La ¿leal? oposición
Los partidos políticos siempre viven una época un tanto surrealista en los meses (años) que siguen una derrota electoral. Los republicanos llevan dos años un tanto confundidos, y un par de semanas entre perdidos y zombificados.
Me explico. Empezaremos con el plan de estímulo económico de Obama. El primer paso para aprobar la ley fue la votación en la cámara de representantes, en la que tras notables esfuerzos y concesiones para contentar a la minoría republicana (añadir rebajas fiscales, eliminar programas de educación sexual -algo nada trivial en un país con muchísimos embarazos adolescentes-, eliminar algunos capítulos de gasto) estos acabaran votando en contra igual. El nuevo presidente se reunió en repetidas ocasiones con los líderes de la oposición, habló con ellos, cambió cosas, y nada, ni con esas.
La verdad, no es que sea un voto demasiado importante. La cámara de representantes es abrumadoramente demócrata, con reglas muy mayoritarias; por mucho que los republicanos protesten, en esa cámara tienen poco que hacer. Algo que de hecho es una suerte para el país, en cierto modo, ya que debido a las repetidas derrotas electorales los representantes conservadores son muy, muy conservadores; de esas zonas del país que dan miedo a un pacífico europeo.
Lo más curioso, sin embargo, ha sido el lenguaje de estos días. Para empezar, los republicanos han recibido muchísima más cobertura mediática de lo que me esperaba. Los medios han estado escuchando muchísimo a un grupo de gente que no tiene demasiado que decir sobre esta legislación, en gran parte porque el presidente les estaba prestando mucha atención. En condiciones normales esto sería un error (¿para qué dar prensa a tus rivales?), pero estos días creo que Obama está de nuevo haciendo algo que no me esperaba, y que resultaba ser lo correcto.
La clave es Rush Limbaugh. Para quien no le recuerde, Rush es el maestro americano de Federico Jiménez Losantos. El tipo es, básicamente, un troll radiofónico de primera división con un ego descomunal; alguien encantado de haberse conocido que básicamente vive de atraer tanta atención sobre su infinito genio y sabiduría como pueda. El tipo es adorado por la base del partido republicano, que lo sigue religiosamente; su audiencia media es de 20 millones de personas. El problema para los republicanos, sin embargo, es que la agenda de Rush es la agenda de las bases montañesas, no la agenda de un partido nacional; si el pope radiofónico está monopolizando el debate como voz del conservadurismo, eso probablemente no gustará demasiado al votante medio, que tiende a detestar a Limbaugh.
Obama ha mencionado a Rush estos días varias veces, acusando a los republicanos de prestarle demasiada atención. Esto ha encantado al troll, que disfruta con la atención como nadie, pero no ha gustado demasiado a algunos del partido, que han cometido la ofensa de criticarle, dándole la razón a Obama. Por lo que parece la reacción de las bases fue tan furibunda que el pobre congresista tuvo que pedir perdón, diciendo que Rush era un gigante, gigante del conservadurismo.
Algo que es estupendo ciertamente si estás en la Casa Blanca; Limbaugh estaba diciendo estos días que desea que Obama fracase, algo que suena horriblemente maleducado y antipatriótico, y la verdad, deja al partido que Rush apoya -y que defiende a Rush- bastante mal.
El problema, claro está, es el Senado, cámara que sí cuenta para algo y que puede bloquear o retrasar legislación con relativa facilidad. Los demócratas están a un voto de los 60 senadores necesarios para romper bloqueos (algo que Obama parece estar intentando romper, en otro plan deliciosamente malvado) en una cámara con mucha menos disciplina de voto. En esta cámara Obama necesita los votos, y los senadores conservadores saben de sobras que no pueden votar en plan brindis al sol; su voto puede tener consecuencias reales. La situación para los senadores conservadores es parecida a lo que sucedió con el rescate bancario: la situación ideal es que la ley pase, pero ellos votando en contra.
Conseguir los votos en principio no será difícil, ya que el Senado es un sitio mucho más receptivo a negociar, unos cuantos senadores republicanos moderados aún sobreviven en la cámara. El mensaje de la Casa Blanca es claro, sin embargo; si te pones borde, estás asociándote con esa derecha antipática que gusta sólo a las bases de tu partido. Para los senadores que vienen de sitios como Maine, Pennsylvania o New Hampshire (que votan demócrata en las presidenciales) no es una etiqueta que quieres que te caiga.
Veremos qué sale; ahora mismo con el presidente siendo tan popular no creo que tengan problemas para aprobar nada. De momento parecen estar controlando bien el debate.





February 2nd, 2009 at 12:42 pm
si te pones borde, estás asociándote con esa derecha antipática que gusta sólo a las bases de tu partido
Jejeje. El Método Zapatero, versión EEUU.
February 3rd, 2009 at 5:13 am
[...] El otro día decía que la estructura de incentivos de los republicanos en el Congreso era la siguiente: [...]
February 3rd, 2009 at 6:53 am
[...] El otro día decía que la estructura de incentivos de los republicanos en el Congreso era la siguiente: [...]
February 11th, 2009 at 5:17 am
[...] política norteamericana es complicada y con grandes dosis de guarrería. Ya ha vuelto a sus cauces habituales después del exceso de retórica que la campaña electoral ha [...]