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Archive for the ‘Reformas estructurales’ Category
Viernes, Julio 2nd, 2010
En los posts anteriores de esta serie hemos visto como han evolucionado, por un lado, las instituciones del mercado laboral y por otro, la situación en este mercado. Decíamos que había varios rasgos que sobresalían; uno de ellos era la dualidad del mercado laboral y otro que los ajustes en España se hacen en cantidades y no en precios (salarios) de modo que el paro fluctúa con mucha fuerza. De hecho, si uno mira la evolución de los salarios en las dos últimas grandes crisis en España (la de principios de los noventa y esta), uno observa que estos caen muy poco, no caen, o incluso aumentan durante las recesiones. Tenía previsto escribir post específicos sobre instituciones, pero como me voy de vacaciones no me va a dar tiempo; en este último post quiero dar cuenta de que es lo que ocurre en España para que durante las recesiones el ajuste sea tan violento y por qué esto tiene que ver, entre otras cosas, con las instituciones del mercado laboral.
(more…)
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Miércoles, Junio 16th, 2010
Esta de aqui es mejor, y este paper es aun mejor, pero aqui va una short list:
1. Una racionalizacion de la regulacion de las condiciones de despido. Esto significa
- Una reduccion de la perdida de eficiencia de los costes de despido, es decir, la brecha entre lo que percibe el trabajador/sector publico cuando se despide y lo que paga el empresario.
- Una reduccion del coste marginal del despido al que se enfrenta el empresario para los contratos indefinidos o, al menos, asegurarse que este sea contraciclico (por ejemplo, que si despide a gente cuando las cosas van mal, puede devolver el coste cuando la cosas vayan bien)
- Que ese coste claramente sea conocido a priori y no dependa de la decision del juez, salvo para casos de discriminacion.
- Una homogeneizacion relativa de ese coste para trabajadores indefinidos y atipicos
2. Una reforma del sistema de negociacion colectiva que asegure que los salarios no tengan un efecto prociclico (es decir, caigan cuando aumente el paro y viceversa) y que los salarios varien en linea con la productividad, no como ahora:
- Una mejora de la coordinacion entre distintos niveles de negociacion colectiva, que asegure que a nivel macroeconomico, los agentes sociales interioricen las perdidas y las ganancias de la negociacion.
- Una simplificacion de las clausulas de descuelgue que permita que la estructura de los salarios relativos pueda variar a nivel microeconomico, de acuerdo con los cambios relativos en la productividad.
3. El diseño de un par politicas activas de empleo-seguro de desempleo eficiente y justo.
- En la medida de lo que sea presupuestariamente viable, el seguro de desempleo debe cubrir a los individuos mientras estan en paro hasta que encuentre otro trabajo. Si la movilidad laboral es algo productivo, el trabajo de “buscador de empleo” debe estar remunerado de acuerdo con su productividad.
- El seguro de desempleo debe estar fundado sobre el principio de condicionalidad. El seguro de desempleo debe funcionar de forma similar a un banco con el que contrata un “pacto de reinsercion” en el mercado: debe financiar el proyecto (tiempo que pasa, tipo de empleo que espera encontrar, cursos o educacion que espera adquirir, etc…) del desempleado del mismo modo que la banca publica financiaria un proyecto empresarial de un autonomo, de acuerdo con sus caracteristicas personales y basado en criterios de EQUIDAD y EFICIENCIA, hasta que encuentre un trabajo nuevo y revisar las condiciones o incluso dejar de hacerlo si no se esfuerza convenientemente.
- Para que lo anterior funcione es CRUCIAL que el marco institucional (los organos administrativos que lo implementan) este bien diseñado y eso implica pensar en un tradeoff reglas (criterios objetivos y verificables) o discrecion (dejar que los encargados de supervisar el proyecto adapten las reglas convenientemente a la situacion de cada trabajador), posiblemente adaptado a las particularidades de cada comunidad autonoma y en caso de adoptar un sistema de discrecion, pensar en un mecanismo de control para los subordinados. Concretamente, el sistema actual donde las CCAA gestionan el seguro de desempleo y la SS recauda las contribuciones es crecientemente insostenible.
- Los programas de empleo y la forma en que se gasta en ellos deben ser transparentes y ello implica que deben ser relativamente simples para estar sujetos al escrutinio publico.
Nota: no hablo ni de la educacion, por considerarlo un debate aparte, ni del tema de las cotizaciones a la SS que es tambien relativamente complicado.
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Viernes, Mayo 21st, 2010
Parece que ya es oficial, que el gobierno cree, por fin, que hay que reestructurar las instituciones del mercado laboral. Parece que los sindicatos van a protestar pero entienden que es moderadamente inevitable que ocurra. Ahora bien, se quejan de que todo esto esta siendo “impuesto” desde el gobierno.
Tienen razon en que va a ser impuesto: el gobierno va a aprobar una reforma, si es cierto que finalmente lo hacen que no habra sido debatida seriamente en ningun sitio. Pero no tienen razon, ni siquiera un poco, en quejarse. Lo tragico de todo esto es que llevamos dos años discutiendo sobre si necesitamos una reforma laboral (y el conjunto de argumentos mas o menos absurdos sobre que el mercado laboral no tenia la culpa de la crisis o similar) y no sobre que tipo de reforma laboral necesitamos. A la gente que señalabamos el gigantesco problema de la dualidad en el mercado laboral la falta de eficacia de la indemnizacion por despido como forma de proteccion laboral, la necesidad de pasar reformas estructurales (no solo en el mercado de trabajo) se nos tachaba con toda clase de descalificaciones de corte ideologico. (Alberto Garzon tuvo el sensacional detalle de disculparse por el tono, todo hay que decirlo). El debate estaba segmentado entre los que queriamos (presunstamente) reducir los “derechos de los trabajadores” (lease reducir la indemnizacion con despido) y los que no, sin tener en cuenta que en el primer grupo habia gente con distintas ideas, distintas propuestas y distintas convicciones.
Para el caso de la reforma laboral, esto era especialmente cierto. Mi (idealista) punto de vista que el gobierno debia asumir que habia cosas que debian ser hechas en algun momento, y en la medida de lo posible, hacerlas de la forma mas socialdemocrata posible. Entre un mercado laboral estilo anglosajon y uno nordico u holandes, ambos con bajos costes de despido, hay un abismo, porque uno tiene que contemplar todas las instituciones que afectan a la proteccion de los trabajadores y no solo algunas. La crisis era el momento idoneo para plantear este debate, porque era cuando mas evidente parecia que la situacion actual no funcionaba. Y entonces, podriamos haber hablado sobre como compensar la perdida de indemnizacion por despido con mejores prestaciones de desempleo, con un impuesto lineal sobre los despidos, con el sistema de la mochila austriaca, o con lo que quisieramos. Y podriamos haber enmarcado todo esto en repensar el conjunto del Estado de bienestar, con una perspectiva a largo plazo, basada en la prevencion y en la sostenibilidad. Pero la actitud del gobierno, de los sindicatos, y de la sociedad civil español era la de que el fetiche de los “derechos de los trabajadores” no estaba sobre la mesa, y ahora es demasiado tarde hemos perdido todo el margen de maniobra posible.
Esto mismo ocurre cuando hablamos de las pensiones o de las prestaciones de desempleo o de cualquier otra cosa. La izquierda tiene un fetichismo inexplicable con un conjunto de politicas que no funcionan (como la indemnizacion por despido tal y como esta planteada en España), que no son sostenibles (como la oposicion a retrasar la edad de jubilacion), o que son una forma de estado de bienestar para ricos (la educacion superior es un “case in point”). En todos estos casos, la oposicion a llevar a cabo una discusion tecnica sobre las elecciones que se deben tomar (guiadas por valores politicos) y la negacion de la realidad con excusas epistemologicas y pretextos ideologicos, hara que la realidad se nos imponga de forma dolorosa. La incapacidad de preveer los problemas, de anticiparlos y de preveer soluciones, es posible que sea un problema endemico a la democracia donde los politicos tienen un horizonte temporal limitado a las proximas elecciones; pero lograr adelantarse a los acontecimientos, transmitir los problemas y las opciones disponibles mediante un discurso ideologico coherente, es la que deberia ser la funcion de un lider politico. Si la izquierda no consigue tener una vision de futuro para renovar las estructuras de proteccion social bajo un esquema sostenible, sera inevitable que el viejo Estado de Bienestar se vaya deteriorando y batiendo en retirada cuando sea cada vez mas evidente que no es viable.
La negacion de los problemas de los problemas impide que haya un debate meditado, comprensible y democratico, basado en tratar a los votantes como adultos (que logicamente se enfadan cuando se dan cuenta de que les han mentido vilmente). Por eso, cuando en el ultimo post se me sugeria que independientemente del efecto recaudatorio real un impuesto sobre las rentas mas altas era importante aunque solo sea para dar la impresion (cierta o no) de que el sistema es mas justo, sugeria que es algo aceptable como una concesion dolorosa al realpolitik, pero tambien algo que deteriora la calidad de una democracia, que es un sitio donde los votantes actuan como adultos, piensan como adultos, y se les habla como adultos.
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Viernes, Mayo 7th, 2010
Si, este parrafo podriamos haberlo escrito egocrata o yo, perfectamente.
Both [Portugal and Spain] have smaller deficits and less government debt [than Greece]. But now that the markets have awoken to sovereign risk, Portugal and Spain need to do more to narrow their deficits. Unfortunately, Portugal has announced only increases in capital gains taxation, which is weak soup in an environment where capital gains are scarce. Spain has done even less. Meaningful spending cuts are in order if the Iberians want to avoid becoming two peas in the Greek pod.The more fundamental problem in Portugal and Spain is structural, a problem that the two countries do, in fact, share with Greece. They need to reform their labour markets, fast. Keeping their debt burdens manageable will require economic growth. It will require exporting. And without labour market reform, growth will disappoint. The days are over when the Iberians can grow on the basis of English expats’ appetite for beachside apartments.
Leed el conjunto del articulo. Leyendolo, he pensado que es bastante mas optimista que el resto de la gente que suelo leer (Edward Hugh, Simon Johnson, Paul Krugman, Joseph Stiglitz). Eichengreen esta diciendo algo basicamente muy sencillo: todo el mundo conoce los problemas; las soluciones estan basicamente claras para cualquiera con un poco de sentido comun y de cultura economica -y tiene razon, las diferencias que vemos son mas de enfasis o respecto al pesimismo que de otro tipo- asi que solo hace falta coraje politica para aplicar esas soluciones:
It’s not a pretty picture. The IMF botched its rescue. The ECB hesitates to erect the necessary ring-fence around Greece. Portuguese and Spanish policy makers underestimate the gravity of their position. German leaders are in denial. But although it may be too late for Greece, it is still not too late for Europe. That said, a solution will require everyone to wake up.
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Martes, Marzo 16th, 2010
Jorge Galindo nos pidió hace unos días a ver si escribíamos algo sobre el tema de la subida del IVA. Mi primera reacción fue: ni idea. Honestamente; no sé si subir el IVA es una idea sustancialmente buena. Sin embargo, dado que en teoría aspiro a dedicarme a esto de la economía, imagino que debería tener una opinión sobre el tema, desde luego si pienso en que la gente que la tiene. En este post voy por tanto a intentar poner cerco a mi ignorancia y dar alguna clave para entender el tema.
1. Teoría: ¿Qué es una consolidación fiscal y por qué es necesaria?
El principal problema al que se enfrenta el gobierno es que su déficit es básicamente enorme y por tanto la deuda -los deficit acumulados- empezará a crecer a buen ritmo. ¿Por qué es grande el déficit? La ecuación presupuestaria del gobierno- fijaos porque es importante para lo que sigue- es básicamente la siguiente:
Gastos - Gravamen x Base Imponible = Déficit
El gravamen es lo altos que son los impuestos (en porcentaje) y la base imponible es, grosso modo, el PIB. La idea es que los ingresos del sector público son una porción del PIB que se cobra a partir de distintos impuestos. Cuando hay una crisis, tenemos el fenómeno de los “estabilizadores automáticos“: el PIB cae, y el gravamen (si el sistema fiscal es progresivo) también, lo que reduce los ingresos; por otro lado, los gastos entre los que están las ayudas y los subsidios de desempleo, aumentan.
Una consolidación fiscal consiste en hacer que el deficit se reduzca en la medida de lo posible para no entrar en una situación insostenible. La primera pregunta que puede uno hacerse es ¿por qué llevar a cabo la consolidación fiscal?. La pregunta es un poco larga de responder, pero la idea es básica es que el déficit ha llegado a ser mayor de lo que la sostenibilidad sugiere y por tanto hay que reducirlo. Si España se mantuviera en esta senda, acumularía deuda, y esa deuda generaría más intereses que aumentarían los gastos, generando más deuda y así en un efecto bola de nieve, hasta que alguien de por ahí fuera tuviera que salvarnos. Por tanto, vamos a asumir que independientemente de que se deseen otros objetivos, la consolidación fiscal debe ser una prioridad.
2. ¿Reducir los gastos o aumentar los ingresos?
Con un vistazo a la ecuación, vemos qeu hay dos formas de reducir el déficit: aumentando los ingresos o reduciendo los gastos. Esto plantea el problema de la elección del instrumento para hacer la consolidación. Hay dos instrumentos-no excluyentes- que el gobierno puede manejar: el gravamen de los impuestos o los gastos -dado que el PIB no se controla directamente. El gobierno ha optado por el gravamen de los impuestos; ¿qué sentido tiene?
En parte, es una elección de carácter político- depende de si quieres ver un Estado más pequeño o más grande pero sobre es que es casi inevitable. Como explica Rallo en este artículo, la idea de Rajoy de bajar los impuestos y reducir los gastos, simplemente no se sostiene en la medida en qeu habría que liquidar un parte del gasto muy importante que nadie, salvo Rallo, parece estar dispuesto a poner sobre la mesa. Hay una parte muy importante del gasto público que no es realmente discrecional y espero que nadie contemple dejar a la gente sin pensión o sin subsidio de desempleo.
Un punto relevante aquí, es que la teoría económica estándar nos sugiere que, tanto elevar los impuestos como reducir el gasto público tendrá un caracter contractivo- esto es, tendrá un efecto negativo sobre el PIB-y de forma indirecta sobre los ingresos. Esto es un problema para un país que está ya de por sí en una situación muy grave, pero por otro lado, es probable que no nos quede otro; así que una consideración que debe informar la respuesta es ¿cuál de los dos es menos contractivo- y tendrá menos efecto sobre los ingresos?
Sobre esto, hay opiniones y como señalaba Kantor es una pregunta que no se puede responder en abstracto- depende concretamente de en qué se esté gastando el dinero. Pero en general, se piensa que el gasto, aunque reacciona de forma más lenta, tiene un efecto multiplicador mayor. La razón es que cuando bajas los impuestos, la gente tiene más dinero, pero hace falta que la gente (empresas y consumidores) esté dispuesto a gastarlo, algo que no ocurre en una recesión; mientras que el dinero público se gasta directamente. Esto depende no obstante del país y de la situación concreta, algo sobre lo que no estoy demasiado informado. Aquí teneis un primer cerco de mi ignorancia. Pero, grosso modo y por lo que he leído por ahí, yo diría que la subida de impuestos es una forma más adecuada de hacerlo o al menos debería ser parte de la solución.
Nota: Enteraos del resto en el siguiente post. Siento la ausencia, problemas técnicos y falta de ideas.
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Domingo, Febrero 21st, 2010
Este es uno de esos post motivados por lectura indignada de periódico. Llevo un tiempo pensando en ello y tirando a estar decepcionado, no tanto o no solo con los políticos, sino con el tipo de opinión pública que tenemos en España. España está en una situación difícil. No hace falta ser economista, ni sociológo para saberlo. Y además, hay cosas que deben hacerse, de forma más o menos inevitable. Pienso sobre todo en la reforma laboral (alguna, la que sea) y la reforma de las pensiones, pero sobre todo en esta última.
El problema de las pensiones es como ya he explicado en alguna ocasión, poco más que un problema aritmético (1). A diferencia de otras reformas, como por ejemplo la elección del modelo energético o la reducción déficit publico, no implica elecciones demasiado complicadas. Es un problema de sota, caballo y rey: si la población envejece, o se aumentan las cotizaciones, o se reducen las pensiones o se aumenta la productividad, o se reduce la tasa de paro, o se aumenta la edad de jubilación. Las dos primeras son relativamente inviables y muy desagradables; las dos siguientes son difíciles y nadie sabe como se hace así que el aumento de la edad de jubilación es un ingrediente básicamente inevitable de cualquier reforma.
Lo que intento poner en claro es que, una vez que uno excluye soluciones radicales como dejar a la gente sin pensión, tirar viejecitas por las escaleras o similar, la idea de que la gente que trabaja debe producir lo suficiente para mantener a los que no lo hacen y que si este último grupo aumenta de tamaño hay un problema que solo se resuelve revertiendo el proceso se impone de forma casi inevitable. La ideología podrá jugar un papel jugando con los matices. Jose Rodriguez me decía el otro día que a él no le parecía mal aumentar la edad, pero que no creía que fuera el momento y que el periodo de transición era muy corto. Sea. Pero ese tipo de argumentos son un minimatiz en la idea global dónde el conjunto de opciones es muy restringido.
La (tímida) propuesta propuesta de subir la edad de jubilación del gobierno ha sido recibida de forma mayoritaria por casi todo el mundo -grupos políticos y especialmente los sindicatos- como un “recorte de los derechos de los trabajadores” o como algo inadmisible. Los sindicatos han convocado una manifestación para quejarse. La reacción (humillante) del gobierno no se hizo esperar.
Desconozco si, como dice El País, los sindicatos se quejan para que no parezca que son serviles con el gobierno y sus afiliados les presionan para que lo hagan, o si realmente creen en lo que hacen tal y como lo plantean- es decir, como si realmente hubiera alguna forma alternativa de solucionar el problema- que no he podido encontrar en el artículo y a la que no han dado demasiada publicidad. Lo que si tengo más o menos claro es que este tipo de debates no deberían tenerse en una democracia madura.
Supongo que podría meterme con los sindicatos, pero creo que su actitud sólo refleja algo que es un problema de la sociedad española. La posición que tiene en estos momentos la sociedad española ante las reformas es no ambiguamente inmovilista; mejor, es tremendamente reaccionaria. Las acrobacias intelectuales en forma de antropología amateur y psicología espontánea que se hacen para oponerse a casi cualquier tipo de reforma laboral son sólo un ejemplo. El problema de las pensiones es directamente absurdo: nadie propone nada, salvo dejarlo como está.
No es un problema de que uno tenga una ideología de un tipo o de otro; es un problema de que parece que la gente tiene una aversión desmesurada a cualquier clase de cambio, como si el status quo fuera maravilloso. Es un problema de falta de madurez, de no querer hacer frente a la realidad, algo que atestigua, no ya de una sociedad divorciada de sus élites, sino de una dónde éstas no son capaces de articular un discurso que haga frente a los problemas, ni de transmitir la información de las opciones disponibles a la opinión pública, hasta el punto de que da la impresión de que no son conscientes de ello.
(1) Cualquier fanboy de la capitalización individual que tenga previsto comentar está avisado de leerse este paper -o estar al tanto de los argumentos. Si no lo hace y se le nota, mi respuesta será muchas cosas, pero no amable. Mi paciencia es escasa últimamente.
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Lunes, Enero 25th, 2010
Estoy leyendo en estos día el libro de Joaquín Estefanía “La larga Marcha”. Hay un capítulo dedicado a los pactos de la Moncloa dónde relata una entrevista que hizo a Enrique Fuentes Quintana. Os copio unos párrafos.
Sigue reflexionando Fuentes: dependen de cada momento las dosis de políticas aplicables para conseguir paliar esos desequilibrios interno y externo. Normalmente ha de servir una utilización ponderada de tres grupos de actuaciones: conseguir una moderación en el crecimiento de las rentas (salariales y no salariales), aplicar una política presupuestaria que domine le crecimiento del gasto y el déficit público (reduciendo su componente estructural) y mantener una política monetaria que discipline el crecimiento de la cantidad de dinero. No hay ideología alguna en esto, como decía Fuentes al comienzo de estas conversaciones. Los defectos de la política económica en la aplicación de estas medidas de ajuste apuntaron hacia pasivos que debían corregirse (…)
Nuestro economista mira al mismo tiempo al pasado y al presenta para indicar que la experiencia Española acentúa hasta el límite de la evidencia la importancia de evitar rigideces e intervenciones que coarten la adaptación de las empresas a las condiciones variables de los distintos mercados. La rigidez del sistema económico ha sido denunciada de manera reiterada en los informes más solventes sobre la economía Española, aunque ha mejorado mucho con el tiempo. Todos esos informes han destacado el hecho de que el cambio de demandas de distintos productos, con el consiguiente desmoronamiento de sectores productivos y la irrupción de nuevas tecnologías, con su influencia en la aparición de nuevos productos o procesos productivos constituyen fenómenos centrales de algunas de las crisis que se han padecido , que reclamaron para su superación una movilidad y un mejor aprovechamiento de los factores productivos. La flexibilidad de los mercados de trabajo y de los mercados financieros, la generalización del sistema de economía de mercado y la mejora en la programación y administración del sector público constituyeron reformas imprescindibles para facilitar esa adaptabilidad durante la crísas. Durante mucho tiempo la rigidez de los mercados de factores productivos, los obstáculos puestos a la competencia y al mercado y la deficiencias en la administración del sector público fueron la causa del gran mal del déficit público y de la desaparición de muchas empresas. La gran pérdida de empleos registrada en la economía española durante la transición fue el producto final de esa costosa rigidez de la economía que era preciso corregir.
No hay que separar nunca las políticas de sanemiento de las reformas estructurales que necesitan las economías. Los ajustes positivos de la estructura productiva deben formar parte de las políticas economicas frente a las crisis. La pereza política para su inclusión, justificada por su indudable coste social, es explicable, pero sus consecuencias serán muy graves para la economía que padezca a estos políticos poco diligentes. Esa experiencia ha mostrado con reiteración el doble escenario en el que deben actuar la medidas y apreciarse sus resultados. Sanamiento y ajuste global de una parte, reforma y ajuste positivo de otra. Esos dos escenarios y las medidas que en ellos actúan están indisolublemente unidos y los logros en uno de ellos beneficiarán los resultados del otro.
Es tan actual.
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Lunes, Enero 18th, 2010
He hablado ya en alguna ocasión de lo importante que es en términos generales que los mercados de bienes y servicios sean competitivos. Cuando en un mercado existen barreras de entrada u otros obstáculos a la competencia, eso crea rentas. El efecto de las rentas es que los precios son mayores y, en la práctica, eso afecta a la capacidad adquisitiva de los salarios. La competencia tiene además toda una serie de ventajas desde el punto de vista dinámica -fomenta la innovación, etc…- que hacen que sea crucial para el desempeño y la productividad de una economía.
En la práctica, muchos obstáculos al desarrollo de la competencia vienen de la regulación pública. Tener que rellenar demasiados formularios para montar una empresa; pasar por demasiadas autorizaciones, cumplir con demasiado “red tape”. Todo eso son costes para una empresa que obstaculizan la competencia y estos suelen desarrollarse de forma relativamente inintencionada.
Esto se ve de forma bastante clara a nivel comunitario. El tratado de la UE consagra los principios de libre circulación de las mercancías, personas, servicios, libre establecimiento, y capitales. La idea es que no pueden existir, dentro de la zona europea, medidas que obstaculicen estas libertades creando un efecto de frontera. Desde el punto de vista jurídico, sin embargo, el alcance de estas libertades ha sido mucho más amplio de lo que uno puede imaginar. Os recuerdo que el derecho comunitario tiene primacía sobre el nacional; eso implica que cuando alguien lo invoca, el juez que lo aplica puede saltarse la ley nacional si esta es contraria y si no lo hace, el caso puede llegar hasta el tribunal europeo de Justicia de Luxemburgo.
La jurisprudencia establecida para las libertades comunitarias es la de la sentencia “Dassonville” un funciona de la forma siguiente. En primer lugar, se debe probar la existencia de un obstáculo a la circulación. Es algo que se interpreta de forma tremendamente amplia; prácticamente cualquier intervención de la administración que un impacto directo o indirecto sobre la actividad económica puede considerarse un obstáculo. Sin embargo, eso no hace la intervención ilegal; el obstáculo puede estar justificado por algún objetivo legítimo de la administración (la protección del consumidor, del medioambiente, bla bla bla). Para que este justificado debe cumplir dos tests: ser necesario (que sirva para lograr el objetivo) y ser proporcionado (que lo haga de la forma menos gravosa para el comercio entre estados. Algo similar se aplica a las ayudas públicas a empresas que deben tener un carácter no discriminatorio, necesario, justificado, etc,… según el derecho de la competencia comunitario.
En la práctica, esto ha servido a los jueces para echar abajo una cantidad interesante de regulaciones absurdas y de subvenciones guiadas por el amigachismo. La idea es hacerles pasar ese test económico en el que los redactores de las normas no piensan necesariamente. El problema es, sin embargo, que el ámbito de estas cosas sólo es el comunitario; si la actividad a la que afecta no tiene una dimensión comunitaria y es puramente interna, entonces este test no se aplica y las cosas funcionan de forma interna.
Pues bien; mi propuesta es establecer los mismos principios en el ámbito nacional/interno. De hecho, el proyecto de ley de economía sostenible dice algo similar (”principios de necesidad, proporcionalidad, seguridad jurídica, transparencia, accesibilidad, simplicidad y eficacia”) en el artículo 4 lo que es, no hace falta que lo diga, una magnífica idea- aunque no me fíe un pelo de como se vaya a aplicar. El problema es que se trata de una simple ley de la Administración General del Estado que afectará, a lo sumo, a los reglamentos. No afectará (imagino) a las leyes posteriores, ni a la regulación que exista con anterioridad ni a lo que hagan las Comunidades Autónomas.
Mi propuesta es, por tanto, que esto se codifique dentro de la Constitución. El tribunal constitucional podría empezar a desarrollar doctrina, alineándola sobre la del tribunal de Luxemburgo, pero aplicada al ámbito interno y los jueces administrativos podrían usarlas para interpretar las normas. Sí, sé que soy un ingenuo y que es imposible políticamente, bla bla bla,… pero es el tipo de cosas que hacen consenso y si la reforman un día de estos para lo de Leonor podrían tener el detalle de meterlo.
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Domingo, Diciembre 13th, 2009
La idea de que Europa y España en particular necesita cambiar de modelo productivo no es nueva. Es algo que está en la agenda política al menos desde hace una década y en la agenda de los economista desde hace bastante más. Europa lleva más de treinta años creciendo a ritmo anémico y con tasas de paro que no deberían ser aceptables por casi ninguna sociedad.
Sin embargo, la crísis ha hecho la necesidad de reformas aún más acuciante. Como explica la gente de Nada es gratis que el gobierno empiece a dar señales de decisión es urgente. Os recomiendo vivamente que leáis este post de Luis Garicano y este post de Tano Santos (el segundo es totalmente fundamental), aquí me voy a limitar a hacer un resumen/comentario. De forma resumida; un informe reciente de Standard and Poors ha anunciado malas perspectivas para la economía española. El efecto que tiene el hecho de que los inversores tengan malas expectativas es que el riesgo de impago es mayor y eso hace que a la hora de quedarse con deuda del estado exijan una prima de riesgo; endeudarse va a ser cada vez más caro; esto a su vez contribuye a que la deuda sea mayor.
¿Por qué es esto así? Una primera razón es que el deficit en España ha crecido de forma brutal durante la crísis y por tanto ha hecho que tengamos más deuda y más deuda, significa más riesgo de impago. Pero el problema fundamental es uno de expectativas. Durante los años pasados España mejoró mucho sus finanzas, esto es, los ingresos crecieron mas rápido que los gastos y en 2005 tuvimos el primer superavit de la democracia. La perspectiva frente al futuro hace pensar que esto no será así.
¿Por qué? Primero, porque la economía estuvo creciendo de forma artificial a través de una burbuja immobiliaria, de forma que ese desarrollo era esencialmente transitorio y los ingresos obtenidos por este hecho también lo eran. Segundo, el sector privado está altamente endeudado y si seguimos teniendo deflación, el valor real de las deudas aumentará lo que reducirá la inversión privada y el consumo privado (que son dos componentes muy importantes del PIB).
Como ninguna de estas cosas debería cambiar en el futuro, los inversores pedirán una prima de riesgo mayor a cambio de quedarse con la deuda. ¿Como se asegura que el deficit mejore y el riesgo sea menor? Para verlo mirad esta ecuación deficit=gastos- gravamen x base imponible. El gravamen es lo altos que son los impuestos; la base imponible es, grosso modo, el PIB. Como explicar Tano Santos, para que el deficit se reduzca, el gobierno puede subir los impuestos, reducir los gastos o asegurar un crecimiento más rápido. Reducir los gastos es complicado y de ámbito limitado; supondría ponerse a tocar cosas difíciles de tocar durante una recesión como el estado de bienestar, algo que como socialdemócrata no me entusiasma. Subir los impuestos tiene inconvenientes similares en una recesión. Luego la solución pasa por hacer que la base imponible aumente más rápido; es decir, pasar reformas estructurales que reduzcan el paro (aumentando el PIB, reduciendo el gasto en subsidio de desempleo) y aumenten el PIB.
No es sólo que esto sea necesario, en sí mismo, como lo era hace diez años, para tener un modelo social sostenible. Es que además, es necesario enviar una señal a los inversores de que las cosas van a mejorar para que estén dispuestos a invertir en España y a quedarse con la deuda estatal. Como decía Luis Garicano, y sugería Egocrata el otro día, es un problema de mostrar voluntad política.
¿Cómo andamos en España de voluntad política? En el caso del gobierno, yo diría que es al menos preocupante. La impresión generalizada que el gobierno todavía no ha sido capaz de contrariar, es que la administración de Zapatero subestimó la crísis desde el principio y todavía está en esa situación. Poner a la cabeza del ministerio a Elena Salgado no ha sido un avance desde luego, como no lo son los problemas estructurales de comunicacion que tiene el gobierno desde su primera legislatura. Por otro lado, el gobierno parece haber sacralizado el diálogo social y estar dispuesto a casi cualquier cosa con tal de no llevarle la contraria a los sindicatos. Como decían por aquí, el gobierno parece estar cautivo.
Esto no sería un problema si los sindicatos tuvieran consciencia de lo grave que es la situación; de lo necesario que es reformar el mercado laboral; de lo urgente qeu es pasar reformas estructurales. Lo que pasa por la mente de los sindicalistas es para mí un misterio; mi impresión sería pésima si no leyera a Jose Rodríguez, pero aún conociéndolo, cuando leo lo que dicen y hacen los sindicatos, mi impresión sigue siendo muy mala.
Quiero insistir en que esto no es un problema ideológico; a mí me gustaría que lo fuera, pero que la situación es grave y urgente es así y las soluciones no son únicas, pero tampoco son infinitas. Cualquier principio de solución tendrá que empezar por hacer los mercados de productos más competitivos y un mercado laboral que tenga una tasa de paro menor y ambas cosas son impepinables.
Con su actitud, el gobierno no sólo está poniendo en peligro la prosperidad del país para las próximas dos décadas; está dándole la razón a la gente que piensa que el proyecto socialdemócrata es incompatible con hacer buena política económica.
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Martes, Agosto 18th, 2009
Vimos en el post anterior que cuando en lugar de suponer mercados competitivos, suponemos mercados con una estructura monopsonística/monopolística, los resultados varían considerablemente y el trabajo es doblemente explotado por el capital. No obstante, lo anterior son sólo modelos. ¿Qué hay de la realidad?
Los modelos y el mundo real
Ninguno de los dos mundos extremos -competencia perfecta o monopolio/sonio- son buenas representaciones de la realidad. Cuando Joan Robinson formuló su idea, pensaba que el mundo debería encontrar en algún lugar entre los dos extremos. En ese caso no hablamos de monopolio o de monopsonio, sino de poder de monopsonio o de monopolio lo que refleja la posibilidad para una empresa de subir/bajar sus precios/salarios por encima/debajo del nivel competitivo de forma beneficiosa, o de forma más general de “poder de mercado”.
En el caso del poder de monopolio es algo bastante común. Intuitivamente, yo diría que la existencia de una industria dedicada a la publicidad y al marketing es una prueba suficiente de que esto es así. Intuitivamente, con la excepción de dos conocidas de kantor y mías, los consumidores no buscan el producto más barato comparando walrasianamente cada bien porque hay costes de información; cuando yo quiero comprar un disco voy a la FNAC, no hago un estudio de mercado previo. Los productos no son perfectamente sustitutivos entre sí. Eso hace que tengamos un montón de pequeños monopolios. Los consumidores suelen estar relativamente mal informados sobe un producto -si es más caro, tal vez es porque es mejor-, desarrollan hábitos de consumo, etc,… La dispersión de precios para productos parecidos es algo muy común (dos bienes idénticos deberían tener el mismo precio en competencia). A menudo, las empresas coluden, lo que significa que pueden actuar como si fueran un monopolio aumentando los precios y repartiéndose las ganancias. En general, todos los modelos de competencia imperfecta que tenemos con la excepción de la llamada “paradoja de Bertrand” predicen que existirá cierto poder de mercado.
El caso del poder de monopsonio es más sutíl, está menos asentado y a menudo pasa desapercibido. Alan Manning tiene un libro escrito sobre el tema -egócrata lo reseñaba aquí. Intuitivamente, de nuevo, entendemos que un trabajador no está en la misma posición a la hora de negociar su salario que un empresario; la competencia entre los empresarios no está ahí. Cuando el capital es relativamente escaso respecto del trabajo tenemos un problema. Teóricamente, se puede racionalizar por la existencia porque buscar trabajo es costoso y existen fricciones. Un trabajador no conoce todos las ofertas de trabajo que hay en el mercado; el inicio de una nueva relación contractual tendrá “costes fijos” en términos de aprendizaje, legales, etc,…; dejar su trabajo y ponerse a buscar otro implica una cantidad considerable de incertidumbre y si el trabajador es averso al riesgo preferirá no hacerlo; en otras palabras está hasta cierto punto “atrapado” en su trabajo actual y el empresario puede explotar ese poder. Empíricamente, Manning muestra en su libro que la evidencia empírica es poco menos que abrumadora.
A nivel teórico, Stiglitz ha subrayado la idea de que existe una contradicción profunda entre la idea de “completitud” de los mercados y la “competitividad”. El marco Arrow Debreu asume que los mercados son completos, es decir, hay un mercado para cada uno de los bienes, perfectamente especificado por sus circunstancia, su momento, etc… Por ejemplo, un mismo Disco en la FNAC sería un bien distinto de un disco en el Corte Inglés- el servicio de los empleados en la FNAC sería distinto, estaría más lejos de casa, las colas son más largas etc… de forma que podría preferir el disco del Corte INglés al de la FNAC y por tanto dispuesto a pagar más. No obstante, cuando los bienes están tan especificados, el supuesto de competitividad de los mercados- que asume un gran número de vendedores es insostenible- cada bien es distinto y es como si existieran muchos monopolios para bienes ligeramente distintos.
Competencia imperfecta y política económica
Kantor replicará tal vez que el hecho de que el mundo no funcione como el mercado Arrow Debreu no quita para que éste pueda ser una buena estilización y debamos intentar al menos aproximarnos lo máximo posible a una situación eficiente a la pareto. Ya que no tenemos mercado de trabajo competitivos, por ejemplo, al menos no empeorarlos con sindicatos o regulación del salario mínimo. No obstante uno de los desarrollos más importantes de la economía del bienestar, la teoría del second best, nos dice que cuando la situación eficiente no es alcanzable, entonces tal vez sea mejor dejar de acercarnos lo más posible a la solución eficiente para buscar un “second best”.
En el caso del poder de monopolio todo esto hace que no sea suficiente con distribuir derechos de propiedad y no intervenir; es necesario que tengamos políticas de defensa de la competencia, porque sino, la tendencia natural de ésta en muchos mercados es a desaparecer; necesitamos controlar las fusiones y adquisiciones para evitar que haya concentraciones excesivas (monopolios). Necesitamos regulaciones que obliguen a dar información y a mantener estándares de calidad para los consumidores. Y necesitamos, Kantor tiene razón, liberalizar sectores para que no haya trabas legales a la competencia; no obstante, las trabas a la competencia no son sólo ni siquiera mayoritariamente legales. A diferencia de la actitud de kantor, tiendo a pensar- caricaturizo- que cuando dos empresas tienen el mismo precio es porque coluden, cuando tienen precios distintos porque una tiene poder de mercado y cuando el precio es muy bajo porque están haciendo prácticas anticompetitivas- es decir, no me fío un pelo de los empresarios.
Del marco del monopsonio en el mercado de trabajo surgen varias cosas que a los economistas pro business -el eufemismo contemporáneo para decir “burgués”- les parecen molestas. Por ejemplo, en un marco monopsonístico, la regulación de un salario mínimo puede aumentar el empleo- siempre que no sea muy alto. Asimismo, que existan sindicatos que contrarresten el poder de negociación de los empresarios no es necesariamente rent seeking sino que puede aumentar los salarios, el empleo y la eficiencia. Algo similar ocurre con la regulación del tiempo de trabajo y con muchas políticas del mercado laboral que parecen atentar contra la competencia pero, en realidad, o bien la estimulan o bien suplen su falta.
Cuando Kantor denuncia en su post que “la renta ricardiana de la tierra y la rentas de los monopolios naturales son dos pequeñas gotas de agua en el gran océano de las rentas de privilegio creadas por la actividad del Estado” dice algo relativamente evidente: los monopolios son creados por el Estado en la medida en que es gracias a él al que existe la propiedad y los intercambios libres. Ahora bien, una vez establecidos los derechos de propiedad, lo “natural” es que los mercados tiendan a ser de competencia imperfecta y a tener fallos de mercado a mansalva y la mayor parte de esos fallos crea rentas para los capitalistas- algo que kantor no parece contemplar.
Joan Robinson decía para referirse a la posición de kantor y de los economistas neoclásicos reaccionarios en general que “Es posible defender nuestro sistema económica basándose en que, parcheado con correctivos keynesianos, es el “mejor a la vista”. O, en cualquier caso, no demasiado malo y que el cambio es doloroso. Vamos, que es el mejor sistema que hemos tenido. O, es posible, adoptar la línea de Schumpeter inspirada por Marx.- El sistema es cruel, injusto, turbulento, pero provee los bienes y , maldita sea, son los bienes que queremos. O bien, concediendo sus defectos defenderlo sobre bases políticas- que la democracia como la conocemos no podría haber aparecido con otro sistema ni sobrevivido sin él. Lo que no es posible, sin embargo, es defenderlo al estilo liberal, como un delicado mecanismo autorregulado que sólo debe ser dejado para que actúe y produzca la mejor satisfacción de todos.”
Conclusiones: Marx y nosotros
El artículo de Kantor sobre Marx era bastante crítico con el autor en la medida en que la teoría laboral del valor fue un desastre desde su punto de vista. Sin embargo, os ofrezco una versión alternativa del problema contextualizando históricamente. Durante el siglo XIX los economistas clásicos habían, típicamente, justificado el capital como una de las principales fuentes del progreso. Los mercados libres llevarían a una situación óptima para todos.
De forma intuitiva, Marx probablemente era escéptico respecto del optimismo liberal. La miseria creciente del proletariado, el enriquecimiento súbito de los capitalistas parecía ser un hecho. Había poco espacio para hablar de la competencia como mecanismo disciplinador; el tamaño de las empresas era grande y los principales sufridores eran los trabajadores que recibían salarios de subsistencia. El Estado, lejos de atenuar esta situación, ayudaba a empeorarla. Para contradecir la idea de la economía clásica, Marx usó los instrumentos hasta entonces vigentes: la filosofía hegeliana y la teoría laboral del valor.
Marx tuvo la mala fortuna de que justo en el año de la publicación del Capital, ocurrió la “Revolución marginalista” que terminó con el grueso de la economía clásica y con la teoría del labor trabajo en particular. No obstante, la formación de Marx ya estaba basada en la teoría clásica. Eso hizo que el marxismo se convirtiera en una corriente marginal.
Sin embargo, creo haber mostrado con este post que lo esencial de la idea de Marx es correcto. No sólo es correcto; está lejos de ser algo heterodoxo; el monopsonio, monopolio y la teoría del second best aparecen en cualquier libro de microeconomía; no hay ningún libro de economía laboral que no hable del poder de monopsonio; la teoría de la organización industrial está basada en la idea de poder de mercado; el modelo Layard y Nickell de la Nueva Economía Keynesiana reposa sobre los supuestos de competencia imperfecta para explicar la inflación y el paro. Es decir, todas estas ideas son fundamentalmente ortodoxas.
Esto es por tanto una prueba más a la que nos enfrentamos los economistas ortodoxos de tendencia socialdemócratas. Por un lado, la imagen pública de en qué consiste ser economista ha sido capturada por los economistas liberales que han difundido que todo se arregla privatizando y reduciendo la acción del Estado; al otro, tenemos a miembros de la izquierda reaccionaria que contestan no sólo los resultados, sino la totalidad del método cayendo en una especie de nihilismo metodológico. De los primeros nos hemos ganado el desprecio; de los segundos la acusación de pertenecer al primer grupo.
Por último, quiero subrayar que existe la contradicción que existe en la idea de la paleoizquierda cuando al oponerse a la liberalización de sectores -que tienen por objeto reducir las rentas- y defender con la otra mano la regulación laboral. Ambas ideas son contradictorias si la legislación laboral se defiende basándose en la idea de monopsonio.
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