Transparencia no es información
Tuesday, March 2nd, 2010El otro día en el trabajo me tuve que poner a buscar datos y regulaciones sobre un par de programas federales americanos. Gracias a las maravillas del gobierno abierto y el trabajo encomiable de la administración Obama para publicar datos y estadísticas en internet (mirad el enlace y llorad: es un paraíso friki), encontrar las cifras y legislación no resultó ser demasiado complicado; todo estaba accesible, prácticamente a tiro de Google. El problema, sin embargo, vino después.
La pregunta que debía responder era cómo funciona Medicaid en Connecticut. El problema era, mal que me pese, que por mucho que lo intentara era incapaz de entender la ley federal sobre la materia, básicamente porque el lenguaje legislativo americano es absolutamente incomprensible. Tras un rato dándome de cabezados contra el escritorio, decidí confiar en la “traducción” de la ley a lenguaje humano que habita en una oscura página federal. La información es increíblemente detallada y rica, no hay duda, pero la cantidad de jerga legal, terminología sanitaria obtusa y textos rúnicos sobre seguros médicos raros no era precisamente agradable. Tras un buen rato de lectura (y darme cuenta que tenía que repetir la misma tortura en la infinitamente peor página estatal sobre el ramo), pude finalmente traducir el significado de las bases de datos a algo útil y comprensible, y hacer un par de gráficas bien monas.
La pequeña odisea juridico-matemática resulto ser un ejemplo de libro de las maravillas de la transparencia y el poder del gobierno abierto - y también una muestra perfecta de sus limitaciones. Tenemos acceso a los datos y legislación, tenemos toneladas de documentación y cifras en la red, pero información, lo que se dice información, tenemos relativamente poca: todas esas páginas sobre medicaid necesitan ser interpretadas y traducidas para que tengan sentido.
En el caso de Medicaid, esto es un proceso relativamente fácil y comprensible; al fin y al cabo, es un programa de servicio directo. Ayer andaba haciendo la declaración de la renta, un proceso sólo un poco más sencillo que un experimento de física cuántica aquí en Estados Unidos, y me dediqué a buscar de dónde habían salido alguna de las reglas más absurdas. Está todo en internet, supongo; entender la marabunta de reglamentos obtrusos me supera ampliamente. Me encantaría saber de dónde salen un par de cambios especialmente ridículos este año (¿se nota que me ha salido negativa?) para pegar unos cuantos berridos al legislador que tuvo esa genial idea, pero no hubo manera.
Básicamente, no podemos confundir tener un gobierno abierto y transparente con tener un gobierno que informa sobre lo que hace. Tener acceso a toneladas de producción legislativa, declaraciones y numeritos no nos aporta gran cosa si toda esta información es furiosamente ofuscada por la autoridad competente, o es sencillamente demasiado complicado para entenderlo. Tener los datos es una cosa; poder interpretarlos es algo completamente distinto.
Esto crea un problema adicional: interpretar los datos no es algo completamente objetivo; es algo básicamente político. Cuando escribo un informe sobre los efectos una regulación especialmente obtusa (por ejemplo, que Medicaid ponga un embargo preventivo en tu casa al darte de alta en el servicio) mis conclusiones son esencialmente valorativas, no descriptivas. Si el gobierno explica la regulación más allá de los datos, la justificación es algo que tendra un contenido político.
Cuando hablamos de gobierno abierto, es necesario tener estas cosas en mente. No es cuestión de tener datos, es cuestión de explicarlos bien. Y esto, mal que nos pese, es algo que se debe hacer desde la política; los datos en solitario no explican demasiado.
Actualización: ¿Quiere decir esto que debemos esperar la versión oficial? No, por descontado. Como señalan en los comentarios, los datos deben ser interpretados por la prensa, analistas, frikis y todólogos que se dedican a vigilar al gobierno. Lo que debemos sacarnos de la cabeza es que la base de datos basta; es siempre necesario “traducir” la información, esencialmente politizándola. El gobierno abierto no es cuestión de dar datos; es hacer que esos datos mejoren la política.
Cosa que no deja de ser un problema - ya sabemos que la mejor manera de oponerse a una ley es básicamente leerla de la forma más surrealista posible. Sea la sanidad en Estados Unidos o la Ley de Economía Sostenible en España, el gobierno abierto no evita que los trolls de turno creen interpretaciones horrendas de todo lo que encuentran. A mí me contarán cómo cocinar datos, vamos. Ejem.





