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El Coliseo

Archive for the ‘ingeniería institucional’ Category

Palos y zanahorias para salir del paro

Friday, August 27th, 2010

Hace tres días, me dáis el artículo de José Rodríguez sobre el endurecimiento de las condiciones para recibir el subsidio de desempleo y probablemente le hubiera dado la razón. Uno no está parado porque quiere, al fin y al cabo; castigar a los más desfavorecidos no suena como una buena idea.

Hablando de políticas públicas, sin embargo, lo que suena bien no necesariamente es lo que funciona; hace falta mirar los datos. Este breve artículo de Bas van der Klaauw y Jan van Ours en Vox Publica analiza este aspecto de las prestaciones de desempleo, preguntándose si la amenaza de sufrir una penalización aumenta o disminuye el plazo de búsqueda de trabajo. Los autores también miran el lado contrario de esta ecuación, estudiando si dar incentivos positivos (mantener parte del subsidio de desempleo al empezar a trabajar) es efectivo o no.

El estudio, realizado en ese infierno del neoliberalismo y opresión del proletariado que es Holanda, da unos resultados bastante sorprendentes:

Table 1. Model simulation for the job-finding rate within two years after entering welfare (percentages)

Males Females
No bonuses and no sanction 62.5 48.9
Bonus but no sanction 62.9 49.9
No bonus but sanction after one year 65.4 54.9
Bonus and sanction after one year 65.9 56.2

Traducido a lenguaje pedestre: la diferencia entre dar bonificaciones y no darlas es básicamente nula (contradiciendo parcialmente, por cierto, el estudio sobre Suecia que enlazaba por aquí), mientras que la amenaza de sanciones parece acelerar el retorno al mercado laboral de forma significativa. El palo parece funcionar mejor que la zanahoria, básicamente.

Por descontado, el mercado laboral holandés es bastante más eficiente que el español (los costes de despido no están regulados, por ejemplo), creando un horror capitalista donde los proletarios se enfrentan a un devastador 5% de desempleo. Las instituciones del mercado laboral, estoy seguro, no tienen absolutamente nada que ver. Pero es un estudio curioso, que da que pensar - y aunque las sanciones en la nueva ley sigan siendo bastante estúpidas.

De todos modos es un estudio, no una certeza absoluta - hace falta repasar otros casos, y mirar si este fenómeno se repite en otros casos. El diseño de las sanciones y bonificaciones probablemente afecta a su efectividad, sin ir más lejos. Aún así, me parece que antes de decir que el subsidio de paro no crea incentivos extraños tenemos que mirar los datos con calma, y si vemos que sucede, asegurar que diseñamos medidas para minimizarlos.

Financiación municipal y conciertos económicos

Wednesday, August 18th, 2010

En el Blog Salmón les ha gustado eso de extender el sistema de concierto económico a todas las autonomías, y piden ir un paso más allá, aplicando el sistema a los ayuntamientos. Aunque en un principio puede sonar bien (si un municipio quiere construir pirámides, que recaude él solito), a nivel local este principio me parece que no es tan deseable como a nivel autonómico.

Imaginemos una área metropolitana que tiene dos municipios. Uno es preciosa zona rural donde viven mucha gente con dinero, con un precio medio de la vivienda por encima de un millón de euros. El otro es una ciudad postindustrial más bien feucha con un nivel de paro un poco por encima de la media y viviendas de 100.000 euros. Los dos ayuntamientos tienen que ofrecer servicios parecidos con un coste por habitante similar, y tienen que recaudar el dinero con sus impuestos. El municipio rico tiene una base fiscal mucho más sólida, así que con unos impuestos muy bajos puede recaudar mucho más dinero que el pobre. El resultado es un sistema fiscal increíblemente regresivo a nivel local, algo que vemos a la práctica en otros países.

Los municipios son unidades muy poco prácticas al hablar de recaudación fiscal. La riqueza es algo que tiende a concentrarse geográficamente siguiendo patrones que tienen muy poco que ver con los límites municipales, colocando algunos ayuntamientos en situaciones muy precarias ya de origen. Aunque vemos algo relativamente parecido en las autonomías, los saltos de renta y base imponible a nivel municipal son realmente cósmicas, infinitamente más grandes, y geográficamente mucho más concentradas. Los municipios que tienen la mala suerte de tener vivienda barata, no tener vistas al mar o no ser la sede de multinacionales o administraciones públicas se comerán impuestos más altos casi inevitablemente.

Es cierto que podemos redistribuir renta vía transferencias, con el gobierno autonómico pasando dinero a los municipios más pobres. Si queremos igualar el esfuerzo fiscal entre municipios, sin embargo, estamos hablando de una cantidad de redistribución tremenda - en Connecticut, sin ir más lejos, el estado cubre la mitad del presupuesto de algunas ciudades… y los impuestos siguen siendo el doble, triple o cuadruple que lo que pagan en los suburbios más ricos (12 por mil en New Canaan comparado con 46 por mil en Bridgeport en impuestos de propiedad, por ejemplo). Si realmente queremos equilibrar las cuentas, acabaremos con municipios que apenas recaudan un 25-30% de sus recursos - volviendo a la casilla de salida en tema de corresponsabilidad fiscal.

La verdad, las administraciones locales en España tienden a ser un mal negocio. Tenemos demasiados ayuntamientos, y las áreas metropolitanas son demasiado débiles como para que nadie les preste atención.  A decir verdad, creo que Madrid es un ejemplo decente sobre qué debemos buscar, con el municipio central absorbiendo los ayuntamientos alrededor suyo - queremos que las fronteras administrativas se correspondan más o menos con el área económica, haciendo la competencia fiscal un problema menor. Barcelona, en este aspecto, es un desastre, y la consolidación municipal algo urgente.

La descentralización es algo que me gusta. Tener los políticos más cerca de los ciudadanos es buena idea, etcétera. Lo que no estoy nada seguro, sin embargo, es si esta clase de arreglos a nivel municipal funcionan demasiado bien. Creo que es necesario echar un buen vistazo a las competencias que tienen los ayuntamientos en España y los servicios que gestionan, y empezar a plantearse en recentralizar algunas cosas a las autonomías.

Todo esto, por cierto, no quiere decir que la descentralización regional sea mala idea, por cierto. La competencia fiscal entre regiones es mucho menos relevante (el tejido productivo y la legislación es más importante en muchos casos) y redistribuir es bastante más fácil y mucho más transparente. Pero de eso hablamos otro día.

Sanción pro-inutilidad

Monday, August 16th, 2010

El PSOE quiere sancionar a los desempleados que no acudan a cursillos de formación. Suena muy inocente y razonable (¡si no quieres reciclarte, nada de prestación de paro!) pero hay un pequeño problema: los cursillos de formación no es que sean inútiles, es que son contraproducentes.

Es algo que explicaba el otro día - un parado que ha hecho una de estas dichosas clases tiene menos probabilidades de entcontrar trabajo. No es cosa de que nuestros cursillos sean malos; todos los estudios indican que no funcionan en ninguna parte, ni siquiera en la tierra de la administración pública infalible que es Suecia.

En fin, espero que alguien entre en razón y elimine esta reforma totalmente idiota - y en serio, no es tan complicado leer un par de libritos antes de decidir cómo narices uno organiza las políticas de desempleo. Recordad, es mejor dar dinero al empresario para que alguien trabaje (y reformar el mercado laboral, de paso) que estas tonterías de formación que no aportan nada.

Quedándose corto en modelo autonómico

Monday, August 9th, 2010

Artur Mas (y la gente de CiU en general) tienen la mala costumbre de tener ideas en principio sensatas pero que a la práctica se quedan cortas. La semana pasada hablaban de llevar el concierto económico como propuesta central en su programa de financiación autonómica, algo que no deja de ser una reforma necesaria… siempre que no la limitemos a Cataluña, como defiende CiU.

El concierto económico vasco (y Navarro) es un sistema de financiación muy sencillo: el gobierno vasco escoge qué nivel de servicios sociales quiere ofrece, escoge el nivel de impuestos, los recauda y paga por lo que hace. Aparte, el estado pasa una factura al gobierno de Vitoria cobrándole por los servicios que presta en su territorio, más (en teoría) un porcentaje extra para solidaridad territorial.

El resto de comunidades autónomas tienen un sistema bastante más torpe y difícil de entender. El estado recauda todos los impuestos, con los gobiernos regionales recibiendo un porcentaje fijo de varios tributos (IRPF, IVA, etcétera). Cada gobierno autonómico escoge su nivel de gasto público, y puede añadir pequeños recargos a algunos impuestos, pero habitualmente no se esfuerzan demasiado por pagar sus caprichos o protectos por la vía fiscal - es más fácil y rentable políticamente ir a Madrid a protestar que no reciben suficiente dinero.

El resultado es un sistema barroco y complicado donde el estado recauda, pasa su porcentaje, añade una cantidad más o menos aleatoria adicional para que las autonomías no protesten, otro para cubrir competencias que no estaban antes ahí, más una cuota de solidaridad extra en algunos sitios. Es un sistema incomprensible que crea todos los incentivos del mundo para que las autonomías vivan por encima de sus posibilidades - al fin y al cabo, ellas gastan y deciden qué servicios dan, pero quien paga la factura es el estado.

Generalizar el sistema de concierto económico cambiaría esta estructura de incentivos de inmediato. Las autonomías que quisieran construir pirámides de Egipto, Copas América y circuitos de F1 se pagarían los caprichos de su bolsillo. Si alguien quiere subvencionar el impuesto de circulación a coches de lujo tiene que ir a los votantes y explicar cómo va a cubrir ese gasto con otros impuestos. El estado podría concentrarse en hacer (y cobrar) por lo que hace bien, sin compartir gastos en servicios que no presta. Por añadido, podríamos arreglar el extraño sistema que hace que dos de las comunidades más ricas sean las que menos contribuyan a la solidaridad territorial.

Los nacionalistas catalanes, cuando piden el concierto económico, suenan como una minoría en busca de un privilegio. Si hablaran de genelarizar un sistema de corresponsabilidad fiscal para todo el estado, proponiendo extender el concierto vasco, el discurso sonaría mucho mejor fuera de Cataluña - y abrirían un debate necesario. Simplificar el sistema de financiación autonómica (aclarando, en consecuencia, el sistema fiscal) es una reforma necesaria a medio plazo, y los nacionalistas harían bien en generalizar el debate, en vez de recurrir al “qué hay de lo mío”.

La ineficiencia de Renfe (I)

Friday, August 6th, 2010

Una de mis pérdidas de tiempo favoritas en esta santa casa ha sido defender la particular política de ferrocarriles de sucesivos gobiernos españoles. Decir cosas como que la construcción de nuevas líneas es buena idea y que estamos gastando el dinero bien es un poco extraño, pero necesario.

Esto no quiere decir, sin embargo, que todo lo que hacemos en política ferroviaria tenga sentido. El transporte ferroviario en España tiene una buena cantidad de problemas bastante incomprensibles, en gran parte derivadas de la pertinaz ineficiencia de Renfe.  A pesar de todos esos nuevos trenes, velocidadas punta y mejoras en los servicios fruto de las LAV, Renfe sigue siendo un monopolio público. Eso crea una serie de vicios y problemas de gestión fruto de la inercia de errores pasados y estructuras organizativas anticuadas.

Un ejemplo claro es la extraña obcecación de Renfe en diseñar sus horarios tarde, mal y a rastras. La inmensa mayoría de administradores ferroviarios europeos publican sus horarios con seis meses de antelación, actualizándolos en junio y diciembre. A nuestra alegre operadora esto de planificar a medio plazo no se le da demasiado bien - más bien lo contrario. El año pasado un buen puñado de líneas que no tuvieron horarios de Navidad hasta el 15 de diciembre. Renfe, por descontado, no vendía billetes en esos trayectos, no fuera que alguien quisiera planificar sus vacaciones o algo igualmente extravagante.

Con tanta preparación y tantas historias uno se esperaría que los horarios fueron una obra maestra, pero Renfe es notoriamente chapucera en este aspecto. Nuestro operador ferroviario preferido es completamente incapaz de colocar trenes en estaciones con un horario más o menos sincronizado - digamos hacer que un regional llegue a Zaragoza diez minutos antes que un AVE, permitiendo un enlace.

Cuando eso sucede, aunque sea por puñetera casualidad, hacer esta clase de trayectos es a veces una pequeña aventura gracias a otra extraña obsesión de Renfe: la reserva de plaza obligatoria. En países normales (nota: Francia no incluída) uno compra billetes para un trayecto, no un determinado asiento en un determinado tren. Si quiero ir de Berlín a Hamburgo y tengo un billete para el ICE, puedo subir en el primer tren que pase. Si mi regional va tarde y pierdo el enlace, basta esperar un rato (las líneas con más tránsito tienen trenes candenciados, cada hora o cada 30 minutos) y coger el siguiente.

Eso para los trenes de larga distancia - España es el único país que conozco en que uno tiene que reservar billete en trenes regionales. Si bien es cierto que muchos corredores no tienen el tráfico para justificar frecuencias suizas o alemanas, es totalmente incomprensible que para recorridos de 100 Km uno tenga que comprar con antelación, o pasar por taquilla si quiere viajar más temprano o más tarde. Es cierto que Renfe no pone (demasiadas) pegas en cambiar billetes, pero la inflexibilidad es incomprensible.

Lo que me lleva al siguiente punto: la estructura de precios de Renfe es completamente absurda en muchos corredores. Para la operadora, mover un AVE medio vacio o una cargado hasta los topes cuesta básicamente lo mismo - surcos, personal, consumo energético, costes de mantenimiento son básicamente invariables. En vez de ajustar los precios constantemente, subiéndolos y bajándolos según demanda, ofreciendo descuentos agresivos a viajeros habituales con tarjetas de descuento o trabajando a destajo para aumentar cuota de mercado en cualquier línea en la que puede sacar beneficios (LAVs, Corredor Mediterráneo), nuestro alegre monopolista se conforma con cubrir gastos y llenar lo que tiene.

Lo que nos lleva a la política de compra de material de la compañía, y la extraña manía de Renfe de comprar trenes a mansalva sin prestar demasiada atención a los servicios que quiere o puede prestar. La compra de material para la LAV Madrid-Barcelona fue realmente extraña, por ejemplo - Renfe compró 32 trenes, material suficiente para ofrecer 50-60 servicios por sentido al día de forma holgada. Es una estimación de tráfico ambiciosa pero no descabellada, si la política comercial es agresiva y la cuota de mercado tren/avión fuera 70/30. El problema es que Renfe tiene ahora 25 servicios, no 50, y la cuota de mercado parece estar encallada en un 50%, sin que la operadora haya intentando ofrecer billetes realmente baratos para quitar tráfico a la carretera de forma significativa. El gráfico de la LAV de Barcelona actual puede cubrirse con 16-20 trenes sin demasiado problema, dejando bastante material infrautilizado. Y eso sin entrar en la extraña idea de comprar dos tipos de material distintos (más costes), por cierto.

Lo más triste es que lejos de aprender, Renfe ha comprado una cantidad tremebunda de 112s (los “Pato” para la LAV de Valencia - tienen 30), 121s y  114s (regionales de alta velocidad) sin que realmente se sepa qué van a hacer con ellos. Bueno, de hecho sí se sabe - Renfe tiene un buen puñado de ellos en depósito sin hacer nada, ya que no tiene líneas o ideas sobre qué hacer con ellos. Cuando abra la LAV de Francia hasta Girona, quizás, que por algo es el corredor de regionales con más tráfico de España. Y no me hagáis empezar con los 120 (los Alvia de ancho variable) y su variante híbrida, que me da.

Lo que me lleva al útimo punto, el horror y pavor que tiene Renfe a prestar atención a servicios menos glamourosos. Renfe ha comprado hace poco una cantidad notable de trenes regionales, pero la sensación que da es que realmente no sabe qué hacer con ellos. Como esto de hacer enlaces y mallar la red le suena a chino, los trenes los han esparcido un poco al tuntún, sin demasiado interés. Los cercanías les van más, al menos en los núcleos donde tienen buena prensa (Madrid, y… ¿Madrid?) pero no por mucho. Renfe realmente se muere de ganas de enchufar los regionales a las autonomías y que sean ellas las que pierden dinero - incluso en líneas con tráfico a patadas, como los Catalunya Exprés.

¿Parece serio? Bueno, aún hay unas cuantas más. Pero de eso, me temo, hablamos mañana o pasado, así como qué podemos hacer para remediarlo.

¿Impuestos o mercado de emisiones?

Friday, August 6th, 2010

Por Nada es Gratis tenían, hace unos días, una entrada sobre el mercado de emisiones europeo, y sobre si está funcionando para reducir los gases de efecto invernadero en el continente. Dejando de lado el resultado específico a largo plazo, hay algo que me ha sorprendido del artículo: el hecho que critiquen que las emisiones se abaratan durante una recesión.

El mercado de emisiones europeo es básicamente un impuesto. La UE establece un máximo de contaminación, y las empresas deciden si prefieren contaminar y tener que comprar derechos sobre emisiones, o ser más eficientes y venderlos a otros. El truco bajo este sistema es que la cantidad de permisos irá disminuyendo con el paso de los años, en teoría encareciendo los permisos y forzando más eficiencia. A la práctica, sin embargo, la gran recesión ha provocado una caída de las emisiones tremenda por sí sola, así que el precio de los permisos está por los suelos de todos modos.

El resultado es de hecho que nuestro impuesto sobre la polución es, por diseño, tremendamente anticíclico: cuando la economía va bien, las emisiones suben (utilizamos más energía) y las emisiones se encarecen; cuando la economía va mal, el efecto es el contrario. Es un estímulo fiscal, en el sentido más directo del término - y la verdad, es bastante elegante.

La alternativa a un sistema de mercado de emisiones, un impuesto simple y directo, tiene sus virtudes. Es más fácil de gestionar, las empresas tienen un incentivo constante y previsible sobre su propensión a contaminar, y el estado encima puede sacar dinero fácilmente - los gobiernos pueden subastar permisos en un sistema de mercado, pero por motivos que se me escapan les cuesta mucho hacerlo. El problema, sin embargo, es que un impuesto tiene un efecto uniforme, independiente del ciclo económico, algo que no resulta a veces demasiado práctico.

La gran virtud de un impuesto, sin embargo, y en esto sí estoy de acuerdo con Javier Andrés, es que es, en teoría, políticamente menos vulnerable - es más complicado abrir agujeros y excepciones raras. Esta virtud es también lo que hace que lo veamos en ningún sitio, por desgracia. La política tiene estas cosas.

El atasco del pueblo

Tuesday, August 3rd, 2010

Este verano muchos disfrutarán del placer y la gloria que es vivir un atasco. Largas horas avanzando a tres por hora rodeado de otros valientes proletarios, disfrutando del paisaje de manera forzosa hasta que digáis basta.

Como dice Ryan Avent, bienvenidos al paraíso de los trabajadores realmente existente - el comunismo circulatorio. Lo explica en pocas palabras, hablando del tráfico en Moscú:

Why were old Soviet citizens forced to queue for hours? Because the government wasn’t using market prices to allocate scarce resources. And why are Russians doomed to interminable congestion today? Exactly the same reason.

Now, Moscow may lack the institutional strength to adopt congestion pricing. Gessen relates how Moscow attempted to charge for parking by deploying orange-vested men to collect parking fees. This led to a boom in the wearing of orange vests in pay-parking areas, and the diversion of parking fee money (by both the legitimate parking attendants and the frauds) to private ends.

Still, we should reflect on the lessons here. Most cities are better governed than Russia. The competent Swedes have made congestion pricing work, as have the British.

Todo tiene un precio. Las carreteras y autopistas españolas (fuera de Cataluña) sólo parecen ser gratis, pero en realidad no lo son. Ocupar espacio  en una carretera en hora punta tiene un precio, ya que es un bien escaso - aunque en muchas ocasiones no lo estemos pagando.

La capacidad de transporte máxima en una autopista de cuatro o seis carriles normalmente se alcanza con los coches circulando a 60-70 Km/h (¿eso que hacen en Barcelona de reducir el límite de velocidad en hora punta? Muy buena idea). Con poca congestión podemos circular a 120; según vamos añadiendo más y más tráfico, cada conductor adicional “cuesta” velocidad media al resto, que tienen que ir más lento. Cuando llegamos al máximo, el coste para todos es un atasco.

El uso de una carretera en hora punta tiene bastante parecido con la tragedia de los comunes - en este caso, nuestra presencia contribuye a que todo el mundo llegue tarde, sin que nosotros paguemos el coste o podamos coordinar con el resto “a quién le toca” usar el coche hoy.En el sentido estricto, un atasco de circulación es un fallo de mercado.  Por fortuna, conocemos una forma muy sencilla para solucionar este problema - poner un precio a esa congestión, o dicho de otro modo, los peajes. Si utilizar una autopista el día “grande” de la operación salida fuera muchísimo más caro que el día antes o el día después, veríamos mucho menos tráfico, con los conductores adaptándose a los precios. Las líneas aéreas hacen esto desde hace siglos, distribuyendo pasajeros a base de yield management.

Así que la próxima vez que escuchéis un político pedir que se levanten las barreras de los peajes de las autopistas los días de más tráfico, proceded a darle una colleja de mi parte. Esos días el peaje debería ser más caro, no más barato, si queremos evitar atascos.

Desempleo, políticas activas y subvenciones

Monday, August 2nd, 2010

Perder un trabajo es una experiencia dura, pero no es realmente algo demasiado malo a corto plazo. Un empleado que vé que su empresa cierra tiene en la mayoría de los casos una red de protección social que amortigua la caída en forma de seguro de desempleo, y un activo realmente importante que le sigue haciendo valioso: experiencia y una capacidad demostrada de ser capaz de utilizarla. Si además su carrera profesional ha sido variada, sin miedo de cambiar de empleo cuando era necesario, puede demostrar que aprende rápido y es versátil. El ser despedido es un problema, pero no es un tragedia.

Es cuando un trabajador está desempleado durante cinco o seis meses que las cosas empiezan a ponerse difíciles. Cada mes que está inactivo, su experiencia es menos relevante - lleva más tiempo sin manejar maquinaria, crear hojas de cálculo, dar presentaciones o reparar motores. Por mucho que intentes mantenerte al día, es muy distinto hacer chapuzas en casa que completar un proyecto con la presión de una fecha; al cabo de una temporada, uno es menos efectivo. Por añadido, la inactividad empieza a convertirse en una señal para empleadores sucesivos; si ninguna empresa ha querido contratarte en los últimos nueve meses, un responsable de personal sospechará que los potenciales empleadores vieron algo que no les gustó, y vigilará con más fuerza.

Lo que era un problema menor hace siete u ocho meses, con un trabajador productivo, acostumbrado a trabajar y atractivo para empleadores, es ahora capital humano depreciándose rápidamente: perdiendo experiencia, desmoralizado, y compitiendo con trabajadores recién llegados. Un parado de larga duración no es sólo una familia con problemas económicos - es algo parecido a tener un montón de valiosa maquinaria tirada en un descampado, oxidándose y quemándose al sol.

Cuando hablamos de crear más políticas activas de empleo tenemos que recordar que muchos trabajadores son ahora peores de lo que eran hace un año, y que puede que no baste darle cursillos y darles un buen empujon. No basta con hacer políticas activas de empleo - es necesario poner a la gente a trabajar, casi literalmente.

Miradlo de este modo: ¿qué es mejor, un licenciado en económicas recién salido de la facultad o un tipo que ha trabajado de contable en una gestoría durante seis meses? La idea no debe ser poner a alguien a hacer cursillos y después ayudarles a buscar en infojobs, ya que la “experiencia” de ir a clase es mucho menos valiosa que la de hacer algo más o menos parecido en el mundo real. Lo que debemos es hacer es hacer estos trabajadores más competitivos en el mercado de trabajo, hacerlos más fáciles de “vender”. Y para hacer esto no hay nada más fácil que bajar su precio.

Eso se puede hacer de dos maneras. La primera, y más pedestre, es hacer que pidan menos dinero - algo complicado, ya que los trabajadores tienden a no aceptarlo. Para hacer las cosas más complicadas, el pedir un salario más bajo es una señal bastante horrible para potenciales empleadores; es como decirle al jefe que eres un potencial desastre ya en la entrevista de trabajo.

El sistema más extendido en países razonables, y que resulta funciona muchísimo mejor, es pagar directamente a los empresarios parte del salario del trabajador durante unos cuantos meses. Un parado de larga duración no deja de ser un coche de segunda mano que necesita un poco de rodaje - nada que no se arregle con un poco de uso. Si la productividad marginal del empleado es digamos un 80% de su potencial al empezar su contrato, pero llegará al 100% en tres meses, el estado puede recolocar al trabajador gastando muy poco dinero, simplemente cubriendo la diferencia.

Es por eso que el Kurzabeit, el modelo alemán de reducción de la jornada laboral, es de hecho muy buena idea. La industria alemana tiene como seña de identidad una productividad increíble basada en una mano de obra muy cualificada. Si una recesión mundial fuerza a muchas empresas a reducir su producción y despedir obreros durante un par de años, el resultado va más allá del desempleo - lo que tenemos es una mano de obra peor mantenida y menos productiva. Es algo parecido a una externalidad negativa, así que es natural que el estado alemán intervenga: paga parte del coste de mantener el motor en perfecto estado (algo que beneficia a toda la economía, no sólo a los implicados) y al llegar al otro lado de la recesión las empresas están listas para arrancar a toda potencia, sin haber perdido ni una gota de capital humano. La economía alemana ha capeado el temporal de forma excelente, y está creciendo con una fuerza tremenda, una muestra que la estrategia funciona.

Criticar el modelo de Kurzabeit como ejemplo de subvención insostenible es erróneo, ya que el kurzabeit en el caso alemán es la pura definición de subvención a corto plazo. El problema de Alemania no era que sus empresas no pudieran exportar, sino que nadie estaba comprando debido a la crisis. Preservar el mejor sector empresarial del planeta hasta que capeara el temporal es perfectamente racional, y en vista de la salud fiscal alemana, no precisamente caro.

Esto no quiere decir que el modelo alemán sea exportable a otros sitios; de hecho, en España sería una idea atroz. Lo último que queremos es tener el estado gastando dinero protegiendo la constelación de empresas inmobiliarias que han llenado el país de casas inútiles, o todas esas empresas que no han sido capaces de exportar nunca nada. Es siempre mejor proteger al trabajador antes que el puesto de trabajo; los alemanes tienen la suerte que los puestos de trabajo que protegen son increíblemente valiosos, pero tiene bastante de casualidad.

Si queremos hacer políticas de empleo efectivas y no excesivamente arbitrarias, lo que queremos es que el estado pague parte de los costes laborales a los parados de larga duración, sea mediante recortes fiscales (no cobrar cotizaciones sociales durante X meses, por ejemplo) o pagando directamente el salario. La segunda opción es probablemente mejor, ya que es más visible para todos los implicados (el trabajador ve más dinero en la nómina). Alguien que trabaja, aunque no sea en “lo suyo” está aumentando su capital social, abriéndole puertas que quizás no fuera consciente que existieran.

El problema, claro está, es que para que esto funcione queremos que los trabajadores subvencionados tengan contratos indefinidos, no temporales. Si, como sucede en España, un indefinido viene con todos esos maravillosos costes laborales ocultos que tanto incordian, el empresario preferirá olvidarse la subvención y tirar de contratos basura. Subvencionar contratos temporales es básicamente tirar dinero, así que sin una reforma del mercado de trabajo es difícil que esta clase de mecanismo que funcionan bien en otras latitudes se adapten bien a España.

Como de costumbre, vamos.

Motores de crecimiento invisibles

Friday, July 23rd, 2010

Hoy viernes se publican las pruebas de resistencia del sistema bancario europeo, un paso más en esta lenta y chapucera depuración de la crisis financiera que empezó hace más de dos años. Es uno de esos momentos dramáticos con grandes cifras que chiflan a los periodistas, aunque la mayoría no entiendan de qué se habla, con hordas de gente seria con corbata diciendo que van a mover muchos millones y pasar grandes reformas para salvar grandes problemas.

Es importante, no lo voy a negar; ya he hablado mucho de ello. Lo que me temo es que estos grandes eventos hace que periodistas y políticos se olviden de cientos de pequeños problemas  más pequeños y quizás por separado no demasiado relevantes, pero que en agregado pueden hacer un daño enorme. Son todas esas políticas, instituciones y regulaciones que nadie ve, afectan a muy poca gente y parecen inofensivas, pero que tienen repercusiones tremendas en la economía en general.

Mejor lo explique con un par de ejemplos. Empecemos con un detalle relativamente secundario del sistema fiscal español que nunca nadie debate, la financiación municipal. Los ayuntamientos tienen un sistema fiscal completamente absurdo que crea toda clase de incentivos terroríficos, que van desde el urbanismo desatado cuando los políticos son moderadamente honestos a la corrupción desaforada en el peor de los casos.

En esos alegres años en que la burbuja financiera crecía sin cesar, las autoridades locales de media España básicamente no tenían el más mínimo motivo para combatirla. Los alcaldes españoles tienen voz en las diputaciones, y las diputaciones son el feudo de la mayoría de barones regionales de los dos grandes partidos. Ahora imaginad lo que oían en Génova y Ferraz sobre pasar reformas en la materia. Una pequeña ley, básicamente invisible pero realmente mal diseñada, crea una pequeña legión de políticos influyentes que trabajan por mantener un modelo productivo enloquecido.

La cosa no se limita a la burbuja financiera, por supuesto. El chabolismo desatado que hemos visto en muchas comunidades han creado una dispersión de la población tremebunda, extremadamente ineficiente. Madrid, por ejemplo, ha creado una montaña de suburbios lejanos de baja densidad a los que es muy caro llevar servicios y transporte público. Como resultado, una de las grandes ventajas de la capital (una red de metro fantástica) es utilizada de mala manera, con estaciones en sitios medio vacios. A medio plazo, esto significa electricidad más cara, impuestos más altos para pagar un metro infrautilizado, subiendo el coste de hacer negocios. Puede que un 2-3% extra no parezca gran cosa, pero puede ser la diferencia entre que inviertan en Madrid o se vayan con la música a otra parte.

Otra política pública que parece inofensiva son las universidades. No estoy descubriendo la mar oceana si digo que en España la educación superior no es precisamente estelar, o que las universidades parecen ser alérgicas a aceptar capital privado.

Imaginad, por un momento, que un hospital americano quiera aprovechar el (excelente) sistema sanitario español para abrir un centro de investigación asociado, y busca colaborar con una facultad de medicina en Valencia o Zaragoza. Cuando llegan, el decano les dice que encantados, pueden traer médicos y profesores, pero tienen que esperar a que la consejería autonómica acabe el papeleo (un año), el claustro lo apruebe, y conseguir no se qué autorización del claustro para permitir que una multinacional farmacéutica ponga pasta (con los consiguientes bramidos altermundistas sobre privatización inminente de todo lo que existe).

Tras esto, y si Dios quiere, alguien encontrará una figura legal que permita contratar a gente superexperta sin pasar por el filtro del sacrosanto tribunal de selección de la facultad y su aprecio por los amiguetes. Ah, y por descontado, aquí nadie puede cobrar más que el decano y su sueldo de funcionario. Eso de los salarios de mercado no se lleva.  No hace falta decir que la reacción instintiva de cualquier institución con dos dedos de frente sea irse al aeropuerto y largarse a Alemania o Inglaterra, que tienen sus manías pero al menos no están locos de atar. De nuevo, una ley más o menos inocente hace que el dinero no se invierta aquí, ya que parece que nos divierte hacer las cosas difíciles.

Son dos ejemplos, pero en España (*) tenemos leyes de esta clase a patadas. La justicia española en general es un cuello de botella escandaloso para toda la economía. La totalmente estúpida manía de regular horarios comerciales o no abrir en domingos (¿queréis una política de empleo fácil? Estoy seguro que hay montones de gente dispuestos a estar en el Corte Inglés el día del Señor), el impresionante barullo legal que es el sistema fiscal, AENA (en general), la SGAE, el oligopolio descarado que son las editoriales españolas (y su idea de “innovación“), el sector de las telecomunicaciones y su pésima liberalización, el sector energético, la falta de competencia en muchos sectores…  Hay una cantidad enorme de pequeñas leyes e instituciones que sólo tienen como objetivo hacer muy feliz al pequeño colectivo que protegen de la competencia, y añadir costes al resto.

Cambiar estas cosas no es demasiado difícil. Una reforma o dos no te dará medio punto anual de crecimiento en el PIB, ciertamente. La cuestión es que hay tantos pequeños detalles, tantas rigideces, tantos incentivos que pueden ser cambiados con muy poco esfuerzo (**) que en agregado la economía sí notaría los cambios. A veces los obstaculos al crecimiento de una ciudad o de una región son realmente mucho más pequeños de lo que pretendemos - con dejar de prohibir tonterías hay bastante. No estaría mal intentarlo.

(more…)

La gran recesión: lecciones (II)

Wednesday, July 21st, 2010

El otro día hacía un listado no del todo exhaustivo sobre las políticas y arreglos institucionales que han demostrado no funcionar en la Gran Recesión. Hay un buen puñado de ideas que eran tenidas como sagradas y que han naufragado estrepitosamente, y es bueno recordarlas - especialmente ahora que el PP (y los republicanos en EEUU) parece tan entusiasmado en no reformar nada.

Del mismo modo que muchas cosas han salido espantosamente mal, es necesario señalar que algunas medidas y políticas han demostrado funcionar muy bien, para sorpresa de muchos. La lista que sigue no es completa, por descontado, pero vale la pena recalcar lo que debemos salvar del desastre. Es obligado mencionar, por cierto, que no todas las medidas son aplicables en todas partes - muchas dependen del contexto. Veamos.

¿Qué políticas han funcionado?

1. El estado de bienestar:

La peor crisis económica en ochenta años ha sido un desastre social tremendo, pero es importante recalcar que los estados de bienestar en todo el mundo han hecho un trabajo notable en hacer que sea lo menos traumática posible. La red de protección social ha evitado ver las escenas de miseria de los años treinta, y ha actuado como un poderosísimo estímulo fiscal automático que ha evitado que la economía entrara en barrena.

Es realmente algo que suena anticuado estos días, con tanto debate de déficit público y crisis de deuda, así que vale la pena recordarlo: los estados de bienestar han funcionado relativamente bien. Los déficits públicos son en gran parte fruto de la profundidad de la crisis, no del hecho que muchos países no puedan pagarlos - bueno, dejando de lado algunos que tenían un crecimiento burbujil ficticio y se pasaron de frenada (ese cheque bebé era buena idea, pero…).

2. El rescate bancario:

Esto es un “funcionado bien” con bastantes reservas, así que dejad que me explique. En octubre del 2008 la economía mundial estuvo a dos días escasos de repetir 1929-1931, con una implosión total y absoluta del sistema financiero. El origen del desastre era ligeramente distinto (el shadow banking en vez de la banca comercial), pero el resultado hubiera sido idéntico: quiebras masivas, todo Dios perdiendo sus ahorros, y una depresión económica terrorífica.

Sin embargo, todo eso no sucedio - gracias, en gran parte, a gente como Hank Paulson, Barney Frank y (el gran olvidado) Gordon Brown. Es cierto que Paulson cometió algunos errores de bulto durante la crisis (dejar morir a Lehman siendo el más importante), pero al menos fue capaz de tragarse su orgullo (incluso suplicando de rodillas a Nancy Pelosi, según dicen), ignorad al presidente y montar un rescate financiero que aunque chapucero y no demasiado justo, salvo el sistema financiero.

Papá estado sigue siendo el único actor ahí fuera de salvar a los idiotas del sistema financiero de sí mismos, me temo. La nueva regulación financiera en Estados Unidos crea un mecanismo para evitar estos desastres incontrolados de forma más ordenada y justa. Aún así, es una lástima que a los políticos les haya costado tanto entender que pueden y deben dejar bien claro este pequeño detalle  a los banqueros.

3. La regulación financiera (I) - reglas simples:

Hay algunos sistemas bancarios que han superado la Gran Recesión sin demasiados problemas, con poco o ningún apoyo del sector público. Los dos ejemplos más claros son Canadá y España.

La banca privada española en general no ha tenido demasiados problemas en sus cuentas, y la mayoría de los bancos no han recurrido a los inventos contables del pariente tonto y mal regulado que son las cajas de ahorros. Dentro de los (enormes) problemas de España, la regulación del sector bancario funcionó, en gran medida gracias a su simplicidad: cuando las cosas van bien, los bancos están obligados a acumular reservas para una potencial crisis. El resultado es que las entidades no se apalancaron (demasiado) durante la burbuja, dando créditos con más calma (no como las cajas) y han llegado a la recesión con más reservas.

Canadá es un caso similar: la regulación financiera allí nunca abandonó el dibujo básico nacido en los años treinta. Los bancos canadienses son enormes (en comparación al país) y gloriosamente aburridos; un ejemplo de libro de garrulismo regulador funcionando bien.

4. La regulación financiera (II): los controles de capitales:

Sobre esto quiero leer más, pero hay bastantes pistas. En contra de lo que se dice habitualmente en los libros de texto, los estados pueden establecer controles de capitales y salir con vida. De hecho, no sólo salir con vida, sino sacar buenos resultados con ellos - tenemos dos ejemplos, Islandia y China.

Islandia se pegó un trompazo financiero increíble el 2008, con todo el sector financiero vaporizándose en pocas semanas. La recesión fue inmediata, con el estado básicamente en quiebra técnica… pero el país sobreviviendo a la crisis sorprendentemente bien. Parte del mérito lo tiene el estado de bienestar islandés, asegurando que nadie lo pasara demasiado mal, y parte lo tiene la reacción completamente heterodoxa de las autoridades: devaluar, enviar a todo el mundo a paseo, e imponer controles de capitales. No les ha ido mal, dentro de lo que cabe (y aún les queda mucho que recorrer), aunque por descontado esto no es exportable a sitios sin moneda propia.

Lo de China es más conocido: lo suyo es manipular la moneda con entusiasmo. Han protegido sus exportadores con fuerza a golpe de controles de capitales, metido paletadas de estímulo fiscal y a correr. Toda la política monetaria China es una oda a hacer cosas raras, pero sin embargo les funciona. No está nada mal.

5. La flexiseguridad os hará libres:

Los países europeos que se han concentrado en proteger personas en vez de puestos de trabajo con más entusiasmo han salido muy bien parados - las tasas de paro en Dinamarca, Holanda o Austria son patéticamente bajas.

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Estoy seguro que me dejo algunas cosas, así que iremos actualizando. ¿Qué otras cosas han funcionado bien durante esta rececesión?