Quiénes somos
Hágase socio
Noticias y eventos
El Coliseo

Archive for the ‘Marx’ Category

La engreída poca monta de la izquierda reaccionaria

Lunes, Junio 28th, 2010

Había una época en que en el mundo civilizado había dos modelos de desarrollo. Al margen de su viabilidad real o de la profundidad intelectual de cada uno, ambos conservaban un cierto grado de verosimilitud histórica. En particular, el modelo soviético tenía esa belleza aterradora que, si al menos no para otra cosa, habrá servido para producir grandes obras cinematográficas; estaba relativamente claro que las democracias liberales habían pactado con el capitalismo para hacer del mundo un lugar relativamente vivible mientras que los países del Este mantenían un férreo control sobre su sociedad con la idea de construir un mundo totalmente distinto. Esto llevó a gente a decir que podía existir un tradeoff entre libertad y prosperidad.

Como me comentaba J el otro día por facebook, autores como Marx o Lenin, al menos, tenían una visión relativamente pragmática de la política; entendían que los cambios radicales deberían llegar por la violencia y se hacían relativamente pocas ilusiones respecto a la armonía natural de no está muy claro qué. Naturalmente, todo aquéllo era esencialmente una locura asentada un núcleo de absurdidades que terminó como un proyecto fallido penetrado por su propias contradicciones. La realidad está en los libros de historia.

El problema de esta gente (los del enlace) es que creen en los peces de colores. Creen que uno puede mantener esquemas mentales y proyectos de sociedad que dejaron de tener vigencia histórica hace al menos medio siglo y sin embargo mantener esa especie de imagen de amigos de las flores y de todo va a salir bien porque sabemos exactamente quienes son los malos y solo hay que hacer que vuelvan a ser buenos; es un mélange vomitivo de estética postmaterialista, de ritualización del sufrimiento, y de ilusiones infantiles. Ahora, es cierto que Cuba y Venezuela están en guerra así que es distinto.

La elite social en el comunismo

Jueves, Junio 17th, 2010

Alberto Garzon ponia el otro dia un post de titulo analogo a este donde reseña una serie de trabajos que intentan mostrar que en el capitalismo existe estratificacion social (¡cielos!), que la movilidad puede ser relativamente reducida y que esta depende entre otras cosas del “capital relacional”.

En mi opinion, el analisis de Alberto apunta a hechos ciertos, pero que entran en conflicto con la vision marxista tradicional de la estratificacion. Concretamente, inventar el “nice trick” de Bourdieu de introducir distintos tipos de capital (humano, cultural, relacional, social, etc…) para reconciliarlo con la teoria de la explotacion me parece una acrobacia intelectual que solo estaria justificada previa autocritica o aclaracion del problema de que estos tipos de capital son sustancialmente distintos del capital fisico en el que pensaba Marx, algo sobre lo que en general no se incide demasiado. La ventaja, como es mi caso, de no ser un marxista ortodoxo, es que puedo tomar las cosas que me interesan del analisis sin tener que creerme la parafernalia ideologica que subyace.

Concretamente, un aspecto interesante es apuntar al hecho de que en ninguna economia del mundo el mercado, en el sentido Walrasiano del termino, sirve para asignar todos los recursos. Si esto fuera cierto, los recursos irian a parar a donde fuera mas util. Esto solo seria posible en un mundo Walrasiano. Por el contrario, existen otras instituciones para asignar recursos que la evolucion ha “creado” (metafora) para “suplir” las deficiencias del mercado. El estado es una de ellas; pero tambien lo son cosas como los contactos, la familia, las redes relacionales, etc… que son todas ellas formas directas (no basadas en el sistema de precios y en transacciones de mercado explicitas) de asignar recursos y no siempre segun criterios meritocraticos o de eficiencia.

La pregunta que uno puede hacerse es, si en terminos comparativos, las economias capitalistas tal y como existen hoy son relativamente mas meritocraticas que sus alternativas. Soy hostil a hablar de “economia capitalista”, especialmente despues de la caida de la union sovietiva, porque aparentemente solo tiene sentido como categoria historica y mete en el mismo saco a un monton de cosas heterogeneas (Suecia y EUA). No obstante, hasta 1989 si tenemos un estandar de comparacion.

Bajo el comunismo, oh sorpresa, tambien existia estratificacion social. La evolucion del bloque sovietico puede entenderse solo pensando en terminos de estratificacion (version extensa aqui) El proceso de sovietizacion consistio, esencialmente, en la sustitucion de las elites de los regimenes anteriores por otras afines al sistema impuesto desde Moscu. Nada de esto era obviamente casual o incoherente con la propia ideologia; en consonancia con la teoria leninista, solo los “obreros” con una conciencia de clase especialmente desarrollada (la “vanguardia” del proletariado) podian participar en la direccion del proceso revolucionario. Este es, de hecho, un proceso muy similar a muchos de los regimenes autoritarios y totalitarios basados en el antielitismo que conocemos, donde los recursos del regimen suelen depender de su capacidad para eliminar y sustituir a las elites previas por otras adeptas al regimen en nombre de alguna idea (la conciencia de clase, el amor a España, la decencia, etc,…). Con la diferencia de que en el comunismo la aprehension de la sociedad por el regimen es mucho mas fuerte al incluir la totalidad del sistema economico.

Algo curioso, es ver como evoluciona este tipo de procesos y el tipo de criterios. En los comienzos del regimen, los que suelen acceder a puestos altos suelen ser seleccionados por su “espiritu revolucionario”, es decir, por la posicion que ocuparon en el derrocamiento del regimen previo, en la “meritocracia” politica revolucionaria; en el regimen franquista se trataba de militares y falangistas y en Rusia de miembros de los soviets. El problema es, sin embargo, que la habilidad como fontanero politico suele ir poco correlacionada con la eficiencia o la productividad entendida generalmente en el sentido economico del termino, de forma que los regimenes suelen tener que implantar estrategias de racionalizacion conforme pasa el tiempo para sobrevivir; tipicamente, se observa una desideologizacion progresiva del regimen que va siendo tomado cada vez mas por individuos “secularizados” que cumulan su condicion de adeptos al regimen con un cierto grado de pragmatismo. En España vimos la entrada de los “tecnocratas”; en China, la expulsion de la “banda de los cuatro” y la adopcion del pragmatismo economico; pero en el bloque sovietico se ve una evolucion mucho mas interesante. Progresivamente, el partido fue estando dominado cada vez mas por tecnicos, mucho mas pragmaticos (por oposicion a “ideologicos”) que sus antecesores y relativamente desencantados con la ideologia comunista. Habiendo fallado los intentos de construir un “comunismo con rostro humano” en todas sus variantes, las elites del regimen se dividieron en una elite poblada de tecnicos pragmaticos y una contraelite obrera (e.g. Solidarnosc) que configuraba la oposicion.

El punto interesante a partir de aqui es intentar medir en que medida se trataba de algo arbitrario o no. Esto es algo que estudie en un curso hace un par de años asi que os hablo de memoria, pero lo interesante es ver como, tras la caida del muro, evolucionaron las elites. Hay varios estudios empiricos que muestran que una parte importante de las elites comunistas consiguieron reproducirse tras la transicion; consiguieron “reconvertir” su capital humano, politico o social en otro tipo de capital bajo un regimen distinto. Si lo pensais, no es absurdo. Tras la caida del muro, el bloque sovietico estaba constituido por un conjunto de paises capitalistas sin capitalistas. ¿Quien era capaz de montar una empresa en Polonia tras la caida del muro? Obviamente no los miembros de Solidarnosc, que al fin y al cabo eran sindicalistas e “intelectuales”, sino la gente que habia sido capaz de adquirir habilidades para ello: los antiguos directivos de empresas publicas, politicos con habilidades de gestion, etc…

La historia sigue; segun recuerdo, en que medida habia “circulacion de las elites” (sustitucion de las antiguas por nuevas) o “reproduccion de las elites” dependia de dos factores: del tipo de capital que se intentara reproducir y de las modalidades de transicion de cada pais. Tipicamente, el capital humano era relativamente facil de reproducir: los directivos de empresas publicas fundaron sociedades anonimas; mientras que otros tipos de capital (cultural, social, politica etc…) dependian mas de la modalidad de transicion. En la modalidad de transicion existen tipicamente dos: del tipo “ruptura” o del tipo “ruptura pactada”. El primero es en el que existe un proceso relativamente poco pacifico donde se expulsa a los antiguos dirigentes y elites del gobierno. El segundo es como el que tuvimos en España o el que vivieron en Polonia: en el proceso de transicion funciona para legitimar a las elites del viejo sistema otorgandoles un pasaporte para el nuevo. Tipicamente, la reproduccion de las elites  se observa en paises con ruptura pactada -especialmente a nivel politico: los postcomunistas tardaron menos de una decada en gobernar en Polonia otra vez- y la circulacion en paises con procesos de transicion mas abruptos.

¿Que leccion podemos sacar de todo esto? Una primera observacion es que la estratificacion social no es un hecho propio del capitalismo -no digo que Alberto lo diga, ojo- es un hecho propio de casi cualquier sociedad relativamente compleja conocida. En segundo lugar, aunque es obvio que el “capitalismo” no un paraiso meritocratico, creo que es argumentable que el mercado es una institucion relativamente meritocratica, comparada con sus alternativas; de otra forma, no se explica que el capital humano -que se vende en el mercado y es relativamente dificil de expropiar- sea mas facil de reproducir que el capital politico o cultural; es decir, es menos dependiente de los mecanismos redistributivos.

Y ya que estamos, esto nos permite subrayar que la forma de redistribuir recursos, no es tanto quitarselos a unos y darselos a otros, sino en invertir en los que estan mas desposeidos, es decir, construir guarderias. La principal diferencia entre el enfoque de Alberto y el mio, es que el piensa que las diferencias en el exito social son fundamentalmente un problema distributivo mientras que yo pienso que son esencialmente un conjunto de fallos de mercado.

Democracia y Capitalismo

Jueves, Febrero 11th, 2010

Es realmente interesante que un periódico como el Economist sugiera de una forma tan concreta y abierta que si el liberalismo económico ha tenido muy poco éxito en Brazil es porque los pobres votan:

One reason why liberals have been so muted since Brazil became a democracy again is that voting in elections is compulsory. This means that a large number of poor voters, who pay little tax but benefit from government welfare spending, help to push the parties in the direction of a bigger state. If the same system were to be applied to America, the Democrats might well enjoy a permanent majority.

Si este tipo de cosas se pueden decir de forma tan sincera, creo que nadie puede dudar de que la Guerra Fría ha terminado definitivamente y la Historia probablemente también. RIP

Renovando el discurso de Izquierdas: narrativas de sostenibilidad

Miércoles, Enero 27th, 2010

Si tengo que nombrar dos autores que hayan influido más que en mi cosmovisión del mundo, entendida como “educación sentimental”-J, ahora te mando el copyright- o como conciencia histórica, probablemente nombraría a Marx y a Ortega y Gasset. Algo -tal vez lo único- que tienen en común es la articulación de, por un lado, de la importancia del momento histórico, la idea de que cada periodo de la vida humana está dominado por unos temas y que sus soluciones globales son más o menos inevitables y por otro, el papel del individuo -o en el caso de Marx la clase- como agente de ese cambio y la consiguiente llamada a las armas.

Ortega sugeriría que la condición sine qua non para el éxito de un discurso político -la vieja y la nueva política- es “estar a la altura de los tiempos”; ser capaz de colmar las aspiraciones de una generación, permitir que los cambios necesarios o inevitables se produzcan y que la sea la generación que los vive la que los lidere en lugar de sufrirlos. Pero para que los cambios sean asumibles y no traumáticos, la economía del proceso histórico exige que sean graduales y que lo nuevo se apoye siempre en algo que ya existe y de lo que se tiene conciencia.

Cuando hablamos del discurso de la izquierda, pienso que ese discurso debe, para tener éxito, cumplir dos condiciones. Por un lado, ser realista y ambicioso y colmar las aspiraciones de una generación, responder a los problemas de un momento histórico- o lo que es lo mismo, apoyarse sobre un diagnóstico certero y hacer prescripciones realistas. Por otro lado, debe apoyarse en una tradición que recupere los temas y las sensibilidades históricas con las que un movimiento- como la izquierda- se sienta identificado; los imaginarios construidos sobre tablas rasas tienen eso de problemático que transmiten esa horrible sensación de “low profile”- sí, pienso en la eclosión neocañi. Identidad y ambición; realismo y movilización deben ir de la mano en un discurso.

Si hablamos del diagnóstico, creo que puedo apostar sin demasiado riesgo que los próximos 20 o 30 años estarán, en Occidente, marcados por un problema que podemos poner bajo la rúbrica de “sostenibilidad”. A su vez, esta idea se desdobla en dos temas: la sostenibilidad ecológica entendida como el problema tanto de la economía ambiental y el respeto del medioambiente como del progresivo agotamiento de recursos energéticos y la sostenibilidad demográfica entendida como el problema del reto del envejecimiento de la población-y la sostenibilidad de los Estados de Bienestar- y el declive demográfico de la sociedad occidental. Cuando pienso en cualquier problema futuro, me resulta difícil encontrar alguno que no se pueda agrupar bajo alguna de estas rúbricas; son los problemas fundamentales del futuro y pienso que cualquier partido, de izquierdas o derechas, deberá responder a estos problemas o fracasar para inscribir su nombre en la Historia.

Resulta que la tradición de izquierdas está particularmente bien armada para responder a ambos retos siempre y cuando sepa reformar sus ideas. El ecologismo es un tema que forma parte del imaginario de la izquierda al menos desde los 70. Sin embargo, además de la retórica mecánica sobre el cambio climático y las renovables, sería razonable que el debate se articulara en términos un poco más científicos -pienso en la energía nuclear y en la necesidad de una política energética coherente. Favorecer un cambio de modelo energético sobre la base de un debate técnicamente informado debería ser una baza electoral, a cambio de saber hacer un poco pedagogía política.

Respecto a la sostenibilidad demográfica, es probable que éste sea un tema históricamente de derechas -Malthus, etc,… Sin embargo, sus soluciones pasan por tres tipos de políticas. En primer lugar, una economía suficientemente robusta para que la productividad aumente, capaz de innovar y de adaptarse, con mercados flexibles que se adapten a los cambios inherentes a esta innovación y sirvan efectivamente al consumidor y no al empresario, con un sistema educativo funcional orientado a mejorar el capital humano de los individuos, a mejorar su posición en el mercado laboral así como una red de protección con seguros obligatorios que haga esos cambios menos traumáticos.

En segundo lugar, Occidente y Europa en particular necesita encontrar una política de inmigración coherente y planificada a largo plazo, no basada en la última sensacionalidad política. Frente a las políticas irresponsables, sólo veladamente racistas y oportunistas de la derecha, la izquierda necesita y puede articular un discurso basado en la correcta gestión de los flujos migratorios que ponga en la balanza las ventajas e inconvenientes de cada política- lo que probablemente incluye valorar a los inmigrantes en función de las necesidad del mercado laboral.

En tercer lugar, necesitamos un sistema de protección social más moderno, que haga frente a los nuevos riesgos sociales. Las políticas familiares en Europa continental brillan por su ausencia. Sin embargo, cuanto más sabemos sobre la situación en la infancia y el éxito posterior más claro está que el status socioeconómico de tus padres es la madre de todas las externalidades y que este tipo de políticas son la clave para reducir la desigualdades y mejorar la cohesión social. El efecto sobre la sostenibilidad es tanto mayor en la medida en que no sólo aumentan el número de hijos por mujer sino que también fomentan la incorporación de la mujer al trabajo. La temática feminista, la de la sostenibilidad y la igualdad de oportunidades, reunidas en una misma política.

Que este tipo de programa tenga éxito depende en buena medida de la capacidad de los líderes para hacer pedagogía y modificar el discurso. Mi exasperación con la izquierda española actual proviene precisamente de esa falta de visión y de liderazgo para ser consciente del momento histórico en el que vivimos, de los retos a los que se enfrenta y la miopía inherente a ir a salto de mata electoral. El discurso actual de la izquierda en España basado en el género, la memoria histórica y la “sostenibilidad light” tiene el problema de ser un discurso vacío en la medida en que no aporta soluciones a problemas reales. Las soluciones a esos problemas en las que parece creer la izquierda tienen el problema de ser viejas- no solo antiguas. Ambos son la causa de que la izquierda lleve treinta años a la defensiva cuando se habla de cosas importantes.

Aron sobre Marx II

Jueves, Noviembre 19th, 2009

Tomemos ahora la noción de ideología. Encontramos en un buen número d textos sobre la ideología en las obras de juventud de Marx, pero sería muy difícil construir una teoría global de la ideología usando sus textos de madurez. Porque en los textos de juventud hay una concepción de ideología según la cuál ésta es próxima a la ilusión o a la mistificación. Es la teoría de la ideas falsas, de las ideas del adversario: la representación del mundo en la que está atrapado aquél que no ve la realidad tal como la ve Marx.

Existe una concepción, por decirlo así, englobante de la ideología, según la cuál todas las construcciones intelectuales -filosofía, arte, literatura- son ideologías. Pero esta segunda concepción de la ideología asume implícitamente que haya una forma de pensar, basada en la praxis, de tipo no ideológico y Marx nunca ha elaborado lo que sería un arte, una literatura o una filosofia que fueran no ideológicas si suponemos que cualquier elaboración intelectual separada de la praxis económica o industrial es una ideología. En otras palabras, no encontraremos una teoría elaborada del materialismo o de la ideología bajo la pluma de Marx. [...]

En otras palabras, sobre todos los puntos esenciales del pensamiento marxista no existe una elaboración sistemática, lo que crea, para el historiador, una dificultad y un encanto. Dificultad porque si el historiados quiere decir “esto es lo que pensaba Marx”, nunca está totalmente seguro de tener razón. Encanto porque no hay ninguna razón por la que la discusión sobre lo que realmente pensó Marx se acabe en ningún momento dado que para ello su pensamiento debería haber sido verificable en términos no equívocos.

Sin embargo, ese encanto y esa dificultad constituyen, en lo que concierne a la eficacia de la doctrina, una ventaja incomparable. Ya que la doctrina que he intentado seguir desde el principio tiene una virtud, no única, pero raramente obtenida hasta ese punto, y es que puede ser explicada de forma fiel en cinco minutos, cinco horas, cinco años o medio siglo. Se presta a la simplificación del resumen de media hora, lo que permite eventualmente al que no conoce nada sobre la historia del Marxismo escuchar con ironía al que ha consagrado su vida a estudiarlo porque sabe por adelantado todo lo que hay que saber.Esto permite también a los que tienen el gusto del investigador consagrar su vida a intentar saber lo que Marx quiso decir y de desembocar en una confesión de medio ignorancia.

Creo que no existe ninguna doctrina que sea tan grandiosa en lo equívoco, tan equívoca en la grandeza. Es por ello que le he consagrado un buen número de horas sin haber querido ir hasta el final.

Le marxisme de Marx, Raymond Aron, pg 521-2

Terminé ayer el libro. Es realmente fantástico. Me gusta de este párrafo lo que dice sobre la eficacia. Durante una parte importante del siglo XX, los textos de Marx era una verdad de Estado en una parte importante del planeta. Hoy todavía, el espectro estético Marxista empapa el discurso de la izquierda. En ambos casos, apoyarse en Marx, o mejor dicho, formular las conclusiones en lenguaje marxista, es o era un activo decisivo, igual que la Biblia.

Pero a diferencia de la Biblia, la obra de Marx está escrita por un sólo hombre. En la primera parte, Aron dice que Marx es en cierta forma el hombre de un solo libro, como Proust; sus ideas cambiaron y sus obras de acumulan y se apilan, como si cada vez estuviera reescribiendo el mismo libro; en las obras de juventud el concepto de alienación domina, la influencia de Hegel es fuerte. En las obras de madurez, Marx es el último economista clásico y se permite ironizar sobre el concepto de alienación. Por último, una buena parte de sus obras son polémicas o propagandísticas, no teóricas. La complejidad de la obra de Marx hace que siempre sea posible reconstruir su pensamiento adaptado a los objetivos que uno quiere justificar porque la doctrina es equívoca y se presta a esas reconstrucciones. Eso la hace eficaz, moldeable, lista para el uso en la movilización política. Es ese espíritu de revuelta contra no está muy claro qué, lo que la hace eficaz. Nada de todo esto habría pasado si Marx fuera matemático en lugar de filósofo hegeliano

La izquierda frente al muro

Martes, Noviembre 10th, 2009

Recuerdo cuando hace algo más de dos años pasado fui a visitar Gdansk que para los no iniciados es dónde empezó la revuelta del sindicato Solidaridad en Polonia que fue la punta de lanza de la insurrección dentro del bloque soviético. En los astilleros dónde empezó la revuelta, tenían una especie de museo hagiográfico que relataba la historia del movimiento Solidarsnoc con toda clase de artículos, fotos y demás de la época. A aquél viaje fui -entre otros- con una compañera de máster, francesa ella, de la paleoizquierda que hay en Francia- que me miraba como poco menos que un malvado capitalista comeniños por tener buena opinión del New Labour-  que, entre sus compras turísticas, había adquirido en un puesto de artículos comunistas en Varsovia una bonita insignia de la hoz y el martillo, probablemente auténtica y que lucía sólo por darles en las narices a los polacos, ellos tan conservadores.

El museo era interesante, no tanto como buen trabajo histórico, sino por ver material de primera mano de como ocurrieron las cosas. Sobre todo, permitía ver las contradicciones, en el sentido más marxista del término, en que había incurrido el régimen: era una régimen que se decía obrero pero que sufría una insurrección obrera. Por ejemplo, recuerdo la portada de Libération, el periódico francés fundado por Sartre (!) y cuyas editoriales hoy todavía alaban o son tibias con Chávez y  Castro alabando con letras enormes la insurrección de los obreros Polacos contra el régimen comunista. Pero mi recuerdo favorito de la visita fue cuando, junto con mi compañera francesa vi la lista de reivindicaciones de Solidaridad entre las que se encontraba “la reducción de la jornada laboral a 29 horas” (hablo de memoria, pero recuerdo que era una cifra que me pareció muy pequeña) algo que, habiendo leído algo sobre la productividad de la economía soviética, no pudo menos que hacer que se me escapara una sonrisa. Mi compañera me reprochó que me pareciera poco articulando todo un  discurso sobre la calidad de vida, bla bla bla,… tras lo cuál yo le señalé la insignia comunista que lucía en su solapa “¿y ésto?” “Esto es distinto”. “¿Ah sí? entonces los que proclamaron el Estado de excepción en los ochenta no tienen nada que ver con esto, no estaban en guerra?” “sí, esto es un ideal, por eso lo llevo”

He visto, creo que todos lo hemos visto, esta escena bajo diversas formas, pero la escena es siempre la misma. Primero, uno tiene la afirmación de una idea radical, después, una demonstración de que la idea radical lleva a consecuencias horrendas y por último alguna forma de arreglar el problema de la idea extrema formulándola bajo una forma etérea, distante, fundamentalmente ideal e irrealista blindada contra cualquier test de la realidad. En este último paso, hay muchas versiones; “es un ideal” “malinterpretaron la idea” “no les dejaron el tiempo suficiente”; en todos los casos, la acrobacia intelectual es irónicamente admirable.

El problema es especialmente agudo para la izquierda. Es dramático comprobar que, incluso 20 años después, hay quién todavía no ha digerido la caída del muro; gente que manifiesta equidistancia respecto entre el comunismo y la democracia liberal; gente que piensa en la caída de la URSS con la melancolía con la que se pensó en su día en la caída del imperio romano o la conquista de Constantinopla por los turcos. El problema es profundo y diagnostica las contradicciones profundas que existen en el paradigma estético de la izquierda; creer que se puede seguir hablando en clave anticapitalista- sea lo que sea eso que suelen llamar “capitalismo”-, como si realmente hubiera una alternativa, y al mismo tiempo ser demócrata; hablar como si la tercera vía- esto es, las políticas que los socialdemócratas llevamos practicando desde la posguerra- fueran una amarga concesión, algo con lo que tenemos que cargar. O dejar de lado cualquier aplicación práctica y declararse abiertamente anticapitalista pasando a una ritualización de la lucha, a la exaltación de lo sentimental, a la reutilización recursiva de las “luchas antifascistas” cayendo en alguna forma de nihilismo político. De forma simétrica, la derecha, conservadora, católica o liberal, ha capitalizado la caída del muro como una victoria de no se sabe muy bien qué -el capitalismo, el catolicismo, el anticomunismo, el fracaso de la ingeniería social- habiendo dejado a la izquierda, con la colaboración de esta última, a la defensiva durante los últimos veinte años.

Esto es tanto más triste porque da testimonio de como la izquierda, en su conjunto, ha olvidado su propia historia. La memoria soviética ha monopolizado la identidad izquierdista; el proyecto comunista es visto hoy como la forma más acabada de la idea izquierdista. Y sin embargo, esto no fue así históricamente. En Europa existió, desde cuando tiene sentido hablar de izquierdas y derechas, una izquierda no socialista, un socialismo no marxista y un marxismo no leninista. Las grandes conquistas sociales en Europa no fueron el fruto de proyectos maximalistas y pseudorrevolucionarios; el Estado del Bienestar, los derechos sociales y civiles no han sido obra ni hechos bajo la influencia del comunismo. El discurso de Léon Blum sobre la “vieille maison” en el Congreso de Tours y su rechazo de unirse a la organización antidemocrática y totalitaria de la Tercera Internacional quedaron borrados por la guerra fría.

Y las cosas siguen igual; algunos todavía hablan en serio cuando dicen -o callan- que añoran los desfiles de las tropas rusas en la plaza roja de Moscú; otros añoran esa época en la que existía una alternativa incierta pero distante, lo suficiente como para que la disonancia cognitiva permitiera limar los detalles molestos de las no tan populares democracias del Este y miran hoy a Cuba con una mezcla de complacencia y equidistancia intentando justificar lo injustificable. Y mientras tanto, estaremos perdiendo la oportunidad de arrebatarle a la derecha el monopolio de lo posible.

Autocita no humilde

Lunes, Noviembre 9th, 2009

Si vamos a los textos de 1845-1846, encontramos varias interpretaciones historico-sociológicas de la historia de las ideas, en particular un pasaje en la Ideología alemana, dónde Engels propone una explicación de Kant un poco en los términos siguientes: Kant es el perfecto representante de la burguesía alemana y la teoría de la buena voluntad es la expresión, a nivel ideológico, de la incapacidad de esta burguesía para realizar sus ideas o su concepción.

Simplifico un poco, pero, en fin, es el tipo de de interpretaciones a las que se han prestado de vez en cuando Marx y Engels y muchos otros marxistas. Son tan fáciles como insatisfactorias, aunque la relación entre Kant y la situación social alemana sea evidente. Pero en la medida en que Kant es un gran filósofo, es una proposición incontestable explicar a Kant por la burguesía alemana; pero es igual de instructiva que la proposición que explicara a Picasso por la Revolución Rusa.

Raymond Aron, “El marxismo de Marx”

Sé que la comparación es todo menos humilde pero no ha dejado de recordarme que supongo que esto me pone del lado de la burguesía liberal:

No deja de resultarme triste que un grupo de gente que pretende ser una alternativa de izquierdas a la economía ortdoxa den la impresión de que les interesa más ganar que llevar razón; de otra forma no se explica que una buena parte del artículo no sean argumentos sustanciales sino conjeturas sobre las intenciones ocultas de los firmantes, insinuaciones sobre su deshonestidad y ataques ad hominem solapados. Que gente como Andreu Mas Colell o Samuel Bentolila puedan ser despachados con el calificativo de “liberal” es similar que el único comentario que inspire leer a Proust sea el de “pequeño burgués”; pero esto último es sensibilidad de economista.

Aron sobre Marx

Sábado, Octubre 31st, 2009

Añadamos que si, Raymond Aron reconocía de buena gana el genio de Marx, matizaba que este “semidios” había, como Nietzsche y Freud, “dicho y autorizado a decir casi cualquier cosa”. En este largo diálogo, Aron no había renunciado a ironizar ni a refutar. Pero no escondía, tampoco, su admiración por Marx al cuál, como Pareto y Schumpeter, reconocía un rasgo de carácter digno de elogio, el de detestar por encima de todo el caracter servil. En este punto de vista, que Marx haya podido servir de maestro a tantos espíritus serviles o tiránicos sigue siendo un misterio. (…)

Si Raymond Aron consagró su vida al estudio de Marx y el marxismo, era sobre todo porque el marxismo servía de fundamento a una religión secular, el comunismo y de ideología al imperio soviético. La fascinación que ha ejercido la obra de Marx tenía que ver, particularmente entre los intelectuales, a la atracción o al terror que ejercía el régimen fundado por su discípulo, Lenin (…)

Como pudo escribir Aron en sus memorias, “el Marx útil, si se me permite, el que a cambiado tal vez la historia del mundo, es aquél que divulgado ideas falsas; la tasa de plusvalía que sugiere lleva a pensar que la nacionalización de los medios de producción permite recuperar a los trabajadores cantidades enormes de valor; el socialismo o, al menos, el comunismo, elimina la cateogía de lo “económico” y la “ciencia lúgubre” en sí misma. En tanto que economista, Marx es tal vez el más rico, el más apasionante de su tiempo. En tanto que economista-profeta, en tanto que ancestro putativo del Marxismo-leninismo, es un sofista maldito que soporta su parte de responsabilidad en los horrores del siglo XX.

Prólogo de Jean Claude Casanova al libro “El marxismo de Marx” de Raymond Aron

Igualdad material y democracia financiera: ¿Qué debe pensar la izquierda de la innovación financiera?

Miércoles, Octubre 14th, 2009

En el post anterior defendía, desde un punto de vista técnico, que la idea liberal según la cuál los mercados de créditos aseguran cierta igualdad y hacen eficiente la economía era básicamente una ilusión. Sin embargo, el reverso de este argumento es que cuanto mejor funcionen los mercados de crédito, más justa e igualitaria será la economía.

Éste no es tal vez el mejor momento para defender el sector financiero, sin embargo, hay varias lecciones que se pueden sacar de la exposición anterior. En primer lugar, la fobia de la izquierda reaccionaria a todo lo que suene a finanzas, banca y demás responde probablemente a una actitud supersticiosa y equivocada. Marx tenía razón cuando denunciaba que el sistema capitalista de su tiempo tendía a exlcuir a una parte muy importante de la población del proceso productivo capitalista; sin embargo, se equivocaba en la idea de que después del sistema capitalista vendría algo mejor.

El acceso al crédito, por el contrario, es uno de los motores de la movilidad social; permite asegurarse contra riesgos- eso es el Estado del bienestar-, participar en el proceso de creación capitalista, y aumenta el poder de negociación de los trabajadores que busquen empleo. Una parte importante de la pobreza y la exclusión proviene de la imposibilidad tecnológica de gestionar determinados créditos o préstamos. Hernando de Soto, por ejemplo, apuntó que la razón por la que los pobres en los países en desarrollo estaban excluidos era porque no detentaban derechos legales sobre sus posesiones -eran “okupas”- y eso no les permitía usarlo para endeudarse ni acceder al capital.

En el mismo sentido, la innovación financiera es algo que debe ser bienvenido. Un ejemplo de innovación financiera es el caso del microcrédito que intenta mejorar el acceso al crédito de los más pobres. Las ideas de Robert Shiller van exactamente en la misma línea: democratizar el acceso a la financiación.

¿Qué hay de la crísis actual? ¿No fue el acceso al crédito de los llamados “Ninjas” lo que motivó en parte la crísis?¿si hay más gente dependiente del sistema financiero, eso no significará que habrá La respuesta es sí y no y apunta a uno de los problemas a tener en cuenta. Como explicaba Kantor Comparados con los gigantes asiáticos, las economías occidentales han perdido cuota en los mercados internacionales y se han descapitalizado (muy fuertemente en el sector industrial). Sin embargo, la capacidad adquisitiva de los individuos ha aumentado, ya que las condiciones crediticias y la innovación financiera han permitido a los consumidores compensar su falta de productividad con un acceso al crédito masivo y barato. El acceso al crédito ha hecho que muchos ahorradores se sobreendeudaran y ha provocado inmobiliaria. Sin embargo, no hay que olvidar que también ha permitido que se financiaran muchos proyectos y que mucha gente mantuviera su capacidad adquisitiva. Sobre todo, el problema no el de una mejora del acceso al crédito- igual que no tiene sentido culpar a la invención del automóvil del aumento de accidentes de tráfico- sino de la forma en que está regulada la industria financiera.

Para ilustrarlo, me quedo con cómo Justin Fox termina su libro “The myth of the rational market” explicando esta conversación que tuvo con Robert Shiller:

“[la innovaciones financieras] son invenciones que deben ser manejadas por seres humanos y las invenciones pueden hacer que la gente termine mal. Cuando los aviones fueron inventados, había muchos accidentes. Creo que realmente lo mismo.” Eso me recordó un titular que había visto en la revista “The Onion” el año anterior: “American Medical ASsociation: Cirugía plática; a sólo unos pocos años de mejorar el aspecto de alguien”. Shiller se rió cuando se lo conté y añadió que pensaba que la medicina había cruzado el umbral de hacer más bien que daño en 1865.

¿Qué hay de las finanzas? “Creo que las finanzas están por delante de la medicina en 1865, porque realmente crean un valor positiva enorme para la economía- dijo Shiller- Los países con sistemas financieros mejor desarrollados, realmente funcionan mejor.” Luego, que el mercado no sea perfecto no significa que no sea útil. “Sí- respondió- creo que estamos a menos de la mitad del desarrollo de los mercados financieros”.

Igualdad material y democracia financiera I: Marx contra el mito del espíritu empresarial

Martes, Octubre 13th, 2009

En su fantástica “Introducción a Karl Marx”, Elster explica que la principal razón por la que Marx era hostíl al capitalismo no era que lo viera como una retroceso. Al contrario, el modo de producción capitalista era un sistema que permitía que una parte muy importante de la población se autorrealizara y participara en la prosperidad colectiva, al menos en comparación con el pasado. El principal handicap era, sin embargo, que mantenía a una parte  importante- lo que no tenian acceso a los medios de producción- excluida de esa autorrealización; “alienada”. Eso era algo indeseable en sí mismo, pero además era algo que reducía la creatividad de la sociedad en su conjunto al limitar esa acción creativa a una minoría.

A este punto de vista se opone la forma en que los economistas liberales (liberal en este sentido concreto) interpretan el funcionamiento de la economía y la teoría económica. Así, los economistas burgueses pro-business creen que las ideas de Marx sobre la teoría del valor son suficientes para “descartar a Marx del panteón de los grandes economistas” . Hay dos proposiciones que, creo, se le pueden adjudicar a esta perspectiva sin riesgo de caricaturizar. 1) Su interpretación del segundo teorema del bienestar implica que, desde el punto de vista de la eficiencia económica, la distribución de la renta importa poco o nada porque los recursos siempre van a parar a quién puede sacar un mayor provecho de ellos, aunque los rendimientos se distribuyan de forma desigual. 2) Las desigualdades sociales son el resultado de las habilidades de cada cuál, o de la voluntad de tomar riesgos o del espíritu emprendedor, y en una medida muy pequeña de la situación de partida. En la práctica, sin embargo esto no es así y existen razones profundas en la teoría económica para ello.

Discriminación en el mercado de crédito

La razón más importante para ello es que una hipótesis hundida del modelo es la existencia de mercados de crédito perfectos. Cuando esto es así, existe una poderosa fuerza igualadora: los recursos de una economía van a parar a quién pueda sacar un mayor provecho de ellos. Cualquier con ideas, la voluntad de tomar riesgos y con espíritu empresarial necesario puede tomar prestado, con independencia de su origen social o su riqueza inicial, y salir adelante. Además, la economía en su conjunto hace el mejor uso posible de esa actitud, riesgo, espíritu, etc,…  A ésto, lso economistas lo llamamos “la ley del precio único”

En la realidad, sin embargo, el acceso a los mercados de crédito no es igualitario, a diferencia de, digamos los mercados de productos dónde, aún teniendo distintas rentas, todo el mundo se enfrenta a los mismos precios. NO hace falta ser un genio para entender que el Banco Santander o Bill Gates pueden obtener préstamos con más facilidad y más baratos que un fontanero que trabaje como autónomo y que ello no se debe sólo a que lo que quieren financiar los dos primeros sea más rentable.

La razón para ello es que existen problemas de lo que los economistas llamamos “contratos incompletos”. Un contrato es incompleto cuando no existe posibilidad de incluir en él algún aspecto o asegurar su ejecución y esto ocurre, especialmente, cuando el prestamista no tiene acceso a toda la información relevante sobre el proyecto que se intenta financiar y existe un riesgo de insolvencia. Si yo tengo una fantástica idea, tremendamente rentable, para fabricar miniaturas de warhammer pero el tipo del banco no tiene ni idea qué es exactamente warhammer, le será muy difícil evaluar el riesgo de mi proyecto. Típicamente, me pondrán un tipo de interés relativamente alto y en esa situación, es posible que yo piense que es mejor tomar acciones muy arriesgadas y si me sale mal, declararme insolvente “cara gano yo, cruz pierde el banco”. Llamamos a estos dos problemas “selección adversa” y “riesgo moral” y ambos surgen cada vez que algo debe financiarse con dinero ajeno: son un “problema de agencia“. No surgen, en cambio, cuando yo me financio con mi dinero: en ese caso, yo asumo los riesgos que tomo (no hay riesgo moral) y yo sé lo que estoy financiando (no hay selección adversa).

En la práctica financiera, existen dos mecanismos para aliviar estos los problemas de agencia. Primero, el banco normalmente me exigirá que yo ponga parte del dinero (cofinanciación). Si yo estoy arriesgando mi fortuna también, entonces no querré llevar a cabo proyectos demasiado arriesgados. En segundo lugar, el banco se asegurará que puede ejecutar su deuda sobre mi patrimonio y eso requerirá que yo tenga algo de patrimonio- por ejemplo, una casa. En jerga financiera se dice que deberé dar “colaterales”.

Igualdad, eficiencia y espíritu empresarial

Una vez que uno ha tomado en cuenta el efecto de los contratos incompletos, las dos conclusiones liberales simplemente se hunden y el mundo empieza a parecer francamente más marxista. El punto común es que la capacidad para endeudarse -y por tanto el acceso al capital- depende mucho más de lo que tenga cada uno inicialmente- de la renta. En resumen: en ausencia de un mínimo de igualdad en la repartición de la riqueza, la ley del precio único no juega en el mercado de crédito.

La primera consecuencia es que el éxito en una economía y el acceso al capital, no depende sólo de las habilidades, del talento, de la voluntad para tomar riesgos o del espíritu empresarial como en el sueño húmedo americano. Al contrario, depende de la renta de cada uno. Típicamente, la gente con más dinero podrá financiar proyectos de menor calidad, de forma más barata y más grandes que la gente con menos dinero- pensad en un PYME y en Endesa. Por otro lado habrá una cantidad considerable de gente que por carecer del dinero suficiente esté excluida de los mercados de crédito y por tanto del sistema capitalista en su conjunto. En palabras de Adam Smith “El dinero, dice el proverbo, hace al dinero. Cuando uno tiene un poco, es a menudo fácil conseguir más. Lo difícil es conseguir ese poco”. Dejo al lector sacar las conclusiones que desee de este hecho, pero se parece tremendamente a un sistema de reproducción del capital que, sin las condiciones de partida adecuadas, excluye masivamente a los que menos tienen.

Un segundo hecho es la relación entre eficiencia e igualdad. La predicción del modelo de restricción de crédito es que una sociedad más igualitaria, típicamente, será más eficiente. Esto es así porque habrá más individuos capaces de acceder al crédito al tener más activos que sirvan de colateral y poder cofinanciar más proyectos. En definitiva, permite que un mayor número de individuos participen en el sistema capitalista.