Notas sobre energía
Friday, May 1st, 2009Kantor escribe aquí al lado un buen artículo sobre energías renovables, y cómo subvencionarlas es una costumbre cara y poco eficiente. Eso es cierto: subvencionar prácticamente cualquier cosa acostumbra a ser una mala idea. Hay cosas que funcionan mejor socializadas (sanidad, pensiones, educación…) pero otras más vale confiar en el mecanismo de precios para hacer que funcionen de forma eficiente.
El problema, que Kantor no menciona, es que en la mayoría de países desarrollados todas las fuentes de energía están muy subvencionadas, directa o indirectamente. Las energías renovables reciben este dinero de forma más o menos directa y visible; el gobierno les rebaja los impuestos, paga parte de los trastos y compensa su mayor coste vía déficit tarifario. Las energías no renovables, sin embargo, también tienen subsidios encubiertos, ya que no incluyen en su precio su coste real.
Estamos de nuevo en ese maravilloso mundo de las externalidades. Los combustibles fósiles (o al menos la mayoría de ellos; la gasolina es cara en Europa por buenos motivos) generan unos costes ambientales atroces, potencialmente catastróficos, costes que no están incluidos en los precios. Quemar carbón afecta el mismo clima del planeta; incluso si la probabilidad de un desastre ecológico fuera pequeña (que no lo es), el precio debería reflejar esos potenciales daños. Ahora mismo, no lo hace, y es por eso que una energía tan sucia sigue siendo competitiva.
El estudio que cita Kantor, por cierto, tiene algunos problemas graves. No es que esté mal hecho (sin mirar los números con demasiado detalle, pueden ser ciertos), sino que escoge el peor de los ejemplos posibles para analizar los costes de subvencionar las energías renovables. No es que estén mirando los números y buscando los casos más caros; es problema es que el sistema regulatorio español en este aspecto es excepcionalmente malo.
La privatización y liberalización del mercado de la energía en España es probablemente la más torpe de estas medidas efectuada por el gobierno Aznar. Es tan mala, de hecho, que el hecho que Zapatero apenas la haya tocado (de hecho, puede que la haya empeorado) es preocupante. Cuando las eléctricas eran públicas/monopolios regulados, la energía era mantenida artificialmente barata; al liberalizarse el servicio, los precios tenían que subir para que fuera rentable.
El gobierno sabía que eso no sería popular, así que básicamente reguló el precio por decreto y se dedicó a pagar la diferencia de su bolsillo; el dichoso déficit tarifario. Aparte de eliminar una parte importante de los incentivos de las eléctricas para reducir costes, los precios de cada método de generación seguían sin incluir su coste real.
El resultado es un sistema en que sobre el 30% del recibo de la luz lo paga el estado, no los consumidores; y para hacer las cosas más difíciles, el estado no discrimina entre fuentes de generación demasiado. Las energías verdes reciben una subvención gigantesca ya que salen más caras en comparación, ya que los combustibles fósiles no cubren sus externalidades; la subvención parece gigante (y lo es), pero proviene sobretodo del hecho que el precio de las energías más baratas no pagan su coste real en el precio.
Por cierto, si alguien se pregunta por qué las nucleares son tan caras, parte del problema es que es la única fuente de energía no renovable que paga sus externalidades en su totalidad. Sus “emisiones” (los residuos nucleares) están contados en el precio.
Resumiendo: la energía verde no es que sea cara; el problema es que el resto de energías son demasiado baratas. Y sí, los precios tienen que subir -cómo evitar que eso haga demasiado año, para otro día.




