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Irán: represión antigua y nuevas tecnologías

Wednesday, June 24th, 2009

No he escrito demasiado sobre Irán porque la verdad, no creo que haya demasiado nuevo. Parece que mi sospecha que el régimen iraní estaba mucho más dividido de lo que parecía estaba más o menos en lo cierto; no pocos clérigos y líderes históricos de la revolución no han cerrado filas detrás del ganador de las elecciones. Esto no se ha traducido, al menos hasta ahora, en un conflicto abierto entre facciones - parece que Ahmadinejad sigue controlando la situación.

Es difícil saber qué narices está pasando sobre el terreno - los medios de comunicación no son lo que eran, y la prensa parece haber salido por piernas de forma casi unánime, con contadas excepciones. El apagón informativo parece ser una muestra de la remarcable eficacia del aparato represivo del régimen iraní, que ha conseguido disminuir la presión popular a tortazos con cierta facilidad.

Ya sé que es un poco macabro, pero una dictadura puede sobrevivir a prácticamente cualquier cosa siempre que a los dirigentes (y sus policias) no les tiemble el pulso. El gran problema para los manifestantes es convencer a la gente para que revelen su opinión sobre el régimen; protestar en una autocracia no es algo precisamente inocente, y que puede tener unos costes tremendos. Para el manifestante de a pié, esto puede venir en forma de una paliza en la calle, que te cosan a balazos llevando una pancarta o que un grupo de paramilitares se quede con tu cara y te haga una visita por la noche.

La capacidad de represión de la polícia y milicianos es limitada; ningún país tiene capacidad de dar jarabe de palo a todo el mundo. A la hora de reprimir manifestantes, sin embargo, el gobierno no necesita llegar con su “cariño” a todos los insurrectos; la cosa es más cercana a un policía poniendo multas de tráfico. No siempre que uno aparca  en doble fila o va a 190 en una autopista se lleva una multa; sin embargo, la mayoría de gente no lo hace. El motivo es que si bien no siempre te cazarán, hay una probabilidad lo suficiente grande que te toque pagar como para que no valga la pena hacerlo.

En un ciclo de manifestaciones, todo el mundo tiene un cierto “umbral” a partir del cual se atreve a revelar lo mucho que odia el régimen. En todas partes hay un cierto número de héroes / idiotas / mártires que saldrán a la calle a la mínima, aún cuando saben que el porcentaje de llevarse un viaje es casi un 100%; estos, sin embargo, son minoría. Una persona con ciertas agallas puede que salga a la calle si mira por la ventana, ve un buen grupo de gente y no demasiados policías, y calcula que tiene un 10% de probabilidad de que le cosan a porrazos. Un piltrafilla normal, sin embargo, casi seguro se quedará en casa a no ser que esté casi seguro (digamos, 99,9%) que no hará el héroe muy a su pesar.

Ahora supongamos que el 70% de la población de un país está en contra de una dictadura, y el heróico Frente de Liberación de los Gnomos del Jardín quiere luchar contra la opresión. Los líderes del FLGJ saben que el 90% de estos críticos son piltrafillas; sólo salen a la calle si ven una manifestación muy grande en la que el riesgo de tortazos sea muy bajo. El problema es que para llegar a ese número un número considerable de héroes y tipos con agallas salgan antes, y además se las arreglen para crear suficiente bulto.

Si el régimen es eficaz reprimiendo, la manifestación nunca llegará a ser lo suficiente grande, ya que la policía la dispersará antes de alcanzar masa crítica. El reto de los paladines del poder Gnómico es organizar las cosas de modo que la gente revele sus preferencias de modo que cree un efecto bola de nieve. ¿Recordáis cuando Lenin hablaba del partido como vanguardia de la revolución? El hipotético FLGJ debe ocupar ese papel.

En Irán ahora mismo me temo que este efecto no se está produciendo, ya que no hay una “vanguardia” clara. Las protestas están perdiendo intensidad, mientras los organizadores tienen problemas para coordinarse. Internet, en contra de lo que parecía en un principio, ha resultado bastante vulnerable - el gobierno iraní ha sido capaz de cortar o incluso “contaminar” las comunicaciones lo suficiente como para que dar la voz sea complicado. Incluso sin una censura efectiva, sin embargo, internet es una herramienta relativamente mala para coordinar protestas en entornos con este nivel de presión. La clave para los manifestantes es hacer que la gente revele sus preferencias, sacándose el miedo de encima; esto requiere un “salto de fe” considerable, y no es algo que la mayoría de gente haga por haberlo leído en internet.

Las revoluciones anteriores (Solidaridad en Polonia es el ejemplo más claro, pero es algo que vemos en otros sitios) tienen como punto de partida fuertes redes sociales, con vinculos interpersonales fuertes. Es muy distinto que te pida ir a arriesgarte en la calle un tipo que no conoces en Twitter que te lo diga un primo, un hermano o un compañero de trabajo. El dicho soviético que de política sólo se hablaba en la cocina tiene mucho de cierto; es necesario crear un cierto nivel de confianza. Por lo que he oido estos días (no me hagáis buscar links en Twitter, por eso) parece que la gente de Mousavi está intentando hacer las cosas al “viejo estilo”, cara a cara - interacciones que el gobierno no puede reventar, bloquear o alterar con facilidad.

Parece que la revolución será, como de costumbre, cosa de amigos cubriendo la espalda a amigos, no una especie de monstruo de guerreros del iPhone. Veremos qué sucede.

Irán: revoluciones y golpes de estado

Monday, June 15th, 2009

Escribir sobre Irán es complicado. Para empezar, no sé demasiado sobre el país en concreto, así que no tengo demasiado que aportar sobre detalles específicos o actores implicados. Por añadido, no leo farsi, así que no es que sea de gran ayuda leyendo lo que escriben desde dentro; tengo el mismo acceso que cualquiera con una conexión a internet - o ligeramente peor, ya que los medios americanos (especialmente CNN) están dando una cobertura vergonzosa.

Así que antes de proceder, un par de advertencias. Primero, todo lo que diga es a base de fuentes secundarias y confiar en lo que dicen otros.  Segundo, aunque no sé demasiado de Irán específicamente, he leído bastente literatura sobre revoluciones, dictaduras y golpe de estado. Eso quiere decir que sé bastante teoría, pero no sé hasta que punto las ideas y lógica de los modelos que me vienen a la cabeza tienen relación con la situación sobre el terreno.

Al hablar de Irán, el primer problema es cómo definir el régimen. La idea habitual es que Irán es una teocracia relativamente cerrada, un sistema heredado de la revolución de 1979. El otro día la llamaba “democradura”, siguiendo un neologismo de Guillermo O´Donnell para describir sistemas políticos que permiten cierta participación política pero que restringen quién tiene representación. El criterio de exclusión era un examen previo de “pureza revolucionaria religiosa” hecho por los clérigos, que tienen poder de veto - y de hecho son la autoridad real del país.

Por lo que parece, sin embargo, esta definición está anticuada. Irán, según muchos observadores, ha dejado de ser una democradura teocrática para convertirse en algo más parecido a lo que es/era Pakistán: una dictadura militar cleptocrática con un barniz religioso. Menos una democradura y más “dictablanda” (de nuevo O´Donnell): un régimen autoritario clásico con elecciones ficticias. La policia, guardia revolucionaria y otros sectores del aparato de seguridad han tomado el control del estado, colonizado la economía y se han enriquecido como piratas a base de corrupción al viejo estilo; la religión les importa relativamente poco, y lo que realmente les gusta es el poder.

Esto no debería sorprender a nadie que conozca la historia de una revolución cualquiera (four legs good, two legs bad!); las dictaduras tienden a acabar de este modo. Si queremos entender por qué las elecciones han sido tan espantosamente fraudulentas (tenía dudas el sábado, pero Juan Cole, Andrew Sullivan y Gary Sick me han convencido que lo fueron -este artículo no tiene sentido), sin embargo, si es importante. Los clérigos iraníes ya tienen experiencia conviviendo con un lider más o menos moderado; Jatamí fue presidente y no rompió nada que los clérigos consideraran demasiado importante.

Robar las elecciones es un riesgo importante para cualquier sistema político. Romper la ilusión que el sistema es inclusivo es una mala idea; los votantes tienden a a tomarse esas cosas mal. Mantener la estabilidad no tiene por qué ser demasiado difícil si no tienes manías a la hora de pegar tiros a tus propios ciudadanos, pero tiene unos costes enormes. Depender en las fuerzas de seguridad da más poder a los milicos, tener antidisturbios persguiendo gente a todas horas es caro, y lo más grave, un régimen represivo tiende a ser entre malo y muy malo para la economía en general. Y si encima acabas por perder el control de la situación, la transición no será demasiado magnánima con los tiranos pasados.

Si el pucherazo es un autogolpe, incurrir todos estos costes es bastante absurdo. Mousavi ha sido ya primer ministro; no es un “demócrata”, sino un tipo menos cafre que el actual presidente. Los clérigos no temían a Mousavi. Si el fraude electoral es un golpe de estado, sin embargo, la cosa tiene más sentido: Ahmadinejad no está defendiendo los valores del régimen, sino los intereses económicos de la nueva oligarquía paramilitar que es la Guardia Revolucionaria.

Si esto es así, la situación es de hecho bastante complicada. Los clérigos (el “viejo régimen”) no pueden admitir abiertamente que Ahmadinejad les ha clavado una puñalada por la espalda; si no hacen nada, sin embargo, Irán pasará a ser algo más parecido a Pakistán o el Irak de Saddam Hussein que otra cosa. Mousavi es, en cierto sentido, parte de ese viejo régimen, pero también es un reformista - y tiene votos detrás. Le han robado las elecciones, pero no creo que tenga ganas de convertirse en un líder revolucionario, especialmente si los clérigos pueden hacerle la vida imposible después. Y por descontado, los votantes no son en absoluto homogéneos; no podemos dar por seguro que todo el mundo quiere una democracia.

¿Qué sucede ahora? La verdad, muy difícil decirlo. Las revueltas populares son básicamente impredecibles; lo que sucede sobre el terreno es a veces casi un producto del azar, y más cuando la información está tan restringida. Hay gente haciendo un seguimiento obsesivo, muy completo; no voy a hacerlo mejor que ellos. Hable largo y tendido sobre la estabilidad de las dictaduras aquí, aquí y aquí; repasadlo si tenéis tiempo.

Hay unas cuantas cosas que tenemos que estar atentos. Primero, qué hace el ejercito. Hasta ahora, se ha mantenido neutral, cosa que debería dejar a Ahmadinejad sin dormir por la noche. Si apoyan a alguien de forma explícita, las cosas pueden acabar de golpe (si favorecen a los golpistas), aumentar la confusión con un contra-golpe, o a saber qué sucede. La segunda gran pregunta es si las fuerzas de seguridad empiezan a tener dudas. Si la policia rompe filas, la revuelta tendrá éxito. La tercera es si la presión popular sigue aumentando, algo que parece que está sucediendo. Si el coste de reprimir se hace intolerable (sea porque el régimen pierde toda credibilidad y los clérigos quieren librarse de Ahmadinejad o otra cosa), la cosa puede acabar funcionando.

En resumen: paciencia. Veremos dónde acaba todo esto. Vivimos en tiempos interesantes, que diría un pesimista.