El otro día, hablando con un par de amigos estas vacaciones, comentábamos con cierto pesar que los partidos de izquierda en Europa son incapaces de contar historias. Los viejos partidos socialistas no encuentran una narrativa, una explicación coherente de qué quieren hacer; no parecen tener una historia que contar a los votantes para convencerles que les voten.
Parte del problema es que en Europa, la izquierda ha ganado de forma decisiva. Todos los países del continente tienen unas instituciones que son sacadas palabra por palabra del programa de los partidos socialdemócratas de entreguerras: tenemos sanidad universal, sistemas de pensiones públicas, educación pública desde el parvulario hasta la universidad, servicios sociales para personas dependientes, prestaciones de desempleo, mercados de trabajo regulados, vacaciones pagadas y transporte público estupendo. Si un aguerrido militante del SPD en 1890 viera el estado de bienestar de un país europeo medio hoy en día, se desmayaría de emoción.
La gran pregunta, el gran problema es ¿y ahora qué?. Los socialistas europeos siempre pueden decir que tenemos las bases del sistema sobre la mesa, pero que debemos ir un poco más allá, pero ese no es un mensaje especialmente atractivo. Hacer campaña con el eslogan “hagamos que la igualdad de oportunidades de Francia se acerque a niveles canadienses” defiende un objetivo cierto y necesario, pero no sé si es realmente fácil de vender. El discurso de la izquierda tradicionalmente ha sido de conquistas sociales, de batallas ganadas, así que defender la lenta épica de la mejora gradual de la educación preescolar y compatibilizar trabajo y familia suena como un paso atrás. Si las “conquistas” son chapuzas regresivas heredadas de régimenes políticos pasados (cof- mercado laboral -cof) ya mejor ni hablar.
¿Qué tiene que decir ahora la izquierda? ¿Cómo se defiende un partido que realmente ha cumplido con prácticamente todo lo que tenía en la agenda? El partido socialista puede decir que debemos seguir mejorando la gestión y calidad de los servicios sociales, por supuesto, y en eso tendrá toda la razón del mundo. Se puede hablar de mejorar la igualdad de oportunidades (el objetivo real de mejorar el estado del bienestar), pero ese es un objetivo tradicionalmente conservador, no progresista. Hablar de redistribución o acabar con la pobreza sonaba bien en el siglo XIX, pero no genera ya la misma urgencia. Si quiere que los votantes le sigan a medio-largo plazo, sin embargo, y no sólo que le den el poder cuando la derecha comete alguna estupidez éspectacular, es hora de decir algo nuevo.
Aquí es cuando empiezan los problemas, sin embargo. Preguntad por ahí, porque realmente no tengo ni idea; no sé realmente qué contar. Los objetivos finales de la izquierda (una sociedad más justa y más igualitaria, donde la igualdad de oportunidades es real y riqueza es compartida por todos) siguen siendo válidos; las políticas públicas recetadas han funcionado bien - a la vista están los resultados. Los indicadores sociales (pobreza, esperanza de vida sin enfermedad, igualdad, movilidad social, etc…) en Dinamarca, Suecia o Canadá son espectaculares; incluso en países donde los cristianodemocrátas hicieron el trabajo (Francia, Alemania, Italia) los resultados son muy buenos. Vender la mejora gradual de lo visto, sin embargo, es difícil que emocione a alguien - y así le va a la izquierda europea ¿Qué queremos que sea la izquierda? ¿Qué queremos que nos defina?
Se me ocurren varias cosas, pero no hay nada que realmente me convenza. El discurso ecologista es nuevo, pero no emociona demasiado; además, la derecha lo ha abrazado con entusiasmo a la que ha visto que daba votos. Inmigración, ciudadanía global y globalización responsable son temas que no llevan a ninguna parte y no quieren decir gran cosa. Hablar de justicia social e igualdad es fantástico, pero no tenemos mucho que añadir a la agenda ya; tenemos incluso matrimonio homosexual, y el resto es cuestión de poner más dinero (y cobrar más impuestos) para mejorar servicios. La pobreza, en sociedades con tasas bajas, no es visto como un problema urgente. El desempleo… bueno, realmente mejor no hablar, en vista de la cobardía del gobierno español en este aspecto.
Lo único que se me ocurre (y sigue sin convencerme), es construir sobre los cimientos de algo en que la izquierda sí tiene discurso, y sí ha sido efectiva defendiéndolo: las ciudades. José Rodriguez tenía una entrada excelente sobre el tema hoy, precisamente hablando sobre cómo el PSC se había olvidado de ello en los últimos años y está volviendo ahora a las raices. Ignorad los juegos olímpicos (que no me convencen), pero pensad un segundo qué alcalde, qué idea de ciudad es el modelo a imitar en las últimas décadas. Exacto, Pasqual Maragall, y su etérea, rimbombante, vaga pero treméndamente efectiva idea de Barcelona.
No, lo de Barcelona no es un mito. Y sí, se de sobras que la ciudad tiene problemas , la cosa desde dentro es un poco menos mágica y eterea y que el ego de los políticos locales es ligeramente desmesurado. Sin embargo, he oído hablar a gente en Estados Unidos del “modelo Barcelona”, y la idea de hacer una ciudad siguiendo ese estilo está ahí fuera. En cierto sentido el discurso es muy maragalliano (vago, grandilocuente, improvisado, brillante y un tanto chapucero), pero la idea de sociedad detrás es algo que quizás merece ser considerada más allá de la política local.
¿A qué me refiero? Leed el artículo de José Rodriguez. Ahora, quitadle la retórica local, y pensad en ello como un proyecto, un discurso de gobierno más generalizado. La idea de una ciudad humana, amable, tolerante, densa, diversa, con servicios cercanos, creativa, vibrante e innovadora es algo atractivo. El modelo de transformación a base de mejorar, de añadir, de construir sobre lo hecho, de urbanismo que sirva para crear comunidades y conexiones es algo que pertenece a la izquierda (y lo hemos hecho bien). La idea de crear conexiones, de ver la sociedad como algo que nos une, no una serie de mundos separados es muy válida y potente.
¿Problemas? Primero, es muy urbanita, lo sé de sobras. Me parece que esto es una ventaja, sin embargo; Europa es una sociedad urbana y ahí es donde están los votantes (y a mí el campo me importa un pimiento). Segundo, es un discurso un tanto buenista; a escala nacional, puede que suene a comunitarismo new age. Tercero, es un programa de gobierno, sí, pero es un modelo de urbanismo, no de país. No sé hasta que punto podemos hablar para toda España en este sentido. Cuarto, y más importante, con el paro al 18% tendrá un efecto parecido a leer a Cicerón en todos los mítines, la gente lo ignorará completamente. Son fines a largo plazo, palabrería bonita, justificaciones y objetivos para un programa de gobierno en abstracto en un país con una sobrecarga de problemas reales.
Sin embargo, no creo que tengamos que pensar en esta clase de discursos y debates con la vista en las elecciones; la idea es un poco más ambiciosa. La izquierda debe preguntarse de nuevo qué quiere ser de mayor; cómo queremos que las sociedad sea de aquí 30-40 años. Y tenemos que contarlo, gente, tenemos que contarlo (*).
La red 2.0 ha llegado a las organizaciones sin ánimo de lucro en Estados Unidos. Como en tantas otras cosas en relación a internet, las ONG americanas dan sopas con honda a sus colegas españolas. Como en tantas cosas dospuntoceristas, la verdad es que nadie tiene demasiada idea sobre qué narices están haciendo.
Vaya por delante que mi visión es un tanto sesgada, ya que trabajo en una ONG en Connecticut que es bastante activa en la red, y llevo unos cuantos proyectos interesantes. Como buen profesional en Estados Unidos, me paso la vida reciclándome de seminario en seminario, y la sensación que tengo es que todo el mundo está en pruebas. Hay cosas que funcionan, hay cosas que no, pero como todo en la red es muy difícil generalizar.
Iré por partes, como de costumbre. Para empezar, creo que vale la pena repasar los errores y problemas más frecuentes que he visto (y he cometido) en las ONG que intentan meterse en internet, y utilizar la red 2.0 para algo útil para su causa.
Primer problema: presupuestos
Las ONG van cortas de dinero en tiempos de bonanza, y sufren lo indecible cuando las cosas no van bien. Ahora mismo hay mucho quiero y no puedo - muchas organizaciones descubriendo que internet será gratis, pero te hace gastar mucho dinero. Organizar un proyecto 2.0, si quiere hacerse bien, es algo que requiere tiempo, estrategia y reflexión.
Segundo problema: mínimo esfuerzo
La mayoría de ONGs son presas a veces del síndrome del grupo en Facebook: el jefe crea una página, invita a su lista de amigos, y pide a sus empleados que hagan lo mismo. Un mes después el grupo tiene quizás 60-70 miembros, una escueta bienvenida, y una descripción de objetivos… y nada más. El grupo de Facebook acaba siendo una lista de correo glorificada con la que espameas a tus miembros cuando organizas un evento.
Quien dice Facebook, dice Twitter, Friendster, Orkut, o el fósil tecnológico de la temporada: todos lo hemos visto. Hay muchas organizaciones que por “estar en internet” entienden tener una página y cuentas en todas partes, pero se quedan en eso. Del mismo modo que si convocas una rueda de prensa y no viene nadie no sirve absolutamente de nada, el solitario perfil de Facebook es algo parecido.
Tercer problema: el juguete del año pasado
He perdido la cuenta de las ONGs que “están en internet” y son “activas”, pero todo lo que hacen es llenarme el buzón de correo con mensajes constantes. Sólo leemos (siendo optimistas) un 10% de los e-mails que nos envían; la lista de distribución era algo estupendo en 1998, pero ahora son irritantes. Cuando una ONG está enviando sus mensajes al exterior está compitiendo con una cantidad descomunal de información; más vale que lo hagan bien, asegurándose que cuando hablan les escuches.
Cuarto problema: definir objetivos
Internet y las redes sociales sirven para muchísimas cosas; una buena idea antes de empezar es decidir qué vamos a hacer. Podemos utilizar internet para recaudar fondos, informar al público, buscar voluntarios, movilizar a votantes para que protesten, coordinar actividades con otras organizaciones, influir a élites directamente (medios de comunicación, políticos), hacer ruido y desinformar, dar servicios a gente que necesita ayuda o sencillamente responder preguntas de forma eficaz. Cada objetivo requiere estrategias distintas, y muy a menudo muchas ONGs se meten a hacer cosas sin decidir de antemano qué quieren hacer.
Quinto problema: quijotismo
La red es cara, difícil etcétera, pero eso no impide que uno se encuentre grandes proyectos de vez en cuando. Hay alguna ONG por aquí cerca que tienen una página web gigantesca (y carísima) y están en todos sitios, pero que no están dando servicio a nadie. Hay veces que es mejor ser muy específico y dirigirte a un público muy concreto antes de empezar a montar castillos en el aire; el buen diseño y los contenidos por si sólos no te llevan a ningún sitio.
Sexto problema: hablar otro idioma
Uno de las metidas de pata más habituales en la red es no darse cuenta que es un medio distinto; no es una carta, una revista o un anuncio de prensa. Tener video no quiere decir que es un programa de televisión, y tener sonido no quiere decir que es programa de radio. Internet es un medio distinto, y eso requiere un lenguaje diferente.
Muchas ONGs (y partidos, y empresas, y…) tratan su página en internet como un anuncio de prensa. Ponen sus comunicados, suben sus fotos y escriben sus largos artículos y estudios… y el resultado es parecido a interpretar “Guerra y Paz” integramente utilizando mímica. El contenido está ahí, pero el mensaje no llega a ninguna parte, básicamente porque la gente no utiliza la red como un periódico o una revista. Es necesario adaptar la comunicación al medio, no esperar que la gente lea todo lo que haces.
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¿Eso quiere decir que todo es malo? No, por descontado. Hay muchas iniciativas muy buenas por ahí fuera, muchas de ellas que añaden y refuerzan los objetivos de la ONG que las monta. El truco es pensar bien lo que se hace, y tener en mente estos problemas potenciales.
La pregunta ahora es la siguiente: ¿de qué queréis que hable? Como todo el mundo en estas cosas, estoy aprendiendo - y descubriendo, vía ensayo y error, qué funciona bien y qué produce un silencio electrónico insultante y completo. No tengo una teoría general, y no creo que realmente valga la pena tenerla a estas alturas; pero siempre puede compartir ideas raras, y escuchar desvaríos ajenos. Escribo para aclarar mis ideas. Espero comentarios; estoy aquí para aprender, al fin y al cabo.
El aniversario de la caída del Muro de Berlín nos ha enseñado unas cuantas cosas. Primero, hay algunos que siguen echando de menos la Unión Soviética un pelín demasiado, y no por el motivoadecuado. Segundo, los periodistas están realmente encantados de recordarnos a todos cómo ellos estaban allí, en un momento histórico, y que ellos nos lo explicaron todo. Parece mentira que hayan pasado veinte años, etcétera.
Cierto, la caída del muro fue un evento importante, pero no estoy del todo seguro que sea el aniversario más importante estos días. El final del imperio soviético no fue un proceso tan rápido o efectista como los periodistas gustan de describir; las insurrecciones en Polonia, los problemas internos en la URSS o la rendición (y apertura de fronteras) del gobierno húngaro sucedieron antes, y son igual o más relevantes que Berlín. Los países comunistas se habían arruinado antes de los sucesos de 1989; la Guerra Fría, en cierto sentido, fue un conflicto menos dramático de lo que pensábamos, y desde luego, mucho más fácil de ganar de lo esperado.
En España ha pasado más desapercibido otro efeméride, que si es celebrada y recordada en otros países. En Estados Unidos, es Veteran´s Day; en el Reino Unido es Rememberance Day; en Francia -creo- es el día del armisticio. En Estados Unidos no le prestan demasiada atención, pero en Europa si son perfectamente conscientes sobre qué sucedió el 11 de noviembre de 1918: la firma del armisticio que acabó la Primera Guerra Mundial.
La Gran Guerra es un conflicto casi olvidado para muchos. Por muy grave que fuera la carniceria (cuatro años y nueve millones de muertos), la matanza acabó hace 91 años. A pesar de estar sepultada en los libros de historia sin demasiada ceremonia, sin embargo, la Primera Guerra Mundial es probablemente el conflicto más influyente desde 1815 y el Congreso de Viena - y de hecho, el origen de muchos de los problemas y conflictos que aún estamos intentando solucionar ahora.
La caída del muro representó el final de la Guerra Fría - un conflicto que es descendiente directo de la Gran Guerra. La revolución de Octubre, al fin y al cabo, es un resultado directo del desastre militar ruso en 1917. La I GM fue el origen del largo intento ruso para aumentar su influencia hacia el oeste, fruto del fracaso del equilibrio de poderes después de Bismarck - el desastre de esos años aún lo estamos intentando arreglar ahora.
La Gran Guerra es representa también el inicio de decenas de problemas mal resueltos que aún sufrimos ahora. El final del Imperio Otomano y el problema kurdo, el desastroso circo colonial en Oriente Medio, los años de división china entreguerras (y su camino hacia el comunismo), la torpe ascensión de Estados Unidos como potencia dominante (y su papel estelar provocando la Gran Depresión), la caída de la primera gran ola globalizadora… El eco de ese conflicto aún retumba en la actualidad en todo el mundo.
Lo más increíble, al menos para mí, es que una guerra tan increíblemente importante fuera de hecho tan profundamente estúpida. No convenía a nadie; nadie iba a salir ganando, nada evitó que sus temores se cumplieran. Francia perdió la hegemonía en el continente de todos modos, el Reino Unido su imperio y su condición de superpotencia, Rusia perdió los Balcanes, Austria lo perdió todo. Alemania, a pesar de los pesares, acabó siendo igualmente el país más poderoso del continente, incluso después de perder una segunda vez.
El conflicto, sin embargo, hizo que todas esos resultados llegaran de forma increíblemente violenta, a la vez extendiendo una serie de conflictos y problemas arreglados a medias o provocados por la misma guerra que se han alargado durante casi un siglo. La guerra fue una matanza prácticamente sin sentido; un recordatorio terrible sobre como lo que vemos como “guerras necesarias” muchas veces no lo son tanto.
Noventa años más tarde, la pregunta me parece que debería volver a ser la misma: ¿de veras vale la pena ir a la guerra? Me temo que el discurso político en los últimos años es víctima del síndrome de 1945, la nostalgia de la guerra justa y obviamente necesaria. Las cosas no son tan sencillas; nunca lo han sido. La guerra es, a menudo, una solución peligrosa.
Por aquí tengo la costumbre de citar a Nate Silver, de la bitácora 538. Silver se hizo famoso el año pasado gracias a sus modelos estadísticos; el tipo fue capaz de predecir con un talento admirable el resultado de las primarias y generales.
Silver, sin embargo, sólo ha llegado al análisis político de rebote: su verdadera pasión, desde hace tiempo, es aplicar estadísticas ultracomplejas al análisis deportivo. Si su reputación como comentarista político es considerable, su predicciones al hablar de beisbol son consideradas un oráculo sagrado. Lo suyo no es sólo coger cientos de estadísticas y machacar números, sin embargo; la base de su talento consiste en encontrar indicadores a los que nadie había prestado atención.
¿Por qué hablo de Silver y beisbol? Bueno, porque ESPN le ha pedido que deje de pensar sobre bates y carreras un ratito y se dedique a un deporte serio. El resultado es una tonelada de análisis estadístico fascinante y ultracomplicado dedicado al fútbol internacional, nivel selección. Leed el gigantesco artículo que tienen en ESPN explicando la metodología, anda. Por fin alguien se decide a calcular futbología de forma seria.
Un pequeño avance. El mejor equipo del mundo, ahora mismo, Brasil. El segundo, España. No sé si está en lo correcto, pero los números y la metodología están ahí. A ver quién más se pone.
No recuerdo dónde lo he leído hoy (Twitter es tal ensalada de cachondeo con lo del Nóbel hoy que a saber quién lo colgó), pero dándole el beneficio de la duda al jurado, hay un precedente en estas cosas: Desmond Tutu. El arzobispo surafricano ganó el Nóbel antes que acabara el apartheid en su país, es decir, cuando aún no había “conseguido nada”. Se dijo en su tiempo que el premio dio a Tutu una cierta inmunidad, ya que las autoridades no se atrevían a enchironarle.
Salvando las distancias, puede que jurado haya dado el premio a Obama pensando esto - la medallita de marras legitima sus repetidas declaraciones diciendo que viene en son de paz y que Estados Unidos ya no es un país dirigido por un imbécil, manejado por un vicepresidente paranoico con una política exterior cavernícola. Es decir, el tipo es de fiar. Lo dicen los suecos.
Ya he dicho, el beneficio de la duda. A pesar de sonar más lógico, me sigue dando la risa floja.
Decíamos el otro día que Mariano Rajoy es el mejor de los líderes posibles para este gobierno socialista. El PP, con todo de cara, ha sido incapaz de sacar ningún rédito electoral en absoluto de esta crisis económica. Zapatero es listo y lo sabe, así que está trabajando duro para evitar que el barbas pierda el cargo.
Hoy, sin embargo, se le ha notado demasiado. El escándalo de corrupción en la Comunidad Valenciana ha explotado con todavía más furia que antes del verano, dejando al descubierto el favoritismo de los jueces y la profundidad de y densidad de las redes de financiación ilegal del PP. La cosa es tan serie, de hecho, que tanto El Mundo como Libertad Digital hablan de ello; rompiendo el anquilosado seguidismo de la prensa en España. La autoridad de Rajoy, su incapacidad para disciplinar y controlar a un sector del partido caciquil fuera de la ley era de nuevo cuestionada.
Zapatero no podía permitirlo. Era demasiado. No podía correr ese riesgo. Desde España, no podían hacer gran cosa; decir burradas sobre temas fiscales estaba agotado, no había dónde ir. Tenían que pensar rápido. La solución: una foto. Sí, esa foto, la de las hijas, con ese estilo Bienvenido Mr. Marshall. Y no, no la voy a poner aquí porque la habéis visto todos seguro, y porque las crías no tienen la culpa que su padre las utilice en una maquiavélica conspiración para distraer la prensa y proteger a Mariano Rajoy.
El resultado, una obra de arte. Para empezar, le han chafado la gran exclusiva a El País, que se las prometía muy felices vendiendo periódicos, recuperando la credibilidad perdida en su papel de azote del PP y pretendiendo ser investigadores feroces, aunque todo venga de una filtración. Toma venganza por ese editorial. El ABC y La Razón han sido completamente confundidos, dejando escapar una oportunidad de oro de atacar a Rajoy. El Mundo y LD verán como todas sus esperanzas de resucitar el PP de la opresión del barbudo mediocre zombie eran destruidas al instante, al estar todo el gallinero haciendo chistes como posesos.
Este tipo es un genio.
En fin. Más en serio, un par de comentarios. Si esta es la foto oficial de Zapatero con el Presidente del país más poderoso de la tierra, qué manera de hacer el ridículo -y menuda falta de respeto. Si no lo es, lo mismo. Segundo, me parece que la tradición española de meter lo menos posible a la familia y vida privada de los políticos es una idea excelente, y que deberíamos seguir respetándola. Pretendamos a la hora de criticar que en la foto aparecen Barack Obama, Michelle, Zapatero vestido de torero y Sónsoles vestida de lagarterana. No veo a nadie más. Es una lástima que no sepa hacer nada con Potochop GIMP, sino me dedicaría a eso para enriquecer la discusión.
Y sí, del PP en Valencia hablo luego. El tema realmente importante es ese, al fin y al cabo.
¿Recordáis cuándo decía que Glenn Beck era un maniaco peligroso que hace que FLJ o la peonada negra parezcan Winston Churchill? Bueno, hoy tengo un video. Los cinco primeros minutos de este segmento en su programa en Fox News son absolutamente delirantes:
No, no estáis confundidos. Sí, vuestras orejas funcionan bien, y todavía entendéis inglés. Sí, tenemos a Glenn Beck, un tipo con un programa de noticias nacional, diciendo que NBC es una organización comunisto-fascista (¿?) de origen, y como prueba señala la iconografía del edificio donde tienen sus estudios. Sí, ese eficio es el General Electric Building, parte del Rockefeller Center en Nueva York.
Sí, ese Rockfeller. Ese comunista (¿?) que consiguió su inmensa fortuna con el petróleo, etcétera, etcétera, escondiendo su conspiración bolchevique en simbología socialista en plena calle. Ese mismo.
El movimiento conservador americano, produciendo la nueva vanguardia intelectual de occidente.
Hace un par de días alguienmuy inteligente e informado me confesaba no entender las ideas y argumentaciones de un autor determinado. El tipo decía, con cierta resignación, que ha visto cosas que nunca creeríamos; naves de ataque en llamas en la frontera de Orión, rayos gamma brillar en la oscuridad en la puerta de Tannhauser. Ante la retórica y lenguaje del citado intelectual, sin embargo, su cerebro era incapaz de descifrar el sentido oculto de sus palabras. Atónito, me preguntaba: “¿soy tonto? ¿por qué no puedo? ¿por qué no comprendo?“.
Mi reacción inicial ante su pregunta fue, por descontado, la de todo bloguero feroz que se precie: dediqué diez minutos a leer las fuentes primarias. En vista que el lenguaje era obtruso y me aburría, mi mente recordó que el otro día me preguntaba dónde la vía cuadruple se convertía en triple en la línea de New Haven de Metro-North, procediendo a perder una hora en Wikipedia, descubriendo lugares fascinantes en toda América. Tras ello, volví al problema inicial con un poco más entusiasmo, y repasé (esta vez en serio) debates previos y textos “introductorios” escritos por la fuente de toda esta tristeza.
¿La verdad? Lo confesaba esta mañana en un sentido correo electrónico: yo tampoco entiendo. O al menos, no lo entiendo demasiado. La verdad, no soy economista, así que estoy acostumbrado a leer cosas que no entiendo del todo. Mis problemas, sin embargo, suelen nacer del hecho que no recuerdo cómo hacer derivadas e integrales demasiado bien, así que leer matemáticas hardcore me hace sentir profúndamente estúpido. En este caso no había números; era sólo texto y conceptos. Siempre parto de la idea que soy menos inteligente de lo que creo, pero las palabras de mi buen amigo señalaban que quizás no era cosa mía; había algo más.
Tras pensarlo un poco (unos diez minutos; al fin y al cabo, esto es una bitácora y lo hago gratis), me parece que hay un principio rector que toda teoría debe respetar: la prueba de la abuela. La idea es que si una teoría en Ciencias Sociales no puede explicarse de forma lo suficiente sencilla y elegante como para que la entienda tu abuela, es probable que la idea es demasiado complicada. La idea no es mía; un legendario ex-ministro solía repetirla a menudo. Obviamente no es universal (estamos hablando de Ciencias Sociales, al fin y al cabo), pero me parece que ofrece un punto de partida interesante. Si nuestra teoría es tan complicada que no podemos traducirla al lenguaje humano básico, hay una probabilidad no precisamente remota que estamos mareando la pérdiz demasiado intentando atribuir causalidad a lo que no la tiene.
Supongamos, por decir algo, que un servidor tuviera como núcleo básico de todo su pensamiento político, moral, económico y filosófico que los trenes molan mazo. Cuando alguien me hace una pregunta, todas mis respuestas van dirigidas a justificar ese principio rector básico. ¿Son las primarias en partidos políticos algo bueno? No, porque el acceso al voto no es igualitario ya no hay suficientes trenes así que la gente pobre sin coche no puede votar. ¿Por qué baja la bolsa? ACS ha anunciado que las obras de la LAV de Galicia se han retrasado, y los mercados se asustan ante la falta de trenes. ¿Por qué China crece? Están construyendo trenes. ¿Italia se estanca? los trenes llegan tarde. ¿Crisis financiera mundial? Los mercados tuvieron un ataque de pánico en vista de asimetría ferroviaria mundial - falta de capacidad en EUA para absorber el crecimiento de líneas en China y la UE.
Sí, puedo hacer teorías. Sí, puedo dar respuestas. Pero para llegar a ellas, tengo que dar una larga serie de supuestos, entendidos, cifras selectivas y construcciones teóricas extrañas (¡el acelerador carril-financiero!) antes de llegar a ningún sitio. Si ofusco mi teoría básica lo suficiente (en vez de decir “trenes” digo “infraestructura de transporte” o “bases estructurales de la red productiva”) puede que mis explicaciones sean tomadas en serio un ratito, pero cualquiera que mire mis datos y fuentes de información (la revista “Vía Libre” y estudios de la PIAF) acabará concluyendo que mi teoría no es tan sólida como parece. Sí, quizás los trenes y la infraestructura tienen un cierto papel en el crecimiento económico, pero no es la causa última de un problema muchísimo más complejo.
En cierto sentido, una de las grande virtudes de los buenos economistas es darse cuenta que esto sucede con algunas teorías. Como señalan por aquí, las aportaciones de Joe Stiglitz a menudo han ido en esa dirección, simplificando de forma magistral problemas y discusiones que eran más complicadas de lo que deberían ser.
Quien habla de economía o ciencias sociales habla de otras cosas, por cierto. El mundo está lleno de gurus monotema que tienen una idea pequeñita y dicen que lo suyo es fuente de todo (sea felicidad futura, crecimiento empresarial o ganar dinero en bolsa). Creedme, llevo años intentando inventarme algo lo suficiente resultón y obtruso como para explotarlo de forma desalmada el resto de mis días. Hay veces que una teoría complicada es básicamente alguien haciendo demasiadas piruetas para llevar las ovejas a un redil que realmente está demasiado lejos, y no es el origen de todo.
Quizás la cosa no es tan complicada, quién sabe, y realmente soy un poco tonto. A saber.
Los medios de información tradicionales a veces se mofan de la cantidad de tiempo que la blogosfera dedica a explicar lo muy importantes que son, lo influyente de su discurso y como su defensa quijotesca de algún tema específico destruirá la política tal como la conocemos (nota al margen: el día en que esto salga en alguna encuesta como preocupación de más de un 10% de ciudadanos, avisadme), y a veces tienen cierta razón. La mayor parte del tiempo, sin embargo, lo de los periodistas es la paja en el ojo ajeno - a veces hasta niveles cómicos.
Ayer murió Walter Cronkite, el tótem sagrado del glorioso periodismo americano. Cronkite fue un tipo importante, ya que presentó el informativo de las 6:30 p.m. de la CBS durante dos décadas; y si uno atiende a la ola de peloteo nostálgico en radio, prensa, televisión e internet, el hombre movía montañas con su mirada, arbitraba la evolución y destino histórico del país más poderoso de la tierra y encima era una bellísima, bellísima persona.
Sí, eran otros tiempos. Los periodistas tienen una terrible nostalgia por esos días, en que los hombres eran hombres, la gente leía periódicos, el 90% del país se enteraba de las noticias en una de las tres cadenas de televisión nacionales, la televisión por cable no existía y esa peste moderna que son las internets era una pesadilla febril de autores de ciencia ficción. Ah, esos días. La prensa tenía autoridad, sabiduría, el respeto de las masas; ellos eran el oráculo, el centro del mundo, los guardianes de la cultura y la historia.
La verdad: pamplinas. Sí, Cronkite era un periodista magnífico, pero era eso, periodista. Sólo periodista. Un reportero, una cabeza parlante televisiva. Alguien que explica cosas. Punto.
Por un motivo que se me escapa, los periodistas en todas partes (pero especialmente en Estados Unidos y España) tienen una idea altísima de ellos mismos. Se creen actores cruciales, los auténticos sabios que vigilan la democracia y arbitran el sistema político. Cuando un periodista pide “debate público” está pidiendo que los políticos se callen y él pueda pontificar, discutiendo acaloradamente con otros de su especie. Ellos están en la calle, conocen lo que dice el pueblo. Lo suyo es la pluma del destino, el martillo inquisitorial del papel impreso. ¡Callad, insensatos, que es mi momento de pontificar!
Sé de sobras que no soy la persona más indicada para decir esto (tengo una bitácora, todo un homenaje a mí mismo), pero ya les vale. Un periodista no es un intelectual, un historiador, un experto y un sabio al mismo tiempo.El mundo no gira alrededor de ellos; la política no es un circo montado en su honor para que puedan domar leones o hacer el payaso. El mejor periodista es invisible.
Recuperando una tradición de antaño, recupero la serie de nominaciones al campeonato del mundo de cínicos, edición Lorem Ipsum. La entrada de hoy sigue una larga estirpe de nominados con poca clase y profunda miseria moral pero impecables credenciales en tener el rostro de cemento; gente como Jaques Chirac (el vigente campeón), George W. Bush o Jeff Ganon.
Siguiendo la definición oficial marcada por la organización (un cínico es aquel que asesina a sus padres y después pide clemencia por ser huérfano), los representantes de hoy tienen un nivelazo.
Morgan Stanley:
Los banqueros en este antro de mala muerte han tenido una idea genial. En sus cuentas tienen un montón de hipotecas de mala calidad y muy difícil cobro, que nadie quiere comprarles al precio que ellos dicen porque nadie se fía de ellas. Para solucionarlo, han decidido crear una especie de cofres donde ponen toda clase de regalos - cosas buenas, cosas malas, hipotecas, chicles de segunda mano, gnomos del jardín, regalitos variados. Como en el cofre hay muchas cosas, y sólo algunas son malas, el cofre es mágicamente mejor que la suma de las partes. Deuda AAA, primera calidad, a prueba de bombas. En serio.
¿Os suena? Sí, Morgan Stanley quiere reciclar sus CDOs tóxicos metiéndolos en otros CDOs nuevos, mejores, y más maravillosos. Es decir, ofuscar la misma mierda utilizando exáctamente el mismo truco, a ver si cuela. Y lo hacen con una sonrisa, los tipos. Y por descontado, las agencias de calificación siguen participando en el tinglado de forma entusiasta, diciendo que esta vez sí, todo es mucho más seguro y con garantías.
La regulación draconiana. Que la traigan pronto.
Recibiendo primas especiales por destruir el mundo:
Por descontado, lo de Morgan Stanley es una anécdota. Lo más divertido es que en Wall Street este año todos los supervivientes van a cobrar como mínimo tanto dinero como en el 2007 - probablemente más. Después de haber frito la economía de medio planeta, todos a cobrar millonadas. Todos esos megabanqueros después se extrañarán que la gente les persiga con antorchas por la calle, en serio.
Lo más divertido es que hay bastantes indicios que los bancos no están haciendo nada especial. De hecho, parece que todos esos “beneficios” que claman para justificar sueldos son básicamente maravillosos trucos contables. Lo que hacían en el 2007, al fin y al cabo.
Goldman Sachs, explicando qué es manipular un mercado:
Mr. Facciponti, fiscal federal de Estados Unidos, explicando por qué el robo de un programa del banco es malo:
“The bank has raised the possibility that there is a danger that somebody who knew how to use this program could use it to manipulate markets in unfair ways,”
El programa puede utilizarse para manipular mercados. Manipular mercados es malo e ilegal. Si lo hace Goldman, es bueno. Si el programa está en malas manos, eso es… ¿injusto? Goldman Sachs, ese sitio lleno de santos y ángeles.