No sé si realmente es necesario que haga una lista de obviedades sobre el accidente en la noche de San Juan en la estación de Castelldefels, pero las habituales tonterías que uno lee en los medios hace que no pueda resistirlo:
La velocidad de paso de un tren sin parada en ese punto de la línea es 150 Km/h. Al sur de la estación la vía tiene una larga recta de 1700 metros, distancia que un tren lanzado recorre en unos 50 segundos.
Un Automotor Serie 490 de Renfe (los trenes más habituales en servicio Alaris, aunque no los únicos) a esas horas iría con las luces largas, pegando bocinazos como marca el reglamento al ver que hay un cercanías parado. La megafonía en las estaciones del Corredor Mediterráneo anuncian los trenes sin parada.
Si alguien presta la más mínima atención, el tren era más que visible. Bajarse de un andén de 60 centímetros de alto para cruzar un vía era una burrada increíble.
Un 490 de Renfe pesa 160 toneladas en vacio. No tengo las curvas de frenado de estos bichos a mano, pero un cacharro de esos a 150 necesita para frenar al menos un par de kilómetros - probablemente más.
Cuando se dice que cruzar las vías de tren fuera de zonas marcadas está prohibido, es por muy buenos motivos. Un tren es un objeto grande que frena mal, que se acerca muchísimo más deprisa de lo que parece y que comparado con un camión o coche es infinitamente más silencioso. Cruzar esa vía, a esas horas, con esa luz, es una imprudencia de un nivel parecido a cruzar una autobahn a medianoche sin mirar. Ni “colapso” del paso nivel ni historias - bajarse del andén es una estupidez tremenda.
Y en serio, no es que “esquivar” un tren sea difícil. La vía marca el trayecto bastante bien, y no es que se mueva de sitio. Lo siento, pero decir que no es “justo” hablar de imprudencia es realmente alucinante. No hay mucho que investigar - y es hora que nos acostumbremos a la idea que cruzar una vía férrea a pié es algo peligroso de veras.
Por cierto, algo que El País repite de forma obsesiva, diciendo que de aquí dos años los trenes rápidos no circularán ya por la línea y se irán por la LAV. Dejando de lado que ese es un plazo increíblemente optimista para poner el tramo Tarragona-Vandellós en servicio (por motivos que se me escapan, va con un retraso tremendo), por Castelldefels continuarán circulando regionales a 150 Km/h durante muchos, muchos años. Las 448 y 449 de Renfe (los Catalunya Exprés) tienen puntas de 160 Km/h, y los hay a patadas. Es una línea de velocidad alta, la mejor de la red convencional de Renfe, y seguirá así.
Las últimas semanas hemos visto dos ejemplos de violencia política contra el gobierno de los Estados Unidos. A mediados de febrero un lunático estrelló su avioneta contra un edificio del IRS (la agencia que recauda impuestos) en Austin, Texas. Ayer, un tipo se lió a tiros en la estación de metro del Pentágono. Ambos dejaron largas diatribas en internet proclamando la tiranía del gobierno federal y clamando por la acción directa. No son los primeros esta presidencia; ya hemos visto bastantes casos en los últimos meses.
¿El hecho que amplios sectores del partido Republicano y su amigotes mediáticos se pasen el día acusando a Obama de ser un socialista que quiere imponer una tiranía chavista en Estados Unidos? Pura coincidencia.
Sí, sé de sobras que un país con 300 millones de habitantes tendrá, inevitablemente, su cuota de tarados. Aún así, no es normal escuchar voces llamando a abogados del Departamento de Justicia como miembros del “Departamento de Jihad” porque ejercieron de abogados de oficio en casos de terrorismo, o otras perlas de ese estilo. Hay un sector de la derecha americana que parece incapaz de aceptar que los demócratas puedan alcanzar el gobierno, y no dudan en lanzar campañas de desinformación, incertidumbre y miedo de forma constante.
La verdad, lo raro es que no veamos más de estas cosas. Aún así, la “acción directa” de ciertos sectores de la derecha estos últimos meses es preocupante.
No quería hablar del dichoso Alakrana y los piratas, pero la obcecación de algunos de mezclar churras con acorazados me puede. La lista de bobadas de estos días es larga y extensa, así que me concentraré en los grandes éxitos de esta semana.
La primera, y más irritante, es comparar los rehenes del Alakrana con Miguel Ángel Blanco y ETA. En el primer caso se pagó un rescate, en el segundo el estado no cedió - y aunque parezca mentira, ambas decisiones fueron correctas.
La diferencia entre ambas situaciones es muy simple: las demandas y motivaciones de los captores eran completamente distintas. Cuando ETA secuestró a Blanco, la banda exigió un cambio en política penitenciaria a cambio de la vida del concejal de Ernua. Cuando los piratas secuestraron al pesquero, pidieron dinero a cambio de la liberación de los rehenes. En el primer caso, ETA está pidiendo que un gobierno democrático actúe en contra de su mandato electoral para finalizar un rescate - es un chantaje al estado y al sistema democrático. En el segundo caso, a los piratas les importa un pimiento quién pase por caja; ellos están haciendo una transacción comercial pura y dura - un contrato de guardaespaldas ligeramente cafre.
Los piratas no son terroristas; los llamamos “piratas” por ese motivo. Los tipos que andan por Somalia secuestrando barcos básicamente están respondiendo al vacio de poder en la zona. La naturaleza aborrece el vacio, y los monopolios de la violencia no son una excepción; en vista que no hay nadie poniendo orden, los piratas se ganan la vida cobrando peajes a punta de pistola. Mientras pagues, no te harán nada - en cierto sentido, son como la mafia, un substituto desordenado de un estado débil. Su negocio es la protección.
ETA no está buscando hacerse rica; su objetivo es derrotar al estado. Hablé de ello hace tiempo; lo suyo no es proteger, es inflingir costes a un estado que quieren expulsar del territorio. En este caso sí estamos hablando de chantaje, de guerra de desgaste - ceder en este caso si significa llamar al mal tiempo, ya que están pidiendo concesiones políticas.
¿Cómo combates a una epidemia de piratas? Hay dos métodos, uno caro y uno barato. El caro es bien sencillo; lo han usado romanos, ingleses, españoles y cualquier potencia marítima que se ha hartado del problema. Básicamente es poner un montón de barcos armados hasta los dientes donde hay piratas, y disparar contra todo lo que se mueva durante un par de años. El barato es lo que la comunidad internacional está utilizando en Somalia estos días: corredores protegidos y protección limitada; el equivalente moderno a un sistema de convoyes.
En un sistema de convoyes, uno puede esperar a cruzar el Atlántico con la Flota de Indias, o puede decidir ir por libre y sacar más dinero de sus aventuras. El Rey va a proteger tus barcos de piratas y corsarios en el primer caso; en el segundo, el riesgo es tuyo. El patrón del Alakrana estaba haciendo el equivalente pesquero a irte de vacaciones a Afganistan y protestarle al gobierno que te tiran bombas; como comenta Albert Esplugas, no tiene ningún sentido pretender que el estado tiene la obligación de proteger a sus ciudadanos allí donde esten. El PP, por cierto, está obsesionado con esta clase de bobadas; recordad como casi piden que bombardeemos Bolivia para proteger a Repsol de todo mal.
Queda decidir qué debe hacer España para que esto no se repita. Supongo que meter en la cárcel al genio que decidió ir a pescar a un sitio lleno de tipos con AK-47 con muy mala leche sería un buen primer paso, pero quedan los piratas. ¿Es hora de hacer el Rambo y convertir la base secreta dentro de un volcán un poblado cutre pirata somalí en un solar requemado lleno de cráteres? ¿Enviar comandos a la francesa y exterminar a los agresores? ¿Contratar un equipo de ninjas mercenarios y forzar la pelea friki final de ninjas contra piratas?
La respuesta es no, no, y no. No sirve para nada. Recuperar el dinero sería estupendo si fuera nuestro, pero no lo es: es de la aseguradora y el armador. Gastar dinero público para solventar un atraco a 6000 kilómetros de España no es una forma decente de gastar impuestos. Si lo nuestro es la venganza cavernícola, estaremos poniendo un pastón tremendo intentando fusilar a cuatro matados en el otro lado del mundo, con un efecto real muy limitado. La costa de Somalia seguirá sufriendo de la ausencia de una autoridad estatal establecida, y no es que África ande falta de mano de obra barata dispuesta a asaltar barcos.
¿Un ejemplo? El Maersk Alabama. Sí, ese barco americano que los piratas asaltaron hará unos meses, en un secuestro que acabó con tres bucaneros de pacotilla con un tiro en la cabeza. Los Estados Unidos son un país con malas pulgas que no retroceden ante nada, etcétera. Bueno, adivinad qué barco los piratas han intentado asaltar esta semana, otra vez. El armador del Maersk Alabama, sin embargo, no es un tacaño que odia a sus marineros, y el barco llevaba unos cuantos mercenarios armados hasta los dientes por si las moscas, así que la cosa quedó en nada.
Eso no quiere decir que utilizar seguridad privada sea una buena idea, sin embargo; eso crea otra clase de riesgos distintos. Por ejemplo, los barcos con mercenarios tomarán más riesgos, algo que quizás no queremos que suceda. Tampoco creo que debamos hacer lo que dice Esplugas y poner un precio sobre la cabeza de los piratas; sólo nos faltaría una pila de amateurs intentando rescatar rehenes. Pero ese es otro tema, para otro día.
Interrumpimos los fastos y celebraciones del Día de la Hispanidad para alertar al público en general sobre una peligrosa fuga de estupidez concentrada en las páginas de opinión de La Razón hoy. Ese periódico acostumbra a sufrir pequeñas infestaciones de imbecilidad galopante en varias de sus secciones, pero la gilipollez de hoy es tal que requiere una cuarentena estricta y el exilio de los culpables al frenopático más cercano.
Jose María Marco declara hoy, en un alarde de atontamiento súblime, que el caso Gürtel es una broma. En palabras de este inmortal imbécil, “El grado de corrupción que se conoce de él es el tolerable en cualquier democracia occidental“. No tengo la fortaleza mental ni el nivel de masoquismo necesario para repasar los escritos anteriores de este individuo, pero mucho me temo que una afirmación así no es algo nuevo, y que el sujeto lleva sufriendo de estupidez concentrada desde hace ya varios años.
No, señór Marco, no existe un “grado de corrupción tolerable”. El arribismo, clientelismo, caciquismo y mangoneo no son algo que debamos dar por entendible en una democracia avanzada. Que un partido político tuviera una red de listillos poniéndose las botas a base de cobrar comisiones ilegales y regalos, enriqueciendo a los coleguillas con contratos públicos y pagándose la gran campaña electoral en -como mínimo- tres comunidades autónomas no es ni normal ni tolerable. No es algo que tenga disculpa, ni esté extendido, ni sea comprensible; los votantes no pueden, ni deben, tomar estas cosas como algo remotamente tolerable.
Decir que lo peor del caso Gürtel es el presunto ensañamiento del sistema judicial intentando cumplir la ley es aún más insultante. Robar dinero público, enriquecerse con él, es algo no grave, sino peligroso, ya que rompe el contrato de los votantes con las instituciones. Cualquier investigación y encarcelamiento de políticos corruptos debería ser jaleada con entusiasmo, no importa quién vaya a la cárcel. Insinuar que porque todo el mundo lo hacen pero sólo pillan algunos esto de asaltar las arcas públicas es menos malo es de un infantilismo patético; una imbecilidad congénita, absoluta, incomprensible.
La prensa, los comentaristas, los listillos que creen saber todo, deberían tener dos reacciones básicas ante la corrupción. Primero, aplaudir con las orejas a toda investigación que encuentre mierda debajo de las alfombras de un político. Sin excepción. Sin remordimientos. El columnista no sólo deberá aclamar al juez instructor como el glorioso cirujano de hierro que el país necesita para extirpar a los impuros, sino que además deberá reclamar con ahinco un juicio público, rápido, doloroso y humillante en el que un tribunal popular envíe los mangantes a la cárcel.
Segundo, y más importante, el columnista deberá pedir cambios. Reformas serias. Hay otros países con niveles de corrupción mucho menores que España (o Francia - son un modelo horrible para comparar), y están habitados igualmente por seres humanos. No es que daneses o suecos sean ángeles o superhombres; esos países tienen arreglos institucionales muy específicos diseñados para minimizar o eliminar los mecanismos que crean un mercado de corrupción. La prensa en España debería ser un clamor pidiendo leyes agresivas; los gritos de los todólogos de guardia deberían ser tales que los políticos sintieran el terror a una elección perdida.
Artículos como el de Marco no son sólo estupidos; son contraproducentes. No es normal que un partido como el PP esté podrido de este modo. No es normal que gente como Correa o el bigotes puedan ni siquiera acercarse a un político medio sin llevarse un puñetazo sin mediar palabra. No es normal que se sepa que no hay pocos gobiernos autonómicos que tienen una idea muy laxa de lo que es y no es corrupción. Debemos exigir que estas cosas cambien - gritar “y tu más” es no arreglerá gran cosa.
Si Mariano Rajoy fuera listo (nótese el uso del subjuntivo) el Partido Popular estaría presentando mañana en el Congreso una propuesta de ley anticorrupción absolutamente draconiana, buscando el consenso entre todos los partidos. Reformas institucionales. Limitación de cargos políticos. Una Audiencia Nacional con recursos ilimitados llena de libertarios desalmados que odian a los políticos. Una señal fuerte sobre cómo la corrupción debe cortarse de raiz.
Mientras idiotas y apologistas como Jose María Marco (y sus compinches que disculpan al PSOE desde la izquierda, por descontado) se dediquen a disculpar a ladrones y cuestionar investigaciones, sin embargo, no llegaremos a ninguna parte. Sin reformas decididas (y creedme, serían reformas populares - quizás no dentro de los partidos, pero darían votos a manta) la corrupción en España puede convertirse en algo endémico, estructural. Es hora de tomarnos el problema como algo serio, no una arma arrojadiza entre partidos.
No sé qué están fumando en Nobelandia, pero tiene que ser fantástico. Por mucho que me guste Obama (a pesar de los pesares, está haciendo un trabajo más que notable), es realmente ridículo darle el Nóbel de la Paz a un tipo que acaba de llegar al gobierno, tiene a su país en dos (¡dos!) guerras, y que es perfectamente posible que decidar aumentar el número de tropas en una de ellas.
De acuerdo, comparado con su antecesor el tipo es una combinación de Metternich y Gandhi, pero ¿desde cuándo dan estas cosas puntuando con una curva de Gauss? Esto no es un examen cutre. No soy de los que pensaban que el premio este era una broma, pero me parece que los críticos tienen razón. Como bombardee Irán, duplique el número de tropas en Afganistan y lance un raid gigantesco por tierra contra Pakistán en los próximos meses (oye, ¿por qué no? el tipo no es precisamente tímido), este premio va a sonar muy divertido.
Sinceramente, si fuera Obama me pensaría seriamente si vale la pena aceptar o no el premio. No es serio. Políticamente no creo que le beneficie lo más mínimo; que un presidente demócrata recién llegado sea nombrado “paloma del año” no cuadra demasiado en un país que está terriblemente orgulloso de tener el ejercito más poderoso del mundo. De momento, los medios americanos o lo están dando como una noticia de tercera (lo es) o se lo están tomando a broma.
Un trabajo excelente, señores del jurado. Un trabajo excelente.
Los medios de comunicación tradicionales llevan unas semanas lloriqueando sobre como Google, ese malvada compañía, se aprovecha de ellos. También de exclaman que los blogueros, esa carroña infame que no respeta nada, los citen constantemente sin su autorización.
Internet es un lugar injusto, dicen. Es hora de cambiar las cosas, desmontar todo el tinglado, y hacer que la información sea de nuevo el reducto exclusivo de los guardianes de la verdad, los periodistas de toda la vida.
Pues mira, no. Por mucho que los ilusos del País se crean que uno puede rebobinar la cinta y volver al cretácico superior, cuando los periódicos hablaban y usted ciudadano pagaba por ser educado por ellos, esos tiempos no volverán. Sergio escribía hace un par de días una estupenda respuesta al artículo; no repetiré lo que él dice. Vale la pena echadle un vistazo.
Solo quisiera añadir un par de cosas. Durante los últimos años, los periódicos han sido capaces de tener más lectores que nunca y a la vez perder dinero como nadie. No tengo datos precisos a mano, pero estoy bastante seguro que muchísima más gente lee ahora el New York Times, El País o The Guardian que hace veinte años - hace dos décadas, era imposible leer los tres periódicos cada día en un poblacho de mala muerte de Connecticut, y ahora lo puedo hacer sin problema en mi teléfono sin salir de la cama. La audiencia potencial de un medio como El NYT es básicamente infinita, y estoy seguro que su tráfico en internet deja en ridículo la circulación de su edición papel.
Los medios se olvidan, sin embargo, que la audiencia, los lectores, no son sus fuentes de ingresos. La prensa nunca ha vendido noticias o información a particulares; El País no tiene como principal objetivo producir noticias coherentes (bueno, no que lo hagan demasiado, pero ya me entendéis). El objetivo principal de la prensa es producir y vender audiencias, ganar lectores y después vender esos incautos (o al menos, unos segundos de atención) a los anunciantes.
Si la prensa está en problemas estos días no es porque no los lea nadie. A pesar de la patética calidad de lo que escriben algunos, el público consume más noticias que nunca. Los periódicos son increíblemente eficaces estos días produciendo audiencias; los avances tecnológicos han hecho que el coste marginal de servir lectores sea esencialmente cero. El problema grave para la prensa estos días, sin embargo, es que son increíblemente ineficaces vendiendo estas audiencias a los publicistas.
Parte del problema es el exceso de oferta; hay tal cantidad de páginas donde poner publicidad que el precio tiene que resentirse de un modo u otro. Por muchos canales de televisión extras que la TDT o cable añadan, la caja tonta tiene una oferta finita, e internet no. Esto no explica, sin embargo, por qué páginas con cantidades gigantescas de tráfico no puedan cobrar una cantidad razonable a sus anunciantes.
Dicho en pocas palabras, el mercado de la publicidad en internet está roto. Los medios no saben vender el producto, las agencias de publicidad no tienen ni idea sobre cómo tratar el nuevo medio (los publicistas siempre van de modelnos, pero son animales de costumbres como todo el mundo), y Nielsen, Soundscan y todas esas empresas de medición de audiencias han sido incapaces (o no han querido) generar métricas decentes en el nuevo medio. El indicador utilizado más a menudo, el CPM (coste cada mil impresos), no está midiendo nada que tenga demasiado sentido - y no tiene en cuenta en absoluto cómo funciona la red.
Lo primero que debería hacer la prensa, en vez de intentar coordinarse para cobrar dinero a sus productos (audiencia) para tener el privilegio de ser vendidos a anunciantes, es replantearse cómo venden su publicidad en internet. Eso incluye dejar de tratar los anuncios en sus páginas en internet como un producto residual, llenando las páginas de grafiquitos absurdos o incordios variados, y tratarlo como lo hacen en su edición impresa - algo que no acompaña al texto, es utilizado con moderación y tiene un valor real para el anunciante.
La naturaleza abierta de internet hace imposible poner barreras al contenido: siempre habrá alguien que estará dando noticias gratis. Lo difícil en internet es atraer tráfico, no servir contenidos; los medios que tienen lectores para vender tienen que estudiar seriamente qué pueden hacer para hacer que los anunciantes paguen el valor real de estos, y no los precios basura que pagan ahora.
Si no pueden -y es posible que la mayoría de medios no puedan-, siempre les queda convertirse en entidades sin ánimo de lucro, como comentaba el otro día. Yo no pagaría por una subscripción a El País, pero quizás si que donaría dinero si dieran las noticias como deben.
En El País hablan de la “polémica” sobre el mensaje de Obama a los estudiantes del martes. El presidente da un discursito diciendo a los niños que tienen que trabajar duro, estudiar y ser responsables si quieren llegar lejos, y eso para algunos conservadores es un intento presidencial de adoctrinar a los pobres niños en el comunismo más desaforado.
Nota para la prensa, americana e internacional: que un porcentaje minúsculo de la población de un país de 300 millones de personas proteste de forma histérica no es una polémica, y más cuando todo este presunto debate ha venido marcado por los cuatro trolls radiofónicos de siempre creando su pequeño circo de ficciones paranoicas. Glenn Beck, Limbaugh y compañía han generado “polémica” básicamente a base de inventarse no sé qué terribles historias sobre el imparable avance del Gran Hermano y el discurso socialista del presidente, no importa el contenido de la charla en sí.
El “debate” político americano (y español, aunque en menor medida) estos días sigue un patrón realmente estúpido:
Obama, un comentarista demócrata vagamente relacionado con Obama o un legislador demócrata cualquiera hacen o dicen algo.
Un activista republicano o concejal de pueblo de algún lugar en medio de ninguna parte (Shitinastick, West Dakota) toma las acciones o declaraciones en cuestión, proclama que son una muestra clara del avance imparable del comunismo / el programa de eutanasia activa del gobierno / el gobierno federal que viene a robarnos nuestras armas y escribe algo airado en internet.
La blogosfera conservadora se hace eco sobre como un heróico concejal de Shitinastick, West Dakota se rebela contra la opresión Obámica, muestra clara que el país odia al presidente, y animan a todos los hombres de bien a protestar igual.
Rush, Beck, Hannity, Fox News y compañía declaran la protesta de Shitinastick y como es secundada por trece persona es Dontgiveacrap, Tenesesse una polémica gigante y declaran que el presidente está en problemas.
El resto de medios, que empiezo a sospechar que realmente son idiotas perdidos, hacen periodismo de investigación serio siguiendo el método Pedrojota de generación de titulares, el poderoso signo de interrogación: ¿Está la Casa Blanca en problemas debido a como algunos creen que Obama quiere matar a su abuela?
En nada, tenemos a todo el planeta mediático americano obsesionado con discutir si realmente Obama debería aclarar o no sobre sus preferencias en lo que respecta al avance del socialismo y la eutanasia activa obligatoria de ciudadanos insurrectos, mientras que cosas relativamente importantes (como el contenido real de las leyes o la vida en el planeta Tierra) son completamente ignoradas. No se discuten cosas remótamente polémicas; se está hablando de un planeta fantasioso porque los medios son incapaces de no seguir como borregos cualquier debate, por absurdo que sea.
Los periodistas deben ser conscientes que la calidad del debate en una democracia no es un elemento exógeno. Si en un país sólo se habla de bobadas (y en España nos pasamos años sólo discutiendo estupideces, hasta qaue la crisis nos despertó a todos de golpe) es en parte porque los periodistas no se deciden a llamar a las estupideces por su nombre.
Esta mañana mirando Fox News he visto una entrevista realmente increíble. De hecho, casi ni me he atrevido a comentarla aquí; no estaba del todo seguro haberla entendido bien. Quizás leer el periódico y ver la televisión me había confundido. Quizás mi inglés me estaba traicionando.
Pero no, resulta que lo había entendido bien. Esta mañana en Fox News entrevistaban a Tammy Duckworth, la vicesecretaria de asuntos para veteranos de la administración Obama, y le han preguntado, casi literalmente, si sigue pegando a su mujer. De hecho para ser más precisos le han preguntado por qué el sistema de salud que cubre a los veteranos de las fuerzas armadas americanas (100% público; los hospitales son propiedad directa del gobierno federal) anima a sus pacientes a suicidarse cuando están muy enfermos.
La pregunta está basada en un documento del sistema sanitario de la VA que según Fox anima a los veteranos a leer un librito que urge a los pacientes a crear un testamento vital. Eso es, en la retorcida mente de los republicanos estos días, el equivalente a que el médico te pida que te pegues un tiro cuando tienes cáncer. No sólo es una burrada monumental, es una acusación completamente falsa - y el periodista de Fox no tiene el más mínimo reparo en lanzarla y pedir que la administración demuestre su inocencia.
Estamos hablando de algo que es, básicamente, una teoría de la conspiración: gente que dice que el gobierno quiere matar a todos los pacientes que representen un coste elevado para el sistema sanitario. No es sólo una encendida defensa de los pacientes en muerte cerebral irreversible; están poniéndolo como si en los países con sanidad pública el estado fusila a la abuela si necesita una operación de cataratas. Lo grave es que estas bobadas no las están soltando bitácoras de tercera o revistas con articulistas enloquecidos. Estas bobadas las están soltando desde Fox News, el Wall Street Journal y medios de comunicación que -en teoría- deberían preocuparse por hablar de cosas que tienen cierta relación con la realidad.
Estos días por aquí hemos hablado un poco de Marx y Marxismo; escuchando esta entrevista no he podido más que pensar en lo que decía sobre la ideología. La lectura más tradicional de Marx (o al menos, la más extendida) es que para él la ideología de las élites es una especie de conspiración, una justificación diseñada por los que tienen para tener un discurso que convenza a las masas. Me parece que la idea original, sin embargo, es mucho más sutil; la ideología no es tanto una construcción artificial sino una racionalización - gente explicándose a si misma por qué las cosas son como son y por qué eso es bueno. No son mentiras de por sí, sino teorías sobre cómo funciona el mundo que casualmente les dan la razón de ser.
Viendo las increíbles idas de la olla de los comentaristas conservadores para justificar que la sanidad americana es perfecta e intocable y que los demócratas quieren destruir el mundo, sin embargo, ya no sé que pensar. Realmente esto empieza a parecer una especie de ataque conspiranoico histérico tratando de defender por todos los medios lo injustificable, sin que importe lo más mínimo si lo que dicen es cierto o que eso represente una explicación de la realidad convincente. El partido republicano, dedicado durante años a criticar, despreciar y destrozar Medicare, hoy se dedica a decir que el gobierno quiere nacionalizar la sanidad y matar viejecitos. Las contradicciones ya no importan.
La prensa americana está en problemas. Los periódicos están todos achacosos, anémicos, víctima de competencia cada vez más feroz de internet, el cada vez menor pastel publicitario y la (hace falta decirlo) cada vez peor calidad del periodismo local.
Los grandes genios de la industria americana están hartos de perder dinero. Están cansados que ellos den la noticia y nosotros, los malvados blogueros en pijama, las enlacemos, les enviemos tráfico y osemos a opinar sobre lo que sucede sin cobrar. Rupert Murdoch, que tras comprar el Wall Street Journal se ha dado cuenta que ni él puede ganar dinero en este negocio, ha convocado un cumbre. El objetivo: pactar un mecanismo para cobrar por el acceso a contenidos, para que todos esos comunistas de la red aprendan.
Aparte de ser un intento absolutamente transparente, descarado y público de actuar como un oligopolio ilegal pactando precios, me temo que la idea es básicamente un imposible que no llevará a ninguna parte. La razón, obviamente, es que “entrar” en el mercado de internet es ridículamente fácil.
Los monopolios y oligopolios en el “mundo real” se mantienen (y tienen que ser destruidos) básicamente porque entrar en un mercado controlado es horriblemente caro. Si un país tiene digamos dos compañias eléctricas establecidas pactando precios, un tercer competidor necesita hacer una inversión en infraestructuras descomunal para abrirse paso mientras intenta sobrevivir a una guerra de precios. Como las barreras a la entrada son tan enormes, la colusión es relativamente fácil y enormemente efectiva.
Internet, sin embargo, es exactamente lo contrario al mundo real: es un lugar donde no hay barreras a la entrada. No necesitas licencias, cableado, antenas grandes o contratar espacio radioeléctrico limitado. Cualquier matado con un par de servidores y un diseñador de tercera puede contratar diez periodistas (no es que anden escasos) y abrir una revistita en internet. Será buena o será mala, pero estará compitiendo por los mismos visitantes - y si quiere, puede competir en precio desde el primer momento.
La gran belleza de los medios digitales es que el coste marginal de dar la noticia es básicamente cero. A efectos prácticos, tanto da recibir 100 visitas que 100.000; el coste es casi el mismo. En un mercado competitivo (y en un sitio con costes de entrada cero, es un mercado MUY competitivo) el precio es (simplificando mucho) idéntico al coste marginal, así que los competidores que no se metan en el oligopolio tenderán a dar las noticias gratis, dejando a los grandes señores que cobran en internet con mucho menos tráfico que nadie. Básicamente lo que vimos en España cuando El País Digital era de pago y El Mundo se le llevó todo el tráfico.
Tenemos por tanto un sector que sólo tiene costes fijos; el coste marginal es básicamente cero. Es un sitio donde hacer dinero es muy complicado, especialmente si el mecanismo tradicional (la publicidad) parece no poder cubrir costes. Es un mercado que está proporcionando algo que consideramos un bien público: queremos que la gente reciba noticias. Al contrario que las cadenas de televisión o radio (que tienen una competencia limitada por motivos técnicos), el mercado siempre será viciosamente competitivo, arrastrando los precios a cero. ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo pueden sobrevivir los medios de modo que tengan beneficios?
La verdad, me parece que no pueden - uno no puede ganar dinero ya en prensa. A medio plazo, cuando todos tengamos un miniportatil con nosotros todo el día, el negocio del periodismo escrito habrá muerto - y cuando el ancho de banda sea lo suficiente generoso, el periodismo televisivo estará en peligro de extinción.
Suena trágico, ¿no es cierto? Me parece que lo que debemos tener en mente es que hablamos de la muerte del negocio del periodismo, no del periodismo estrictamente. Las noticias se seguirán dando, ya que sigue habiendo una audiencia para ellas - lo que no estoy seguro es que las den entidades con ánimo de lucro. El modelo no será Prisa o News Corp, será NPR: ONGs que tienen como misión social hacer periodismo, y que se financiarán a base de donaciones privadas.
No, no es tan absurdo como parece. De hecho en Estados Unidos lleva tiempo funcionando en radio desde hace tiempo. NPR, la cadena de noticias más grande del país, recibe un 90% de su financiación de donaciones privadas. Un artefacto parecido es el Guardian británico, un periódico que es propiedad de una fundación independiente sin ánimo de lucro que tiene publicar un periódico estupendo como único fin social. No estoy hablando ni siquiera de cooperativas (como Le Monde), sino entidades estrictamente filantrópicas dedicadas a dar un servicio de noticias de calidad.
¿Será la única salida? No, por supuesto que no. Algunos medios pueden dar beneficios si dan un producto de calidad suficiente; el mercado siempre dejará sitio a publicaciones como el Economist, Bloomberg o similares, incluso sobreviviendo detrás de un muro de pago. Para la prensa no especializada generalista (especialmente la prensa local; ya hay ejemplos), sin embargo, me temo que va siendo hora que empiecen a plantearse dejar el negocio de lado y centrarse en el servicio público. La verdad, la calidad de los medios mejorará.
¿Soy yo, o El País lleva una temporada publicando cosas bastante absurdas en su sección de opinión? Hoy mismo, sin ir más lejos:
¿Es Estados Unidos un estado?: el artículo es básicamente absurdo; la clásica simplificación sobre algo que es mucho más complicado (y menos importante) de lo que parece. Aparte que decir que el derecho a llevar armas de fuego hace del gobierno americano un no-estado, algo bastante absurdo, la reflexión da vueltas en círculo algo serio, no analiza los datos en absoluto y es un tópico contínuo. EEUU es un país enorme; hay sitios con niveles de criminalidad suizos o suecos (Maine, Vermont - y creedme, tienen armas de fuego a espuertas) y otras más parecidos a Ucrania en un día malo. La segunda enmienda no es algo demasiado importante, la verdad.
El gran saqueo: un artículo de opinión describiendo -mal- un informe europeo sobre urbanismo en la costa. Si bien es cierto que el mencionado informe debería ser más conocido, el artículo básicamente dice que nos pone mal, pero explica bien poco sobre qué ha sucedido (ni un cochino dato) ni qué tenemos que cambiar. Sólo dice que hay un problema que no menciona. Ah, y redacción de El País: no estaría mal tener el informe en internet, para que los que queremos leerlo podamos hacerlo rápido.
Cómo impulsar reformas en plena crisis: ¡aleluya! un artículo relativamente decente. Antón Costas dice cosas que me gustan y cosas que no, pero habla con cierto sentido y explica algo que es necesario entender. Su conclusión es un poco simplista, pero no me extrañaría que fuera por falta de espacio - aprovechando que el espacio en internet es infinito, El País podría poner anexos, notas o una segunda parte en internet, por ejemplo. Yo quiero leerla.
¿A qué viene la crítica, por cierto? En parte, mimetismo de algo que se hace en la blogosfera americana que deberíamos hacer más en España: criticar a los medios. El New York Times o el Washington Post han cambiado algunos de sus columnistas estos últimos meses, en parte porque no pocas bitácoras criticaban de forma constante y furiosa alguno de los mandriles que escribían por ahí. Las últimas víctimas fueron gente como Bill Kristol, que se hizo un hartón de escribir columnas perezosas y horrorosamente cínicas. Su substituto, Ross Douhat, es infinitamente más listo, y -nota al margen- viene de la blogosfera. Malaprensa está muy sólo, la verdad.
Y sí, mi objetivo en la vida es hacerme famoso y que me paguen por escribir estas tonterías; estas críticas no me hacen favores. Qué le vamos a hacer; uno lucha contra la estupidez mediática de forma poco racional (y señores del País, sé de sobras que el artículo que les envié era malo de solemnidad - envié la versión equivocada).