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Archive for the ‘Reformas estructurales’ Category
Martes, Agosto 4th, 2009
El mes de agosto es un mes largo y para la mayoría de la gente aburrido. Dado que la mayoría de la gente toma vacaciones en este mes, uno suele encontrarse con un montón de tiempo libre y deficit considerable de trabajo y de repente tiene un ataque de ansiedad por no saber exactamente qué hacer. Los que van a playa obligados por la familia sienten ese calor agobiante y la arena horrible que se mete entre los dedos y la necesidad de evadirse de alguna forma de ese entorno infernal dónde parece que uno está rodeado de domingueros, con el añadido de que ocurre a diario.
Por eso, os propongo algunos libros que os puedan ayudar a sobrellevar el tedio veraniego especialmente con vistas a afrontar el debate sobre el mercado laboral que normalmente debería tener lugar en un par de meses cuando los sindicatos y la patronal se sienten y haya aumentado el paro estacional.
A principios de los noventa tres autores Richard Layard, Stephen Nickell y Richard Jackman escribieron un libro que cambió considerablemente la forma en que los economistas veían el paro y la inflación a nivel macro. El modelo de la “NAIRU” es hoy uno de los “workhorse” de la Nueva economía keynesiana (en mi temario sale en siete temas distintos) y combinaba modelos elegantes con una cantidad considerable de evidencia empírica. El problema del libro es que era francamente complicado y largo de leer. Los propios autores reescribieron un libro llamado “The Unemployment crisis”, mucho más corto, que abordaba los problemas por preguntas. Pues bien, descubrí el otro día que el libro ha sido traducido al castellano.
De todos los libros que voy a mencionar en este post, éste es con diferencia el más complicado. Tiene bastantes matemáticas, aunque a un nivel básico (nivel bachillerato/COU) y es bastante legible para alguien que se sienta cómodo con ellas (pienso en vosotros, Ender y Jose). El libro es bastante cortito (menos de 200 páginas) y barato y no deja de ser una visión global del mercado laboral respondiendo a cosas como ¿cuanto paro debe haber en una economía con buena salud? ¿por qué fluctúa el paro? ¿de qué depende? ¿es voluntario o involuntario? ¿por qué varía la tasa de paro entre unos países y otros y entre unos grupos sociales y otros? ¿qué políticas están disponibles?
El Segundo libro que quiero recomendar ya lo mencioné en otro post y es “The Natural Survival of Work”. Es el más fácil de los tres, muy divulgativo y muy legible, escrito por los dos mejores economistas del mercado de trabajo que hay en Francia y que además son los autores de la Biblia de la economía laboral (que no os recomiendo a menos que os vaya la droga dura). El libro es muy cortito y es ridículamente barato (vamos, diez euros por un libro de MIT es muy barato). Como decía, es un compendio divulgativo -accesible a cualquiera sin necesidad de saber economía, aunque probablemente sí inglés- aunque muy riguroso de lo que se sabe sobre políticas del mercado laboral; desde como afecta la educación y en qué medida es rentable, cuál es el efecto de la protección del empleo, para qué sirve el salario mínimo, etc,… Aunque los autores toman a menudo partido (el libro originalmente es una diatriba contra el mercado laboral francés, aunque en la traducción creo qeu lo han adaptado bastante) los argumentos son impecablemente rigurosos presentando cuáles son los pros y los contras de cada cosa.
El tercer libro es un poco como el anterior pero más técnico aunque sin llegar a ser complicado (es decir, es bastante accesible y la mates están la mayor parte del tiempo en los apéndices. Es “The Economics of Imperfect Labour Markets” de Tito Boeri y Jan Van Ours. Como decía, es igual que el anterior pero más sistematizado: un análisis económico de las instituciones y políticas del mercado laboral; el salario mínimo, la jubilación, las políticas de formación, los costes de despido, la regulación del tiempo de trabajo, las contribuciones a la seguridad social, etc… El libro insiste mucho en la evidencia empírica y sólo pone los modelos para intentar explicar esa evidencia.
Por último, acabo de descubrir escribiendo este post que Pierre Cahuc tiene una página con lecturas para un curso de economía laboral. Concretamente, tiene capítulos de su libro, algún artículo suelto y programaciones power point a un nivel teórico y bastante avanzado. Echadle un vistazo.
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Martes, Julio 14th, 2009
¿Os acordáis de cuando Alberto Garzón hablaba de que el modelo productivo español estaba basado en “industrias inestables” como el turismo y la construcción en vez de en industrias de alto valor añadido que habríamos tenido si el comité de planificación central tuviéramos una política industrial agresiva?
Tengo previsto escribir sobre política industrial y explicar por qué es una forma de Estado de Bienestar para ricos, no obstante, en tanto os enlazo este gráfico de Jorge Galindo sobre el efecto del Turismo sobre la Balanza comercial española.
Una reflexión: muchas veces, la gente se pone a hablar de reformas estructurales, del I+D y de las mejoras tecnológicas como si consistieran en dar becas a los ingenieros químicos y subvencionar superordenadores y sables láser y otros productos francamente glamourosos. La realidad, no obstante, suele encajar tirando a mal con esta perspectiva. La productividad puede aumentar fomentando que las empresas adapten su estructura interna (pista: por eso el mercado laboral es MUY importante) y no necesariamente con el “paradigma Star Wars”. Existe cierta sabiduría convencional en torno a que el hecho de estemos desindustrializándonos es un problema y que tener una economía terciarizada (basada en los servicios) es algo horrible. De veras, los datos casi nunca apoyan esta idea.
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Lunes, Junio 1st, 2009
En la entrada de la semana pasada decíamos que la clave de la paradoja de que España estuviera perdiendo competitividad frente al exterior mientras que de hecho los salarios reales se mantenían constantes era el diferencial de inflación. Al tener España más inflación que sus socios comerciales, sus productos eran más caros fueras y podía importar más. Eso hacía que en España se mantuviera un crecimiento de los salarios alineado o incluso inferior sobre al de la productividad y a menudo inferior al de la inflación y sin embargo los productos españoles fueran cada vez más caros. La culpa es, por tanto, de la inflación. La razón por la que los ministros de economía (ie Solbes) apoyaban la moderación salarial era precisamente porque permitía evitar la deterioración de esa competitividad. Prometí que en este post daría alguna explicación adicional sobre el tema y además hablaría sobre el mercado de productos, en relación con el post de Roger.
El problema es por tanto la inflación. Los economistas tenemos, básicamente, dos explicaciones de la inflación. Las explicaciones son compatibles entre sí y en mi opinión apuntan a dos caras de un mismo problema (si queréis lo aclaro en los comentarios). La primera viene bien expresada por la frase de Milton Friedman “la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario”, es decir, cuando hay más dinero en circulación pero la misma cantidad de bienes, es normal que los precios aumenten porque el poder de compra del dinero cae. Por esta razón, los bancos centrales intentan estabilizar la inflación creando una cantidad de dinero consistente con este objetivo (generalizo). En España teníamos tipos de interés negativos, es decir, teníamos demasiado dinero en circulación ¿por qué no hizo nada la autoridad monetaria? La razón es que, para la zona Euro en su conjunto, la inflación era estable y por tanto no había ninguna razón para hacer nada. Esta explicación no puede por tanto decirnos demasiado sobre el diferencial de inflación.
La segunda explicación fue propuesta por Layard y Nickell en los 80 y pone el acento no sobre el aspecto monetario, sino sobre la estructura de los mercados. En su modelo hay dos fases. En la primera, los trabajadores, normalmente organizados en sindicatos, negocian los salarios nominales -es decir en euros- con las empresas. En la segunda fase, las empresas fijan los precios de los productos con un margen que es su margen de beneficio. Lo interesante del modelo es que es un juego a dos niveles para las empresas que depende de la estructura de dos mercados: el de productos (dónde fijan los precios) y el de trabajo (dónde fijan los salarios); el margen de beneficios es la diferencia entre ambos aspectos y la estructura de cada mercado determina su poder de negociación (más luego).
En este sentido, se puede ver la inflación como un conflicto en la apropiación del producto entre las empresas y los trabajadores. Si las empresas suben los precios, el poder de compra de los salarios nominales negociados caerá -el salario real caerá porque aumenta la inflación- y las empresas desearán subir los precios siempre que los salarios nominales aumenten.
¿Cómo encaja ésto con la historia de arriba sobre la contención salarial? Bueno, los economistas estábamos a favor de la moderación salarial porque era una forma de moderar la inflación. Pero era sólo una de las formas posibles ¿por qué? Porque, como tal vez sospecháis, las empresas no siempre pueden subir los precios; ahí es dónde entra el problema de la estructura de mercado. Si los mercados son más competitivos y las empresas tienen menos poder de monopolio, entonces no podrán permitirse subir los precios en el mercado de productos. En ese caso, un aumento de los salarios nominales no se traducirá en un aumento de la inflación y los trabajadores tendrán ganancias netas con el aumento salarial porque se reducirá el margen de beneficio del empresario.
Lo fundamental de este modelo, que es lo que debe ser retenido, es que los dos mercados, el de trabajo y el productos están ligados; los ciudadanos son por un lado trabajadores, pero también son consumidores y sus salarios sólo tienen valor en la medida en que pueden consumir. Si los precios son altos, da igual que los salarios también lo sean; que aumente el poder de compra significa que los salarios aumenten más rápido que los precios- y los precios se determinan en el mercado.
¿Cómo se aplican estas dos explicaciones al caso de España? Por un lado, que la inflación fuera mayor en España se debía al hecho de que estábamos en una fase expansiva mientras que el resto de Europa no lo estaba, la política monetaria qeu era buena para el conjunto de la Eurozona producía inflación en España. Como dije, respecto a ésto no había demasiado que hacer. Pero por otro, y lo más importante, hay mucho que decir por el lado de la oferta. España estaba haciendo las cosas bien en el mercado laboral para controlar la inflación -los salarios reales no aumentaban- pero obviamente los precios aumentaban más de lo que deberían- es decir, los mercados eran poco competitivos, demasiado monopolísticos.
¿Por qué? De nuevo, aquí hay dos explicaciones. La primera es pensar en ello como una consecuencia de la estructura del mercado en que nos movemos. Lo competitiva que es una industria depende de la estructura de costes del sector y a veces no hay demasiado que hacer al respecto. Es posible que la construcción y el turismo sean industrias poco competitivas, o que nuestro modelo energético que depende demasiado del petróleo haya hecho que aumentaran los costes más rápido que en el resto de la eurozona. Si esto es así, no hay demasiado que hacer. La segunda explicación, relacionada con el post de egócrata, es que en España no estemos aplicando la políticas correctas. En España hay un montón de barreras regulatorias en forma de licencias absurdas como las qeu explica Roger (las farmacias, los notarios, los registradores, la regulacion de los horarios del comercio…) que hace que haya rentas considerables. Muchas concesiones, licencias etc, no tienen un carácter suficientemente transparente y se hacen de forma que raya lo corrupto. Todas estas cosas reducen la presión competitiva a la que se enfrentan las empresas y por tanto la parte del producto que obtienen los trabajadores. Las industrias de red (telefonía, energía, correos, etc,…) están tremendamente poco liberalizadas en España y no hay una política de competencia que las mantenga a raya. Por último, al tener España una dependencia excesiva del petróleo, el sector productivo está muy influido por el aumento del precio del petróleo.
¿Como se soluciona todo esto? Bueno, cosas como la directiva servicios, políticas de competencia y liberalizaciones en las industrias de red y en general todo lo que contribuya a aumentar la competencia en los mercados así como mejorar el modelo energético son aspectos que pueden ayudar, y que son, de hecho, sustitutivos de la moderación salarial a la hora de controlar la inflación. Y digo yo, ¿qué dirán los chicos de Economía crítica de este tema?
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Lunes, Mayo 25th, 2009
Bajo esta rúbrica llevo abogando cierto tiempo por que el gobierno se ponga las pilas reformando el modelo de crecimiento español. Las reformas deberían venir en tres frentes: el mercado de productos, el mercado de trabajo y el sistema financiero. No obstante, el debate y las críticas se han centrado sobre todo en el segundo, el mercado de trabajo. A raíz del post de egócrata sobree las plusvalías regulatorias creo que vale la pena explicar por qué reformar el mercado de productos (también) es muy importante. Ese va a ser el tema de éste y del post siguiente.
Da la impresión de que los economistas insistimos bastante y de forma bastante unánime en la necesidad de reformar el mercado de trabajo en el contexto de la crísis y eso crea cierta indignación por parte de los no economistas. Si la crísis no ha tenido su origen en el mercado laboral, por qué es tan necesario reformar las instituciones laboral precisamente ahora? La impresión es por tanto la siguiente: ¿por qué deberían pagar los platos rotos los trabajadores cuando son los financieros los que han metido la pata? Al fin y al cabo, en España los salarios reales se han contenido de forma considerable ¿por qué gente como Paul Krugman habla de la necesidad de que haya contención salarial? Vamos a ver si consigo dar una explicación entre éste y el siguiente post.
La evolución del crecimiento en España en los últimos 10 años se explica fundamentalmente por una creación masiva de empleo que es lo que los economistas llamamos un modelo de crecimiento “extensivo” (basado en usar más recursos y no en usarlos mejor). ¿Qué fuerzas estaban detrás de esta evolución? La primeras es la estructura del mercado de trabajo; tras sucesivas reformas qeu liberalizaron parcialmente el mercado (dualizándolo entre trabajadores precarios y bien protegidos), apoyados por una entrada considerable de mano de obra barata que exigía salarios bajos (inmigrantes) manteniendo esos salarios bajos así como por la colaboración de los sindicatos, España pasó varios años de contracción salarial (es decir, dónde los salarios ajustados por su poder de compra no aumentaban) que le permitió absorber una cantidad considerable de mano de obra. Por supuesto, este empleo era un empleo de baja calidad o “precario” como mujeres que se incorporaban por primera vez al mercado, jóvenes poco cualificados o inmigrantes (es decir, los que ahora se están yendo al paro). En segundo lugar, hubo un aumento del crédito interno causado por dos factores; en primer lugar, un saneamiento considerable de las cuentas públicas que liberó recursos para el sector privado y en segundo lugar una política monetaria expansiva por el Banco Central Europeo. El aumento del crédito interno implicaba que era sustancialmente más facil endeudarse (consumir e invertir).
Estos factores explican que el motor del crecimiento fuera básicamente la demanda interna (lo que gastamos los españoles y no lo que nos compran desde fuera); de hecho, durante este periodo importábamos más de lo que exportábamos. Concretamente, la inversión estaba concentrada en el sector de la construcción (la burbuja inmobiliaria)- que es un bien no exportable- y el consumo era el principal componente del crecimiento.
A ambos aspectos- el mercado de trabajo y el crédito- hay que sumarles un tercero: la inflación. Los salarios que realmente importan a nivel interno son los “salarios reales” (ajustados por la inflación) y lo mismo ocurre con los tipos de interés (importan los reales). Resulta que España tenía una inflación relativamente alta; esa inflación mantuvo los salarios reales constantes y los tipos de interés reales negativos. Esto tiene dos implicaciones.
¿Qué es un tipo de interés negativo? Básicamente, significa que endeudarse es absurdamente barato, de hecho, demasiado barato -significa que te pagan por prestarte dinero porque tienes que devolver menos mañana, cuando se ajusta por la inflación, de lo que te prestan hoy.Esto explica que el crédito aumentara y la gente comenzara a comprarse casas y las empresas empezaran a forrarse construyendolas.
Por otro lado, los salarios reales eran efectivamente constantes o incluso negativos, pero con una inflación positiva eso significa que los salarios nominales (es decir, en Euros) debían aumentar. De cara al interior, los trabajadores no aumentan su poder de compra- aunque muchos pasan a tener un trabajo. Pero de cara al exterior suponía un problema. Al tener España más inflación que sus socios comerciales, sus productos eran (son) más caros que en el extranjero. Por el contrario, los productos extranjeros son relativamente más baratos, es decir, un salario español podía comprar cada vez más bienes extranjeros pero un salario extranjero podía comprar cada vez menos bienes españoles. Manteniendo los salarios reales constantes, España estaba deteriorando su competitividad de forma considerable.
Esto explica que Solbes pidiera varias veces, granjeándose mala fama entre la izquierda, que hubiera moderación salarial. ¿Por qué? El aumento de los salarios aumenta los costes. De cara a la demanda interna, lo que cuentan son los salarios reales y que estos se mantuvieran constantes no era un problema siempre que no crecieran por encima de la productividad. Pero de cara a la demanda externa, eso suponía un déficit cada vez mayor. ¿Qué hacía España en el pasado? Antes, devaluábamos la peseta- o sufríamos ataques especulativos- y eso permitía corregir el diferencial de inflación. No obstante, ahora eso ha dejado de ser una opción porque tenemos una moneda única; la única forma de contener la inflación era moderando los costes de producción, es decir, moderación salarial. ¿Existe alguna alternativa a esta solución? Bueno, eso lo vamos a ver en la próxima entrada.
(nota: tengo una tabla en mi ordenador con los datos que no he conseguido encontrar por internet, si os interesa os la mando, poned un comentario)
Actualización: Una versión ilustrada de este post aparece en este informe del FMI. También podéis leeros la consulta al artículo IV que explica la situación actual o echarle un vistazo a la nota de prensa de este último. Las dos primeras son para chicos duros, la última es bastante más accesible (y corta).
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Viernes, Mayo 22nd, 2009
Los chicos de Economía Crítica han escrito un editorial criticando la propuesta de reforma del mercado laboral de los “Los cien”. No deja de resultarme triste que un grupo de gente que pretende ser una alternativa de izquierdas a la economía ortdoxa den la impresión de que les interesa más ganar que llevar razón; de otra forma no se explica que una buena parte del artículo no sean argumentos sustanciales sino conjeturas sobre las intenciones ocultas de los firmantes, insinuaciones sobre su deshonestidad y ataques ad hominem solapados. Que gente como Andreu Mas Colell o Samuel Bentolila puedan ser despachados con el calificativo de “liberal” es similar que el único comentario que inspire leer a Proust sea el de “pequeño burgués”; pero esto último es sensibilidad de economista.
Vamos con un par de críticas. En primer lugar, el editorial se limita a caracterizar el manifiesto como “de forma seguida dan un salto mortal y continúan argumentando que es necesario lanzarse a reformar la forma en que se despide y contrata, los impuestos asociados a la actividad productiva y otra serie de medidas de claro sesgo liberal y regresivo. La verdad es que es algo que me cuesta ver, lo admito. Las cuatro propuestas del manifiesto son básicamente: unificar el régimen de despido en un contrato intermedio entre el fijo y el temporal actual, mejorar/aumentar la cobertura por desempleo (¡!), mejorar políticas activas de reinserción (centrándolas en colectivos más desfavorecidos, estableciendo una evaluación de las mismas, colaborando con las empresas etc…) y descentralizar algunos aspectos de la negociación colectiva. De verdad, echadles un vistazo, están en negrita.
La principal tesis del editorial viene a ser la siguiente si no la leo mal: el problema no está en el mercado laboral, sino en la estructura productiva española que se ha basado en sectores de bajo valor añadido relativamente inestables como la construcción y el turismo. La crítica de la propuesta en cuestión es que no busca “reconfigurar el modelo de producción” sino volver a la situación de antes a costa de los trabajadores. (es lo que he sacado en claro). Lo que dicen es una forma de expresión selectiva y sesgada de la verdad, vamos a verlo.
En primer lugar hay que recordar que la reforma del mercado de trabajo no es un problema de oportunismo, es la asignatura pendiente de casi todos los gobiernos europeos desde la década de los 80. Hay gobiernos, como el holandés, que lo han hecho y tienen un mercado de trabajo dinámico con una buena protección social, y otro que no lo han hecho y tienen tasas de paro juvenil de más del 20% (en tiempos buenos). Sí, el mercado laboral puede ser flexible sin que eso signifique menos protección Lo que ha hecho la crísis es simplemente hacerlo más urgente. ¿Por qué? Bueno, en buena medida porque las empresas necesitan ajustarse a una situación que las ha cogido desprevenidas; es decir, debe haber una reasignación de factores y lo rápido que se recupere la economía depende de lo rápido que se produzca este reajuste.
En segundo lugar, da la impresión de que los chicos de economía crítica creen que las instituciones del mercado laboral no afectan en absoluto a la estructura productiva. Es decir, es como si las empresas decidieran concentrarse en un sector o en otro sin que los costes de despido, las políticas de formación, etc,… afectaran su decisión. Esto no es en mi opinión de recibo. Egócrata hablaba de ello el otro día, y pone hoy unos gráficos que lo ilustran. A falta de más datos-que en economía crítica tampoco aportan- puedo sugerir varias razones para pensar que el modelo productivo están influido por las instituciones tal y como están diseñadas. La estructura dual favorece que las empresas mantengan un grupo de trabajadores rotativos que despide periódicamente y un grupo de trabajadores bien formados que mantiene dentro de la empresa; ese es un patrón se que adapta bastante bien a la construcción y al turismo. La ausencia de buenas políticas de formación -como las que abogan los firmantes del manifiesto- hace que los trabajadores busquen trabajo en sectores que no requieren una alta cualificación-como casualmente ocurre con el turismo y la construcción. Por último, la ausencia de una protección laboral bien diseñada es también un factor desincentiva el reciclaje de trabajadores, como indican los tipos del manifiesto- y el reciclaje es siempre más sencillo entre sectores con bajo valor añadido.
¿Cuál es la historia que se encuentra detrás de esto? Kantor lo decía en uno de mis posts “las consecuencias económicas del Aznarismo son miles de parados convertidos en mileuristas”; podéis cambiar mileuristas por trabajadores precarios. Para España, la entrada en la UE supuso un paso fantástico hacia adelante: la integración en un mercado grande, recibir fondos estructurales que permitieron modernizar las infraestructuras y el modelo productivo, participación en un entorno político y económico estable etc… Es cierto que hasta cierto punto la ventaja de España era tener bajos salarios, pero era una ventaja, la única que se puede tener cuando la productividad también es baja (es decir, no hay una historia de explotación y extracción de plusvalía por detrás). También es cierto que eso supuso renunciar a cualquier clase de política industrial de corte proteccionista, pero lo cierto es que a mí me parece una ventaja positiva haber terminado con las pork barrels; espero una argumentación en contra.
A lo largo de la primera mitad de los noventa, las enormes tasas de paro se explican en parte por las políticas monetarias restrictivas para entrar en el Euro y por la existencia de un mercado laboral excesivamente rígido. En la última legislatura de Felipe Gonzalez y a lo largo de las dos de Aznar comenzaron a ponerse en marcha políticas de empleo que incluían una liberalizacion parcial del mercado; el origen de la dualidad está ahí. En combinación con la relajación de la política monetaria y la mejora de la coyuntura mundial, así como de las finanzas públicas, estas políticas supusieron la transformación de millones de parados en trabajadores en situación precaria o pobres en sectores de baja calidad. Cuando se critica la precariedad, por cierto, hay que tener en cuenta que la alternativa no es el empleo fijo bien remunerado, es el paro a menos que se argumente alguna forma de mejorar la productividad.En España, de hecho, la productividad aparente del trabajo (la parte del crecimiento que no se debe a un aumento del empleo) fue negativa durante un buen periodo de tiempo, lo que significa que los salarios reales deberían haber caído. Es decir, el patrón de crecimiento era puramente extensivo, basado en la creación de empleo y movilización de factores. Cuando los chicos de economía crítican hablan mal de este modelo no está claro si lo que añoran son los parados o si tienen alguna receta para mejorar la productividad que no he podido ver referenciada en ningún sitio. Habría estado bien que la productividad hubiera aumentado, pero volvemos al problema de la política industrial: aumentar la productividad está bien siempre y nadie sabe muy bien como se hace.
En definitiva, volvemos a lo de siempre; la presunta actitud crítica no es algo que tenga un programa alternativo; se limitan a hablar del “sistema económico” de las “estructuras” y demás retórica vacía sin proponer ninguna alternativa concreta basada en propuestas eficientes algo que constituye una actitud profundamente reaccionaria. (mis propuestas, por cierto, están en los enlaces, así que leedlos antes de meteros conmigo)
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Jueves, Abril 16th, 2009
Echad un vistazo a esta noticia para poneros de buen humor o, en su defecto, a la comparecencia en si misma que es más bonita y completa.
Hablando de qué reformas son necesarias, ésta es una de esas que es urgente. Es urgente, sobre todo, empezar a mentalizar a la gente de que es a) Inevitable y b) Inevitablemente doloroso reformar el sistema de pensiones. Cosas como las jubilaciones anticipadas o subir las pensiones mínimas que los gobiernos de todos los colores políticos proponen con tanta alegría son casi siempre malas ideas.
Por supuesto, no es nada nuevo, el gobernador solo se está uniendo a la “línea marcada por el club lorem ipsum”. Os recuerdo las soluciones de las que hablábamos entonces: 1) Reducir el ratio de dependencia (el número de jubilados respecto de la gente que trabaja) 2) Reducir el dinero que se cobra como pensión 3) Aumentar las contribuciones a la seguridad social (a costa de aumentar el paro, etc,…). En la primera medida-la única medida “real” entran cosas como aumentar la edad de jubilación y permitir ampliarla voluntariamente si uno quiere, políticas familiares que favorezcan la incorporación de la mujer al trabajo y aumenten el número de hijos por mujer o políticas de integración de los inmigrantes, de las de verdad.
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Martes, Marzo 17th, 2009
No sé si os acordáis de un post que puse reseñando otro de Paul Krugman sobre España dónde explicaba que en España los precios y los salarios durante el boom inmobiliario habían subido más rápido que en el resto de Europa y que eso hacía que, al no poder devaluar la peseta (o usar el tipo de cambio como mecanismo de ajuste) los que tenemos que hacer ahora es un bonito mecanismo de deflación (contracción salarial y de precios). El chaval ha publicado un par de gráficos dónde muestra que los costes laborales subieron más rápido que en el resto de la zona euro y dónde el déficit por cuenta corriente es considerable. Echadles un vistazo.
Os recuerdo la solución en este tipo de casos: sentarse a hablar con los sindicatos y la patronal y explicarles lo que hay. Evitar hacer promesas que uno no sabe si va a poder cumplir como que los parados no lo pasarán mal o que no van a reformar el mercado laboral. De verdad, no termino de entender el pseudo-optimismo del gobierno. Las cosas andan realmente mal y hay formas de que el gobierno muestre que no ha sido culpa suya (algo no necesariamente cierto pero sí creíble). La estrategia adecuada en estos casos debería ser mostrarse activo- que parezca que está haciendo cosas- y ser sincero con la gente. Y una forma de parecer activo es aprovechar la ocasión para ponerse a reformar la economía; nadie hoy por hoy se cree que cuando termine lo de EUA vayamos a volver al mundo de antes así que el gobierno debería hacer o decir algo para inspirar confianza. Si el paquete de reformas es convincente, se pacta con la gente adecuada, etc,… no hay ninguna razón para que nadie salga perdiendo, pero es importante que sea un paquete.
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Lunes, Marzo 16th, 2009
Decía el otro día que deberíamos ir pensando en qué tipo de economía tendremos cuando empecemos a rebuscar dentro de las cenizas de la crísis. También he dicho en alguna ocasión que todos los que tenemos prejuicios socialdemócratas, cuando pensamos en reformar un país terminamos hablando del sistema educativo pero que en general es una reforma que requiere el uso de tecnologías fuera del alcance de un país sin potencia nuclear como el nuestro. Sin embargo, a la espera de la llegada de algún Terminator del futuro que venga para prevenirnos del desastre existe una reforma relativamente sencilla de implantar, relativamente poco costosa y potencialmente muy efectivas; se trata de la enseñanza de idiomas y concretamente del inglés. Lo importante que es hablar idiomas a día de hoy es algo que todo el mundo sabe (”es necesario para encontrar trabajo”, etc…) pero vale la pena considerarlo desde el punto de vista de la economía en su conjunto.
En primer lugar, se trata de algo que aumenta la competitividad de la economía. El plurilingüismo es un coste; que una empresa tenga que operar en varios idiomas, supone una serie de costes administrativos y de transacción importantes; luego es probable que una empresa decida adoptar una lengua vehícular, normalmente el inglés. Eso reduce considerablemente los costes de implantarse en un país como España y por tanto aumenta la productividad de la mano de obra (y los salarios, claro). En el caso de España, esto es especialmente importante si, como dice el gobierno, quiere que seamos una economía basada en el capital humano y en los servicios. Los servicios son un sector dónde el aspecto lingüístico tiene una importancia aún mayor que en otros. Además, España por su posición geográfica, su mano de obra (relativamente poco cualificada) ocupa un lugar privilegiado para una empresa que quiera acceder al mercado común Europeo y el enlace con el norte de África. Éste fue de hecho uno de los grandes motores del crecimiento Irlandés (hablar Inglés, salarios bajos y acceso al mercado común) y lo está siendo para la India.
En segundo lugar, de algo que fomenta la movilidad del trabajo, concretamente, de forma transfronteriza. La movilidad del trabajo no es solo importante desde el punto de vista de los trabajadores (el hecho de poder encontrar trabajo en otro país), sino que juega el papel de “estabilizador automático”. Una forma de eliminar el paro es mediante la emigración y el hecho de tener una mano de obra que habla idiomas puede favorecer qeu la mano de obra se mude a otros sitios de la UE cuando las cosas vayan mal aquí y bien fuera.
En tercer lugar, es un gasto profundamente progresivo en término de renta. Es probable que una de las grandes barreras qeu aumente las desigualdades en la época postindustrial es que el hecho de hablar idiomas supone un gap salarial considerable. La gente de familias de renta media alta manda a sus hijos a estudiar fuera en verano, a hacer cursos de inglés, etc,… mientras que las familias de renta baja no sólo no tienen recursos para hacerlo, sino que en general no aprecian tampoco la importancia de hacerlo. El hecho de enseñar idiomas no sólo es una forma de hacer que la gente pobre tenga habilidades que no tendría de otra forma y que juegan un papel importante determinando los salarios, es también una forma de hacer que las becas para ir a estudiar fuera y demás sean realmente igualitarias.
Por último, existen una serie de motivos de carácter político que podrían parecer accesorios pero que a mí me parecen muy importante. Primero, hablar inglés es algo que favorece la libertad informativa y en general el acceso a información no producida en nuestro país. Poder leer el Financial Times, el Guardian, el New york times o el Economist favorece tener una opinión pública crítica e informada. En general, tener acceso a otras culturas es algo que enriquece el capital social de un país; no solo la prensa, también la literatura, las películas, etc… En segundo lugar, es una forma de superar las querellas de corte nacionalista y regionalista. Los que somos entusiastas respecto a la anglosajonización del mundo creemos que un primer paso hacia la creación de una sociedad civil global es de hecho hablar el mismo idioma. Si las cosas se dieran lo suficientemente bien, yo estaría a favor de que la administración y la normativa en España funcionara en inglés y nos dejáramos de bilingüismo y demás querellas. Además los que creemos en el proyecto europeo como proceso de construcción nacional sabemos que la única lengua común que llegaremos a tener será el inglés.
La enseñanza de idiomas extranjeros es algo que además tiene los que los economistas llamamos “externalidades de red”; cuanta más gente la hable, más te interesa aprenderlo. Eso justifica que el sector público intervenga para ponerlo en marcha y convertir el bilingüismo en algo “normal”.
Vale, me diréis, todo esto está muy bien, pero ¿cómo lo ponemos en marcha? Al final da la impresión de que terminamos en otra reforma del sistema educativo, esta vez poniendo profesores de inglés de verdad. Bueno, yo apostaría por un sistema alternativo: outsourcing educativo. Recordad la función del sector público en una economía de mercado: regular, no producir y redistribuir.
- El sector público debe condicionar la obtención de títulos oficiales (el bachillerato, la selectividad, títulos universitarios, oposiciones) a haber obtenido un certificado de idiomas de prestigio homologado. Los certificados existen y todos sabemos cuáles son: el DELF y el DALF francés, los de Cambridge y el TOEFL en inglés. No, nada de hacer exámenes en selectividad o en las facultades, los exámenes del sistema educativo españoles no tienen reconocimiento internacional, los de Cambridge y el TOEFL sí. Poner el cartel de “nadie sale del sistema educativo español/entra en el sector público sin tener una puntuación X en el TOEFL” Este sistema tendría la ventaja de que el gobierno podría negociar con las agencias que expeden los certificados condiciones especiales (por ejemplo que cobren menos por los exámenes).
- Obviamente, el gobierno debería jugar un papel importante a la hora de financiarlo para que esto no fuera regresivo. Hay bastante formas de hacerlo. Personalmente, me gustan bastante los sistemas de cheque (”cheque lingüístico” suena bastante bien como marketing). Otra forma es mediante préstamos (con la variante en que que solo se repagan si uno tiene éxito en la carrera.). En general, existen bastantes formas de diseñar un mecanismo de incentivos adecuado. El sistema educativo público podría intervenir o no (en la enseñanza), pero en cualquier caso soy partidario de dejar jugar al mercado: uno obtiene el certificado como le parezca mejor con el dinero que le dan, no necesariamente gracias a la formación pública; “subvenciones personas, no centros”. Lo que me interesa aquí es apuntar que si está bien diseñado, no es necesariamente algo “caro” y de todas formas es un dinero que ya se está gastando, aunque probablemente mal.
Como veis, es una reforma “piecemeal” pero que puede tener consecuencias importantes y réditos relativamente altos.
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Sábado, Marzo 7th, 2009
No sé si recordáis que escribí una serie un poco teórica sobre el tema de los costes de despido y el mercado de trabajo. Lo cierto es que el asunto ha pasado unpoco al segundo plano, pero me quedé un poco con las ganas de escribir un último artículo un poco menos imparcial que los anteriores, que es precisamente el que vais a leer, aunque ahora suene un poco rancio pero sigue teniendo actualidad así que allá va.
Os refresco la memoria. En aquél tiempo vivimos un par de semanas dónde el gobierno y los sindicatos mantuvieron un rifi-rafe con los hombres malvados de la CEOE y algún otro tipo como el gobernador del Banco de España e incluso Joaquín Almunia sobre lo de abaratar el despido. Lo que el gobierno venía a decir era que eso de abaratar el despido era algo horrible que desprotegería a los trabajadores y poco menos que neoliberal (hablo de memoria), etc,… y en eso el gobierno llegó a prometer que no abarataría el despido.
¿Es esa una buena estrategia? El primer problema de prometer que uno no va a abaratar el despido es que está prometiendo algo que no sabe si va a poder cumplir. Los datos de la economía española estos días son básicamente atroces y nadie, ni en el gobierno ni fuera de él, sabe exactamente cuanto durará y como de mal llegaremos a estar. Eso significa que, en principio, atarse las manos es una mala idea. Es posible que las cosas lleguen a estar los suficientemente mal como para que el gobierno se vea obligado a hacer una reforma laboral dónde, de nuevo, tenga que renegar de las cosas que dijo.
Pero a nivel más profundo, refleja la falta de programa y de liderazgo que padece el gobierno ante el tema de la crisis. Aunque el gobierno ha diseñado alguna medida de caracter coyuntural (estímulos fiscales, rescates de bancos, etc,…) de momento, al menos no que yo sepa, no ha presentado nada que se parezca a un plan para el crecimiento post-inmobiliario. Aunque Zapatero se ha llenado la boca con “la economía del conocimiento” y un nuevo modelo de crecimiento, de momento no hay nada que nos explique que hará que una economía basada en la mano de obra barata y el dinero facil vaya a convertirse mágicamente en una glamourosa Silicon Valley del mediterráneo.
La falta de iniciativa a la hora de plantear reformas varias (del sistema educativo, del mercado laboral, de las industrias de red, etc,…) no es solo un problema porque cuando termine la crísis España se encontrará con un crecimiento por debajo de lo que era normal hasta ahora. Es sobre todo un problema porque el gobierno está perdiendo una oportunidad de convertir España en algo que se parezca más a una socialdemocracia moderna que a una copia degradada de Francia.
Ya he explicado alguna vez que las instituciones que caracterizan un modelo social funcionan como “todos” que se complementan. Acordaos de que la protección del trabajador se puede conseguir mediante el seguro de desempleo o mediante un aumento del coste de despido. A su vez, que exista movilidad entre puestos de trabajo es menos duro cuando el sistema educativo proporciona habilidades versátiles a los trabajadores. La mejor política de integración de la mujer en el mercado de trabajo es poner guarderías gratuitas, y así sucesivamente. Esto hace que reformar una institución (por ejemplo el coste del despido) de forma individual pueda ser una mala idea mientras que es una idea estupenda si se reforma de forma conjunta con las demás.
España concretamente, necesita cambiar de modelo social/modelo de crecimiento. Esto es algo relativamente inevitable, es decir, tiene que ocurrir hoy o mañana, con un gobierno o con otro. En el futuro no volveremos a los buenos viejos tiempos con tasa de crecimiento del 3 y pico por ciento a menos que hagamos algo para hacer que sea así y si nuestra democracia funciona bien, tendremos que hacer algo. El problema es que el gobierno de izquierdas que tenemos parece estar poco dispuesto a hacer algo; la impresión que da desde fuera es que esperan que pase la tormenta y que luego todo vaya bien y eso implica que las reformas las tendrá que llevar a cabo el gobierno que venga después, es decir, un gobierno del PP.
¿Son equivalentes las reformas que hacen los partidos de izquierdas de las qeu hacen los partidos de derechas? Obviamente no lo son. Los que recordamos la política del puñetazo en la mesa de la época de Aznar sabemos que no es así. Porque los modelos sociales funcionan como complejos institucionales, tiene sentido cargarse instituciones individuale, y es probable que el PP lo haga; será el PP el que abarate el despido, el que eche el pulso a los sindicatos, etc,… y todo esto a golpe de retórico conservadora (”trabajar más para ganar más” como decía Sarkozy).
La alternativa sería la siguiente. El gobierno debería presentar un plan amplio de reformas; un plan que incluya reformas de la sanidad, del mercado de trabajo, de la regulación, políticas agresivas de competencia, reforma de las universidades, y también un Estado del bienestar viable; seguros obligatorios, reforma del sistema de pensiones. Es decir, un sistema no solo más eficiente, sino también más justo. Esto es algo que se puede hacer hay un montón de funcionarios en el ministerio de economía a los que les pagan por hacer esto, pero a efecto de estrategia política se podría nombrar un grupo de trabajo con profesores de universidad reputados, miembros de los sindicatos, de la CEOE, de la oposición, etc,… y redactar un plan con un análisis coste beneficio. Estimar cuáles serán las ganancias en términos de crecimiento y de prosperidad y como se pueden reinvertir para financiar el Estado de Bienestar. En otras palabras; algo así como una repetición de los pactos de la moncloa, pero con un aire socialdemócrata.
Por supuesto, esto requiere un liderazgo y una conciencia de la magnitud del problema que, de momento, parece que el gobierno no tiene. Al oponerse frontalmente al abaratamiento del despido, el gobierno no crea en absoluto el clima propicio para que el consenso ni demuestra su disponibilidad para negociar necesaria para sacar un plan de este tipo adelante. El resultado será que las mismas reformas las hará el PP cuando ganen las elecciones y la situación sea insostenible y eso no es algo que beneficie ni a los trabajadores ni a la salud de la socialdemocracia en España.
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Sábado, Febrero 14th, 2009
Leyendo los comentarios del post anterior (el de Berlin Smith concretamente) creo que merece la pena pensar en algo que parece que no he dejado claro. Un despido produce costes desde el punto de vista social. Que eso sea así es inevitable- forma parte de nuestra restricción a la hora de hacer política económica- lo que los economistas debemos hacer al diseñar mecanismos es intentar que esos costes sean los mínimos posibles y que quién los produce tenga los incentivos correctos para minimizarlos.
¿Cuál es el coste social de un despido? Así, un poco a lo bruto, se trata de la renta que deja de percibir el trabajador durante ese tiempo. Pero tamibén incluye el coste de búsqueda de un nuevo trabajo, la formación que deba adquirir el trabajador para reciclarse, los costes psicológicos, etc… La pregunta que debemos hacernos es ¿quién debe soportarlos? Tenemos dos extremos.
- Si viviéramos en un mundo sin gestión del riesgo (o donde los trabajadores no fueran aversos al riesgo), los costes los soportaría el trabajador al 100%. El trabajador se encargaría de buscar trabajo, de formarse, de reciclarse. Tendría constantemente una cantidad ahorrada- lo que Rallo proponía de reducir la dependencia del salario comprando activos- por si acaso pierde su trabajo. Es decir, el trabajador soportaría todo el riesgo y el coste potencial del despido.
- Si viviéramos en un mundo con mercados de seguros eficientes los trabajadores decidirían “comprar” un seguro para cubrirse contra el riesgo de desempleo. Lo que ahora la empresa aseguradora sería convertir esa deuda potencial con el trabajador en un activo financiero y colocarlo en una cartera dónde se diversifique el riesgo. Como el riesgo se diversifica, tenemos un “efecto seguro”. Pero algo importante a tener en cuenta es que el riesgo (el coste) no desaparece; lo único que estamos haciendo es reasignarlo a alguien que por tener otros activos está dispuesto a sorportarlo.
En el mundo real, obviamente, no tenemos agencias de seguros eficientes, pero los trabajadores siguen teniendo aversión al riesgo- es decir, les gustaría poder asegurarse. Si el poder de negociación fuera simétrico, lo que ocurriría sería que los empresarios asegurarían a los trabajadores contra el riesgo de despido. Esa es la función que cumple la indemnización por despido; la de hacer soportar el riesgo por despido al empresario que toma la decisión. El problema es que el poder de negociación no es simétrico-y los trabajadores suelen ser miopes y no preveen el riesgo de despido, y otros fallos de mercado etc,…- y por tanto ese aseguramiento no ocurre espontáneamente en muchos sectores- sí ocurre por ejemplo en los niveles altos de la empresa (los llamados “golden parachutes”.) y esa es la principal razón por la que nuestro derecho laboral penaliza los despidos con una indemnización obligatoria. Pero tenéis que tener en cuenta que la aversión al riesgo existe y si el mercado funcionara bien, la solución eficiente sería aquélla en la que el empresario aseguraría al trabajador contra el riesgo de despido.¿Qué consecuencias tiene este sistema? Los despidos sólo ocurrirán cuando el empresario considere que su ganancia en términos de eficiencia es mayor que la indemnización que debe pagar. Es decir, hace al empresario internalizar el coste del despido.
La pregunta que uno debe hacerse es si este sistema garantiza que, desde el punto de vista social-agregado-, los costes del despido superen las ganancias en eficiencia o al revés. En otras palabras, si los intereses de la sociedad están correctamente alineados con los del individuo que toma la decisión o no.
Para que esto ocurriera, la indemnización por despido debería ser un buen proxy del coste social de de ese despido -la renta que el trabajador deja de percibir, los costes de formación, de búsqueda, de reciclaje, etc,… . Si la indemnización fuera una medida exacta de esos costes, el empresario decidiría si vale la pena o no despedir al trabajador y la decisión sería eficiente. Idealmente, el empresario asumiría los costes de recolocación y en lugar de despedir trabajadores se limitaría a buscarle otro trabajo. Esto aseguraría al trabajador contra el riesgo de despido como ocurriría en un mercado eficiente y esto es en gran medida lo que incentiva el derecho laboral continental- intentar recolocar al trabajador dentro de la empresa en lugar de despedirlo.
Pero el empresario normalmente no está en condiciones de hacer que el reciclaje del trabajador se haga lo mejor posible- a menos que sea una empresa de recursos humanos. ¿Qué es lo que hace el empresario? Por un lado, hace soportar al trabajador una parte del riesgo, de forma que la indemnización por despido es una suma fija. Esto ocurre porque el coste del despido- la renta que se deja de percibir desde que se deja el trabajo hasta que se encuentra uno nuevo- depende del esfuerzo del trabajador buscando trabajo, etc,… Luego en lugar de pagar exactamente el coste del despido, el empresario acuerda en el contrato pagar una suma fija y es el trabajador el que asume el riesgo. Es como si el despido estuviera prohibido y el empresario llegara a un acuerdo con el trabajador “vale, yo te doy una indemnización y tú te buscas la vida”. Esto es algo ineficiente porque el trabajador preferiría que lo recolocara en un puesto de trabajo pero como tenemos un problema de información asimétrica- a la hora de monitorizar al búsqueda del nuevo trabajo- tenemos esta solución.
Por otro lado, hace outsourcing, es decir, delegarlo a una empresa especializada en recolocación de trabajadores. Llamemos a esa empresa “seguridad social”o “instituto nacional de empleo”o “ministerio de trabajo”. Esa empresa podría ser privada, pero por razones históricas y económicas es de hecho pública en casi todos sitios. La seguridad social es una agencia especializada que se encarga de pagar su salario al trabajador (es la agencia de seguros) y lo recoloca en otra empresa. Esta idea es de hecho mejor, porque la seguridad social está en condiciones de monitorizar la búsqueda y obligar al trabajador a aceptar un trabajo nuevo adecuado. La seguridad social- el ministerio de trabajo- es de hecho el agente mejor posicionado para apreciar cuál es el coste social real del despido ya que maneja estadística de cuanto cuesta recolocar trabajadores (el tiempo medio, el subsidio de desempleo, etc,…)
¿Qué es lo que estoy argumentando cuando abogo por un impuesto sobre los despidos? Estoy argumentando alinear el coste social del despido con sus beneficios potenciales.
- La agencia establecería ese impuesto e forma que cubriera exactamente los costes de despido, con la ventaja de que podría maniobrar desde el punto de vista de la política económica para hacer politica anticiclica.
- El empresario, a la hora de tomar sus decisiones de contratación y despido afrontaría el coste real del despido- establecido por la agencia que es quién lo soporta.
- La agencia recibiría el importe y adoptaría el proyecto de recolocación del trabajador de forma que minimice el coste- asumiendo los costes de formación, el subsidio de desempleo, condicionando el subsidio a la búsqueda de trabajo, etc,… El esquema es mejor que una indemnización por despido calculada en función del numero de días trabajados etc,… porque esta es una medida muy torpe a la hora de medir el coste social de un despido.
- La agencia aseguraría al trabajador contra el riesgo de despido y eso funciona en principio mejor que una cantidad de suma fija calculada en función del número de días trabajados.
Actualización: he creado una bonita etiqueta con las cinco entradas de esta serie. Podéis verla aquí
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