“España y yo somos así, señora”
Tuesday, January 19th, 2010Una nota adicional al artículo de ayer sobre modelos productivos y mercado laboral: la inevitable excusa de la cultura empresarial y los empresarios pueblerinos. Es que en España los bancos no ponen el dinero para negocios innovadores, la gente con dinero son todos unos pueblerinos que no saben lo que es internet y aquí no se reconoce la ingeniería y los inventos brillantes hasta que alguien los usa para invadirnos con ellos, etcétera.
Repitiendo lo anterior: bobadas. Cuando alguien echa la culpa de algún problema a la cultura del país, lo que está diciendo es que este país es una mierda porque está lleno de españoles. España funciona de pena porque es España, del mismo modo que los congoleños se lían a tortas porque eso hacen los congoleños, Bolivia es pobre porque los bolivianos no son amantes del desarrollo económico y los alemanes son geniales porque estan llenos de esencias teutónicas y les va el heavy metal. Es un argumento viejo como el hambre y totalmente circular, que nos exculpa de todo: la culpa es nuestra esencia patria, que nos hace todos imbéciles.
Esto realmente no es así, por descontado. Los empresarios en España, Congo, Bolivia y Alemania responden a incentivos, y básicamente están tomando decisiones racionales de forma individual para intentar ganar dinero. En el Congo eso quiere decir a menudo sacar dinero a Suiza y pagar a milicianos para que te protejan tus minas de cobre o diamante, dando el golpe de estado ocasional si es necesario. En Bolivia tradicionalmente era apoyar a cualquier dictador autoritario que te protegiera el latifundio, y ahora probablemente es hacer amigos en el gobierno a ver si te cae dinero público de la expotación del gas. En Alemania es aprovechar que tienes una mano de obra hipercualificada, un tejido industrial riquísimo y un consumo interno cada vez menor (debido al envejecimiento de la población) para intentar exportar cacharros de altísima tecnología. En España se construyen casas, se busca un pelotazo y se contruyen chiringuitos de plazo.
Las decisiones no son en ningún caso triviales, y dependen de muchísimos factores. En todos los casos, los inversores intentan ganar dinero, a buenas o malas, minimizando el riesgo y maximizando los retornos. En los países especialmente horripilantes, como el Congo, la ausencia de un estado fuerte hace que parte de la inversión sea en tipos con rifles. En países sin base industrial, capital humano o instituciones que favorezcan montar empresas, lo nuestro será el latifundio. Y si eres Alemania y eres tradicionalmente incapaz de construir nada que no tenga catorce aleaciones exóticas distintas ya que tus ingenieros son increíbles haciendo esas cosas, pues bien, harás eso.
El mercado laboral es uno de los elementos que influyen en estas decisiones, pero no es el único. En el caso español, es uno de factores que hace una clase de negocios mucho más fáciles de montar que otros. Lo que tenemos que hacer es qué instituciones son las que hacen Alemania lo que es ahora, y ver qué copiamos, sin resignarnos a nuestra pobre destino culturalmente impuesto.
Lo que nos daremos cuenta por cierto cuando echemos un vistazo a Alemania es que realmente no queremos ser como ellos. Primero, porque el famoso programa de reducción de la jornada funciona si el país simplemente está exportando menos por una recesión, pero sus empresas siguen siendo igual de ultracompetitivas que antes. Segundo, porque el modelo de economía hiperexportadora alemán (y japonés) tiene sus propios problemas y vulnerabilidades, como su total dependencia del exterior. Si vamos a copiar a alguien (ya puestos), más nos vale ser Dinamarca, Canadá u Holanda, economías abiertas, con una red de protección social excelente y tremendamente flexibles. Pero ese es otro tema.
Son las instituciones, gente. La gente responde a incentivos, no a mantras culturales. Especialmente si lo primero te hace ganar bastante más dinero que lo segundo.




