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El Coliseo

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Rajoy y Aguirre en Verdún

Tuesday, October 27th, 2009

Hoy quería hablar de cosas más o menos serías. Tenía ganas de meterme a buscar datos y discusiones sobre la pertinaz obstinación de los chinos a mantener su moneda artificialmente baja (tocando las narices a medio mundo) y del Banco Central Europeo a mantener la suya alta (más vale deflación con honra que crecimiento, dicen). Comentar sobre cómo los banqueros son incapaces de aceptar incluso regulaciones que les convienen. Enlazar este artículo sobre nuevas teorías sobre Agincourt para hablar de autoridad y poder político en la Edad Media. Discutir los motivos detrás de las nuevas normas contables del Banco de España para el sector financiero. Hablar sobre la complicada y sutil estrategia detrás de la decisión de Harry Reid de incluir el plan de seguro público en el texto a votar en el Senado. Podía incluso hablar de trenes.

Pero no, no hay manera. El PP parece emperrado en llamarme la atención. Como un niño malcriado incapaz de ser dejado de lado, cada vez que empiezo a hablar de algo distinto Rajoy, Camps, Aguirre y sus muchachos deciden crear un castillo de fuegos artificiales aún más espectacular y excitante, pegándose fuego a lo bonzo con una creatividad admirable.

Esta semana toca un campo de batalla nuevo, tras el espectacular número circense de Camps y compañía en semanas anteriores. Aguirre no ha podido aguantar que alguien salga en la tele más que ella, aunque sea haciendo el ridículo, así que aprovechando que es otoño y Rajoy está tierno y macerado tras un mes de llevarse garrotazos ha entrado con la cachiporra en escena, pidiendo guerra.

El número habitual hasta ahora en el partido de Mariano es que alguien salía a pista, se colocaba detrás del maestro de ceremonias entre risitas del público, y le pegaba una colleja monumental. La escena se convertía en una persecución cómica, el payaso collejero se llevaba una tierna bronca simpática de jefe comprensivo, y el espectáculo seguía un ratito, hasta que repetían el gag.

Esperanza Aguirre ha ejercido de payaso con cachiporra a menudo este año; de todo el reparto de secundarios, es probablemente el preferido por los fans. Su alegre aparición la semana pasada vestida de oso de Cajamadrid no parecía ser nada demasiado novedosa a primera vista - el problema es que esta vez, el número parece que es un poco más elaborado. Un payaso bajito y con muy mala leche, el mejor amigo de otro insigne actor de reparto, ha salido detrás de Aguirre, y cuando menos se lo esperaba le ha soltado un guantazo que la ha dejado tiesa.

¿El resultado? Un berrinche dantesco. El Partido Popular ha sido capaz de hacer su versión casposa de Battle Royale; una combinación entre una pelea infantil y ultraviolencia de rama dura. Tenemos a Aguirre llorándole al líder al que acaba de atizar protestando que en el partido le pegan. Cospedal toda airada protestando que alguien haga público que el partido está ligeramente dividido (¿se cree que somos imbéciles?). Y Gallardón, que llevaba tiempo sin repartir tortas, aplaudiendo a rabiar a su amiguito feo que ha puesto de los nervios a la lideresa. Rajoy, como de costumbre, ni está ni se le espera - y la verdad, a nadie le importa un comino su opinión.

Total, están discutiendo sobre la cuarta entidad financiera del país - una organización en problemas, necesitada de una reorganización urgente, y que si se va a tomar por saco creará una catástrofe bancaria épica.

La crisis de Cajamadrid es, por encima de todo, una batalla absurda. Aguirre se ha obcecado en convertir la institución en un cortijo de amigachismo recalcitrante; la maniobra ha sido tan obvia que Gallardón no ha querido tragar, y ha llamado a la dirección del partido.

Un líder político normal, cuando su partido le llama la atención por ser excesivamente caciquil, retrocede. No tiene sentido meterse en una guerra abierta cuando no tienes la razón, por mucho que la ley y los votos te permitan imponer tu decisión por fuerza bruta. Aguirre, sin embargo, parece haber decidido que no hay mejor manera de demostrar que ella puede mandar que retando a la dirección a una batalla ridícula, y ha cargado con todo - y el resultado es una guerra estúpida. Por un lado tenemos a Rajoy sacrificando cantidades ingentes de prestigio, energía y capital político tratando de bloquear una decisión teóricamente imbloqueable; por otro una lideresa quemando sus naves a base de defender lo indefendible, criticando un intocable del PP (Rodrigo Rato) en el proceso.

El resultado es bastante triste: los dos líderes (es un decir) acabarán con un ojo morado, Cajamadrid con un candidato “de consenso” (es decir, sin que nadie imponga su preferido) y el PP haciendo el ridículo, otra vez, víctima de la patológica incapacidad del partido para renovarse. Aguirre, por mucho que pretenda ser la alternativa a Rajoy, nunca llegará a ninguna parte; los partidos no pagan a traidores. Rajoy es un zombie político; cuando todo el mundo te toma el pelo durante meses se hace imposible pegar un puñetazo en la mesa y forzar disciplina. Me parece que el único que saldrá bien parado de esta será Gallardón, ganándose puntos por su lealtad al líder (cof, cof) y comportándose como el un adulto (más o menos) dentro del caos.

La somanta de tortas de esta semana no es más que el enésimo recordatorio que el PP necesita sacarse de encima a Rajoy de una puñetera vez. Nadie le tiene miedo, nadie espera represalias serias. Es casi rentable para los barones del partido desmarcarse de lo que dice su jefe; en vista de su -falta- de popularidad en las encuestas, criticarlo es de hecho una buena idea. El problema para el partido es que ninguno de los notables que pretenden ser alternativa tienen tienen apoyo real (Aguirre, básicamente; Camps se ha suicidado), mientras que nadie con peso específico quiere dar un paso adelante y pedir un cambio serio.

Arenas, Rato, Aznar, Fraga, Trillo, Cascos, quien sea: es hora de sacar el hacha. Si no lo hacéis, Aguirre, Rajoy y sus amigotes van a perder todo prestigio y apoyo que les queda en un Verdún político interminable tras otro, lejos de la Moncloa.

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Medidas obviamente estúpidas

Monday, May 11th, 2009

Hay veces que los políticos aprueban medidas tan transparentemente ridículas que uno no sabe qué decir. Cuando leo sobre algo que me suena mal, siempre intento comprender qué lógica hay detrás de la medida; uno puede no estar de acuerdo con una reforma, pero será por no compartir objetivos o entender el cálculo político, no por creer que el legislador es imbécil.

Esperanza Aguirre acostumbra a desafiar este tono comprensivo. Los descuentos al impuesto de matriculación en la Comunidad de Madrid son directamente estúpidos, beneficiando sólo a aquellos que compran coches caros y contaminantes. La compra de un vehículo en una ciudad que gasta tanto (y tan bien) en transporte público es ya de por sí una tontería, pero hacer más baratos los coches más sucios es sencillamente cosa de idiotas.

Y eso sin ni siquiera mencionar lo regresivo que es hacer esta clase de descuentos. Un vehículo privado es en muchos sitios un lujo innecesario. Dar más dinero a quien se compra el cacharro más caro es una imagen bastante transparente sobre qué clase de político es Esperanza Aguirre. Y por cierto (ya puestos) la clase de decisión que una oposición decente puede explotar con éxito.

Entrando en razón

Tuesday, December 23rd, 2008

Es casi emotivo ver como todo el mundo parece estar encantado con la reunión Zapatero-Aguirre sobre financiación autonómica. En el País hablan de cómo Aguirre le da la razón a Zapatero; en Libertad Digital pretenden que la reunión fue bien pero que todo eran promesas, y en la razón es como si la heróica Aguirre hubiera salvado España otra vez. La verdad, es bastante probable que la respuesta sea más sencilla y simple: Aguirre y Zapatero están básicamente en la misma página.

El modelo de financiación territorial español es básicamente una chapuza que perjudica a cuatro regiones por encima del resto: Cataluña, Madrid, Valencia y Baleares. El sistema es muy redistributivo, así que las regiones de renta alta pagan mucho dinero. Para hacer las cosas más difíciles, el cálculo redistributivo se hace sobre números de población básicamente anticuados, así que las regiones con más inmigración (adivinad las cuatro “premiadas) son las que más pringan.

Zapatero tiene que hacer en apariencia un encaje complicado, aunque a la práctica no lo es tanto. Primero tiene que hacer felices a los catalanes, que son los que más lloran. Una vez llega a un pacto aceptable con ellos, Madrid dirá que sí, porque lo que favorece a Barcelona es una bendición para Madrid. En una situación normal, si Madrid está controlada por otro partido el presidente de la comunidad su jefe le dirá que no se mueva y hable de solidaridad, aunque perjudique a sus votantes. En el PP actual, sin embargo, Aguirre estará más por la labor de ejercer de lideresa que otra cosa, así que firmará rápido, clamará victoria para las tres comunidades ricas conservadoras, y hará que el resto del partido no pueda decir ni pío sin liarse a tortas.

Queda un último problema para Zapatero, sin embargo, los feudos del PSOE en comunidades pobres. Es de nuevo un problema relativo; de las comunidades pobres basta con convencer a una -Andalucia- para dejar a las otras en una posición insostenible. Para ello basta con definir el sistema usando  el criterio de población como principal baremo, ya que cualquier cálculo dará un buen resultado para Andalucia. Un poco de barniz, unas cuantas garantías de gasto mínimo, y uno tiene un sistema nuevo.

La pregunta seguirá siendo, por descontado, es si el sistema tendrá sentido desde el punto de vista de racionalidad de sistema en general. ¿Quién recauda el dinero? ¿Quién paga los servicios? ¿Son los recaudadores y los que hacen el gasto la misma persona? Si una autonomía quiere ofrecer un servicio nuevo, distinto o con más prestaciones ¿Se paga ella el capricho? ¿Puede subir impuestos para cubrir su gasto adicional? Como de costumbre en España, me temo que no será así. Sería un detalle que los medios nos lo contaran.

Nota al margen: mañana un servidor hace maletas y se va de vacaciones a un lugar glamouroso, lleno de elegancia, carácter, encanto y exotismo… al menos para los americanos. Estaré por Barcelona y cercanías hasta el tres de enero, visitando a la familia. Es curioso como por aquí todos mis conocidos están muertos de envidia (”¡España! ¡Andorra! ¡Sur de Francia!” -para un gringo tres horas en el coche es un paseo, no un viaje-) mientras que yo estoy básicamente volviendo a casa.

En fin, esperad menos escritura los próximos días. Y desde aquí, gracias de corazón a todos lo que juegan a la loteria y no ganan. Nos ahorráis dinero en impuestos a todos.