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La neutralidad de la ley de la gravedad: una defensa de extrema izquierda

Miércoles, Junio 11th, 2008

La no aceptación por parte de amplios sectores de la izquierda de las conclusiones de las ciencias sociales rigurosas –y más concretamente de la economía- basándose en convicciones ideológicas es con casi total seguridad uno de los mayores lastres que soportan las fuerzas del progreso en la época contemporánea.

Los críticos suelen oponerse al principio de neutralidad de las ciencias sociales. Dicen que no existe ninguna diferencia básica entre un juicio de valor, ideológico –sobre lo que está bien o está mal- y un juicio de hecho sobre cómo funciona las cosas. En otras palabras, la ley de la gravedad no es más que un conjunto de conclusiones arbitrarias basadas en prejuicios ideológicos. Lo que intentaré defender en este artículo en mi línea habitual:

  1. Existe una forma de diferenciar las cuestiones normativas (sobre lo que está bien o está mal) donde la ideología puede jugar un papel importante y las descriptivas (sobre lo que es y no es) que se pueden organizar de forma más o menos objetiva y donde la honestidad intelectual obliga a aceptarlas tal como son y
  2. Que es posible hacer ciencias sociales moralmente neutras (”value free”).

En definitiva, que es posible y deseable separar las posiciones que uno toma en el debate científico de sus opiniones ideológicas y que creer en la ley de la gravedad es perfectamente compatible con ser de extrema izquierda.

I La Guillotina de Hume (con caso práctico)

Para esto, lo más interesante es trasladarse a algún lugar lejano para no ofender a nadie y lo más útil, siguiendo la tradición de este blog, es el marco friki de la antigua Grecia. Estamos en plenas guerras médicas y una polis griega acaba de tener noticias de la inminencia de un ataque persa así que los ciudadanos ciudad deben reunirse para organizar la defensa de la ciudad. Los generales presentan a la asamblea dos posibles estrategias.

  1. La primera es levantar empalizadas, retirarse dentro de la ciudad y resistir el asedio tanto tiempo como sea posible hasta que vengan en nuestra ayuda las demás polis griegas. El problema de esta defensa es que permitiría a los persas arrasar la colina adyacente donde se encuentra el templo del dios protector de la ciudad. Esta defensa sería sin embargo más segura al menos en principio.
  2. La segunda es plantar batalla en campo abierto. Esta estrategia en principio sería más costosa en vidas humanas y seguramente más arriesgadas pero permitiría proteger el templo.

El debate en la asamblea se hace caluroso y confuso pero en realidad es posible diferenciar dos tipos de argumentos.

  • Debate nº 1 sobre el objetivo de la defensa: aquí los griegos son de dos tipos
    1. Impíos: los impíos piensan que el culto a los dioses está subordinado a la supervivencia de la ciudad. La destrucción del templo es un hecho aceptable y las tropas deben concentrarse en impedir el avance persa hacia la ciudad. La lucha en campo abierto es por tanto defendible solo cuando sea más efectiva defendiendo la ciudad.
    2. Creyentes: para los creyentes es más importante salvar el templo, bajo cualquier concepto, que la ciudad. Su vida está dedicada a los dioses y su culto está por encima del resto y si la ciudad desparece habrá sido una voluntad suya.
  • Debate nº2 sobre la estrategia militar: los griegos se dividen entre:
  1. Los partidarios estratégicos de la lucha en campo (PELCA) abierto piensan que su ejército se suficientemente poderoso para derrotar a los persas. Confían en la capacidad de defensa de las milicias ciudadanos y estiman que el ejército persa es poco numeroso y está desorganizado y la defensa es perfectamente viable. Por otro lado, creen que la ciudad no tiene medios para resistir un asedio y que las empalizadas no resistirán mucho. Esto les hace preferir la lucha en campo abierto.
  2. Los partidarios estratégicos del asedio (PEA): piensan que el ejército persa es más numeroso de lo que creen los PELCA, que las empalizadas serían más efectivas, que las milicias ciudadanas están desentrenadas y que por lo tanto el asedio es una estrategia más segura y más viable que la lucha en campo abierto.

En principio, el debate tenderá a polarizarse en dos grupos: los partidarios de la lucha en campo abierto y los partidarios del asedio de forma que la elección del asedio como estrategia de defensa solo tendrá lugar si son mayoría los PEA-impíos. No obstante, las razones serán distintas para cada uno.

  • PEA-impíos: piensan que el objetivo principal es la defensa de la ciudad y esa defensa se lleva a cabo mejor mediante el asedio. Su voto será por tanto el asedio
  • PEA-creyentes: piensan que el asedio es probablemente una mejor estrategia para proteger la ciudad, pero que en cualquier caso proteger el templo tiene una importancia primordial. Su voto será por tanto a favor de la lucha en campo abierto.
  • PELCA-impíos: su objetivo principal es la protección de la ciudad pero creen que esto puede llevar a cabo mejor mediante la lucha en campo abierto. Su voto será por tanto a favor de la lucha en campo abierto. Sin embargo, si se les demostrara que el asedio es una defensa mejor, su pasarían a formar parte del grupo PEA-impíos.
  • PELCA-creyentes: su objetivo principal es la protección del templo pero, de todas formas, piensan que en cualquier caso la lucha en campo abierto es una defensa más efectiva. Su voto será por tanto a favor de la lucha en campo abierto y esto no cambiaría aunque se les demostrará que la protección de la ciudad estaría asegurada de la otra forma ya que solo pasarían a formar parte del grupo PEA-creyentes.

¿Por qué es útil dividir la cuestión en partes? Al fin y al cabo, lo que cuenta es que tenemos preferencias enfrentadas. Sin embargo si lo que buscan los griegos es debatir, las preferencias de cada bando pueden modificarse de forma distinta y ahí es donde la distinción cobra importancia. Por ejemplo, los PEA-creyentes podrían pasar a apoyar el asedio si el sumo-sacerdote les convenciera de que la voluntad del dios protector de la ciudad es que la ciudad sobreviva. Para sustentar esta persuasión el sacerdote emplearía argumentos teológicos o morales –digamos, leer en las entrañas del ganado, interpretando un textos sagrados o señales- que convencerían a los creyentes de que es trivial dejar que el templo sea destruido priorizando así la defensa de la ciudad. Por otro lado, los generales podrían convencer a los PELCA impíos de que el asedio es una estrategia mejor. Para ello hablarían de batallas pasados, explicarían la estrategia, darían datos sobre el número de guerreros y su equipamiento, sobre lo numeroso que es el ejército persa, etc…

Bien, esta división entre el debate sobre los fines y los medios; entre lo normativo y lo descriptivo; lo que es y lo que debe ser; entre la ciencia y las moral o la teología; entre lo bueno/malo y lo correcto/incorrecto; entre los hechos y los valores es lo que en filosofía se llama guillotina de hume”. Desde entonces, dividimos lo que tiene que ver con establecer lo que es materialmente cierto (saber cuál es la estrategia más efectiva para defender la ciudad) de lo que es moralmente deseable (saber si defender la ciudad es nuestro único y más importante objetivo).

II La repartición del trabajo entre la filosofía moral y la ciencia

La idea es en realidad la de una división del trabajo entre disciplinas. La filosofía moral o política nos explica cuáles deben ser nuestros objetivos y cuál es la jerarquía que existe entre ellos. La evaluación de cuál es la forma mas eficaz de lograr estos objetivos corresponde sin embargo a las ciencias que nos explican cuáles son las consecuencias de cada acción.

La idea NO es sin embargo que el proceso de entender cada uno de los juicios (de hecho o de valor) es fundamentalmente distinto. Volvamos al ejemplo de los griegos. La capacidad de los sacerdotes para convencer a los creyentes depende de la capacidad de estos para convencerles, mediante argumentos morales o teológicos, de que el templo no vale la pena. Esta capacidad depende de la confianza que tengan los creyentes en los sacerdotes y en las pruebas que estos sean capaces de proveer. Por otro lado, la capacidad de los generales para convencer a los PELCA depende de sus argumentos de estrategia y de la confianza que estos ciudadanos que tengan en ellos.

Es decir, en ambos casos, un prerrequisito para que el argumento sea considerado como válido es la creencia en un conjunto de convenciones (morales o metodológicas). Un argumento científico solo es válido si se adapta a las convenciones metodológicas de la disciplina y es evaluado como tal por el resto de científicos. Un argumento moral solo es válido si coincide con los principios morales a los que cada cuál se adhiere. Es decir, en ambos casos estamos hablando de un juicio que en un caso es un juicio de valor (basado en criterios morales) y en el otro caso se trata de un juicio de validez (basado en criterios científico-metodológicos), pero en cualquier caso se trata de un juicio y por lo tanto de un producto de la subjetividad . [1]

En este punto es donde los teóricos críticos y en general los partidarios del posmodernismo dirán que, efectivamente, ellos tenían razón:¡todo es subjetivo! Si todo es subjetivo, la diferencia entre los juicios de valor y los juicios de validez es trivial.

Sin embargo esto no es así. Volviendo a nuestros griegos; es mucho más probable que se dejen convencer por los argumentos de los generales sobre la estrategia más eficaz (ya que al fin y al cabo, la estrategia militar es algo difícil de entender, técnico, etc…) mientras que es mucho más posible que tengan su propia opinión sobre el carácter sagrado o no del templo donde los sacerdote serían menos efectivos.

La diferencia tiene sentido en la medida en que, mientras que tenemos reglas más o menos aceptadas para verificar argumentos sobre la validez inter-subjetiva de una argumentación científica, en una sociedad liberal donde los juicios de valor se reservan al individuo, no tenemos nada parecido para comprobar algo relacionado con la atribución de valor.

Por ejemplo, uno sabe que si salta desde un quinto piso muere. Es un hecho y nadie lo negará porque tenemos convenciones comunmente aceptadas que nos permiten predecir el resultado. Sin embargo, habrá quién argumente que tirarse desde un quinto piso es legítimo y otros que es un pecado y debiera estar prohibido. Esto es sin embargo algo mucho más controvertido. El primer juicio es un juicio científico y el segundo es un juicio de valor. El juicio científico se basa en reglas científica -la experiencia, la epistemología, etc…- que generalmente son aceptadas por más o menos todo el mundo y el juicio de valor en principios morales -mucho menos comunmente aceptados y más discutibles.

En realidad es comprensible que para los posmodernos la diferencia entre los juicios de validez y los juicios de valor sea trivial porque su relevancia reside en el hecho de que mientras que unos se pueden comprobar de forma inter-subjetivas tomando base en convenciones científicas comúnmente aceptadas y donde existe cierta objetividad, los segundos dependen mucho más del arbitrio subjetivo. En la medida en que el postmodernismo niega que exista una diferencia entre ambas facetas –las convenciones científicas no son más válidas que las convenciones morales- los juicios de valor no son metodológicamente distintos de los juicios de validez. No obstante, para los que creemos que la diferencia es relevante –predecir la muerte desde el quinto piso es algo fundamentalmente distinto (más fácil y preciso) de evaluar si algo bueno o malo- la diferencia entre las convenciones tiene sentido.

III Juicios de valor básicos y no básicos

El problema con la división entre estos dos aspectos del razonamiento es que es problemática. En abstracto la distinción es nítida, pero en la realidad los juicios de valor dependen de juicios de hecho y también lo contrario. Volvamos a nuestro ejemplo de griegos. Pensemos que entre los creyentes existen dos grupos.

  • Fanáticos: la defensa del templo es un fin en sí mismo. El favor de los dioses está por encima de todo.
  • Pragmáticos: la defensa del templo es importante en la medida en que los dioses negarán su favor a la polis si no lo defienden y en este caso, sería indiferente la estrategia que se elija porque sin el favor de los dioses de todas formas no ganarán la batalla.

La idea es que mientras que en el primer caso la relación con el favor de los dioses es directa (el favor es un fin en sí mismo), en la segunda es más indirecta (es un instrumento para ganar la batalla) y su valor depende de que se verifique la conexión causal de que a) El favor de los dioses es indispensable para ganar la batalla b) Los dioses solo otorgarán su favor si defienden el templo. Estas dos condiciones son en realidad condiciones de hecho que se podrían ver de forma más o menos objetiva.

Esta distinción es la que hace Amartya Sen entre

  • juicios de valor básicos: válidos con independencia de las circunstancias de hecho
  • juicios de valor no básicos:válidos en función de una serie de circunstancias de hecho.

En un contexto un poco más actual estos juicios de valor no básicos también se encuentran. Por ejemplo, la condena –moral- marxista de la explotación capitalista se apoya sobre la teoría-científica- laboral del valor. En la medida en que la segunda ha venido a ser considerada como inválida, la condena moral del capitalismo pierde bastante de su fundamento. Algo semejante ocurre con las religiones y su rol en el debate público. Muchas religiones han considerado, por ejemplo, que la diferencia de hecho entre hombres y mujeres –en términos de capacidad física, intelectual etc… - es una justificación para que ambos sexos tengan distintos status sociales. No obstante, la ciencia moderna ha demostrado que estas diferencias de hecho no eran tales y por lo tanto esto invalida los juicios de valor.

IV La posibilidad de la neutralidad de las ciencias sociales

Esto me lleva a formular la tesis de la neutralidad (“value free”) de las ciencias sociales que fue formulada por primera vez por Max Weber la llamada doctrina del “Wertfreited”:

Según esta tésis:

  • El status lógico de los juicios fácticos, de validez, descriptivos es de un tipo diferente del de los juicios normativos, prescriptivos de valor.
  • El método para evaluar cada tipo de juicio difiere sustancialmente

A contrario esto NO implica ninguna de las dos consecuencias siguientes que a menudo se le atribuyen a la falta de neutralidad de las ciencias sociales.

1. No significa que los juicios no estén influenciados por valores de un tipo particular, por circunstancias históricas o por el contexto de su descubrimiento ya que esto es inevitable; las ciencias sociales son siempre mecanismos de respuesta a problemas concretos. Significa solamente que este contexto o estas circunstancias no condicionan su validez, sino que esta debe evaluarse en función de principios metodológicos.

Un ejemplo que me gusta de esto es el caso de la teoría de la contestabilidad del monopolio. William Baumol formuló que lo que importa para que un monopolio sea eficiente o ineficiente no es la competencia actual, sino la competencia potencial; si el monopolio está suficientemente amenazado por la competencia potencial tendrá que poner precios competitivos y no precios de monopolio para evitar la entrada potencial. La consecuencia en política de competencia es que muchas intervenciones pierden legitimidad ya que el monopolio no es algo automáticamente perjudicial. Mi profesor de política de competencia nos contó que existe un rumor –que a mi me parece bastante verosímil- de que AT&T (el gran monopolista americano) pagó una cantidad de dinero importante a Baumol para formular este teorema y combatir a la escuela estructuralista de harvard en la academia.

Sin embargo, siguiendo la tesis de Weber, este hecho es indiferente para evaluar la teoría de la contestabilidad del monopolio; la justificación depende de su adecuación a las reglas metodológicas y a su coherencia interna. Y lo cierto es que es así; el teorema de la contestabilidad del mercado es uno de los grandes descubrimientos de la teoría de la organización industrial moderna porque el contexto de la justificación debe ser independiente del contexto del descubrimiento.

2.Tampoco significa que los científicos e investigadores no estén influenciados por sus valores personales o que sean completamente objetivos en su forma de ver las cosas. Significa sin embargo que tenemos cierta confianza en que la comunidad científica, en su conjunto, es una organización suficientemente funcional y pluralista para evaluar correctamente la validez de estas teorías. Esto es posible solamente gracias al hecho de que tenemos un conjunto de principios metodológicos que compartimos.

En el ejemplo de antes, lo que permitió a la teoría de la organización industrial entender que existen mecanismos de reputación y barreras estratégicas y naturales de entrada que invalidan el teorema de la contestabilidad es precisamente el hecho de que Baumol había dado una definición suficientemente clara y conforme a los cánones de la metodología económica como para que sus críticos pudieran criticarlo. El objeto de una metodología común es poder someter cada teoría a un “benchmark” común que, en general, es bastante neutral y que le da a cada punto de vista una oportunidad más o menos justa de competir. Dependiendo de lo permisivo que sea este marco de razonamiento tendremos más pluralismo y menos rigor o más rigor y menos pluralismo.El problema del pluralismo excesivo -el anarquismo metodológico- es que podemos terminar como con el affaire Sokal.
Este último es tal vez el único punto débil del argumento. El argumento se asienta sobre la confianza en que

  1. el marco metodológico es más o menos neutro (no excluye las soluciones por su contenido, sino por su coherencia y realismo)
  2. este marco hace que las discusiones se lleven a cabo dentro de reglas que facilitan la evaluación intersubjetiva de las teorías y los hechos en función de convenciones comúnmente aceptadas y
  3. la comunidad científica es una organización pluralista funcional y abierta.

Lo cierto es dos de estas cosas no son completamente ciertas o al menos discutibles. Ni el marco metodológico es completamente neutro, ni la comunidad científica es una organización completamente igualitaria, pluralista y abierta.

Este es el campo de la sociología de la ciencia que analiza el contenido de las teorías científicas en función de las motivaciones de los científicos y sus constricciones. Y aquí, por supuesto, tienen cabida análisis de carácter marxista que interpretan la comunidad científica como estando al servicio de una clase o grupo dominante y coludiendo para mantener la legitimidad de esta clase.

El primer problema con este punto de vista es que cuando uno habla de un marco epistemológico que funciona mal o de una comunidad científica con intereses propios -lo mismo que con los sistemas económicos-, uno debe ser capaz de proponer uno que funcione mejor y que sea posible; que permita evaluar argumentos de forma intersubjetiva de forma más eficiente, que explique como se consigue una comunidad científica más funcional y abierta y que dé lugar a predicciones más neutras. En la vida social lo que cuenta no es lo mejor, sino lo marginalmente menos malo

El segundo problema es que, aquí como en el campo económico, la teoría marxista sobre-estima la capacidad del capital para controlar el mundo [2]. Argumentar que el marco metodológico de la economía neoclásica es algo programado explícitamente para mantener el capitalismo es sin duda algo que

  • sobre-estima la capacidad de los capitalistas para hacer las cosas y
  • subestima la capacidad de otros científicos para hacer triunfar y evaluar teorías alternativas.

Ambas cosas, por cierto, contradichas por la evolución histórica de la disciplina –espero que expliquen por qué Samuelson, Sen, Keynes o Stiglitz (tres premios nobel y el inventor de la mitad de la ciencia económica) son esbirros del capitalismo ultraliberal. Lo cierto es que de forma más realista el esquema de incentivos de los científicos responde a asuntos como el prestigio o la reputación, pero no a intereses puramente materiales o de clase.

En realidad, pienso que -a modo de conclusión- aceptar el marco metodológico existente depende mucho de nuestra confianza en la comunidad científica y su capacidad para hacer bien las cosas. La comunidad científica es la responsable de casi todos los avances que hoy funcionan y hasta el momento ha dado resultados bastante eficientes como organización autorregulada. Entiendo por supuesto que aquéllos que niegan la existencia del progreso escupan sobre la comunidad científica y las normas que la regulan –y sobre los economistas en particular- pero para eso admito no tener argumentos –¡es tan evidente!.

De modo que para terminar de ser políticamente incorrecto- diré que mi opinión se parece bastante a la de Kantor:

No me considero nacionalista: no entiendo que la proximidad territorial deba definir un vínculo de solidaridad, y tiendo a pensar que por encima de las razas, el género y los idiomas, todos los que comparten mi apetito por el placer y la razón son en última instancia mis compatriotas.

Sin embargo reconozco una cierta lealtad tribal hacia dos grupos humanos: la comunidad científica y el sistema financiero. Ambos son estructuras descentralizadas e internacionalistas, y ambas han contribuido más que nadie a nuestra prosperidad y nuestra libertad.

Notas

(1) Técnicamente, la validez hace referencia a la lógica y por lo tanto es posible aplicarlo a los juicios de valor que tienen el requisito se ser coherentes con sus principios. Sin embargo, aquí utilizaré el término “validez” como equivalente de “científico”

(2) En realidad, esta es una variante de la crítica marxista-leninista de la democracia de la “dependencia estructural” del estado respecto del capital. Los capitalistas al ser los propietarios de los medios de producción pueden modificar el resultado de la acción del gobierno y por lo tanto controlar la democracia de forma decisiva. De esta forma la democracia no sería más que una farsa y la reforma del sistema solo es posible mediante la praxis revolucionaria. Lo cierto es que esta teoría depende de que se cumplan una serie de presupuestos que en realidad no existen como a) la capacidad de los capitalistas para coordinarse perfectamente b) La incapacidad absoluta de los votantes para darse cuenta de que les están engañando.