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Los Gnomos de Zurich y la confianza de los mercados: (I)

Febrero 7th, 2010 by Citoyen

Una de mis enormes frustraciones con el periodismo contemporáneo es que lo que los medios parecen entender por informar no es cumplir una función de intermediación dónde se haga accesible al ciudadano de a pie información potencialmente complicada, sino coger una información que podría resumirse en seis líneas, envolverla en rumores y falsos tecnicismos para darle un aspecto suficientemente impresionante como para que haga un titular presentable. Creo que se llama sensacionalismo.

La portada de El País de hoy es un ejemplo. “Van a por España”; “los mercados han olido sangre”. Leyendo el artículo intentando entender qué es exactamente lo que intentan sugerir me preguntaba ¿sabe el lector medio de El País qué es un ataque especulativo? ¿lo sabe el periodista, o sólamente tiene en mente la idea de los raiders financieros comprando y vendiendo todos a la vez mientras se llaman por el móvil? La imagen que transmite el artículo es, en efecto, la de un gobierno subyugado por los malvados capitalistas y ejecutivos con corbata y traje de Hugo Boss que se ceban con los más débiles. ¡El retorno de los Gnomos de Zurich! La realidad es, sin embargo, ligeramente diferente y me gustaría intentar aportar una idea del tema.

Empecemos por lo básico: para un gobierno, igual que para cualquier otra unidad económica, es razonable estar endeudado para financiarse, por razones que no vienen al caso. Para ello, lo que el gobierno hace es básicamente vender papelitos dónde pone que se compromete a pagar una determinada(s) cantidad(es) en el futuro que normalmente exceden el precio de venta. Esos papelitos se llaman normalmente bonos”. El porcentaje que representa esa diferencia sobre el precio al que se vende es lo que le cuesta endeudarse al gobierno y es, grosso modo, el tipo de interés.

¿Por qué tiene que pagar el gobierno un tipo de interés? En otras palabras, ¿qué hay detrás del coste de ese tipo de interés? Hay unas cuantas teorías para explicarlo, pero uno de los factores que influyen (voy a ignorar los demás) es lo que podemos llamar el riesgo de impago. Suponed que el tipo que compra el bono piensa que hay una probabilidad del 0,3 de que no le paguen un bono por el que ha pagado 0,70 €; si suponemos que quiere recibir como mínimo en el futuro lo mismo que pagó por el bono, exigirá recibir más de 0.70 €; exactamente 1€, de forma que lo que espera recibir, una vez incorporada la probabilidad de que no le paguen, 0,70. Esos treinta céntimos de diferencia es lo que llamamos la “prima de riesgo” que es, la compensación que debe recibir el tipo que se queda con el bono por el riesgo de impago. Chequead una cosa importante. Esa prima de riesgo depende de la creencia, subjetiva, más o menos estúpida, que tenga el inversor sobre la probabilidad de que el gobierno cumpla su promesa en el futuro; si el inversor se fía mucho del gobierno, entonces exigirá una prima pequeña, si se fía poco, una prima grande.

A pesar de ser una creencia subjetiva, hay ciertos factores más o menos conocidos sobre la capacidad de un gobierno para pagar sus deudas en el futuro. Por ejemplo está lo que llamamos la “sostenibilidad”, si un gobierno que corre déficit permanentes y cuya deuda no para de hincharse probablemente tenga que dejar de pagar su deuda en algún momento. En general, los economistas pensamos que la deuda, como tanto por ciento del PIB, debe mantenerse estable a medio largo plazo- lo que viene a significar que esa deuda puede crecer tanto como -i.e. el gobierno puede tener un déficit por valor de- el crecimiento del PIB. De otra forma, la deuda será cada vez mayor y el gobierno terminará no pagando. Así, tenemos dos factores que influyen en la sostenibilidad de la deuda: el déficit que corre el gobierno y el crecimiento del PIB. Cuando el comportamiento de esas dos variables es preocupante, lógicamente, la prima de riesgo que exigirán los inversores aumentará.

Pero la sostenibilidad es algo que juega, en principio, a medio plazo. Eso implica que un gobierno que vea su economía en recesión (dónde el PIB cae) no tiene por qué empezar a correr superavits (para compensarlo); la deuda puede crecer temporalmente siempre que en el futuro se reduzca. Para que ese aumento de la deuda no afecte a la prima de riesgo (la probabilidad que los inversores le dan a que el gobierno no pague) los inversores deben percibirlo como algo temporal y ver bien perspectivas de crecimiento para el PIB, bien una firme voluntad del gobierno de reducir el déficit a un nivel sostenible. Si no es así, la prima de riesgo aumentará.

Esto nos da una primera idea de en qué consiste esto de la credibilidad, el liderazgo, la confianza, y demás.  Cuando el gobierno propone reformar las pensiones o un plan de austeridad que prometan reducir el déficit en el futuro, o propone reformas del modelo productivo que prometan aumentar el crecimiento en el futuro, el inversor percibe que el riesgo de impago es menor y por tanto la prima de riesgo será también menor. Cuando el gobierno da la impresión de no saber qué hace, promete que no tocará el coste de despido, bla bla bla, la prima de riesgo aumenta. Es un puñetero problema de credibilidad. No se trata, como parece que uno oye por ahí, de dar gustirrinín a los mercados como si fueran dioses abstractos o de contentar a los capitalistas; se trata de que el Estado no tenga que endeudarse a un precio excesivo (i.e. pueda seguir endeudándose para pagar cosas). Pero esto no es toda la hsitoria; vemos el resto en el siguiente post.

“Subir la edad de jubilación provoca paro”: el caso de los Lemmings

Febrero 1st, 2010 by Citoyen

Suponed que tenemos el juego de los Lemmings. ¿Recordáis esos simpáticos muñequitos a los que había que ponerles paraguas para que no se estrellaran al caer o a los que había que equipar con picos para que picaran abriendo túneles? El juego nos daba distintos escenarios dónde había que conseguir que un mínimo de ellos sobrevivieran.

Nuestro escenario es en este caso el de tres Islas que conforman el archipiélago “oek-onomía”. Regularmente veremos los Lemmings emigrar de una isla a otra según las reglas que precisaremos a continuación.

  • La primera Isla se llama “in-aktiva”; a ella llegan periódicamente un flujo de nuevos lemmings a través de una especie de apertura en el techo y también desde la segunda isla.
  • La segunda Isla se llama “aktiva” y a ella inmigran en barco periódicamente lemming que viene de “in-aktiva”. De ella emigran lemmings que van a parar a “in-aktiva” y a la tercera isla.
  • La tercera Isla se llama “jub-bilación” que recibe periódicamente lemmings que vienen de aktiva e in-aktiva y dónde periódicamente se suicidan ellos solos -el arte de suicidar lemmings siempre estuvo infravalorado.

Tenemos por tanto flujos de Lemmings que van en varios sentidos y la actividad del archipiélago oek-onomía funciona así.

  • Al principio de cada año cada Lemming puede bien quedarse en su isla, bien coger el barco y cambiar de Isla, bien aparecer/desaparecer (caso de in-aktiva o jub-bilación).
  • Durante ese año, los Lemmings que están en la segunda isla trabajan cultivando plantas. Esas plantas tienen la propiedad de atraer nubes que hacen que llueva maná- el único alimento de los Lemmings- en el archiepiélago oek-onomía.
  • Al final de ese año, en función de la cantidad de plantas que hayan cultivado, llueve una cantidad de maná que sirve de alimento para todos para el resto del año siguiente.

Nuestro objetivo en el juego es conseguir que la cantidad de maná que consume cada Lemming sea relativamente estable o incluso aumente dentro de la medida de lo posible. Esa cantidad viene dada por

Maná por lemming= número de lemmings en aktiva X producción de cada lemming / nº total de lemmings

Como decía, los flujos de Lemmings en el archipiélago oek-onomía son relativamente aleatorios, aunque como jugadores podemos intentar influir en ellos vamos a ver algunos ejemplos.

  • Suponed que de repente hay una emigración masiva de “aktiva” a -> “in-aktiva”. Si miráis la ecuación de arriba, veréis que por pura lógica el número de lemmings cultivando plantas caerá y la cantidad de maná también caerá mientras que el resto permanece constante. Llamamos a este problema “paro” -cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
  • Suponed ahora que el número de Lemmings que se suicidan en “jub-bilación” cae pero todo lo demás constante. Veremos un número de lemmings total mayor y por tanto una caída del maná por lemming. Llamamos a este problema “envejecimiento”.

Como decía, como jugadores podemos intentar influir en los flujos y en la cantidad de lemmings que hay en cada Isla. Suponemos que antes el problema del envejecimiento queremos podemos poner un coto al número de barcos que llegan a “jub-bilación“. Eso reducirá los barcos que llegan de cualquiera de las dos islas, da igual de cuál. Algunos barcos dejarán de llegar de “aktiva” y otros de “in-aktiva“. Si es el caso del primero, lógicamente tendremos una (principio de) solución al problema dado que el número de lemming en “aktiva” aumentará -ver ecuación. Si es el caso del segundo, nos quedamos igual que estábamos.

Pero entonces llega uno de nuestros amigos y dice “eh, cuidado, intentando arreglar el problema del envejecimiento, vas a acentuar el del paro”. Nuestro amigo nos señala que al prohibir que haya más gente yendo de “aktiva” a “jub-bilación” vamos a intentar tener un problema dónde esos barcos van a salir hacia “in-aktiva” teniendo un problema de, como decíamos, paro (la emigración de “aktiva” hacia “in-aktiva” era lo que habíamos definido como paro).

Eso tiene sentido hablando literalmente. Pero por otro lado, no hemos agravado el problema; a lo sumo lo hemos aliviado. No lo hemos agravado porque los términos de la ecuación en la situación “paro” y en la situación “envejecimiento” son los mismos: tenemos el mismo maná por lemming porque tenemos la misma cantidad de lemmings trabajando en oek-onomía. Lo hemos tal vez aliviado porque mientras que hay lemmings que emigran de “in-aktiva” a “aktiva“, no hay lemmings que emigren de “Jub-bilación” a “aktiva“; es un viaje de no retorno. Si queremos ganar en el juego- aumentar o mantener la cantidad de maná de cada lemming- lo razonable sería limitar -en la medida de lo posible- la cantidad de lemmings en “jub-bilación” y aumentar la cantidad de Lemmings en “aktiva” fletando más barcos hacia aktiva y menos hacia in-aktiva.

Dedicado a Juan Antolin y a Kantor, me consta les gusta la pedagogía friki

Narrativas de sostenibilidad: caso práctico

Enero 29th, 2010 by Citoyen

El otro día hablaba del problema de las narrativas y de renovación del discurso de izquierdas. Como decía, lo que hace históricamente grande a una ideología es ser capaz de articular soluciones bien fundadas a problemas históricos concretos y para ello es necesario disponer de un discurso,. de una narrativa. En este post quiero, relacionado con el problema de las pensiones que acaba de salir dar un ejemplo de discurso, tipo “meeting” de como sería posible “vender” este tipo de soluciones. No hace falta que diga no es un análisis fino; es un discurso que intenta primar la elegancia sobre la precisión. Allá va:

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Renovando el discurso de Izquierdas: narrativas de sostenibilidad

Enero 27th, 2010 by Citoyen

Si tengo que nombrar dos autores que hayan influido más que en mi cosmovisión del mundo, entendida como “educación sentimental”-J, ahora te mando el copyright- o como conciencia histórica, probablemente nombraría a Marx y a Ortega y Gasset. Algo -tal vez lo único- que tienen en común es la articulación de, por un lado, de la importancia del momento histórico, la idea de que cada periodo de la vida humana está dominado por unos temas y que sus soluciones globales son más o menos inevitables y por otro, el papel del individuo -o en el caso de Marx la clase- como agente de ese cambio y la consiguiente llamada a las armas.

Ortega sugeriría que la condición sine qua non para el éxito de un discurso político -la vieja y la nueva política- es “estar a la altura de los tiempos”; ser capaz de colmar las aspiraciones de una generación, permitir que los cambios necesarios o inevitables se produzcan y que la sea la generación que los vive la que los lidere en lugar de sufrirlos. Pero para que los cambios sean asumibles y no traumáticos, la economía del proceso histórico exige que sean graduales y que lo nuevo se apoye siempre en algo que ya existe y de lo que se tiene conciencia.

Cuando hablamos del discurso de la izquierda, pienso que ese discurso debe, para tener éxito, cumplir dos condiciones. Por un lado, ser realista y ambicioso y colmar las aspiraciones de una generación, responder a los problemas de un momento histórico- o lo que es lo mismo, apoyarse sobre un diagnóstico certero y hacer prescripciones realistas. Por otro lado, debe apoyarse en una tradición que recupere los temas y las sensibilidades históricas con las que un movimiento- como la izquierda- se sienta identificado; los imaginarios construidos sobre tablas rasas tienen eso de problemático que transmiten esa horrible sensación de “low profile”- sí, pienso en la eclosión neocañi. Identidad y ambición; realismo y movilización deben ir de la mano en un discurso.

Si hablamos del diagnóstico, creo que puedo apostar sin demasiado riesgo que los próximos 20 o 30 años estarán, en Occidente, marcados por un problema que podemos poner bajo la rúbrica de “sostenibilidad”. A su vez, esta idea se desdobla en dos temas: la sostenibilidad ecológica entendida como el problema tanto de la economía ambiental y el respeto del medioambiente como del progresivo agotamiento de recursos energéticos y la sostenibilidad demográfica entendida como el problema del reto del envejecimiento de la población-y la sostenibilidad de los Estados de Bienestar- y el declive demográfico de la sociedad occidental. Cuando pienso en cualquier problema futuro, me resulta difícil encontrar alguno que no se pueda agrupar bajo alguna de estas rúbricas; son los problemas fundamentales del futuro y pienso que cualquier partido, de izquierdas o derechas, deberá responder a estos problemas o fracasar para inscribir su nombre en la Historia.

Resulta que la tradición de izquierdas está particularmente bien armada para responder a ambos retos siempre y cuando sepa reformar sus ideas. El ecologismo es un tema que forma parte del imaginario de la izquierda al menos desde los 70. Sin embargo, además de la retórica mecánica sobre el cambio climático y las renovables, sería razonable que el debate se articulara en términos un poco más científicos -pienso en la energía nuclear y en la necesidad de una política energética coherente. Favorecer un cambio de modelo energético sobre la base de un debate técnicamente informado debería ser una baza electoral, a cambio de saber hacer un poco pedagogía política.

Respecto a la sostenibilidad demográfica, es probable que éste sea un tema históricamente de derechas -Malthus, etc,… Sin embargo, sus soluciones pasan por tres tipos de políticas. En primer lugar, una economía suficientemente robusta para que la productividad aumente, capaz de innovar y de adaptarse, con mercados flexibles que se adapten a los cambios inherentes a esta innovación y sirvan efectivamente al consumidor y no al empresario, con un sistema educativo funcional orientado a mejorar el capital humano de los individuos, a mejorar su posición en el mercado laboral así como una red de protección con seguros obligatorios que haga esos cambios menos traumáticos.

En segundo lugar, Occidente y Europa en particular necesita encontrar una política de inmigración coherente y planificada a largo plazo, no basada en la última sensacionalidad política. Frente a las políticas irresponsables, sólo veladamente racistas y oportunistas de la derecha, la izquierda necesita y puede articular un discurso basado en la correcta gestión de los flujos migratorios que ponga en la balanza las ventajas e inconvenientes de cada política- lo que probablemente incluye valorar a los inmigrantes en función de las necesidad del mercado laboral.

En tercer lugar, necesitamos un sistema de protección social más moderno, que haga frente a los nuevos riesgos sociales. Las políticas familiares en Europa continental brillan por su ausencia. Sin embargo, cuanto más sabemos sobre la situación en la infancia y el éxito posterior más claro está que el status socioeconómico de tus padres es la madre de todas las externalidades y que este tipo de políticas son la clave para reducir la desigualdades y mejorar la cohesión social. El efecto sobre la sostenibilidad es tanto mayor en la medida en que no sólo aumentan el número de hijos por mujer sino que también fomentan la incorporación de la mujer al trabajo. La temática feminista, la de la sostenibilidad y la igualdad de oportunidades, reunidas en una misma política.

Que este tipo de programa tenga éxito depende en buena medida de la capacidad de los líderes para hacer pedagogía y modificar el discurso. Mi exasperación con la izquierda española actual proviene precisamente de esa falta de visión y de liderazgo para ser consciente del momento histórico en el que vivimos, de los retos a los que se enfrenta y la miopía inherente a ir a salto de mata electoral. El discurso actual de la izquierda en España basado en el género, la memoria histórica y la “sostenibilidad light” tiene el problema de ser un discurso vacío en la medida en que no aporta soluciones a problemas reales. Las soluciones a esos problemas en las que parece creer la izquierda tienen el problema de ser viejas- no solo antiguas. Ambos son la causa de que la izquierda lleve treinta años a la defensiva cuando se habla de cosas importantes.

John Von Neumann sobre las matemáticas

Enero 25th, 2010 by Citoyen

Von Neumann believed that mathematics is constantly rejuvenated by receiving new problems from the empirical sciences. A passage from a lecture “The Mathematician” is worth quoting in full. “As a mathematical discipline travels far from its empirical source… it is beset by very grave dangers. It becomes more and more purely aestheticizing, more and more purely l’art pour l’art…. Whenever this stage is reached the only remedy seems to mee to be the rejuvenating return to the source: the reinjection of more or less directly empirical ideas.”

One sources of Von Neumann’s empirical inspiration, besides physics, computers, and others, was economics. As mathematics had been inspiring to creative economists, so economics began to be inspiring to creative mathematicians. From the onward, the mathematical fringe of economics would blend imperceptibly into mathematical research. At the time, the danger of aesthetical inbreeding, which Von Neumann saw for mathematics in general, would also begin to threaten mathematical economics.

Jurg Niehans, A history of economics theory, pg 395

¡Ja! ¡Chúpate esa Kantor!

Estefanía, sobre Fuentes, sobre las reformas

Enero 25th, 2010 by Citoyen

Estoy leyendo en estos día el libro de Joaquín Estefanía “La larga Marcha”. Hay un capítulo dedicado a los pactos de la Moncloa dónde relata una entrevista que hizo a Enrique Fuentes Quintana. Os copio unos párrafos.

Sigue reflexionando Fuentes: dependen de cada momento las dosis de políticas aplicables para conseguir paliar esos desequilibrios interno y externo. Normalmente ha de servir una utilización ponderada de tres grupos de actuaciones: conseguir una moderación en el crecimiento de las rentas (salariales y no salariales), aplicar una política presupuestaria que domine le crecimiento del gasto y el déficit público (reduciendo su componente estructural) y mantener una política monetaria que discipline el crecimiento de la cantidad de dinero. No hay ideología alguna en esto, como decía Fuentes al comienzo de estas conversaciones. Los defectos de la política económica en la aplicación de estas medidas de ajuste apuntaron hacia pasivos que debían corregirse (…)

Nuestro economista mira al mismo tiempo al pasado y al presenta para indicar que la experiencia Española acentúa hasta el límite de la evidencia la importancia de evitar rigideces e intervenciones que coarten la adaptación de las empresas a las condiciones variables de los distintos mercados. La rigidez del sistema económico ha sido denunciada de manera reiterada en los informes más solventes sobre la economía Española, aunque ha mejorado mucho con el tiempo. Todos esos informes han destacado el hecho de que el cambio de demandas de distintos productos, con el consiguiente desmoronamiento de sectores productivos y la irrupción de nuevas tecnologías, con su influencia en la aparición de nuevos productos o procesos productivos constituyen fenómenos centrales de algunas de las crisis que se han padecido , que reclamaron para su superación una movilidad y un mejor aprovechamiento de los factores productivos. La flexibilidad de los mercados de trabajo y de los mercados financieros, la generalización del sistema de economía de mercado y la mejora en la programación y administración del sector público constituyeron reformas imprescindibles para facilitar esa adaptabilidad durante la crísas. Durante mucho tiempo la rigidez de los mercados de factores productivos, los obstáculos puestos a la competencia y al mercado y la deficiencias en la administración del sector público fueron la causa del gran mal del déficit público y de la desaparición de muchas empresas. La gran pérdida de empleos registrada en la economía española durante la transición fue el producto final de esa costosa rigidez de la economía que era preciso corregir.

No hay que separar nunca las políticas de sanemiento de las reformas estructurales que necesitan las economías. Los ajustes positivos de la estructura productiva deben formar parte de las políticas economicas frente a las crisis. La pereza política para su inclusión, justificada por su indudable coste social, es explicable, pero sus consecuencias serán muy graves para la economía que padezca a estos políticos poco diligentes. Esa experiencia ha mostrado con reiteración el doble escenario en el que deben actuar la medidas y apreciarse sus resultados. Sanamiento y ajuste global de una parte, reforma y ajuste positivo de otra. Esos dos escenarios y las medidas que en ellos actúan están indisolublemente unidos y los logros en uno de ellos beneficiarán los resultados del otro.

Es tan actual.

The (armchair) economics of Sales

Enero 20th, 2010 by Citoyen

Yannik Bourquin reported recently a post written by Tyler Cowen and commented that anglo saxons seems to see the sales period as a matter of anthropological curiosity. From the point of view of the economist, it is rather difficult to understand why shops are not allowed to sell cheap whenever they want; the only explanation should therefore lie on the side of cultural particularity or, more realistically, as an unjustifiable measure that restricts competition. I have been thinking about the issue during the last 7 days, and although I do not have any specific knowledge of the literature which must exist in the area, I think I can make some comments from the perspective of an armchair economist. It should be pointed out, though, that I write mainly with sales for clothes in mind, although the arguments should be applicable to other articles.

The main question that should be asked is: why would sellers like to have different prices in different periods of the year? Why wouldn’t they, instead, have the same average price the whole year?

In the case of clothes or any article that might turn to be perishable, it should be noted that the same piece of clothe might turn to be a different article in different periods of the year. The same person might be willing to pay more money for clothes at the beginning of the season, when they are more necessary and more fashionable, than at the end of the season when they will have to wait one year before being able to wear them again and they may well be out of fashion. In this case, it is natural for the seller to adjust the price. There is nothing wrong, in principle, with this practice which just means that different goods are sold at different prices.

Another reason for the existence of sales is what economists call “price discrimination”. Typically different consumers have different willingness to pay. From the point of view of the producer, it would be optimal for him to sell each good to each consumer at the maximal price that he would be ready to pay. However, producers do not know the real willingness to pay of different consumers and they are forced to sell at a single, impersonal, average price which maximizes their profits. Price discrimination consist just in separating consumers with different willingness to pay and sell them the good at different prices. One way of doing this is to artificially degrade the good; if you have two different types of consumers, one demanding-with-high-willingness-to-pay and one-non-demanding-with-low-willingness-to-pay, then downgrading the quality of the good and selling it cheaper will ensure that both consumers will buy the good but at different prices. In the case of sales, goods are usually sold in worse conditions; you usually have less choice since many sizes are not available, they are more difficult to find and the conditions of refund are more stringent. Those who value an article a lot could wait for sales, but they will run the risk of not finding the article available any more and therefore will choose to buy during the season. This explains for example why luxury brands have outlet stores in remote places where they sell their articles much cheaper than at they grand boutiques in town; those who are willing to go that far are less willing to pay. The welfare evaluation of this technique is a bit more ambiguous, but the situation is quite efficient since everyone get what he wants at the price he is willing to pay.

Another possibility is that sellers need to liquidate their stocks. Typically, stocks have costs because the sellers can not store the new stuff as long as the old has not gone. As long they can not anticipate perfectly the demand that they will have during the season, they will usually find themselves with excess supplies. By selling it cheaper, they can minimize the loss.

Finally, sales might be a way to let consumers know about your shop. Consumers tend to develop habits, that is, they tend to buy always in the same shop or the same article instead of looking around for the best offer. Sales joined to advertising might help consumers to know about your products, try them and thereafter to develop a habit for them. It is therefore a way of cultivating the loyalty of your clients.

The reasons pointed out above are welfare improving and ask for no regulation. They are also compatible with regulation as it exist in Europe since sales would be usually concentrated in the same period of the year, with or without regulation. Are there any arguments for the kind of regulation we have in Europe? Let’s try some possible arguments.

If you listen to sellers who push for regulation you will often heard the argument of “disloyal competition”. The idea is that some producers would like to sell their productive for less than their production cost in order to eliminate competitors and monopolize the market. This argument has some validity, but only under some conditions. For example, the market should have few participants and important sunk entry cost that would make withdrawing from or entering into business very costly. In this case, the strategy would be sustainable. But this is clearly not the case for sales and especially fashion where the market is not concentrated at all and entry costs are low. Thus, this argument does not justify any regulation for sales.

A different argument could be more supportive. Sales could be one way of exploiting consumers in a unlawful way. As any shopkeeper knows, consumers are more willing to buy something when its price has been reduced, no matter how high the price. Those psychologists who have tried to understand economic decisions –behavioural economist- studied similar phenomena. For example, people tend to answer that they would prefer to earn double when every price has been double than their current real income – despite the fact that their purchasing power has been kept constant. Sales could therefore be a way of exploiting cognitive biases of consumers that would buy more than they would otherwise because they have the impression, true or false, that they are making a good deal. This is a good case for regulating sales.

Moreover contrary to conventional economic reasoning, the price of a good might have under some circumstances some positive influence of the demand for it. Firstly, some goods are what we call “Veblen Goods” in honour of Thorstein Veblen, the economist who first thought about them in his book “Theory of the leisure class”. He pointed out that some goods, such as luxury goods, are bought just for snob reasons; they are expensive, so they denote a social status. Secondly, a related argument comes from the field of information economics. Consumers usually ignore the quality of the good they are buying. In the case of clothes, for example, you don’t really long how resistant will this pair of jeans that you are buying be. One possibility is to rely on brands; you know that Levi Strauss is a good brand. But another possibility is to rely on price. Assume you find a new shop you had never heard of before with a French name “Jean Michel Dunod”. The aspect of the shop is very fashionable and the prices are huge. If you have to make a guess, you would probably suggest that it is a luxury brand that you did not know and think that the articles are worth more than what you would have think in another environment. Prices are a valuable piece of information, in this context.

When prices are positively related to demand, sales are an extremely effective marketing technique because you can put two prices. The “normal price” which signals quality or status and the “sales’ price” which allocates the good to consumers. A good strategy would be to have a very high price during the year and a lower sales price, increasing sales considerably. It is not difficult to see that in this case, the effect of sales on welfare is much more ambiguous.

These two arguments do not, however, call for a limitation of the period on which sales should be allowed. It could call for ensuring that sales are lawful, and not artificially engineered just for marketing reasons. This would be, however, hard to enforce unless prices were stable during the season, since it would be very difficult to compare it. Finally, although the argument exists, I personally think that, overall, the effect of regulation is largely negative as it restricts competition and that the possibilities for consumer exploitation are neglectable.

Pasando reformas X: Principios de regulación económica

Enero 18th, 2010 by Citoyen

He hablado ya en alguna ocasión de lo importante que es en términos generales que los mercados de bienes y servicios sean competitivos. Cuando en un mercado existen barreras de entrada u otros obstáculos a la competencia, eso crea rentas. El efecto de las rentas es que los precios son mayores y, en la práctica, eso afecta a la capacidad adquisitiva de los salarios. La competencia tiene además toda una serie de ventajas desde el punto de vista dinámica -fomenta la innovación, etc…- que hacen que sea crucial para el desempeño y la productividad de una economía.

En la práctica, muchos obstáculos al desarrollo de la competencia vienen de la regulación pública. Tener que rellenar demasiados formularios para montar una empresa; pasar por demasiadas autorizaciones, cumplir con demasiado “red tape”. Todo eso son costes para una empresa que obstaculizan la competencia y estos suelen desarrollarse de forma relativamente inintencionada.

Esto se ve de forma bastante clara a nivel comunitario. El tratado de la UE consagra los principios de libre circulación de las mercancías, personas, servicios, libre establecimiento, y capitales. La idea es que no pueden existir, dentro de la zona europea, medidas que obstaculicen estas libertades creando un efecto de frontera. Desde el punto de vista jurídico, sin embargo, el alcance de estas libertades ha sido mucho más amplio de lo que uno puede imaginar. Os recuerdo que el derecho comunitario tiene primacía sobre el nacional; eso implica que cuando alguien lo invoca, el juez que lo aplica puede saltarse la ley nacional si esta es contraria y si no lo hace, el caso puede llegar hasta el tribunal europeo de Justicia de Luxemburgo.

La jurisprudencia establecida para las libertades comunitarias es la de la sentencia “Dassonville” un funciona de la forma siguiente. En primer lugar, se debe probar la existencia de un obstáculo a la circulación. Es algo que se interpreta de forma tremendamente amplia; prácticamente cualquier intervención de la administración que un impacto directo o indirecto sobre la actividad económica puede considerarse un obstáculo. Sin embargo, eso no hace la intervención ilegal; el obstáculo puede estar justificado por algún objetivo legítimo de la administración (la protección del consumidor, del medioambiente, bla bla bla). Para que este justificado debe cumplir dos tests: ser necesario (que sirva para lograr el objetivo) y ser proporcionado (que lo haga de la forma menos gravosa para el comercio entre estados. Algo similar se aplica a las ayudas públicas a empresas que deben tener un carácter no discriminatorio, necesario, justificado, etc,… según el derecho de la competencia comunitario.

En la práctica, esto ha servido a los jueces para echar abajo una cantidad interesante de regulaciones absurdas y de subvenciones guiadas por el amigachismo. La idea es hacerles pasar ese test económico en el que los redactores de las normas no piensan necesariamente. El problema es, sin embargo, que el ámbito de estas cosas sólo es el comunitario; si la actividad a la que afecta no tiene una dimensión comunitaria y es puramente interna, entonces este test no se aplica y las cosas funcionan de forma interna.

Pues bien; mi propuesta es establecer los mismos principios en el ámbito nacional/interno. De hecho, el proyecto de ley de economía sostenible dice algo similar (”principios de necesidad, proporcionalidad, seguridad jurídica, transparencia, accesibilidad, simplicidad y eficacia”) en el artículo 4 lo que es, no hace falta que lo diga, una magnífica idea- aunque no me fíe un pelo de como se vaya a aplicar. El problema es que se trata de una simple ley de la Administración General del Estado que afectará, a lo sumo, a los reglamentos. No afectará (imagino) a las leyes posteriores, ni a la regulación que exista con anterioridad ni a lo que hagan las Comunidades Autónomas.

Mi propuesta es, por tanto, que esto se codifique dentro de la Constitución. El tribunal constitucional podría empezar a desarrollar doctrina, alineándola sobre la del tribunal de Luxemburgo, pero aplicada al ámbito interno y los jueces administrativos podrían usarlas para interpretar las normas. Sí, sé que soy un ingenuo y que es imposible políticamente, bla bla bla,… pero es el tipo de cosas que hacen consenso y si la reforman un día de estos para lo de Leonor podrían tener el detalle de meterlo.

Competencia y tamaño

Enero 16th, 2010 by Citoyen

Artículo muy interesante (hay versión en castellano) sobre política de competencia en project Syndicate de Xavier Vives (profe del IESE). Os resumo el tema del artículo con un poco de contexto. Originalmente la política de competencia nació del movimiento populista de finales del siglo XIX (el Sherman Act) dónde se veía con desconfianza a las grandes empresas porque se consideraba que tenían un poder excesivo. Progresivamente, la teoría de la organización industrial fue poniendo coto teórico a esta idea. Así, la escuela de Harvard con Joe Bain a la cabeza propuso el paradigma “Estructura-Conducta-Resultado”. La idea es que una determinada estructura de mercado (competencia perfecta, monopolio, oligopolio, número de empresas, etc,…) lleva a que las empresas se comporten de una determinada forma (conducta) lo que tiene resultados mejores o peores en términos de bienestar, precios y demás. Las políticas prescritas eran muy a menudo intervencionistas, dirigidas a limitar el poder de las grandes empresas y de restaurar la competencia o mantenerla articialmente. La orientación de la escuela de Harvard es relativamente poco teórica y muy empírica; se basaban en estudios de caso, análisis comparativos, etc…

La contrarrevolución vino, como suele ser normal en aquélla época, de la escuela de Chicago. Gente como Stigler o después Posner, pusieron sobre la mesa la idea de que el paradigma estructura-conducta-resultado carecía de fundamentos teóricos; no explicaba el comportamiento de las empresas; no contemplaba que una estructura de mercado más concentrada podía ser el resultado de una competencia razonable o tener resultado en términos de bienestar positivos, siempre y cuando el Estado no estableciera barreras de entrada legales ni falsificara la competencia con ayudas, subvenciones y demás.

Como decía Kuhn, después de la época de los enfrentamientos viene la de la síntesis. Las escuelas de economía industrial dejaron de ser escuelas propiamente dichas y pasaron a ser más tendencias o sensibilidades. La unificación vino de la mano de la teoría de juegos que se empezó a utilizar como mecanismo para analizar todas las interacciones estratégicas entre empresas. Gente como Tirole- su maravilloso “The theory of industrial organization” es probablemente uno de los libro de economía mejor escritos de la historia-  Sutton etc,.. pusieron las bases de una aproximación ecléctica, que evaluaba los resultados de acuerdo con los criterios de eficiencia estática y dinámica propios de la economía del bienestar.

Vives argumenta que el resultado de la crisis ha sido poner sobre la mesa de nuevo el problema del tamaño. La ola de salvamentos a golpe de talonario público de empresas como General Motors, AIG, etc,… tendrá el efecto de volver a establecer estructuras concentradas relativamente anticompetitivas que según como y de qué forma podrían perdurar. Inevitablemente, la desconfianza pública respecto a las empresas de gran tamaño volverá a aflorar. Con una buena razón, si las empresas son demasiado grandes -si se las deja crecer demasiado- se convertirán en empresas demasiado grandes para que puedan quebrar; eso las llevará inevitablemente a tomar riesgos excesivos sabiendo que el sector público internalizará sus costes.

La sugerencia de Vives es que el debate no se aborde de forma miope. En lugar de volver a la visión populista del siglo XIX dónde gran tamaño=malo; sugiere que se deberían poner controles: exigencias de capital para los bancos, y regulaciones varias. Yo sugeriría que mientras que la política de competencia se aplique con suficiente agresividad, la estructura industrial no tiene porque crecer desproporcionadamente.

PD Acabo de encontrar una nueva forma de perder el tiempo. Twitter. Iré colgando cosillas según vea, papers y enlaces en particular. Buscadme para seguirme.

Comparaciones Europa vs EUA

Enero 13th, 2010 by Citoyen

Paul Krugman viene manteniéndo un bonito debate con la derecha norteamericana (1, 2, 3, 4, ) sobre la comparación del sistema social europeo y el estadounidense y su capacidad para generar riqueza. He decidido por tanto recuperar un post del blog antiguo. que empieza a continuación. Enjoy!

“Productivity is not everything, but in the long run it is almost everything”
Paul Krugman

Desde 1973 Europa el crecimiento europeo se ha ralentizado respecto al de los EUA. Uno de los factores mas importantes para medir el por qué del crecimiento de una economía es medir cuanto produce cada trabajador, es decir, la productividad del factor trabajo. Esta es tanto mas importante en la medida en que afecta otros factores como los salarios o el nivel de vida.

Es sabido de todos de que la economía europea (pienso en la Europa a 15) es menos eficiente que la americana, es decir, su productividad es bastante menor. Esto tiene muchas connotaciones de carácter político. Por ejemplo, la diferencia de productividad es para algunos la prueba de que el modelo social europeo es insostenible a largo plazo.

Bueno ¿qué tiene de cierto esta visión? En realidad depende como lo veamos. Si uno considera que lo relevante es la productividad por hora trabajada, en 1999 tomando como 100% el nivel medio de la UE, estados unidos estaría solo en 115%. Según este punto de vista la euroesclerosis sería solo un mito. Sin embargo, si consideramos el PIB por persona empleada el nivel es de 132. Por último si consideramos el PIB per capita, se nos sube a 151.

¿Como se explican estas diferencias? Bueno, es bastante sencillo. La diferencia entre Europa y EUA es que la jornada laboral es bastante mas corta en Europa, por lo tanto el PIB por persona empleada no significa que los europeos sean menos eficientes, sino solo que trabajan menos tiempo (y en menos tiempo producen menos). La diferencia entre PIB per capita se puede deber, fundamentalmente, a que EUA tiene niveles de paro ínfimos, mientras que en Europa el desempleo es una plaga.

¿Importa? ¿Es Europa menos productiva que Estados Unidos? En realidad, depende de la interpretación que adoptemos. Olivier Blanchard en un paper de 2004 defendió la tésis de que no importaba. El economista francés considera que el hecho de que en Europa se trabaje menos pero de forma igualmente eficiente es solo una cuestión de preferencia cultural y de elección política. Las preferencias de los europeos respecto al trabajo y el ocio son distintas, solo eso. Esto encaja bastante bien con la sabiduría popular: en Europa seremos mas pobres, pero vivimos mejor que en EUA. Desde este punto de vista, la productividad por hora trabajada es la mejor medida de la productividad. Hay varios problemas con estas tésis. El primero es que no hay ninguna evidencia empírica de la diferencia cultural. El segundo y mas importante es que esto no explica el desempleo: es muy difícil entender que haya gente que valore tanto su tiempo de ocio como para preferir no trabajar en absoluto.

El tercer argumento contra la tesis de Blanchard da lugar a una explicación alternativa. Existe una importante correlación entre la presión fiscal, los niveles de protección social y el desempleo en Europa. Prescott en otro paper de 2004, dirá que si bien es cierto que las preferencias de los europeos entre tiempo libre y salario son distintas que las de los americanos, no es por razones culturales sino por razones económicas. Por cada hora adicional trabajada, el trabajador americano recibe mas salario que el Europeo porque en Europa los salarios tienen un nivel de imposición fiscal. No es tanto por cultura, sino por razones impositivas: los impuestos y no las preferencias nos hacen menos productivos. En este sentido, la productividad por hora trabajada no es una buena medida. ¿Qué problemas tiene esta visión? El primero es que en los países con menos impuestos que EUA (como Irlanda por ejemplo) no hay un cambio sustancial respecto al crecimiento del empleo. El segundo es que asume una elasticidad entre los salarios y la oferta de trabajo que parece poco razonable: uno no decide cuanto quiere trabajar exclusivamente en razón del salario. El tercer argumento es que asume que el sistema político institucional europeo es bastante mas inútil que el americano. La tendencia se ha prolongado 30 años, pero según esta teoría, nadie ha propuesto un cambio de política. Los políticos europeos son inútiles pero no tanto.

La tercera interpretación la defiende un paper de Asesina Glaeser y Sacerdote de 2005. Parten del hecho de que existe entre menor utilización del factor trabajo y la falta de mobilidad laboral y la sindicación de la mano de obra. Su hipótesis es que cuando en 1973 hubo que cambiar de un modelo de crecimiento extensivo a uno incentivo, las rigideces provocadas por estas instituciones impidieron la adaptación de la economía a las nuevas condiciones. Mientras que en EUA la adaptación fue rápida, en Europa los sindicatos apoyaron políticas de “compartir el trabajo” (prejubilaciones y reducir la jornada laboral) e impidieron que la mano de obra se emparejara con el capital de la forma mas eficiente. Esta es la hipótesis de las “coordination externalities” es decir, al ser mas costoso adaptarse, toda la estructura de producción de las economías europeas se resintió. Desde este punto de vista, la diferencia de productividad medida en PIB per capita cobra todo su sentido: lo que uno debe ver es como la economía global produce bienes y servicios, no lo eficiente que es cada trabajador en cada momento.

Personalmente creo que la verdadera explicación reside a medio camino de las tres, aunque la tercera es la que me atrae más. Barry Eichengreen (de donde está sacado este post) explica la larga sombra de la historia: las instituciones que fueron un éxito para reconstruir el continente están hoy anticuadas para producir en un modelo de producción intensiva. Pero por supuesto, es evidente que estas instituciones crearon cierta cultura distintas (en Francia todavía viven bajo el espectro de las 30 glorieuses) que permitieron sobrevivir a un ética del ocio como la europea.

En el fondo, la sostenibilidad del modelo social europeo depende ampliamente de como se arregle el problema de la productividad. El estancamiento de la productividad es el mejor billete para que se amplien las desigualdades.