El gran elefante blanco
Sunday, August 23rd, 2009No voy a añadir demasiado a lo dicho por César y Lüzbel acerca de las últimas “decisiones inversoras” de la Generalitat Valenciana subvencionando a ese pobre indigente Bernie Ecclestone y su carrerita de Formula 1. Como dicen ellos, es una muestra del alegre colegueo capitalista caciquil de siempre, sólo que con cochecitos más rápidos y famoseo más cosmopolita.
La verdad, me parece que tenemos que echarle la culpa a Bilbao y Barcelona que estas cosas sucedan. La ciudad vasca construyó el Guggenheim, edificio singular y mágico, y por motivos bastante difíciles de explicar les salió bien y la ciudad recibió un reconocimiento internacional casi inmediato. Barcelona organizó un gran evento, los juegos olímpicos, y de repente estaban de nuevo en el mapa. Los políticos españoles, desde ese día, atribuyen poderes casi mágicos a los grandes templos a la modernez o los rituales de masas, y así andan, buscando el Santo Grial del crecimiento a base de proyectos místicos.
La cuestión es, las cosas no funcionan del todo así. Por mucho que Pyongyang construya el hotel más grande del mundo, los proyectos megalíticos del megalíder de turno no crean desarrollo económico. Esta clase de edificios o verbenas gigantes sólo tienen sentido cuando son una consecuencia del crecimiento de una economía, no algo que pretenda crearla.
Un ejemplo sería la ampliación del aeropuerto de Barajas. Madrid no construye un aeropuerto de primera categoría no para atraer nuevos negocios, sino porque el aeropuerto se había quedado pequeño. Nueva York no tiene el metro más grande del mundo (en kilómetros de vía - longitud de líneas en Londres) no para “atraer negocios” sino porque es la única manera humana de mover la ciudad de forma razonable. En el caso de Bilbao, el museo no responde a una demanda imperiosa de la región para tener arte moderno, pero la ciudad que está detrás era (desde hacía años) un centro económico mucho más importante de lo que todo el mundo conocía. El Guggenheim llevó a la ciudad al nivel en el que debía estar realmente, igual que las olimpiadas hicieron en Barcelona (El Fórum, por descontado, no añadió gran cosa).
Valencia tiene una extraña obsesión, sin embargo, de querer crear desarrollo a partir de la creación de megalitos gigantes. Es una ciudad mediana, con una buena base económica, que se pasa la vida intentando convertirse en una gran capital del mundo a base de construir y organizar fastos como si lo fueran. La cuestión es, Nueva York, Berlín, Madrid o Londres no son grandes capitales porque construyen cosas y organizan eventos; organizan y construyen porque son grandes capitales. Un equipo de fútbol potente no es signo de progreso; es sólo un equipo de fútbol, y un circuito de F1 no quiere decir que te va la alta tecnología, es sólo una carrerita de coches.
Valencia haría bien de gastar su dinero haciendo cosas muchísimo más útiles que museos de Calatrava, Copas América y Formula Uno. Universidades. Educación. Investigación. Modernizar la agricultura. Hacer la administración más eficiente. Dejar de tener una reputación de clientelismo, corruptelas y caciquismo de tercera. Cualquier cosa. Gastarse cantidades ingentes de dinero en fastos y monumentos a mayor gloria de políticos y capitostes, la verdad, es una tontería. Pensamiento mágico de dirigentes compensando por otras cosas.




