando de esto ahora.
Lo más deprimente es que no es la primera vez, ni será la última. Tenemos la entrevista con las hijas de Obama, las declaraciones de Jesse Jackson o Wesley Clark, McCain no contestando una pregunta sobre Viagra (en serio), o cualquiera de las incontables chorradas que he mencionado en artículos anteriores. Los medios americanos disfrutan hablando de cualquier cosa menos sobre ideas substantivas, vamos.
Por cierto, todo este escándalo nace el mismo día en que Fannie Mae y Freddie Mac están a punto de derrumbarse, llevándose toda la economía americana por delante, y el día que Obama publica un (magnífico) artículo en el NYT detallando su estrategia en Irak y Afganistan. ¿Quién dijo que la prensa española era mala?
Para los que se preguntaran por qué me lamento tan a menudo sobre el nivel de estupidez al que pueden llegar las campañas americanas, ahí dos ejemplos de esta misma semana, uno de cada campaña. Uno es irrelvante, el otro es más sutil y de hecho esconde más de lo que parece. Veamos.
El más ridículo es de calle la polémica por una entrevista que la familia Obama concedió a Access Hollywood, un programa de famoseo de NBC. Nada anormal; es habitual que políticos y sus familias salgan en esta clase de cosas. Lo que ha generado debate, sin embargo, es que las dos hijas de Obama, de diez y siete años, estuvieran en la entrevista, y oh cielos, la hija mayor pareciera ser muy inteligente y despierta para su edad. Demasiado para los buscadores de polémicas idiotas, que andan diciendo que la malvada campaña demócrata había “entrenado” a las crías y que todo es un montaje para recordar a los votantes que McCain es viejo.
¿Suena absurdo? Obama hoy ha tenido que perder el tiempo en dos entrevistas diciendo que se arrepiente que las niñas fueran entrevistadas, y que no lo volverán a hacer. Todo por una entrevista familiar un poco ñoña en que dos crías no se comportaron como retrasadas mentales. Y sí, un periodista entrevistando a un hombre que puede convertirse en el hombre más poderoso de la tierra, y le pregunta sobre esta estupidez. En fin.
Siguiendo con los debates estériles, me ha sorprendido bastante el hecho que McCain, ese hombre que no quiere que le recuerden que es viejo, está pariendo anuncios televisivos hablando de los conflictos y debates de los años sesenta. Es bastante surrealista que un tipo que se presenta a presidente en el 2008 hable en sus anuncios que mientras los hippies celebraban el verano del amor, él estaba prisionero en Vietnam, haciendo el héroe. Especialmente cuando su oponente tenía entonces seis años, y supongo que estaba muy ocupando aprendiendo a leer.
¿Por qué esta insistencia en el pasado por parte de McCain? Hay cierta racionalidad detrás de esta retórica. Como sucedió con las primarias demócratas, parece que estas elecciones son de nuevo una cuestión generacional. A un lado tenemos los votantes mayores de 50 ó 55 años, los baby boomers. Gente que se crió políticamente en los sesenta, y que vé la política siguiendo los esquemas de la época, y reviviendo los traumas de esos años. Conflicto racial, idealismo, guerra, Kennedy, sueños, caos, manifestaciones, viejas ideas, cinismo y Nixon: líneas políticas antiguas, que siguen determinando muchos votos.
Para los votantes menores de 45 años, todas esas guerras suenan a debates del pasado. El racismo es incomprensible, Vietnam fue claramente un error, Kennedy un sueño roto y los hippies y la contracultura tipos que se lo pasaron de muerte y parieron muy buena música. Los sesenta, en todo caso, es cuando Estados Unidos empezó a librarse de los lastres de antaño, no una época de conflicto. Años locos, pero poco que debatir sobre ellos ya.
El anuncio de McCain, obviamente, se dirige al primer grupo, no al segundo. Es una anuncio de política al viejo estilo, que trata de recalcar -supongo- que Obama es un tipo que no se preocupa de esas guerras ya; es un tipo joven, arrogante y que no está interesado en hablar de estas cosas que deciden el voto de todos esos jubilados airados.
¿Funcionará esta táctica? La verdad, no lo sé. Los americanos llevan repitiendo las mismas batallas políticas desde hace décadas. La mayoría de votantes que no vivieron los sesenta están hasta las narices de seguir dando vueltas de forma obsesiva a guerras que no son suyas, y la verdad, estoy bastante seguro que no pocos baby boomers verán hablar de hippies como un anacronismo extraño. Y la verdad, recordar que McCain sigue preocupado de Vietnam no da una imagen precisamente demasiado joven del candidato.
Actualización:
A todo esto, veo que Fox News (quién si no) está haciendo un gran escándalo del hecho que Jesse Jackson criticara a Obama cuando creía estar a microfono cerrado. Fue una frase aislada (”Obama no ha respetado a los negros. Le cortaría las pelotas”) de un tipo que es (presuntamente) un líder respetado de la comunidad afroamericana, y eso es parece ser muy, muy importante. Ya me diréis.
Para la campaña de Obama, de hecho, es casi un sueño. Es como Maragall criticando a Zapatero por ser anticatalán. Un chollazo. La mejor manera de dejar de parecer radical -algo que Obama no es- es ser criticado por la gente que sí lo es a ojos de los medios. A veces Sean Hannity es profundamente idiota.
El NYT publica estos días un largo artículo sobre Rush Limbaugh, troll radiofónico oficial del partido republicano y modelo y padre espiritual -supongo- de Federico Jiménez Losantos. Echadle un vistazo, es excelente.
El Times hace esto de vez en cuando, a veces de forma bastante despiadada. Supongo que será parte de su papel de árbitro de los medios, que se ponen a hablar de otros periodistas de este modo. El perfil que le hicieron a Chris Matthews, el (a veces muy buen) periodista de NBC y MSNBC, fue salvaje.
Y no, no me olvidé de vosotros. Estos días han pasado bastantes cosas en la campaña; cuento más un poco más tarde.