 |
Archive for the ‘comunicación política’ Category
Saturday, March 6th, 2010
Moncloa ha cambiado el director de comunicación esta semana. El relevo no es una sorpresa; muchas voces en el PSOE llevan una buena temporada quejándose que el gobierno no sabe explicarse. No conozco demasiado al nuevo Secretario de Estado, aparte de su nombre y el hecho que lleva trabajando en la prensa escrita desde hace décadas. La verdad, cuando anunciaron el nombre sólo le recordaba como director de Público, aunque no soy de los que presta demasiada atención a quién escribe la noticia al leer el periódico.
Varios comentarios son de rigor. El primero, y más obvio, es que la política de comunicación de un gobierno es, hasta cierto punto, secundaria. Lo importante no es tanto qué dices sino los resultados objetivos de tus políticas. Si la economía va mal y el paro está por las nubes ya puedes tener a Cicerón y Abraham Lincoln escribiéndote discursos, que tu gbierno no irá a ningún sitio. La principal preocupación de un político que aspire a ser reelegido es hacer bien su trabajo, no escribir fantásticas notas de prensa.
Por descontado, la política de comunicación no es totalmente irrelevante, eso está claro. Aún así, el problema de los últimos meses no es que el gobierno no sea bueno transmitiendo mensajes - el problema es que realmente no saben qué mensaje transmitir. El espectáculo de marchas y contramarchas constantes cada vez que un ministro propone una medida es realmente desesperante no por ser un fallo de comunicación, sino por ser una muestra de falta de una dirección política clara. Cuando no sabes dónde vas, es muy difícil explicarle al pasaje qué bonito es el destino, o justificar por qué la carretera está llena de baches, al fin y al cabo.
Moncloa puede que necesitará un nuevo equipo de comunicación, pero la prioridad debería ser otra. Más que un tipo con muchos amigos en la prensa capaz de preparar un mensaje que sea fácilmente masticable por reporteros con pocas ganas de leer demasiado, el gobierno necesita un buen jefe de gabinete, alguien que sea capaz de dar una estrategia global para salir de la crisis. Nada de globitos, nada de exploraciones, nada de ministros campando a sus anchas; alguien necesita escribir una Biblia de gobierno de diez páginas, esculpirla en mármol, y utilizarla para atizar la cabeza de todo político que se acerque a un microfono. Un plan, una idea, un mensaje - y quien se mueva es lanzado al pozo de las pirañas.
Por descontado, esto no es trabajo para un periodista, por mucho que sea licenciado en políticas. Esta es la clase de cosas para los que reclutas a políticos unicejos incapaces de hacer amigos; uno de esos buitres que duermen con un ojo abierto. Alguien como Leo McGarry pero con (más) mala leche; Malcolm Tucker, sólo que un poco más agresivo. Un apparatchik del partido de verdad, de los que cortan árboles a dentelladas en su tiempo libre.
Por descontado, no es un trabajo que tenga que hacer el presidente del gobierno. Zapatero no está en Moncloa para hacer llorar a hombres adultos como niñitas, sino para tomar decisiones. Lo suyo es decidir qué hay en el programa y venderlo; lo de pegar gritos y asegurarse que todo el mundo está en la misma página es para el tipo antipático del despacho de al lado.
Esto no va a salvar al gobierno mágicamente, claro esta: si tu programa de gobierno es malo, no importa lo bien que lo implementes que te estrellarás igual. La planificación previa y la estructura básica del program de gobierno son pasos necesarios para que las medidas salgan de forma ordenada se apliquen de forma coherente, pero tampoco te darán las elecciones.
Resumiendo, bien por Moncloa decidiendo que tienen que introducir cambios. Ahora falta esperar que estos no sean los únicos; hay que mejorar más cosas. Y hacer las cosas bien, ante todo. Ya se sabe.
(more…)
Tags: comunicación, El Ala Oeste, jefes de gabinete Posted in Hispania., amo al líder, comunicación política | 2 Comments »
Tuesday, March 2nd, 2010
El otro día en el trabajo me tuve que poner a buscar datos y regulaciones sobre un par de programas federales americanos. Gracias a las maravillas del gobierno abierto y el trabajo encomiable de la administración Obama para publicar datos y estadísticas en internet (mirad el enlace y llorad: es un paraíso friki), encontrar las cifras y legislación no resultó ser demasiado complicado; todo estaba accesible, prácticamente a tiro de Google. El problema, sin embargo, vino después.
La pregunta que debía responder era cómo funciona Medicaid en Connecticut. El problema era, mal que me pese, que por mucho que lo intentara era incapaz de entender la ley federal sobre la materia, básicamente porque el lenguaje legislativo americano es absolutamente incomprensible. Tras un rato dándome de cabezados contra el escritorio, decidí confiar en la “traducción” de la ley a lenguaje humano que habita en una oscura página federal. La información es increíblemente detallada y rica, no hay duda, pero la cantidad de jerga legal, terminología sanitaria obtusa y textos rúnicos sobre seguros médicos raros no era precisamente agradable. Tras un buen rato de lectura (y darme cuenta que tenía que repetir la misma tortura en la infinitamente peor página estatal sobre el ramo), pude finalmente traducir el significado de las bases de datos a algo útil y comprensible, y hacer un par de gráficas bien monas.
La pequeña odisea juridico-matemática resulto ser un ejemplo de libro de las maravillas de la transparencia y el poder del gobierno abierto - y también una muestra perfecta de sus limitaciones. Tenemos acceso a los datos y legislación, tenemos toneladas de documentación y cifras en la red, pero información, lo que se dice información, tenemos relativamente poca: todas esas páginas sobre medicaid necesitan ser interpretadas y traducidas para que tengan sentido.
En el caso de Medicaid, esto es un proceso relativamente fácil y comprensible; al fin y al cabo, es un programa de servicio directo. Ayer andaba haciendo la declaración de la renta, un proceso sólo un poco más sencillo que un experimento de física cuántica aquí en Estados Unidos, y me dediqué a buscar de dónde habían salido alguna de las reglas más absurdas. Está todo en internet, supongo; entender la marabunta de reglamentos obtrusos me supera ampliamente. Me encantaría saber de dónde salen un par de cambios especialmente ridículos este año (¿se nota que me ha salido negativa?) para pegar unos cuantos berridos al legislador que tuvo esa genial idea, pero no hubo manera.
Básicamente, no podemos confundir tener un gobierno abierto y transparente con tener un gobierno que informa sobre lo que hace. Tener acceso a toneladas de producción legislativa, declaraciones y numeritos no nos aporta gran cosa si toda esta información es furiosamente ofuscada por la autoridad competente, o es sencillamente demasiado complicado para entenderlo. Tener los datos es una cosa; poder interpretarlos es algo completamente distinto.
Esto crea un problema adicional: interpretar los datos no es algo completamente objetivo; es algo básicamente político. Cuando escribo un informe sobre los efectos una regulación especialmente obtusa (por ejemplo, que Medicaid ponga un embargo preventivo en tu casa al darte de alta en el servicio) mis conclusiones son esencialmente valorativas, no descriptivas. Si el gobierno explica la regulación más allá de los datos, la justificación es algo que tendra un contenido político.
Cuando hablamos de gobierno abierto, es necesario tener estas cosas en mente. No es cuestión de tener datos, es cuestión de explicarlos bien. Y esto, mal que nos pese, es algo que se debe hacer desde la política; los datos en solitario no explican demasiado.
Actualización: ¿Quiere decir esto que debemos esperar la versión oficial? No, por descontado. Como señalan en los comentarios, los datos deben ser interpretados por la prensa, analistas, frikis y todólogos que se dedican a vigilar al gobierno. Lo que debemos sacarnos de la cabeza es que la base de datos basta; es siempre necesario “traducir” la información, esencialmente politizándola. El gobierno abierto no es cuestión de dar datos; es hacer que esos datos mejoren la política.
Cosa que no deja de ser un problema - ya sabemos que la mejor manera de oponerse a una ley es básicamente leerla de la forma más surrealista posible. Sea la sanidad en Estados Unidos o la Ley de Economía Sostenible en España, el gobierno abierto no evita que los trolls de turno creen interpretaciones horrendas de todo lo que encuentran. A mí me contarán cómo cocinar datos, vamos. Ejem.
Tags: datos, gobierno abierto, interpretación Posted in comunicación política, ingeniería institucional | 6 Comments »
Monday, February 22nd, 2010
Leed el artículo de Citoyen aquí al lado sobre la resistencia irracional (y diría que casi autista, por su negación de la realidad) de no pocos “expertos” y actores políticos españoles - es muy, muy bueno. Solo añadir un par de cosas sobre las posibles reformas que el gobierno de Zapatero pueda aprobar estos días.
Los socialistas negociarán con unos y otros, y sacaran unos cuantos votos de los partidos de oposición responsables (CiU y PNV, que tienen más interés en gobernar España que el PP) para sacar adelante un paquete de reformas. Algo aprobarán, estoy seguro; todos los partidos implicados tienen incentivos para sacar medidas adelante: CiU está en ataque de seny preelectoral, y creo que el PNV por ahí anda. Con el pacto firmado y la ley aprobada, el PSOE (y los analistas de tercera en los medios) se apresurarán, a buen seguro, a cantar victoria, clamando que es un gran paso adelante para el gobierno Zapatero.
Una pequeña advertencia: no cantemos victoria tan deprisa. Un paquete de reformas saliendo del Congreso es una victoria en el Congreso, pero no quiere decir automáticamente que hemos solucionado un problema. Conseguir los votos (y el apoyo de partido y sindicatos) para aprobar medidas puede que quede muy bien a corto plazo, pero no nos llevará a ningún sitio si no arreglamos nada.
Cierto, quedaremos muy bien ante la prensa. El gobierno, con suerte, se quitará de encima en parte su imagen de zombie político inoperante que le está persiguiendo. La imagen, sin embargo, no les servirá de gran cosa si la economía sigue moribunda de aquí dos años.
Los periodistas, relaciones públicas y políticos tienden a preocuparse mucho de percepciones, de imagen, de mensaje - el debate siempre es quién gana, quién pierde y que cara de tonto se nos queda cuando metemos la pata. Los votantes, sin embargo, están muy ocupados mirando Lost como para prestar atención. En el 2012, cuando toque votar, mirarán la evolución de la economía en los dos últimos años (hasta ahí llega la “memoria” del electorado, según la mayoría de estudios) y escogeran qué papeleta ponen en la urna en consecuencia. Nada más. Las campañas, debates y fastos tienen un efecto muy limitado en el resultado final de una elecciones (como mucho, un par de puntos); si la economía sigue siendo horrible de aquí dos años, el PSOE se pegará un morrazo increíble igual, incluso contra Rajoy.
Llamadme romántico o ingenuo, pero es algo que realmente me gusta muchísimo de la administración Obama estos días. Muchos todólogos americanos llevan una temporada diciendo que la Casa Blanca debería haber aprobado una reforma de la sanidad pequeña, modesta y muy concreta y proceder a cantar victoria, en vez de intentar aprobar una ley ambiciosa. Como comenta Ezra Klein hoy, una reforma pequeñita quizás hubiera dado una victoria política a Obama, hecho a los medios felices y la vida más fácil a su partido; sin embargo, no hubiera hecho nada para solucionar el problema. Una ley que no arregla nada no vale la pena aprobarla, y punto (*).
Los votantes españoles no se acordarán, el día que vayan a las urnas, de los gloriosos consensos alcanzados el 2010. Si el paro sigue por encima del 18%, el PSOE va a comerse el marrón igual, no importa lo bien que hable: si el gobierno va a dedicarse a aprobar reformas, más vale que se centren en aprobar cosas que funcionen, no cosas que sean populares o no ofendan a nadie.
(more…)
Tags: gestos y votantes, reformas, resultados, sanidad Posted in Hispania., comunicación política, irrelevancia informativa, sanidad | 2 Comments »
Thursday, February 4th, 2010
Una de las obsesiones más irritantes de no pocos políticos es que se creen sinceramente que la gente les presta atención. Estos dirigentes viven bajo la impresión que los votantes saben cómo se aprueban las leyes y siguen con interés y detalle cada paso del procedimiento, escuchando lo que dicen los parlamentarios, estudiando qué vota cada diputado en comisión y llevando cuenta de cada concesión y cada detalle en las negociaciones.
Tenemos presidentes haciendo grandes gestos y declaraciones, hablando de llevar propuestas a conferencias bipartidistas, y tratando de convencer al electorado que la falta de respeto institucional es un escándalo. Hablan de pactos de estado y responsabilidad institucional, intentando ganar puntos por buscar consensos y culpar al contrario cuando no hay acuerdos. Se quejan amargamente que la oposición utilice tácticas y procedimientos parlamentarios obtusos para retrasar o bloquear nombramientos, hablando de seriedad y espíritu de país. Y por descontado, una vez todo esto ha sucedido, se sorprenden que los votantes les llamen inoperantes e incapaces de hacer nada.
El resultado es un tanto ridículo. El gobierno de Zapatero ha perdido cantidades ingentes de tiempo y capital político intentando echar la culpa de la falta de reformas estructurales al fracaso del diálogo social. Ha llevado grandes proyectos nacionales a las reuniones de presidentes autonómicos, exclamándose que el PP era víctima de contradicciones lógicas que no interesaban a nadie demasiado. Ha intentado justificar y defender una reforma de las pensiones señalando que todo se hablará en algo llamado “Pacto de Toledo”, un contubernio político vagamente incomprensible. No me extraña que los votantes anden confundidos sobre qué está haciendo el gobierno contra la crisis; la estrategia hasta ahora parece ser formar una comisión y quejarse que el PP proteste.
El gobierno de Zapatero tiene, desde hace tiempo, una peculiar obsesión de hablar a la gente equivocada. En política hay básicamente dos audiencias. Por un lado tenemos a los obsesos de la política: gente con bitácora, periodistas, analistas, todólogos, contertulios radiofónicos y gente vive dentro o alrededor de la política. Somos la gente que sabemos cómo se aprueban las leyes, quién tiene competencias en materia de transporte en el área metropolitana de Barcelona y qué ha dicho cada partido sobre cada tema en los últimos cuatro o cinco años. Miramos encuestas, leemos periódicos y sabemos que póliticas públicas preferimos, a veces con un detalle enfermizo.
Al otro lado tenemos el resto de votantes, el 90% largo de la población. No siguen la política a menudo, no leen las noticias cada día y no tiene ni pajolera idea sobre el procedimiento legislativo necesario para aprobar una ley. Son de izquierdas o derechas, pero no tienen grandes ideas sobre qué es bueno o malo; siguen la política de lejos y deciden lo que les gusta a base de ideas y valores, no de interpretaciones sobre qué partido es obstruccionista o no.
Ezra Klein recomendaba hoy un libro sobre este tema. Señala, con razón, que los demócratas en Estados Unidos han perdido cantidades ingentes de tiempo este año entre grandes aspavientos negociando una reforma sobre la sanidad, pensando que arrojar luz sobre el proceso pondría el electorado a su favor. El problema, sin embargo, es que los votantes no siguen las negociaciones en detalle: cuando ven una discusión que dura meses la impresión que se llevan es que algo estarán subastando y que la ley tiene un lado oscuro, sin escuchar los detalles.
No es que los votantes sean idiotas o cejijuntos. La mayoría valoran lo que escuchan y deciden en consecuencia - las campañas que tratan al electorado como gente con cerebro han funcionado bien. Lo que sucede es que, al no ser maníacos obsesivos con los detalles, prefieren (y valoran mejor) ideas que pueden ser explicadas de forma directa, sin ocultarse en toneladas de excusas y motivaciones procedimentales.
Los republicanos en Estados Unidos entienden esto muy bien; de hecho, lo explotan de forma despiadada. Saben que el electorado valora si una reforma es buena o mala en gran medida según si es aprobada o no (”si no llegaron a acuerdos, es que era peligrosa”), así que no tienen el más mínimo reparo en utilizar bloqueos parlamentarios de forma constante, a sabiendas que explicar procedimientos legislativos no te hace ganar votos. Total, mienten abiertamente, sin el mínimo reparo. El PP será muchas cosas, pero no son completamente idiotas; si creen que pueden meter a Zapatero en ridículos debates de búsqueda de consensos y pactos rotos, lo harán encantados.
El PSOE (y los demócratas) tienen que dejar de hablar al 10% de matados que seguimos la política de verdad. Lo que opine Escolar, Carnicero o un servidor es básicamente irrelevante; podemos entender que el PP no está teniendo sentido de estado y está incumpliendo la cláusula C, párrafo tercero del pacto antitransfuguismo, podermos incluso tener la razón. Por mucho que lo digamos en público, esta gran aportación al debate será entendida por cuatro, y cambiará el voto de básicamente casi nadie.
Es triste decirlo así, pero la política pertenece a gente que no se interesa por ella. El voto, las reformas, las elecciones se ganan y pierden fuera del ruido y circo mediático constante que tanto nos divierte a todos. El debate real es mucho más sencillo, mucho más directo y mucho más básico, concentrándose en cosas como si se ha hecho algo, si me han dado una explicación convincente y si el nivel de paro e inflación han mejorado como prometistes hace un par de años.
El gobierno tiene que parar de justificarse, amparar todo sobre cómo no se qué comisión mejorará la ley y sobre como el Pacto de Calasparra va a cambiar las reglas del mus y me permitirá bajar el paro. Es hora de decir que tienen un plan, es estupendo, y que es hora de aprobarlo, que por algo mandan y saben lo que hacen. En política no tiene que ser brillante; tiene que parecerlo.
…
Claro, eso es siendo optimista. A veces me temo que realmente no tienen ganas de aprobar cosas hasta que el BCE o alguien peor les obligue a ello. En fin.
Tags: comunicación política, reformas, Retórica Posted in Hispania., amo al líder, comunicación política, irrelevancia informativa | 6 Comments »
Tuesday, December 15th, 2009
Realmente no entiendo lo que pretende este gobierno a veces. Ayer Zapatero convocaba a todos los presidentes autonómicos y les ofrecía llegar a un consenso en reformas estructurales en el mercado laboral. Según El País, “Zapatero mantuvo desde un principio la posición de que lo más importante era el acuerdo en sí mismo, por encima del contenido“, una postura ya de por sí bastante alucinante (¿qué pretende? ¿que no importa lo que se apruebe, el resultado será estupendo? ¿es pensamiento mágico?); lo más deprimente, sin embargo, es que alguien en el ejecutivo creyera que veríamos algo decente salir de una reunión así.
Cierto, el PP no quiso arrimar el hombro y pactar una reforma. Eso no hace al partido en la oposición una organización irracional o irresponsable - básicamente, está haciendo su trabajo. España está en una recesión tremenda; el PSOE está gobernando, y el Partido Popular es la alternativa. Se supone -eso dice la leyenda- que quien ganó las últimas elecciones tiene que tomar decisiones, y el electorado los juzgará por eso. Si ejecutivo tiene que tomar medidas impopulares, la oposición no tiene por qué comerse el marrón, por muy necesarias que sean las medidas.
Más allá del elemental hecho que quien gobierna es quien (¡cielos!) tiene que ser quien diseña y aprueba reformas, uno tiene que ser muy ingenuo para pretender que la oposición se suma a consensos porque sí. El PP quiere ganar elecciones; es un partido político, y ese es su trabajo. A Rajoy no le interesa que el gobierno dé una imagen de liderazgo, competencia o capacidad de consenso; eso reforzaría al PSOE. Si Zapatero pretende necesitar una supermayoría para hacer cosas, el PP tiene todos los incentivos del mundo para protestar ruidosamente y forzar que las reuniones sean un fracaso.
Lo más divertido, sin embargo, es que aún con las banalidades y retórica poco específica de la propuesta del PP, lo que dicen tiene bastante sentido. Ignorad la verborrea partidista del principio; en el decálogo hay bastantes cosas que no están mal; de hecho, son tan buenas que el gobierno las llevaba en su documento, más concretadas pero sin demasiada ambición. El PP no votará a favor de sus propias ideas (faltaría más; no les conviene), pero eso no tiene por qué ser malo: si las reformas son ambiciosas y dan buenos resultados, el mérito será únicamente del PSOE, sin ayudas externas.
Este el pequeño secreto de gobernar en democracia, por cierto: si haces las cosas bien, acostumbras a ganar las elecciones. La mayoría de modelos electorales (por no decir todos) dejan bastante claro que los votantes de hecho prestan poca atención al ruido y furia de las campañas electorales, la inflada retórica de los políticos y los retorcidos posicionamientos tácticos de los actores políticos. Si quieres saber quién va a ganar elecciones, lo mejor es mirar la tasa de inflación, desempleo y crecimiento del PIB, y punto. Sólo cuando un gobernante comete estupideces comunicativas extraordinarias (cof-11M - cof) un buen gobierno pierde elecciones. Si el PSOE quiere ganar las elecciones, tiene que quitarse de la cabeza la idea que pasar medidas impopulares es algo letal; si lo que hacen funciona, nadie se acordará de lo que decía Cospedal, UGT o CCOO dos años antes.
Sí, una reforma estructural es algo serio, y tener el apoyo de todos los agentes sociales las hace más creíbles. El PP, sin embargo, no tiene incentivos para apoyarte. Los sindicatos están compitiendo entre ellos en elecciones sindicales, así que ninguno de los dos va a arriesgarse a perder votos (recordar, votan los insiders del mercado laboral, no los parados) apoyando algo mientras su rival lo adelanta por la izquierda. Las elecciones cuentan para algo - es hora que el partido que las ganó se deje de historias y gobierne.
Tags: consensos, incentivos electorales, reformas Posted in Hispania., Partido Popular, comunicación política, política | 11 Comments »
Tuesday, November 24th, 2009
Esta mañana, en un momento de enajenación mental transitoria, empezábamos en Twitter el #hpr09, una especie de narración colectiva de una especie de evento internauta ficticio. Un servidor, al fin y al cabo, vive demasiado lejos para ir de convenciones y premios que animan la vidilla de la blogosfera hispana, así que me tengo que montar mis fiestas en Twitter.
Dejando de lado el alegre onanismo bitacoril de todo esto, el contenido del #hpr09 no era estrictamente una broma. A menudo, cuando hablamos de política en internet, participación ciudadana y gobierno abierto muchos se quedan en lo positivo, en todas las maravillosas mejoras en el proceso democrático que la red puede ofrecer. Hay muchas iniciativas interesantes, proyectos constructivos e ideas realmente buenas que mejoran la comunicación entre políticos y ciudadanos (nota al margen: tengo que hablar de SeeClickFix pronto; es genial), no hay duda.
El secreto peor guardado de la red, sin embargo, es que lo que realmente ha funcionado de miedo no tiene mucho que ver con todo esto. Lo que realmente ha funcionado bien al hablar de política en internet es la política más cafre, alegremente destructiva y básicamente negativa; emponzoñar el discurso, arrastrarlo por el barro y hacer que todo sea bastante más estúpido que antes.
Esto lo hemos visto en no pocos sitios y temas. El debate sobre la reforma de la sanidad americana (mañana os cae algo sobre ello) ha sido espectacularmente estúpido, en gran parte por el excepcional talento de la blogosfera conservadora por escupir basura a ritmos increíbles. La metodología ha sido variada, utilizando desde e-mails en cadena completamente fantasiosos a berreos en Facebook de la inanerrable Sarah Palin. La blogosfera ha sido incansable propagando artículos ridículos de trolles mediáticos profesionales como la impresentable Betsy McCaughey, utilizando redes sociales, Twitter y bitácoras para organizar protestas, y explotando YouTube y la estupidez compulsiva de los medios para atraer la atención de forma increíblemente efectiva.
La derecha americana realmente no inventó el método, por supuesto; las primeras campañas de ruido y furia orquestrada desde internet fue probablemente la (fallida) campaña presidencial del 2004 (MoveOn) y la (existosa) campaña contra la privatización del sistema público de pensiones el 2006. No me voy a meter en el fondo de los argumentos (la propuesta de Bush era absurda), pero el mensaje no se basó precisamente en una apelación racional al debate - más bien en meter miedo a los pensionistas tanto como fuera humanamente posible.
En España esta clase de ruido y furia no es precisamente una rareza. La campaña del 2004 (11M y derivados) fueron relativamente pre-internet, con los medios tradicionales aún llevando la iniciativa, pero la derecha ha sido rápida organizando una estructura de trolls adjuntos. Tenemos Libertad Digital, el Foro de la Familia, Hazte Oir y algunos sectores de Red Liberal dispuestos y entusiastas a meter ruido cuando hace falta, a veces en causas alocadas, a veces en temas más serios (SGAE).
Bloquear legislación en España es mucho más difícil que en Estados Unidos (afortunadamente), pero asustar a tu partido no es precisamente complicado. El Partido Popular es probablemente un partido distinto ahora de lo que sería en ausencia de Hazte Oir; su giro a la derecha en materia de aborto no es casual. Esperanza Aguirre es un personaje viable en gran medida por su potente altavoz mediático en internet. La reforma del estatuto catalán fue muchísimo más difícil (y peligrosa políticamente para el gobierno) gracias al constante redoblar de tambores en la red.
Más allá de mejorar la calidad de la democracia, internet es una herramienta excelente para dos cosas: movilizar a las bases, y provocar que el debate político se llene de auténticas burradas sin que los políticos profesionales tengan que mojarse demasiado. Ambas cosas no son excluyentes, y de hecho a menudo son simultáneas; los elementos más montañeses de los partidos caen a veces en fantasías alocadas (hola, Peones Negros).
Para los partidos, esta clase de política es una arma de doble filo. El principal riesgo es que el partido puede perder el control del debate; cuando los Peones Negros definen tu estrategia de oposición en temas de interior, algo has hecho muy, muy mal. Las ventajas, sin embargo, pueden ser importantes: puedes sacar gente a la calle facilísimo, mantener a tus militantes listos para hacer ruido, y asegurar que tus bases salgan en tromba a las urnas si las tienes contentas y les tiras un huesecito de vez en cuando. Más allá de eso, un partido avispado puede sacar un partido tremendo movilizando a sus apoyos en grupos que generan simpatias - en el caso de Estados Unidos, los viejecitos, en Francia el omnipotente granjero, y en Cataluña el sacrosanto botiguer (en el resto de España me temo que somos demasiado ácratas para tener un grupo preferido).
En la mayoría de los casos, esta clase de movilización es política cínica, negativa, agresiva y desagradable; la clase de crispación y ruido social que hace que la gente odie la política. Para bien o para mal, sin embargo, esta clase de movilizaciones son menos efectivas en España, básicamente por tres motivos muy sencillos.
Primero, gracias a la disciplina de partido, aprobar reformas y leyes es más sencillo; una campaña contra una medida concreta necesita forzar que todo un partido retroceda, no unos pocos legisladores asustados como sucede en Estados Unidos. Segundo, algo muy simple: hay menos dinero en política. Hazte Oir no es capaz de recaudar dinero para poner anuncios en televisión, así que la presión es menor. Organizar esta clase de saraos bien no es demasiado barato. Tercero, y más importante, la estructura de los medios de comunicación es muy distinta; la prensa americana y su “neutralidad” / vagancia hace que entrar en el debate sea mucho más sencillo.
El efecto real, al menos hasta ahora, es lo que insinuábamos arriba: los militantes ultramovilizados (y más preocupados por su pequeño tema que en ganar elecciones) pueden mover un partido a la derecha de forma considerable, o crear notorios conflictos internos. Lo hemos visto en los partidos nacionalistas en los últimos años, y lo hemos visto en el PP. Es difícil decir el peso real de internet en esto; al fin y al cabo, los medios en España, al ser partidistas, tienden a crear esta clase de dinámicas.
Así que en el próximo evento de política 2.0, democracia electrónica o gobierno del futuro, recordad el mensaje de #hpr09 - Hijofrutas en la Red 2009: en internet, la ética de aplicar mierda en un ventilador es, hasta ahora, la actividad dominante… y la más efectiva. La red tiene un potencial enorme para hacer que la política mejore y los gobiernos aprendan. Creo que decían lo mismo cuando inventaron la radio.
(more…)
Tags: el lado oscuro del guru, internet 2.0, troll Posted in comunicación política, onanismo bitacoril, política | 17 Comments »
Monday, November 16th, 2009
En la ola de dospuntocerismo que nos invade, una de las obsesiones más extendidas en congresos, eventos, fiestas y encuentros varios es la democracia electrónica, las administraciones hiperconectadas y el gobierno abierto.
La idea es sencilla e intuitiva: las nuevas tecnologías permiten compartir información de forma muy eficiente, así que los gobiernos deben poner tantos datos, mapas, informes y proyectos como puedan en la red al alcance del público. Esa misma tecnología permite crear redes de participación y herramientas de comunicación increíblemente rápidas, extensas y abiertas, así que los políticos deben hablar, escuchar y hacer que la gente participe tanto como pueda.
Son ideas bonitas e intuitivas, pero ¿son realmente útiles? La verdad, creo que su utilidad es muchísimo más limitada de lo que tanta retórica y proyecto futurista pretende.
El motivo es de hecho muy simple; algo de una antigüedad decepcionante: la participación política en el mundo real es algo bastante triste, específico y asimétrico de lo que dicen los ideales democráticos. Lo vemos en el voto: los viejos votan más que los jóvenes, ricos más que pobres, y casados más que solteros. Al hablar de participación directa, sin embargo, estas desigualdades son aún más pronunciadas.
¿Recordáis cuando en la facultad alguien organizaba una asamblea? Al principio la asistencia era aceptable, pero dos o tres meses después siempre acababan siendo los mismos. Los participantes eran al final miembros de dos grupos específicos: gente con demasiado tiempo libre y tipos completamente obsesionados con alguna paranoia específica. Dicho en otras palabras, los tipos que no han dado ni golpe en toda la carrera y los asambleístas compulsivos hiperpolitizados y un poco idos de la olla - y lo digo con conocimiento de causa, que yo era uno de ellos. Gente que tiene muchas ganas de hacer ruido y montar cosas, pero que en ningún caso son una muestra representativa de la población.
Lo decía hace tiempo hablando de democracia directa, y los mismos problemas se extienden a los gobiernos 2.0 abiertos: la participación política tiene un coste. No todo el mundo tiene tiempo para dedicase a mirar mapas y leer estudios infomativos en la página del ADIF para ver si una línea de tren es una buena idea o no (¿cuánta gente sabe qué es el ADIF, de todos modos?), y por descontado no hay demasiados perturbados dispuestos a perder el tiempo escribiendo a la administración, participando en foros y atendiendo a a interminables reuniones. La gente que va a hacer esas cosas será, en la inmensa mayoría de los casos, gente con estudios, ingresos aceptables y demasiado tiempo libre - y los que hagan ruido y se movilicen sobre ello serán los que más tienen que ganar o perder en un proyecto.
Cuando pensemos en abrir la administración y hacer a los políticos más accesibles, recordad la figura del lobista. No todos los lobistas son gente malvada representando a enormes multinacionales comeniños; un número considerable de ellos, de hecho, son organizaciones representando ciudadanos de a pié. Dado que participar y organizarse tiene costes, sólo aquellos grupos realmente obsesivos sobre algún tema son los que hacen ruido, y así acabamos viendo la NRA (asociación nacional del rifle), los antiabortistas, y los grupos que se quejan que alguien ha decidido construir algo detrás de su casa y les tapa las vistas.
Sí, las nuevas tecnologías facilitan las cosas. Participar es más fácil en internet que en persona, pero los costes de tiempo (lectura, preocupación, diálogo) y quién tendrá interés en invertirlo son esencialmente los mismos.
Eso no quiere decir que el gobierno abierto no sea necesario, o sea una mala idea. Publicar datos, proyectos y planes es algo fantástico; la transparencia es la administración es una herramienta imprescindible para combatir la corrupción. Aún más importante, tener estadísticas públicas estandarizadas contribuye a mejorar la calidad de gobierno; las administraciones deben poder hablar y compartir lo que saben para hacer bien su trabajo. La participación directa siempre es bienvenida, y ayuda a mejorar el proceso de toma de decisiones hasta cierto punto.
Aún así, es necasario tener muy en mente que los datos, planes y mapas no los va a consultar casi nadie, y los que escriben, debaten y protestan van a ser lo que raritos que iban a todas las asambleas en la facultad. Es mejor que nada, pero no es una revolución o cambio tectónico que cambiará todo. El dospuntocerismo en político puede aportar muchas cosas, pero no exageremos.
Tags: asambleismo desatado, dospuntocerismo fuera de control, gobierno abierto Posted in comunicación política, economía, política, tecnología | 9 Comments »
Wednesday, October 7th, 2009
Al hablar de medios, el saber convencional siempre ha sido decir que “content is king” - el contenido es el rey. Si una revista, periódico o página en internet tiene buenos contenidos, la gente vendrá a leerlo, se tragará los anuncios, y conseguirán que ganes dinero.
Esto quizás fuera cierto en el pasado, pero empiezo a sospechar que desde hace una temporada el sentido de la frase ha cambiado. La culpa, como de costumbre, la tiene la red, y todo lo que representa.
El otro día comentábamos que los medios realmente no “venden” contenidos, sino que venden lectores - crean tráfico, atraen público, y hacen que el lector o televidente pierda el tiempo viendo anuncios, que es donde sacan beneficios. Los periódicos de hecho no están ofreciendo artículos o noticias, sino que están colocándonos publicidad.
Los medios de comunicación son básicamente intermediarios. Un periódico tiene una pila de matados que se pasan la vida escribiendo, un pelotón de todólogos y opinadores profesionales que creen que nos interesa mucho lo que dicen, y un director y consejo editorial que están convencidísimos que son muy influyentes. Toda esta gente escribe mucho - y lo que hace el editor del diario es coordinar a todos estos gafosos para que sean capaces de ofrecer algo coherente. Cuando tienen este material, el editor pone en contacto los vendedores de letra impresa con los compradores de lectores interesados, y de eso saca un beneficio.
¿Qué está sucediendo estos días? Bueno, uno de los elementos importantes de internet y nuevas tecnologías es la reducción de los costes de transacción. La información circula mucho más rápido de un sitio a otro, haciendo que participar en un mercado complejo sea mucho más fácil. En un mercado sofisticado, un intermediario es alguien que vive de reducir estos costes de transacción; son los expertos que ponen contactos compradores con vendedores.
Hace una (larga) temporada enlazaba varios estudios sobre cómo la aparición de portales como Zillow o Idealista han hecho que las comisiones de los agentes inmobiliarios hayan caido en picado. No son los únicos; pensad dónde comprabáis un seguro de coche, billete de avión o acciones en bolsa hace unos años. Internet (y la magia del software que gestiona todas estas cosas) ha hecho que tareas que hace una década requerían un intermediario especializado que supiera navegar la información por tí ahora estén al alcance de cualquier mortal.
Si volvemos de nuevo nuestra mirada a la prensa, esto necesariamente debe tener un efecto. Los editores ya no son los únicos intermediarios efectivos poniendo en contacto lectores con escritores interesantes; internet pone a disposición del público un número básicamente infinito de contenidos esperando ser disfrutados. Si alguien está buscando un gafoso progresista con ansias de grandeza, frikazo de los trenes, que viva en Estados Unidos y hable de política sanitaria en Estados Unidos de forma obsesiva, lo puede encontrar (en vista del tráfico de los últimos meses, hay claramente un mercado para gente de esta calaña, por cierto) - internet lo tiene.
Hace unos años, el hipotético lector de susodicho friki no tenía nada que hacer - sólo podía confiar que algún editor de periódico de tirada nacional (preferentemente de un diario independiente de la mañana) descubriera que en en el mundo había una demanda no satisfecha de gafapastismo trenero feroz y que decidiera publicar algo en ese sentido. Ahora, basta una visita a Google, Menéame o Neoprogs para descubrir que sus ánsias están cubiertas - y que uno puede leerlo sin pagar.
Cuando los costes de transacción caen, los intermediarios pierden su papel central en un mercado: ya no son imprescindibles. Los periódicos, televisiones y radio no son el único árbitro sobre qué contenidos son accesibles al público y dónde pueden comprar espacio los anunciantes; ahora todo el mundo puede publicar sin tener que ser fichado por Murdoch, Cebrián o el coloso mediático de turno. Los medios de comunicación tradicionales, si no se dan cuenta de este hecho, seguirán a las discográficas camino del cementerio de dinosaurios.
¿Qué papel deben adoptar los medios de comunicación, la prensa, en este nuevo contexto? Para empezar, darse cuenta que los beneficios del pasado no volverán - ya no son los actores centrales. De hecho, es muy probable que tengan que pensar en cómo trabajar sin generar beneficios, convirtiéndose en entidades sin ánimo de lucro en algunos casos. Deben darse cuenta sobre qué contenidos pueden generar que no pueda ofrecer un tipo en pijama en casa - los reportajes en profundidad, cobertura en sitios peligrosos y dar contexto a la información de forma clara.
Lo más importante, sin embargo, es que deben pasar de barrera a la entrada a ser policías de tráfico - los periodistas profesionales, más que generadores de contenidos estrictamente, serán pronto “descubridores” y “confirmadores” de contenido ajeno. Sonará horriblemente dospuntocerista, pero en un contexto de exceso de información galopante la tarea de la prensa será separar el grano de la paja, no ejercer de granjeros.
En cierto sentido, es una vuelta radical a los orígenes; el modelo que tengo en mente no es una bitácora llena de enlaces y contraenlaces, sino algo más parecido a lo que hace el Economist. La muy antigua revista británica no acostumbra a perder el tiempo repitiendo lo que ha dicho un político y otro; la idea central es explicar de forma sencilla por qué algo es importante y qué efectos puede tener. Los reporteros no son imparciales, pero dan explicaciones (en general) bien razonadas - traducen un mundo complejo a algo comprensible, a menudo a base de referenciar lo que dicen los que saben de la materia.
La idea para los medios es no pretender ser el centro de la conversación: es hacer que esta sea más interesante e informativa. No diré que hacer esto sea fácil (no lo es), pero el cambio es necesario; el modelo actual es un fósil obsoleto.
Tags: dospuntocerismo fuera de control, medios de comunicación, nuevo mundo Posted in comunicación política, copistería fina, irrelevancia informativa | 12 Comments »
Tuesday, September 29th, 2009
Pues sí, por una vez y sin que sirva de precedente, el gobierno Zapatero está haciendo algo bien en materia de comunicación. Bueno, quizás no estrictamente bien del todo, pero a años luz de lo que nos tiene acostumbrados. Os presento la página del Plan E, un sitio con información útil, relativamente bien diseñado y con explicaciones comprensibles por seres humanos. El detalle varía de un tema a otro, pero en lo que respecta a cosas como el plan de inversión local, uno puede mirar municipio por municipio qué están financiando en cada sitio.
Sólo dos comentarios. Primero, no estaría mal que actualizaran la página más a menudo; hablan de la rebaja de los 400 euros como si fuera algo aún activo y maravilloso. Segundo, y más grave ¿Soy muy despistado, o esta página la tenían bien escondida? No diré que soy una persona importante que merezco ser informada, pero no estaría mal que hubieran hecho más publicidad del asunto.
La administración Obama (sí, esa gente) han estado hablando sobre como todo está disponible en Recovery.org - y muchas bitácoras han utilizado datos, gráficas e información de esa página para defender al ejecutivo. Por descontado, el nivel de detalle de la página del Plan E no llega a los extremos ridículos de lo que hace el gobierno federal americano, pero la información me habría ido muy bien para hacer este artículo más convincente, sin ir más lejos.
¿Hasta qué punto esta clase de publicidad es útil? Es relativamente difícil de medir, pero estoy bastante seguro que algo ayuda. Una de las claves de una buena política de comunicación en internet es hacer la conversación más interesante - añadir información comprensible, detallada y clara sobre qué pretende hacer el gobierno es un buen primer paso. Por descontado, la página podría ser mejor (es difícil compartir contenidos, el motor de búsqueda de datos debería ser más potente, necesita RSS desesperadamente y muchísimas más actualizaciones), pero esta es la clase de cosas que un gobierno moderno necesita desesperadamente.
Tags: Dospuntocerismo, Plan E, propaganda Posted in Hispania., comunicación política | 1 Comment »
Friday, September 25th, 2009
Decíamos el otro día que Mariano Rajoy es el mejor de los líderes posibles para este gobierno socialista. El PP, con todo de cara, ha sido incapaz de sacar ningún rédito electoral en absoluto de esta crisis económica. Zapatero es listo y lo sabe, así que está trabajando duro para evitar que el barbas pierda el cargo.
Hoy, sin embargo, se le ha notado demasiado. El escándalo de corrupción en la Comunidad Valenciana ha explotado con todavía más furia que antes del verano, dejando al descubierto el favoritismo de los jueces y la profundidad de y densidad de las redes de financiación ilegal del PP. La cosa es tan serie, de hecho, que tanto El Mundo como Libertad Digital hablan de ello; rompiendo el anquilosado seguidismo de la prensa en España. La autoridad de Rajoy, su incapacidad para disciplinar y controlar a un sector del partido caciquil fuera de la ley era de nuevo cuestionada.
Zapatero no podía permitirlo. Era demasiado. No podía correr ese riesgo. Desde España, no podían hacer gran cosa; decir burradas sobre temas fiscales estaba agotado, no había dónde ir. Tenían que pensar rápido. La solución: una foto. Sí, esa foto, la de las hijas, con ese estilo Bienvenido Mr. Marshall. Y no, no la voy a poner aquí porque la habéis visto todos seguro, y porque las crías no tienen la culpa que su padre las utilice en una maquiavélica conspiración para distraer la prensa y proteger a Mariano Rajoy.
El resultado, una obra de arte. Para empezar, le han chafado la gran exclusiva a El País, que se las prometía muy felices vendiendo periódicos, recuperando la credibilidad perdida en su papel de azote del PP y pretendiendo ser investigadores feroces, aunque todo venga de una filtración. Toma venganza por ese editorial. El ABC y La Razón han sido completamente confundidos, dejando escapar una oportunidad de oro de atacar a Rajoy. El Mundo y LD verán como todas sus esperanzas de resucitar el PP de la opresión del barbudo mediocre zombie eran destruidas al instante, al estar todo el gallinero haciendo chistes como posesos.
Este tipo es un genio.
En fin. Más en serio, un par de comentarios. Si esta es la foto oficial de Zapatero con el Presidente del país más poderoso de la tierra, qué manera de hacer el ridículo -y menuda falta de respeto. Si no lo es, lo mismo. Segundo, me parece que la tradición española de meter lo menos posible a la familia y vida privada de los políticos es una idea excelente, y que deberíamos seguir respetándola. Pretendamos a la hora de criticar que en la foto aparecen Barack Obama, Michelle, Zapatero vestido de torero y Sónsoles vestida de lagarterana. No veo a nadie más. Es una lástima que no sepa hacer nada con Potochop GIMP, sino me dedicaría a eso para enriquecer la discusión.
Y sí, del PP en Valencia hablo luego. El tema realmente importante es ese, al fin y al cabo.
Tags: distracciones, La lista de los Reyes Godos Posted in amo al líder, comunicación política, idas de olla | 4 Comments »
|
|
|