Los malvados partidos políticos
Jesús Zamora vuelve a la carga, esta vez proponiendo una democracia sin partidos políticos. Los votantes escogerían individuos, no listas, y todos viviríamos en un mundo más feliz con representantes más honestos.
Es fácil responder a esto con dos palabras: Joe Lieberman.
La democracia sin partidos, de hecho, no es una idea nueva. Los padres de la constitución americana desconfiaban de ellos profundamente; las “facciones”, decían, sólo generarían división y enfrentamiento, no debate saludable y abierto. Esta convicción les llevó a diseñar un sistema muy hostil a los partidos organizados, con una división de poderes muy estricta, enorme autonomía para legisladores individuales y un presidente que no depende (ni puede dar órdenes) al poder legislativo.
El resultado ha sido, en cierto sentido, un misterio institucional. La constitución de los Estados Unidos ha sido relativamente estable, con “sólo” una horripilante guerra civil y siglo y medio de opresión a minorías raciales. El problema es que la calidad del proceso legislativo americano es básicamente horripilante (leed la série de entradas sobre sanidad y llorar). Más preocupante aún, los sistemas presidencialistas han sido, en la mayoría de los casos, un fracaso estrepitoso tras otro cuando se han implementado fuera de Estados Unidos, con muy contadas excepciones.
Más allá de la dudosa calidad del proceso político americano, el hecho es que tienen partidos políticos igual, incluso con todos los artificios constitucionales que les ponen las cosas difíciles. No sólo hay partidos, de hecho; la disciplina de voto de estos ha aumentado en las últimas décadas, según el país ha dejado atrás la segregación racial. ¿Por qué vemos partidos incluso en un sistema que trabaja muy duro para eliminarlos? La respuesta es muy sencilla: de hecho, es racional que existan.
Imaginad que sois un diputado en un parlamento de diez representantes donde no existen los partidos políticos. Has hecho campaña prometiendo que cuando ganes, intentarás aprobar una reforma del estado del bienestar. En el parlamento estás solo; los partidos no existen, así que no has podido coordinar agendas. Si quieres aprobar tu legislación, necesitas hacer cinco amigos.
Cuando vas a hablar, sin embargo, descubres que todo el mundo tiene algo que quiere aprobar. El representante de Liberty City quiere reformar la sanidad. El de San Andreas, legalizar la Marihuana. El de Mute City, dinero para construir un circuito de carreras. Cuando les pides su voto, ellos te piden el tuyo a cambio, a veces en medidas que te gustan, a veces en medidas que te son indiferentes o crees que son estúpidas. ¿Qué es lo más racional para un político?
En un mítico planeta sin partidos, cada idea será debatida según sus méritos, y votada de forma honesta. En el planeta tierra, un grupo de políticos que coordinen su agenda e intercambien votos será muchísimo más efectivo aprobando legislación que un grupo de idealistas solitarios, aún sin formar mayorías por sí solos. Un bloque de cuatro votando disciplinadamente sólo necesita convencer a dos diputados más, un trabajo mucho más sencillo que un pobre diablo intentando persuadir a cinco.
Los políticos son escogidos (y tratan de llegar al poder) para gobernar. Un grupo de políticos organizado -y como decía Disraeli, “un partido es opinión organizada”- es muchísimo más eficaz que una turba de legisladores actuando al tuntún, así que tienen todos los incentivos del mundo para empezar a actuar en bloque. Los partidos no es que sean un problema, un lastre o un obstaculo para el buen funcionamiento de una democracia representativa: son un efecto secundario inevitable.
Siendo como son un elemento básicamente inevitable en cualquier democracia moderna, vale la pena preguntarnos qué clase de partidos políticos queremos. Este es un debate largo y relativamente complicado (y básicamente normativo, así que de hecho bastante estúpido); el problema central, sin embargo, es qué nivel de disciplina interna queremos. ¿Preferimos partidos que votan en bloque, con un líder claro y posturas bien definidas, o queremos una coalición nebulosa de individuos que se pegan entre ellos con entusiasmo cada vez que tienen que aprobar una ley?.
La cosa de hecho va más allá de listas abiertas o cerradas, democracia interna, primarias o cosas por el estilo. Un partido puede tener listas abiertas (Suecia) o circunscripciones uninominales (Reino Unido) y tener legisladores muy disciplinados; la organización interna de los partidos acostumbra a decidir más cómo cambian de líder que su comportamiento legislativo.
Volvamos a lo que comentaba arriba: un grupo organizado siempre es más eficaz aprobando legislación. Si queremos que los políticos aprueben leyes coherentes de vez en cuando (algo que creo es bastante deseable) queremos partidos relativamente disciplinados, no verbenas anárquicas. Si preferimos que el parlamento se dedique a pasar el rato tratando de morderse su propia cola dando vueltas como perritos enajenados, el sistema americano de partidos débiles os va a encantar.
En otras palabras: sabemos que vamos a tener partidos. Sabemos que las élites tienen incentivos para formar bloques, y que los votantes tienen incentivos de dar su voto a los políticos que están en esos bloques, ya que son más efectivos aprobando leyes. La pregunta es: ¿Queremos que nuestros políticos puedan aprobar leyes fácilmente o no?
La verdad, prefiero un sistema con partidos organizados, serios y sin dudas existenciales, capaces de aprobar leyes cuando ganan elecciones.
Tags: disciplina de partido, elección racional, partidos políticos





December 22nd, 2009 at 9:46 am
Y ya de paso con partidos disciplinados nos podemos cargar un montón de diputados inútiles. De verdad, no confío en la disciplina de partidos, puede servir para facilitar sacar leyes útiles o para que sea más fácil comprar políticas que solo interesan a ciertos grupos de presión, comprando al líder compran a todo el conjunto. Y a día de hoy, en democracias en donde la ignorancia es algo “racional”, los grupos de interés tienen mucha fuerza.
December 22nd, 2009 at 9:56 am
No quiero criticar el análisis, con el que estoy en gran parte de acuerdo, pero si la capacidad de aprobar leyes es lo fundamental… En España sobran miembros del legislativo, tanto nacional como autonómico.
El problema es que hay una parte que desprecias, cuando “los partidos” (que no son entes que operan en el vacío, son personas y grupos con intereses y agendas propias) toman decisiones que van en contra, de los intereses sí, pero también de la interpretación política, de los principios de las personas “Damm your principles! Stick to your party” como bien dices (guerra de Iraq o estatuto de cataluña, se que no son comparables). Es cierto que esa eficacia es positiva. Pero a veces esa facilidad para imponer un rodillo en los partidos mayoritarios nos acerca a los extremos, a partidos minoritarios que quedan sobre-representados y nos aleja de gobiernos más moderados.
Por otra parte, la disciplina es necesaria, pero en España hay filtros (para hablar en las cámaras el parlamentario tenga que ir a través de la mesa) que me parecen excesivos.
Un saludo.
December 22nd, 2009 at 3:56 pm
Un grupo organizado siempre es más eficaz haciendo casi cualquier cosa. De hecho, la agrupación social es inherente a la condición humana por eso, y por razones de economía de comunicación, necesidades de reconocimiento, formación y ratificación de identidades, etcétera.
Aunque no existiesen partidos como tal, existirían “bloques” informales con jerarquía basada en el carisma y en poder monetario. Y eso mola bastante poco.
Y si alguien tiene dudas respecto a lo que ha expuesto Roger, basta con ver un par de capítulos de “El Ala Oeste” para tener ejemplos claros de los costes de transacción de una democracia con gran separación de poderes y partidos débiles. Ojo: no digo que esté a favor o en contra de una cosa u otra. Como siempre, en el medio suele estar la virtud.
December 22nd, 2009 at 7:41 pm
“Un grupo organizado siempre es más eficaz haciendo casi cualquier cosa. ”
¿Mantenerse en el poder por ejemplo?
December 23rd, 2009 at 2:13 am
Claro.
December 23rd, 2009 at 2:15 am
PD: Estabilidad del sistema político.
December 23rd, 2009 at 8:00 pm
Lo que no está justificado es exponer el problema como si la elección fuera entre DOS opciones: una en la que hay partidos bien establecidos, dominantes del mercado electoral y de la disciplina de sus miembros, o sea, lo que tenemos ahora; y otra que consista en “un grupo de idealistas solitarios” o una “turba de legisladores actuando al tuntún”.
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Hay MUCHAS formas posibles de organización del proceso político; los partidos que conocemos son UNA de ellas, y no tienen por qué ser la más EFICAZ (midiendo la eficacia por la frecuencia con la que satisfacen los deseos de los votantes), aunque es posiblemente la más eficaz como máquina de “rent-seeking”. Presentar TODAS las alternativas posibles como si fueran equivalentes a la “turba de legisladores solitarios” es una falacia de libro.
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Una obvia ventaja injustificada que la mayoría de los sistemas vigentes dan a estos rent-seekers es el OBLIGARNOS a los votantes a elegir un partido PARA TODO (lo que, además, fomenta el que los partidos intenten convencer a los votantes por mera afinidad ideológica, en lugar de mediante la discusión razonada de sus propuestas). Como he propuesto en el enlace sobre “democracia pluricameral”, esto se prodría mitigar parcialmente con varios parlamentos distintos para cada tema.
December 26th, 2009 at 12:04 am
[...] Los malvados partidos políticos http://www.lorem-ipsum.es/blogs/materiasgrises/2009/12/los-malvados… por Javert el 23:04 UTC [...]