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Archive for the ‘americanadas’ Category

Repito - inflación

Thursday, September 2nd, 2010

Ya sé que me repito más que el ajo, y sé de sobras que poner un enlace a todo artículo que me da la razón se hace cansino, pero creo que es algo relevante: necesitamos inflación. Kenneth Rogoff tiene un artículo excelente sobre este tema hoy; vale la pena leerlo. Cito:

While America is facing the limits of fiscal policy, monetary policy can do more, as Federal Reserve Chairman Ben Bernanke detailed in a recent speech in Jackson Hole, Wyoming. With credit markets impaired, the Fed could buy more government bonds or private-sector debt. Bernanke also noted the possibility of temporarily raising the Fed’s medium-term inflation target (a policy that I suggested in this column in December 2008).

Given the massive deleveraging of public- and private-sector debt that lies ahead, and my continuing cynicism about the US political and legal system’s capacity to facilitate workouts, two or three years of slightly elevated inflation strikes me as the best of many very bad options, and far preferable to deflation. While the Fed is still reluctant to compromise its long-term independence, I suspect that before this is over it will use most, if not all, of the tools outlined by Bernanke.

El argumento viene a ser básicamente el siguiente - la inflación, en circunstancias normales, tiene una serie de efectos negativos que queremos evitar. A saber:

  • a. La subida de precios reduce la propensión al ahorro.
  • b. La inflación hace que las deudas tengan menos valor, perjudicando a los acreedores.
  • c. La subida de precios perjudica sobre todo a las clases bajas, que utilizan un porcentaje mayor de su renta para consumir, y no tienen capacidad de colocar sus ahorros en refugios de valor a prueba de inflación.
  • d. Devalua la moneda, encareciendo importaciones.
  • e. Disminuye el precio del dinero, bajando el tipo de interés real.

Estados Unidos (y el mundo en general)  no está, sin embargo, en una situación normal: tras una crisis financiera gigantesca, todo el mundo está hasta las cejas de mala deuda. Los tipos de interés ya están a cero, y la economía sigue sin reaccionar, con todos los agentes tratando de reducir su endeudamiento antes de tomar riesgos. En una situación así, muchas de los problemas derivados de la inflación de hecho se invierten:

  • a. Ahora mismo tenemos demasiado poco consumo y demasiado ahorro - un incentivo a gastar antes que suban los precios es una buena idea.
  • b. Nada como hacer que las deudas sean más fáciles de pagar para facilitar el desapalancamiento de los agentes. A los bancos no les gustará demasiado, pero con la de dinero público que les ha caído ya pueden callarse. Aparte, es posible que pierdan poco dinero - en vez de tener que enfrentarse a impagos generalizados como ahora, tendrán un retorno un poco peor en sus créditos.
  • c. Con el paro por las nubes y sin señales de recuperación, cualquier política que potencialmente pueda generar crecimiento es mejor que nada. Los únicos perjudicados reales son los pensionistas y trabajadores que no tengan sus salarios indiciados - a los primeros se les ajustan las pensiones cada año ya ahora, y los segundos a medio plazo estarán mejor sin una recesión.
  • d. Si eso arregla aunque sea parcialmente la balanza comercial con china, esto es algo positivo.
  • e. De nuevo, algo positivo - el dinero es demasiado caro ahora, y con expectativas de deflación, parece que se encarecerá más. Bajar los tipos reales es algo positivo.

Rogoff, por descontado, no se refiere a crear una orgía inflacionaria estilo Zimbabwe. La Reserva Federal (y el BCE) podrían proponerse llegar a una inflación del 4% anual, más o menos el nivel medio en la era Reagan. Las expectativas de subida de precios forzaría mucho dinero ocioso a salir a comprar cosas o invertirlo en algo más o menos productivo, en vista que dejarlo en bonos del tesoro equivaldría perder 2-3% al año. En cuanto la economía se empezara a moder, los bancos centrales podrían subir el tipo de interés suavemente para asegurar que nada se desmadre.

Bernanke insinuó la posibilidad de hacer algo parecido la semana pasada, pero parece que no acaban de atreverse. Los motivos se me escapan, pero parece que la composición interna de la Fed (llena de republicanos) no acaba de ayudar. Es, obviamente, una idea poco convencional, y más cuando los bancos centrales están diseñados para mantener la estabilidad de precios - y nadie se esperaba que este mandato volvería a incluir combatir la deflación. Me temo que si vemos esta clase de salida (muy razonable y aunque ligeramente regresiva, infinitamente mejor que tener un 10% de paro) aún tardará un poco.

Al menos estaréis avisados. (vía Ezra Klein)

Políticos que dan miedo en un año que da miedo

Wednesday, September 1st, 2010

La semana pasada tuvimos primarias en el estado de Alaska. Normalmente es la clase de elecciones a las que nadie presta puñetera atención; Alaska es un estado básicamente republicano, y la senadora que representa el estado, Lisa Murkowski, es básicamente imbatible en unas generales.

En circunstancias normales, las primarias serían un trámite. El problema es que este no es un año normal, y el partido republicano de estos días se aleja tanto de la normalidad como buenamente puede. Dos semanas antes de las elecciones, el Tea Party Express, un grupo ultraconsevador alegremente financiado por megamillonarios (y ocasionalmente racista), anunció que iba a donar 600.000 dólares a Joe Miller, el casi desconocido oponente de Murkoswki. El mismo día, Sarah Palin (que detesta la familia de la senadora) anunciaba su apoyo a Miller. El martes pasado, para sorpresa de todos, Murkowski perdía las elecciones.

Algo sencillo, ¿verdad? La gente está cabreada con Washington, y Murkowski es la tercera senadora republicana que cae en las primarias este ciclo (tras Bennett, de Colorado, y Specter, de Pennsylvania). Es otro ejemplo más de un candidato del establishment estrellándose en las primarias; una repetición de las victorias de gente como Rand Paul o Sharon Angle. Las primarias republicanas están dando muchas sorpresas; muchas más, de hecho, que lo visto en el lado demócrata. Las bases del partido se han radicalizado mucho, muchísimo, y no toleran la más mínima traición ideológica.

Los candidatos insurrectos republicanos, los “hijos” de los tea parties (Paul, Angle, Miller) tienen en común varias cosas: son políticos básicamente desconocidos, no especialmente brillantes e increíblemente conservadores. Y cuando digo muy conservadores, hablo en serio; Sharon Angle quiere abolir Medicare, la seguridad social y el departamento de educación, habla de insurrecciones armadas de vez en cuando, cree que el virus del SIDA es un fraude y protestó porque un equipo de fútbol de Nevada utilizaba colores satánicos en sus uniformes (iban de negro).

Sharron Angle está especialmente majara, pero sus colegas no es que sean mucho más normales. Rand Paul tiene ideas más bien particulares sobre derechos civiles (básicamente, no son competencia del estado). Joe Miller está en contra del aborto en todos los casos, incluso ante violaciones e incesto, cree que los subsidios de desempleo son inconstitucionales y básicamente quiere cargarse todo programa federal que ayude a cualquier persona pobre.

En un año normal, un partido que presentara esta clase de candidatos daría esos tres escaños por perdidos. Rand Paul probablemente es un candidato medio viable en Kentucky, pero basta con escuchar a Sharron Angle treinta segundos para darse cuenta que le patina el embrague algo serio. El problema, de nuevo, es que no es un año normal - de hecho, es un año en que la economía va especialmente mal, y en el que los demócratas tienen muchos números de llevarse un buen repaso (y sí, creo que en mayo me equivocaba). Eso quiere decir que a pesar de presentar a un buen puñado de perturbados mentales a las urnas, es perfectamente factible que alguno de ellos gane, y más contra esa pila de idiotas terminales que es el partido demócrata.

Si los republicanos tienen un poco de suerte, el año que viene podemos tener cuatro o cinco senadores absurdamente radicales y/o completamente enloquecidos en el Senado, básicamente. No sé si recordaréis, pero la cámara alta americana es una organización muy disfuncional, en la que un solo senador puede cargarse el funcionamiento de la cámara durante semanas. Imaginad esa misma cámara con mayorías más ajustadas, demócratas aún más aterrorizados y cuatro o cinco tipos que creen que los Gnomos de Zurich están conspirando contra el Patrón Oro. No será divertido.

Espero equivocarme, pero si los republicanos ganan en noviembre (en gran medida gracias a una recuperación económica ahogada por los mismos republicanos) el sistema político americano va a convertirse en una republica bananera de primer orden. Olvidaros de cualquier bipartidismo: las bases republicanas llevan todo el año echando a patadas a cualquier político colaboracionista con ese comunista nazi musulman pro Sharia que es Obama. Nada de cooperación, nada de pasar leyes que el presidente apoye.

Y como está el patio económico, eso da miedo de veras.

Paseando por Gettysburg

Tuesday, August 31st, 2010

Este fin de semana, un poco porque no tenía gran cosa que hacer, cogimos el coche y nos fuimos a pasar el día a Gettysburg, Pennsylvania. Son 550 Km, dando un poco de rodeo para evitar tráfico; bajamos el viernes por la tarde, dormimos en un motel, turisteamos el sábado y volvimos por la noche. Uno sabe que lleva demasiado tiempo en Estados Unidos cuando meterse 1200 Km en dos días es algo relajado, pero vamos.

No hace falta que recuerde a nadie por qué Gettysburg es importante: en julio 1863, la Unión infligió una derrota clave al ejército confederado, marcando el principio del fin de la guerra civil. Es, según el viejo dicho, the high-water mark of the Confederacy, el punto más alto del Sur en esa guerra. Aunque el conflicto se alargó casi dos años más, Gettysburg es la batalla; el momento simbólico, la victoria que cuenta.

El valor mitológico de la batalla hizo que, casi inmediatamente, el lugar fuera preservado. En noviembre de 1863 el norte abrió un cementerio militar en memoria de sus caídos; fue ese día que Lincoln pronunció su discurso más recordado (los escolares americanos tienen que aprenderlo de memoría, aún hoy). Veteranos y familiares de los soldados empezaron a llenar el campo de batalla de monumentos a sus caídos; las colinas, riscos y campos de Gettysburg están cubiertos de obeliscos, placas y estatuas de todos los tamaños.

El campo de batalla es hoy, en gran parte, un parque nacional federal. La mayor parte de los terrenos son propiedad pública, con unas cuántas zonas en manos privadas, sea como viviendas, sea como negocios para turistas. Si hay algo que Estados Unidos se toma muy en serio, y gestionan muy, muy bien, son sus parques nacionales, y Gettysburg no es una excepción.

Para empezar, el centro de visitantes, recientemente renovado, es un museo fantástico. El edificio es grandote y bastante feo, pero está muy bien escondido; es completamente invisible desde cualquier lugar del campo de batalla. Las zonas donde se combatió en 1863 están muy bien marcadas, perfectamente cuidadas y cuidadosamente preservadas, tratando que todo tenga el mismo aspecto que tenía a mediados del XIX. En todas partes hay park rangers listos para contestar cualquier pregunta que puedas tener, encantados de explicarte qué regimientos se liaron a tortas en cada sitio y qué pequeñas diferencias existen entre ese risco hoy y hace 150 años.  Los caminos y carreteras están impecables, bien cuidados, limpios. Es una gozada; todo marca respeto, aprecio por la historia, tradición.

Y después están los frikis, claro. No sé si conoceréis a algún aficionado machaca a batallitas napoleónicas. Bueno, el campo de batalla en Gettysburg está repleto de su equivalente americano. Allí donde pares escucharás animados debates sobre qué sucedió exactamente en cada momento durante la batalla, siempre con un grado de detalle obsesivo. Hay gente de todo el país, cada uno buscando lo que hizo el regimiento de su terruño o repasando una y otra vez las líneas de tiro en Little Round Top y comparando con lo que han leído en siete libros.

Lo más sorprendente, sin embargo, es la actitud que tienen hacia los dos bandos en el conflicto. La guerra civil americana es bastante única en el sentido que tiene buenos y malos, al menos para un observador europeo; el sur era esclavista, retrógrado, racista, mientras que el norte defendía libertad, igualdad. Al visitar el museo te recuerdan qué era la Confederación (y su costumbre de enviar a los negros libres que encontraban a su paso hacia el sur, como esclavos), pero fuera la cosa cambia. Hay monumentos dedicados a ambos bandos; las tiendas de recuerdos venden uniformes, ositos de peluche y cacharros de ambos bandos, y el tono es respetuoso, dando una cierta equivalencia.

Hace varios años que vivo en Estados Unidos, y es algo que aún hoy no acabo de entender. El norte era el bando virtuoso, y fue el bando ganador. El sur era la región pobre, agrícola, antimoderna, racista, y fue devastado por la guerra. Al hablar de la Guerra Civil, sin embargo, a veces uno tiene la sensación que es el sur el que “marca” cómo se habla sobre el conflicto - el tono de nostalgia, de dos mundos en conflicto, con un sur gentil y caballeroso que desapareció en 1865. Si los Nacionales hubieran perdido la Guerra Civil, uno no se imagina un monumento en algún lugar de Belchite marcando el lugar donde “casi” ganaron la guerra; En Gettysburg, sin embargo, hay varios bien grandes. Sí, es una guerra más antigua, y sí, no queda nadie vivo de esos días, pero aún así sorprende.

¿De dónde viene esta actitud? Es complicado explicarlo, pero tiene mucho que ver con las política del resentimiento y los años de racismo institucional en el sur tras la guerra. Durante décadas, políticos abiertamente racistas se dedicaron a discriminar con saña en todo el sur, manteniendo un poderoso bloque de votos en Washington. El movimiento de los derechos civiles en los sesenta cambió la retórica, pero no según que actitudes. El partido del resentimiento ya no eran los demócratas, sino los republicanos, que construyeron su hegemonía a base de cultivar esos viejos odios. El sur quizás perdió la guerra, pero siempre fue crucial para ganar elecciones - así que sus políticos controlaban la agenda.

Por lo que sé, la nostalgia sureña actual no es ni de lejos tan acusada como era hace tan sólo veinte años. Aun así, es curioso ver como un país tan aparentemente sólido, tan patriótico, tan centrado como Estados Unidos sigue teniendo rencores y tensiones, ocultos tras la cortinas. El país ha cambiado, y los muertos no tiene el mismo poder sobre el mundo de los vivos de antaño. Pero ahí siguen.

Nota al margen: el discurso de Gettysburg, por cierto, es un ejemplo de libro de lo que llamaba “patriotismo liberal” hace unos meses. Leedlo de nuevo, o mejor, escuchadlo recitado por una buena voz. Es un texto extraordinario, y casi imposible de traducir bien; tiene una cadencia muy difícil de replicar. Se parece mucho, muchísimo en estructura a la Oración Fúnebre de Pericles, que Lincoln conocía bien.

Infraestructuras y estímulo fiscal

Thursday, August 26th, 2010

Una nota un poco aleatoria sobre estímulos fiscales. El paquete aprobado por el Congreso en Estados Unidos ha funcionado bien, según todas las estimaciones - la economía estaba mucho peor que todo el mundo esperaba, pero el estímulo evitó una crisis mucho peor.

Una de las críticas más repetidas sobre el estímulo es que el gobierno siempre llega tarde cuando es hora de empezar a tirar paletadas de dinero por la ventana. Los helicópteros fiscales despegan tarde, y cuando llegan la economía ya no los necesita, creando inflación y despilfarro. Dado que los políticos y ministerios son malos encontrando dónde poner la pasta y construir infraestructuras, más vale dejarse de historias y no lanzarse a gastar dinero que no tenemos.

Esta crítica puede ser más o menos válida (*), pero en Estados Unidos es realmente idiota. El motivo es que si hay algún sitio que necesita gastar dinero a espuertas en infraestructuras ayer mismo, este sitio es Estados Unidos.

Basta con moverse un poco por el país para darse cuenta que las infraestructuras, en muchos sitios, están cayéndose a pedazos. Anteayer un incendio dejó sin servicio durante horas el Long Island Railroad (LIRR), una de la redes de cercanías gigantes que dan servicio a Nueva York. El motivo fue un incendio en un enclavamiento mecánico en la estación de Jamaica, nudo principal del sistema, que hizo imposible mover trenes desde y hacia Penn Station. ¿Año de diseño e instalación del sistema? 1913. Es admirable que aún esté en servicio (y sin accidentes) casi cien años después, pero lo raro es que no se haya estropeado antes.

Ayer la cosa fue a más. Con el LIRR aún a medio gas, el sistema eléctrico de la NEC (Northeast Corridor, la linea que une NYC con Filadelfia, Boston y Washington) tuvo una caída de tensión en Nueva Jersey, dejando casi toda la red de cercanías del oeste de la ciudad sin servicio en hora punta. La catenaria y electrificación de esta línea, la mejor del país (en serio) datan de 1931; todo el tinglado parece aguantarse a base de chicle, martillazos y cinta aislante.

Lo más delirante es que el lado de Nueva Jersey es “nuevo” - la línea de New Haven, que da servicio a Connecticut, tiene aún catenaria sin compensar instalada en 1920. No os preocupéis, que la están arreglando. Empezaron en el 200, y calculan que acabarán el 2018, en una línea de apenas 120 Km.

Si alguien se cree que esto es cuestión de trenes, el patito feo del sistema de transporte americano, la cosa va bastante más allá. Cualquiera que haya aterrizado en Nueva York, tanto en Kennedy como Newark, sabe de sobras que son aeropuertos que hacen que la terminal vieja de Barajas parezca un espaciopuerto. La I-95, la autopista de la costa este, es un auténtico berenjenal infumable lleno de agujeros colapsado a todas horas y donde todo parche o reparación lleva meses y meses. Al lado de New Haven están asfaltando un tramo de 10-12 Km ya que empezaba a recordar Afganistán un poco demasiado, y llevan más de dos meses con ello. La reforma del nudo entre la 91 y la 95 creo que la verán mis nietos, al paso que van. Las cosas las hacen lento, tarde, y mal, con una chapuza tras otra. No es que sea difícil encontrar dónde gastar dinero; es que todas las autopistas, aeropuertos, metros y líneas férreas de la costa oeste con más de diez años a sus espaldas (básicamente todo) necesitan un arreglo serio.

No he visto ningún país del mundo que hagan la obra pública de forma tan lenta, chapucera y mal financiada, o que traten lo que tienen a mano tan espantosamente mal. Lo peor, esta dejadez está provocando cuellos de botella importantes en la economía de muchos estados (los costes de transporte en Connecticut son una locura), y aquí nadie parece mover un dedo. En fin.

—–

(*): En un país normal que planifica infraestructuras a largo plazo, acelerar la ejecución de obras cruciales a base de poner dinero a patadas no es demasiado complicado. Los franceses hicieron su estímulo fiscal de este modo, sin ir más lejos, y no les ha ido mal. España tiene planes a largo plazo, pero parece que en vez de hacerme feliz y cerrar el corredor mediterráneo de una puñetera vez acelerando obras, el Plan E tuvo otros objetivos más pedestres. Clásico.

Y estas son las buenas noticias (I)

Wednesday, August 25th, 2010

Tras el parón estival y con la gente volviendo de vacaciones, me parece que vale la pena dar la bienvenida a todo el mundo con un pequeño repaso a cómo están las cosas ahí fuera. La situación económica es, como poco, delicada, y parece que durante el verano las cosas han cambiado un poco - y si miramos los datos en agregado, contando Europa, Asia y América, podemos llegar a algunas conclusiones.

Estados Unidos:

  • Los consumidores americanos dicen basta:

Este mes el mercado inmobiliario americano se ha tirado de un puente, casi literalmente - las ventas han caído un 27%. Si bien esta cifra tiene un poco de artefacto estadístico (el final de un crédito fiscal para compra de vivienda que ha atraído a los chabolistas “ladrillo nunca baja” al mercado), es una señal más que las cosas aún están lejos de tocar fondo en este sentido.

Durante los últimos ocho años, la economía americana ha vivido del consumo - o más concretamente, del consumo derivado del crédito fácil y la refinanciación de hipotecas hasta el infinito que “disfrutamos” durante la era Bush. Los ingresos reales de la inmensa mayoría de americanos de hecho disminuyeron, mientras las desigualdades se disparaban. Ahora que se ha acabado el crédito fácil, con los bancos reacios a gastar y el mercado laboral hecho unos zorros, los consumidores americanos han dicho basta, y han dejado de comprar. Sin demanda no hay ventas, sin ventas no invierte ni Dios, y nadie se mueve.

Hay dos formas de salir de esta clase de situaciones. El problema, sin embargo, es que ambas salidas están cerradas.

  • El sistema político no da más de sí:

La noticia más importante de los últimos meses es que el sistema político americano ha echado el cierre. La combinación entre la cobardía de los demócratas en el Congreso y el obstruccionismo furibundo de los Republicanos en el Senado se traduce en que el mundo no puede esperar más medidas de política fiscal del gobierno americano, ni cambios regulatorios importantes. La administración Obama ha hecho una tarea titánica aprobando tres leyes muy ambiciosas (sanidad, reforma financiera y estímulo fiscal), pero el partido demócrata ya no da para más.

Esto es un problema serio. Primero, porque todos los estudios (incluyendo la CBO) dicen que el estímulo fiscal del año pasado fue entre muy efectivo y realmente efectivo, suavizando enormemente la recesión. Segundo, porque los mercados financieros parecen no sólo no estar ni siquiera remótamente preocupados por el déficit fiscal americano, sino que encima están casi regalándoles dinero, pidiendo más gasto público a gritos. Un 2,5% de interés a diez años es prácticamente tipos de interés negativos. No sé a qué esperan.

  • La Reserva Federal, a su bola:

El Banco Central americano ha decidido que no quiere trabajar más. El Consejo de la Fed, compuesto por una mezcla de republicanos nombrados por Bush (algunos no precisamente competentes), banqueros, tipos que parecen odiar al mundo y una minoría de economistas competentes ha decidido que eso de la deflación y el paro al 10% les va bien, y que no van a tocar nada. Esto es un problema porque si bien la política monetaria es menos efectiva con los tipos de interés a cero, eso no quiere decir que no puedan hacer nada . Declarar que el objetivo de inflación es un 4% en vez del 2%, por ejemplo, puede que sea una buena idea - y la verdad, no están ni cumpliendo con el objetivo actual.

  • Otros problemas menores:

La ley de sanidad reducirá los problemas fiscales de los Estados Unidos a largo plazo y las desigualdades sociales, gracias a su fuerte componente redistributivo. La mayoría de provisiones no entran en vigor hasta el 2014. El partido republicano probablemente será premiado por su nihilismo, ya que los votantes echarán la culpa a la mayoría los vetos de la minoría conservadora. No hemos pasado una ley de cambio climático, así que el fin del mundo como lo conocemos está más cerca. Y la situación fiscal de estados y municipios es completamente desesperada, y sin ayuda federal una catástrofe potencial inminente.

Suena estupendo, ¿verdad? Aún no hemos acabado. Próximo capítulo, Europa y sus desdichas, con algunas notas sobre China.

Malos malísimos y sus amigos

Tuesday, August 24th, 2010

Fox News lleva unos días perdiendo la cabeza con la dichosa mezquita de la zona cero (que ni es una mezquita, ni está en la zona cero, etcétera), diciendo que algunas malvadas entidades que financian el tinglado tienen un largo historial de apoyar organizaciones terroristas. Los constructores de la mezquita tienen amigos malvados - ergo, el proyecto es parte de la conspiración islámica internacional para subyugar occidente con centros sociales con salas de conferencias, gimnasio y piscina.

El gran Satán del día es la  Kingdom Foundation del príncipe saudí  Al-Waleed bin Talal, un tipo que ha pasado dinero a organizaciones relacionadas con la flotilla de Gaza y al Consejo de Relaciones Islamico-americanas, ambas, según Fox, focos de odio terrorista.  Hay un pequeño problema: Al-Waleed bin Talal es el segundo mayor accionista de News Corp, los propietarios de Fox News.

Esto es, Fox News financia un tipo que financia grupos terroristas. Fox News es, según definición de Fox News, amigo de terroristas, siendo por tanto una organización terrorista. Aún más allá: New Corp ha dado un millón de dólares al partido Republicano para la campaña electoral de noviembre (manda huevos, por cierto), así que el partido Republicano es un brazo del terrorismo islámico internacional.

Cielos santo, vamos a morir todos.

Después dirán que lo de la mezquita de la zona cero no tiene nada de propaganda electoral pura y dura, cinismo y gilipollez criptoracista para sacar votantes cavernícolas a las urnas. En fin. La última palabra para Jon Stewart, el comentarista más sensato (como de costumbre) en este tema:

The Daily Show With Jon Stewart Mon - Thurs 11p / 10c
Extremist Makeover - Homeland Edition
www.thedailyshow.com
Daily Show Full Episodes Political Humor Tea Party

“Working” - notas de la América que fue

Saturday, August 21st, 2010

Hay libros que te hacen pensar. Hay libros que te emocionan, por motivos que realmente no entiendes del todo. Hay pocos que lo hacen en casi todas las páginas. Normalmente no me gusta hablar sobre libros que aún no he acabado, pero con este creo que vale la pena hacer una excepción: “Working“, de Studs Terkel.

Studs Terkel es un periodista e historiador (que no intelectual - él hubiera odiado esa palabra) adorado en Estados Unidos pero muy poco conocido fuera del país. Un hombre de radio en Chicago, la mayoría de sus libros son muy parecidos: el autor entrevista a gente, y básicamente transcribe lo que dicen. Lo que hace a Terkel distinto, sin embargo, es tanto a quién entrevista como lo que consigue sacar en cada una de sus conversaciones. Casi todos sus libros son sobre gente común, clase media, obreros, hablando de su vida y experiencias, y por algún motivo que se me escapa, Terkel se las arregla para sacar respuesta extraordinariamente largas, sinceras y auténticas de esas charlas.

“Working” es uno de sus libros más célebres, maravilloso por la sencillez de lo que busca:hacer que 130 americanos hablen de su trabajo. Terkel entrevista a profesores, soldadores, granjeros, deportistas, enterradores, banqueros, telefonistas, una enorme variedad de gente, y sencillamente quiere oírles hablar de su trabajo y cómo este influencia el resto de su vida. El resultado es un mural de lo que era vivir y trabajar en Estados Unidos a principios de los años setenta - una mirada fugaz a más de un centenar de vidas de gente común.

Cada pequeña entrevista tiene pequeñas joyas, pequeños detalles reveladores. Una telefonista confiesa escuchar las conversaciones que pasan por sus líneas a altas horas de la noche. Un soldador en una cadena de montaje de Ford habla sorprendido sobre cómo un capataz inaguantable hizo que saliera a defender un compañero negro. Un supervisor (negro) explica cómo sus jefes no se fiaban de sus informes cuando decía que una subalterna (blanca) no hacía su trabajo. Un enterrador explicando por qué siempre lleva gafas de sol a su trabajo.

El libro también es, en cierto sentido, historias sobre el final de una era - los últimos años del consenso de postguerra, antes de los turbulentos setenta y la crisis del petróleo. Es un mundo sin ordenadores (sale alguno, cómicamente inútil), aún con sindicatos (relativamente) fuertes, empleo industrial bien pagado y  trabajos para toda la vida; hay poco del temor y la incertidumbre que veremos después. En los márgenes, en algunas historias, vemos las grietas, los principios de cambios que vienen, las sombras de las injusticias que el viejo modelo ocultaba.

No tengo ni idea si Terkel está traducido; creo que no. Es un autor excelente, pero quizás demasiado americano. Si encontráis el libro, compradlo; es realmente una pequeña joya - muy, muy recomendable.

Por cierto, una pequeña historieta - Terkel empezó su carrera en uno de esos programas curiosos del New Deal, el Federal Writers´Project, una agencia que subvencionaba escritores durante la Depresión. Una cantidad increíble de talento participó en este proyecto, escribiendo (entre otras cosas) unas maravillosas guías de viaje para cada uno de los estados. Otros tiempos, ciertamente - Las Uvas de la Ira fue un proyecto federal.

El eterno avance hacia la retaguardia

Thursday, August 19th, 2010

Hace apenas dos años, el partido demócrata ganó las elecciones en Estados Unidos. Era la segunda victoria consecutiva, incrementando la paliza que ya le habían dado a los republicanos en el 2006; un éxito rotundo.

Un partido político normal en estas circunstancias subiría a la torre más alta y aullaría que el país les da la razón. Los votantes les han dado su confianza; han ganado las elecciones legislativas con diez puntos de diferencia. Es una nueva era, el inicio de un nuevo mundo. Vamos a mandar porque los votantes nos han dado la razón. Con dos cojones.

El partido demócrata, por desgracia, no es un partido normal. Por no ser, no es ni siquiera un partido dubitativo, o incluso moderadamente incompetente. Ni siquiera son tímidos, actuando con cautela, como pidiendo disculpas por ser los reyes. No, los demócratas están hechos de otra pasta. Después de ganar las elecciones, el partido lleva dos años viviendo en el más absoluto terror, huyendo de forma despavorida ante la más mínima sospecha que alguien, en algún lugar de Estados Unidos, les pueda acusar de ser miembros del partido demócrata.

Supongo que habréis escuchado algo sobre esta polémica absurda de la “mezquita de la zona cero“. En Julio del 2009, un edificio abandonado a dos calles de donde estaban las torres del World Trade Center fue comprado por unos cuantos inversores y entidades sin ánimo de lucro. La intención era demolerlo y construir un edificio de trece plantas para que albergara un centro cultural islámico, con centro de conferencias, restaurante, gimnasio, espacio para reuniones y una (pequeña) sala de plegaria (no mezquita). Algo parecido a un YMCA, sólo que islámico, vaya; nada del otro mundo.

El tema pasó sin pena ni gloria, con la ciudad dando los permisos necesarios sin demasiado problema. La gente del barrio no movió una ceja, sin que nadie pareciera preocuparse demasiado. Hasta que hará cosa de dos o tres semanas la idiota oficial de Estados Unidos, la inefable Sarah Palin, decidió tuitear (sí, tuitear) sobre el tema, pidiendo que la ciudad de Nueva York refudiara (refudiate - sí, la chica se inventó el palabro, toda orgullosa) la construcción de esa mezquita que desecraba un lugar sagrado.

Casi de inmediato, la maquinaria mediática de la derecha americana se puso en marcha. La blogosfera conservadora empezó a clamar a los cuatro vientos que la mezquita era una afrenta, un símbolo de victoria para los terroristas o algo peor. Las radios conservadoras, con Sean Hannity a la cabeza, empezaron a clamar a los cuatro vientos que la construcción de una mezquita les ofendía profundamente, y que debían ponerla en otro sitio, como más lejos mejor. Fox News se lanzó a buscar víctimas del 11-S a destajo para que mostraran su profunda tristeza y/o indignación, encontrando incluso algunos musulmanes familiares de víctimas para demostrar que respetan al islam.

Clamor popular. Polémica espantosa. La nación americana soliviantada. Al cabo de unos días, toda la prensa hacía periodismo de imbestigasión, preguntándose con cara seria ¿es la mezquita una afrenta a nuestra patria?, poniendo el micro delante de cualquiera que quisiera decir alguna burrada sobre el tema.

Echemos un vistazo al “problema”. Para empezar, en la zona sur de Manhattan todo, absolutamente todo, está a dos o tres manzanas de todas partes. Nueva York es una ciudad increíblemente densa, y ese barrio es de lejos la parte más apretada de la isla. Es una zona con una concentración de negocios, viviendas, oficinas y servicios inmensa, con una numerosa comunidad árabe. Segundo, dentro del antiguo World Trade Center había una mezquita. Tercero, el barrio ya tiene una mezquita, a diez minutos a pie de la zona cero. Cuarto, el edificio no es una mezquita.

Quinto, y más importante, la Constitución de los Estados Unidos, ese dichoso documento que los conservadores locales dicen adorar, establece en su primera enmienda la libertad de religión de forma directa y sin ambigüedades. Para hacer las cosas aún más claras, el texto también establece el derecho a la propiedad privada, y más específicamente, a hacer lo que uno quiera con su terruño. La derecha americana trabajó muy duro para aprobar una ley que hiciera más fácil conseguir permisos para construir edificios religiosos; esto es algo que el partido republicano en teoría se toma muy en serio.

Dicho en otras palabras: es un proyecto privado con todos los permisos en regla. Si el edificio fuera una sinagoga, un edificio de la cienciología o un templo del Monstruo de Spaguetti Volador no habría el más mínimo problema. Siendo como es un edificio islámico, sin embargo, la derecha americana ha decidido sacar a pasear eso de “¡todos los moros son terroristas!” y que dar la razón a un moro es dar la razón a Bin Laden y se ha lanzado en un ejercicio de histeria absoluta, con gente como Newt Gingrich comparando el islam con el nazismo (así, a lo bruto) y todo Dios perdiendo la cabeza por ello.

La reacción del partido demócrata ha sido sencillamente épica. Han salido a la calle, han descubierto que la posición de los republicanos es intolerante y cerril, han visto que la constitución les da la razón, han recordado que ganaron las elecciones gloriosamente hace nada y… han decidido reaccionar con temor y una cobardía espantosas, dando la razón a los idiotas vociferantes que defienden que todo aquel que no sea cristiano no merece que le respeten sus derechos constitucionales. Prácticamente todos. Sin excepción. Incluso Howard Dean, ese supuesto liberal de verdad, ha salido por piernas aterrorizado.

Sólo dos políticos hasta ahora han estado (casi) a la altura. Uno ha sido Barack Obama, este fin de semana, defendiendo el derecho de los promotores a construir el centro social - matizando, eso sí, que cree que quizás estaría mejor en otro sitio (curiosamente, lo que señalan las encuestas en Nueva York). El otro ha sido Chris Christie, gobernador republicano de Nueva Jersey. El único político que realmente ha dicho las cosas como son, claramente y de forma directa, ha sido Michael Bloomberg, el alcalde de Nueva York, en un discurso realmente fantástico.

Mi reacción a todo esto es decepción. Pura, profunda, decepción. Como dice Tai-Nehisi Coates, se me hace muy difícil apoyar un partido que es incapaz de reaccionar ante el matonismo intolerante de una tipa que no fue capaz de completar un mandato como gobernadora de ninguna parte. No es que los demócratas hayan protestado o intentado ser remótamente ecuánimes; el partido ha decidido que no puede ganar incluso antes de abrir la boca, arrastrándose de forma patética en algo tan básico como defender la libertad de culto en un país nacido bajo esa idea. No es que sean cobardes, débiles o populistas, es que son incapaces de ofrecer la más mínima resistencia.

Es un espectáculo patético, lamentable, ver como los sectores más rancios, más unicejos, más estúpidos de la derecha americana son capaces de inventarse una polémica, decir que todo el mundo está profundamente ofendido, y hacer que el partido demócrata se retuerza como un perrito apaleado. Lo de la ley de sanidad fue una aberración, un extraño milagro. Obama es un político decente, pero la inmensa mayoría de su partido es una chusma cobarde y patética.

Lo más triste es que los republicanos están completamente locos, así que la alternativa es aún peor. Que Dios nos pille confesados.

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Las primarias realmente existentes: noche electoral en Connecticut

Wednesday, August 11th, 2010

Este año Connecticut celebra elecciones estatales. No que sea nada demasiado excepcional, la verdad; en Estados Unidos se vota constantemente. La novedad (relativa) es que no tenemos sólo legislativas, sino que además toca escoger gobernador y un Senador federal.

Las elecciones generales son, como es costumbre en Estados Unidos, en noviembre. Antes de la batalla electoral, sin embargo, hace falta pasar esa encantadora eliminatoria previa que son las primarias - y eso es lo que votaban por aquí hoy.

Sí, hay algún genio que cree que colocar unas elecciones primarias un martes de agosto es una buena idea. La participación ha sido “buena”, con un 20% del censo acudiendo a las urnas. Si el número suena triste, esperad que es peor - sólo los votantes que se registran como republicanos o demócratas (tienes que registrarte, el censo no es automático) pueden participar en las primarias, así que estamos hablando de un 10% del electorado, siendo generosos. Es un poco más representativo que las primarias en un partido político español cualquiera, pero no por mucho.

No voy a hablar demasiado sobre candidatos, ganadores y perdedores (aparte que el tipo por el que he hecho campaña ha ganado por goleada, no por fardar ni nada) porque la verdad, no conocéis a nadie, pero sí de lo que se vota, y cómo son las campañas en este mundo en elecciones de segundo y tercer orden.

Primero de todo, insisto: aquí se vota mucho. Demasiado, de hecho. Vivimos en New Haven, un distrito urbano no demasiado competitivo, y mi mujer tenía hoy que escoger el candidato demócrata a gobernador, teniente gobernador, comptroller (algo parecido a contable del estado), secretario de estado (el tipo que controla las elecciones) y representante estatal de nuestro distrito. Los republicanos escogían ademas candidato a Senador en Washington y a fiscal general del estado. En algunos distritos se votaba también en primarias para candidato a senador estatal y algunos referéndums locales.

Me encanta la política. Me chifla. Sigo la política estatal con unos niveles de devoción absolutamente ridículos para alguien que no puede votar, y no sólo porque es parte de mi trabajo. Ayudo en campañas en cuanto puedo, vamos; soy un enfermo. Si me preguntáis, sin embargo, quién narices son toda esa gente  en las papeletas hoy o qué responsabilidades tiene su cargo debo confesar que no conozco ni la mitad, y eso siendo generoso. Y no me refiero a “no sé qué cara tienen” - es no tener ni más remota idea sobre de dónde salen. Mi mujer no ha votado exactamente al tuntún, pero en algunos puestos toda la información que teníamos eran los anuncios en la tele y poco más.

Las elecciones importantes (gobernador, básicamente) sí teníamos dos candidatos conocidos, y la campaña ha sido larga, dura, y ridículamente cara. En un estado con apenas tres millones y medio de habitantes, Ned Lamont (que por cierto ha perdido) se ha dejado como mínimo seis millones de dólares (de su bolsillo) en las primarias - su oponente, Dan Malloy, casi tres. Estos dos han sido tacaños, sin embargo; Linda McMahon(*), la candidata republicana al senado, se ha dejado 21 millones de dólares, y dice que quiere llegar a 50 en las generales.

Los anuncios, para todos los colores. Algunos todo optimismo y esperanza, otros viciosamente negativos, con algunos ejemplos especialmente efectivos y salvajes en las primarias a gobernador del lado republicano (Fedele, por cierto, ha perdido - pero ha hecho sudar tinta a su rival con cuatro perras). En la última semana prácticamente la mitad de la publicidad en televisión era puramente política, la mayoría de un trollismo y negatividad que harían llorar de alegría a Acebes y Zaplana en un día especialmente insidioso. Los grandes beneficiados de las campañas políticas en Estados Unidos son las televisiones locales, sin duda.

Eso es cuando hablamos de elecciones grandes, por descontado. ¿Cómo funcionan las elecciones pequeñas, como las primarias para representante estatal? En este caso, las cosas son muy distintas -y mucho más complicadas. En nuestro distrito viven unas 40-45.000 personas; en las elecciones de hoy han votado menos de 3.000. Una campaña para un escaño de este tamaño no tiene presupuesto para publicidad televisiva; las únicas armas a disposición de un candidato es enviar propaganda por correo, y sacar voluntarios a la calle. Roland Lemar tenía casi 100 personas saliendo casi cada fin de semana a hacer puerta a puerta, coordinándose vía listas de correo y trolleando a amigos y conocidos por media internet.  Debra Hauser, la otra candidata, se ha gastado $41.000 dólares en esta campaña (muchísimo dinero para una elección de tercer nivel), pero no ha servido de mucho cuando el electorado es tan escurridizo.

Es política a la antigua de veras, extremadamente intensiva en capital humano y movilización de militantes, pero que funciona bien si está bien organizada. Los candidatos realmente tienen que dejarse la piel; Hauser, sin ir más lejos, pasó el domingo por casa a hablar con mi mujer haciendo campaña. Lemar probablemente ha ganado porque tenía mucha mano de obra muy bien organizada, y porque siendo como es concejal del distrito en el barrio lo conoce prácticamente todo el mundo que sigue la política estatal.

Lo realmente surrealista, sin embargo, llega en noviembre. Lemar va a ganar seguro, básicamente porque los republicanos ni se molestan en presentar candidatos en New Haven, donde no tienen ninguna opción. Las elecciones a gobernador y senador en Washington van a ser épicas, increíblemente competitivas; el resto… bueno, a lo mejor conocemos algún candidato. En Connecticut, aparte de comptroller, secretario de estado, senador estatal, representante estatal y fiscal general también escogemos jueces de los tribunales de la condicional, jueces de los tribunales de herencias y unas cuantas cosas extrañas más(**).

Desde luego, no sé cómo esperan que me entere de estas cosas.

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Porreros por la democracia

Wednesday, August 4th, 2010

Hace unos años, allá por el 2004, un montón de estados americanos votaron en referéndum sobre si querían prohibir el matrimonio gay. Algo clásico de Estados Unidos, ciertamente; mientras en Massachusetts. Connecticut y otros pozos de rojerío como Iowa (¿!) esta clase de uniones iban camino de legalización, en otros sitios las autoridades corrían a proteger a los niños de esos malvados sodomitas destrozamatrimonios. Ignorad el hecho que Massachusetts es el estado con la menor tasa de divorcios del país, etcétera.

La ola prohibicionista no sólo venía de una especie de fervor antihomosexual espontáneo, sino que tenía de hecho bastante de estrategia electoral. Cuenta la leyenda (aunque él la niega) que Karl Rove animó a colocar esta clase de propuestas en varios estados, con la idea de movilizar a la base evangélica del partido y aumentar su participación. Es difícil decir si funcionó o no (he visto estudios para todos los gustos, pero parece que ayudó), pero lo cierto es que poner temas de este estilo a votación tiende a concentrar el debate en este punto, algo que a buen seguro no hizo ningún daño a los republicanos en muchos sitios.

Estos días se habla que los demócratas puede que hayan encontrado un tema similar para movilizar a sus bases, especialmente en un año en que los votantes están desanimados con la situación económica: la marihuana. Más concretamente, legalizar el cannabis con fines “terapéuticos” (cof cof) en muchos estados, o hacerla completamente legal (y cargada de impuestos) en California. Suena como si algún analista está fumando un poco demasiado, ciertamente, pero no es una idea tan absurda como parece, como señala Ryan Grim por aquí.

¿Los motivos? Primero, e importante, la participación en las elecciones legislativas americanas es a menudo patéticamente baja - en algunos estados, un 25-30%. En estas circunstancias, sacar el 2% de votantes que son porreros entusiastas de su sopor y llevarlos a las urnas a grito de “legalegalización” puede darte un buen empujoncito en las urnas - suficiente, de hecho, para salvar el cuello a más de un demócrata. La derecha conservadora es de hecho relativamente indiferente a este tema (creedme, hay mucho republicano colgado de Grateful Dead y Easy Rider), así que es difícil ver multitudes de puritanos soliviantados movilizándose contra ello, dando una buena ventaja.

El problema, en este caso, es quién movilizará a estos votantes; quién los sacará a la calle. Al hablar de matrimonio gay, los pastores de las iglesias evangélicas se encargaron de recordar lo satánico del matrimonio gay a sus feligreses y lo cerca que estaba el día de la votación. En el caso de la marihuana, la cosa es un poco más complicada, al no haber líderes explícitos en este tema… aunque a decir verdad, no tengo ni idea cómo funciona este mundillo en Estados Unidos.

¿El camello como agitador político? Ni idea. Las encuestas postelectorales serán interesantes…