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Ni hacer populismo, oiga

Friday, May 21st, 2010

Vaya por delante que las medidas populacheras como perseguir las rentas altas no son la solución a nuestros problemas fiscales. Siendo optimistas, si aprobamos medidas fiscales duras, apenas recortaremos el déficit un 5% (del 10% al 9,5% del PIB), pero que necesitamos dar señales que aquí todos pasamos por caja (este artículo en Nada es Gratis es perfecto - aunque ¡yo me metí con Rajoy antes!). Es una crisis profunda, sacrificios para todos, etcétera; políticamente es necesario dar la señal que aquí todos vamos a arrimar el hombro.

Aún así,  lo mínimo que se le exige a un gobierno es que al menos sea capaz de hacer gestos simbólicos de forma competente. El sainete del PSOE estos días, todo marcha y contramarcha sobre qué impuestos vamos a tocar, es un espectáculo lamentable, y realmente hace a uno dudar si hay vida inteligente en según qué ministerios. La respuesta de la vicepresidenta prometiendo que lo que prometió Zapatero ayer mismo es algo que sucederá algún día en el futuro es francamente ridícula - es como tener al hombre del tiempo decir que va a llover, pero qué no sabe qué mes eso sucederá. Primero, porque da una imagen de improvisación salvaje, y segundo, porque da la sensación que nos toman a todos por idiotas. El gobierno tiene sus planes, y nos los “revelarán” a su debido tiempo. No tenemos ministros; tenemos guionistas de Lost.

El gobierno tiene dos opciones muy sencillas. Por una lado, puede decidir tirar la realidad por la borda, lanzarse a orgías de retórica estilo francés sobre imponer el poder de la nación sobre un capitalismo reformado haciendo que los malefactores de gran riqueza paguen por los platos que han roto, etcétera. Pueden subir el tipo marginal máximo del IRPF un poco, crear un tipo especial para banqueros, un impuesto especial sobre salarios desorbitados y declarar que las SICAV han muerto y ahora pagarán impuesto especial de capitales (algo que ya hacen ahora cuando sacan el dinero, pero vamos), proclamar que esto recauda una cantidad impresionante sin decir que sólo reduce el déficit dos décimas, y salir cantando victoria. Esa es la opción fácil, tomar a los votantes por imbéciles. Buena suerte votando reformas estructurales.

La segunda opción es un poco más complicada, pero más efectiva a corto plazo: decir la verdad. Como dice Citoyen, mentir en una democracia tiende a ser mala idea;  los votantes puede que no presten demasiada atención a la política, pero no son idiotas.

Zapatero y los suyos pueden salir y decir claramente por qué hacen las cosas - explicar por qué subir impuestos a los ricos no es una solución mágica, por qué las cuentas no cuadran, por qué tenemos que pasar reformas estructurales y por qué no han hecho todo esto antes. José Rodríguez solía objetar a mis lloriqueos sobre la reforma laboral diciendo que era mejor esperar a que lo peor hubiera pasado para cambiar las cosas; pueden decir que eso era su intención, pero que Grecia les forzó la mano. Si creen que el actual presidente o Elena Salgado no tienen la credibilidad para decir esto ante las cámaras, que busquen a otro para hacerlo (cof, cof, cof), pero alguien debería plantarse en televisión y hablar claro de una puñetera vez. Internet está ahí para algo - pueden hincharse a dar información y explicaciones inacabables, directamente a los votantes, dejando claro qué hacer y por qué.

A efectos políticos, ambas alternativas son básicamente parecidas: el PSOE probablemente perderá las elecciones el 2012. Si hacen lo primero, los votantes probablemente acabarán por darse cuenta que por mucho que hablen de perseguir a los ricos, ellos se comen subidas de impuestos y tasas de paro imposibles igual, y encima con el gobierno pretendiendo cambiar sus sagrados derechos laborales. La imagen de un gobierno esquizofrénico e incompetente enviará al PSOE a la oposición como mínimo una década, haciendo el discurso de la izquierda completamente irrelevante.

Si hacen lo segundo, las elecciones las perderán igual, a buen seguro. Lo que conseguirán al menos es que los votantes tengan la oportunidad de ver que el gobierno al menos se ha tomado las cosas en serio. No es una distinción irrelevante - es más, esto probablemente salvó a los socialistas del desastre en 1993/1996. El electorado probablemente no entenderá los detalles del sistema fiscal y cómo funciona la incidencia de un impuesto, pero sí podrá ver un ministro diciendo que está aprobando una medida porque es necesaria, aunque no le convenga políticamente. Se darán un porrazo igual, pero al menos se estrellarán hablando como adultos, no llorando y berreando como una pila de críos inmaduros.

Un último detalle, para todos esos ministros que hablan demasiado: si no sabes algo, no te inventes la jodida respuesta. Puedes decir que “Salgado tiene un plan sobre eso, y será ella quien lo presente”, “no quiero avanzar un plan fiscal sin poder daros todos los detalles”, o “no tengo ni puñetera idea, porque mi trabajo en el gobierno es gastar dinero, no recaudarlo”. Inventarte los planes de tus jefes (especialmente cuando no estos no han tomado una decisión) es básicamente una burrada.

Y por descontado, nota al gobierno: subir impuestos no es tan difícil. Pergueñar un plan de un par de páginas no es demasiado complicado; estoy seguro que los funcionarios del ministerio de economía y del Banco de España tienen catorce estudios sobre el tema a mano. Si están de huelga, siempre pueden secuestrar un par de catedráticos; no necesitáis concreción ahora, pero si un pequeño plan. Un gobierno normal tiene planes preparados para prácticamente cualquier situación absurda que le puedan plantear; eso es lo que hacen los burócratas en su tiempo libre. No sé por qué les cuesta tanto.

No es quién lo explica - es lo que haces

Saturday, March 6th, 2010

Moncloa ha cambiado el director de comunicación esta semana. El relevo no es una sorpresa; muchas voces en el PSOE llevan una buena temporada quejándose que el gobierno no sabe explicarse. No conozco demasiado al nuevo Secretario de Estado, aparte de su nombre y el hecho que lleva trabajando en la prensa escrita desde hace décadas. La verdad, cuando anunciaron el nombre sólo le recordaba como director de Público, aunque no soy de los que presta demasiada atención a quién escribe la noticia al leer el periódico.

Varios comentarios son de rigor. El primero, y más obvio, es que la política de comunicación de un gobierno es, hasta cierto punto, secundaria. Lo importante no es tanto qué dices sino los resultados objetivos de tus políticas. Si la economía va mal y el paro está por las nubes ya puedes tener a Cicerón y Abraham Lincoln escribiéndote discursos, que tu gbierno no irá a ningún sitio. La principal preocupación de un político que aspire a ser reelegido es hacer bien su trabajo, no escribir fantásticas notas de prensa.

Por descontado, la política de comunicación no es totalmente irrelevante, eso está claro. Aún así, el problema de los últimos meses no es que el gobierno no sea bueno transmitiendo mensajes - el problema es que realmente no saben qué mensaje transmitir. El espectáculo de marchas y contramarchas constantes cada vez que un ministro propone una medida es realmente desesperante no por ser un fallo de comunicación, sino por ser una muestra de falta de una dirección política clara. Cuando no sabes dónde vas, es muy difícil explicarle al pasaje qué bonito es el destino, o justificar por qué la carretera está llena de baches, al fin y al cabo.

Moncloa puede que necesitará un nuevo equipo de comunicación, pero la prioridad debería ser otra. Más que un tipo con muchos amigos en la prensa capaz de preparar un mensaje que sea fácilmente masticable por reporteros con pocas ganas de leer demasiado, el gobierno necesita un buen jefe de gabinete, alguien que sea capaz de dar una estrategia global para salir de la crisis. Nada de globitos, nada de exploraciones, nada de ministros campando a sus anchas; alguien necesita escribir una Biblia de gobierno de diez páginas, esculpirla en mármol, y utilizarla para atizar la cabeza de todo político que se acerque a un microfono. Un plan, una idea, un mensaje  - y quien se mueva es lanzado al pozo de las pirañas.

Por descontado, esto no es trabajo para un periodista, por mucho que sea licenciado en políticas. Esta es la clase de cosas para los que reclutas a políticos unicejos incapaces de hacer amigos; uno de esos buitres que duermen con un ojo abierto. Alguien como Leo McGarry pero con (más) mala leche; Malcolm Tucker, sólo que un poco más agresivo. Un apparatchik del partido de verdad, de los que cortan árboles a dentelladas en su tiempo libre.

Por descontado, no es un trabajo que tenga que hacer el presidente del gobierno. Zapatero no está en Moncloa para hacer llorar a hombres adultos como niñitas, sino para tomar decisiones. Lo suyo es decidir qué hay en el programa y venderlo; lo de pegar gritos y asegurarse que todo el mundo está en la misma página es para el tipo antipático del despacho de al lado.

Esto no va a salvar al gobierno mágicamente, claro esta: si tu programa de gobierno es malo, no importa lo bien que lo implementes que te estrellarás igual. La planificación previa y la estructura básica del program de gobierno son pasos necesarios para que las medidas salgan de forma ordenada se apliquen de forma coherente, pero tampoco te darán las elecciones.

Resumiendo, bien por Moncloa decidiendo que tienen que introducir cambios. Ahora falta esperar que estos no sean los únicos; hay que mejorar más cosas. Y hacer las cosas bien, ante todo. Ya se sabe.

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