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Archive for the ‘irrelevancia informativa’ Category

Malos malísimos y sus amigos

Tuesday, August 24th, 2010

Fox News lleva unos días perdiendo la cabeza con la dichosa mezquita de la zona cero (que ni es una mezquita, ni está en la zona cero, etcétera), diciendo que algunas malvadas entidades que financian el tinglado tienen un largo historial de apoyar organizaciones terroristas. Los constructores de la mezquita tienen amigos malvados - ergo, el proyecto es parte de la conspiración islámica internacional para subyugar occidente con centros sociales con salas de conferencias, gimnasio y piscina.

El gran Satán del día es la  Kingdom Foundation del príncipe saudí  Al-Waleed bin Talal, un tipo que ha pasado dinero a organizaciones relacionadas con la flotilla de Gaza y al Consejo de Relaciones Islamico-americanas, ambas, según Fox, focos de odio terrorista.  Hay un pequeño problema: Al-Waleed bin Talal es el segundo mayor accionista de News Corp, los propietarios de Fox News.

Esto es, Fox News financia un tipo que financia grupos terroristas. Fox News es, según definición de Fox News, amigo de terroristas, siendo por tanto una organización terrorista. Aún más allá: New Corp ha dado un millón de dólares al partido Republicano para la campaña electoral de noviembre (manda huevos, por cierto), así que el partido Republicano es un brazo del terrorismo islámico internacional.

Cielos santo, vamos a morir todos.

Después dirán que lo de la mezquita de la zona cero no tiene nada de propaganda electoral pura y dura, cinismo y gilipollez criptoracista para sacar votantes cavernícolas a las urnas. En fin. La última palabra para Jon Stewart, el comentarista más sensato (como de costumbre) en este tema:

The Daily Show With Jon Stewart Mon - Thurs 11p / 10c
Extremist Makeover - Homeland Edition
www.thedailyshow.com
Daily Show Full Episodes Political Humor Tea Party

El eterno avance hacia la retaguardia

Thursday, August 19th, 2010

Hace apenas dos años, el partido demócrata ganó las elecciones en Estados Unidos. Era la segunda victoria consecutiva, incrementando la paliza que ya le habían dado a los republicanos en el 2006; un éxito rotundo.

Un partido político normal en estas circunstancias subiría a la torre más alta y aullaría que el país les da la razón. Los votantes les han dado su confianza; han ganado las elecciones legislativas con diez puntos de diferencia. Es una nueva era, el inicio de un nuevo mundo. Vamos a mandar porque los votantes nos han dado la razón. Con dos cojones.

El partido demócrata, por desgracia, no es un partido normal. Por no ser, no es ni siquiera un partido dubitativo, o incluso moderadamente incompetente. Ni siquiera son tímidos, actuando con cautela, como pidiendo disculpas por ser los reyes. No, los demócratas están hechos de otra pasta. Después de ganar las elecciones, el partido lleva dos años viviendo en el más absoluto terror, huyendo de forma despavorida ante la más mínima sospecha que alguien, en algún lugar de Estados Unidos, les pueda acusar de ser miembros del partido demócrata.

Supongo que habréis escuchado algo sobre esta polémica absurda de la “mezquita de la zona cero“. En Julio del 2009, un edificio abandonado a dos calles de donde estaban las torres del World Trade Center fue comprado por unos cuantos inversores y entidades sin ánimo de lucro. La intención era demolerlo y construir un edificio de trece plantas para que albergara un centro cultural islámico, con centro de conferencias, restaurante, gimnasio, espacio para reuniones y una (pequeña) sala de plegaria (no mezquita). Algo parecido a un YMCA, sólo que islámico, vaya; nada del otro mundo.

El tema pasó sin pena ni gloria, con la ciudad dando los permisos necesarios sin demasiado problema. La gente del barrio no movió una ceja, sin que nadie pareciera preocuparse demasiado. Hasta que hará cosa de dos o tres semanas la idiota oficial de Estados Unidos, la inefable Sarah Palin, decidió tuitear (sí, tuitear) sobre el tema, pidiendo que la ciudad de Nueva York refudiara (refudiate - sí, la chica se inventó el palabro, toda orgullosa) la construcción de esa mezquita que desecraba un lugar sagrado.

Casi de inmediato, la maquinaria mediática de la derecha americana se puso en marcha. La blogosfera conservadora empezó a clamar a los cuatro vientos que la mezquita era una afrenta, un símbolo de victoria para los terroristas o algo peor. Las radios conservadoras, con Sean Hannity a la cabeza, empezaron a clamar a los cuatro vientos que la construcción de una mezquita les ofendía profundamente, y que debían ponerla en otro sitio, como más lejos mejor. Fox News se lanzó a buscar víctimas del 11-S a destajo para que mostraran su profunda tristeza y/o indignación, encontrando incluso algunos musulmanes familiares de víctimas para demostrar que respetan al islam.

Clamor popular. Polémica espantosa. La nación americana soliviantada. Al cabo de unos días, toda la prensa hacía periodismo de imbestigasión, preguntándose con cara seria ¿es la mezquita una afrenta a nuestra patria?, poniendo el micro delante de cualquiera que quisiera decir alguna burrada sobre el tema.

Echemos un vistazo al “problema”. Para empezar, en la zona sur de Manhattan todo, absolutamente todo, está a dos o tres manzanas de todas partes. Nueva York es una ciudad increíblemente densa, y ese barrio es de lejos la parte más apretada de la isla. Es una zona con una concentración de negocios, viviendas, oficinas y servicios inmensa, con una numerosa comunidad árabe. Segundo, dentro del antiguo World Trade Center había una mezquita. Tercero, el barrio ya tiene una mezquita, a diez minutos a pie de la zona cero. Cuarto, el edificio no es una mezquita.

Quinto, y más importante, la Constitución de los Estados Unidos, ese dichoso documento que los conservadores locales dicen adorar, establece en su primera enmienda la libertad de religión de forma directa y sin ambigüedades. Para hacer las cosas aún más claras, el texto también establece el derecho a la propiedad privada, y más específicamente, a hacer lo que uno quiera con su terruño. La derecha americana trabajó muy duro para aprobar una ley que hiciera más fácil conseguir permisos para construir edificios religiosos; esto es algo que el partido republicano en teoría se toma muy en serio.

Dicho en otras palabras: es un proyecto privado con todos los permisos en regla. Si el edificio fuera una sinagoga, un edificio de la cienciología o un templo del Monstruo de Spaguetti Volador no habría el más mínimo problema. Siendo como es un edificio islámico, sin embargo, la derecha americana ha decidido sacar a pasear eso de “¡todos los moros son terroristas!” y que dar la razón a un moro es dar la razón a Bin Laden y se ha lanzado en un ejercicio de histeria absoluta, con gente como Newt Gingrich comparando el islam con el nazismo (así, a lo bruto) y todo Dios perdiendo la cabeza por ello.

La reacción del partido demócrata ha sido sencillamente épica. Han salido a la calle, han descubierto que la posición de los republicanos es intolerante y cerril, han visto que la constitución les da la razón, han recordado que ganaron las elecciones gloriosamente hace nada y… han decidido reaccionar con temor y una cobardía espantosas, dando la razón a los idiotas vociferantes que defienden que todo aquel que no sea cristiano no merece que le respeten sus derechos constitucionales. Prácticamente todos. Sin excepción. Incluso Howard Dean, ese supuesto liberal de verdad, ha salido por piernas aterrorizado.

Sólo dos políticos hasta ahora han estado (casi) a la altura. Uno ha sido Barack Obama, este fin de semana, defendiendo el derecho de los promotores a construir el centro social - matizando, eso sí, que cree que quizás estaría mejor en otro sitio (curiosamente, lo que señalan las encuestas en Nueva York). El otro ha sido Chris Christie, gobernador republicano de Nueva Jersey. El único político que realmente ha dicho las cosas como son, claramente y de forma directa, ha sido Michael Bloomberg, el alcalde de Nueva York, en un discurso realmente fantástico.

Mi reacción a todo esto es decepción. Pura, profunda, decepción. Como dice Tai-Nehisi Coates, se me hace muy difícil apoyar un partido que es incapaz de reaccionar ante el matonismo intolerante de una tipa que no fue capaz de completar un mandato como gobernadora de ninguna parte. No es que los demócratas hayan protestado o intentado ser remótamente ecuánimes; el partido ha decidido que no puede ganar incluso antes de abrir la boca, arrastrándose de forma patética en algo tan básico como defender la libertad de culto en un país nacido bajo esa idea. No es que sean cobardes, débiles o populistas, es que son incapaces de ofrecer la más mínima resistencia.

Es un espectáculo patético, lamentable, ver como los sectores más rancios, más unicejos, más estúpidos de la derecha americana son capaces de inventarse una polémica, decir que todo el mundo está profundamente ofendido, y hacer que el partido demócrata se retuerza como un perrito apaleado. Lo de la ley de sanidad fue una aberración, un extraño milagro. Obama es un político decente, pero la inmensa mayoría de su partido es una chusma cobarde y patética.

Lo más triste es que los republicanos están completamente locos, así que la alternativa es aún peor. Que Dios nos pille confesados.

(more…)

Movilización social 101 (II): cuestión de números

Tuesday, August 17th, 2010

Entre mis divagaciones paranoico-festivas sobre movilización social del otro día, hay algunos comentarios que me han llamado la atención. Por un lado tenemos los que creen que dedicarse a organizar a las masas en España es entre inútil e imposible: los jóvenes son demasiado difíciles de organizar, no hay coaliciones naturales, la agenda es una pesadilla de vender y básicamente no llegaremos a ninguna parte. Por otro, tenemos aquellos que dicen que manifestarse es básicamente un camino sin salida, ya que el sistema político no reacciona a esta clase de eventos.

Mi respuesta: ¿en qué siglo vivimos, exactamente? O para ser más preciso, ¿por qué queremos hacer una cosa tan aburrida y pasada de moda como sacar las masas a la calle? A estas alturas de la película, me parece que todos éramos ya conscientes que a estas alturas a los medios de comunicación les importa menos los números que el espectáculo, y a los políticos les preocupa más no hacer el ridículo que saber cuánta gente hay en la calle.

Traducido a movilización social, no estamos buscando convencer a mucha gente. Lo que queremos es aprovechar que gracias a los milagros de la tecnología, nuestra capacidad de hacer ruído depende mucho más de nuestro talento atrayendo a los mandriles periodistas a nuestro redil que de otra cosa. Si queremos que los políticos nos hagan caso, tenemos que forzarles a contestar preguntas que no quieren responder, corriendo el riesgo de quedar como idiotas si no lo hacen.

Un ejemplo: George Allen y su “momento Macaca“. Allen era el candidato republicano para el Senado en Virginia; un tipo conservador con una curiosa tendencia a pasear la bandera confederada y cierta reputación de intolerancia. Los demócratas habían intentado en vano meter el tema en el debate sin resultado, hasta que un día un becario con una cámara de video tuvo un golpe de suerte: Allen llamándole “macaca” (mono) de forma más bien desconsiderada. Video en Youtube un día, en la blogosfera en dos, en CNN en tres - y Allen, el favorito en las encuestas y potencial material presidencial perdiendo las elecciones al cabo de unas semanas. Organización necesaria: cuatro o cinco tipos, y paciencia a raudales. No está nada mal.

Estos golpes de suerte no suceden demasiado a menudo, pero  un grupo relativamente pequeño de gente bien organizada y creativa pueden arreglárselas para poner un tema en el debate y hacer la vida imposible a los políticos. Si me permitiís desempolvar viejos manuales, podemos decir que internet, las nuevas tecnologías y la creciente estupidez de los medios de comunicación abren nuevas posibilidades a la vanguardia del proletariado.

Dejadme soltar una idea loca a corte de ejemplo. La generación de jóvenes actual, los que sufren un 40%+ de desempleo, es una generación que no ha podido crecer - no han llegado a ser adultos porque el mercado laboral les ha cerrado las puertas. Nada de encontrar un trabajo, buscar un piso, casarse, tener hijos etcétera, saliendo de casa antes de los 25 como hacen en países normales; los jóvenes en España están condenados a permanecer en un limbo semi-infantil durante años. Son bebés forzosos al cuidado de sus padres, sin que nadie haga nada para remediarlo.

Si queremos transmitir este mensaje ¿Por qué no organizar una visita de eternos bebés forzosos a unos cuantos actos políticos? La próxima vez que un presidente autonómico, ministro o cargo político con cierto peso mediático tenga un acto más o menos vistoso, organicemos un grupo de 40-50 veinteañeros para que lo persigan vestidos de bebé. Basta con unas cuantas cámaras, un par de amiguetes en algunos medios (no son difíciles de encontrar - algunos andan por la blogosfera y todo) y ciertas ganas de posar en pañales, chupete y biberón para hacer un ruido espantoso, y provocar pesadillas a un político durante años. Con un par de portavoces inteligentes y con sentido del humor, una infraestructura decente en internet lista para animar imitadores y un poco (mucha) suerte, uno puede tener a los medios obsesionados en tu causa una buena temporada.

Por descontado, la táctica de la invasión de bebés es un poco burda - y (probablemente) no llegaría demasiado lejos. Una serie de eventos y movidas parecidas (y espero un poco menos estúpidas - a mi me va la brocha gruesa), bien coordinadas, pueden llegar muy lejos, incluso sin estar movilizando a las masas con grandes manifestaciones. Sacar 5.000 personas a la calle es complicado y tiene un mérito enorme, pero a estas alturas no vas a salir por la tele. Si queremos ser relevantes en este mundillo, sin embargo, no basta con ser muchos - es necesario saber dónde están las cámaras.

Las protestas estilo guerrilla propagandística, por descontado, no son una panacea - por sí solas no acostumbran a llegar demasiado lejos. Ahí es donde entrar crear redes, expandir nuestra organización, y movilizar a más gente. Lo que tenemos que recordar, sin embargo, es que no estamos buscando ser la mitad más uno - sólo queremos ser suficientes como para que nos presten atención.  Pero de eso hablaremos (como no) otro día.

El eterno retorno a la irrelevancia

Thursday, July 29th, 2010

En el debate político español dos clases de temas distintos. Por una lado tenemos los debates económicos, al que nadie le presta puñetera atención. La conversación acostumbra a ser gobierno propone, PP dice que es mala idea, IU dice que es neoliberalismo y nacionalistas dicen que es centralista, y poco más que hablar. No importa que hables de liberalización del mercado eléctrico o del horario de las farmacias, los periodistas y opinadores se aburren rápido, así que hablan sobre lo bien que duerme Zapatero o cómo José Blanco es tan sexy cuando se pone en plan decisivo.

La segunda clase de temas son los que están relacionados con la moral y moralina. Son cosas más o menos importantes, pero que normalmente afectan a un porcentaje ínfimo de la población. Inevitablemente son historias humanas, y casi siempre afectan a la Iglesia o algún personaje famoso. El debate, en estos casos, es cualquier cosa menos técnico, y se centra siempre en las connotaciones morales y los grandes, grandísimos conceptos que rigen la sociedad humana, aplicados a temas tan concretos como sea posible: ¿estamos a favor de la cadena perpétua para los tres tipos que cometen un crimen depravado al año? ¿tiene derechos el feto antes de los tres meses o empieza a tenerlos después? ¿qué define la identidad española? ¿sueñan los catalanes con ovejas con  las quatre barres?

A los periodistas, no hace falta decirlo, les chiflan estos temas, ya que tienen dos características cruciales: primero, no hace falta tener idea de nada para montar un argumento perrofláutico con grandes conceptos sobre la materia, y segundo, pueden poner cara de guardianes del debate social y ponerse medallas de estar llevando a cabo una tarea importante y madura de canalizar el sentimiento del pueblo, su verdadera vocación.

De vez en cuando la clase política les da a los periodistas un regalo en la forma del debate más perroflauta posible - un debate que incluye una combinación de temas profundos en los que realmente pueden ser creativos e ir más allá. Algo que mezcla, por ejemplo, el derecho a la vida, libertades individuales, la sagrada imagen que tiene España de si misma y el eterno separatismo comunista y traidor vascongado y/o catalán. Ayer el Parlament creo uno de estos monstruos, un imán casi perfecto de perroflautismo hispánico: prohibió los toros.

A decir verdad, la decisión me parece bien, aunque me importa más bien poco. Los toros no me gustan demasiado (básicamente porque la idea de tener que llevar amigos americanos a una corrida me da una grima tremenda), pero es un tema tan menor, y en algo que algunos adoran con tanta devoción, que si no se hubieran prohibido no me hubiera importado. En Cataluña quizás hubo tradición hace años, pero siendo como es la región más hippieprogre de España es bastante normal y esperable que o desaparecieran por sí solos (sólo queda una plaza activa, y no va casi nadie) o que los políticos se pusieran la medalla diez minutos antes. La importancia real de los toros en Cataluña es marginalmente mayor a la del número de visitas que recibe el museo de Mossen Cinto Verdaguer - era algo inevitable.

Por descontado, los medios de comunicación españoles no son de la misma opinión, y menos en un tema que permite tan altos vueltos de perroflautismo. Los todólogos no sólo pueden emitir juicios morales y hablar de la patria española y sus enemigos separatistas, sino que encima pueden citar a Picasso y Hemingway y parecer unos intelectuales de calado y presencia. El país entero está reaccionando a la noticia con entusiasmo, en una alegre carrera hacia la mayor profundidad ostentórea posible, sea proclamando los derechos del toro y el progreso inevitable de la ilustración citando pinturas de Goya, o clamando que hemos matado al arte, la tradición, el fantasma de Felipe II y España. Todo por algo que no tenía apenas público en Cataluña, y que seguirá siendo perfectamente legal en el resto del país, donde los toros (recordemos) tienen cada vez menos aficionados.

En fin, todo sea por mantener nuestro gran aprecio a hablar del tema más irrelevante posible. País.

Nota al margen: lo realmente interesante y que deberíamos repasar en detalle es la movilización ciudadana en sí, y cómo los organizadores han conseguido que los partidos abrieran la disciplina de voto. Como comentaba Edgar Rovira en Twitter, no sé si es debido a una estrategia brillante o es que el tema se prestaba a ello especialmente, pero valdría la pena mirarlo con cierta calma. Me sabe mal no haberlo seguido con más atención, la verdad.

Flirteando con el racismo

Thursday, July 22nd, 2010

Una de las cosas más difíciles de entender de la política americana es el hecho que ciertos sectores de la derecha hablan en código. Fox News, Glenn Beck, Rush Limbaugh o Sean Hannity nunca dicen nada directamente racista, pero son capaces de sugerir de forma implícita resquemores raciales que son perfectamente comprensibles para la audiencia.

En las últimas semanas, sin embargo, la derecha americana parece estar empezando a tener problemas para mantener esta disciplina de mensaje, y están empezando a sonar quizás no racistas, pero si increíblemente paranóicos. Una de las tácticas preferidas del pelotón mediático conservador desde que Obama llegó al poder es decir que el presidente es de hecho un racista camuflado, un negro que odia a los blancos secretamente. En esta curiosa interpretación de la realidad, toda acción de la Casa Blanca es vista como parte de una misteriosa obsesión presidencial para hacer que los blancos paguen por las injusticias pasadas. Beck o Hannity no son racistas; el problema es Obama, que odia a los blancos.

Echemos un vistazo a las “polémicas” que la blogosfera conservadora y Fox News han sacado a pasear ultimamente. El departamento de Justicia presuntamente no quiere investigar un caso de Panteras Negras intimidando a votantes blancos en Filadelfia, dos días antes de las elecciones del 2008. Es un caso aislado que consiste en dos tipos con porras en un barrio negro, con cero (cero) votantes denunciando nada; la administración Bush cerró el caso en enero del 2009, en vista que no había nada. Esto, para algunos comentaristas, es evidencia clara y evidente que Obama es racista, y Fox News lleva “debatiendo” este punto desde hace un par de semanas.

La penúltima polémica es el proyecto de construir una mezquita / centro social a dos manzanas de la zona cero en Nueva York, con Sarah Palin como gran campeona. Es como si un nacionalista español protestara la existencia de restaurantes vascos en Hipercor, más o menos; “malvados musulmanes” que no son de los nuestros y me ofenden. El hecho que las asociaciones vecinales y el ayuntamiento de Nueva York estén a favor es irrelevante; Obama odia a los blancos y se ve obligado a ayudar a las minorías oprimidas o algo así.

El caso más reciente es sobre Shirley Sherrod, una cargo intermedio del departamento de agricultura. Andrew Breitbart, un “periodista” conservador independiente, colgó en internet unos días un video de esta mujer dando un discurso en el que decía que no había ayudado a un granjero blanco tanto como debería debido a su raza. No hace falta que diga que Sherrod es negra, así que Fox y toda la horda de comentaristas conservadores se lanzaron a especular si eso era evidencia clara y contundente del racismo antiblanco de la administración Obama. En un ataque de pánico Tom Vilsack, el secretario de agricultura, despidió a Sherrod de forma fulminante, entre grandes aspavientos y gritos de victoria de los de siempre.

Pequeño problema: el video era básicamente mentira. Breitbart editó (el dice que “le pasaron el video así”, pero ya me diréis si eso es creíble) el discurso, recortando la historia de forma creativa, para hacer que Sherrod pareciera estar diciendo exactamente lo contrario. La historia era que hace veinte años ella había tenido esa clase de dudas, pero conocer a los granjeros y ayudarles le hicieron entender que el problema no era racial, sino de pobreza - y que todos los pobres, blancos y negros, están en el mismo barco. La familia que ayudó son amigos de por vida con ella, y de hecho estuvieron dando entrevistas constantemente contándolo.

El padre de Sherrod fue asesinado por el Ku Klux Klan cuando ella era sólo una niña, así hablar de perdón y reconciliación en su caso tiene mucho, mucho mérito. Los medios conservadores, sin embargo, se lanzaron con la historia igual. La reacción de Vilsack (la Casa Blanca dice que no tuvieron nada que ver) fue patética, despidiéndola sin contrastar nada, pero el hecho que esta historia acabara monopolizando el debate mediático toda la semana dice mucho de la estupidez congénita de la prensa americana, y de la extraña capacidad de los medios conservadores de dominar la agenda.

Iba a decir que esta vez será distinto, y que los medios “moderados” (CNN, ABC, etcétera) acabarían por darse cuenta que Fox News les está tomando el pelo. La verdad, no creo que eso suceda. ¿Recordáis el escándalo ACORN hace unos meses? También inventado por Breitbart, fue algo parecido (video escandaloso, polémica, la ONG acusada de toda clase de conspiraciones anti-blancas cierra, video resulta ser falso), y los medios ha caído igual.

La única esperanza es que esta clase de tonterías empiecen a ser tratadas como lo que realmente son: la derecha americana flirteando con el racismo a base de acusar a otros de serlo. No creo que los periodistas generalistas lleguen a eso (esto de decir lo obvio no va con ellos, especialmente si ofenden a los conservadores), pero la cosa ya empieza a ser tan descarada que no hace falta ni decirlo.

Lo triste es que ayer el Presidente firmaba una ley realmente importante, la reforma financiera, y con estas estupideces pasó completamente desapercibida.  La política de este país es realmente extraña.

El futuro de la izquierda y la fantasía de los mensajes

Tuesday, June 22nd, 2010

Ignacio Urquizu publicaba este domingo un largo artículo sobre el futuro de la izquierda en el país que merece ser leído con atención, aunque no estoy del todo seguro que esté de acuerdo con sus conclusiones.

Dicho a lo bruto: al electorado en general le importa un comino lo que diga la izquierda. Comparto las ideas que defiende Ignacio en el artículo (aunque tengo ciertas reservas sobre limitar las instituciones independientes) y estoy seguro que puntúan muy bien en las encuestas, pero creo que centrarse en nuestros problemas de comunicación no nos va a sacar del pozo.

Basta echar un vistazo a las encuestas en España. El PSOE puede que tenga un discurso económico especialmente coherente, pero es capaz de ofrecer de vez en cuando una medida concreta y una defensa de su ideas ocasionalmente racional. El PP, mientras tanto, tiene un programa político completamente invisible, con un líder que parece patológicamente incapaz de tomar decisiones. Rajoy, sin embargo, ganaría de 7-10 puntos en unas generales ahora mismo, a base de decir que él no es Zapatero ya que tiene barba.

Dicho en otras palabras: la “crisis” de la izquierda viene en gran medida porque en junio del 2007 estaban en el poder en muchos sitios, y cuando empezaron a caer chuzos de punta, fue la izquierda la que se llevó los tortazos. En España le ha tocado a Zaparero, en Reino Unido a Brown, en Italia a ese manicomio al que llaman izquierda y en Alemania el pobre SPD acabó pagando los platos rotos en un gobierno de gran coalición (sucede a menudo, por cierto). Sarkozy tuvo la potra de llegar al poder antes de la crisis, pero ganar unas presidenciales contra la izquierda francesa estos días es como pegar a un niño feo y gordito. Si cualquiera de los orgullosos paladines conservadores europeos (exceptuando Cameron) se enfrentara a unas elecciones ahora, sudaría lo suyo para ganarlas, básicamente porque el electorado tiende a castigar lo primero que tiene a tiro.

Podemos hablar mucho del futuro de la izquierda y narrativas (y yo soy culpable de ese perroflautismo, no lo duden…), pero no debemos confundir los problemas que tenemos para decidir políticas públicas con el hecho que el electorado tenga la costumbre de echar a patada a sus gobernantes cuando la economía va mal. La derecha estos días está igual de perdida que nosotros buscando qué políticas debe aplicar (véase el alegre caos que es el partido republicano en Estados Unidos, o los problemas de la coalición de Merkel). La identidad de la izquierda, el objetivo de los debates sobre qué queremos defender, desde centrarse no en qué mensaje o proyecto venderá bien, sino en qué políticas públicas nos darán lo que el electorado entiende: buenos resultados económicos y sociales, y una sociedad más igualitaria y más justa.

Cosa que es, por cierto, mucho más difícil que descubrir un nuevo discurso que sea fácil de vender. Pero ese es otro tema.

La paradoja del activismo digital (II)

Tuesday, June 15th, 2010

Lo más deprimente del activismo digital es que los mensajes cada vez parecen más algo salido de una agencia de relaciones públicas tradicional. Los comunicados de prensa, bitácoras de campaña, mensajitos de Twitter y página de Facebook son, en gran medida, una repetición mecánica de la comunicación oficial / oficiosa de toda la vida - los políticos dicen lo mismo que antes, aunque sea usando gramática SMS.

Esta clase de mensajería se extendiende a las comunicaciones que envían a los militantes / activistas, con esos correos electrónicos llamándote a la acción con lenguaje de colegueo entusiasta, y por descontado, a los mensajes que los políticos acaban repitiendo en los medios tradicionales. Los militantes acostumbran a acabar teniendo la lección bien aprendida después de tantas repeticiones, así que las blogosfera de segundo orden de los partidos, movimientos sociales y lugares de ese estilo acaban por tener un marcado tono oficialista. Si encima se leen entre ellos de forma obsesiva (algo que hacemos en las mejores familias), el resultado es una especie de bloque monolítico bien poco creativo, replicando en internet lo que veíamos fuera de ella.

Esto es así por un muy buen motivo: la disciplina de mensaje realmente funciona. Es una de esas cosas deprimentes de la comunicación política, pero que no deja de ser cierta - un mensaje sólido, unificado y consistente es mucho más efectivo que lo que hace el PSOE español cuando tiene un mal día. La belleza de internet (y que tiene a todo el mundo emocionado) es el hecho que ahora podemos ir más allá de repetirte el mensaje, sino que encima podemos adaptarlo a cada activista de forma especializada. El partido demócrata no me envía mensajes sobre política educativa porque saben que me importa un comino (básicamente, porque sé poco sobre el tema), pero en cambio me bombardea sobre temas de transporte, porque saben que lo leo. Ahora te podemos enchufar no ya el mensaje oficial que queremos que escuches, sino crear tu mensaje personal. Es maravilloso.

¿El problema? Sospecho que esta clase de cosas son sólo marginalmente efectivas. La personalización del mensaje es algo estupendo, pero no es tan novedoso; la NRA lleva dirigiendo sus diatribas monotema a sus activistas desde tiempo inmemoral sin demasiado problema. Es una ventaja para organizaciones grandes, pero no una gran salto adelante. El gran incoveniente, a mi modo de ver, es que esta clase de discursos monocolores realmente desaprovechan el potencial de internet de forma bastante triste.

Volvamos a esos sueños de activismo individual en los años mozos de internet. La idea esos días es que colectivos de blogueros entusiastas se asociaran y formaran gloriosos nuevos grupos de presión, cada uno con su voz y su guitarra. Estos grupos aparecen, por supuesto (Neoprogs somos la banda de prog-punk más estupenda de la red) y son capaces de hacer cierto nivel de ruido, pero su potencial es desperdiciado.

¿Recordáis eso que comentaba hace un rato que el activismo es sobre todo trabajar para ganarse la confianza de tu audiencia? El mecanismo de comunicación monolítico que vemos en la red de forma obsesiva (y que básicamente todos los gurús venden) no está realmente intentando hacer nada en este sentido; cuando digo que hacen relaciones públicas, la estrategia es casi literal. Los monolitos se plantan ahí fuera y emiten publicidad en todas las frecuencias, y al final todo el mundo que se pasea por la red acaba escuchando algo, aunque sea como interferencias y ruido de fondo. Es una extensión lógica de la disciplina de mensaje y de partido, pero es el equivalente tecnológico a utilizar una central nuclear para cocinar huevos fritos - estamos usando algo increíblemente potente de la forma más torpe posible.

La cuestión es, la comunicación en internet puede ser muy efectiva para crear un vínculo de confianza entre activistas y público. Aunque requiere una cantidad de tiempo y esfuerzo considerable, el hecho de tener un canal de comunicación directo (¡y bidireccional!) sin limitaciones sobre qué podemos decir abre la posibilidad de abrir conversaciones muy efectivas. Un político o actor social puede explicarse muy bien en internet, hablando de forma muy directa con el público.

Un par de ejemplos: José Rodriguez y Jordi Sevilla. Son dos bitácoras parecidas; en ambos casos tenemos a alguien cláramente identificado con una organización (un sindicato y un partido) que a menudo defienden sus puntos de vista y posiciones. Ninguno de los dos, sin embargo, repiten mecánicamente las consignas y retórica de los argumentarios, y de hecho, no se cortan demasiado de salirse de guión de vez en cuando. Los lectores saben que cuando los autores dicen algo lo creen de veras, ya que no tienen ningún problema en abandonar la ortodoxia. Su credibilidad es mucho mayor que el de cualquier bitácora de político estilo zombie, así que su capacidad para influir es mucho mayor.

El problema, claro esta, es que eso rompe el sacrosanto principio de la disciplina de mensaje. Los partidos temen lo desconocido por encima de todo, y nada les da más miedo que meterse en una campaña sin sus pequeños argumentarios. Tener una cacofonía de voces independientes puede crear una constelación de activistas mucho más efectiva que los viejos mensajes monotema, pero para un responsable de comunicación es un mundo lleno de potenciales pesadillas. ¿Qué pasa cuando un diputado molón admite en voz alta que una reforma es un pegote? ¿O cuando un cargo de partido hace comentarios sarcásticos sobre un potencial socio de gobierno? ¿Qué hacemos si algún genio con bitácora explica una idea propia potencialmente tóxica sin dejar claro que no es lo que cree el partido?

Por mucho que esa clase de patinadas haga sus bitácoras mucho más creíbles y efectivas, las campañas electorales no se ganan en internet, se ganan en la prensa y en la radio. Y todos sabemos cómo los medios tradicionales cubren las polémicas nacidas en la red, tomándose el comentario del último mono con perfil en Facebook como la verdad revelada de lo que piensa un partido. La cacofonía de voces (que recordar, es más jerárquica de lo que parece) puede ser muy aparente y seductora, pero mete a los partidos en potenciales berenjenales un poco demasiado a menudo.

¿Quiere decir esto que los partidos no pueden salir de la estrategia del mensaje-apisonadora al hacer política en internet? No necesariamente. Pero para eso, tenéis que esperar un poco.

La paradoja del activismo digital (I)

Tuesday, June 15th, 2010

La evolución de la internet política en Estados Unidos es, en cierto modo, la historia de una decepción. En los primeros años de la blogosfera (dos o tres años que empezara a escribir por aquí) se escuchaban muchas voces diciendo que la comunicación política, tal como la conocemos, iba a cambiar para siempre. Los partidos, los medios de comunicación convencionales, los políticos, todos iban a perder el control del debate político, con los ciudadanos tomando posesión de la agenda a golpe de la gloriosa anarquía de la red.

El problema es que esto no ha acabado de suceder del todo. Más bien al contrario, de hecho - no ha sucedido en absoluto. El otro día hablaba sobre como las voces más importantes de la blogosfera o bien habían sido abducidas por los medios clásicos, o bien se habían acabado consolidando en tres o cuatro páginas dominantes. Contro todo pronóstico, las dos voces más dominantes marcando la agenda hoy son básicamente los medios más antiguos: un artículo en un periódico (básicamente, el New York Times), o un programa de radio (sea NPR, Rush, Hannity, Beck o alguien por el estilo), cosa que tiene bemoles.

El activismo digital ha seguido un camino parecido en cuanto decepcionante, pero si ha traído algunos cambios relevantes. El primero, y más claro, es obvio: los costes de diseminar información, compartir consignas y ponerse en contacto con militantes han caído en picado. El coste ponerse en contacto con 100.000 personas al mes es básicamente trivial, así que llevar tu mensaje a las masas es mucho más sencillo que hace quince años. El segundo cambio es que el acceso a la arena pública es completamente libre;  si tienes algo que decir, vociferar como un poseso ya no es cosa de irte a Speaker´s Corner a pegar gritos - ahora, todo el planeta puede escucharte. Aunque no te presten atención.

El pequeño problema viene de algo que cualquier organizador un poco veterano no dudará en recordarte: hablando de activismo, el gran cuello de botella nunca ha sido el factor coste, sino el factor tiempo. Movilizar requiere, ante todo, capital humano - activistas hablando con gente, militantes construyendo una reputación de solidez en tu organización, líderes que poco a poco se ganan el respeto de voluntarios o donantes. Es algo que requiere un esfuerzo considerable, con muchas horas de trabajo y dedicación. El tiempo dedicado a llenar sobres, poner sellos, convocar reuniones y llamar a voluntarios es de hecho una fracción del total - internet ha reducido parte de este coste, pero la verdad nunca fue un coste central.

A efectos prácticos, internet realmente no ha cambiado el activismo demasiado. Las herramientas que utilizamos son bastante distintas y eficientes, pero para hacer algo bien en la red uno necesita unos recursos y organización parecidos, y una cantidad de horas de trabajo bastante comparable. Estando como están los juguetes a disposición de todo el mundo, los actores que antes tenían capacidad de dominar el debate siguen teniendo capacidad de dominar el debate ahora, básicamente porque pueden dedicar más horas/hombre al montar campañas. Los saraos estarán disfrazados con más o menos talento detrás de la careta de movimiento “espontáneo” innovador, pero el dinero y los organizadores profesionales vienen del mismo sitio.

La campaña de Obama es un ejemplo claro, aunque parezca contraintuitivo. Aunque se preocuparon muy mucho de parecer un movimiento de masas espontáneo con cientos de miles de voluntarios, lo cierto es que gran parte del secreto consistía en los 650 millones de dólares que tenían de presupuesto. Es cierto que internet hizo recaudar todo ese dinero algo mucho más sencillo, pero la inversión inicial para montar el sistema fue más que considerable. Y por descontado, Obama era demócrata, no un outsider llegado de un tercer partido. Las redes viejas seguían ahí, esperando ser utilizadas.

Internet realmente tiene un efecto multiplicador considerable, pero para llegar lejos el secreto sigue siendo el mismo, y se llama personal y presupuesto. A medio plazo, los actores de la vieja guardia, los que se abrieron paso en el debate tradicional merced de cientos de miles de miembros, grandes presupuestos y amigos poderosos, acaban por darse cuenta que es necesario explotar la red para no perder su ventaja - y cuando entran, acaban dominando del mismo modo que antes, en gran parte porque tienen más tiempo para ello.

Internet, aparte de los actores, también ha cambiado otra cosa: la política de comunicación de los actores. Pero eso es para la próxima entrega.

Así no aprendemos nada

Thursday, February 25th, 2010

Esta semana nos hemos divertido mucho con la triste actuación de Maria Dolores de Cospedal en el Senado. Es cierto que la pregunta es básicamente estúpida y que la imagen que ha dado ha sido lamentable, pero me parece que -para variar- nos hemos centrado todos en lo irrelevante.

El problema de Cospedal no ha sido que no se explicara bien o que diera una muestra (otra) de poco talento comunicativo; el problema es que estaba haciendo una pregunta sobre un tema serio, y que nadie pareciera preocuparse lo más mínimo (Cospedal incluída) sobre la materia. No me refiero a la absurda posibilidad de montar una base militar americana en Ciudad Real; lo que sí merecía una pregunta parlamentaria era pedir explicaciones por ese elefante blanco en medio de la nada.

El aeropuerto de Ciudad Real es (en teoría) privado, con una inversión de 1.100 millones de euros. A la práctica, la infraestructura recibió una cantidad considerable de ayudas públicas o semi públicas (con la caja de ahorros regional metida hasta las cejas), así que los contribuyentes han participado en la broma. Algo bastante importante, porque ahora mismo el aeropuerto tiene un vuelo regular (sí, uno) y una terminal de carga con tráfico muy, muy, muy modesto. Estaría bien que alguien nos contara por qué alguien ha construido, qué ayudas públicas ha recibido (fiscales, directas y financieras) y cuánto dinero nos va a costar la broma.

Por descontado, todo esto sería hablar de cosas substantivas y serias, no de las posturitas y relaciones públicas de este reality show que es la política. No sea que aprendamos algo por error cuando estamos cubriendo estas cosas, cielos santo. Sí, Cospedal necesita asesores - más concretamente, gente que sepa qué está pasando en el mundo.

Pensiones y el terror a toda reforma

Wednesday, February 24th, 2010

He recibido unos cuántos comentarios irados a causa de ciertos mensajillos sarcásticos de un servidor por Twitter hablando de las pensiones. Primero, disculpas si he ofendido a alguien; segundo, tengo que insistir que la postura de los sindicatos en este tema es complemente absurda, y empieza a bordear el pensamiento mágico.

Cierto, el sistema de pensiones no tiene por qué estar irse al garete. Las previsiones en los estudios son eso, previsiones; si las cosas van mejor de lo previsto, el año 2030 puede que el sistema siga en buena salud. Puede ser que, por ejemplo, la productividad aumente más rápidamente de lo esperado. Puede que el desempleo disminuya, la tasa de actividad femenina aumente y tengamos más gente pagando.  Puede ser que la natalidad se recupere a cifras ménos patéticas que las actuales. Puede que los españoles decidamos importar más mano de obra con entusiasmo y las paguemos a base de inmigración.

Sí, podemos esperar que sucedan muchas cosas, cierto. El problema es que la productividad no aumentará sin una reforma del mercado laboral seria. La tasa de actividad y el paro no se incrementarán si la reforma del mercado laboral no deja de hacer la vida imposible a los jóvenes. La natalidad seguirá siendo patética mientras el desempleo en menores de treinta años siga siendo atroz, y no haya forma humana de encontrar un trabajo estable. Y si alguien cree que va a ganar elecciones pidiendo más imigración, buena suerte.

¿Los sindicatos no quieren retrasar la edad de jubilación? Estupendo, yo tampoco. El problema es que si no arreglamos todos esos problemas que hacen que los modelos tengan esas previsiones tan pesimistas, no tenemos más remedio que jubilarnos a los 67. El problema es que ahora mismo los sindicatos no quieren arreglar lo primero, y se niegan a aprobar lo segundo, a grito que la cosa está muy mal y mejor dejarlo para mañana. Bueno, llevamos veinte años dejando las cosas para otro día. Empiezo a estar hasta las narices de vivir en un país que cuando las cosas van de puta madre tiene una tasa de paro parecida a la del resto del mundo cuando están en la peor crisis económica desde la Gran Depresión.

Es hora que los sindicatos (y un sector bien nutrido de la izquierda reaccionaria) decidan a qué quieren jugar. Si quieren cambiar el modelo productivo, preservar los derechos sociales y mantener la edad de jubilación, tienen que sentarse sobre la mesa y negociar en serio, no decir que no a todo. Ya es hora que dejen de jugar al perro del hortelano, y dejen de pensar de comportarse como si el sistema actual es el mejor de los mundos posibles.

Ahora decidme, ¿aceptan reforma laboral a cambio de no retrasar la edad de jubilación a medio plazo?  ¿Lo aceptarían si la reforma laboral no entra en vigor en su totalidad hasta, digamos, el 2012 ó 2014? ¿o prefieren seguir probando con el sistema actual, a ver si esta vez sí que funciona?

Por cierto, una nota final: lo de la “reacción de los mercados financieros” no es una excusa barata. Mal que nos pese, es una realidad; si no nos portamos como adultos y demostramos que cumplimos nuestras promesas (y la deuda pública es una de ellas), la crisis actual va a parecer un paseo por el parque comparado con el potencial morrazo que nos vamos a dar. Si Alemania o el FMI se apiada de nososotros y nos salvan antes, las reformas estructurales que nos vamos a tragar van a ser tan sutiles como que te corten las uñas a martillazos. No somos Grecia, cierto, pero mejor no tentar la mala suerte.