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Archive for the ‘economía’ Category

¿Qué clase de reformas quiero ver?

Tuesday, March 16th, 2010

Este fin de semana me decían por los comentarios que me paso la vida lloriqueando que gobierno y oposición no parecen estar por la labor de pasar reformas, pero nunca acabo de proponer nada concreto - aparte de la reforma laboral. La verdad, algo de razón tienen, así que me parece que vale la pena hacer un pequeño listado de cosas que creo son urgentes y otras que son necesarias, aunque no corran tanta prisa.

  • Reforma laboral: sí, me repito, pero creo sinceramente que es crucial. Y repito, no hace falta ir hacia el despido libre o neoliberalismo bastardo; es perfectamente posible mejorar el horripilante sistema actual sin recortar derechos.
  • Reducir regulaciones absurdas: España es un país donde abrir una empresa toma dos meses, conseguir permisos para cualquier tontería una eternidad y contratar o despedir a un trabajador requiere cantidades de papeleo ingente. La administración tiene que ser muchísimo más ágil. Y sí, los notarios tienen que desaparecer a medio plazo.
  • Reformar la justicia: el modelo actual era aceptable en tiempos de Napoleón - ahora necesitamos algo más ágil.
  • Simplificar el sistema fiscal: España ha abrazado esa absurda manía conservadora de hacer política social a golpe de desgravaciones fiscales. Si queremos que los españoles tengan más hijos, poned guarderías gratuitas, porras, no pongáis catorce claúsulas extrañas que no hacen más que dar trabajo a contables. Lo mismo se aplica al cada vez más surrealista derecho mercantil o laboral; todo es dar descuentos incomprensibles y horriblemente ineficientes. Eliminar deducciones, aumentas la recaudación, puedes bajar los impuestos - y das más flexibilidad a la economía.
  • Profesionalizar la administración: crucial para combatir la corrupción, junto con una reforma del increíblemente torpe sistema de financiación local.
  • Olvidarse de los sueños de política industrial: lo que comentaba Jorge va a misa.
  • Políticas agresivas de competencia y liberalización: España tiene un montón de sectores con muy poca competencia - las comunicaciones, por ejemplo, son un ejemplo claro. No sería mala idea sacar la motosierra y dividir Telefónica en dos o tres empresas, por ejemplo. Y no son los únicos.
  • Infraestructuras: más trenes. Muchos más trenes. Sobre todo trenes de mercancias, y pasar la red a ancho UIC.

Dicho en pocas palabras, el estado debe hacer dos cosas: mantener el estado del bienestar intacto, y salirse del medio. Más concretamente, asegurarse que  invertir sea fácil, y eliminar cuellos de botella absurdos en la economía. El estado debe asegurarse que el sistema educativo funciona, los transportes tienen la capacidad adecuada y que el dinero puede encontrar las buenas ideas y descartar las malas, minimizando los costes de transacción.La productividad y los sectores estratégicos vendrán sólos, cuando el mercado descubra él solito qué es lo que podemos hacer mejor (sospecho que trenes, por cierto. Pero eso es para otro día).

¿Más adelante? La lista sería larga. El estado de bienestar debe potenciarse, especialmente en temas de dependencia y en formación profesional. Necesitamos una reforma educativa (algo que, por cierto, parece que PP y PSOE si serán capaces de consensuar), y dinamitar el sistema universitario. El sistema de financiación autonómico necesitará retoques serios, asegurando que quien gaste el dinero sea el que lo recaude. El sistema para designar jueces es una chapuza; necesita reformas. Las leyes de urbanismo deben ser cambiadas. Reformar el sistema de cajas de ahorros, despolitizándolas tanto como sea posible, o incluso privatizándolas. Políticas de empleo más activas, con una reforma del subsidio de desempleo. La sanidad necesita retoques (siempre los necesita), el sistema de pensiones también, etcétera, etcétera, etcétera.

Lo importante, sin embargo, es arreglar el mercado laboral y hacer la economía más flexible, eliminando barreras a la entrada y papeleo y favoreciendo la competencia. La única reforma realmente complicada es el mercado laboral (y cargarse Telefónica), el resto son relativamente fáciles de aprobar. Creo que es un programa factible - y creo que más coherente que la búsqueda de consensos obsesiva del gobierno. Jordi Sevilla tiene razón: necesitamos un plan. El gobierno parece no tenerlo.

¿Cómo sabremos si una reforma laboral es buena?

Thursday, March 4th, 2010

Pregunta simple, respuesta simple: cuando tanto sindicatos como empresarios salgan de la reunión medio enfadados. Ambos actores tienen que contentar a dos públicos distintos; sus miembros “viejos”, ganadores en el status quo pre-crisis (los jarrones Ming laborales para los sindicatos, empresarios de trabajo basura para la patronal) y sus miembros “nuevos”, que se llevaron todas las tortas antes de la crisis y se han comido todo el marrón durante la recesión (jóvenes demasiado cualificados y empresas centradas en la productividad).

La reforma laboral tiene que hacer posible un cambio de guardia ordenado: tenemos que poder retirar / reconvertir a los fósiles que vivían demasiado cómodos (y si alguien no quiere adaptarse ni con ayudas, es su problema) y permitir que todo ese potencial que hemos tirado a la basura durante décadas se desarrolle y crezca. Si patronal y sindicatos no pasan apuros tremendos para convencer a parte de sus miembros que la reforma es necesaria e inevitable, el gobierno no ha hecho las cosas bien.

Por lo que respecta al gobierno, Obama ha dicho hoy una cosa hablando de la reforma de la sanidad que ojalá repita Zapatero algún día: “I don´t know if this is good politics, but I do know it is the right thing to do” (no sé si esto es bueno políticamente, pero sí sé que es lo que necesitamos hacer). Los votantes quieren cosas que suenen bien, cierto - pero ante todo, quieren cosas que funcionen. Si los socialistas quieren tener alguna oportunidad el 2012, tienen que preocuparse en aprobar buenas leyes, no reformas que queden bien en las encuestas.

No hace falta que diga que ni lo que dice el gobierno, ni la burrada que propuso la patronal anteayer son remotamente buenas. Lo que escribía Díaz Ferrán ayer no es horrible, pero su credibilidad es totalmente nula - el hecho que él sea el negociador, de hecho, me hace pensar que la Patronal no tiene el más mínimo interés en cambiar el mercado laboral, cuidando a su casta de empresaurios basuristas por encima de todo. Los sindicatos sí quieren cambiar cosas, pero no hasta después de la crisis - es decir, demasiado tarde para salvar a Zapatero. Quizás son de los que creen que contra Aznar vivíamos mejor, y prefieren que la reforma la haga el PP.

No sé si en Moncloa se dan cuenta, pero el gobierno no está negociando con nadie. Quizás va siendo hora que decida hacer algo de una puñetera vez.

Reformas aún más absurdas

Wednesday, March 3rd, 2010

En las últimas semanas me he dedicado a atizarme de forma entusiasta con José Rodríguez sobre la reforma laboral. El debate ha sido muy bueno, y tengo que decir que he aprendido mucho, aunque no estemos de acuerdo en muchos temas. José puede estar equivocado en algunas cosas, pero siempre tiene un argumento lógico y más o menos coherente, entendiendo qué tenemos que arreglar.

La patronal española, sin embargo, no parece saber en qué país vive - más bien lo contrario. La última genialidad que han puesto sobre la mesa, de hecho,  es de una indigencia intelectual que asusta. Si el mercado laboral español sufre de una organización totalmente irracional, víctima de una dualidad endémica que crea todos los incentivos del mundo para crear empleo basura, los genios de la patronal han decidido profundizar en este aspecto con la creación de otro contrato. Para salir de la crisis, los menores de treinta años podrán trabajar en un contrato de un año, con indemnización por despido cero, el empresario pagando cero cotizaciones sociales y sin derecho a recibir el subsidio de paro cuando se vayan a la calle. Nada de combatir la dualidad: lo nuestro es asegurar que la subcasta de empleados basura sean aún más atractivos comparados con los indefinidos.

Si queremos que la economía genere empresas sólidas e innovadoras, queremos un mercado laboral donde se pueda planificar a largo plazo, con trabajadores con contratos indefinidos. Ahora mismo, pasar una persona de temporal a indefinida implica un cambio de un tipo con coste de despido básicamente cero a uno que (con suerte) te cuesta 33 días por año (más habitualmente, 45). Las empresas españolas han decidido evitar el problema utilizando la opción más fácil y menos kafkiana, creando empleo de baja cualificación a patadas, temporal y totalmente prescindible. La patronal, en vez de intentar racionalizar el sistema haciendo el empleo a largo plazo más atractivo (y - repito - no hace falta abaratar el despido), ha decidido que lo suyo es profundizar en el cortoplacismo, haciendo el empleo estable aún más caro en comparación al trabajo basura.

La propuesta no es una solución de los problemas actuales o un cambio del modelo productivo - es una profundización del modelo actual en toda regla. En vista que nuestras empresas, que han vivido de empleo temporal poco productivo durante los últimos quince años, están pasando problemas, no se les ha ocurrido nada mejor que hacer el empleo temporal poco productivo aún más barato, a ver si haciendo la basura más atractiva podemos volver donde estábamos antes. La patronal no está poniendo sobre la mesa reformas que ayuden a la economía española a modernizarse; lo que están haciendo es defender el modelo de negocio cavernícola que sus miembros más influyentes han utilizado hasta ahora.

En fin. Entre que los empresarios han decidido que lo suyo no es cambiar y que el PP anda ofreciendo propuestas de fantasía (¡menos impuestos! ¡menos déficit! ¡ahorro imaginario!), me temo que el gobierno está básicamente solo. Suena aterrador, pero Zapatero y los sindicatos son los invitados más audaces y realistas de este baile.

Cielos.

Pensiones y el terror a toda reforma

Wednesday, February 24th, 2010

He recibido unos cuántos comentarios irados a causa de ciertos mensajillos sarcásticos de un servidor por Twitter hablando de las pensiones. Primero, disculpas si he ofendido a alguien; segundo, tengo que insistir que la postura de los sindicatos en este tema es complemente absurda, y empieza a bordear el pensamiento mágico.

Cierto, el sistema de pensiones no tiene por qué estar irse al garete. Las previsiones en los estudios son eso, previsiones; si las cosas van mejor de lo previsto, el año 2030 puede que el sistema siga en buena salud. Puede ser que, por ejemplo, la productividad aumente más rápidamente de lo esperado. Puede que el desempleo disminuya, la tasa de actividad femenina aumente y tengamos más gente pagando.  Puede ser que la natalidad se recupere a cifras ménos patéticas que las actuales. Puede que los españoles decidamos importar más mano de obra con entusiasmo y las paguemos a base de inmigración.

Sí, podemos esperar que sucedan muchas cosas, cierto. El problema es que la productividad no aumentará sin una reforma del mercado laboral seria. La tasa de actividad y el paro no se incrementarán si la reforma del mercado laboral no deja de hacer la vida imposible a los jóvenes. La natalidad seguirá siendo patética mientras el desempleo en menores de treinta años siga siendo atroz, y no haya forma humana de encontrar un trabajo estable. Y si alguien cree que va a ganar elecciones pidiendo más imigración, buena suerte.

¿Los sindicatos no quieren retrasar la edad de jubilación? Estupendo, yo tampoco. El problema es que si no arreglamos todos esos problemas que hacen que los modelos tengan esas previsiones tan pesimistas, no tenemos más remedio que jubilarnos a los 67. El problema es que ahora mismo los sindicatos no quieren arreglar lo primero, y se niegan a aprobar lo segundo, a grito que la cosa está muy mal y mejor dejarlo para mañana. Bueno, llevamos veinte años dejando las cosas para otro día. Empiezo a estar hasta las narices de vivir en un país que cuando las cosas van de puta madre tiene una tasa de paro parecida a la del resto del mundo cuando están en la peor crisis económica desde la Gran Depresión.

Es hora que los sindicatos (y un sector bien nutrido de la izquierda reaccionaria) decidan a qué quieren jugar. Si quieren cambiar el modelo productivo, preservar los derechos sociales y mantener la edad de jubilación, tienen que sentarse sobre la mesa y negociar en serio, no decir que no a todo. Ya es hora que dejen de jugar al perro del hortelano, y dejen de pensar de comportarse como si el sistema actual es el mejor de los mundos posibles.

Ahora decidme, ¿aceptan reforma laboral a cambio de no retrasar la edad de jubilación a medio plazo?  ¿Lo aceptarían si la reforma laboral no entra en vigor en su totalidad hasta, digamos, el 2012 ó 2014? ¿o prefieren seguir probando con el sistema actual, a ver si esta vez sí que funciona?

Por cierto, una nota final: lo de la “reacción de los mercados financieros” no es una excusa barata. Mal que nos pese, es una realidad; si no nos portamos como adultos y demostramos que cumplimos nuestras promesas (y la deuda pública es una de ellas), la crisis actual va a parecer un paseo por el parque comparado con el potencial morrazo que nos vamos a dar. Si Alemania o el FMI se apiada de nososotros y nos salvan antes, las reformas estructurales que nos vamos a tragar van a ser tan sutiles como que te corten las uñas a martillazos. No somos Grecia, cierto, pero mejor no tentar la mala suerte.

Hay otros mundos (laborales) posibles

Monday, February 15th, 2010

Por aquí hemos echado pestes mil y una veces sobre las maldades del mercado laboral español; no me voy a repetir otra vez. Lo que si me parece un ejercicio interesante, y creo que necesario, es hacer un repaso de los cambios que debemos ver - o al menos, lo que creo que tenemos que cambiar, y qué modelos podemos seguir para hacerlo. Empezaré por lo que creo son las cuatro cosas que tienen que ser reformadas cueste lo que cueste, y después daremos unos cuantos bocetos de reforma.

Primero de todo, ¿qué tenemos que cambiar?

  • Eliminar la dualidad del sistema: el mercado laboral no puede tener trabajadores de primera (fijos, sagrados) y pringados de segunda (jovenes con contrato basura). Es injusto, regresivo e ineficiente.
  • Los costes laborales tienen que ser previsibles: nada de meter a jueces por medio. Un empresario tiene que saber a priori sus costes laborales.
  • Tiene que permitir tomar riesgos: una empresa tiene que poder invertir a largo sabiendo que si la cosa va mal una reestructuración no es un coste catastrófico.
  • Castigar al incompetente: si alguien no está pegando golpe (o se niega a aprender a usar la fotocopiadora - caso real), uno tiene que poder librarse de él.

Estas son las cosas que están rotas en el sistema actual y que tenemos que arreglar. La pregunta es, claro está, cómo. Siempre doy la misma respuesta, pero hay otras reformas que podrían servir igual, en solitario o combinadas con otras. Os doy un listado a continuación, para que escojáis lo que más rabia os dé. Cualquier opción sería una mejora respecto al desastre actual:

  • A. Flexiseguridad pura:

Despido completamente libre, un estado del bienestar increíblemente generoso. En otras palabras, copiar a Dinamarca de forma descarada, país que tiene unas cifras enviadiables. Si alguien está cobrando el paro y se niega a volver a trabajar, por cierto, le recortamos el subsidio.

  • B. Impuestos por despidos:

El dichoso modelo de Blanchard que repito siempre. El despido es libre, pero el empresario paga al estado un impuesto fijo cada vez que echan a alguien. El trabajador recibe a cambio un subsidio de paro más generoso que con el sistema actual. El mercado laboral estaría regulado a priori, con el empresario sabiendo exacamente qué le costaría librarse de alguien.

  • C. “Cuentas” de jubilación/despido:

El empresario tiene que abrir una cuenta a nombre del trabajador cuando le contrata, donde cada año coloca una determinada cantidad de dinero según su antigüedad. El estado cubre -digamos- la mitad de la contribución. Si el trabajador es despedido, el dinero que hay en la cuenta es su indemnización. Si no pierde su trabajo o sencillamente cambia de empresa, el dinero de la cuenta se acumula hacia su pensión de jubilación. El mercado laboral se basaría en un contrato único.

El coste extra para el empresario lo podemos pagar reduciendo las cotizaciones sociales; estamos creando una cuenta de jubilación mucho mejor financiada para muchos trabajadores, al fin y al cabo. Si queremos ser estrictos equilibrando cuentas, podemos subir el IVA u otro impuesto de forma paralela.

  • D. Propuesta de los cien:

Realmente soy de la opinión que muchos no la leyeron; no es una propuesta regresiva. Básicamente es un contrato único con indemnización de despido que aumenta de forma progresiva según antigüedad, eliminando la distinción entre despido procedente e improcedente. Empezamos en 12 días (cuatro más que un contrato temporal actual), subiendo dos días al año hasta un máximo de 36. El coste de despido aumenta con el aumento de la experiencia (y de la productividad esperada) del trabajador; el incentivo a mantener a alguien es mucho mayor, ya que el aumento de costes es muchísimo más lento que en la actualidad (de 8 a 45 al hacer a alguien fijo), y es más barato renovar que despedir y volver a contratar.

¿Qué modelo es mejor? A estas alturas, me importa más bien poco. Cualquiera de los cuatro (U otras alternativas) sería una mejora considerable respecto a lo que padecemos en la actualidad. Ninguno de los modelos descritos arriba sería un recorte de derechos de los trabajadores o del estado del bienestar. De los cuatro, el modelo de flexiseguridad es el más difícil de implementar a corto plazo,  pero creo que es el más deseable. Los otros tres son realistas, protegen al trabajador igual y harían el mercado laboral muchísimo más eficiente.

Recordad, si queremos cambiar el modelo productivo, tenemos que cambiar el mercado laboral con urgencia. Hay otros mercados laborales posibles - todos menos injustos que este. No hablo sólo de eficiencia; algo que crea un 20% de desempleo es esencialmente injusto, mal que nos pese.

De críticas irrelevantes

Friday, February 12th, 2010

Hoy Popota me lanza una estupenda diatriba desde su bitácora, diciendo básicamente que todo lo que digo es erroneo. No estaría mal que cuando alguien se pone a criticar con ese entusiasmo, sin embargo, se tomara la molestia de al menos criticar cosas que tienen cierto sentido, o son remotamente sensatas.

Ciertamente, no soy infalible. La salud política de Rajoy es bastante mejor de lo que esperaba (de hecho, estaba convencido que no llegaba a año nuevo, y mira), sin ir más lejos. Aún así, decir que siempre he dicho que Aguirre todopoderosa es una burrada; llevo años diciendo que no llegaría nunca a ser candidata. Lo que no es de recibo, sin embargo, es que diga hasta hace un par de meses sólo decía que Zapatero era brillante pero se explicaba mal; no tengo que rebuscar demasiado para encontrar artículos no precisamente positivos sobre el gobierno bastante antes. El gobierno se explica mal, pero llevo una buena temporada que no está haciendo lo suficiente.

Del mismo modo que llevo una temporada larga criticando al gobierno en algunas cosas (y no en otras; ningún gobernante lo hace todo mal), tampoco es que haya descubierto que el mercado laboral español es un desastre hace dos días. Sin rebuscar demasiado, por aquí andaba el 2005, diciendo más o menos lo mismo que ahora. Eso no quita que ser flexible o corregir posturas sea malo; de hecho, no está mal hacerlo de vez en cuando.  He cambiado de opinión sobre muchas cosas, especialmente cuando la realidad ha demostrado que estaba equivocado (muestra épica de estupidez personal). En fin, lo dicho. No soy infalible.

El problema, sin embargo, no son los ataques personales. Cuando Popota hace crítica “substantiva” sobre el mercado de trabajo sus argumentos no se aguantan por ningún sitio.

Primero de todo, la configuración del mercado laboral que he ido defendiendo desde hace una temporada es cualquier cosa menos neoliberal. Por ejemplo, no quiero abaratar el despido - lo que quiero es que no sea el empresario el que paga la indemnización. La idea es que cuando una compañia se meta en problemas la decisión sobre quién pider el trabajo no se tome en base de la antigüedad de los trabajadores, sino según quién es más productivo. La indemnización la pagaría el estado, con el empresario o bien pagando un impuesto fijo por cada despido, o bien un impuesto adicional a priori para “asegurar” el trabajador.

Todo ello, por supuesto, estaría respaldado por un estado de bienestar potente - más potente, de hecho, del que tenemos ahora. Quiero subsidios de paro más altos, mejores servicios sociales, reforzar la ley de dependencia, programas públicos de formación profesional grandiosos, gasto público a espuertas. Defender crear impuestos nuevos y aumentar el gasto público será muchas cosas, pero no es precisamente neoliberal.

Más allá de eso, Popota atribuye el alto paro a la economía del ladrillo y mercado laboral dual herencia de la era González. No sé qué clase de persona puede defender de forma lógica que el coste de despido no es un problema pero que el mercado laboral dual sí lo es - es como decir que la ley de la gravedad no forma parte de las leyes de la física.

Poner como ejemplo China en costes de despido es casi cómico. El cumplimiento de las leyes en el país asiático es como poco dudoso (básicamente no se aplican), así que lo que digan los libros es una cosa, la realidad es otra. Más allá de eso, la economía China se basa todavía en un crecimiento extensivo (añadir más mano de obra y recursos), no intensivo; es relativamente fácil pretender tener derechos sociales cuando estás creciendo a base de importar tecnología e innovar más bien poco (¿os suena la España franquista? Exacto). Los costes laborales Chinos siguen siendo patéticamente bajos, así que realmente no es que estén encareciendo el factor trabajo.

El resto del artículo no tiene nada parecido a un argumento. Menciona a Stiglitz, un tipo que es el padre fundador del análisis de los costes laborales (el hacerlos artificialmente altos, en su modelo, favorece a los empresarios y crea desempleo) y Viçenc Navarro, alguien que no es economista ni lo intenta. Después saca a paseo a Alemania, un país que tiene un paro completamente distinto al nuestro: coyuntural, no estructural, una economía exportadora, no importadora, y una productividad altísima, no patética. Oh, y un coste de despido muchísimo más bajo que el de España.

El artículo es, básicamente, un ejemplo de libro de antireformismo furibundo; una oda a las sagradas instituciones laborales del franquismo mezcladas con ataques ad hominem. No aporta nada, no explica nada. Sólo es retórica populista irada, echando la culpa a todo el mundo pero negándose a cambiar absolutamente nada.

Basta decir, no nos lleva a ningún sitio.

Aceptando lo inevitable (I)

Wednesday, February 10th, 2010

De un tiempo a esta parte, el discurso de un buen sector de la izquierda en España se puede resumir en dos mensajes bastante burdos. El primero, que se tiene que cambiar el modelo productivo, pero sin cambiar nada de nuestro modelo social. El segundo, que España no es Grecia y que todo este griterio y pánico en los mercados es una conspiración internacional de los gnomos de Zurich.

Ambas posturas son erróneas, y es hora que empecemos a dejarnos de excusas. Es cierto que tenemos que cambiar nuestro modelo productivo; lo que no podemos pretender, sin embargo, es que este cambio es algo fácil, sencillo y que no exige cambios en profundidad. El mercado laboral es sólo una parte de estos cambios (probablemente la más importante), pero no se reducen a ello.

¿Estoy hablando de recortar derechos sociales? Si y no. Si entendemos por derechos sociales el status quo en España, sí, hablo de recortarlos - en algunos casos, brutalmente. Creo que el sistema de indemnización por despido actual es una barbaridad absurda, una máquina de crear ineficiencia increíble, por ejemplo. Es una máquina de crear empresarios aversos al riesgo y amantes del pelotazo, ya que crear algo a largo plazo con este sistema es algo imposible. El problema, sin embargo, es que es muy, muy discutible decir que lo que tenemos ahora es algo remotamente parecido a un derecho social, y más cuando todas esas “protecciones” nos han traído un 20% de paro.

Recordad, por una vez, de dónde salen estas instituciones sagradas que tanto defiende cierta izquierda. El mercado laboral español, sin ir más lejos, es un descendiente directo del Fuero del Trabajo de tiempos franquistas, y de su desarrollo legislativo posterior.

El establecimiento de una indemnización de despido por parte del empresario basada en la antigüedad del trabajador es, de hecho, una política increíblemente conservadora. Es una privatización de un derecho social; el estado está delegando a la empresa parte del seguro de desempleo. Es una medida tremendamente antiigualitaria; crea trabajadores de primera, aquellos que llevan más tiempo en la empresa (y han demostrado lealtad al patrón), y trabajadores de segunda, que reciben menos protección. Y por descontado, es una medida que segmenta a la clase obrera en dos grupos bien diferenciados: los insiders, trabajadores de clase media que tienen contrato y protección, y los outsiders, trabajadores temporales que tienen como máxima aspiración entrar en el cortijo privado de privilegios adquiridos que tienen los trabajadores de primera. ¿Derechos sociales? Estáis de broma.

Un derecho social en el mercado laboral es algo bastante distinto.  La no discriminación es un derecho;  que el mérito y esfuerzo sea lo único importante, sin importar edad, raza, género o años de antigüedad en la empresa. Las políticas activas de empleo son un derecho;  si un trabajador tiene la mala suerte de “caer” en un sector obsoleto, que el estado le ayude a reengancharse. Un seguro de desempleo sólido es un derecho; que un trabajador sepa que si pierde su empleo el estado le garantizará unos ingresos decentes mientras busca otra cosa. La seguridad en el trabajo es un derecho. Las pensiones de incapacidad, las bajas por enfermedad y maternidad, las ayudas para compatibilizar familia y trabajo, eso son derechos. ¿Tener un mercado en que unos trabajadores tienen mucha más protección que otros? Eso le gustaba a Franco, no a alguien que pretenda ser socialdemócrata.

No es una cuestión de empresarios incompetentes. La economía española es como es porque así es como la hemos legislado, no porque el país esté lleno de españoles. Si todos somos tan burros que nadie tiene la más remota idea sobre cómo montar una empresa, lo que tenemos es una infraraza de tercera - la solución a nuestros problemas no es pasar reformas, sino importar Übermensch alemanes para que nos dominen como nos merecemos. Si queremos que nuestras empresas sean parecidas a las suizas, alemanas, holandesas o danesas, lo que debemos hacer es adaptar sus instituciones, no pretender que nuestro fantoche tardofranquista sea una aproximación razonable a lo que hacen nuestros vecinos.

Por descontado, no podemos obviar que nuestra economía es distinta. Alemania puede permitirse el lujo de rebajar el número de horas de sus empresas punteras, por el mero hecho que la caída de sus exportaciones es coyuntural. Cuando la economía mundial “vuelve”, la industria germana sigue siendo la más competitiva del mundo. España no tiene el mismo tejido empresarial, así que tiene que pensar en cómo promover empresas flexibles, innovadoras y competitivas - algo más parecido al modelo holandés, danés o (cielos) británico.

Aunque parezca mentira por todo lo que me repito, el coste del despido no es el único tema a resolver. El mercado laboral español tiene una cantidad increíble de rigideces absurdas, que van desde el número de notarios al hecho que todo ajuste de plantilla tenga que pasar por el (gloriosamente ineficaz) sistema judicial. Simplificar el número de contratos, hacer los convenios colectivos mucho más flexibles (ahora mismo parecen el Gosplan), reducir la dualidad galopante del mercado de trabajo (las estadísticas ahora mismo tienen a veces poco sentido; el coste medio de despido, por ejemplo oculta el hecho que la mayoría de despidos vienen de contratos basura), permitir que las empresas tengan más capacidad de decidir sus políticas de personal, todo eso es también crucial.

¿Son cambios dolorosos? A estas alturas, creo que no - el paro ya es tan alto que no puede ir a peor. Los salarios reales llevan estancados más de una década en España; el sistema actual no ha protegido ni eso. La reacción de algunos es, mal que les pese, un pánico irracional a cambiar un status quo catastrófico, buscando excusas variadas para echarle la culpa a todo menos lo que tienen delante de sus narices.

“España y yo somos así, señora”

Tuesday, January 19th, 2010

Una nota adicional al artículo de ayer sobre modelos productivos y mercado laboral: la inevitable excusa de la cultura empresarial y los empresarios pueblerinos. Es que en España los bancos no ponen el dinero para negocios innovadores, la gente con dinero son todos unos pueblerinos que no saben lo que es internet y aquí no se reconoce la ingeniería y los inventos brillantes hasta que alguien los usa para invadirnos con ellos, etcétera.

Repitiendo lo anterior: bobadas. Cuando alguien echa la culpa de algún problema a la cultura del país, lo que está diciendo es que este país es una mierda porque está lleno de españoles. España funciona de pena porque es España, del mismo modo que los congoleños se lían a tortas porque eso hacen los congoleños, Bolivia es pobre porque los bolivianos no son amantes del desarrollo económico y los alemanes son geniales porque estan llenos de esencias teutónicas y les va el heavy metal. Es un argumento viejo como el hambre y totalmente circular, que nos exculpa de todo: la culpa es nuestra esencia patria, que nos hace todos imbéciles.

Esto realmente no es así, por descontado. Los empresarios en España, Congo, Bolivia y Alemania responden a incentivos, y básicamente están tomando decisiones racionales de forma individual para intentar ganar dinero. En el Congo eso quiere decir a menudo sacar dinero a Suiza y pagar a milicianos para que te protejan tus minas de cobre o diamante, dando el golpe de estado ocasional si es necesario. En Bolivia tradicionalmente era apoyar a cualquier dictador autoritario que te protegiera el latifundio, y ahora probablemente es hacer amigos en el gobierno a ver si te cae dinero público de la expotación del gas. En Alemania es aprovechar que tienes una mano de obra hipercualificada, un tejido industrial riquísimo y un consumo interno cada vez menor (debido al envejecimiento de la población) para intentar exportar cacharros de altísima tecnología. En España se construyen casas, se busca un pelotazo y se contruyen chiringuitos de plazo.

Las decisiones no son en ningún caso triviales, y dependen de muchísimos factores. En todos los casos, los inversores intentan ganar dinero, a buenas o malas, minimizando el riesgo y maximizando los retornos. En los países especialmente horripilantes, como el Congo, la ausencia de un estado fuerte hace que parte de la inversión sea en tipos con rifles. En países sin base industrial, capital humano o instituciones que favorezcan montar empresas, lo nuestro será el latifundio. Y si eres Alemania y eres tradicionalmente incapaz de construir nada que no tenga catorce aleaciones exóticas distintas ya que tus ingenieros son increíbles haciendo esas cosas, pues bien, harás eso.

El mercado laboral es uno de los elementos que influyen en estas decisiones, pero no es el único. En el caso español, es uno de factores que hace una clase de negocios mucho más fáciles de montar que otros. Lo que tenemos que hacer es qué instituciones son las que hacen Alemania lo que es ahora, y ver qué copiamos, sin resignarnos a nuestra pobre destino culturalmente impuesto.

Lo que nos daremos cuenta por cierto cuando echemos un vistazo a Alemania es que realmente no queremos ser como ellos. Primero, porque el famoso programa de reducción de la jornada funciona si el país simplemente está exportando menos por una recesión, pero sus empresas siguen siendo igual de ultracompetitivas que antes. Segundo, porque el modelo de economía hiperexportadora alemán (y japonés) tiene sus propios problemas y vulnerabilidades, como su total dependencia del exterior. Si vamos a copiar a alguien (ya puestos), más nos vale ser Dinamarca, Canadá u Holanda, economías abiertas, con una red de protección social excelente y tremendamente flexibles. Pero ese es otro tema.

Son las instituciones, gente. La gente responde a incentivos, no a mantras culturales. Especialmente si lo primero te hace ganar bastante más dinero que lo segundo.

Obviedad del día: el modelo productivo

Monday, January 18th, 2010

En el hilo de comentarios sobre la reforma laboral han salido no pocas voces diciendo que para que la economía española se recupere es necesario cambiar primero el modelo productivo, dejando los cambios en el mercado de trabajo para más tarde. Es una postura ampliamente extendida (Zapatero repetía algo parecido en su increíblemente anodina entrevista de ayer), pero que no tiene demasiado sentido. El motivo es bastante simple: el mercado laboral forma parte del modelo productivo de un país.

Si esto no parece una obviedad, dejadme señalar un artículo de prensa de este sábado acerca de una nueva oleada de despidos en Seat. Resulta que la empresa se ha cansado de utilizar EREs (que son un espléndido infierno burocrático) y ha decidido despedir trabajadores uno a uno, echando primero a los que tiene peor rendimiento. Todo el artículo es una enorme lista de objeciones aterrorizadas, hablando de arbitrariedad, daño sobre la moral de lo que se quedan, poner a los despedidos en un mercado de trabajo horrible con el estigma de su presunta vagancia, etcétera, a la vez que se deja de lado completamente el razonamiento más obvio: ¿Por qué una empresa que tiene que despedir trabajadores no va a quedarse con los mejores empleados?

El problema del mercado laboral como lo sufrimos ahora es que las decisiones de personal en España siguen una lógica totalmente enloquecida. Si las cosas van mal, el primer empleado que ve la puerta es el tipo con contrato temporal, pase lo que pase. Después de eso, la indemnización de despido hace que el siguiente en la lista sea el que tenga menos antigüedad, a no ser que sea alguien completamente esencial. Si alguien lleva veinte años en la empresa (los últimos cinco sin ser capaz de abrir un correo electrónico, “porque eso es para jóvenes”), echarle equivale a pagarle (con suerte) 400 días de sueldo - es decir, el tipo tiene que estar perdiendo el equivalente a más de un año de trabajo para que me valga la pena echarle. Y no digamos si te toca pagar 45 días por año trabajado; el tipo podría estar atizando empleados con un bate un par de días a la semana y aún te saldría más barato quedártelo.

Los costes de despido altos en contratos indefinidos provocan un cálculo muy sencillo en los responsables de personal: si de aquí cinco años Wall Street pega un petardazo y tengo que echar gente, ¿de verdad quiero tener el riesgo de tener que pagar como mínimo 100 días de sueldo a este tipo que quiero hacer indefinido? La respuesta, en vista de las cifras, tiende a ser que no - y eso es algo que afecta al modelo productivo en gran medida.

¿Por qué? Digamos que me toca la lotería y tengo diez millones de euros. Quiero abrir mi propio negocio con ese dinero. Tengo dos oportunidades sobre la mesa. Por un lado, puedo montar un hotel a pie de pistas en Boi Taüll. Por otro, puedo montar una compañía de ferrocarriles de pasajeros que entre a saco cuando se liberalice el sector.

La primera opción tiene un riesgo casi cero: tengo un hotel bien situado, mis costes de personal son bajos (y duran seis meses como mucho) y si las cosas van mal echo a media plantilla y listos. La segunda opción necesita contratar ingenieros, técnicos y maquinistas muy cualificados que tengo que contratar de forma indefinida si no quiero perderlos (o si quiero “robar” talento a Renfe). Si las cosas van mal y hay una recesión, mi flexibilidad es muy limitada - despedir gente me saldrá carísimo. El problema es que estoy en un negocio que necesito tener a trabajadores indefinidos; no me puedo permitir perder gente crucial, y no quiero estar cambiando de personal cada dos por tres. Quiero que se quedan y aprendan, que esto de mover trenes de alta velocidad no es fácil. La pregunta es, ¿qué modelo de negocio tiene un riesgo menor?

Me parece que la respuesta es bastante obvia - si no quiero dolores de cabeza, pondré mi dinero en algo en que el empleo temporal y los contratos basura sean la opción más recomendable. En España lo hemos visto con nuestro alegre obsesión por el ladrillo y los chiringuitos de playa; si la única forma de minimizar riesgos en el mercado laboral es con contratos temporales, los inversores racionalmente buscaran sectores que se adapten a ello. No es cuestión de cultura empresarial, modelo educativo o niveles de formación académica - es simple cuestión de poner dinero donde es más fácil ganarlo.

Si España de repente tuviera las universidades de Estados Unidos y el sistema de educativo de Canadá o Dinamarca, las cosas cambiarían, pero muy poco. Por mucho que tenga superingenieros a espuertas, el hotelito de playa seguirá siendo una forma más fácil de ganar dinero que el diseño de superordenadores. Los estudiantes no tardarán en darse cuenta que uno no necesita saber física de semiconductores para trabajar en un hotel, en gran parte porque no hay nadie lo suficiente majara como para crear una empresa de diseño en España, así que en pocos años estaremos otra vez igual, con universitarios preguntándose por qué se sacaron un título para acabar trabajando de administrativo.

En España el problema no es la falta de formación de la mano de obra, o el sistema educativo. El problema inmediato es que, con muy contadas excepciones, las únicas empresas que necesitan una mano de obra hipercualificada o trabajan para el estado (ACS, CAF) o son antiguos monopolios estatales compitiendo como campeones nacionales en el exterior (Seat, Telefónica, las eléctricas). Tenemos por supuesto el sector hipersubvencionado de las renovables, pero ese es otro cantar. Apostar por sectores que requieran genios de la informática, finanzas o tecnología en España es complicarse la vida, pura y simplemente, ya que el mercado laboral te hace la vida imposible desde un buen principio.

Decir que la relación entre un empresario y sus trabajadores no forma parte de cómo organizamos la producción de bienes y servicios en España es básicamente absurdo. No podemos reformar la educación, fiscalidad o urbanismo de un país y pretender que el mercado laboral dual no crea unos incentivos gigantescos para concentrar recursos en sectores de bajo valor añadido. Es pretender que la gente, los inversores, trabajadores, estudiantes, no responden en absoluto a incentivos. Un vistazo al tamaño relativo de los sectores productivos en España me parece que deja bastante claro que sí lo hacen.

La extraña reticencia del gobierno

Tuesday, December 29th, 2009

No hace demasiado me encontraba (vía Florentino) una encuesta curiosa. Resulta que un 61% de españoles, según encuestas del Eurobarómetro, opina que los contratos deberían ser más flexibles para fomentar la creación de empleo.  Cuando se pregunta al votante español medio si quiere una reforma en profundidad del mercado de trabajo, en otras palabras, resulta que dicen que sí.

Es una encuesta relativamente reciente, de Mayo-Junio del 2009, así que los datos son bastante relevantes. Un 61% es una mayoría relativamente cómoda; más aún cuando un 30% de los encuestas dice oponerse a ello. En el presunto tema intocable al hablar de reformas estructurales en España, resulta que los votantes son más radicales (y sensatos) que el gobierno. El españolito medio trabaja en empresas que “disfrutan” de las kafkianas políticas de personal que crea el mercado laboral español, y no parece ser demasiado reticente a tirar esos presuntos derechos por la borda.

¿Por qué los políticos españoles son tan ridículamente reticentes a emprender reformas serias? No es sólo cosa del PSOE; Aznar, con mayoría absoluta, retrocedió avanzó hacia la retaguardia tan rápido como pudo cuando los sindicatos se le rebotaron. Aunque los sindicatos en teoría representan a todo el mundo vía elecciones sindicales, en la práctica la tasa de afiliación es muy limitada comparada con otros países de nuestro entorno; su fuerza proviene más de legislación muy favorable (la organización de la negociación colectiva, el funcionamiento de los expedientes de regulación de empleo, el hiperblindaje de los contratos indefinidos) que de un apoyo social real.

La capacidad de movilización social de los sindicatos puede que sea importante, pero no tiene porque ser efectiva electoralmente. La primera legislatura de Zapatero fue un rosario constante de manifestaciones masivas por temas completamente aleatorios (estatuto, ETA, aborto, etcétera), pero eso no varió el resultado en las urnas demasiado. En vista de la magnífica prensa que algunos sindicatos se están ganando (sé que los controladores no son representativos, pero siendo cínico, son un ejemplo magnífico), un gobierno con ganas de cambiar las cosas no tiene por qué enfrentarse a demasiados costes políticos - le bastaría con explicarse bien.

¿Qué paraliza al gobierno de Zapatero estos días? ¿De dónde viene esta increíble timidez? La verdad, creo que la cosa va más allá de cálculos electorales o cobardía política; tiene más que ver con la tiranía del saber convencional.

Es un sesgo muy común; algo que todos sufrimos en mayor o menor medida. En la mayoría de los casos, es algo bastante racional: seguimos haciendo una cosa porque ha funcionado bien en el pasado. Del mismo modo que tendemos a ducharnos siempre a la misma hora, pedir siempre el café del mismo modo, encargamos comida china siempre del mismo restaurante o vamos al trabajo siempre por la misma ruta, también tomamos decisiones parecidas en cosas más importantes. Las empresas tienden a comprar materiales siempre de los mismos proveedores, incluso cuando sale un poco más caro (incluso cuando se ha preocupado en comparar), los inversores siguen reglas establecidas de forma bastante mecánica (”¡el ladrillo nunca baja!”), y los políticos tienden a apreciar algunas decisiones tomadas en el pasado un poco demasiado.

En el esquema mental de la política española, el mercado laboral es una “conquista social”. A pesar que el altísimo coste del despido es una herencia franquista, esa protección social privatizada y el sistema de negociación colectiva sesentera asociado es tomada como uno de los pilares de la economía española. España ha experimentado un milagro económico impresionante desde los años ochenta (excluyendo recesiones con niveles de paro catastróficos, claro), así que cualquier institución presente debe haber tenido algo que ver. Sea porque tiene efectos mágicos sobre la economía, sea porque define lo que es “el modelo español” y “es lo que somos”, las leyes en los libros son por definición buenas, ya que han funcionado “bien” hasta ahora.

Cuando una organización o ejecutivo se enfrenta a una situación de crisis, la primera tentación es intentar simplificar el problema. Repasar todo lo que has hecho y decidido hasta ahora es complicado; todo el esquema mental en que se basa tu estrategia depende de una serie de certezas (”regular el mercado laboral forma parte del estado del bienestar”) que hasta ahora han funcionado. La tentación de tomar por bueno la mayoría de lo que tienes, y señalar como problema uno de sus efectos (la ridícula especialización de la economía española en sectores con baja productividad, la burbuja inmobiliaria) y no en los factores causantes es muy elevada.

Racionalizar es muy fácil; lo hacemos todos. Si tenemos la idea preconcebida que una determinada institución ha funcionado bien, es muy fácil encontrar motivos y explicaciones que nos digan que la rigidez del mercado laboral no tiene la culpa. Lo que me parece que es obvio, sin embargo, es que el hecho que sea comprensible no quiere decir que sea una reacción aceptable, especialmente cuando medio planeta está diciéndote a gritos que tienes que hacer cambios de forma urgente.

No es sólo la patronal. No es el partido de la oposición, que parece igual de ensimismado en este asunto que el PSOE. No es sólo el FMI. No es sólo el Banco Mundial. No es sólo la OCDE, la Comisión Europea, el último premio Nóbel de economía, el Economist, el Financial Times, una burrada de expertos locales y extranjeros. No es una conspiración capitalista mundial que odia a los trabajadores. No es una especie de idiotez colectiva o ignorancia de lo muy especial que es España; un 61% de los votantes, tipos que viven en el país y que tienen menos empanadas mentales están viendo exactamente el mismo problema,  y ven algo que tiene que ser cambiado.

La cifra de desempleo español esté a años luz de distancia de todo el mundo. Lo único que distingue al país de sus vecinoses su surrealista método de regular el mercado laboral. No creo que sea una casualidad, y los votantes parecen ver lo mismo.