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El Coliseo

Archive for the ‘Partido Popular’ Category

Consensos irracionalistas

Tuesday, December 15th, 2009

Realmente no entiendo lo que pretende este gobierno a veces. Ayer Zapatero convocaba a todos los presidentes autonómicos y les ofrecía llegar a un consenso en reformas estructurales en el mercado laboral. Según El País, “Zapatero mantuvo desde un principio la posición de que lo más importante era el acuerdo en sí mismo, por encima del contenido“, una postura ya de por sí bastante alucinante (¿qué pretende? ¿que no importa lo que se apruebe, el resultado será estupendo? ¿es pensamiento mágico?);  lo más deprimente, sin embargo, es que alguien en el ejecutivo creyera que veríamos algo decente salir de una reunión así.

Cierto, el PP no quiso arrimar el hombro y pactar una reforma. Eso no hace al partido en la oposición una organización irracional o irresponsable - básicamente, está haciendo su trabajo. España está en una recesión tremenda; el PSOE está gobernando, y el Partido Popular es la alternativa. Se supone -eso dice la leyenda- que quien ganó las últimas elecciones tiene que tomar decisiones, y el electorado los juzgará por eso. Si ejecutivo tiene que tomar medidas impopulares, la oposición no tiene por qué comerse el marrón, por muy necesarias que sean las medidas.

Más allá del elemental hecho que quien gobierna es quien (¡cielos!) tiene que ser quien diseña y aprueba reformas, uno tiene que ser muy ingenuo para pretender que la oposición se suma a consensos porque sí. El PP quiere ganar elecciones; es un partido político, y ese es su trabajo. A Rajoy no le interesa que el gobierno dé una imagen de liderazgo, competencia o capacidad de consenso; eso reforzaría al PSOE. Si Zapatero pretende necesitar una supermayoría para hacer cosas, el PP tiene todos los incentivos del mundo para protestar ruidosamente y forzar que las reuniones sean un fracaso.

Lo más divertido, sin embargo, es que aún con las banalidades y retórica poco específica de la propuesta del PP, lo que dicen tiene bastante sentido. Ignorad la verborrea partidista del principio; en el decálogo hay bastantes cosas que no están mal; de hecho, son tan buenas que el gobierno las llevaba en su documento, más concretadas pero sin demasiada ambición. El PP no votará a favor de sus propias ideas (faltaría más; no les conviene), pero eso no tiene por qué ser malo: si las reformas son ambiciosas y dan buenos resultados,  el mérito será únicamente del PSOE, sin ayudas externas.

Este el pequeño secreto de gobernar en democracia, por cierto: si haces las cosas bien, acostumbras a ganar las elecciones. La mayoría de modelos electorales (por no decir todos) dejan bastante claro que los votantes de hecho prestan poca atención al ruido y furia de las campañas electorales, la inflada retórica de los políticos y los retorcidos posicionamientos tácticos de los actores políticos. Si quieres saber quién va a ganar elecciones, lo mejor es mirar la tasa de inflación, desempleo y crecimiento del PIB, y punto. Sólo cuando un gobernante comete estupideces comunicativas extraordinarias (cof-11M - cof) un buen gobierno pierde elecciones. Si el PSOE quiere ganar las elecciones, tiene que quitarse de la cabeza la idea que pasar medidas impopulares es algo letal; si lo que hacen funciona, nadie se acordará de lo que decía Cospedal, UGT o CCOO dos años antes.

Sí, una reforma estructural es algo serio, y tener el apoyo de todos los agentes sociales las hace más creíbles. El PP, sin embargo, no tiene incentivos para apoyarte. Los sindicatos están compitiendo entre ellos en elecciones sindicales, así que ninguno de los dos va a arriesgarse a perder votos (recordar, votan los insiders del mercado laboral, no los parados) apoyando algo mientras su rival lo adelanta por la izquierda.  Las elecciones cuentan para algo - es hora que el partido que las ganó se deje de historias y gobierne.

La racionalidad de manifestarse

Sunday, October 18th, 2009

Se ha hablado bastante sobre el cambio de opinión del PP esta semana, con  su gloriosa conversión a manifestantes antiabortistas. Lo cierto es que me sorprendió un poco; desde el punto de vista estrictamente electoral, no tiene demasiado sentido hacer estas cosas.

Los votantes que se toman el debate sobre el aborto lo suficiente en serio como para salir a la calle a manifestarse, dicho llanamente, no tienen dónde ir aparte del Partido Popular. No van a huir hacia el partido de Rosa Díez, no van marcharse hacia uno de los dos partidos cristianodemócratas de España (PNV y Unió), no van a tratar de cambiar el PSOE y por descontado no van a acercarse a esos ateos descreídos de Izquierda Unida. Son votos que al PP le salen casi completamente gratis; basta con no criticarles, darles un apoyo tácito cuando se manifiestan y votar en contra de la reforma en el Congreso.

Cuando el PP sale a la calle en una manifestación tan decididamente nacionalcatólica, sin embargo, está dando una señal demasiado clara. El electorado que se preocupa por el aborto estará encantadísimo, cierto, pero los votantes centristas moderados tenderán a ver algo muy distinto: el ruido de la vieja España de siempre. La caverna. El eterno amor de la derecha española por el catolicismo antipático, moralismo cruel y obsesión por meterse con la vida privada de cada uno mientras pretenden ser “liberales”. Es decir, un partido de derecha cristianista estilo el Partido Republicano americano, en un país donde la religión tiene papel  marginal comparado con los Estados Unidos.

Visto desde el punto de vista de votos y votantes, el PP ayer perdió votos, no los ganó; lo único que hizo fue reforzar la imagen negativa entre los votantes moderados que el PSOE trabajó muy duro para crear la legislatura pasada. Estoy seguro que Rajoy y compañía lo saben, pero sin embargo han estado perdiendo el tiempo toda la semana con ello. ¿Por qué? La respuesta, me temo, son las encuestas.

No, no me refiero a la absurda encuesta del País de hoy sobre Gürtel - esa que dice una mínima oscilación dentro del margen de error es un cambio tectónico. Me refiero a la valoración de Rajoy entre las bases de su propio partido, y como el nucleo duro de votantes del PP creen que el liderazgo actual es un grupo de patanes incompetentes. La cúpula de los conservadores estos días está a la defensiva; la excelsa incompetencia en la gestión del caso Gürtel les puede hacer mucho daño. A quien Rajoy teme estos días, sin embargo, no es al electorado, sino a su propio partido - y más concretamente, a todos esos notables con ganas de cortarle la cabeza.

¿Por qué Cospedal y otros pesos pesados de la dirección estaban en la calle ayer? Básicamente porque José María Aznar anunció que iba a asistir a la manifestación. La reforma realmente no es demasiado significativa (está codificando lo que es la práctica habitual en España - lo que parece ser el consenso social), pero Rajoy no puede permitirse que ningún líder de la derecha sea más purista que él estos días, así que rompe la -relativamente racional- estrategia pasada para salir de esta.

Si miramos la encuesta de Público (mucho menos tendenciosa), Rajoy necesita un milagro. Los grandes números no parecen demasiado terribles en gran medida porque parece que un tercio del electorado no sabe / no contesta; quien ha prestado atención tiene una opinión básicamente negativa. La resistencia a hacer algo tan visible como defenestrar a Camps viene probablemente de aquí; la opinión pública ya está en contra;  lo último que quiere Rajoy es hacer el desastre aún más visible.

No hace falta decir que un partido está atrincherándose de este modo es cualquier cosa menos una señal de liderazgo sólido, valiente y con futuro. Realmente me parece que el partido haría bien sacando el hacha de una puñetera vez.

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Mientras tanto, en el PP…

Tuesday, April 7th, 2009

Más allá de las intrigas políticas y posible filtración interesada del cambio de gobierno, me parece que -por una vez- Escolar está en lo cierto en una cosa: Rajoy ha vuelto, y el PSOE debería olvidar sus fantasias de sobrevivir en el gobierno gracias a una oposición inoperante.

De acuerdo, estoy dando de nuevo el beneficio de la duda (y siendo extraordinariamente genoroso con ella) a un dirigente político que hasta ahora nunca ha demostrado ser un genio del mal. Pero si miramos las noticias en el PP en las últimas semanas y nos olvidamos del ruido y las risitas de alegría de la izquierda (las de un servidor incluidas), a Rajoy se le han aclarado las cosas bastante.

Empecemos por la última noticia: Losantos pierde su programa. No tengo ni idea cómo se ha cocido la decapitación entre bastidores (me gustaría pensar que una bloguera de élite ha tenido algo que ver), pero por los lloriqueos del sentenciado parece que el tipo se lo olía pero no tiene idea quién se lo ha llevado por delante.

Para el sector más conservador del PP, es una pérdida muy, muy grave. Por mucho que la tropa internauta guste de clamar y proclamar su influencia, Libertad Digital no es ni será nunca un altavoz mediático comparable a una cadena de radio nacional. La derecha americana nunca hubiera llegado a ninguna parte sin sus altavoces radiofónicos, y la derecha montañesa española tampoco lo hará - al menos a corto o medio plazo.

Sin la presión de un energúmeno tirando piedras desde la derecha, a Rajoy le quitan un peso de encima considerable. Se acabó tener que hacer la cuadratura del círculo tratando de hablar a dos electorados al mismo tiempo; la derecha española puede dejarse de esencias ahora y concentrarse en ganar elecciones, que es lo que realmente importa.

La “muerte” mediática de Federico no es una buena noticia aislada; Rajoy ha tenido más sorpresas agradables. Contra todo pronostico (y a la espera que el culebrón del tesorero de Génova no le destroce el chiringuito), parace que Garzón le habrá hecho un favor; las grandes víctimas políticas de sus pesquisas han acabado siendo Aguirre y Camps. Menos ruido interno, y más cuando el mejor amigo de la lideresa está muy ocupado buscando un nuevo curro.

Eso no es todo. Si se confirma como parece que la renovación del gobierno de Zapatero es básicamente una chapuza mal llevada, el PP como organización va a oler sangre: el camino más rápido para llegar a un ministerio ya no es pasando por encima del cadáver de Rajoy, sino haciéndole la pelota y echando al PSOE de la Moncloa bajo su liderazgo inspirado. Con el gobierno en el punto de mira, los notables del PP dejarán de perder el tiempo pensando en como tirar la última garzonada a la gloriosa cocorota de su bienamado líder, echaran toda la culpa al primer pringado que puedan, y se centrarán en el gobierno. Vamos, yo lo haría; quiero ser ministro de fomento. Sí, siempre hay los cuatro ideólogos irredentos que nunca están contentos, pero ahora que su amigo de la radio ya no está, nadie les hará demasiado caso.

Lo cierto es que no sé si Rajoy ha tenido suerte, ha sido hábil, o que con la tormenta de bofetadas que se está ganando Zapatero algún día algo le tenía que salir bien a la oposición. Si estoy en lo cierto (y Garzón, repito, no encuentra algún cadaver gigante en el armario del tesorero de Rajoy), Zapatero tiene oposición por primera vez en años. Es hora que se pongan las pilas.

A todo esto, espero sorpresas mañana (ya que estoy para fiarme de Escolar, sigo con ello) en los nuevos ministros… así que hablaremos si la han pifiado de verdad o no en cuanto sepamos algo más. Al paso que van, conseguirán que vote a… no sé, otro partido. Ya tengo pesadillas. Alguien tiene que darle a este gobierno dos tortas, a ver si se despierta, o están más que perdidos.

Por cierto, si miramos los datos de la crisis de estos días en agregado (no país por país, o sólo mirando a EUA, que es lo que hago siempre) y la comparamos con 1929, la cosa pinta mal. Muy mal. De hecho, peor que los años treinta. Alegría.

Esencias conservadoras

Tuesday, November 25th, 2008

Siguiendo con partidos y discusiones, el Partido Popular parece estar sufriendo esa extraña condena que los partidos con ex-presidentes del gobierno jóvenes parecen tener que soportar. Jose María Aznar salía ayer hablando de ideas y haciendo la pelota a Esperanza Aguirre en el momento más inoportuno. El país anda en una crisis económica espantosa, y la gente del PP parece más preocupada de discutir sobre cual debe ser la verdadera esencia del partido a hablar del planeta tierra.

Eso no implica que Aznar no tenga algo de razón, de todos modos. Con la economía en recesión y el gobierno dando mensajes bien poco claros (nota para Moncloa: si se quiere aumentar el presupuesto de la ley de dependencia, llamadle “estímulo fiscal”. Uno, por que los es. Dos, así parecéis competentes), el PP no debería tener problemas demasiado serios para ganar terreno claramente en las encuestas si fuera capaz de explicarse remotamente bien. La verdad, no hace falta que sea un plan demasiado “serio” en el sentido de detalle; de hecho, no hace falta ni siquiera que sea demasiado conservador. Lo único que tienen que hacer es hablar de economía con fuerza, constantemente, y con un mensaje consistente.

Y aquí es probablemente donde Aznar se equivoca; no estoy seguro que cualquier mensaje valga. Ponerse a repetir los mantras que neoconservadores clásicos (menos impuestos, más mercado, valores tradicionales) es emitir un mensaje coherente, pero no creo que sea demasiado sólido. En un mundo en que el partido republicano ha despeñado la economía del planeta repitiendo esos mantras de forma insistente, pasearse por España diciendo que tenemos que volver a eso no es exáctamente una buena idea. Es cierto que es necesario liberalizar y reformar algunos sectores cruciales de la economía española (empezando por las universidades) y simplificar otros (administración de justicia), pero no creo que los votantes estén para esos matices; el PP tienen que cambiar su retórica si quiere llegar lejos.

La derecha española tiene una oportunidad única de redefinir el discurso. Lo que es bastante discutible es que uno pueda redefinir apelando a un mensaje que todo el mundo está deslegitimando con fuerza. Harían bien de mirar a Cameron y los conservadores británicos para ver como uno puede seguir siendo conservador, pero con un lenguaje y temas adaptados a este siglo.