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Archive for the ‘política exterior’ Category

Afganistán

Thursday, December 3rd, 2009

He estado pensando bastante sobre el plan de la administración Obama sobre Afganistán. Tras darle muchas vueltas, creo que no puedo decir, honestamente, si es buena idea o no.

Mi primer instinto es, realmente, cerrar la puerta y largarnos. Estados Unidos va a gastarse entre 80.000 y 100.000 millones de dólares en Afganistán el año que viene; básicamente el mismo precio que la reforma de la sanidad. El PIB Afgano es, si mal no recuerdo, 12.000 millones. Es un gasto enorme, en un lugar que realmente no estoy seguro que lo merezca.

Sinceramente, ¿qué es lo peor que puede suceder? Los Talibanes derriban al gobierno, el país se va a hacer gárgaras otra vez, y tenemos el estado semifeudal estilo somalí que existía en el 2001. Sí, los ataques del 11 de septiembre, etcétera; esos atentados que se diseñaron en Hamburgo y fueron preparados en Florida, con los secuestradores aprendiendo a pilotar aviones. O los del 11 de marzo, diseñados en la provincia afgana de Madrid. Quizás los del metro de Londres, preparados en Leeds, al ladito de Kandahar. Ya se sabe, esos atentados.

Afganistán sería un desastre, igual que lo es Somalia ahora, con la diferencia que no tienen salida al mar, así que no tendríamos piratas. Como base del terrorismo internacional, sin embargo, su efecto sería más bien limitado; realmente, no lo ha sido nunca. La vida de los afganos (y las mujeres afganas que vivan en zonas controladas por los talibán, especialmente) será un infierno violento y opresivo, pero ya lo era antes de la invasión - Estados Unidos no tiene el deber moral de salvar a países horribles de sí mismos.

El problema de salir por piernas es que eso, en sí mismo, también es un riesgo. Aunque lo que digo arriba parezca razonable, no tiene por qué ser lo correcto; los talibanes pueden controlar Afganistán, financiarse a base de tráfico de drogas, fanáticos religiosos y gobiernos bandidos y hacer la vida imposible al gobierno paquistaní. Pueden intentar provocar al gobierno Indio en Kashmir.  Pueden realmente dedicarse al terrorismo en serio, sin tapujos, mientras cantan victoria. No es una región propensa a la estabilidad, y lo cierto es que Afganistán puede convertirse en un desastre serio.

Más allá de eso, los americanos tienen un cierto deber moral de estabilizar el país. La invasión fue un éxito, pero han permitido que poco a poco se convierta en un manicomio. Estabilizarlo es una necesidad, pero también es hacer lo correcto.

El plan en concreto me parece que es básicamente pragmático - y el discurso de ayer, muy realista. Se le ha criticado por ser frío, y lo cierto es que tienen cierta razón; Obama se centró en los hechos, no ideas. El presidente no se metió en esos berenjenales dialécticos de Bush de prometer paz, libertad y democracia, hacer que Afganistán sea un sitio feliz y que la gente beba Coca-Cola. Obama dijo que envía 30.000 soldados, el objetivo es estabilizar el país y cazar terroristas, y después que un gobierno afgano menos corrupto y más efectivo tome el control del país. ¿Derechos? ¿Democracia? De puntillas.

La idea, me parece, es darle a Karzai un poco de tiempo. Dejar que el gobierno se consolide, asegurar que la cosa no se derrumbe cuando se larguen, por feo que sea el dictador presidente local, y en el 2011 darse una ronda de aplausos, cantar victoria, y salir por piernas. Será muy difícil, especialmente con un gobierno Afgano tan odiado e incompetente, pero quién sabe.

No es la solución fácil. En contra de lo que dice Iñigo, enviar más tropas tiene un coste político considerable para Obama. La izquierda americana está muy, muy mosqueada; hoy Rachel Maddow básicamente le ha sacado los ojos a Susan Rice (embajadora americana ante la ONU) en televisión en una entrevista brutal. Al electorado no le gusta como está llevando la guerra; sólo un 47% de los votantes quería un aumento de tropas. Hay fecha de salida porque si no el electorado americano no aceptaría escalar el conflicto; es así de burdo. Algunos demócratas están pidiendo que si quiere más tropas, lo tienen que pagar con una subida de impuestos. La derecha tampoco es que estuviera contenta; o querían más tropas, o no están de acuerdo que la Casa Blanca diga que empezarán a reducir tropas el 2011, ya que hará que los talibanes se esperen a que se vayan.

Y por descontado, queda Irak, ahora casi olvidada. Veremos si votan cuando toca o retrasan las elecciones, forzando a los americanos a quedarse más tiempo.

Obama, básicamente, no tenía una salida buena, o fácil. Todo es políticamente arriesgado, militarmente complicado y con consecuencias imprevisibles. No estoy del todo contento con la decisión tomada, pero me temo que aún escéptico, no me atrevo a decir que se han equivocado.

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Piratas y estupideces

Thursday, November 19th, 2009

No quería hablar del dichoso Alakrana y los piratas, pero la obcecación de algunos de mezclar churras con acorazados me puede. La lista de bobadas de estos días es larga y extensa, así que me concentraré en los grandes éxitos de esta semana.

La primera, y más irritante, es comparar los rehenes del Alakrana con Miguel Ángel Blanco y ETA. En el primer caso se pagó un rescate, en el segundo el estado no cedió - y aunque parezca mentira, ambas decisiones fueron correctas.

La diferencia entre ambas situaciones es muy simple: las demandas y motivaciones de los captores eran completamente distintas. Cuando ETA secuestró a Blanco, la banda exigió un cambio en política penitenciaria a cambio de la vida del concejal de Ernua. Cuando los piratas secuestraron al pesquero, pidieron dinero a cambio de la liberación de los rehenes. En el primer caso, ETA está pidiendo que un gobierno democrático actúe en contra de su mandato electoral para finalizar un rescate - es un chantaje al estado y al sistema democrático. En el segundo caso, a los piratas les importa un pimiento quién pase por caja; ellos están haciendo una transacción comercial pura y dura - un contrato de guardaespaldas ligeramente cafre.

Los piratas no son terroristas; los llamamos “piratas” por ese motivo. Los tipos que andan por Somalia secuestrando barcos básicamente están respondiendo al vacio de poder en la zona. La naturaleza aborrece el vacio, y los monopolios de la violencia no son una excepción; en vista que no hay nadie poniendo orden, los piratas se ganan la vida cobrando peajes a punta de pistola. Mientras pagues, no te harán nada - en cierto sentido, son como la mafia, un substituto desordenado de un estado débil. Su negocio es la protección.

ETA no está buscando hacerse rica; su objetivo es derrotar al estado. Hablé de ello hace tiempo; lo suyo no es proteger, es inflingir costes a un estado que quieren expulsar del territorio. En este caso sí estamos hablando de chantaje, de guerra de desgaste - ceder en este caso si significa llamar al mal tiempo, ya que están pidiendo concesiones políticas.

¿Cómo combates a una epidemia de piratas? Hay dos métodos, uno caro y uno barato. El caro es bien sencillo; lo han usado romanos, ingleses, españoles y cualquier potencia marítima que se ha hartado del problema. Básicamente es poner un montón de barcos armados hasta los dientes donde hay piratas, y disparar contra todo lo que se mueva durante un par de años. El barato es lo que la comunidad internacional está utilizando en Somalia estos días: corredores protegidos y protección limitada; el equivalente moderno a un sistema de convoyes.

En un sistema de convoyes, uno puede esperar a cruzar el Atlántico con la Flota de Indias, o puede decidir ir por libre y sacar más dinero de sus aventuras. El Rey va a proteger tus barcos de piratas y corsarios en el primer caso; en el segundo, el riesgo es tuyo. El patrón del Alakrana estaba haciendo el equivalente pesquero a irte de vacaciones a Afganistan y protestarle al gobierno que te tiran bombas; como comenta Albert Esplugas, no tiene ningún sentido pretender que el estado tiene la obligación de proteger a sus ciudadanos allí donde esten. El PP, por cierto, está obsesionado con esta clase de bobadas; recordad como casi piden que bombardeemos Bolivia para proteger a Repsol de todo mal.

Queda decidir qué debe hacer España para que esto no se repita. Supongo que meter en la cárcel al genio que decidió ir a pescar a un sitio lleno de tipos con AK-47 con muy mala leche sería un buen primer paso, pero quedan los piratas. ¿Es hora de hacer el Rambo y convertir la base secreta dentro de un volcán un poblado cutre pirata somalí en un solar requemado lleno de cráteres? ¿Enviar comandos a la francesa y exterminar a los agresores? ¿Contratar un equipo de ninjas mercenarios y forzar la pelea friki final de ninjas contra piratas?

La respuesta es no, no, y no. No sirve para nada. Recuperar el dinero sería estupendo si fuera nuestro, pero no lo es: es de la aseguradora y el armador. Gastar dinero público para solventar un atraco a 6000 kilómetros de España no es una forma decente de gastar impuestos. Si lo nuestro es la venganza cavernícola, estaremos poniendo un pastón tremendo intentando fusilar a cuatro matados en el otro lado del mundo, con un efecto real muy limitado. La costa de Somalia seguirá sufriendo de la ausencia de una autoridad estatal establecida, y no es que África ande falta de mano de obra barata dispuesta a asaltar barcos.

¿Un ejemplo? El Maersk Alabama. Sí, ese barco americano que los piratas asaltaron hará unos meses, en un secuestro que acabó con tres bucaneros de pacotilla con un tiro en la cabeza. Los Estados Unidos son un país con malas pulgas que no retroceden ante nada, etcétera. Bueno, adivinad qué barco los piratas han intentado asaltar esta semana, otra vez. El armador del Maersk Alabama, sin embargo, no es un tacaño que odia a sus marineros, y el barco llevaba unos cuantos mercenarios armados hasta los dientes por si las moscas, así que la cosa quedó en nada.

Eso no quiere decir que utilizar seguridad privada sea una buena idea, sin embargo; eso crea otra clase de riesgos distintos. Por ejemplo, los barcos con mercenarios tomarán más riesgos, algo que quizás no queremos que suceda. Tampoco creo que debamos hacer lo que dice Esplugas y poner un precio sobre la cabeza de los piratas; sólo nos faltaría una pila de amateurs intentando rescatar rehenes.  Pero ese es otro tema, para otro día.

Cuando los aranceles tienen sentido

Wednesday, November 18th, 2009

Para los que me leen desde hace tiempo, siempre he estado a favor del libre comercio. He hablado a favor de las deslocalizaciones, defendido eliminar los aranceles agrícolas y nunca he creído que la globalización y el estado del bienestar son incompatibles. No creo que el proteccionismo sea una buena idea.

Estos días, sin embargo, me he encontrado con un par de artículos curiosos. El primero, resulta que la región de Estados Unidos que más ha disminuido sus emisiones de CO2 es… Texas. Esto ha sucedido en parte porque George W. Bush, cuando era gobernador, impulso la industria eólica (¡!) con energía, en parte por la conversión de centrales de cabón a centrales de gas natural. El factor más importante, sin embargo, ha sido mucho más sencillo: una cantidad enorme de industrias se han ido del estado hacia China.

El segundo artículo es un repaso sobre el mercado de permisos de CO2 en la Unión Europea. Tras un inicio (muy) torpe, parece que la cosa está funcionando bien, hasta el punto que las emisiones en el 2012 serán un 13% inferiores a 1990, excediendo de sobras los límites marcados en el tratado de Kyoto. El mercado de permisos está funcionando, o eso parece.

Ambas cifras, sin embargo, tienen un pequeño problema. Las emisiones en Europa pueden estar bajando, pero eso no significa que los productos que los europeos compran hayan creado menos emisiones de CO2 al ser fabricados. Básicamente, no contaminados nosotros: hacemos que los Chinos fabriquen los juguetes que compramos y ensucien ellos.

Las emisiones de CO2 tienen un precio en Europa, y tienen que sortear un cierto número de regulaciones medioambientales en Estados Unidos (sí, incluso en Texas). Los gobiernos occidentales están, básicamente, poniendo un impuesto a sus emisiones de carbono, y los productores (y consumidores) lo evitan gracias a la fábrica China. Si creemos que el CO2 es una externalidad negativa que debe ser gravada (algo que comparto plenamente), esto es un agujero muy importante que debe ser cerrado - seguramente vía aranceles.

En el mundo en que vivimos, sin embargo, un arancel no es algo demasiado popular. La Organización Mundial del Comercio (OMC) coge unos rebotes tremendos cuando alguien pone aranceles (no cuando hace el burro con su moneda - pero ese es otro tema) normalmente autorizan que los países afectados respondan con represalias comerciales. Una guerra comercial hace daño a ambos países, al reducir la demanda total, y no queramos que eso suceda.

La cuestión es, un impuesto sobre emisiones no es realmente un arancel - de hecho, es algo más parecido a nuestro viejo amigo el IVA. Si os habéis fijado, los aeropuertos tienen unas ventanillas donde los turistas de fuera de la UE pueden pedir la devolución del IVA antes de volver a casa. El impuesto sobre el valor añadido grava el consumo dentro de la Unión Europea, no fuera, así que las exportaciones no lo pagan. Como impuesto sobre el consumo, sin embargo, las importaciones sí tiene que pagar IVA cuando son vendidas dentro de la Unión, así que se ganan su 16% 18% en España. No estamos gravando lo que viene de fuera, sino un determinado tipo de actividad, y el impuesto afecta a todos los productos igual. La OMC calla y otorga.

Un impuesto sobre CO2 / precio sobre las emisiones sería, de hecho, algo parecido al IVA. Estamos gravando la acción de contaminar, no el hecho de producir fuera, así que dentro de las reglas de la OMC sería perfectamente aceptable. Esto tendría muchas ventajas, empezando por salvar el planeta, y algunos inconvenientes si eres China, ya que se verían obligados a reducir emisiones si quieren seguir exportando tanto. Como de hecho China está exportando demasiado, eso de hecho no es malo - y estoy seguro que sería tremendamente popular a ambos lados del Atlántico. O al menos en Europa.

De momento, el Senado americano se lo está planteando seriamente; en la UE, Francia está defendiendo la propuesta con energía; muchos analistas creen que es inevitable. Para que yo esté de acuerdo con los franceses, algo grave tiene que estar sucediendo, así que creedme, no es una idea absurda en absoluto.

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Aniversarios y guerras pasadas

Thursday, November 12th, 2009

El aniversario de la caída del Muro de Berlín nos ha enseñado unas cuantas cosas. Primero, hay algunos que siguen echando de menos la Unión Soviética un pelín demasiado, y no por el motivo adecuado. Segundo, los periodistas están realmente encantados de recordarnos a todos cómo ellos estaban allí, en un momento histórico, y que ellos nos lo explicaron todo. Parece mentira que hayan pasado veinte años, etcétera.

Cierto, la caída del muro fue un evento importante, pero no estoy del todo seguro que sea el aniversario más importante estos días. El final del imperio soviético no fue un proceso tan rápido o efectista como los periodistas gustan de describir; las insurrecciones en Polonia, los problemas internos en la URSS o la rendición (y apertura de fronteras) del gobierno húngaro sucedieron antes, y son igual o más relevantes que Berlín. Los países comunistas se habían arruinado antes de los sucesos de 1989; la Guerra Fría, en cierto sentido, fue un conflicto menos dramático de lo que pensábamos, y desde luego, mucho más fácil de ganar de lo esperado.

En España ha pasado más desapercibido otro efeméride, que si es celebrada y recordada en otros países. En Estados Unidos, es Veteran´s Day; en el Reino Unido es Rememberance Day; en Francia -creo- es el día del armisticio. En Estados Unidos no le prestan demasiada atención, pero en Europa si son perfectamente conscientes sobre qué sucedió el 11 de noviembre de 1918: la firma del armisticio que acabó la Primera Guerra Mundial.

La Gran Guerra es un conflicto casi olvidado para muchos. Por muy grave que fuera la carniceria (cuatro años y nueve millones de muertos), la matanza acabó hace 91 años. A pesar de estar sepultada en los libros de historia sin demasiada ceremonia, sin embargo, la Primera Guerra Mundial es probablemente el conflicto más influyente desde 1815 y el Congreso de Viena - y de hecho, el origen de muchos de los problemas y conflictos que aún estamos intentando solucionar ahora.

La caída del muro representó el final de la Guerra Fría - un conflicto que es descendiente directo de la Gran Guerra. La revolución de Octubre, al fin y al cabo, es un resultado directo del desastre militar ruso en 1917. La I GM fue el origen del largo intento ruso para aumentar su influencia hacia el oeste, fruto del fracaso del equilibrio de poderes después de Bismarck - el desastre de esos años aún lo estamos intentando arreglar ahora.

La Gran Guerra es representa también el inicio de decenas de problemas mal resueltos que aún sufrimos ahora. El final del Imperio Otomano y el problema kurdo, el desastroso circo colonial en Oriente Medio, los años de división china entreguerras (y su camino hacia el comunismo), la torpe ascensión de Estados Unidos como potencia dominante (y su papel estelar provocando la Gran Depresión), la caída de la primera gran ola globalizadora… El eco de ese conflicto aún retumba en la actualidad en todo el mundo.

Lo más increíble, al menos para mí, es que una guerra tan increíblemente importante fuera de hecho tan profundamente estúpida. No convenía a nadie; nadie iba a salir ganando, nada evitó que sus temores se cumplieran. Francia perdió la hegemonía en el continente de todos modos, el Reino Unido su imperio y su condición de superpotencia, Rusia perdió los Balcanes, Austria lo perdió todo. Alemania, a pesar de los pesares, acabó siendo igualmente el país más poderoso del continente, incluso después de perder una segunda vez.

El conflicto, sin embargo, hizo que todas esos resultados llegaran de forma increíblemente violenta, a la vez extendiendo una serie de conflictos y problemas arreglados a medias o provocados por la misma guerra que se han alargado durante casi un siglo. La guerra fue una matanza prácticamente sin sentido;  un recordatorio terrible sobre como lo que vemos como “guerras necesarias” muchas veces no lo son tanto.

Noventa años más tarde, la pregunta me parece que debería volver a ser la misma: ¿de veras vale la pena ir a la guerra? Me temo que el discurso político en los últimos años es víctima del síndrome de 1945, la nostalgia de la guerra justa y obviamente necesaria. Las cosas no son tan sencillas; nunca lo han sido. La guerra es, a menudo, una solución peligrosa.

Notas sobre coherencia económica

Tuesday, November 10th, 2009

Sé que lo vamos a ver en algún sitio;  no hace falta ni que lo busque. En algún lugar de la blogosfera, tertuliocracia o columnocracia española estos días, alguien va a combinar, en un sólo párrafo:

  1. Elogio de la bajada de impuestos de Angela Merkel. No les voy a pedir que me expliquen como rebajar el impuesto de sucesiones es una forma brillante de reactivar la economía; ya sabemos que pretender que los millonarios prefieren fundirse la pasta en orgías o en inversiones arriesgadas visionarias en vez de sentarse a vivir de rentas es una fantasía aceptable en según qué círculos.
  2. Crítica de los déficit por “excesivo gasto público” de Zapatero… sin mencionar que Merkel está haciendo exáctamente lo mismo. El dinero no recaudado es, ya se sabe, dinero mágico que no genera déficit. Ignorad el hecho que Ronald Reagan tuvo que subir impuestos un par de veces, etcétera, etcétera.

Si a uno le repugnan los déficit fiscales, no puede defender rebajas fiscales sin recortes de gasto. Si alguien hace la pelota a Merkel y llora sobre déficits, darle un cachete de inmediato. Más allá de eso, los recortes propuestos serán muchas cosas, pero como estímulo fiscal son muy, muy flojos. Sólo las ayudas por hijo tendrán un efecto decente (aunque la deducción es relativamente regresiva); recortar el IVA a hoteles y restaurantes, permitir que las pérdidas desgraven más a las empresas o rebajar el impuesto de sucesiones no tienen un efecto demasiado marcado sobre el crecimiento.

Ya que estamos hablando de política fiscal: este editorial del País es una estupidez. El problema de España no es el déficit público a corto o medio plazo (los tipos de interés no muestran una preocupación excesiva de los mercados), el problema es la falta de reformas estructurales para solucionar la extraordinaria vulnerabilidad del país a recesiones. El paro en España ha subido once puntos en esta recesión; la media de la eurozona está un poco más de dos puntos - el estado de las cuentas públicas no tiene nada que ver.

Cuando la inacción está justificada

Tuesday, October 6th, 2009

No hace demasiado comentaba que la administración Obama haría muy bien de plantearse si vale la pena quedarse en Afganistán o es mejor darlo por imposible y salir como antes mejor. Para mi sorpresa, Obama está haciendo algo parecido, con todo el ejecutivo decidiendo con mucha calma qué decisión tomar.

Cuando digo todo el ejecutivo, no es que esté exagerando demasiado. Por lo que parece Hillary Clinton, Robert Gates, Joe Biden, Jim Jones, la cupula militar, los generales sobre el terreno y básicamente todo el mundo que puede tener algo que decir está dando ideas, sin dejar nada fuera del debate. Joe Biden, sin ir más lejos, para estar defendiendo una retirada casi completa, dejando únicamente comandos y la USAF persiguiendo terroristas desde un par de bases. Algunos generales piden más tropas, otros piden usarlas de forma distinta, Clinton habla de dar una visión más regional al problema, y así sucesivamente.

Esto es de hecho una buena noticia. Como comentaba Andrew Sullivan este fin de semana, Afganistán es un problema muy complicado, quizás incluso irresoluble. Por mucho que la historia realmente no se repita, no es casualidad que todo Dios ha ido a ese maldito secarral a perder guerras estúpidas. Es perfectamente posible que en Afganistán no tenga una salida “buena”, sólo soluciones “menos malas”;  por mucho que algunos se empeñen en intentar arreglarlo todo comprando un martillo más grande, nada nos dice que tirar más dinero ahí fuera realmente sirva de algo.

Es muy buena señal (y dice mucho a favor de Obama) que en vez de tomar un atajo cognitivo rápido (”salir por piernas” ó “sólo tengo un martillo, así que toca clavar clavos”) estén pensándoselo bien. Lo que no había reparado, sin embargo, es que es incluso perfectamente posible pensar que mantener el status quo actual una temporada es una buena idea - Algo que Mark Lynch explica mejor que yo por aquí. La idea es que realmente con las elecciones afganas a medio decidir, Pakistán a punto de lanzar (se supone) una ofensiva sobre los talibanes, Al Quaeda extraordinariamente debilitada y la situación esencialmente contenida, quizás vale la pena sentarse a esperar un rato en vez de decidir ahora mismo.

Leed el artículo entero, es realmente excelente.

Alemania: coaliciones y desastres

Monday, September 28th, 2009

La victoria de Angela Merkel en Alemania ha traido los acostumbrados lamentos de crisis de la izquierda y desastre de la socialdemocracia que escuchamos tan a menudo. Si bien es cierto que el SPD se ha pegado el proverbial morrazo histórico que los partidos progresistas nos llevan acostumbrando estos meses, el resultado electoral era de hecho esperable, no importaba lo que dijera el viejo partido socialista germano.

Durante los últimos años, la CDU y el SPD habían gobernado en coalición. La arimética parlamentaria no daba otra salida, así que los dos partidos acabaron gobernando juntos, con Merkel de canciller al haber ganado por los pelos. Los gobiernos de de gran coalición tienen una característica muy peculiar, que Ignancio Urquizu explica a menudo (no estaría mal que pusiera algún PDF sobre el tema, por cierto): de forma casi invariable, el partido que ocupa la presidencia sube de forma considerable en las próximas elecciones, y el que andaba de segundo de a bordo se pega una torta de impresión.

Por qué sucede esto es relativamente sencillo: los votantes tienen problemas serios averiguando quién está haciendo cada cosa. Un gobierno de coalición da señales muy confusas al electorado, ya que el canciller, presidente o primer ministro no es la criatura omnipotente que acostumbramos a ver en sistemas parlamentarios con mayorías amplias. Toda reforma, ley y decisión exige llegar a un acuerdo con el partido “asociado” a la coalición, con el jefe del ejecutivo teniendo que negociar constantemente.

Los votantes, recordad, funcionan en un contexto de información limitada. Lo que ven es una canciller que quiere hacer cosas, y un SPD que quiere cambiar o suavizar sus decisiones. Es relativamente fácil para Merkel, en este caso, de acusar a los socialdemócratas de obstrucción, y pedir al electorado que le den una victoria amplia para librarse de la constante interferencia de sus compañeros de ejecutivo.

Esto no quiere decir, de todos modos, que el SPD no necesite una renovación a fondo. La izquierda, en agregado, no ha sacado un resultado especialmente malo - el problema es que parecen haberse afrancesado, dividiéndose en tres partidos distintos con más del 10% del voto. No he seguido la campaña lo suficiente para saber qué ideas defendían cada uno de los tres partidos, pero la izquierda, en general, está derrotada pero no hundida. En eso son distintos a los franceses, que parecen que no se comerán un rosco en décadas.

Sobre los ganadores, Merkel y la CDU no son un partido de derechas capitalista entusiasta, por mucho que algunos quieren leer el retorno de Thatcher. La CDU es un partido Cristianodemócrata clásico, y como tal, considerablemente estatalista. El FDP es otro cantar; el tradicional partido bisagra alemán hasta la emergencia de los verdes era la voz de la patronal alemana en Bohn - y la fábrica nacional de ministros de exteriores. No son un partido neoliberal cavernívola, pero sí amantes de eliminar regulaciones y liberalizar la economía, algo que -la verdad- a Alemania no le iría nada mal. Los alemanes son muy amantes de las regulaciones estúpidas, al fin y al cabo; basta mirar sus horarios comerciales o su legislación sobre cómo pueden comercializar cerveza.

Resumiendo: resultados esperables, menos catastróficos de lo que parecen para la izquierda, y que quizás traeran algo bueno y todo. La pregunta, sin embargo, es para Ignacio Urquizu: ¿Por qué un partido se mete en una gran coalición si sabe que va a darle problemas electorales graves? A ver si se pasa y dice algo en los comentarios.

Nota al margen: sobre los portugueses, ¿no los habíamos anexionado ya? La verdad, no sé casi nada de política portuguesa, aparte que todos los partidos se llaman socialista, socialdemocrata o socialportugués. Sólo sé que es buena noticia para los que amamos los trenes; Sócrates apoya las LAV dirección España.

La incognita de la regulación financiera

Friday, September 18th, 2009

Entre todo el ruido y la furia de la reforma de la sanidad, las subidas del paro y las extrañas maniobras del gobierno Zapatero, es difícil recordar que una de las grandes tareas pendientes de los políticos en medio mundo es reformar el sistema financiero. La crisis, al fin y al cabo, la provocan los cuatro listillos con bancos de inversión que se aprovecharon que los reguladores de medio mundo estaban en las nubes para reventar el sistema; es urgente cambiar la legislación para que eso no suceda.

El origen de la mayoría de los problemas estuvo en Estados Unidos, por descontado, y es aquí donde es necesario que la reforma se haga mejor. La administración Obama parece tener las ideas relativamente claras sobre qué cambios son necesarios para evitar que los problemas se repitan, con una batería de soluciones con cierto sentido. Algunas de las ideas de su plan, como la agencia de protección a los consumidores, son realmente elegantes, minimizando el problema de la captura de los reguladores que tanto daño ha causado. Incluso están hablando de prohibir algunas técnicas de compra-venta de alta velocidad, algo que no gusta nada a los bancos.

El problema, por descontado, es que en Estados Unidos pasar de “buenas ideas” a “buenas leyes” es harto complicado. De hecho, a menudo es absurdamente difícil, por muy hábil que el tipo pilotando la legislación. Barney Frank tiene las ideas muy claras (y en general, dice cosas sensatas) pero el Congreso americano es una criatura poco amiga de escribir regulaciones elegantes.

¿Cómo va la reforma del sistema finaciero ahora mismo? no está demasiado claro. La atención del sistema político en general está centrada en la reforma de la  sanidad, un problema quizás un poco menos urgente, quizás más fácil de resolver (está bastante claro qué funciona bien y qué funciona mal), pero muchísimo más complicado políticamente. La administración Obama parece que será capaz de sacar adelante una reforma en este frente, pero es difícil decir si podrá hacerlo con los bancos. De momento, no hay un proyecto de ley firme avanzando por el Congreso (sí tienen una reforma sobre el cambio climático, que parece no llegará lejos este años), así que es difícil decir qué apoyos tendrá.

Sin conocer la composición de los comités y políticos encargados sin demasiado detalle, tengo la intución que no será tan difícil como algunos creen. Wall Street es uno de los grandes contribuyentes a las arcas del partido demócrata (y en menor medida, a los republicanos); eso acostumbra a ser un obstáculo complicado de superar.

Para conseguir bloquear leyes, sin embargo, no basta tener políticos amigos; también es necesario ser capaz de movilizar un cierto nivel de debate y apoyo público. Si los republicanos no se oponen a la nueva regulación con su habitual histerismo, los bancos no podrán limitar los daños. No hay ningún político en su sano juicio que tenga ganas de ser llamado “amigo de la gran banca” estos días, al fin y al cabo; los que han tenido una relación “cercana” los últimos años (Chris Dodd) están metidos en problemas. Barney Frank, el político que lleva la voz cantante en la reforma, tiene unas credenciales de odio a Wall Street intachables, así que por ahí no podrán llegar.

A los bancos les queda una táctica: aburrir a las ovejas. Si la reforma se mantiene en segundo plano, los “expertos” y “generosos militantes” que “aconsejan” a Senadores y políticos pueden dedicarse a retrasar la ley tanto como puedan. Cada pequeño retraso, cada pequeño cambio debilita la reforma; el sesgo a mantener el status quo del Congreso acabaría por matarla. Esta táctica, sin embargo, es difícil de sostener si el presidente tiene intención y ganas de sacar la ley adelante, pidendo prisa, acusando a los remolones de ser unos vendidos, etcétera. Con una industria tan horriblemente impopular como es Wall Street, eso no es complicado.

El problema de fondo, de todos modos, es que una buena regulación en Estados Unidos no es suficiente. Si el Reino Unido, Alemania, Islandia, Irlanda, Suiza, España y todo el resto de países con sectores financieros no hacen un buen trabajo regulando el sector, el sistema seguirá siendo vulnerable. Haciendo las cosas aún más difíciles, la coordinación necesaria va más allá de simple regulación; recordad que uno de los problemas de fondo han sido los desequilibros comerciales tremendos entre China, Europa y Estados Unidos. Arreglar esto si que es complicado, y exige un nivel de colaboración y consenso que me temo no está presente.

La recesión puede que esté amainando, pero los peligros siguen allí. No es demasiado tranquilizador.

Una excusa para largarse

Wednesday, September 2nd, 2009

Mientras los políticos americanos se distraen liándose a tortazos hablando de medicina, los soldados americanos y sus aliados de la OTAN están realmente metidos en una pelea que nadie parece recordar allá por Afganistán. Tras siete años de guerra, parece que lo único que se ha conseguido es que el país produzca mucho más opio, los talibanes pongan muchas más bombas que antes, y que el presidente de esa “naciente” democracia gane las elecciones de un pucherazo.

Para la administración Obama, Afganistán es un problema relativo. La opinión pública americana está en contra de la guerra, aunque es probable que no tengan ese conflicto como uno de los temas que más les preocupan. Por añadido, los talibanes, Karzai y toda esa tropa son un conflicto heredado, así que los votantes -de momento- no culpan a la nueva administración, por mucho que alguna luminaria conservadora insista en ello.

Ciertamente, la guerra no es un problema político - todavía. Pero aunque George Will y los cuatro republicanos cínicos de turno ya pretendan que todo es culpa de Obama, no estaría mal que el nuevo presidente se parara a pensar qué pretenden hacer allá en medio de ninguna parte.

Vaya por adelantado que apoyé la invasión de Afganistán, y me pareció bien que Zapatero mantuviera la presencia allí. Osama Bin Laden estaba ahí, así que tenía cierta lógica invadir, o eso pensaba. La verdad, me parece que la intervención sí era una buena idea, la ocupación posterior realmente no lo ha sido en absoluto. El motivo es que, básicamente, no ha servido para nada - o si ha tenido efectos, han sido minúsculos.

El supuesto de partida era destruir las bases terroristas y capturar al hombre más peligroso de la tierra. Tras destruir un montón de chozas, chamizos, tiendas de campaña y otros cuchitriles, las bases fueron eliminadas. ¿Efecto práctico? Un montón de soldados aliados paseando por el monte persiguiendo cabras, una medallita por misión cumplida, y atentados terroristas en Bali, Londres y Madrid. Los tres ataques preparados y organizados fuera de Afganistán, del mismo modo que el 11S fue organizado en Hamburgo - dicho en otras palabras, las bases terroristas, de hecho, no es que tuvieran demasiado uso.

Mientras el terrorismo no desaparecia, Estados Unidos y sus mariachis se gastaban un montón de dinero intentando ganar en Afganistán. El pequeño inconveniente es que a estas alturas realmente no tenemos ni idea qué quiere decir la palabra “ganar“, o al menos que se supone que tenemos que hacer antes de irnos. ¿Construir una democracia? Ya hemos visto lo bien que han ido las elecciones. ¿Conseguir un estado estable? El gobierno afgano es rematadamente corrupto y completamente incapaz de defenderse a sí mismo, hasta el punto que no pocos prefieren la estabilidad que ofrecían los talibanes. ¿Controlar el tráfico de drogas? El país hace que Colombia parezca Suiza estos días. ¿Evitar que sea un peligro para otros, elemento desestibilizador o algo parecido? Ahora mismo los talibanes están haciendo más daño en Pakistán del que hacían antes de la guerra, y los atentados no han disminuido demasiado.

La verdad, me parece que a estas alturas lo mejor que puede hacer Obama es repetir el truco de Bush en Irak. Hacer un estudio, crear una serie de métricas que definan lo que es un “éxito” -a ser posible, poco ambiciosas- y a la que puedan cantar victoria, repartir medallas, y largarse. Todo el asunto (Irak y Afganistán) fue probablemente una gigantesca pérdida de tiempo, así que mejor crear algo que parezca más o menos estable y manejable (y sí, una dictadura con Karzai al frente es un mal menor) y pasar página.

¿Es esto lo que tiene Obama en mente? Es difícil decirlo. En Irak parece que están avanzando hacia la retaguardia proclamando lo buenos que son mientras que los nativos se cosen a bombazos con redoblado entusiasmo. Es la opción cínica de la que hablaba hace un par de años. Si los locales no quieren aclararse y dejar de pegarse tiros entre ellos sin supervisión adulta, es mejor dejarles sólos.

Viva Honduras

Monday, July 6th, 2009

Llego tarde, muy tarde a la discusión sobre Honduras, en parte porque no creo que no tenga demasiado que añadir. Hemos visto un golpe de estado eficiente y bien organizado, y tenemos un presidente de iure y otro de facto; una tradición local. Como de costumbre, no conozco el país demasiado (lo mío era lo que estaba al sur de Panamá; Bolivia siempre me dá alegrías), así que tomaros todo lo que diga con cierta cautela.

Aviso: post cínico. Dejad los remilgos en la puerta.

Lo primero que debe ser mencionado es que el Presidente Manuel Zelaya no es precisamente perfecto. Como gobernante, Zelaya ha sido básicamente un incompetente. Tras ganar las elecciones con un programa más o menos centrista, el tipo tuvo un tradicional ataque de histeria mesiánico-populista que parece afectar a tantos presidentes (la limitación de mandatos, que les genera ansiedad) y se puso a dar regalos a todos y pasarle la factura Venezuela, que parece ir sobrada de dinero. Con la economía de mal en peor y el estado corto de dinero, al hombre no se le ocurrió otra cosa que intentar cambiar la (larguísima y realmente mal diseñada) constitución para ver si podía seguir rompiendo las cosas durante un segundo mandato.

El resultado, un 25% de aprobación en las encuestas, y mucha gente de muy mal humor. Como esto de cambiar la constitución es complicado, el bueno de Zelaya decidió tirar por un atajo que resulto ser ilegal, y en vista que no hay forma de cargarse un presidente legalmente (en serio, ¿378 artículos y no ponen eso?), el ejercito lo hizo al viejo estilo, protegiendo la constitución a guantazos. Como al tipo nadie le quiere y además estaba haciendo el burro, el golpe triunfa sin problemas - y tenemos a gente violando la constitución para proteger una constitución que no podía resolver el problema.

Ahora tenemos un problema grave: el presidente legal, que es un inútil incompetente que nadie quiere, está en el exilio. El presidente ilegal, que tiene el apoyo de todos los partidos y el ejercito (que no les vota nadie, pero son les que reparten tortas) está dentro del país y a la mayoría de hondureños no parece importarles mucho. Los disturbios en la calle han sido relativamente menores incluso hoy, cuando Zelaya ha intentado aterrizar (y sí, “miles” o “cientos” es poca gente, incluso en Honduras); el hombre no era amado antes, y lo es menos ahora.

Siendo realistas, no estoy demasiado seguro que reinstaurar a Zelaya sea demasiado práctico; su propio partido le ha echado del país a patadas. El presidente Micheletti ha llegado al cargo de forma básicamente ilegal (aunque los intentos de algunos por defender la constitucionalidad de un golpe son enternecedores), pero es un civil del mismo partido, y los militares parecen estar esforzándose en salirse del medio. Zelaya, de hecho, fue el que les pidió que entraran en política organizando su ridícula referéndum encuesta; no es que el tipo no estuviera pidiendo juerga a gritos.

La comunidad internacional puede forzar que Micheletti dimita. Honduras es un país pequeño; su economía es extraordinariamente vulnerable a la presión exterior. La OEA puede hacer la situación insostenible relativamente rápido. El problema es que lo único que conseguiríamos es hacer que el hondureño de a pié sufra, meter el país en una crisis aún peor que la de ahora, y de regalo, poner en la poltrona un tipo no precisamente estable, a esas alturas odiado por todos, y encima bastante incompetente.

La cuestión no es si Micheletti es el presidente legítimo o no. Tampoco es ponerse el sombrero de marxista y hablar sobre cómo el pobre Zelaya sólo estaba siendo el campeón los más humildes y que lo suyo no era caudillismo desatado. La pregunta es: ¿vale la pena cargarse el país para volver a poner a ese tipo en el gobierno? La verdad, no estoy nada seguro.

Lo más probable, sin embargo, es que Micheletti sea realista. Zelaya es un cadáver político, vuelva como presidente o no; si la comunidad internacional presiona, dejarán que el tonto oficial vuelva, y siga de presidente sus últimos mesecitos. El resultado de todo esto será un ridículo espantoso de todos, y una señal relativamente clara que alguien tiene que reformar esa espantosa constitución. El parlamentarismo funciona muchísimo mejor que esos absurdos engendros presidenciales, la verdad, y limitar mandatos es una tontería.