Este vídeo de Gabilondo será uno de los documentos que marcará la historia de la comunicación política en España. Para el telespectador superficial, parece de forma bastante aparente un gigantesco pedazo de mierda de primera clase.
Sin embargo, para el ojo experimentado es posible ir más allá de la apariencia y darse cuenta de lo que realmente es: una pieza de genial, finísima, ironía postmoderna, de intento exitoso de iluminar en su mayor esplendor las contradicciones de la sociedad en la vivimos y de la paleoizquierda en particular así como el gigantesco margen de maniobra que tienen los periodistas que consiguen una apariencia de intelectuales sobre un conjunto de telespectadores capaces de digerir cualquier deposición con tal de estar envuelta en la retórica apropiada. Se trata, en efecto, de un hoax.
La clave está en la forma de gesticular de Gabilondo. Se le ve nervioso con lo que hace, sabiendo que es vagamente posible que alguien destape la inocentada a gran escala en que consiste su comentario.
Naturalmente, la más mínima posibilidad de que se trate de algo serio está descartada, dado que Gabilondo es perfectamente consciente de la principal lección de la caída del Muro de Berlín: en una sociedad que debe basarse en la división del trabajo y dónde los recursos están en manos de los individuos, existen límites en las cosas que puede hacer el sector público y en las asignaciones que puede alcanzar. Concretamente límites en los incentivos de los individuos que pueden decidir no poner sus recursos a disposición del proceso productivo reduciendo así el potencial de la economía. Gabilondo fue a clase de economía en la facultad y sabe con total seguridad que todas las democracias del mundo conocido han operado con esta restricción, y por tanto es radicalmente imposible que crea en una versión particularmente extrema de la teoría de la dependencia estructural del Estado respecto del capital.
Un indicio de que se trata de hoax está en el tipo de retórica usada. Sabemos que Gabilondo es un periodista serio, un intelectual comprometido con la democracia y con la ética periodística cuya trayectoria se estudiará un día de estos en las facultades de periodismo si no se hace ya. A diferencia de los medios de derechas que usan el fantasma del “socialismo” como hombre de paja al que atribuir todos los males, señalando la senda ineluctable de la servidumbre en cada “intervención” del sector público, sugiriendo obscenos paralelismos entre Corea del Norte y las democracias liberales, Gabilondo es totalmente incapaz de hablar seriamente de que estamos ante una dictadura travestida de democracia por haber descubierto de súbito el funcionamiento de una economía de mercado y los mercados de deuda en particular (IIIIII).
Sobre todo, debemos recordar que Gabilondo es una de las figuras del Grupo PRISA, el grupo empresarial –dejadme repetirlo, grupo empresarial- comprometido con una determinada forma de política de izquierdas, basada al menos desde tiempos en que Boyer llegó a ministro de economía y dónde se aceptó el rigor presupuestario y la reconversión industrial para entrar en Europa, en una determinada política económica, responsable, aceptando la economía de mercado con todos sus problemas, como precondición para la prosperidad y la sostenibilidad del Estado de Bienestar. Era la izquierda de la “ética de las responsabilidades”, basada en el reformismo social y en mejorar las cosas marginalmente desarrollando una cultura de gobierno, aceptando las “constraints” de la economía de mercado y evitando lloriquear por las grandes injusticias o exaltar los grandes problemas de este mundo que no es otro ideal sino el que tenemos, formulando un programa político responsable que es en última instancia la senda de todas las conquistas sociales conocidas por la sociedad occidental. El País, es bien sabido, es el intelectual colectivo artífice de una opinión pública progresista, informada, responsable y a la que se trata como adulta, blindada contra las proclamas demagógicas de la reacción de izquierdas y de derechas.
Gabilondo, con total seguridad, ha observado el deterioro del periodismo en España desde el principio del ciclo que se inició con la aparición de LD y La Razón, siguió con El Plural, y culminó con la creación de Público, y ha querido poner de relieve esta degradación poniendo a prueba a los oyentes de Cuatro para ver cuanta mierda eran capaces de tragar recuperando temas que bien podrían haber sido sacados de Nodo50 o Indymedia (¿esto sigue existiendo?), abogando solo de forma solapada por el abandono de la ruta socialdemócrata y la adopción de un programa basado en la “socialización de los medios de producción” o “no sometimiento a los mercados” como lo llaman ahora, haciendo así un guiño a las llamadas a las “dinámicas de convergencia”. Como es lógico, mañana saldrá dejando claro que se trata de un Hoax destapando así el borreguismo y la estupidez de todos los que se lo tomaron en serio.
Este post es un plagio-homenaje-intertextual a Chris Dillow.
Actualización: Al parecer no se trataba de un hoax, sino de la auténtica línea editorial de Prisa. Me ha llegado la información de que a partir de ahora incluirán una sección con fotos para acompañar los comentarios:
Estoy de vacaciones, pero aun asi me apetecia escribir esto. Cuando (teclado anglosajon, por cierto) uno mira la reaccion que ha habido en Catalunya al tema del Estatut, y en particular la manifestacion de hoy, uno puede sacar varias conclusiones sobre el nacionalismo y lo que tenemos en Espanya y en Catalunya.
En primer lugar el PSC lleva bastante tiempo sugiriendo esa especie de diferencia entre el “nacionalismo” y el “federalismo de la Espnaya plural” que ellos abogan. Bueno, ahora sabemos que si en algun momento esa actitud fue sincera, ahora ha dejado de ser cierta. La sentencia del constitucional preservaba el grueso del contenido federalista, entendido como voluntad descentralizadora, del Estatut; no obstante es obvio que esto no les satisface.
La segunda es sobre el movimiento catalanista de forma mas general. Cuando uno analiza la reaccion, es obvio que lo que importaba no es el contenido, sino la forma del problema. La sentencia hiere los sentimientos de esa entidad abstracta y de metafisica incierta que es la “nacion catalana”. El Estatut no era una profundizacion en una forma mas eficiente de gobernar un pais y servir a los ciudadanos, era al menos al mismo nivel, una suerte de cura, de terapia psicologica para reafirmar el sentimiento de identidad y de pertenencia. Algo asi como el honor en el sentido mas irracional y reaccionario del termino que debia quedar inmaculado para no herir en lo fundamental la honra de la damisela ofendida, en este caso nacion catalana. A uno le da por pensar que el problema no deberia pasar por la negociacion politica o los mecanismos de decision colectiva, sino por alguna terapia disenyada para el trato de mujeres forzadas o maltratadas que deban recuperar su autoestima tras la agresion psicologica.
Por ultimo, tambien sabemos que la idea de mantenerse dentro de la legalidad constitucional y reformar las cosas segun las reglas del juego -es decir, aceptar la conformidad de los Estatutos a la Constitucion- es algo del pasado. Hay un ruptura en la comprension de la legalidad constitucional desde la vuelta de la democracia a este pais y su comprension juridica como una construccion positivista donde las reglas adquieren validez juridica en virtud de otras leyes y de la Constitucion en ultima instancia y su sustitucion por una forma de abogar clara y directamente en favor de un mundo iusnaturalista, donde las naciones tienen una existencia metafisica previa, superior y en virtud de no esta muy claro que, a las normas juridicas. Son entes hegelianos eternos, espiritus historicos permanentes que crean derechos y deberes de la nada.
Si, este post es un panfleto escrito en tono provocador e irrespetuoso. No, no pienso debatir sobre ello.
Alberto Garzon ponia el otro dia un post de titulo analogo a este donde reseña una serie de trabajos que intentan mostrar que en el capitalismo existe estratificacion social (¡cielos!), que la movilidad puede ser relativamente reducida y que esta depende entre otras cosas del “capital relacional”.
En mi opinion, el analisis de Alberto apunta a hechos ciertos, pero que entran en conflicto con la vision marxista tradicional de la estratificacion. Concretamente, inventar el “nice trick” de Bourdieu de introducir distintos tipos de capital (humano, cultural, relacional, social, etc…) para reconciliarlo con la teoria de la explotacion me parece una acrobacia intelectual que solo estaria justificada previa autocritica o aclaracion del problema de que estos tipos de capital son sustancialmente distintos del capital fisico en el que pensaba Marx, algo sobre lo que en general no se incide demasiado. La ventaja, como es mi caso, de no ser un marxista ortodoxo, es que puedo tomar las cosas que me interesan del analisis sin tener que creerme la parafernalia ideologica que subyace.
Concretamente, un aspecto interesante es apuntar al hecho de que en ninguna economia del mundo el mercado, en el sentido Walrasiano del termino, sirve para asignar todos los recursos. Si esto fuera cierto, los recursos irian a parar a donde fuera mas util. Esto solo seria posible en un mundo Walrasiano. Por el contrario, existen otras instituciones para asignar recursos que la evolucion ha “creado” (metafora) para “suplir” las deficiencias del mercado. El estado es una de ellas; pero tambien lo son cosas como los contactos, la familia, las redes relacionales, etc… que son todas ellas formas directas (no basadas en el sistema de precios y en transacciones de mercado explicitas) de asignar recursos y no siempre segun criterios meritocraticos o de eficiencia.
La pregunta que uno puede hacerse es, si en terminos comparativos, las economias capitalistas tal y como existen hoy son relativamente mas meritocraticas que sus alternativas. Soy hostil a hablar de “economia capitalista”, especialmente despues de la caida de la union sovietiva, porque aparentemente solo tiene sentido como categoria historica y mete en el mismo saco a un monton de cosas heterogeneas (Suecia y EUA). No obstante, hasta 1989 si tenemos un estandar de comparacion.
Bajo el comunismo, oh sorpresa, tambien existia estratificacion social. La evolucion del bloque sovietico puede entenderse solo pensando en terminos de estratificacion (version extensa aqui) El proceso de sovietizacion consistio, esencialmente, en la sustitucion de las elites de los regimenes anteriores por otras afines al sistema impuesto desde Moscu. Nada de esto era obviamente casual o incoherente con la propia ideologia; en consonancia con la teoria leninista, solo los “obreros” con una conciencia de clase especialmente desarrollada (la “vanguardia” del proletariado) podian participar en la direccion del proceso revolucionario. Este es, de hecho, un proceso muy similar a muchos de los regimenes autoritarios y totalitarios basados en el antielitismo que conocemos, donde los recursos del regimen suelen depender de su capacidad para eliminar y sustituir a las elites previas por otras adeptas al regimen en nombre de alguna idea (la conciencia de clase, el amor a España, la decencia, etc,…). Con la diferencia de que en el comunismo la aprehension de la sociedad por el regimen es mucho mas fuerte al incluir la totalidad del sistema economico.
Algo curioso, es ver como evoluciona este tipo de procesos y el tipo de criterios. En los comienzos del regimen, los que suelen acceder a puestos altos suelen ser seleccionados por su “espiritu revolucionario”, es decir, por la posicion que ocuparon en el derrocamiento del regimen previo, en la “meritocracia” politica revolucionaria; en el regimen franquista se trataba de militares y falangistas y en Rusia de miembros de los soviets. El problema es, sin embargo, que la habilidad como fontanero politico suele ir poco correlacionada con la eficiencia o la productividad entendida generalmente en el sentido economico del termino, de forma que los regimenes suelen tener que implantar estrategias de racionalizacion conforme pasa el tiempo para sobrevivir; tipicamente, se observa una desideologizacion progresiva del regimen que va siendo tomado cada vez mas por individuos “secularizados” que cumulan su condicion de adeptos al regimen con un cierto grado de pragmatismo. En España vimos la entrada de los “tecnocratas”; en China, la expulsion de la “banda de los cuatro” y la adopcion del pragmatismo economico; pero en el bloque sovietico se ve una evolucion mucho mas interesante. Progresivamente, el partido fue estando dominado cada vez mas por tecnicos, mucho mas pragmaticos (por oposicion a “ideologicos”) que sus antecesores y relativamente desencantados con la ideologia comunista. Habiendo fallado los intentos de construir un “comunismo con rostro humano” en todas sus variantes, las elites del regimen se dividieron en una elite poblada de tecnicos pragmaticos y una contraelite obrera (e.g. Solidarnosc) que configuraba la oposicion.
El punto interesante a partir de aqui es intentar medir en que medida se trataba de algo arbitrario o no. Esto es algo que estudie en un curso hace un par de años asi que os hablo de memoria, pero lo interesante es ver como, tras la caida del muro, evolucionaron las elites. Hay varios estudios empiricos que muestran que una parte importante de las elites comunistas consiguieron reproducirse tras la transicion; consiguieron “reconvertir” su capital humano, politico o social en otro tipo de capital bajo un regimen distinto. Si lo pensais, no es absurdo. Tras la caida del muro, el bloque sovietico estaba constituido por un conjunto de paises capitalistas sin capitalistas. ¿Quien era capaz de montar una empresa en Polonia tras la caida del muro? Obviamente no los miembros de Solidarnosc, que al fin y al cabo eran sindicalistas e “intelectuales”, sino la gente que habia sido capaz de adquirir habilidades para ello: los antiguos directivos de empresas publicas, politicos con habilidades de gestion, etc…
La historia sigue; segun recuerdo, en que medida habia “circulacion de las elites” (sustitucion de las antiguas por nuevas) o “reproduccion de las elites” dependia de dos factores: del tipo de capital que se intentara reproducir y de las modalidades de transicion de cada pais. Tipicamente, el capital humano era relativamente facil de reproducir: los directivos de empresas publicas fundaron sociedades anonimas; mientras que otros tipos de capital (cultural, social, politica etc…) dependian mas de la modalidad de transicion. En la modalidad de transicion existen tipicamente dos: del tipo “ruptura” o del tipo “ruptura pactada”. El primero es en el que existe un proceso relativamente poco pacifico donde se expulsa a los antiguos dirigentes y elites del gobierno. El segundo es como el que tuvimos en España o el que vivieron en Polonia: en el proceso de transicion funciona para legitimar a las elites del viejo sistema otorgandoles un pasaporte para el nuevo. Tipicamente, la reproduccion de las elites se observa en paises con ruptura pactada -especialmente a nivel politico: los postcomunistas tardaron menos de una decada en gobernar en Polonia otra vez- y la circulacion en paises con procesos de transicion mas abruptos.
¿Que leccion podemos sacar de todo esto? Una primera observacion es que la estratificacion social no es un hecho propio del capitalismo -no digo que Alberto lo diga, ojo- es un hecho propio de casi cualquier sociedad relativamente compleja conocida. En segundo lugar, aunque es obvio que el “capitalismo” no un paraiso meritocratico, creo que es argumentable que el mercado es una institucion relativamente meritocratica, comparada con sus alternativas; de otra forma, no se explica que el capital humano -que se vende en el mercado y es relativamente dificil de expropiar- sea mas facil de reproducir que el capital politico o cultural; es decir, es menos dependiente de los mecanismos redistributivos.
Y ya que estamos, esto nos permite subrayar que la forma de redistribuir recursos, no es tanto quitarselos a unos y darselos a otros, sino en invertir en los que estan mas desposeidos, es decir, construir guarderias. La principal diferencia entre el enfoque de Alberto y el mio, es que el piensa que las diferencias en el exito social son fundamentalmente un problema distributivo mientras que yo pienso que son esencialmente un conjunto de fallos de mercado.
Este es uno de esos post motivados por lectura indignada de periódico. Llevo un tiempo pensando en ello y tirando a estar decepcionado, no tanto o no solo con los políticos, sino con el tipo de opinión pública que tenemos en España. España está en una situación difícil. No hace falta ser economista, ni sociológo para saberlo. Y además, hay cosas que deben hacerse, de forma más o menos inevitable. Pienso sobre todo en la reforma laboral (alguna, la que sea) y la reforma de las pensiones, pero sobre todo en esta última.
El problema de las pensiones es como ya he explicado en alguna ocasión, poco más que un problema aritmético (1). A diferencia de otras reformas, como por ejemplo la elección del modelo energético o la reducción déficit publico, no implica elecciones demasiado complicadas. Es un problema de sota, caballo y rey: si la población envejece, o se aumentan las cotizaciones, o se reducen las pensiones o se aumenta la productividad, o se reduce la tasa de paro, o se aumenta la edad de jubilación. Las dos primeras son relativamente inviables y muy desagradables; las dos siguientes son difíciles y nadie sabe como se hace así que el aumento de la edad de jubilación es un ingrediente básicamente inevitable de cualquier reforma.
Lo que intento poner en claro es que, una vez que uno excluye soluciones radicales como dejar a la gente sin pensión, tirar viejecitas por las escaleras o similar, la idea de que la gente que trabaja debe producir lo suficiente para mantener a los que no lo hacen y que si este último grupo aumenta de tamaño hay un problema que solo se resuelve revertiendo el proceso se impone de forma casi inevitable. La ideología podrá jugar un papel jugando con los matices. Jose Rodriguez me decía el otro día que a él no le parecía mal aumentar la edad, pero que no creía que fuera el momento y que el periodo de transición era muy corto. Sea. Pero ese tipo de argumentos son un minimatiz en la idea global dónde el conjunto de opciones es muy restringido.
La (tímida) propuesta propuesta de subir la edad de jubilación del gobierno ha sido recibida de forma mayoritaria por casi todo el mundo -grupos políticos y especialmente los sindicatos- como un “recorte de los derechos de los trabajadores” o como algo inadmisible. Los sindicatos han convocado una manifestación para quejarse. La reacción (humillante) del gobierno no se hizo esperar.
Desconozco si, como dice El País, los sindicatos se quejan para que no parezca que son serviles con el gobierno y sus afiliados les presionan para que lo hagan, o si realmente creen en lo que hacen tal y como lo plantean- es decir, como si realmente hubiera alguna forma alternativa de solucionar el problema- que no he podido encontrar en el artículo y a la que no han dado demasiada publicidad. Lo que si tengo más o menos claro es que este tipo de debates no deberían tenerse en una democracia madura.
Supongo que podría meterme con los sindicatos, pero creo que su actitud sólo refleja algo que es un problema de la sociedad española. La posición que tiene en estos momentos la sociedad española ante las reformas es no ambiguamente inmovilista; mejor, es tremendamente reaccionaria. Las acrobacias intelectuales en forma de antropología amateur y psicología espontánea que se hacen para oponerse a casi cualquier tipo de reforma laboral son sólo un ejemplo. El problema de las pensiones es directamente absurdo: nadie propone nada, salvo dejarlo como está.
No es un problema de que uno tenga una ideología de un tipo o de otro; es un problema de que parece que la gente tiene una aversión desmesurada a cualquier clase de cambio, como si el status quo fuera maravilloso. Es un problema de falta de madurez, de no querer hacer frente a la realidad, algo que atestigua, no ya de una sociedad divorciada de sus élites, sino de una dónde éstas no son capaces de articular un discurso que haga frente a los problemas, ni de transmitir la información de las opciones disponibles a la opinión pública, hasta el punto de que da la impresión de que no son conscientes de ello.
(1) Cualquier fanboy de la capitalización individual que tenga previsto comentar está avisado de leerse este paper -o estar al tanto de los argumentos. Si no lo hace y se le nota, mi respuesta será muchas cosas, pero no amable. Mi paciencia es escasa últimamente.
Von Neumann believed that mathematics is constantly rejuvenated by receiving new problems from the empirical sciences. A passage from a lecture “The Mathematician” is worth quoting in full. “As a mathematical discipline travels far from its empirical source… it is beset by very grave dangers. It becomes more and more purely aestheticizing, more and more purely l’art pour l’art…. Whenever this stage is reached the only remedy seems to mee to be the rejuvenating return to the source: the reinjection of more or less directly empirical ideas.”
One sources of Von Neumann’s empirical inspiration, besides physics, computers, and others, was economics. As mathematics had been inspiring to creative economists, so economics began to be inspiring to creative mathematicians. From the onward, the mathematical fringe of economics would blend imperceptibly into mathematical research. At the time, the danger of aesthetical inbreeding, which Von Neumann saw for mathematics in general, would also begin to threaten mathematical economics.
Jurg Niehans, A history of economics theory, pg 395
Desde que conozco a Kantor siempre he tendido a pensar que tiene una versión una visión moderadamente trasnochada de las cosas y especialmente de la economía (ah! los conflictos intergeneracionales):PPPPPPP. Pero lo cierto es que leyendo este párrafo me he convencido de ello:
Though the economics of the classical era was not united by a distinctive doctrine or method, it nevertheless had a common leitmotiv. This was the conception of a circular flow o income, of the economy as an interdependent system.(…)
In the microeconomic analysis of individual prices and markets, classical economists hardly went beyond the scholastics and mercantilists. They went far beyond them, however, in their macroeconomic analysis of the economy as a whole. Around 1680, Petty began to look at the economy with the eyes of a national income statistician and Boisguilbert expressed crude but sound notions about competitive resource allocation. This set the stage for the first input-output account, constructed half a entury later by Cantillon and Quesnay. Under the impact of monetary disorders, mercantilist notions about the stimulating effects of money developed into an explicit monetary macrodynamics with the quantity theory of money as its static counterpart. For Hume gold was distributed by a self-regulating feedback control mechanism. Smith extended this idea to the economic system as a whole, governed by the invisible hand of competition. Malthus applied fedback control to population and Ricardo to capital accumulation. Ricardo’s fundamental concern became the eventual self-braking of the growth process by the shifts in distribution caused by diminishing returns. In the classical era economics became a (crude) form of macroeconomic system analysis.
With the rise of marginalism, the macroeconomic insights of the classical era did not disappear. They were revealed not as false but as incomplete. What was missing was an explicit analysis of the microeconomic calculus by which households and firms optimize their decisions. This analysis was the collective achievement of the marginalist era. To the extent that the microeconomic problems were solved, the results were gradually incorporated into the circular flow system inherited from the classical era. There emerged the general equilibrium synthesis of the Walrasian era.
Roger acaba de conseguir algo hasta el momento inédito en todo el tiempo que le conozco: que no comparta una sola línea (vale, exceptuando el párrafo del pronunciamiento) del post que ha escrito. Voy por tanto a intentar explicar qué me parece mal, incorrecto o equivocado en todo, pero voy a empezar con unpar de conceptos previos.
El derecho no es una ciencia exacta; ni siquiera es una ciencia. La redacción de las normas jurídicas- como la constitución, se presta por tanto a interpretación. Pero a diferencia de, digamos, los modelos económicos, no hay ninguna forma de comprobar si la interpretación es correcta o no; la interpretación es a la vez lo que descubre y lo que determina el contenido de la norma. No hace falta ser doctor en filosofía del lenguaje para entenderlo; si un juez interpreta que el precepto A significa 1, el precepto A significa 1 en la medida en que el juez tenga competencia para interpretarlo.
Sin embargo, que exista cierta ambigüedad no significa que sea totalmente arbitrario. No lo es; hay toda una industria dedicada a estudiar como se interpretan las normas, como se argumenta jurídicamente, etc,… Esto no excluye que existan motivaciones políticas, ideológicas, etc,… en la forma en que se interpretan las normas, pero existe todo un conjunto de mecanismos para que el margen sea más o menos reducido; la sentencias tienen que estar motivadas y argumentadas; la jurisprudencia tiene que mantener coherencia y ser eventualmente respaldada con el derecho comparado,… Quiero decir, hay cosas más abiertas a interpretación y otras menos- no es lo mismo interpretar “las elecciones se celebran cada cuatro años” que “España es un Estado social y democrático de derecho”- pero en ambos casos se trata de decisiones no arbitrarias.
Cuento esto porque la comparación que hace Roger, o que sugieren los periódicos catalanes como si los magistrados del constitucional desearan imponer una visión política concreta, simplemente no se sigue. Para emplear terminología de economista, los parlamentos y los gobiernos tienen competencias discrecionales; en teoría, pueden hacer lo que les venga en gana dentro de unos límites muy amplios porque es su prerrogativa. En la práctica están constreñidos por aspectos politicos, normas no jurídicas, etc,… pero un gobierno es considerablemente más libre en lo que decide que un juez. Las instituciones judiciales están diseñadas, de hecho, para filtrar este tipo de cosas. La diferencia es de grado, pero es un matiz importante; las decisiones de un tribunal son menos políticas y más técnicas que las de un gobierno.
Por otro lado, en absoluto creo que la indignación que muestra la blogosfera y la editorial de los periódicos catalanes esté justificada a menos que, o bien se ignore como funcione el ordenamiento jurídico español (algo totalmente excusable) o se esté sobreactuando para presionar al tribunal. El estatuto tenía puntos cuya constitucionalidad era dudosa y entiendo que en estos puntos se sospeche sobre las motivaciones del TC. Sin embargo había una cantidad importante de puntos que eran claramente inconstitucionales. Claramente inconstitucionales significa “era previsible para alguien más o menos imparcial que el TC los anulara”. Estoy pensando en todos los preceptos de tono soberanista que recogía el estatuto. De nuevo, no se trata de una ciencia exacta, pero nadie que haya estudiado derecho constitucional debería sorprenderse de que el tribunal los anulara; lo sorprendente habría sido lo contrario porque todos esos preceptos iban contra el espíritu de la Constitución tal y como la conocemos. El tribunal podría, obviamente, haber hecho una interpretación “creativa” -sorprendente-; no sería la primera vez que lo hace. Sin embargo, creo que se puede argumentar que este tipo de interpretaciones solo son legítimas cuando se trata de reflejar algo no controvertido. Cuando se trata de algo con lo que una parte importante de la opinión pública en España disiente, ir contra el espíritu de la constitución es una decisión claramente política. Lo que me lleva a mi segundo punto.
Desde el punto de vista de las ciencias sociales, el papel de una constitución es poner coto a las cosas que los órganos de gobierno pueden hacer y encuadrar el ejercicio del poder. La democracia no es una expresión de algún ente metafísico llamado nación o pueblo o nada similar; es un mecanismo para tomar decisiones de forma colectiva y es, además, un mecanismo que está a años luz de ser perfecto. Los referendums son formas relativamente torpes de agregar preferencias; los gobiernos tienden a hacer cosas incoherentes y los parlamentos no son los ciudadanos sino partidos políticos que han ganado elecciones con intereses propios. Por todas estas razones, tenemos constituciones que excluyen ciertas cosas y exigen un procedimiento específico para otras. No son necesariamente las más importantes pero sí las que son más peligrosas de manipular; cosas relativamente triviales como el plazo para presentar un presupuesto o para convocar elecciones o el procedimiento de elección de los presidentes de la cámaras tienen rango constitucional. La idea de todo esto es asegurar que cambiar estas cosas es difícil y requiere un procedimiento “agravado y complejo” para asegurar que se toman en cuenta de los intereses de todo el mundo.
Todo esto para explicar que los términos del debate está obviamente mal planteado. El editorial de los periódicos catalanes habla de “España” y “Cataluña” como si se tratara de espíritus hegelianos que concluyen tratos. La aprobación de Estatutos está sometida a un control de constitucionalidad por una buena razón; el tipo de modelo de Estado que queremos es algo que debe ser consensuado y que no debe estar sujeto a mayorías parlamentarias más o menos temporales. Es lo que hay y, personalmente, me parece muy razonable. Concretamente, creo que es tramposo hablar del tribunal constitucional como si fueran un grupo de gente malvada por oposición a la voluntad democrática del Congreso. Lo cierto es que la aprobación del Estatuto en el parlamento nacional fue un caso clásico- de libro- de logrolling entre federaciones y entre partidos, pero que en ningún caso gozó de un amplio consenso en la sociedad española en su conjunto, aunque, sí, y es algo que no cuestiono, en la catalana.
No digo esto para deslegitimar el proceso; solo para hacer notar que el hecho de haber sido votado por el parlamento no asegura, automáticamente, que sea maravilloso y el sentir de todo el mundo. Y esa es la razón por la que existe un tribunal constitucional. Hay cosas en el Estatuto que sólo se pueden lograr reformando la constitución. Para reformar la constitución, uno necesita una mayoría más amplia y si se intenta reformar por la vía ordinaria dónde sólo necesitas mayoría simple, es una violación de las reglas del juego.
Por último, se dice que el tribunal constitucional está deslegitimado. Bueno, es cierto que el PP hizo mal haciendo el troll con las recusaciones, etc,… pero lo cierto es que ponerse ahora a discutir este tipo de cosas es un pelín oportunista y, la verdad, relativamente irrelevante. Nadie había pensado en que el tribunal constitucional funcionaba mal hasta ahora.
Por lo demás, lo que me parece más molesto de todo es este pseudo lenguaje hegeliano de “España quiere” “Cataluña está a gusto”. Estoy por hacer la observación que me hizo kantor hace tiempo “¿La sociedad?” ¿quién es esa zorra? De verdad; los jueces no son España, ni tampoco el Parlamento.
Tengo una pregunta, intencionalmente demagógica, para terminar. Cuando la mafia de los líderes políticos europeos básicamente rebajaran a la mitad las instituciones del tratado de Lisboa nombrando a dos tipos grises, desconocidos y carentes de autoridad que harán el papel de títere ¿porque nadie salió indignado hablando de la dignidad/unidad de Europa? Ortega se refería a este fenómeno como “provincianismo”.
PD2: Podéis leer las dos partes de mi ensayo publicado en PIFIA sobre la teoría general del frikismo; algo infinitamente más importante que el Estatuto la dignidad de Cataluña y la unidad de Ejpaña. I y II
Discuten en el blog de Esplugas sobre el problema de enseñar el creacionismo o si los creacionistas deben tener derecho a educar a sus hijos según les parezca. El argumento de Esplugas es previsiblemente que sí y que la única forma legítima de conseguir difundir la visión científica del mundo es la de “persuadir” a los que están enfrente de que tu punto de vista es el correcto. Iba a contestar allí, pero como el blog está un poco trista vamos a hacerlo aquí.
En primer lugar, Albert sugiere que los argumentos no deben ser “impuestos” sino que deben competir en el “mercado de las ideas”. Es algo gracioso porque ilustra bastante bien esa visión del mundo que tiende a creer que las cosas ocurren en el vacío histórico. Esto me lleva a hablar de Marx. Los libertarios, como Albert, creen que la propiedad privada está justificada por el hecho de la “apropiación originaria” dónde un individuo se apropia de algo que no es de nadie no haciendo violencia ni violando el derecho de nadie en absoluto. Lo cierto es que es algo que a Marx no le convenció en ningún momento. Al contrario, Marx señalaba que, lejos de haber sido originados por una pacífica apropiación originaria, la mayor parte de los derechos de propiedad obtenidos por la burguesía se habían logrado privando a la colectividad de bienes que antes eran considerados comunes, con la ayuda de la fuerza y la violencia del Estado, por supuesto.
De forma análoga, yo argumentaría que las ideas tampoco ocurren en el vacío y no tiene demasiado sentido hablar de un “mercado de las ideas” como si se tratara de un sitio dónde la mayoría de la gente compra ideas igual que compra tomates. Lo cierto es que la cosmovisión religiosa, lejos de haber sido algo que haya surgido de forma espontánea, es algo que tiene un fuerte componente cultural y por tanto de “path dependence”, casualmente reforzado por el hecho de que el Estado ha perseguido durante siglos la disidencia. Lo que quiero decir con esto es que ese punto de vista basado en considerar que se debe llegar a una especie de compromiso es algo bastante nuevo y en absoluto neutro.
Lo cuál me lleva a explicar por qué, desde el punto de vista filosófico, no soy liberal. El liberalismo es un invento relativamente reciente; lo cierto es que la tradición política que se origina en Aristóteles giraba alrededor de explicar en qué consiste la “buena vida” o “una buena sociedad”. En el siglo XIX en el siglo XIX, sin embargo, un grupo de gente inventaron la idea de que lo realmente relevante era que la gente fuera libre porque nadie podía determinar que era bueno en sí mismo y válido para todo el mundo.
Personalmente, creo que es una muy buena idea que una sociedad esté organizada alrededor de la idea de “libertad”. Es decir, me gusta la libertad como concepto jurídico rector, o como idea para organizar la arquitectura social. Lo que no me convence en absoluto es esa idea que tiende a considerar la libertad como algo sagrado de origen metafísico, en parte porque no creo que lo metafísico exista en absoluto. Llamaré a esta actitud “liberalismo filosófico” o liberalismo a secas, en lo que queda de artículo. Lo cierto es que lo que una persona decide hacer libremente es algo que es explicable y depende de cosas que él no ha elegido libremente, y eso es así si uno se toma en serio la ciencia y la búsqueda de la verdad- es decir, el determinismo es la hipotésis científicamente más verosímil si uno la compara con sus alternativas (el animismo en todas sus variantes), aunque lógicamente -¡como todo en ciencia!- no es más que una hipótesis. Por eso, una buena teoría filósofica debería tener algo que decir sobre esas cosas que determinan las elecciones- algo que el “liberalismo” no tiene. Con esto quiero decir, a la hora de elegir entre dos alternativas que hagan que una misma persona elija libremente una cosa u otra, un punto de vista liberal no podría tener nada que decir.
Lo cuál me lleva al tema del que trata Albert en el post. Por una acrobacia intelectual para mí incomprensible, los liberales en España- y por lo visto también por ahí fuera- defienden el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos. Digo incomprensible porque me parece igual de arbitrario desde el punto de vista liberal que lo elija el Estado, los padres o el fontanero de la casa- al fin y al cabo el que debería elegir es el niño, ¿qué fue de la ética de la no agresión?. Pero dejando eso a un lado, lo que me parece más preocupante es esa especie de idea que parece sugerir que el adoctrinamiento no existe y que el hecho de haber sido educado en una determinada idea no es algo que condiciona o determina la capacidad para acceder después a otra cosa. Hablando en plata, la idea de que mientras se tenga acceso a las ideas evolucionistas no importa si se enseña desde chiquititos el creacionismo porque serán capaces de “elegir libremente”. Como decía Luzbel en esta entrada según esta forma de pensar “somos lo que somos en un vacío ambiental, genético y evolutivo, en el cual decidimos. (…) [que es una visión que ] roza el chamanismo o el espiritismo.”
En el post y en los comentarios concretamente hay luego otros problemas. Por ejemplo, la falaz comparación que se hace entre las ideas científicas y las ideas religiosas como si enseñar unas u otras de forma obligatoria fueran dos formas de dogmatismo. Lo cierto es que la comparación no se sostiene porque, como nos ha explicado unas cuantas veces Jesús, la ciencia no son proposiciones absolutas, sino en general basadas en la idea de verosimilitud y de provisionalidad mientras que las religiones si pretenden ser verdades absolutas. La ciencia se basa en verdades provisionales que se van perfeccionando con el progreso, la religión se basa en dogmas y en jugar con mecanismos psicológicos. Mirad, Richard Feynman lo explica mejor que yo:
Todo esto no sería tan gracioso si no viniera de alguien como Albert que defiende las ideas de una escuela económica ultra-minoritaria (algo que previsiblemente no cambiará en el futuro) y que sugiere que ese hecho (de ser minoritario) es uno de los causantes de la crisis actual. Quiero decir, Albert sugiere que el “mercado de las ideas” seleccionará correctamente la verdad, mientras que él mismo se adhiere a visiones cuyo éxito en el mercado de las ideas es al menos dudoso y que sin embargo considera ciertas. No sé, me cuesta verlo.
En esta bitácora estamos en guerra contra el gobierno, al menos desde que decidió quitar al mejor ministro de economía-quitando a Fuentes Quintana- que ha tenido España desde la transición. Hay un conjunto de cosas que no entiendo, que son tremendamente evidentes y que se me escapa como la gente que mueve los hilos y toma las decisiones no ve. No tengo muy claro si es porque mis planteamientos son erróneos y hay algo que se me escapa, o probablemente ellos son idiotas. Ahí va la lista; respondedme cuál de las dos opciones es correcta.
1. Decir la verdad, cubrirse contra el optimismo: probablemente el principal fallo del gobierno fue lo de “afrontamos una leve desaceleración”. Aunque desde entonces, parece, ha cambiado el tono, la actitud ha seguido siendo la misma; apostar a que las cosas mejorarán y que no se note demasiado. Lo cierto es que la alternativa me parece mucho mejor. En lugar de poner en marcha una especie de optimismo poco creíble (las cosas no están tan mal y sabemos lo que estamos haciendo) el gobierno podría haber apostado por el catastrofismo no necesariamente cierto, aunque sí probablemente creíble: afrontamos la peor crisis de nuestra historia, se debe en buena parte al modelo productivo que teníamos en el que nos metió (listar aquí una lista de medidas horribles del PP y un conjunto de informes internacionales que subrayaran las debilidades de la economía española) y ahora tendremos una época mala no, horrible que no sabemos cuanto durará.
2. Aún así, tenemos un plan: A pesar de que las cosas estén mal, nosotros vamos a hacer todo lo posible por que mejoren. Un buen plan debería tener tres elementos.
a. Ser contingente:La idea es la siguiente y es la forma en que deben hacerse las políticas públicas. Cuando uno está en una recesión, actúa en una situación de incertidumbre. Por tanto, un plan de recuperación debería dejar claro las hipótesis en las que se apoya (como se cree qeu evolucionará la economía, como lo hará la economía mundial y el entorno, etc…), dibujar varios escenarios (más o menos optimistas) y explicar por qué se elige uno y no otro. A continuación, sobre la base de este diagnóstico, formular un menú de soluciones que irían variando según varíen las cosas. Fijar fechas para revisar el diagnóstico y las soluciones y un conjunto de check points que se exponga periódicamente al parlamento. Aunque suene complicado, es algo que hasta yo sería capaz de explicar en una presentación power point: sólo hace falta recopilar los diagnóstico y estimaciones de distintas instituciones y consultoras, hacer unos gráficos y explicárselos a la prensa.
Tratar con distintos escenarios y evoluciones y diseñar instrumentos adaptados a cada uno es una forma de blindarte contra posibles críticas. Si el PP te acusa de subir los impuestos en lugar de bajarlos, tú puedes decir, como dijo Solbes en el debate con Pizarro, si que los bajaras producirías un deficit de tanto y que si reduces el gasto tendrías otro problema.
b. Ser comprehensivo: El plan debería abarcar un conjunto amplio de escenarios y diseñar instrumentos para cada uno de ellos. Típicamente, debería tener dos aspectos; uno estructural (reformas del mercado de trabajos, de bienes, del estado del bienestar, etc….) y otro coyuntural (ayudas, reducciones de impuestos, cheques bebé, etc…). La idea es qeu el gobierno debe mostrar una determinación firme de querer cambiar las cosas, hacer tabla rasa del pasado. La exposición de todas las medidas debería hacerse en comparación con otros países (”pondremos guarderías gratuitas porque en los países escandinavos han ayudado a que las mujeres no dejen su empleo”). La idea es también aprovechar que las cosas están mal para hacer pasar todas las cosas qeu haya que hacer pasar como un gran paquete y que todo tenga una visión de conjunto. Por último, ponerlo todo dentro de un mismo plan permite evaluar su impacto conjunto, negociarlo con sindicatos patronal y partidos de oposición, etc,…
c. Ser realista: abstenerse de decir que lo que uno ha previsto es una receta mágica. Decir en cambio que es la menos mala de todas las opciones. Si uno decide subir los impuestos sobre la renta, por ejemplo, puede respaldarlo con una previsión que explique que si se sube el IVA no aumentará la recaudación, sino la economía sumergida. Abstenerse de decir que van a subir los impuestos a los ricos; para aumentar la recaudación, la única opción es la gente de clase media pague. Exponer los pros y los contras de cada ideas, respaldar la elección con datos y con estudios (los cajones están llenos de buenos estudios) y refutar las críticas de acuerdo con las consecuencias posibles.
3. Una buena puesta en escena para parecer creíble:De forma general, Zapatero debería pedirle a Sarkozy que le explique su táctica para exponer a bombo y platillo medidas irrelevantes dando la impresión de que sabe lo que hace. Acusar a la gente que se oponga de falta de lealtad o de patriotismo; aterrar a la gente con lo mal que irán las cosas si las medidas no se adoptan; usar datos e informes para respaldar las medidas (que hayan sido tomadas de acuerdo con datos e informes); exponer periódicamente los resultados y la revisión del diagnóstico de acuerdo con la evolución dando la impresión de que todo estaba previsto (y debería estarlo si el plan ha sido formulado de forma contingente); fichar a gente con reputación para el ministerio de economía y anunciarlo de forma creíble (no Elena Salgado no es un ejemplo)-digamos, profesores de universidad con fama internacional. Explicar las cosas tanto de una forma compleja usando datos, gráficos etc,…- para la prensa, los empresarios, expertos, etc- como de forma pedagógica y de forma necesariamente más sencilla- con ejemplos, metáforas, gráficos sencillos, etc…
Veamos, ninguna de las cosas anteriores, me parece, es necesariamente complicada. Los ministerios están llenos de funcionarios capacitados para hacer los informes, las presentaciones power point, redactar los discursos, evaluar la evolución y los resultados, etc, etc, etc,… Ninguna de estas cosas son especialmente complicadas ni originales. La pregunta es ¿Por qué nadie ha pensado en ellas?
Durante la discusión de los dos posts anteriores sobre las imperfecciones en el mercado laboral y el de productos, el debate ha terminado degenerando en una especie de competición dónde unos nombrábamos fricciones posibles y otros sin negar su existencia minimizaban su importancia confiando en la fuerza de la competencia a la hora de limitar las rentas. El problema, por lo visto, es fundamentalmente empírico. ¿Con cuál de los dos modelos encaja mejor el mundo real, con el competitivo o con el monopolístico?
Un caso interesante para chequear cada hipótesis es el salario mínimo en el mercado laboral. ¿Cómo afecta el salario mínimo al equilibrio del mercado laboral? En la medida en que cada modelo genera predicciones distintas, se puede chequear empíricamente su validez viendo cuales de las predicciones se adaptan mejor a la realidad. Recordamos por tanto las predicciones de cada modelo (i) y después vemos la evidencia empírica (ii)
(i)Teoría: El análisis económico del salario mínimo
En un modelo competitivo, las empresas igualan el salario a la productividad marginal multiplicada por el precio. Es decir, las empresas aumentan el número de trabajadores hasta que el último trabajador produce exactamente lo que hay que pagarle. Los trabajadores, por su parte, plantean sus demandas eligiendo entre dos bienes, el ocio y el consumo. En equilibrio, el salario que se paga refleja exactamente el valor del ocio para el trabajador y los trabajadores que no están empleados son sólo los que no aceptan trabajar recibiendo lo mismo que producen. Si el salario estuviera por debajo, otra empresa pujará por el trabajador haciéndolo subir, si el salario está por encima todos los trabajadores serán atraídos por esta empresa. Decimos que el paro es “voluntario”. El efecto del salario mínimo en este sentido introduce una brecha entre trabajadores dispuestos a trabajar por ese salario y empresas dispuestas a contratarlos generando “paro involuntario”. La predicción es por tanto que la introducción de un salario mínimo reducirá considerablemente el empleo, especialmente de los trabajadores menos cualificados que son los que tienen menos productividad y deberían ser pagados por debajo de ese salario.
Esta idea cambió sustancialmente cuando en 1946 Georges Stigler (economista de Chicago-liberal- y posterior premio Nobel) escribió un artículo fundador admitiendo la posibilidad teórica de que un aumento del salario mínimo aumentara el número de contrataciones si “el empleador dispusiera de un grado de control significativo sobre el salario que paga”. Es decir, si el empleador tiene poder demonopsonio. Cuando existe poder de monopsonio, vimos, el resultado de equilibrio es que el salario está por debajo de la productividad marginal y el empleo es menor que en competencia perfecta. Esto es así porque contratar un trabajador adicional tiene dos costes: el coste del salario que hay que pagar al trabajador adicional y el coste en que se incurre al hacer subir el salario de mercado que debe ser pagado a todos los trabajadores.
¿Cuál es el efecto del salario mínimo en un mercado monopsonístico? Si el Estado fija el salario un poco encima del salario elegido por el empresario, entonces éste ve su margen reducido. Sin embargo, como había una brecha entre la productividad y el salario qeu pagaba, este margen sigue siendo positivo siempre que el aumento sea pequeño de modo que el empleo no disminuye. Al mismo tiempo, al aumentar el salario habrá trabajadores que buscarán empleo más intensamente, que se incorporarán al mercado de trabajo o que que aceptarán trabajos que antes no aceptaban. El efecto del salario mínimo es por tanto el de aumentar el empleo total y el salario de los trabajadores que están al principio de la distribución de salarios a costa de las rentas empresariales.
Este efecto no es sin embargo el único. Al igual que en el modelo competitivo, al aumentar el salario mínimo, habrá trabajadores poco productivos que serán excluidos del mercado de trabajo y eso reducirá el empleo. Sin embargo, en la medida en que el primer efecto domine -es decir, para salarios mínimos relativamente bajos- el efecto neto será aumentar el empleo y el salario de los menos cualificados. La relación entre salario mínimo y empleo es por tanto en forma de U invertida; para niveles bajos un aumento del SMI aumenta el empleo, para niveles intermedios tiene un efecto relativamente neutro y para niveles altos el empleo cae.
(ii) Evidencia empírica
¿Cuál de los dos modelos es una mejor representación de la realidad? Es decir, ¿aumenta realmente el salario mínimo el desempleo y significa eso qeu los mercados de trabajo son muy competitivos como o por el contrario el poder de monopsonio es sustancial y el salario mínimo tiene un efecto pequeño o nulo? Para un análisis detallado os remito a la serie que escribió Jose sobre el tema (i, ii), aquí quiero explicar el experimento “natural” que hicieron Alan Krueger y David Card sobre el asunto que les llevó a escribir después un libro. (artículo original, gratis, aquí)
En 1992 el Estado de New Jersey aumentó de forma relativamente súbita el salario mínimo en un 19% (es decir, bastante). Por el contrario, la situación en el Estado vecino de Pennsylvania no varió. Card y Krueger pensaron entonces aprovechar esta situación natural de estática comparativa para chequear los resultados de los modelos que hemos visto. Para verlo, se fijaron en la industria de la comida rápida situada en ambos estados. ¿Por qué la comida rápida? Bueno, la comida rápida emplea el tipo de mano de obra que suele estar empleada al salario mínimo y la rentabilidad de los restaurantes depende directamente del nivel del SMI. El razonamiento al que se adhieren los economistas como Kantor es que en esta situación, la rentabilidad bajará y, al estar empleada la mano de obra al nivel competitivo, muchas empresas cerrarían y el empleo en el sector bajaría. Por el contrario, en Pennsylvania dónde el salario mínimo no había cambiado, la evolución debería haber sido sustancialmente distinta, no sólo por no haber sufrido la subido, sino también porque habría una migración de trabajadores desempleados.
Krueger y Card llevaron a cabo varias encuestas a lo largo del año 1992 para ver cuál había sido la evolución en la industria del fast food. El resultado fue hasta cierto punto sorprendente: el efecto del aumento sustancial del SMI no sólo no habría sido negativo, sino que habría incluso débilmente positivo.
El artículo produjo un debate considerable en EUA, desde gente que cuestionaba la calidad de los datos, el modo de obtención de los mismos o el método de comparar dos poblaciones con shocks exógenos distintos (copiado de la medicina). Sin embargo, a lo largo de las respuestas que desarrollaron Krueger y Card tendieron a reafirmar la conclusión inicial. Por ejemplo, evaluaron el impacto sobre los jóvenes de entre 16 y 24 años (de nuevo una población posiblemente sujeta al SMI) y descubrieron que en relación con el resto de EUA, el empleo habría aumentado en New Jersey entre esta población.
¿Cuál es la conclusión? El experimento de Krueger y Card pone en evidencia que la estructura de los mercados laborales es, al menos para la mano de obra poco cualificada- la afectada por el salario mínimo- sustancialmente monopsonística; es decir, los empresarios explotan a los trabajadores y los remuneran por debajo de su productividad marginal. De otra forma, la predicción de caída del empleo se habría cumplido.
Por otro lado, personalmente, soy poco entusiasta -bastante menos qeu los sindicatos en cualquier caso- respecto de los aumentos del SMI. Como explicaba antes, el aumento del SMI tiene dos efectos: excluir trabajadores poco productivos del mercado de trabajo e incitar a trabajadores que demandan salarios más altos a incorporarse. Excluir a la gente menos productiva (los pobres y los inmigrantes) es algo razonablemente regresivo e ineficiente que me causa alergia como socialdemócrata y como economista. El SMI debería ser distinto entre sectores- en función de la productividad- para ser “óptimo”, algo muy dificil de hacer, máxime cuando los aumentos se hacen por razones electorales y no con la teoría económica en la mano, lo que tiende a subirlo por encima de lo razonable. En Francia, por ejemplo, es probable que el SMI destruya empleo- como contraste a EUA. Si de lo que se trata es de redistribuir, prefiero un impuesto negativo sobre la renta- o una bajada de las cotizaciones a la SS financiada con un impuesto más progresivo- que un aumento del SMI.