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El “affaire” Gabilondo destapado

Lunes, Julio 19th, 2010

Este vídeo de Gabilondo será uno de los documentos que marcará la historia de la comunicación política en España. Para el telespectador superficial, parece de forma bastante aparente un gigantesco pedazo de mierda de primera clase.

Sin embargo, para el ojo experimentado es posible ir más allá de la apariencia y darse cuenta de lo que realmente es: una pieza de genial, finísima, ironía postmoderna, de intento exitoso de iluminar en su mayor esplendor las contradicciones de la sociedad en la vivimos y de la paleoizquierda en particular así como el gigantesco margen de maniobra que tienen los periodistas que consiguen una apariencia de intelectuales sobre un conjunto de telespectadores capaces de digerir cualquier deposición con tal de estar envuelta en la retórica apropiada. Se trata, en efecto, de un hoax.

La clave está en la forma de gesticular de Gabilondo. Se le ve nervioso con lo que hace, sabiendo que es vagamente posible que alguien destape la inocentada a gran escala en que consiste su comentario.

Naturalmente, la más mínima posibilidad de que se trate de algo serio está descartada, dado que Gabilondo es perfectamente consciente de la principal lección de la caída del Muro de Berlín: en una sociedad que debe basarse en la división del trabajo y dónde los recursos están en manos de los individuos, existen límites en las cosas que puede hacer el sector público y en las asignaciones que puede alcanzar. Concretamente límites en los incentivos de los individuos que pueden decidir no poner sus recursos a disposición  del proceso productivo reduciendo así el potencial de la economía. Gabilondo fue a clase de economía en la facultad y sabe con total seguridad que todas las democracias del mundo conocido han operado con esta restricción, y por tanto es radicalmente imposible que crea en una versión particularmente extrema de la teoría de la dependencia estructural del Estado respecto del capital.

Un indicio de que se trata de hoax está en el tipo de retórica usada. Sabemos que Gabilondo es un periodista serio, un intelectual comprometido con la democracia y con la ética periodística cuya trayectoria se estudiará un día de estos en las facultades de periodismo si no se hace ya. A diferencia de los medios de derechas que usan el fantasma del “socialismo” como hombre de paja al que atribuir todos los males, señalando la senda ineluctable de la servidumbre en cada “intervención” del sector público, sugiriendo obscenos paralelismos entre Corea del Norte y las democracias liberales, Gabilondo es totalmente incapaz de hablar seriamente de que estamos ante una dictadura travestida de democracia por haber descubierto de súbito el funcionamiento de una economía de mercado y los mercados de deuda en particular (I II III).

Sobre todo, debemos recordar que Gabilondo es una de las figuras del Grupo PRISA, el grupo empresarial –dejadme repetirlo, grupo empresarial- comprometido con una determinada forma de política de izquierdas, basada al menos desde tiempos en que Boyer llegó a ministro de economía y dónde se aceptó el rigor presupuestario y la reconversión industrial para entrar en Europa, en una determinada política económica, responsable, aceptando la economía de mercado con todos sus problemas, como precondición para la prosperidad y la sostenibilidad del Estado de Bienestar. Era la izquierda de la “ética de las responsabilidades”, basada en el reformismo social y en mejorar las cosas marginalmente desarrollando una cultura de gobierno, aceptando las “constraints” de la economía de mercado y evitando lloriquear por las grandes injusticias o exaltar los grandes problemas de este mundo que no es otro ideal sino el que tenemos, formulando un programa político responsable que es en última instancia la senda de todas las conquistas sociales conocidas por la sociedad occidental. El País, es bien sabido, es el intelectual colectivo artífice de una opinión pública progresista, informada, responsable y a la que se trata como adulta, blindada contra las proclamas demagógicas de la reacción de izquierdas y de derechas.

Gabilondo, con total seguridad, ha observado el deterioro del periodismo en España desde el principio del ciclo que se inició con la aparición de LD y La Razón, siguió con El Plural, y culminó con la creación de Público, y ha querido poner de relieve esta degradación poniendo a prueba a los oyentes de Cuatro para ver cuanta mierda eran capaces de tragar recuperando temas que bien podrían haber sido sacados de Nodo50 o Indymedia (¿esto sigue existiendo?), abogando solo de forma solapada por el abandono de la ruta socialdemócrata y la adopción de un programa basado en la “socialización de los medios de producción” o “no sometimiento a los mercados” como lo llaman ahora, haciendo así un guiño a las llamadas a las “dinámicas de convergencia”. Como es lógico, mañana saldrá dejando claro que se trata de un Hoax destapando así el borreguismo y la estupidez de todos los que se lo tomaron en serio.

Este post es un plagio-homenaje-intertextual a Chris Dillow.

Actualización: Al parecer no se trataba de un hoax, sino de la auténtica línea editorial de Prisa. Me ha llegado la información de que a partir de ahora incluirán una sección con fotos para acompañar los comentarios:

La engreída poca monta de la izquierda reaccionaria

Lunes, Junio 28th, 2010

Había una época en que en el mundo civilizado había dos modelos de desarrollo. Al margen de su viabilidad real o de la profundidad intelectual de cada uno, ambos conservaban un cierto grado de verosimilitud histórica. En particular, el modelo soviético tenía esa belleza aterradora que, si al menos no para otra cosa, habrá servido para producir grandes obras cinematográficas; estaba relativamente claro que las democracias liberales habían pactado con el capitalismo para hacer del mundo un lugar relativamente vivible mientras que los países del Este mantenían un férreo control sobre su sociedad con la idea de construir un mundo totalmente distinto. Esto llevó a gente a decir que podía existir un tradeoff entre libertad y prosperidad.

Como me comentaba J el otro día por facebook, autores como Marx o Lenin, al menos, tenían una visión relativamente pragmática de la política; entendían que los cambios radicales deberían llegar por la violencia y se hacían relativamente pocas ilusiones respecto a la armonía natural de no está muy claro qué. Naturalmente, todo aquéllo era esencialmente una locura asentada un núcleo de absurdidades que terminó como un proyecto fallido penetrado por su propias contradicciones. La realidad está en los libros de historia.

El problema de esta gente (los del enlace) es que creen en los peces de colores. Creen que uno puede mantener esquemas mentales y proyectos de sociedad que dejaron de tener vigencia histórica hace al menos medio siglo y sin embargo mantener esa especie de imagen de amigos de las flores y de todo va a salir bien porque sabemos exactamente quienes son los malos y solo hay que hacer que vuelvan a ser buenos; es un mélange vomitivo de estética postmaterialista, de ritualización del sufrimiento, y de ilusiones infantiles. Ahora, es cierto que Cuba y Venezuela están en guerra así que es distinto.

Reflexiones aleatorias para el fin de semana

Viernes, Mayo 21st, 2010

Parece que ya es oficial, que el gobierno cree, por fin, que hay que reestructurar las instituciones del mercado laboral. Parece que los sindicatos van a protestar pero entienden que es moderadamente inevitable que ocurra. Ahora bien, se quejan de que todo esto esta siendo “impuesto” desde el gobierno.

Tienen razon en que va a ser impuesto: el gobierno va a aprobar una reforma, si es cierto que finalmente lo hacen que no habra sido debatida seriamente en ningun sitio. Pero no tienen razon, ni siquiera un poco, en quejarse. Lo tragico de todo esto es que llevamos dos años discutiendo sobre si necesitamos una reforma laboral (y el conjunto de argumentos mas o menos absurdos sobre que el mercado laboral no tenia la culpa de la crisis o similar) y no sobre que tipo de reforma laboral necesitamos. A la gente que señalabamos el gigantesco problema de la dualidad en el mercado laboral la falta de eficacia de la indemnizacion por despido como forma de proteccion laboral, la necesidad de pasar reformas estructurales (no solo en el mercado de trabajo) se nos tachaba con toda clase de descalificaciones de corte ideologico. (Alberto Garzon tuvo el sensacional detalle de disculparse por el tono, todo hay que decirlo). El debate estaba segmentado entre los que queriamos (presunstamente) reducir los “derechos de los trabajadores” (lease reducir la indemnizacion con despido) y los que no, sin tener en cuenta que en el primer grupo habia gente con distintas ideas, distintas propuestas y distintas convicciones.

Para el caso de la reforma laboral, esto era especialmente cierto. Mi (idealista) punto de vista que el gobierno debia asumir que habia cosas que debian ser hechas en algun momento, y en la medida de lo posible, hacerlas de la forma mas socialdemocrata posible. Entre un mercado laboral estilo anglosajon y uno nordico u holandes, ambos con bajos costes de despido, hay un abismo, porque uno tiene que contemplar todas las instituciones que afectan a la proteccion de los trabajadores y no solo algunas. La crisis era el momento idoneo para plantear este debate, porque era cuando mas evidente parecia que la situacion actual no funcionaba. Y entonces, podriamos haber hablado sobre como compensar la perdida de indemnizacion por despido con mejores prestaciones de desempleo, con un impuesto lineal sobre los despidos, con el sistema de la mochila austriaca, o con lo que quisieramos. Y podriamos haber enmarcado todo esto en repensar el conjunto del Estado de bienestar, con una perspectiva a largo plazo, basada en la prevencion y en la sostenibilidad. Pero la actitud del gobierno, de los sindicatos, y de la sociedad civil español era la de que el fetiche de los “derechos de los trabajadores” no estaba sobre la mesa, y ahora es demasiado tarde hemos perdido todo el margen de maniobra posible.

Esto mismo ocurre cuando hablamos de las pensiones o de las prestaciones de desempleo o de cualquier otra cosa. La izquierda tiene un fetichismo inexplicable con un conjunto de politicas que no funcionan (como la indemnizacion por despido tal y como esta planteada en España), que no son sostenibles (como la oposicion a retrasar la edad de jubilacion), o que son una forma de estado de bienestar para ricos (la educacion superior es un “case in point”). En todos estos casos, la oposicion a llevar a cabo una discusion tecnica sobre las elecciones que se deben tomar (guiadas por valores politicos) y la negacion de la realidad con excusas epistemologicas y pretextos ideologicos, hara que la realidad se nos imponga de forma dolorosa. La incapacidad de preveer los problemas, de anticiparlos y de preveer soluciones, es posible que sea un problema endemico a la democracia donde los politicos tienen un horizonte temporal limitado a las proximas elecciones; pero lograr adelantarse a los acontecimientos, transmitir los problemas y las opciones disponibles mediante un discurso ideologico coherente, es la que deberia ser la funcion de un lider politico. Si la izquierda no consigue tener una vision de futuro para renovar las estructuras de proteccion social bajo un esquema sostenible, sera inevitable que el viejo Estado de Bienestar se vaya deteriorando y batiendo en retirada cuando sea cada vez mas evidente que no es viable.

La negacion de los problemas de los problemas impide que haya un debate meditado, comprensible y democratico, basado en tratar a los votantes como adultos (que logicamente se enfadan cuando se dan cuenta de que les han mentido vilmente). Por eso, cuando en el ultimo post se me sugeria que independientemente del efecto recaudatorio real un impuesto sobre las rentas mas altas era importante aunque solo sea para dar la impresion (cierta o no) de que el sistema es mas justo, sugeria que es algo aceptable como una concesion dolorosa al realpolitik, pero tambien algo que deteriora la calidad de una democracia, que es un sitio donde los votantes actuan como adultos, piensan como adultos, y se les habla como adultos.

Cosas que no hacer en una democracia: mentir a la gente

Jueves, Mayo 13th, 2010

Vale, follow up sobre lo de ayer. ¿Estoy siendo injusto con el gobierno, ahora que les ha dado por ponerse a hacer cosas? Hay varios problemas.

Las llamadas a reformar el capitalismo, o a una ruptura radical con lo que existia antes, o no se muy bien que, eran ingenuas y torpes. Si por reformar el capitalismo se entiende hacer algunos cambios en la regulacion financiera y reorganizar algunas areas, me parece que el nombre es tremendamente exagerado. Si se entiende movernos hacia un sistema donde las decisiones no se tomen de forma descentralizada, o si se entiende una vuelta a los años 50-60 es algo que no iba a ocurrir, y todo el mundo lo sabia.

El gobierno sabia, desde hace al menos un año, que tendria que hacer algo similar a lo que hizo ayer. Lo sabia, esto es, los datos y los informes estan ahi. Contrariamente a lo que ha dicho Chaves esta mañana en la radio, nada ha cambiado sustancialmente la semana pasada. Lo que hace dificil la situacion fiscal española no es principalmente la accion de los malvados especuladores; lo que hacia potencialmente insostenible la situacion fiscal española son las cifras de paro y las perspectivas de crecimiento. Que era necesario impulsar la economia con un impulso fiscal, de acuerdo, pero no acompañar esto con reformas estructurales y una estrategia de salida era basicamente un suicidio economico.

Esto ultimo, lo sabian en el Banco de España y en el ministerio de Economia y en cualquier organo de prevision con un poco de vision de futuro. Las malas evaluaciones estaban ahi, solo habia que verlas y saber leer un informe de coyuntura. Y despues del anuncio de medidas de ayer, sabemos que el principal problema del gobierno no era de autismo, sino de pura y simple cobardia.

No tenia, sin embargo, por que estar al corriente de lo anterior el ciudadano de a pie. Entiendo desde mi ingenuidad que una de las cosas que hacen bueno a un lider politico es la capacidad para transmitir decisiones dificiles a los ciudadanos. Gobernar cuando las cosas van bien no es demasiado complicado, precisamente porque no hay grandes problemas que resolver. Articular un discurso politico que de respuesta a problemas historicos concretos y complicados es naturalmente mas dificil.

Pero el gobierno no hizo nada de esto. Desde las llamadas para “reformar el capitalismo”, pasando por esa especie de sacralizacion del consenso y el dialogo social, hasta la negativa de tocar cualquier cosa del mercado laboral porque seria un atentado contra los derechos de los trabajadores, el gobierno ha creado falsas expectativas, se ha negado a tomar decisiones y, ademas, ha avalado este conjunto de decisiones fallidas con su ideologia.

¿Que siente hoy el militante de la izquierda? Pienso que podemos dividirlo en tres grupos. La gente como Roger, Jorge Galindo o yo, que nos dedicabamos a criticar al gobierno desde antes, una mezcla de alivio y resignacion al ver que por fin van a ponerse a hacer cosas. Luego hay un segundo grupo que no criticaba al gobierno y que supongo que por algun tipo de disonancia cognitiva profunda se ha convertido al credo reformador del dia a la mañana cuando hace unas horas nos llamaban al resto socialtraidores. Y luego, hay un ultimo grupo, seguramente el mas numeroso, que naturalmente se siente defraudado con un gobierno que les ha creado expectativas falsas.

¿Que me molesta en todo? Primero, me molesta el hecho de que el gobierno haya mentido a la gente. Mentir, es decir, decir que sabe que no era cierto o posible. Segundo, me molesta que el gobierno diga que es la culpa de Bruselas y de los especuladores y que esto es un problema que no tiene nada que ver con nosotros. Cuando Mitterrand acepto tirar su programa de estimulacion salvaje a la basura porque estaba a punto de hundir al pais tambien dijo que era por “solidaridad con el resto de europa”; no, era porque estaba hundiendo a la economia. Hoy el frances medio cree que realmente se sacrificaron por europa; eso explica algunas cosas sobre el apoyo a la UE de la poblacion francesa. Tercero, seguimos esperando algo de caracter estructural, que sea energico y que mire en un horizonte a largo plazo, en lugar de ir a salto de mata. Yo espero ver un programa, algo de vision, no una serie de intentos de reanimacion del paciente. Por ultimo, me gustaria que hubiera un gobierno que hiciera pedagogia con la izquierda; que consiga dar forma a las ideas de izquierda como medidas concretas, eficaces y creibles; no un proyecto anclado en una retorica vacia y en la venta de humo.

Y ademas El Pais se une a la linea marcada por el Club Lorem Ipsum

Los programas britanicos pasados a revista

Miércoles, Mayo 5th, 2010

Descubro via el Twitter de Tim Hartford que el Center for Economic Performance de la LSE tiene una serie de analisis sobre los puntos de vista mas importantes de los programas economicos de los partidos. Si haceis click aqui, y vais a summary, teneir un enlace a un resumen de unas siete paginas sobre cada uno de los problemas economicos que se abordan en los programas.

No hace falta que os diga que se me ponen los dientes largos. En España ¿esto existe? Yo desde luego no estoy enterado. Si un centro publicara un analisis similar, la primera reaccion de la prensa serie etiquetarlo en algun lugar del espectro politico, como de hecho ha ocurrido con los analisis de FEDEA. No se si es un problema de cultura politica -caja negra en la que metemos un conjunto de cosas que no sabemos explicar- pero desde luego es un problema de deficit democratico. En unas elecciones, saber si el programa del candidato es economicamente viable y si la conexion entre las medidas y los fines que dice perseguir es plausible no es un problema politico, es un problema tecnico y los votantes deberian tener derecho a que se les informe.

Alguien que quiera tener acceso a un buen analisis de caracter economico -bueno no significa necesariamente complicado- la prensa es una castaña: dicen las cosas de forma innecesariamente complicada dandole ese tono amarillo, partidista, que tiende a ver la economia como un combate de boxeo, en lugar de explicar las cosas de forma pedagogica. Incluso alguien que entienda de que va el asunto, ha de hacer un esfuerzo considerable para sacar algo en claro. ¿Como narices quieren que la gente decida su voto de forma responsable?

El otro dia alguien sugeria en facebook que la “seccion de economia de libertad digital era de las mejores”. El problema de la prensa economica en españa, o de la prensa en general, no ofrece un analisis critico. Si quieres entender algo, has de irte a la prensa extranjera- algo que es mucho mas discriminante. En teoria, la democracia consiste en que todo el mundo vota igual porque todo el mundo puede formarse opiniones igual de validas.

No soy idiota, se perfectamente que el ciudadano de a pie no va a ir a leerse informes de diez paginas sobre un tema concreto. Pero si existieran, los periodistas si deberian hacerlo y eso haria las cosas mas sencillas y el debate mas informado. No tengo muy claro en donde esta el problema; si en la gente que no leeria articulos informados, los periodistas que no sabrian escribirlos o los analisis tecnicos que no existen.

Y ya puestos a enlazar, leed el articulo de Tano Santos. Leedlo es imprescindible. Leed tambien si os interesa el de Han-Werner Sinn (economista aleman) sobre la crisis griega. Dice verdades como puños.

“Subir la edad de jubilación provoca paro”: el caso de los Lemmings

Lunes, Febrero 1st, 2010

Suponed que tenemos el juego de los Lemmings. ¿Recordáis esos simpáticos muñequitos a los que había que ponerles paraguas para que no se estrellaran al caer o a los que había que equipar con picos para que picaran abriendo túneles? El juego nos daba distintos escenarios dónde había que conseguir que un mínimo de ellos sobrevivieran.

Nuestro escenario es en este caso el de tres Islas que conforman el archipiélago “oek-onomía”. Regularmente veremos los Lemmings emigrar de una isla a otra según las reglas que precisaremos a continuación.

  • La primera Isla se llama “in-aktiva”; a ella llegan periódicamente un flujo de nuevos lemmings a través de una especie de apertura en el techo y también desde la segunda isla.
  • La segunda Isla se llama “aktiva” y a ella inmigran en barco periódicamente lemming que viene de “in-aktiva”. De ella emigran lemmings que van a parar a “in-aktiva” y a la tercera isla.
  • La tercera Isla se llama “jub-bilación” que recibe periódicamente lemmings que vienen de aktiva e in-aktiva y dónde periódicamente se suicidan ellos solos -el arte de suicidar lemmings siempre estuvo infravalorado.

Tenemos por tanto flujos de Lemmings que van en varios sentidos y la actividad del archipiélago oek-onomía funciona así.

  • Al principio de cada año cada Lemming puede bien quedarse en su isla, bien coger el barco y cambiar de Isla, bien aparecer/desaparecer (caso de in-aktiva o jub-bilación).
  • Durante ese año, los Lemmings que están en la segunda isla trabajan cultivando plantas. Esas plantas tienen la propiedad de atraer nubes que hacen que llueva maná- el único alimento de los Lemmings- en el archiepiélago oek-onomía.
  • Al final de ese año, en función de la cantidad de plantas que hayan cultivado, llueve una cantidad de maná que sirve de alimento para todos para el resto del año siguiente.

Nuestro objetivo en el juego es conseguir que la cantidad de maná que consume cada Lemming sea relativamente estable o incluso aumente dentro de la medida de lo posible. Esa cantidad viene dada por

Maná por lemming= número de lemmings en aktiva X producción de cada lemming / nº total de lemmings

Como decía, los flujos de Lemmings en el archipiélago oek-onomía son relativamente aleatorios, aunque como jugadores podemos intentar influir en ellos vamos a ver algunos ejemplos.

  • Suponed que de repente hay una emigración masiva de “aktiva” a -> “in-aktiva”. Si miráis la ecuación de arriba, veréis que por pura lógica el número de lemmings cultivando plantas caerá y la cantidad de maná también caerá mientras que el resto permanece constante. Llamamos a este problema “paro” -cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
  • Suponed ahora que el número de Lemmings que se suicidan en “jub-bilación” cae pero todo lo demás constante. Veremos un número de lemmings total mayor y por tanto una caída del maná por lemming. Llamamos a este problema “envejecimiento”.

Como decía, como jugadores podemos intentar influir en los flujos y en la cantidad de lemmings que hay en cada Isla. Suponemos que antes el problema del envejecimiento queremos podemos poner un coto al número de barcos que llegan a “jub-bilación“. Eso reducirá los barcos que llegan de cualquiera de las dos islas, da igual de cuál. Algunos barcos dejarán de llegar de “aktiva” y otros de “in-aktiva“. Si es el caso del primero, lógicamente tendremos una (principio de) solución al problema dado que el número de lemming en “aktiva” aumentará -ver ecuación. Si es el caso del segundo, nos quedamos igual que estábamos.

Pero entonces llega uno de nuestros amigos y dice “eh, cuidado, intentando arreglar el problema del envejecimiento, vas a acentuar el del paro”. Nuestro amigo nos señala que al prohibir que haya más gente yendo de “aktiva” a “jub-bilación” vamos a intentar tener un problema dónde esos barcos van a salir hacia “in-aktiva” teniendo un problema de, como decíamos, paro (la emigración de “aktiva” hacia “in-aktiva” era lo que habíamos definido como paro).

Eso tiene sentido hablando literalmente. Pero por otro lado, no hemos agravado el problema; a lo sumo lo hemos aliviado. No lo hemos agravado porque los términos de la ecuación en la situación “paro” y en la situación “envejecimiento” son los mismos: tenemos el mismo maná por lemming porque tenemos la misma cantidad de lemmings trabajando en oek-onomía. Lo hemos tal vez aliviado porque mientras que hay lemmings que emigran de “in-aktiva” a “aktiva“, no hay lemmings que emigren de “Jub-bilación” a “aktiva“; es un viaje de no retorno. Si queremos ganar en el juego- aumentar o mantener la cantidad de maná de cada lemming- lo razonable sería limitar -en la medida de lo posible- la cantidad de lemmings en “jub-bilación” y aumentar la cantidad de Lemmings en “aktiva” fletando más barcos hacia aktiva y menos hacia in-aktiva.

Dedicado a Juan Antolin y a Kantor, me consta les gusta la pedagogía friki

Renovando el discurso de Izquierdas: narrativas de sostenibilidad

Miércoles, Enero 27th, 2010

Si tengo que nombrar dos autores que hayan influido más que en mi cosmovisión del mundo, entendida como “educación sentimental”-J, ahora te mando el copyright- o como conciencia histórica, probablemente nombraría a Marx y a Ortega y Gasset. Algo -tal vez lo único- que tienen en común es la articulación de, por un lado, de la importancia del momento histórico, la idea de que cada periodo de la vida humana está dominado por unos temas y que sus soluciones globales son más o menos inevitables y por otro, el papel del individuo -o en el caso de Marx la clase- como agente de ese cambio y la consiguiente llamada a las armas.

Ortega sugeriría que la condición sine qua non para el éxito de un discurso político -la vieja y la nueva política- es “estar a la altura de los tiempos”; ser capaz de colmar las aspiraciones de una generación, permitir que los cambios necesarios o inevitables se produzcan y que la sea la generación que los vive la que los lidere en lugar de sufrirlos. Pero para que los cambios sean asumibles y no traumáticos, la economía del proceso histórico exige que sean graduales y que lo nuevo se apoye siempre en algo que ya existe y de lo que se tiene conciencia.

Cuando hablamos del discurso de la izquierda, pienso que ese discurso debe, para tener éxito, cumplir dos condiciones. Por un lado, ser realista y ambicioso y colmar las aspiraciones de una generación, responder a los problemas de un momento histórico- o lo que es lo mismo, apoyarse sobre un diagnóstico certero y hacer prescripciones realistas. Por otro lado, debe apoyarse en una tradición que recupere los temas y las sensibilidades históricas con las que un movimiento- como la izquierda- se sienta identificado; los imaginarios construidos sobre tablas rasas tienen eso de problemático que transmiten esa horrible sensación de “low profile”- sí, pienso en la eclosión neocañi. Identidad y ambición; realismo y movilización deben ir de la mano en un discurso.

Si hablamos del diagnóstico, creo que puedo apostar sin demasiado riesgo que los próximos 20 o 30 años estarán, en Occidente, marcados por un problema que podemos poner bajo la rúbrica de “sostenibilidad”. A su vez, esta idea se desdobla en dos temas: la sostenibilidad ecológica entendida como el problema tanto de la economía ambiental y el respeto del medioambiente como del progresivo agotamiento de recursos energéticos y la sostenibilidad demográfica entendida como el problema del reto del envejecimiento de la población-y la sostenibilidad de los Estados de Bienestar- y el declive demográfico de la sociedad occidental. Cuando pienso en cualquier problema futuro, me resulta difícil encontrar alguno que no se pueda agrupar bajo alguna de estas rúbricas; son los problemas fundamentales del futuro y pienso que cualquier partido, de izquierdas o derechas, deberá responder a estos problemas o fracasar para inscribir su nombre en la Historia.

Resulta que la tradición de izquierdas está particularmente bien armada para responder a ambos retos siempre y cuando sepa reformar sus ideas. El ecologismo es un tema que forma parte del imaginario de la izquierda al menos desde los 70. Sin embargo, además de la retórica mecánica sobre el cambio climático y las renovables, sería razonable que el debate se articulara en términos un poco más científicos -pienso en la energía nuclear y en la necesidad de una política energética coherente. Favorecer un cambio de modelo energético sobre la base de un debate técnicamente informado debería ser una baza electoral, a cambio de saber hacer un poco pedagogía política.

Respecto a la sostenibilidad demográfica, es probable que éste sea un tema históricamente de derechas -Malthus, etc,… Sin embargo, sus soluciones pasan por tres tipos de políticas. En primer lugar, una economía suficientemente robusta para que la productividad aumente, capaz de innovar y de adaptarse, con mercados flexibles que se adapten a los cambios inherentes a esta innovación y sirvan efectivamente al consumidor y no al empresario, con un sistema educativo funcional orientado a mejorar el capital humano de los individuos, a mejorar su posición en el mercado laboral así como una red de protección con seguros obligatorios que haga esos cambios menos traumáticos.

En segundo lugar, Occidente y Europa en particular necesita encontrar una política de inmigración coherente y planificada a largo plazo, no basada en la última sensacionalidad política. Frente a las políticas irresponsables, sólo veladamente racistas y oportunistas de la derecha, la izquierda necesita y puede articular un discurso basado en la correcta gestión de los flujos migratorios que ponga en la balanza las ventajas e inconvenientes de cada política- lo que probablemente incluye valorar a los inmigrantes en función de las necesidad del mercado laboral.

En tercer lugar, necesitamos un sistema de protección social más moderno, que haga frente a los nuevos riesgos sociales. Las políticas familiares en Europa continental brillan por su ausencia. Sin embargo, cuanto más sabemos sobre la situación en la infancia y el éxito posterior más claro está que el status socioeconómico de tus padres es la madre de todas las externalidades y que este tipo de políticas son la clave para reducir la desigualdades y mejorar la cohesión social. El efecto sobre la sostenibilidad es tanto mayor en la medida en que no sólo aumentan el número de hijos por mujer sino que también fomentan la incorporación de la mujer al trabajo. La temática feminista, la de la sostenibilidad y la igualdad de oportunidades, reunidas en una misma política.

Que este tipo de programa tenga éxito depende en buena medida de la capacidad de los líderes para hacer pedagogía y modificar el discurso. Mi exasperación con la izquierda española actual proviene precisamente de esa falta de visión y de liderazgo para ser consciente del momento histórico en el que vivimos, de los retos a los que se enfrenta y la miopía inherente a ir a salto de mata electoral. El discurso actual de la izquierda en España basado en el género, la memoria histórica y la “sostenibilidad light” tiene el problema de ser un discurso vacío en la medida en que no aporta soluciones a problemas reales. Las soluciones a esos problemas en las que parece creer la izquierda tienen el problema de ser viejas- no solo antiguas. Ambos son la causa de que la izquierda lleve treinta años a la defensiva cuando se habla de cosas importantes.

La izquierda frente al muro

Martes, Noviembre 10th, 2009

Recuerdo cuando hace algo más de dos años pasado fui a visitar Gdansk que para los no iniciados es dónde empezó la revuelta del sindicato Solidaridad en Polonia que fue la punta de lanza de la insurrección dentro del bloque soviético. En los astilleros dónde empezó la revuelta, tenían una especie de museo hagiográfico que relataba la historia del movimiento Solidarsnoc con toda clase de artículos, fotos y demás de la época. A aquél viaje fui -entre otros- con una compañera de máster, francesa ella, de la paleoizquierda que hay en Francia- que me miraba como poco menos que un malvado capitalista comeniños por tener buena opinión del New Labour-  que, entre sus compras turísticas, había adquirido en un puesto de artículos comunistas en Varsovia una bonita insignia de la hoz y el martillo, probablemente auténtica y que lucía sólo por darles en las narices a los polacos, ellos tan conservadores.

El museo era interesante, no tanto como buen trabajo histórico, sino por ver material de primera mano de como ocurrieron las cosas. Sobre todo, permitía ver las contradicciones, en el sentido más marxista del término, en que había incurrido el régimen: era una régimen que se decía obrero pero que sufría una insurrección obrera. Por ejemplo, recuerdo la portada de Libération, el periódico francés fundado por Sartre (!) y cuyas editoriales hoy todavía alaban o son tibias con Chávez y  Castro alabando con letras enormes la insurrección de los obreros Polacos contra el régimen comunista. Pero mi recuerdo favorito de la visita fue cuando, junto con mi compañera francesa vi la lista de reivindicaciones de Solidaridad entre las que se encontraba “la reducción de la jornada laboral a 29 horas” (hablo de memoria, pero recuerdo que era una cifra que me pareció muy pequeña) algo que, habiendo leído algo sobre la productividad de la economía soviética, no pudo menos que hacer que se me escapara una sonrisa. Mi compañera me reprochó que me pareciera poco articulando todo un  discurso sobre la calidad de vida, bla bla bla,… tras lo cuál yo le señalé la insignia comunista que lucía en su solapa “¿y ésto?” “Esto es distinto”. “¿Ah sí? entonces los que proclamaron el Estado de excepción en los ochenta no tienen nada que ver con esto, no estaban en guerra?” “sí, esto es un ideal, por eso lo llevo”

He visto, creo que todos lo hemos visto, esta escena bajo diversas formas, pero la escena es siempre la misma. Primero, uno tiene la afirmación de una idea radical, después, una demonstración de que la idea radical lleva a consecuencias horrendas y por último alguna forma de arreglar el problema de la idea extrema formulándola bajo una forma etérea, distante, fundamentalmente ideal e irrealista blindada contra cualquier test de la realidad. En este último paso, hay muchas versiones; “es un ideal” “malinterpretaron la idea” “no les dejaron el tiempo suficiente”; en todos los casos, la acrobacia intelectual es irónicamente admirable.

El problema es especialmente agudo para la izquierda. Es dramático comprobar que, incluso 20 años después, hay quién todavía no ha digerido la caída del muro; gente que manifiesta equidistancia respecto entre el comunismo y la democracia liberal; gente que piensa en la caída de la URSS con la melancolía con la que se pensó en su día en la caída del imperio romano o la conquista de Constantinopla por los turcos. El problema es profundo y diagnostica las contradicciones profundas que existen en el paradigma estético de la izquierda; creer que se puede seguir hablando en clave anticapitalista- sea lo que sea eso que suelen llamar “capitalismo”-, como si realmente hubiera una alternativa, y al mismo tiempo ser demócrata; hablar como si la tercera vía- esto es, las políticas que los socialdemócratas llevamos practicando desde la posguerra- fueran una amarga concesión, algo con lo que tenemos que cargar. O dejar de lado cualquier aplicación práctica y declararse abiertamente anticapitalista pasando a una ritualización de la lucha, a la exaltación de lo sentimental, a la reutilización recursiva de las “luchas antifascistas” cayendo en alguna forma de nihilismo político. De forma simétrica, la derecha, conservadora, católica o liberal, ha capitalizado la caída del muro como una victoria de no se sabe muy bien qué -el capitalismo, el catolicismo, el anticomunismo, el fracaso de la ingeniería social- habiendo dejado a la izquierda, con la colaboración de esta última, a la defensiva durante los últimos veinte años.

Esto es tanto más triste porque da testimonio de como la izquierda, en su conjunto, ha olvidado su propia historia. La memoria soviética ha monopolizado la identidad izquierdista; el proyecto comunista es visto hoy como la forma más acabada de la idea izquierdista. Y sin embargo, esto no fue así históricamente. En Europa existió, desde cuando tiene sentido hablar de izquierdas y derechas, una izquierda no socialista, un socialismo no marxista y un marxismo no leninista. Las grandes conquistas sociales en Europa no fueron el fruto de proyectos maximalistas y pseudorrevolucionarios; el Estado del Bienestar, los derechos sociales y civiles no han sido obra ni hechos bajo la influencia del comunismo. El discurso de Léon Blum sobre la “vieille maison” en el Congreso de Tours y su rechazo de unirse a la organización antidemocrática y totalitaria de la Tercera Internacional quedaron borrados por la guerra fría.

Y las cosas siguen igual; algunos todavía hablan en serio cuando dicen -o callan- que añoran los desfiles de las tropas rusas en la plaza roja de Moscú; otros añoran esa época en la que existía una alternativa incierta pero distante, lo suficiente como para que la disonancia cognitiva permitiera limar los detalles molestos de las no tan populares democracias del Este y miran hoy a Cuba con una mezcla de complacencia y equidistancia intentando justificar lo injustificable. Y mientras tanto, estaremos perdiendo la oportunidad de arrebatarle a la derecha el monopolio de lo posible.

Igualdad material y democracia financiera I: Marx contra el mito del espíritu empresarial

Martes, Octubre 13th, 2009

En su fantástica “Introducción a Karl Marx”, Elster explica que la principal razón por la que Marx era hostíl al capitalismo no era que lo viera como una retroceso. Al contrario, el modo de producción capitalista era un sistema que permitía que una parte muy importante de la población se autorrealizara y participara en la prosperidad colectiva, al menos en comparación con el pasado. El principal handicap era, sin embargo, que mantenía a una parte  importante- lo que no tenian acceso a los medios de producción- excluida de esa autorrealización; “alienada”. Eso era algo indeseable en sí mismo, pero además era algo que reducía la creatividad de la sociedad en su conjunto al limitar esa acción creativa a una minoría.

A este punto de vista se opone la forma en que los economistas liberales (liberal en este sentido concreto) interpretan el funcionamiento de la economía y la teoría económica. Así, los economistas burgueses pro-business creen que las ideas de Marx sobre la teoría del valor son suficientes para “descartar a Marx del panteón de los grandes economistas” . Hay dos proposiciones que, creo, se le pueden adjudicar a esta perspectiva sin riesgo de caricaturizar. 1) Su interpretación del segundo teorema del bienestar implica que, desde el punto de vista de la eficiencia económica, la distribución de la renta importa poco o nada porque los recursos siempre van a parar a quién puede sacar un mayor provecho de ellos, aunque los rendimientos se distribuyan de forma desigual. 2) Las desigualdades sociales son el resultado de las habilidades de cada cuál, o de la voluntad de tomar riesgos o del espíritu emprendedor, y en una medida muy pequeña de la situación de partida. En la práctica, sin embargo esto no es así y existen razones profundas en la teoría económica para ello.

Discriminación en el mercado de crédito

La razón más importante para ello es que una hipótesis hundida del modelo es la existencia de mercados de crédito perfectos. Cuando esto es así, existe una poderosa fuerza igualadora: los recursos de una economía van a parar a quién pueda sacar un mayor provecho de ellos. Cualquier con ideas, la voluntad de tomar riesgos y con espíritu empresarial necesario puede tomar prestado, con independencia de su origen social o su riqueza inicial, y salir adelante. Además, la economía en su conjunto hace el mejor uso posible de esa actitud, riesgo, espíritu, etc,…  A ésto, lso economistas lo llamamos “la ley del precio único”

En la realidad, sin embargo, el acceso a los mercados de crédito no es igualitario, a diferencia de, digamos los mercados de productos dónde, aún teniendo distintas rentas, todo el mundo se enfrenta a los mismos precios. NO hace falta ser un genio para entender que el Banco Santander o Bill Gates pueden obtener préstamos con más facilidad y más baratos que un fontanero que trabaje como autónomo y que ello no se debe sólo a que lo que quieren financiar los dos primeros sea más rentable.

La razón para ello es que existen problemas de lo que los economistas llamamos “contratos incompletos”. Un contrato es incompleto cuando no existe posibilidad de incluir en él algún aspecto o asegurar su ejecución y esto ocurre, especialmente, cuando el prestamista no tiene acceso a toda la información relevante sobre el proyecto que se intenta financiar y existe un riesgo de insolvencia. Si yo tengo una fantástica idea, tremendamente rentable, para fabricar miniaturas de warhammer pero el tipo del banco no tiene ni idea qué es exactamente warhammer, le será muy difícil evaluar el riesgo de mi proyecto. Típicamente, me pondrán un tipo de interés relativamente alto y en esa situación, es posible que yo piense que es mejor tomar acciones muy arriesgadas y si me sale mal, declararme insolvente “cara gano yo, cruz pierde el banco”. Llamamos a estos dos problemas “selección adversa” y “riesgo moral” y ambos surgen cada vez que algo debe financiarse con dinero ajeno: son un “problema de agencia“. No surgen, en cambio, cuando yo me financio con mi dinero: en ese caso, yo asumo los riesgos que tomo (no hay riesgo moral) y yo sé lo que estoy financiando (no hay selección adversa).

En la práctica financiera, existen dos mecanismos para aliviar estos los problemas de agencia. Primero, el banco normalmente me exigirá que yo ponga parte del dinero (cofinanciación). Si yo estoy arriesgando mi fortuna también, entonces no querré llevar a cabo proyectos demasiado arriesgados. En segundo lugar, el banco se asegurará que puede ejecutar su deuda sobre mi patrimonio y eso requerirá que yo tenga algo de patrimonio- por ejemplo, una casa. En jerga financiera se dice que deberé dar “colaterales”.

Igualdad, eficiencia y espíritu empresarial

Una vez que uno ha tomado en cuenta el efecto de los contratos incompletos, las dos conclusiones liberales simplemente se hunden y el mundo empieza a parecer francamente más marxista. El punto común es que la capacidad para endeudarse -y por tanto el acceso al capital- depende mucho más de lo que tenga cada uno inicialmente- de la renta. En resumen: en ausencia de un mínimo de igualdad en la repartición de la riqueza, la ley del precio único no juega en el mercado de crédito.

La primera consecuencia es que el éxito en una economía y el acceso al capital, no depende sólo de las habilidades, del talento, de la voluntad para tomar riesgos o del espíritu empresarial como en el sueño húmedo americano. Al contrario, depende de la renta de cada uno. Típicamente, la gente con más dinero podrá financiar proyectos de menor calidad, de forma más barata y más grandes que la gente con menos dinero- pensad en un PYME y en Endesa. Por otro lado habrá una cantidad considerable de gente que por carecer del dinero suficiente esté excluida de los mercados de crédito y por tanto del sistema capitalista en su conjunto. En palabras de Adam Smith “El dinero, dice el proverbo, hace al dinero. Cuando uno tiene un poco, es a menudo fácil conseguir más. Lo difícil es conseguir ese poco”. Dejo al lector sacar las conclusiones que desee de este hecho, pero se parece tremendamente a un sistema de reproducción del capital que, sin las condiciones de partida adecuadas, excluye masivamente a los que menos tienen.

Un segundo hecho es la relación entre eficiencia e igualdad. La predicción del modelo de restricción de crédito es que una sociedad más igualitaria, típicamente, será más eficiente. Esto es así porque habrá más individuos capaces de acceder al crédito al tener más activos que sirvan de colateral y poder cofinanciar más proyectos. En definitiva, permite que un mayor número de individuos participen en el sistema capitalista.

Revisitando la competencia imperfecta y la explotación (I): el caso del salario mínimo

Jueves, Agosto 20th, 2009

Durante la discusión de los dos posts anteriores sobre las imperfecciones en el mercado laboral y el de productos, el debate ha terminado degenerando en una especie de competición dónde unos nombrábamos fricciones posibles y otros sin negar su existencia minimizaban su importancia confiando en la fuerza de la competencia a la hora de limitar las rentas. El problema, por lo visto, es fundamentalmente empírico. ¿Con cuál de los dos modelos encaja mejor el mundo real, con el competitivo o con el monopolístico?

Un caso interesante para chequear cada hipótesis es el salario mínimo en el mercado laboral. ¿Cómo afecta el salario mínimo al equilibrio del mercado laboral? En la medida en que cada modelo genera predicciones distintas, se puede chequear empíricamente su validez viendo cuales de las predicciones se adaptan mejor a la realidad. Recordamos por tanto las predicciones de cada modelo (i) y después vemos la evidencia empírica (ii)

(i)Teoría: El análisis económico del salario mínimo

En un modelo competitivo, las empresas igualan el salario a la productividad marginal multiplicada por el precio. Es decir, las empresas aumentan el número de trabajadores hasta que el último trabajador produce exactamente lo que hay que pagarle. Los trabajadores, por su parte, plantean sus demandas eligiendo entre dos bienes, el ocio y el consumo. En equilibrio, el salario que se paga refleja exactamente el valor del ocio para el trabajador y los trabajadores que no están empleados son sólo los que no aceptan trabajar recibiendo lo mismo que producen. Si el salario estuviera por debajo, otra empresa pujará por el trabajador haciéndolo subir, si el salario está por encima todos los trabajadores serán atraídos por esta empresa. Decimos que el paro es “voluntario”. El efecto del salario mínimo en este sentido introduce una brecha entre trabajadores dispuestos a trabajar por ese salario y empresas dispuestas a contratarlos generando “paro involuntario”. La predicción es por tanto que la introducción de un salario mínimo reducirá considerablemente el empleo, especialmente de los trabajadores menos cualificados que son los que tienen menos productividad y deberían ser pagados por debajo de ese salario.

Esta idea cambió sustancialmente cuando en 1946 Georges Stigler (economista de Chicago-liberal- y posterior premio Nobel) escribió un artículo fundador admitiendo la posibilidad teórica de que un aumento del salario mínimo aumentara el número de contrataciones si “el empleador dispusiera de un grado de control significativo sobre el salario que paga”. Es decir, si el empleador tiene poder de monopsonio. Cuando existe poder de monopsonio, vimos, el resultado de equilibrio es que el salario está por debajo de la productividad marginal y el empleo es menor que en competencia perfecta. Esto es así porque contratar un trabajador adicional tiene dos costes: el coste del salario que hay que pagar al trabajador adicional y el coste en que se incurre al hacer subir el salario de mercado que debe ser pagado a todos los trabajadores.

¿Cuál es el efecto del salario mínimo en un mercado monopsonístico? Si el Estado fija el salario un poco encima del salario elegido por el empresario, entonces éste ve su margen reducido. Sin embargo, como había una brecha entre la productividad y el salario qeu pagaba, este margen sigue siendo positivo siempre que el aumento sea pequeño de modo que el empleo no disminuye. Al mismo tiempo, al aumentar el salario habrá trabajadores que buscarán empleo más intensamente, que se incorporarán al mercado de trabajo o que que aceptarán trabajos que antes no aceptaban. El efecto del salario mínimo es por tanto el de aumentar el empleo total y el salario de los trabajadores que están al principio de la distribución de salarios a costa de las rentas empresariales.

Este efecto no es sin embargo el único. Al igual que en el modelo competitivo, al aumentar el salario mínimo, habrá trabajadores poco productivos que serán excluidos del mercado de trabajo y eso reducirá el empleo. Sin embargo, en la medida en que el primer efecto domine -es decir, para salarios mínimos relativamente bajos- el efecto neto será aumentar el empleo y el salario de los menos cualificados. La relación entre salario mínimo y empleo es por tanto en forma de U invertida; para niveles bajos un aumento del SMI aumenta el empleo, para niveles intermedios tiene un efecto relativamente neutro y para niveles altos el empleo cae.

(ii) Evidencia empírica

¿Cuál de los dos modelos es una mejor representación de la realidad? Es decir, ¿aumenta realmente el salario mínimo el desempleo y significa eso qeu los mercados de trabajo son muy competitivos como o por el contrario el poder de monopsonio es sustancial y el salario mínimo tiene un efecto pequeño o nulo? Para un análisis detallado os remito a la serie que escribió Jose sobre el tema (i, ii), aquí quiero explicar el experimento “natural” que hicieron Alan Krueger y David Card sobre el asunto que les llevó a escribir después un libro. (artículo original, gratis, aquí)

En 1992 el Estado de New Jersey aumentó de forma relativamente súbita el salario mínimo en un 19% (es decir, bastante). Por el contrario, la situación en el Estado vecino de Pennsylvania no varió. Card y Krueger pensaron entonces aprovechar esta situación natural de estática comparativa para chequear los resultados de los modelos que hemos visto. Para verlo, se fijaron en la industria de la comida rápida situada en ambos estados. ¿Por qué la comida rápida? Bueno, la comida rápida emplea el tipo de mano de obra que suele estar empleada al salario mínimo y la rentabilidad de los restaurantes depende directamente del nivel del SMI. El razonamiento al que se adhieren los economistas como Kantor es que en esta situación, la rentabilidad bajará y, al estar empleada la mano de obra al nivel competitivo, muchas empresas cerrarían y el empleo en el sector bajaría. Por el contrario, en Pennsylvania dónde el salario mínimo no había cambiado, la evolución debería haber sido sustancialmente distinta, no sólo por no haber sufrido la subido, sino también porque habría una migración de trabajadores desempleados.

Krueger y Card llevaron a cabo varias encuestas a lo largo del año 1992 para ver cuál había sido la evolución en la industria del fast food. El resultado fue hasta cierto punto sorprendente: el efecto del aumento sustancial del SMI no sólo no habría sido negativo, sino que habría incluso débilmente positivo.

El artículo produjo un debate considerable en EUA, desde gente que cuestionaba la calidad de los datos, el modo de obtención de los mismos o el método de comparar dos poblaciones con shocks exógenos distintos (copiado de la medicina). Sin embargo, a lo largo de las respuestas que desarrollaron Krueger y Card tendieron a reafirmar la conclusión inicial. Por ejemplo, evaluaron el impacto sobre los jóvenes de entre 16 y 24 años (de nuevo una población posiblemente sujeta al SMI) y descubrieron que en relación con el resto de EUA, el empleo habría aumentado en New Jersey entre esta población.

¿Cuál es la conclusión? El experimento de Krueger y Card pone en evidencia que la estructura de los mercados laborales es, al menos para la mano de obra poco cualificada- la afectada por el salario mínimo- sustancialmente monopsonística; es decir, los empresarios explotan a los trabajadores y los remuneran por debajo de su productividad marginal. De otra forma, la predicción de caída del empleo se habría cumplido.

Por otro lado, personalmente, soy poco entusiasta -bastante menos qeu los sindicatos en cualquier caso- respecto de los aumentos del SMI. Como explicaba antes, el aumento del SMI tiene dos efectos: excluir trabajadores poco productivos del mercado de trabajo e incitar a trabajadores que demandan salarios más altos a incorporarse. Excluir a la gente menos productiva (los pobres y los inmigrantes) es algo razonablemente regresivo e ineficiente que me causa alergia como socialdemócrata y como economista. El SMI debería ser distinto entre sectores- en función de la productividad- para ser “óptimo”, algo muy dificil de hacer, máxime cuando  los aumentos se hacen por razones electorales y no con la teoría económica en la mano, lo que tiende a subirlo por encima de lo razonable. En Francia, por ejemplo, es probable que el SMI destruya empleo- como contraste a EUA. Si de lo que se trata es de redistribuir, prefiero un impuesto negativo sobre la renta- o una bajada de las cotizaciones a la SS financiada con un impuesto más progresivo- que un aumento del SMI.