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Archive for the ‘regional’ Category
Domingo, Julio 25th, 2010
¿Existe una versión “racional” del nacionalismo/catalanismo catalán? En mi opinión sí. Es más, existen varias. Aquí una short list (las etiquetas son para entendernos, no me interesan los debates etimológicos):
- Independentista conservador: Cataluña es una región considerablemente más rica que el resto de España y esto se refleja en que a la hora de recaudar impuestos y gastarlos, Cataluña termina siendo contribuyente neta al resto de España. Si yo fuera conservador y Catalán, argumentaría que subsidiar a los extremeños, castellanos y demás chulos mesetarios que desarrollan una economía atrasada y han sido incapaces de modernizarse es una pérdida de tiempo -igual que lo es en clave interna redistribuir renta entre individuos- y es mejor que cada uno viva por su cuenta.
- Independentista progresista: la sociedad catalana -el votante mediano catalán- es razonablemente más progresista que la del resto de España. Cataluña tiene una derecha moderna y es una región comparativamente más de izquierdas que el resto de España. Lógicamente, las políticas que resultan del voto de los catalanes son por tanto más progresistas que las que resultan del conjunto de España, de modo que existe un argumento fuerte basado en la teoría de clubes para estar a favor de la independencia para poder librarse del lastre de la derecha del resto de España. Es un argumento similar al que soporta el hecho de negar el derecho de retorno incondicional a los refugiados palestinos en Israel.
- Autonomismo racional:Cataluña tiene un conjunto de rasgos específicos que podemos llamar “cultura” (lengua, tradiciones, folklore, literatura, etc…). Estos rasgos la hacen diferente del resto del territorio y especialmente hacen que las políticas que gestionan estos aspectos -pero no las otras; la sanidad no tiene nada que ver con las especificidad cultural- de la vida en común -la política de promoción cultural (cine, literatura, televisión), en alguna medida la educación, etc…- sean gestionadas óptimamente de forma descentralizada.
Ninguna de estas posiciones está en mi opinión exenta de críticas y todas se apoyan en última instancia en convicciones normativas que me parecen entre desagradables y abominables. Pero todas estas posiciones tienen la virtud de ser relativamente coherentes, racionales y comprensibles.
Mi hostilidad hacia el “catalanismo” proviene precisamente de que este tipo de argumentos solamente aparecen de forma accesoria, cuando aparecen. La mayor parte del tiempo se suele usar la retórica gilipollas de la “identidad”, el “encaje de cataluña en España”, los sentimientos, la pertenencia y en general un conjunto de entelequias metafísicas basados en problemas de forma y en aspectos superfluos. Una primera posibilidad es que esta retórica sea sincera, en cuyo caso revela una forma extremadamente primitiva, cursi y repelente de ver la política, no como un área dónde se gestionan problemas colectivos y tener un proyecto de sociedad más justo, sino como un diván de psicoanalista en el que curarse las penas.
Una segunda posibilidad es que esta retórica sea una forma de encubrir alguna de las posiciones anteriores o una mezcla de ellas, y especialmente de las dos primeras. El problema es que, obviamente, es mucho menos costoso políticamente repetir de forma cargante “som una nació” que “los ricos queremos largarnos de la familia” o “España está llena de fachas y analfabetos”. Si esta hipótesis es correcta, a los catalanes no les habría entrado un ataque de cursilería colectiva, sino todo sería una forma de ocultar la verdadera motivación que está detrás de toda la parafernalia del Estatut y por supuesto impide ningún tipo de discusión racional y clarificadora del problema.
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Martes, Junio 29th, 2010
En Nada es Gratis comentan hoy sobre cómo un rescate por parte del FMI o la UE podría beneficiar a Alemania y a sus bancos concretamente y explican por qué es así e insinúan que por eso se han estado difundiendo rumores sobre que esto pudiera ocurrir. Lo que dicen es bastante verosímil, pero creo que hay que hacer un par de apuntes.
Primero, que haya gente difundiendo rumores es MUY DISTINTO a la existencia de una gran conspiración contra España guiada por lo gnomos de zurich. Una conspiración, por naturaleza, es algo centralizado. El mecanismo por el que se difunden estos rumores es probablemente descentralizado; suponed que alguien os cuenta un rumor y que ese rumor os beneficia; lo que podéis hacer es simplemente difundirlo hinchándolo un poco. El fenómeno de formación de creencias colectivas (falsas o no) es un fenómeno relativamente común en las ciencias sociales: va desde los pánicos y las burbujas, hasta la extensión de rumores falsos sobre la guerra o la explicación del terror. Lo único necesario es a) Que el individuo que recibe la información tenga incentivos para divulgarla como cierta (porque la crea cierta o porque le convenga económicamente, o simplemente porque le dé algún tipo de satisfacción personal, social o psicológica y b) Que es información se transmita a más individuos con esas mismas características. Aquí, vemos que se reúnen ambas características, tal como muestra el autor del post.
En segundo lugar, una cosa es decir que que todo esto puede tener una naturaleza interesada y otra muy distinta es decir que la situación de España es estupenda y todo esto es fruto de una conspiración mundial o de los prejuicios de los estúpidos alemanes contra sus vecinos del sur. El efecto de esto es agudizar una serie de problemas que ya tenemos: el mercado laboral sigue teniendo un paro enorme, nuestra situación fiscal sigue siendo muy delicada y nuestro sistema financiero está en una situación sospechosamente bien en comparación con lo anterior, lo que no tranquiliza a nadie. Es decir, el problema ya existía.
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Lunes, Mayo 3rd, 2010
Ortega decia en un pasaje, no se si de la Rebelion de las masas o de Europa y la idea de nacion, que en aquel momento (la posguerra) Paris era una ciudad terriblemente provinciana. Provinciana significaba para Ortega lo contrario de cosmopolita: replegada sobre si misma, sin mayor interes en lo que ocurriera fuera, basada en trivialidades locales a las que se daba una importancia desmesurada. Creo que se puede reconstruir una explicacion de corte orteguiano de la forma siguiente: la democracia liberal (sufragio universal, etc,…) habia producido la “Rebelion de las masas” -una democratizacion de la cultura y los valores- que habia desaristocratizado las sociedades occidentales de forma que las minorias selectas que antes marcaban el paso de la opinion publica habian sido sustituidas por el “hombre masa”, aquel que no busca ser mejor, sino que se conforma con ser “como todo el mundo”. Pero el hombre masa es tipicamente menos cosmopolita, mas provinciano que el hombre selecto, porque su marco de referencia es reducido; responde a la identificacion con el grupo (local), a instintos irracionales, localistas y romanticos. El provicianismo va, pues, de la mano de la Rebelion de las masas.
Las manifestaciones del dia del trabajo nos ofrecieron, curiosamente, un ejemplo palmario de esta situacion. La emperatriz Merkel busca, segun dicen, oprimir a los pobres griegos, victimas de los malvados especuladores. Anton Costas recurrio el domingo nada menos que a la ley de Godwin para sustentar sus argumentos acusando a la “altiva” Alemania de hacer bullying con los pobres griegos, queriendo humillarlos de forma ejemplarizante. ¿Que tiene de provinciana la actitud de Costas y de los sindicatos? Grosso modo, la falta de consideracion de por que Angela Merkel esta haciendo lo que esta haciendo y la incapacidad de empatizar con otra opinion publica que no sea la propia. La falta de cosmopolitanismo, en fin.
Si uno piensa en Alemania, tiene que tener en cuenta varias cosas. La historia alemana reciente es heroica y dolorosa. Los alemanes se han tirado la ultima decada y media con un proceso de resignada consolidacion fiscal y de contraccion de su estado de bienestar para aplicar politicas que lo hicieran economicamente viable. Despues de una terrible reunificacion donde el moralismo democristiano se unio a los prejuicios “solidaristas” de los sindicatos del oeste para crear un paro atroz en el Este y un conjunto de acciones fiscales falllidas, los alemanes tuvieron que resignarse y empezar a aplicar politicas economicas rigurosas para cumplir con la UE y el papel que ocupan dentro de ella. Una decada y media de contraccion salarial y de pactos sociales hicieron de la economia alemana de nuevo una economia competitiva y le permitieron salir del bache.
¿Como ven los alemanes a los griegos? Grecia ha hecho exactamente lo contrario que ellos. Los griegos han aumentado su gasto publico por encima de lo que podian permitirse; han falseado sistematicamente sus cuentas (nos han engañado) incluso para entrar en el Euro -despues de que los alemanes “sacrificaran su deutschemark en el altar de la unificacion europea”- y se han beneficiado de los bajos tipos de interes que tenia ser parte de una (de hecho) zona deutschemark con un tipo de cambio fijado de forma irreversible. Es cierto que la situacion griega se explica por los problemas idiosincraticos arrastrados del pasado, de su transicion a la democracia concretamente- con un gran presupuesto militar y muchos funcionarios con regimenes muy ventajosos; sin embargo, esto es algo que palidece similar a las dificultades alemanas a lo largo de los noventa. Los griegos entraron en el Euro haciendo trampas y se mantuvieron dentro haciendo trampas (violando el pacto de estabilidad sistematicamente) Los alemanes crearon el Euro e hicieron todo lo posible por dar ejemplo. Si yo fuera aleman y no supiera economia, mi opinion respecto a los griegos seria “que se fastidien”. Y esto es probablemente lo que piensa el Aleman medio: son esos tipos que se jubilan casi una decada antes que yo los que deben cargar con sus errores.
Ahora pensad en Angela Merkel. Su coalicion con los liberales- un grupo de gente que tiene un ataque de nervios cada vez que alguien habla de gastar y que son relativamente euroescepticos en el contexto aleman- es bastante inestable y nada receptiva a repartir pasta gratuitamente especialmente en un contexto de crisis economica donde los recursos no brillan por su abundancia sino mas bien por su ausencia. Por otro lado, las elecciones regionales se aproximan, lo que la hace especialmente sensible a las preocupaciones (democraticas) del Aleman medio. Por ultimo, Alemania sabe, como de hecho indica Costas en su articulo, que lo que ocurra con Grecia sera un precedente para lo que ocurra despues. La actitud del gobierno Aleman no es que sea comprensible, es que probablemente es la mas inteligente que puede tener si le suponemos un grado minimo de instinto de supervivencia politica.
Sin embargo, este tipo de analisis parece estar ausente en la opinion publica española -de la que Anton Costas y Candido Mendez solo son ejemplos; se habla demasiado a menudo de lo estupidos que serian los sindicatos sin tener en cuenta que se limitan a transmitir la opinion de la gente a la que representan- que se limitan a realizar juicios morales sobre la actitud de Angela Merkel y su falta de sentido de Estado sin tener en cuenta que esta responde a motivos bastante razonables- digamos solo por hacer un poco de demagogia, que son muchos mas comprensivos con la actitud del gobierno español y su pasividad frente al 20% de paro. La falta de empatia de una opinion publica, la española, con otra, la Alemana, que se forman en el baño de unos medios de comunicacion, sistemas institucionales y culturas politicas diferentes, da lugar a ese hecho terrible que es el provincianismo que es una maquina de crear divisiones y rivalidad entre paises.
Y el provincianismo es uno de los grandes problemas a los que nos enfrentamos los que tenemos aspiraciones cosmopolitas. Recuerdo cuando el debate sobre la directiva tiempo de trabajo, la asimetria de los titulares de prensa (recuerdo de memoria): en El Pais era algo como “Europa quiere hacernos trabajar 65 horas” “Es la primera directiva en la historia que supone un recorte social”, mientras que en el Reino Unido, gracias al cual se habia introducido la clausula derogatoria, el gobierno comunicaba “El gobierno asegura el derecho a trabajar mas tiempo (!)”. Mientras que la hostilidad era unanime en España, creando esa sensacion de imposicion ilegitima procedente de Europa, todo lo contrario ocurria en el Reino Unido. El deficit de legitimidad resultante de la incapacidad para entender el por que de la decision realizada en el ambito europeo, de aprehenderla como propia sea cual sea como ocurre en el ambito nacional, es el principal problema al que se enfrenta una entidad politica sin una construccion nacional/politica solida que la sustente.
Lo mismo que vemos para el caso de Grecia, lo vemos -a una menor escala, esta claro, pero sigue siendo el mismo fenomeno- en el caso del Estado de las autonomias y la financiacion. Aqui, Cataluña es Alemania y Extremadura y Andalucia son Grecia. Los argumentos esgrimidos por los que sugieren poner coto a la solidaridad interterritorial tienen un parecido impactante con los que esgrimen los Alemanes: tenemos necesidades internas que no podemos cubrir nosotros mismos asi que no estamos en condiciones de andar haciendo regalos; nosotros ya hemos hecho un esfuerzo grande y ahora os toca a vosotros; las transferencias crean una dependencia en lugar de fomentar el desarrollo; el dinero se malgasta, etc… Sin embargo la gente que apuesta por la solidaridad en un caso no es, ni de lejos la que apuesta por ella en el otro caso. ¿Quereis apostar?
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Lunes, Diciembre 21st, 2009
Leyendo esto, me he acordido de la búsqueda de las esencias y las paredes no neutrales (no preguntéis por qué)
En 1900 España era, primero, un país católico (sería consagrado al Sagrado Corazón de Jesús en 1919); segundo, era puro pueblo, como bien observa Ortega y Gasset; terero, era pura provincia, otra certa intuición de Ortega.
Esa triple realidad nacional condicionó lógicamente el despertar cultural de España. Por distintas razones -el poder social de la Iglesia, educación en los colegios religiosos, la cuestión de la fe, crisis de las vocaciones sacerdotales- religión y catolicismo siguieron interesando de muchas formas a la visión de España de intelectuales, escritores y artistas (…)
Del mundo católico surgieron iniciativas y esfuerzos culturales estimables. El Seminario Pontificio de Comillas pasó a ser en 1904 Universidad Pontificia (…) En 1909 el padre jesuita Angel Ayala creó secundado por Angel herrera Oria la asociación católica de propagandistas, orientada a la formación de minorías dirigentes católicas para el país. En 1910 apareció “El Debate” al que desde 1911Angel Herrera Oria fue convirtiendo en un diario católico moderno. En 1916 los jesuitas abriron en su universidad de Deusto una Facultad Comercial para la capacitación profesional (y católica) de economistas y técnicos de empresa. (…) José María EScrivá de Balaguer creó el Opus Dei en 1928. El catolicismo socialimpulsó la creación de Círculos católicos Obreros. (…) Paralelamente fueron articulándose las bases del pensamiento social católico moderno. (…)
Pero el balance de todo ello fue casi siempre contradictorio y las más de las veces decepcionante. Salvo alguna rara excepción -lo dominicos neotomistas Juan Gonzalezález Arintero y Frencisco Marín Sola y el presbítero Gallego Angel Amor Ruibal- la teología española fue intelectualmente nula. Fuera de la obra de Amor Ruibal, nunca bien vista oficialmente, el modernismo religioso apenas tuvo repercusión en el país. Al contrario, varios textos oficiales de Roma condenatorios del modernismo fueron escritos por cardenales españoles. La jerarquía Española de las primeras décadas del siglo estuvo casi unánimente anclada en posiciones integristas y antiliberales.(…)
Para decepción de sacerdotes como Arboleya, el asociacionismo obrero católico, cualquiera que fuese su éxito, o dervó hacia labores puramente asistenciales y mutualistas o estuvo al servicio del empresariado católico. A la Iglesia española le preocuparon ante todo el culto y el cumplimiento de los preceptos religiosos, la paz social, las costumbres públicas y la moral familiar y sexual, cuestiones que abordó desde posiciones estrictamente ortodoxas y fuertemente reaccionarias. (…)
Religiosidad, toros, zarzuela, jotas, madrileñismo, andalucismo local, éste era el verdadero nacionalismo popular español. Los hombres de la Institución Libre de Enseñanza, los escritores del 98, Ortega, Juan Ramón Jiménez la detestaron: “sí, el flamenquismo, la torería, la pornografía, el génerochiquismo, todo es igual” escribía en 1911 Unamuno.
Juan Pablo Fusi en “La España del siglo XX” de Santos Juliá, José Luis García Delgado, Juan Carlos Jiménez y Juan Pablo Fusi. Pg 546 a 552
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Jueves, Agosto 20th, 2009
Durante la discusión de los dos posts anteriores sobre las imperfecciones en el mercado laboral y el de productos, el debate ha terminado degenerando en una especie de competición dónde unos nombrábamos fricciones posibles y otros sin negar su existencia minimizaban su importancia confiando en la fuerza de la competencia a la hora de limitar las rentas. El problema, por lo visto, es fundamentalmente empírico. ¿Con cuál de los dos modelos encaja mejor el mundo real, con el competitivo o con el monopolístico?
Un caso interesante para chequear cada hipótesis es el salario mínimo en el mercado laboral. ¿Cómo afecta el salario mínimo al equilibrio del mercado laboral? En la medida en que cada modelo genera predicciones distintas, se puede chequear empíricamente su validez viendo cuales de las predicciones se adaptan mejor a la realidad. Recordamos por tanto las predicciones de cada modelo (i) y después vemos la evidencia empírica (ii)
(i)Teoría: El análisis económico del salario mínimo
En un modelo competitivo, las empresas igualan el salario a la productividad marginal multiplicada por el precio. Es decir, las empresas aumentan el número de trabajadores hasta que el último trabajador produce exactamente lo que hay que pagarle. Los trabajadores, por su parte, plantean sus demandas eligiendo entre dos bienes, el ocio y el consumo. En equilibrio, el salario que se paga refleja exactamente el valor del ocio para el trabajador y los trabajadores que no están empleados son sólo los que no aceptan trabajar recibiendo lo mismo que producen. Si el salario estuviera por debajo, otra empresa pujará por el trabajador haciéndolo subir, si el salario está por encima todos los trabajadores serán atraídos por esta empresa. Decimos que el paro es “voluntario”. El efecto del salario mínimo en este sentido introduce una brecha entre trabajadores dispuestos a trabajar por ese salario y empresas dispuestas a contratarlos generando “paro involuntario”. La predicción es por tanto que la introducción de un salario mínimo reducirá considerablemente el empleo, especialmente de los trabajadores menos cualificados que son los que tienen menos productividad y deberían ser pagados por debajo de ese salario.
Esta idea cambió sustancialmente cuando en 1946 Georges Stigler (economista de Chicago-liberal- y posterior premio Nobel) escribió un artículo fundador admitiendo la posibilidad teórica de que un aumento del salario mínimo aumentara el número de contrataciones si “el empleador dispusiera de un grado de control significativo sobre el salario que paga”. Es decir, si el empleador tiene poder de monopsonio. Cuando existe poder de monopsonio, vimos, el resultado de equilibrio es que el salario está por debajo de la productividad marginal y el empleo es menor que en competencia perfecta. Esto es así porque contratar un trabajador adicional tiene dos costes: el coste del salario que hay que pagar al trabajador adicional y el coste en que se incurre al hacer subir el salario de mercado que debe ser pagado a todos los trabajadores.
¿Cuál es el efecto del salario mínimo en un mercado monopsonístico? Si el Estado fija el salario un poco encima del salario elegido por el empresario, entonces éste ve su margen reducido. Sin embargo, como había una brecha entre la productividad y el salario qeu pagaba, este margen sigue siendo positivo siempre que el aumento sea pequeño de modo que el empleo no disminuye. Al mismo tiempo, al aumentar el salario habrá trabajadores que buscarán empleo más intensamente, que se incorporarán al mercado de trabajo o que que aceptarán trabajos que antes no aceptaban. El efecto del salario mínimo es por tanto el de aumentar el empleo total y el salario de los trabajadores que están al principio de la distribución de salarios a costa de las rentas empresariales.
Este efecto no es sin embargo el único. Al igual que en el modelo competitivo, al aumentar el salario mínimo, habrá trabajadores poco productivos que serán excluidos del mercado de trabajo y eso reducirá el empleo. Sin embargo, en la medida en que el primer efecto domine -es decir, para salarios mínimos relativamente bajos- el efecto neto será aumentar el empleo y el salario de los menos cualificados. La relación entre salario mínimo y empleo es por tanto en forma de U invertida; para niveles bajos un aumento del SMI aumenta el empleo, para niveles intermedios tiene un efecto relativamente neutro y para niveles altos el empleo cae.
(ii) Evidencia empírica
¿Cuál de los dos modelos es una mejor representación de la realidad? Es decir, ¿aumenta realmente el salario mínimo el desempleo y significa eso qeu los mercados de trabajo son muy competitivos como o por el contrario el poder de monopsonio es sustancial y el salario mínimo tiene un efecto pequeño o nulo? Para un análisis detallado os remito a la serie que escribió Jose sobre el tema (i, ii), aquí quiero explicar el experimento “natural” que hicieron Alan Krueger y David Card sobre el asunto que les llevó a escribir después un libro. (artículo original, gratis, aquí)
En 1992 el Estado de New Jersey aumentó de forma relativamente súbita el salario mínimo en un 19% (es decir, bastante). Por el contrario, la situación en el Estado vecino de Pennsylvania no varió. Card y Krueger pensaron entonces aprovechar esta situación natural de estática comparativa para chequear los resultados de los modelos que hemos visto. Para verlo, se fijaron en la industria de la comida rápida situada en ambos estados. ¿Por qué la comida rápida? Bueno, la comida rápida emplea el tipo de mano de obra que suele estar empleada al salario mínimo y la rentabilidad de los restaurantes depende directamente del nivel del SMI. El razonamiento al que se adhieren los economistas como Kantor es que en esta situación, la rentabilidad bajará y, al estar empleada la mano de obra al nivel competitivo, muchas empresas cerrarían y el empleo en el sector bajaría. Por el contrario, en Pennsylvania dónde el salario mínimo no había cambiado, la evolución debería haber sido sustancialmente distinta, no sólo por no haber sufrido la subido, sino también porque habría una migración de trabajadores desempleados.
Krueger y Card llevaron a cabo varias encuestas a lo largo del año 1992 para ver cuál había sido la evolución en la industria del fast food. El resultado fue hasta cierto punto sorprendente: el efecto del aumento sustancial del SMI no sólo no habría sido negativo, sino que habría incluso débilmente positivo.
El artículo produjo un debate considerable en EUA, desde gente que cuestionaba la calidad de los datos, el modo de obtención de los mismos o el método de comparar dos poblaciones con shocks exógenos distintos (copiado de la medicina). Sin embargo, a lo largo de las respuestas que desarrollaron Krueger y Card tendieron a reafirmar la conclusión inicial. Por ejemplo, evaluaron el impacto sobre los jóvenes de entre 16 y 24 años (de nuevo una población posiblemente sujeta al SMI) y descubrieron que en relación con el resto de EUA, el empleo habría aumentado en New Jersey entre esta población.
¿Cuál es la conclusión? El experimento de Krueger y Card pone en evidencia que la estructura de los mercados laborales es, al menos para la mano de obra poco cualificada- la afectada por el salario mínimo- sustancialmente monopsonística; es decir, los empresarios explotan a los trabajadores y los remuneran por debajo de su productividad marginal. De otra forma, la predicción de caída del empleo se habría cumplido.
Por otro lado, personalmente, soy poco entusiasta -bastante menos qeu los sindicatos en cualquier caso- respecto de los aumentos del SMI. Como explicaba antes, el aumento del SMI tiene dos efectos: excluir trabajadores poco productivos del mercado de trabajo e incitar a trabajadores que demandan salarios más altos a incorporarse. Excluir a la gente menos productiva (los pobres y los inmigrantes) es algo razonablemente regresivo e ineficiente que me causa alergia como socialdemócrata y como economista. El SMI debería ser distinto entre sectores- en función de la productividad- para ser “óptimo”, algo muy dificil de hacer, máxime cuando los aumentos se hacen por razones electorales y no con la teoría económica en la mano, lo que tiende a subirlo por encima de lo razonable. En Francia, por ejemplo, es probable que el SMI destruya empleo- como contraste a EUA. Si de lo que se trata es de redistribuir, prefiero un impuesto negativo sobre la renta- o una bajada de las cotizaciones a la SS financiada con un impuesto más progresivo- que un aumento del SMI.
Tags: card, comida rápida, desempleo, explotación, fast food, krueger, mercado de trabajo, neoprogs, salario mínimo Posted in El estado del bienestar no es solo caridad, Marx, Nación Europea, ciencia recreativa, johnny cogió su fúsil, mercado de trabajo, neoprogs, regional | 45 Comments »
Sábado, Agosto 15th, 2009
He dedicado la hora de la siesta de hoy sábado a revisar, más por curiosidad que por interés, mis manuales de penal de la carrera para ver qué decían sobre el tema de Camps. Al margen de haber tenido un momento de infinita satisfacción por darme cuenta que sigo siendo capaz de leer “legalés” y que soy relativamente bueno en ello (al menos no tan malo como en economía), quería explicaros lo que he sacado en claro. Vaya por delante que no me leí el auto del TSJ de Valencia ni la argumentación jurídica que usaron para descartarlo con lo que mi conocimiento del tema es bastante superficial. Vaya también por delante que mi opinión sobre lo que debiera hacer Camps es relativamente independiente de si los hechos eran o no un delito; lo que hizo estuvo feo y AL MENOS debería haber pedido disculpas y tomado alguna acción un poco enérgica. Lo que quiero exponer aquí es mera masturbación intelectual de jurista. Dicho ésto, vamos a ver qué dice el tipo penal del artículo 426:
“La autoridad o funcionario públic que admitiere dádca o regalo que le fueren ofrecidos en consideración a su función o para la consecución de un acto no prohibido legalmente, incurrirá en la pena de multa de tres a seis meses”
Para los que no habléis “legalés” os hago una nota de introducción. Un concepto fundamental en derecho penal -especialmente si uno se adhiere a la idea teleológica/consecuencialista del derecho que yo defiendo- es el de “bien jurídico“. Un bien jurídico es algo que se intenta proteger con la ley penal; puede ser la libertad sexual, la vida, el orden público. Es algo que la ley considera valioso y que debe ser protegido y el objetivo de la prohibición/sanción es evitar que ese bien jurídico sea dañado -cuando el delito es intencional- o puesto en peligro -cuando es imprudente.
El concepto es muy importante porque es un instrumento fundamental a la hora de interpretar una ley. Muchas veces -siempre- existe ambigüedad en la medida en que un hecho encaja dentro de la formulación de una ley o en la gravedad de la infracción. A la hora de interpretar “agresión” por ejemplo, no es lo mismo que se esté protegiendo la integridad física que la libertad sexual por ejemplo. Muchas veces, el bien jurídico que se protege está explicitado en el código “Delitos contra la vida”; “Delitos contra flora y la fauna” “De los ultrajes a España”. El problema es que muchas veces la ley no dice exactamente cuál es el bien jurídico que se está protegiendo o bien, un mismo tipo protege varios bienes jurídicos. El tipo de Robo con violencia o intimidación, por ejemplo, no protege sólo la propiedad aunque eso sea lo que dice el tipo. Hay por tanto algo de margen a la hora de interpretar qué bien jurídico se está protegiendo.
Todo esto para contaros lo de Camps. El artículo 426 está bajo la rúbrica de “Cohechos” que es un “delito contra la administración pública”. La interpretación que hace el manual que he consultado (Quintero Olivares-Morales Prats) interpreta así el delito de cohecho. Explica que antiguamente se interpretaba el cohecho como castigando la infracción del “deber de probidad” pero que actualmente se considera que lo que deb interpretarse es que el cohecho castiga la infracción del respeto del principio de imparcialidad en el ejercicio de una función pública. Indica que además el tribunal supremo ha advertido últimamente que lo que se protege es el correcto funcionamiento de la administración.
Sobre esta base apoyan el resto del razonamiento y consideran que el artículo 426 está probablemente anticuado porque el bien jurídico protegido (los dos anteriores) no está puesto en peligro ni amenazado por el hecho de solamente aceptar un regalo. Por eso, proponen una interpretación muy restrictiva considerando que sólo cuando se trate de un delito que denote una actitud negativa por parte del funcionario debería ser castigado- algo que atentaría potencialmente contra el funcionamiento de la administración pública- y aún así lo critican como una forma de criminalizar una actitud más que una acción lo que en su opinión va contra los principios del derecho penal de un EStado social y democrático de derecho etc,… En cualquier caso, consideran que el tipo debería estar limitado a los casos más flagrantes y graves, etc… Según esta interpretación, lo que hizo Camps-suponiendo que hubiera aceptado los trajes, etc…- no seria delito.
Mi (humilde) interpretación es sustancialmente distinta de lo de los autores. En primer lugar, si el tipo está en el código penal, es de clara aplicación con independencia de la opinión de cada uno respecto de lo grave que es. Eso significa que debe ser interpretado de una forma que lo que protege tenga algo de sentido. En mi opinión, aunque para los demás delitos de cohecho se proteja el principio de imparcialidad o el funcionamiento de la administración pública, el artículo 426 debe proteger otro bien jurídico- de otra forma, nos llevaría al absurdo que señalan los autores dónde el título sería “inútil”- y el juicio sobre la inutilidad en España corresponde al legislador, no a los jueces.
¿Qué interpretación se puede dar? En mi opinión, lo que protege el 426 es la apariencia de imparcialidad de las administraciones públicas. Es decir, que se castigue el hecho de aceptar un regalo aunque no se realice un delito, es algo “sospechoso” que ensucia la imagen de imparcialidad de la administración pública. ¿Qué fundamento se puede aportar a ésto?
En primer lugar, creo que hay precedentes en derecho comparado. Os pongo un ejemplo en Francia. Allí, las jurisdicciones administrativas tienen las institución del “comisario del gobierno”- una especie de fiscal que debe actúar a favor de la ley en los procesos administrativos, pero que es en cierta manera parte en el proceso. El Comisario del gobierno formula argumentaciones coherentes y ayuda a que se forme la jurisprudencia y ha tenido un papel fundamental en el desarrollo del derecho administrativo, no sólo francés, sino continental. Uno de los privilegios del Comisario es participar en las deliberaciones del tribunal (aunque no tenga voto). Pues bien, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha considerado en varias ocasiones que esa una institución que atenta contra el derecho a un proceso justo e imparcial. ¿Por qué? La razón no es que efectivamente el Comisario produzca indefensión -no es necesario probarlo- es sobre todo la “teoría de las apariencias“: la justicia no sólo debe ser imparcial sino también parecerlo. Esto es algo que se aplica de forma idéntica al caso de Camps: el bien jurídico es la “apariencia de imparcialidad”. Cuando uno ostenta un puesto de responsabilidad, está sujeto a dar una determinada imagen de la administración pública.
¿Por qué debería ser importante la apariencia? En primer lugar, es algo que mejora la gestión pública. Cuando los funcionarios de una administración dan un imagen de imparcialidad, la confianza de los ciudadanos y de las empresas en esa administración será mayor- en economía hablaríamos de que reduce la percepción del riesgo político. En segundo lugar, hay un problema de información imperfecta y de gestión del riesgo. Normalmente, es muy difícil distinguir si un regalo es una forma de corromper o es un hecho inocente. Si hacer regalos a los funcionarios fuera legal y se convirtiera en moneda corriente, la corrupción sería mucho más sencilla. Tener que dar la apariencia de imparcialidad no aceptando regalos hace mucho más difíciles estas transacciones- vamos, es una problemática similar a la financiación de los partidos (I, II, III, IV.) y que encaja bastante bien en la teoría económica de la burocracia- la idea es que las organizaciones burocratizadas, por tener problemas de agencia muy fuertes, ponen el énfasis sobre el procedimiento y la forma de las acciones y no sólo sobre las consecuencias que muchas veces son inverificables.
Pienso que la objección de los autores respecto a la idea de que es un delito demasiado leve para ser castigado- la “apariencia” no debería ser reprobable, sólo los hechos consumados, sino se viola la presunción de inocencia- no es relevante ya que al fin y al cabo la multa es una pena bastante leve.
La interpretación que estoy proponiendo admitiría obviamente matices. Por ejemplo, el hecho de aceptar un regalo en Navidad no debería ser visto automáticamente como algo terrible -al fin y al cabo, las cestas o las tarjetas de navidad son parte de la política de relaciones públicas de cualquier empresa de tamaño medio. Tampoco es lo mismo aceptar unas anchoas de cantabria que un yate de nosecuantos metros de eslora. Igual que no es lo mismo aceptar el regalo del jefe de una trama corrupta que, digamos, de la casa real. En todos los casos lo que cuenta es la apariencia de imparcialidad; cuando algo es visto como normal, es razonable que no sea típico, no en cambio cuando algo es mínimamente sospechoso. Debería por tanto poder probarse que se ha atentado contra la imagen de la institución con un comportamiento reprobable- algo que en este caso está tremendamente claro.
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Martes, Agosto 11th, 2009
Uno de los mejores libros de ciencias sociales que he leído es sin ningún género de dudas “ETA contra el Estado” de Ignacio Sanchez Cuenca. El tema del libro, resumido muy rápidamente, es una aplicación de los instrumentos de la teoría de juegos a las interacciones entre ETA y el Estado. El libro tiene todo lo que en mi opinión debe tener un trabajo de ciencias sociales; unos microfundamentación teórica sólida (dedica dos capítulos a establecer como actúan los terroristas) y a continuación monta un modelo de interacción con el Estado viendo a través de ese marco toda la historia de ETA desde se creación hasta la fecha de edición del libro, con una cantidad de documentación empírica considerable. Al margen de que el tema sea apasionante, es una ilustración magnífica de para qué sirven en la práctica los instrumentos teóricos que se desarrollan en los libros y por qué son importantes.
Algo curioso ha sido el tipo de críticas que he visto sobre el libro. Por ejemplo, ISC se granjeó unas cuantas críticas en los medios cuando el proceso de paz y Eduardo y yo hemos tenido algún que otro cruce de espadas sobre las aplicaciones del modelo de “acción racional” a cosas como el terrorismo o el nacionalismo. Digo que son curiosas porque cuando uno lee los documentos en los que ETA define su estrategia, la mentalidad de los terroristas encaja, casi punto por punto, con de un actor estratégico-racional que hace variaciones conjeturales y toma decisiones interdependientes que uno puede encontrar en un libro de introducción a la teoría de juegos. Quiero decir que ni siquiera necesitamos meter aspectos de racionalidad limitada ni construir funciones de utilidad complejas con un zillón de objetivos en conflicto; la banda funciona como un actor que maximiza un solo objetivo: la independencia del país vasco. Un par de ajustes como los que hace ISC en el libro para controlar los flujos de información y el aprendizaje (con un modelo de psicología organizacional dónde explica por qué sólo los “duros” llegan a los puestos de mando) y uno tiene una caracterización del comportamiento sorprendentemente exacta.
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Lunes, Junio 1st, 2009
En la entrada de la semana pasada decíamos que la clave de la paradoja de que España estuviera perdiendo competitividad frente al exterior mientras que de hecho los salarios reales se mantenían constantes era el diferencial de inflación. Al tener España más inflación que sus socios comerciales, sus productos eran más caros fueras y podía importar más. Eso hacía que en España se mantuviera un crecimiento de los salarios alineado o incluso inferior sobre al de la productividad y a menudo inferior al de la inflación y sin embargo los productos españoles fueran cada vez más caros. La culpa es, por tanto, de la inflación. La razón por la que los ministros de economía (ie Solbes) apoyaban la moderación salarial era precisamente porque permitía evitar la deterioración de esa competitividad. Prometí que en este post daría alguna explicación adicional sobre el tema y además hablaría sobre el mercado de productos, en relación con el post de Roger.
El problema es por tanto la inflación. Los economistas tenemos, básicamente, dos explicaciones de la inflación. Las explicaciones son compatibles entre sí y en mi opinión apuntan a dos caras de un mismo problema (si queréis lo aclaro en los comentarios). La primera viene bien expresada por la frase de Milton Friedman “la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario”, es decir, cuando hay más dinero en circulación pero la misma cantidad de bienes, es normal que los precios aumenten porque el poder de compra del dinero cae. Por esta razón, los bancos centrales intentan estabilizar la inflación creando una cantidad de dinero consistente con este objetivo (generalizo). En España teníamos tipos de interés negativos, es decir, teníamos demasiado dinero en circulación ¿por qué no hizo nada la autoridad monetaria? La razón es que, para la zona Euro en su conjunto, la inflación era estable y por tanto no había ninguna razón para hacer nada. Esta explicación no puede por tanto decirnos demasiado sobre el diferencial de inflación.
La segunda explicación fue propuesta por Layard y Nickell en los 80 y pone el acento no sobre el aspecto monetario, sino sobre la estructura de los mercados. En su modelo hay dos fases. En la primera, los trabajadores, normalmente organizados en sindicatos, negocian los salarios nominales -es decir en euros- con las empresas. En la segunda fase, las empresas fijan los precios de los productos con un margen que es su margen de beneficio. Lo interesante del modelo es que es un juego a dos niveles para las empresas que depende de la estructura de dos mercados: el de productos (dónde fijan los precios) y el de trabajo (dónde fijan los salarios); el margen de beneficios es la diferencia entre ambos aspectos y la estructura de cada mercado determina su poder de negociación (más luego).
En este sentido, se puede ver la inflación como un conflicto en la apropiación del producto entre las empresas y los trabajadores. Si las empresas suben los precios, el poder de compra de los salarios nominales negociados caerá -el salario real caerá porque aumenta la inflación- y las empresas desearán subir los precios siempre que los salarios nominales aumenten.
¿Cómo encaja ésto con la historia de arriba sobre la contención salarial? Bueno, los economistas estábamos a favor de la moderación salarial porque era una forma de moderar la inflación. Pero era sólo una de las formas posibles ¿por qué? Porque, como tal vez sospecháis, las empresas no siempre pueden subir los precios; ahí es dónde entra el problema de la estructura de mercado. Si los mercados son más competitivos y las empresas tienen menos poder de monopolio, entonces no podrán permitirse subir los precios en el mercado de productos. En ese caso, un aumento de los salarios nominales no se traducirá en un aumento de la inflación y los trabajadores tendrán ganancias netas con el aumento salarial porque se reducirá el margen de beneficio del empresario.
Lo fundamental de este modelo, que es lo que debe ser retenido, es que los dos mercados, el de trabajo y el productos están ligados; los ciudadanos son por un lado trabajadores, pero también son consumidores y sus salarios sólo tienen valor en la medida en que pueden consumir. Si los precios son altos, da igual que los salarios también lo sean; que aumente el poder de compra significa que los salarios aumenten más rápido que los precios- y los precios se determinan en el mercado.
¿Cómo se aplican estas dos explicaciones al caso de España? Por un lado, que la inflación fuera mayor en España se debía al hecho de que estábamos en una fase expansiva mientras que el resto de Europa no lo estaba, la política monetaria qeu era buena para el conjunto de la Eurozona producía inflación en España. Como dije, respecto a ésto no había demasiado que hacer. Pero por otro, y lo más importante, hay mucho que decir por el lado de la oferta. España estaba haciendo las cosas bien en el mercado laboral para controlar la inflación -los salarios reales no aumentaban- pero obviamente los precios aumentaban más de lo que deberían- es decir, los mercados eran poco competitivos, demasiado monopolísticos.
¿Por qué? De nuevo, aquí hay dos explicaciones. La primera es pensar en ello como una consecuencia de la estructura del mercado en que nos movemos. Lo competitiva que es una industria depende de la estructura de costes del sector y a veces no hay demasiado que hacer al respecto. Es posible que la construcción y el turismo sean industrias poco competitivas, o que nuestro modelo energético que depende demasiado del petróleo haya hecho que aumentaran los costes más rápido que en el resto de la eurozona. Si esto es así, no hay demasiado que hacer. La segunda explicación, relacionada con el post de egócrata, es que en España no estemos aplicando la políticas correctas. En España hay un montón de barreras regulatorias en forma de licencias absurdas como las qeu explica Roger (las farmacias, los notarios, los registradores, la regulacion de los horarios del comercio…) que hace que haya rentas considerables. Muchas concesiones, licencias etc, no tienen un carácter suficientemente transparente y se hacen de forma que raya lo corrupto. Todas estas cosas reducen la presión competitiva a la que se enfrentan las empresas y por tanto la parte del producto que obtienen los trabajadores. Las industrias de red (telefonía, energía, correos, etc,…) están tremendamente poco liberalizadas en España y no hay una política de competencia que las mantenga a raya. Por último, al tener España una dependencia excesiva del petróleo, el sector productivo está muy influido por el aumento del precio del petróleo.
¿Como se soluciona todo esto? Bueno, cosas como la directiva servicios, políticas de competencia y liberalizaciones en las industrias de red y en general todo lo que contribuya a aumentar la competencia en los mercados así como mejorar el modelo energético son aspectos que pueden ayudar, y que son, de hecho, sustitutivos de la moderación salarial a la hora de controlar la inflación. Y digo yo, ¿qué dirán los chicos de Economía crítica de este tema?
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Viernes, Enero 9th, 2009
Decía en el artículo anterior que un mercado laboral rígido suele ser generalmente una mala idea. Sin embargo, los trabajadores suelen ser generalmente reacio a este tipo de cosas dado que piensan, con razón, que eso empeorará la situación; aumentará el número de despidos y eso mejorará la posición de fuerza del empresario que además podrá pagarle menos al ser la amenaza de echarle más creíble
Aquí vemos de nuevo que las instituciones encajan unas con las otras. Reducir las rigideces y los costes de despido, lógicamente, aumentará el número de despidos y por tanto reducirá la estabilidad laboral. Sin embargo, eso no tiene por qué ser una cosa que perjudique al trabajador si el sectorpúblico tiene una red deprotección social eficiente. La misión del sector público no debe ser evitar que los despidos aumenten, sino hacer que un despido, un hecho económico normal, no se transforme en una tragedia personal irreversible. Eso se logra, en principio, con un seguro de desempleo eficiente y con política de formación que asegure que los trabajadores pueden encontrar un trabajo nuevo una vez pierdan el antiguo. Este es el esquema de flexiseguridad que existe en los países nórdicos o en Holanda y es un esquema que, combinado con fuertes políticas familiares y gasto de inversión social crea sociedades fuertemente igualitarias y productivas. En definitiva, es el sistema con el que soñamos todos los economistas socialdemócratas.
El problema con esta idea, es que aunque sobre el papel pinta muy bien, yo personalmente no estoy convencido de que sea viable, al menos en España. Volvemos al tema de las instituciones qeu encajan las unas con las otras y la path dependence. Como decía en el otro artículo, los Estados del bienestar funcionan a modo de clusters dónde unas políticas encajan las unas con las otras. Especialmente, hay condicionantes de carácter cultural y ligados al tipo de producción que se realiza que pueden condicionar fuertemente la viabilidad.
Pensad en el modelo. La idea es que los empresarios tengan margen de maniobra para poder contratar o despedir trabajadores y eso no interfiera con la actividad productiva. Por otro lado, a cambio de no proteger los puestos de trabajo, el sector público protege a las personas; les garantiza un sueldo mínimo y los medios para encontrar un trabajo nuevo. Este esquema asume que perder o encontrar un trabajo es lo que los economistas llamamos un “riesgo exógeno“, es decir, es una cuestión de mala suerte y no depende del trabajador. Esto no es demasiado realista, claro. Encontrar un trabajo depende en buena medida el tipo de salario qeu el trabajador esté dispuesto a aceptar- lo que llamamos el “salario de reserva”. El salario de reserva depende en buena medida de la diferencia que haya entre estar en paro y encontrar un empleo. Si estar en paro supone tener una renta relativamente regular y estable de forma relativamente indefinida, es poco probable que el trabajador acepte un trabajo digamos en McDonalds dónde pagan poco. También es relativamente probable que intente buscar con menos intensidad el trabajo. Cuanto mayor sea el salario de reserva, mayor desempleo habrá.
¿Cuál es la solución para este problema de “riesgo moral”? Existen a este problema dos soluciones distintas y una pluralidad de soluciones intermedias. En realidad, todos los problemas de riesgo moral implica la elección entre un sistema con incentivos fuertes donde el agente soporta todo el riesgo y otro con incentivos leves pero que confía más en el agente
La primera aproximación es la visión de “capital humano” y es esencialmente el modelo socialdemócrata que ha sido aplicado, por ejemplo, en Holanda. En este escenario, tenemos agencias de empleo, como el INEM, que supervisan que la búsqueda de trabajo es relativamente efectiva y condicionan el salario de desempleo a esta efectividad. La idea es que cuando el trabajador pierde su empleo, va a ver a la agencia y con su curriculum en la mano idean un plan para que éste encuentre trabajo fijando plazos, programas de formación etc,… El trabajador social supervisa que esto se hace correctamente y hace un seguimiento lo cuál obliga al trabajador. La ventaja principal de este modelo es que hace que la búsqueda sea más eficiente y que los trabajadores se coloquen en dónde son más eficientes después de haber adquirido la formación necesaria. En Holanda, esto se hizo traspasando esta labor a nivel local a las agencias de empleo y con un equipo de reinserción que colaboraba con los sindicatos y las empresas y funcionó bastante bien.
Suena demasiado bonito y en realidad, sospechais bien en que hay gato encerrado. En primer lugar, se trata de un programa caro. Caro significa que implica invertir en personal que sea capaz de hacer este tipo de labores y supone arriesgarse a pagar subsidios de desempleo muy altos. En segundo lugar, se trata de un sistema específicamente Holandés. Holanda es un país pequeño, relativamente homogéneo, con poca concentración urbana, una gran cohesión social y donde los ciudadanos tiene cierto “espíritu público”; es decir, son poco dados a vivir sólo del paro dejando de buscar trabajo.Tampoco está nada claro que los funcionarios encargados de decidir cuanto han de pagar vaya a hacer su trabajo todo lo bien que el modelo supone que deben hacerlo. Tened en cuenta que siempre que aumentamos la discrecionalidad, también aumentamos el riesgo de arbitrariedad.
El segundo modelo que se ha venido implementando, por ejemplo en Alemania, es el modelo “work first”. La idea de este modelo es que cualquier trabajo es mejor que ninguno. El objetivo del modelo es evitar que se produzcan fenómenos de histéresis en el mercado laboral dónde hay una masa de parados de larga duración sin ningún tipo de esperanza de encontrar trabajo. El modelo work first es un modelo razonablemente más agresivo que el anterior. En lugar de llevar una aproximación ad hoc para cada trabajador, plantea y sistema estricto de plazos dónde después de rechazar el primer trabajo adaptado a su cualificación profesional los beneficios se reducen considerablemente se le condiciona a la aceptación de cualquier trabajo y después de rechazar el segundo, se llevan al mínimo.
Este modelo tiene ventajas e inconvenientes respecto del anterior. La principal ventaja es bastante evidente, es que es muy barato y minimiza los problemas de riesgo moral. No requiere poner a funcionar una burocracia que supervise si el trabajador está buscando trabajo correctamente, el sistema es relativamente automático. Esta es una ventaja fundamental de este modelo y no debe ser subestimada. Los problemas son también relativamente aparentes. Se trata de un modelo que cubre menos el riesgo de desempleo; en la medida en que se trate de un problema de mala suerte, el sistema será más injusto. Además, es también potencialmente injusto en el hecho de que es demasiado brutal y no se adapta a la situación individual del trabajador; no termina de estar bien que alguien se vea obligado a aceptar un McJob cuando buscando un poco más podría encontrar algo que corresponda a su formación.
¿Cuál de estos dos sistemas debería aplicarse en España? La verdad, no lo sé. Como decía más arriba, no hay un sistema mejor de forma absoluta, sino que es algo que depende del país. Cada uno de los dos sistemas tiene riesgos y ventajas; las aproximaciones de capital humano tienen más sentido cuanto más eficientes sean las burocracias qeu lo implementan, más espíritu público tengan los trabajadores, mayores sean los beneficios de una búsqueda eficiente y cuanto mayor sea la intensidad de nuestra preferencia por la igualdad. El sistema work first, al contrario.
¿Cuál de los dos sistemas es más probable que se implante en España? Personalmente, soy escéptico respecto a que un sistema socialdemócrata de inversión den capital humano pudiera implantarse en España. Transferir el seguro de desempleo a las autonomías es algo qeu me produce escalofríos y que requeriría acrobacias legales que no vamos a hacer. Por otro lado, el espíritu público de los parados en España es al menos dudoso. Mi opinión sobre los programas de formación es la de un escepticismo agudo, solo paliado por mis prejuicios socialdemócratas. Por último, una economía dónde el trabajo es relativamente poco productivo tiene menos que ganar de que el emparejamiento del trabajador con el empresario mejore la situación; hacer aceptar a un mecánico un trabajo de camarero tiene cierto sentido, pero hacérselo aceptar a un ingeniero tiene menos.
En cualquier caso, es algo que debe verse con los datos en la mano y esto solo es un análisis superficial del tema.
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Sábado, Diciembre 6th, 2008
Al hilo de la discusión del otro día:
The standard theorems that underlie the presumption that markets are efficient are no longer valid once we take into account the fact that information is costly and imperfect. To some, this has suggested a switch to the Austrian approach, most forcefully developed during the 1940s and later by friedrich hayek and his followers. They have not attempted to “defend” markets by the use of theorems. Instead, they see markets as institutions that have evolved to solve information problems. According to Hayek, neoclassical economics got itself into trouble by assuming perfect information to begin with. A much better approach, wrote Hayek, is to assume the world we have, one in which everyone has only a little information. The great virtue of free markets, he wrote, is that they allow each person to efficiently use his own information, and do not require that anyone have all the information. In this sense, Hayek noted, government planning requires the impossible—that a small body of officials have all this information.
The modern study of political economy has uncovered many inefficiencies associated with government behavior, just as the modern study of firms has uncovered many inefficiencies associated with market behavior. An important line of research has focused on identifying how government differs intrinsically from other organizations in the economy (their powers and constraints, including the limitations on information that they face and their powers and incentives to acquire information) and, based on these distinctive features, on determining the appropriate economic roles of governments and markets.
The new information economics substantiates Hayek’s contention that central planning faces problems because it requires an impossible agglomeration of information. It agrees with Hayek that the virtue of markets is that they make use of the dispersed information held by different participants in the market. But information economics does not agree with Hayek’s assertion that markets act efficiently.
The fact that markets with imperfect information do not work perfectly provides a rationale for potential government actions. The older theory said that no government, no matter how well organized, could do better than markets. If that was true, then we had little need to inquire into the nature of government. The modern theory says that government might improve on matters, but to ascertain whether or not this is the case requires a closer examination of how governments actually behave, or might behave under various rules.
Joseph Stiglitz, en una enciclopedia fabulosa que acabo de descubrir
A esto me refiero con lo de que tiran contra un hombre de paja cuando hablan de la economía neoclásica como ese grupo de hombres malvados
Más sobre Hombres malvados y la falta de realismo de la economía neoclásica, este bonito paper de Robert Shiller, conocido comunista, sobre finanzas conductuales
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