Este es uno de esos post motivados por lectura indignada de periódico. Llevo un tiempo pensando en ello y tirando a estar decepcionado, no tanto o no solo con los políticos, sino con el tipo de opinión pública que tenemos en España. España está en una situación difícil. No hace falta ser economista, ni sociológo para saberlo. Y además, hay cosas que deben hacerse, de forma más o menos inevitable. Pienso sobre todo en la reforma laboral (alguna, la que sea) y la reforma de las pensiones, pero sobre todo en esta última.
El problema de las pensiones es como ya he explicado en alguna ocasión, poco más que un problema aritmético (1). A diferencia de otras reformas, como por ejemplo la elección del modelo energético o la reducción déficit publico, no implica elecciones demasiado complicadas. Es un problema de sota, caballo y rey: si la población envejece, o se aumentan las cotizaciones, o se reducen las pensiones o se aumenta la productividad, o se reduce la tasa de paro, o se aumenta la edad de jubilación. Las dos primeras son relativamente inviables y muy desagradables; las dos siguientes son difíciles y nadie sabe como se hace así que el aumento de la edad de jubilación es un ingrediente básicamente inevitable de cualquier reforma.
Lo que intento poner en claro es que, una vez que uno excluye soluciones radicales como dejar a la gente sin pensión, tirar viejecitas por las escaleras o similar, la idea de que la gente que trabaja debe producir lo suficiente para mantener a los que no lo hacen y que si este último grupo aumenta de tamaño hay un problema que solo se resuelve revertiendo el proceso se impone de forma casi inevitable. La ideología podrá jugar un papel jugando con los matices. Jose Rodriguez me decía el otro día que a él no le parecía mal aumentar la edad, pero que no creía que fuera el momento y que el periodo de transición era muy corto. Sea. Pero ese tipo de argumentos son un minimatiz en la idea global dónde el conjunto de opciones es muy restringido.
La (tímida) propuesta propuesta de subir la edad de jubilación del gobierno ha sido recibida de forma mayoritaria por casi todo el mundo -grupos políticos y especialmente los sindicatos- como un “recorte de los derechos de los trabajadores” o como algo inadmisible. Los sindicatos han convocado una manifestación para quejarse. La reacción (humillante) del gobierno no se hizo esperar.
Desconozco si, como dice El País, los sindicatos se quejan para que no parezca que son serviles con el gobierno y sus afiliados les presionan para que lo hagan, o si realmente creen en lo que hacen tal y como lo plantean- es decir, como si realmente hubiera alguna forma alternativa de solucionar el problema- que no he podido encontrar en el artículo y a la que no han dado demasiada publicidad. Lo que si tengo más o menos claro es que este tipo de debates no deberían tenerse en una democracia madura.
Supongo que podría meterme con los sindicatos, pero creo que su actitud sólo refleja algo que es un problema de la sociedad española. La posición que tiene en estos momentos la sociedad española ante las reformas es no ambiguamente inmovilista; mejor, es tremendamente reaccionaria. Las acrobacias intelectuales en forma de antropología amateur y psicología espontánea que se hacen para oponerse a casi cualquier tipo de reforma laboral son sólo un ejemplo. El problema de las pensiones es directamente absurdo: nadie propone nada, salvo dejarlo como está.
No es un problema de que uno tenga una ideología de un tipo o de otro; es un problema de que parece que la gente tiene una aversión desmesurada a cualquier clase de cambio, como si el status quo fuera maravilloso. Es un problema de falta de madurez, de no querer hacer frente a la realidad, algo que atestigua, no ya de una sociedad divorciada de sus élites, sino de una dónde éstas no son capaces de articular un discurso que haga frente a los problemas, ni de transmitir la información de las opciones disponibles a la opinión pública, hasta el punto de que da la impresión de que no son conscientes de ello.
(1) Cualquier fanboy de la capitalización individual que tenga previsto comentar está avisado de leerse este paper -o estar al tanto de los argumentos. Si no lo hace y se le nota, mi respuesta será muchas cosas, pero no amable. Mi paciencia es escasa últimamente.
Von Neumann believed that mathematics is constantly rejuvenated by receiving new problems from the empirical sciences. A passage from a lecture “The Mathematician” is worth quoting in full. “As a mathematical discipline travels far from its empirical source… it is beset by very grave dangers. It becomes more and more purely aestheticizing, more and more purely l’art pour l’art…. Whenever this stage is reached the only remedy seems to mee to be the rejuvenating return to the source: the reinjection of more or less directly empirical ideas.”
One sources of Von Neumann’s empirical inspiration, besides physics, computers, and others, was economics. As mathematics had been inspiring to creative economists, so economics began to be inspiring to creative mathematicians. From the onward, the mathematical fringe of economics would blend imperceptibly into mathematical research. At the time, the danger of aesthetical inbreeding, which Von Neumann saw for mathematics in general, would also begin to threaten mathematical economics.
Jurg Niehans, A history of economics theory, pg 395
Desde que conozco a Kantor siempre he tendido a pensar que tiene una versión una visión moderadamente trasnochada de las cosas y especialmente de la economía (ah! los conflictos intergeneracionales):PPPPPPP. Pero lo cierto es que leyendo este párrafo me he convencido de ello:
Though the economics of the classical era was not united by a distinctive doctrine or method, it nevertheless had a common leitmotiv. This was the conception of a circular flow o income, of the economy as an interdependent system.(…)
In the microeconomic analysis of individual prices and markets, classical economists hardly went beyond the scholastics and mercantilists. They went far beyond them, however, in their macroeconomic analysis of the economy as a whole. Around 1680, Petty began to look at the economy with the eyes of a national income statistician and Boisguilbert expressed crude but sound notions about competitive resource allocation. This set the stage for the first input-output account, constructed half a entury later by Cantillon and Quesnay. Under the impact of monetary disorders, mercantilist notions about the stimulating effects of money developed into an explicit monetary macrodynamics with the quantity theory of money as its static counterpart. For Hume gold was distributed by a self-regulating feedback control mechanism. Smith extended this idea to the economic system as a whole, governed by the invisible hand of competition. Malthus applied fedback control to population and Ricardo to capital accumulation. Ricardo’s fundamental concern became the eventual self-braking of the growth process by the shifts in distribution caused by diminishing returns. In the classical era economics became a (crude) form of macroeconomic system analysis.
With the rise of marginalism, the macroeconomic insights of the classical era did not disappear. They were revealed not as false but as incomplete. What was missing was an explicit analysis of the microeconomic calculus by which households and firms optimize their decisions. This analysis was the collective achievement of the marginalist era. To the extent that the microeconomic problems were solved, the results were gradually incorporated into the circular flow system inherited from the classical era. There emerged the general equilibrium synthesis of the Walrasian era.
Roger acaba de conseguir algo hasta el momento inédito en todo el tiempo que le conozco: que no comparta una sola línea (vale, exceptuando el párrafo del pronunciamiento) del post que ha escrito. Voy por tanto a intentar explicar qué me parece mal, incorrecto o equivocado en todo, pero voy a empezar con unpar de conceptos previos.
El derecho no es una ciencia exacta; ni siquiera es una ciencia. La redacción de las normas jurídicas- como la constitución, se presta por tanto a interpretación. Pero a diferencia de, digamos, los modelos económicos, no hay ninguna forma de comprobar si la interpretación es correcta o no; la interpretación es a la vez lo que descubre y lo que determina el contenido de la norma. No hace falta ser doctor en filosofía del lenguaje para entenderlo; si un juez interpreta que el precepto A significa 1, el precepto A significa 1 en la medida en que el juez tenga competencia para interpretarlo.
Sin embargo, que exista cierta ambigüedad no significa que sea totalmente arbitrario. No lo es; hay toda una industria dedicada a estudiar como se interpretan las normas, como se argumenta jurídicamente, etc,… Esto no excluye que existan motivaciones políticas, ideológicas, etc,… en la forma en que se interpretan las normas, pero existe todo un conjunto de mecanismos para que el margen sea más o menos reducido; la sentencias tienen que estar motivadas y argumentadas; la jurisprudencia tiene que mantener coherencia y ser eventualmente respaldada con el derecho comparado,… Quiero decir, hay cosas más abiertas a interpretación y otras menos- no es lo mismo interpretar “las elecciones se celebran cada cuatro años” que “España es un Estado social y democrático de derecho”- pero en ambos casos se trata de decisiones no arbitrarias.
Cuento esto porque la comparación que hace Roger, o que sugieren los periódicos catalanes como si los magistrados del constitucional desearan imponer una visión política concreta, simplemente no se sigue. Para emplear terminología de economista, los parlamentos y los gobiernos tienen competencias discrecionales; en teoría, pueden hacer lo que les venga en gana dentro de unos límites muy amplios porque es su prerrogativa. En la práctica están constreñidos por aspectos politicos, normas no jurídicas, etc,… pero un gobierno es considerablemente más libre en lo que decide que un juez. Las instituciones judiciales están diseñadas, de hecho, para filtrar este tipo de cosas. La diferencia es de grado, pero es un matiz importante; las decisiones de un tribunal son menos políticas y más técnicas que las de un gobierno.
Por otro lado, en absoluto creo que la indignación que muestra la blogosfera y la editorial de los periódicos catalanes esté justificada a menos que, o bien se ignore como funcione el ordenamiento jurídico español (algo totalmente excusable) o se esté sobreactuando para presionar al tribunal. El estatuto tenía puntos cuya constitucionalidad era dudosa y entiendo que en estos puntos se sospeche sobre las motivaciones del TC. Sin embargo había una cantidad importante de puntos que eran claramente inconstitucionales. Claramente inconstitucionales significa “era previsible para alguien más o menos imparcial que el TC los anulara”. Estoy pensando en todos los preceptos de tono soberanista que recogía el estatuto. De nuevo, no se trata de una ciencia exacta, pero nadie que haya estudiado derecho constitucional debería sorprenderse de que el tribunal los anulara; lo sorprendente habría sido lo contrario porque todos esos preceptos iban contra el espíritu de la Constitución tal y como la conocemos. El tribunal podría, obviamente, haber hecho una interpretación “creativa” -sorprendente-; no sería la primera vez que lo hace. Sin embargo, creo que se puede argumentar que este tipo de interpretaciones solo son legítimas cuando se trata de reflejar algo no controvertido. Cuando se trata de algo con lo que una parte importante de la opinión pública en España disiente, ir contra el espíritu de la constitución es una decisión claramente política. Lo que me lleva a mi segundo punto.
Desde el punto de vista de las ciencias sociales, el papel de una constitución es poner coto a las cosas que los órganos de gobierno pueden hacer y encuadrar el ejercicio del poder. La democracia no es una expresión de algún ente metafísico llamado nación o pueblo o nada similar; es un mecanismo para tomar decisiones de forma colectiva y es, además, un mecanismo que está a años luz de ser perfecto. Los referendums son formas relativamente torpes de agregar preferencias; los gobiernos tienden a hacer cosas incoherentes y los parlamentos no son los ciudadanos sino partidos políticos que han ganado elecciones con intereses propios. Por todas estas razones, tenemos constituciones que excluyen ciertas cosas y exigen un procedimiento específico para otras. No son necesariamente las más importantes pero sí las que son más peligrosas de manipular; cosas relativamente triviales como el plazo para presentar un presupuesto o para convocar elecciones o el procedimiento de elección de los presidentes de la cámaras tienen rango constitucional. La idea de todo esto es asegurar que cambiar estas cosas es difícil y requiere un procedimiento “agravado y complejo” para asegurar que se toman en cuenta de los intereses de todo el mundo.
Todo esto para explicar que los términos del debate está obviamente mal planteado. El editorial de los periódicos catalanes habla de “España” y “Cataluña” como si se tratara de espíritus hegelianos que concluyen tratos. La aprobación de Estatutos está sometida a un control de constitucionalidad por una buena razón; el tipo de modelo de Estado que queremos es algo que debe ser consensuado y que no debe estar sujeto a mayorías parlamentarias más o menos temporales. Es lo que hay y, personalmente, me parece muy razonable. Concretamente, creo que es tramposo hablar del tribunal constitucional como si fueran un grupo de gente malvada por oposición a la voluntad democrática del Congreso. Lo cierto es que la aprobación del Estatuto en el parlamento nacional fue un caso clásico- de libro- de logrolling entre federaciones y entre partidos, pero que en ningún caso gozó de un amplio consenso en la sociedad española en su conjunto, aunque, sí, y es algo que no cuestiono, en la catalana.
No digo esto para deslegitimar el proceso; solo para hacer notar que el hecho de haber sido votado por el parlamento no asegura, automáticamente, que sea maravilloso y el sentir de todo el mundo. Y esa es la razón por la que existe un tribunal constitucional. Hay cosas en el Estatuto que sólo se pueden lograr reformando la constitución. Para reformar la constitución, uno necesita una mayoría más amplia y si se intenta reformar por la vía ordinaria dónde sólo necesitas mayoría simple, es una violación de las reglas del juego.
Por último, se dice que el tribunal constitucional está deslegitimado. Bueno, es cierto que el PP hizo mal haciendo el troll con las recusaciones, etc,… pero lo cierto es que ponerse ahora a discutir este tipo de cosas es un pelín oportunista y, la verdad, relativamente irrelevante. Nadie había pensado en que el tribunal constitucional funcionaba mal hasta ahora.
Por lo demás, lo que me parece más molesto de todo es este pseudo lenguaje hegeliano de “España quiere” “Cataluña está a gusto”. Estoy por hacer la observación que me hizo kantor hace tiempo “¿La sociedad?” ¿quién es esa zorra? De verdad; los jueces no son España, ni tampoco el Parlamento.
Tengo una pregunta, intencionalmente demagógica, para terminar. Cuando la mafia de los líderes políticos europeos básicamente rebajaran a la mitad las instituciones del tratado de Lisboa nombrando a dos tipos grises, desconocidos y carentes de autoridad que harán el papel de títere ¿porque nadie salió indignado hablando de la dignidad/unidad de Europa? Ortega se refería a este fenómeno como “provincianismo”.
PD2: Podéis leer las dos partes de mi ensayo publicado en PIFIA sobre la teoría general del frikismo; algo infinitamente más importante que el Estatuto la dignidad de Cataluña y la unidad de Ejpaña. I y II
Discuten en el blog de Esplugas sobre el problema de enseñar el creacionismo o si los creacionistas deben tener derecho a educar a sus hijos según les parezca. El argumento de Esplugas es previsiblemente que sí y que la única forma legítima de conseguir difundir la visión científica del mundo es la de “persuadir” a los que están enfrente de que tu punto de vista es el correcto. Iba a contestar allí, pero como el blog está un poco trista vamos a hacerlo aquí.
En primer lugar, Albert sugiere que los argumentos no deben ser “impuestos” sino que deben competir en el “mercado de las ideas”. Es algo gracioso porque ilustra bastante bien esa visión del mundo que tiende a creer que las cosas ocurren en el vacío histórico. Esto me lleva a hablar de Marx. Los libertarios, como Albert, creen que la propiedad privada está justificada por el hecho de la “apropiación originaria” dónde un individuo se apropia de algo que no es de nadie no haciendo violencia ni violando el derecho de nadie en absoluto. Lo cierto es que es algo que a Marx no le convenció en ningún momento. Al contrario, Marx señalaba que, lejos de haber sido originados por una pacífica apropiación originaria, la mayor parte de los derechos de propiedad obtenidos por la burguesía se habían logrado privando a la colectividad de bienes que antes eran considerados comunes, con la ayuda de la fuerza y la violencia del Estado, por supuesto.
De forma análoga, yo argumentaría que las ideas tampoco ocurren en el vacío y no tiene demasiado sentido hablar de un “mercado de las ideas” como si se tratara de un sitio dónde la mayoría de la gente compra ideas igual que compra tomates. Lo cierto es que la cosmovisión religiosa, lejos de haber sido algo que haya surgido de forma espontánea, es algo que tiene un fuerte componente cultural y por tanto de “path dependence”, casualmente reforzado por el hecho de que el Estado ha perseguido durante siglos la disidencia. Lo que quiero decir con esto es que ese punto de vista basado en considerar que se debe llegar a una especie de compromiso es algo bastante nuevo y en absoluto neutro.
Lo cuál me lleva a explicar por qué, desde el punto de vista filosófico, no soy liberal. El liberalismo es un invento relativamente reciente; lo cierto es que la tradición política que se origina en Aristóteles giraba alrededor de explicar en qué consiste la “buena vida” o “una buena sociedad”. En el siglo XIX en el siglo XIX, sin embargo, un grupo de gente inventaron la idea de que lo realmente relevante era que la gente fuera libre porque nadie podía determinar que era bueno en sí mismo y válido para todo el mundo.
Personalmente, creo que es una muy buena idea que una sociedad esté organizada alrededor de la idea de “libertad”. Es decir, me gusta la libertad como concepto jurídico rector, o como idea para organizar la arquitectura social. Lo que no me convence en absoluto es esa idea que tiende a considerar la libertad como algo sagrado de origen metafísico, en parte porque no creo que lo metafísico exista en absoluto. Llamaré a esta actitud “liberalismo filosófico” o liberalismo a secas, en lo que queda de artículo. Lo cierto es que lo que una persona decide hacer libremente es algo que es explicable y depende de cosas que él no ha elegido libremente, y eso es así si uno se toma en serio la ciencia y la búsqueda de la verdad- es decir, el determinismo es la hipotésis científicamente más verosímil si uno la compara con sus alternativas (el animismo en todas sus variantes), aunque lógicamente -¡como todo en ciencia!- no es más que una hipótesis. Por eso, una buena teoría filósofica debería tener algo que decir sobre esas cosas que determinan las elecciones- algo que el “liberalismo” no tiene. Con esto quiero decir, a la hora de elegir entre dos alternativas que hagan que una misma persona elija libremente una cosa u otra, un punto de vista liberal no podría tener nada que decir.
Lo cuál me lleva al tema del que trata Albert en el post. Por una acrobacia intelectual para mí incomprensible, los liberales en España- y por lo visto también por ahí fuera- defienden el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos. Digo incomprensible porque me parece igual de arbitrario desde el punto de vista liberal que lo elija el Estado, los padres o el fontanero de la casa- al fin y al cabo el que debería elegir es el niño, ¿qué fue de la ética de la no agresión?. Pero dejando eso a un lado, lo que me parece más preocupante es esa especie de idea que parece sugerir que el adoctrinamiento no existe y que el hecho de haber sido educado en una determinada idea no es algo que condiciona o determina la capacidad para acceder después a otra cosa. Hablando en plata, la idea de que mientras se tenga acceso a las ideas evolucionistas no importa si se enseña desde chiquititos el creacionismo porque serán capaces de “elegir libremente”. Como decía Luzbel en esta entrada según esta forma de pensar “somos lo que somos en un vacío ambiental, genético y evolutivo, en el cual decidimos. (…) [que es una visión que ] roza el chamanismo o el espiritismo.”
En el post y en los comentarios concretamente hay luego otros problemas. Por ejemplo, la falaz comparación que se hace entre las ideas científicas y las ideas religiosas como si enseñar unas u otras de forma obligatoria fueran dos formas de dogmatismo. Lo cierto es que la comparación no se sostiene porque, como nos ha explicado unas cuantas veces Jesús, la ciencia no son proposiciones absolutas, sino en general basadas en la idea de verosimilitud y de provisionalidad mientras que las religiones si pretenden ser verdades absolutas. La ciencia se basa en verdades provisionales que se van perfeccionando con el progreso, la religión se basa en dogmas y en jugar con mecanismos psicológicos. Mirad, Richard Feynman lo explica mejor que yo:
Todo esto no sería tan gracioso si no viniera de alguien como Albert que defiende las ideas de una escuela económica ultra-minoritaria (algo que previsiblemente no cambiará en el futuro) y que sugiere que ese hecho (de ser minoritario) es uno de los causantes de la crisis actual. Quiero decir, Albert sugiere que el “mercado de las ideas” seleccionará correctamente la verdad, mientras que él mismo se adhiere a visiones cuyo éxito en el mercado de las ideas es al menos dudoso y que sin embargo considera ciertas. No sé, me cuesta verlo.
En esta bitácora estamos en guerra contra el gobierno, al menos desde que decidió quitar al mejor ministro de economía-quitando a Fuentes Quintana- que ha tenido España desde la transición. Hay un conjunto de cosas que no entiendo, que son tremendamente evidentes y que se me escapa como la gente que mueve los hilos y toma las decisiones no ve. No tengo muy claro si es porque mis planteamientos son erróneos y hay algo que se me escapa, o probablemente ellos son idiotas. Ahí va la lista; respondedme cuál de las dos opciones es correcta.
1. Decir la verdad, cubrirse contra el optimismo: probablemente el principal fallo del gobierno fue lo de “afrontamos una leve desaceleración”. Aunque desde entonces, parece, ha cambiado el tono, la actitud ha seguido siendo la misma; apostar a que las cosas mejorarán y que no se note demasiado. Lo cierto es que la alternativa me parece mucho mejor. En lugar de poner en marcha una especie de optimismo poco creíble (las cosas no están tan mal y sabemos lo que estamos haciendo) el gobierno podría haber apostado por el catastrofismo no necesariamente cierto, aunque sí probablemente creíble: afrontamos la peor crisis de nuestra historia, se debe en buena parte al modelo productivo que teníamos en el que nos metió (listar aquí una lista de medidas horribles del PP y un conjunto de informes internacionales que subrayaran las debilidades de la economía española) y ahora tendremos una época mala no, horrible que no sabemos cuanto durará.
2. Aún así, tenemos un plan: A pesar de que las cosas estén mal, nosotros vamos a hacer todo lo posible por que mejoren. Un buen plan debería tener tres elementos.
a. Ser contingente:La idea es la siguiente y es la forma en que deben hacerse las políticas públicas. Cuando uno está en una recesión, actúa en una situación de incertidumbre. Por tanto, un plan de recuperación debería dejar claro las hipótesis en las que se apoya (como se cree qeu evolucionará la economía, como lo hará la economía mundial y el entorno, etc…), dibujar varios escenarios (más o menos optimistas) y explicar por qué se elige uno y no otro. A continuación, sobre la base de este diagnóstico, formular un menú de soluciones que irían variando según varíen las cosas. Fijar fechas para revisar el diagnóstico y las soluciones y un conjunto de check points que se exponga periódicamente al parlamento. Aunque suene complicado, es algo que hasta yo sería capaz de explicar en una presentación power point: sólo hace falta recopilar los diagnóstico y estimaciones de distintas instituciones y consultoras, hacer unos gráficos y explicárselos a la prensa.
Tratar con distintos escenarios y evoluciones y diseñar instrumentos adaptados a cada uno es una forma de blindarte contra posibles críticas. Si el PP te acusa de subir los impuestos en lugar de bajarlos, tú puedes decir, como dijo Solbes en el debate con Pizarro, si que los bajaras producirías un deficit de tanto y que si reduces el gasto tendrías otro problema.
b. Ser comprehensivo: El plan debería abarcar un conjunto amplio de escenarios y diseñar instrumentos para cada uno de ellos. Típicamente, debería tener dos aspectos; uno estructural (reformas del mercado de trabajos, de bienes, del estado del bienestar, etc….) y otro coyuntural (ayudas, reducciones de impuestos, cheques bebé, etc…). La idea es qeu el gobierno debe mostrar una determinación firme de querer cambiar las cosas, hacer tabla rasa del pasado. La exposición de todas las medidas debería hacerse en comparación con otros países (”pondremos guarderías gratuitas porque en los países escandinavos han ayudado a que las mujeres no dejen su empleo”). La idea es también aprovechar que las cosas están mal para hacer pasar todas las cosas qeu haya que hacer pasar como un gran paquete y que todo tenga una visión de conjunto. Por último, ponerlo todo dentro de un mismo plan permite evaluar su impacto conjunto, negociarlo con sindicatos patronal y partidos de oposición, etc,…
c. Ser realista: abstenerse de decir que lo que uno ha previsto es una receta mágica. Decir en cambio que es la menos mala de todas las opciones. Si uno decide subir los impuestos sobre la renta, por ejemplo, puede respaldarlo con una previsión que explique que si se sube el IVA no aumentará la recaudación, sino la economía sumergida. Abstenerse de decir que van a subir los impuestos a los ricos; para aumentar la recaudación, la única opción es la gente de clase media pague. Exponer los pros y los contras de cada ideas, respaldar la elección con datos y con estudios (los cajones están llenos de buenos estudios) y refutar las críticas de acuerdo con las consecuencias posibles.
3. Una buena puesta en escena para parecer creíble:De forma general, Zapatero debería pedirle a Sarkozy que le explique su táctica para exponer a bombo y platillo medidas irrelevantes dando la impresión de que sabe lo que hace. Acusar a la gente que se oponga de falta de lealtad o de patriotismo; aterrar a la gente con lo mal que irán las cosas si las medidas no se adoptan; usar datos e informes para respaldar las medidas (que hayan sido tomadas de acuerdo con datos e informes); exponer periódicamente los resultados y la revisión del diagnóstico de acuerdo con la evolución dando la impresión de que todo estaba previsto (y debería estarlo si el plan ha sido formulado de forma contingente); fichar a gente con reputación para el ministerio de economía y anunciarlo de forma creíble (no Elena Salgado no es un ejemplo)-digamos, profesores de universidad con fama internacional. Explicar las cosas tanto de una forma compleja usando datos, gráficos etc,…- para la prensa, los empresarios, expertos, etc- como de forma pedagógica y de forma necesariamente más sencilla- con ejemplos, metáforas, gráficos sencillos, etc…
Veamos, ninguna de las cosas anteriores, me parece, es necesariamente complicada. Los ministerios están llenos de funcionarios capacitados para hacer los informes, las presentaciones power point, redactar los discursos, evaluar la evolución y los resultados, etc, etc, etc,… Ninguna de estas cosas son especialmente complicadas ni originales. La pregunta es ¿Por qué nadie ha pensado en ellas?
Durante la discusión de los dos posts anteriores sobre las imperfecciones en el mercado laboral y el de productos, el debate ha terminado degenerando en una especie de competición dónde unos nombrábamos fricciones posibles y otros sin negar su existencia minimizaban su importancia confiando en la fuerza de la competencia a la hora de limitar las rentas. El problema, por lo visto, es fundamentalmente empírico. ¿Con cuál de los dos modelos encaja mejor el mundo real, con el competitivo o con el monopolístico?
Un caso interesante para chequear cada hipótesis es el salario mínimo en el mercado laboral. ¿Cómo afecta el salario mínimo al equilibrio del mercado laboral? En la medida en que cada modelo genera predicciones distintas, se puede chequear empíricamente su validez viendo cuales de las predicciones se adaptan mejor a la realidad. Recordamos por tanto las predicciones de cada modelo (i) y después vemos la evidencia empírica (ii)
(i)Teoría: El análisis económico del salario mínimo
En un modelo competitivo, las empresas igualan el salario a la productividad marginal multiplicada por el precio. Es decir, las empresas aumentan el número de trabajadores hasta que el último trabajador produce exactamente lo que hay que pagarle. Los trabajadores, por su parte, plantean sus demandas eligiendo entre dos bienes, el ocio y el consumo. En equilibrio, el salario que se paga refleja exactamente el valor del ocio para el trabajador y los trabajadores que no están empleados son sólo los que no aceptan trabajar recibiendo lo mismo que producen. Si el salario estuviera por debajo, otra empresa pujará por el trabajador haciéndolo subir, si el salario está por encima todos los trabajadores serán atraídos por esta empresa. Decimos que el paro es “voluntario”. El efecto del salario mínimo en este sentido introduce una brecha entre trabajadores dispuestos a trabajar por ese salario y empresas dispuestas a contratarlos generando “paro involuntario”. La predicción es por tanto que la introducción de un salario mínimo reducirá considerablemente el empleo, especialmente de los trabajadores menos cualificados que son los que tienen menos productividad y deberían ser pagados por debajo de ese salario.
Esta idea cambió sustancialmente cuando en 1946 Georges Stigler (economista de Chicago-liberal- y posterior premio Nobel) escribió un artículo fundador admitiendo la posibilidad teórica de que un aumento del salario mínimo aumentara el número de contrataciones si “el empleador dispusiera de un grado de control significativo sobre el salario que paga”. Es decir, si el empleador tiene poder demonopsonio. Cuando existe poder de monopsonio, vimos, el resultado de equilibrio es que el salario está por debajo de la productividad marginal y el empleo es menor que en competencia perfecta. Esto es así porque contratar un trabajador adicional tiene dos costes: el coste del salario que hay que pagar al trabajador adicional y el coste en que se incurre al hacer subir el salario de mercado que debe ser pagado a todos los trabajadores.
¿Cuál es el efecto del salario mínimo en un mercado monopsonístico? Si el Estado fija el salario un poco encima del salario elegido por el empresario, entonces éste ve su margen reducido. Sin embargo, como había una brecha entre la productividad y el salario qeu pagaba, este margen sigue siendo positivo siempre que el aumento sea pequeño de modo que el empleo no disminuye. Al mismo tiempo, al aumentar el salario habrá trabajadores que buscarán empleo más intensamente, que se incorporarán al mercado de trabajo o que que aceptarán trabajos que antes no aceptaban. El efecto del salario mínimo es por tanto el de aumentar el empleo total y el salario de los trabajadores que están al principio de la distribución de salarios a costa de las rentas empresariales.
Este efecto no es sin embargo el único. Al igual que en el modelo competitivo, al aumentar el salario mínimo, habrá trabajadores poco productivos que serán excluidos del mercado de trabajo y eso reducirá el empleo. Sin embargo, en la medida en que el primer efecto domine -es decir, para salarios mínimos relativamente bajos- el efecto neto será aumentar el empleo y el salario de los menos cualificados. La relación entre salario mínimo y empleo es por tanto en forma de U invertida; para niveles bajos un aumento del SMI aumenta el empleo, para niveles intermedios tiene un efecto relativamente neutro y para niveles altos el empleo cae.
(ii) Evidencia empírica
¿Cuál de los dos modelos es una mejor representación de la realidad? Es decir, ¿aumenta realmente el salario mínimo el desempleo y significa eso qeu los mercados de trabajo son muy competitivos como o por el contrario el poder de monopsonio es sustancial y el salario mínimo tiene un efecto pequeño o nulo? Para un análisis detallado os remito a la serie que escribió Jose sobre el tema (i, ii), aquí quiero explicar el experimento “natural” que hicieron Alan Krueger y David Card sobre el asunto que les llevó a escribir después un libro. (artículo original, gratis, aquí)
En 1992 el Estado de New Jersey aumentó de forma relativamente súbita el salario mínimo en un 19% (es decir, bastante). Por el contrario, la situación en el Estado vecino de Pennsylvania no varió. Card y Krueger pensaron entonces aprovechar esta situación natural de estática comparativa para chequear los resultados de los modelos que hemos visto. Para verlo, se fijaron en la industria de la comida rápida situada en ambos estados. ¿Por qué la comida rápida? Bueno, la comida rápida emplea el tipo de mano de obra que suele estar empleada al salario mínimo y la rentabilidad de los restaurantes depende directamente del nivel del SMI. El razonamiento al que se adhieren los economistas como Kantor es que en esta situación, la rentabilidad bajará y, al estar empleada la mano de obra al nivel competitivo, muchas empresas cerrarían y el empleo en el sector bajaría. Por el contrario, en Pennsylvania dónde el salario mínimo no había cambiado, la evolución debería haber sido sustancialmente distinta, no sólo por no haber sufrido la subido, sino también porque habría una migración de trabajadores desempleados.
Krueger y Card llevaron a cabo varias encuestas a lo largo del año 1992 para ver cuál había sido la evolución en la industria del fast food. El resultado fue hasta cierto punto sorprendente: el efecto del aumento sustancial del SMI no sólo no habría sido negativo, sino que habría incluso débilmente positivo.
El artículo produjo un debate considerable en EUA, desde gente que cuestionaba la calidad de los datos, el modo de obtención de los mismos o el método de comparar dos poblaciones con shocks exógenos distintos (copiado de la medicina). Sin embargo, a lo largo de las respuestas que desarrollaron Krueger y Card tendieron a reafirmar la conclusión inicial. Por ejemplo, evaluaron el impacto sobre los jóvenes de entre 16 y 24 años (de nuevo una población posiblemente sujeta al SMI) y descubrieron que en relación con el resto de EUA, el empleo habría aumentado en New Jersey entre esta población.
¿Cuál es la conclusión? El experimento de Krueger y Card pone en evidencia que la estructura de los mercados laborales es, al menos para la mano de obra poco cualificada- la afectada por el salario mínimo- sustancialmente monopsonística; es decir, los empresarios explotan a los trabajadores y los remuneran por debajo de su productividad marginal. De otra forma, la predicción de caída del empleo se habría cumplido.
Por otro lado, personalmente, soy poco entusiasta -bastante menos qeu los sindicatos en cualquier caso- respecto de los aumentos del SMI. Como explicaba antes, el aumento del SMI tiene dos efectos: excluir trabajadores poco productivos del mercado de trabajo e incitar a trabajadores que demandan salarios más altos a incorporarse. Excluir a la gente menos productiva (los pobres y los inmigrantes) es algo razonablemente regresivo e ineficiente que me causa alergia como socialdemócrata y como economista. El SMI debería ser distinto entre sectores- en función de la productividad- para ser “óptimo”, algo muy dificil de hacer, máxime cuando los aumentos se hacen por razones electorales y no con la teoría económica en la mano, lo que tiende a subirlo por encima de lo razonable. En Francia, por ejemplo, es probable que el SMI destruya empleo- como contraste a EUA. Si de lo que se trata es de redistribuir, prefiero un impuesto negativo sobre la renta- o una bajada de las cotizaciones a la SS financiada con un impuesto más progresivo- que un aumento del SMI.
La crítica marxista de la explotación capitalista, se puede reconstruir en lenguaje moderno como la síntesis de dos ideas, una moral y otra económica. La tésis económica propugna que en una economía capitalista, una situación dónde uno minoría se limitan a obtener beneficios por el hecho de detener los medios de producción es ineficiente, mientras que la tésis moral considera que además de ser ineficiente, es injusta. Ambas tesis desembocan en una prescripción política: la eutanasia obligatoria para los rentistas- rentista= aquél que recibe algo sin haber trabajado.
Aunque la tésis moral no me parece totalmente sostenible* la intuición que estaba detrás de la tésis económica era esencialmente correcta y es uno de los principios más fértiles de la economía (ortodoxa) contemporánea. La idea de que un mercado capitalista puro -con un estado que se limite a garantizar el orden público y asegurar que los contratos se cumplan- lleva a una situación ineficiente es algo bien anclado en la teoría económica moderna. Pero vamos a empezar por el principio.
Atención chicos: esto es “droga dura”, aunque he intentado simplficar bastante las ideas, el post me ha salido muy largo así que he decidido cortarlo en dos; publico la otra parte mañana y creo que hay cosas que no terminan de entenderse si no las habéis visto antes. Aun así, respondo en los comentarios.
Competencia perfecta y el mundo Arrow Debreu
Uno de los grandes avances de la teoría económica es el marco Arrow Debreu y especialmente los dos teoremas del bienestar. Lo que, de forma resumida, nos dice el marco Arrow Debreu es que cuando los mercados tienen una determinada estructura -son completos y de competencia perfecta- son eficientes (primer teorema del bienestar). ¿Qué significa eficiente? Significa que los recursos se aprovechan al máximo y se produce todo lo que se puede producir con unos recursos dados y la producción va a parar a los que están dispuestos/pueden a pagar más por ello.
Una de las predicciones del marco Arrow Debreu es que los factores de producción - trabajo y capital- son remunerados de acuerdo con su productividad marginal. Para el caso del trabajo, la idea es que cada trabajador produce un poco más y dado que los empresarios compiten para atraer trabajadores, tendrán que pagarle lo máximo que puedan- es decir, todo lo que produce. Como el valor de la producción es el precio del bien. Por tanto en equilibrio tiene que cumplirse que Productividad marginal del trabajoxPrecio=salario . Es decir, el salario es igual a lo que valen todas las unidades que produce el trabajador adicional. Otro tanto ocurre para el capital Productividad marginal del capitalxprecio= tipo de interés.
Por otro lado, la competencia en el mercado de bienes hace que todas las empresas tengan que producir al nivel de sus costes (es decir, de la remuneración de los factores) de forma que se cumple que Coste Marginal=Precio. En este marco no hay beneficios propiamente dichos, sólo hay remuneración de factores. Como estos bienes se venden en mercado dónde compran los que han recibido la renta de los factores de producción, tenemos una situación estrictamente eficiente.
Kantor tiene razón al considerar que esta teoría es estrictamente mejor que la teoría del valor según la cuál el capital no producía estrictamente nada y habría una explotación en cualquier clase de remuneración del capital y especialmente en que el “problema de la transformación” sigue siendo hoy un enigma. Pero, como veremos, las cosas cambian cuando cambiamos un poco los supuestos.
Monopolio y monopsonio
Aunque el modelo Arrow Debreu es muy útil para mostrar muchas cosas porque muchos resultados son robustos y el modelo es un simplificación matemáticamente muy manejable. Pero ésto sólo se mantiene si uno tiene claras las hipótesis hundidas del modelo. Una de ellas es que las empresas son precio aceptantes,tanto en el mercado de bienes como en el factores porque hay un mecanismo, la competencia, que las disciplina. Si una empresa redujera sus salarios, el modelo asume, todos sus trabajadores se irán a la competencia a trabajar. Si una empresa aumenta sus precios, todos los consumidores pasarían a comprar en la competencia. Es decir, la empresa no puede influir en el precio al que vende ni en el salario que paga; ambos están determinados por el mercado los economistas decimos que no tienen poder de mercado.
¿Qué ocurriría si hubiera una sóla empresa? Hablamos entonces de un monopolio (cuando la empresa es la única que vende un bien) o de un monopsonio (cuando es la única que los demanda). En esta situación se puede mostrar que la condición anterior (Pmg x Precio = precio del factor) no se cumple. ¿Por qué? Vamos a verlo.
En el caso de un monopolio. El efecto que tiene producir una unidad más para una empresa sobre sus ingresos es doble; por un lado vende más y por tanto sus ingresos aumentan; pero por otro, en una situación dónde no hay competencia también hace bajar el precio de todas las unidades que vende. Esos dos efectos son el ingreso marginal. En esta situación, es posible que una empresa pueda ganar produciendo menos; no sólo se ahorraría costes de producción, además todas las unidades que vende serían más caras. El resultado estilizado es que en situación de monopolio tenemos precios más altos y menos producción.
En el caso de un monoposonio ocurre algo similar. En un mercado competitivo, contratar un trabajador más afecta a los costes de dos formas (el coste marginal de un trabajador); Por un lado, debe pagar el salario, más alto, a ese trabajador. Pero por otro, ese aumento de los salario afecta a todos los trabajadores que contrata. En esta situación, la empresa preferirá contratar menos trabajadores, aunque produzca menos-y venda menos- a cambio de mantener los salarios bajos. El resultado es por tanto, salarios más bajos y menos empleo.
Una vez que hemos hecho estos apuntes, podemos ver dónde surge la explotación. Joan Robinson decía que en una economía capitalista, el trabajador está doblemente explotado. Está explotado monopolísticamente porque el empleador decir producir menos y por tanto contratar menos trabajadores para mantener los precios de los productos altos y explotado monopsonísticamente porque el empresario querrá mantener la demanda de trabajo baja para mantener los salarios bajos. Está explotado porque el salario no está al nivel de su productividad marginal; está por debajo. Lo que surge de esa diferencia son RENTAS que son detenidas por los capitalistas y yo suscribo, junto con Marx, Joan Robinson y Kantor que deben ser eliminadas.
Vemos por tanto que según adoptemos unos supuestos u otros, los resultados son radicalmente distintos. La pregunta es ¿cuál de los dos resultados es más realista? Lo vemos en el próximo post.
*Me parece incompleta porque considera sólo las injusticias que ocurren en el mercado de trabajo. Es una teoría que lleva a considerar a las mujeres en los países dónde se les prohíbe trabajar o los disminuidos psíquicos asistidos como explotadores.
Quería reseñar que Alberto Garzón ha tenido la (rara y elogiable) amabilidad de disculparse por el tono del cruce de posts que tuvimos sobre el mercado laboral.
Por supuesto, yo sigo llevando razón y él no(:P) y podéis comprobarlo con el último post que ha publicado dónde básicamente se dedica a repetir un conjunto de lugares comunes, vaguedades, hombre de paja, molinos de viento y tópicos que no termina de justificar para concluir alegremente que los economistas ortodoxos engañamos a la gente. Siguiendo esto de copiar comentarios que he puesto en otros blogs, os copio un largo comentario que le he dejado:
Alberto, casi todos tus posts deforman las posiciones que criticas. Al menos deberías “citar” algo que justifique lo que estás criticando máxime cuando tienes un amigo que es un economista ortodoxo que tiene unos cuentos posts que puedes fiskear alegremente.
“EO se caracteriza por definir a la economía como “la ciencia que estudia la asignación eficiente de recursos escasos”.”
Eso es un hombre de paja. Los economistas ortodoxos estudiamos los mecanismos de asignación de recursos y cuáles son sus consecuencias (eso es la “economía positiva” y el objetivo no está definido). A continuación, solemos usar criterios para evaluar distintos estados de cosas (eso es economía normativa). Pero uno puede combinar distintos criterios normativos según su punto de vista ideológico, con las mismas herramientas positivas.
Mi opinión personal-que no adscribo a ninguna corriente concreta- es que, uno necesita ambos aspectos para que la ciencia económica sea útil. Por supuesto, depende para qué quieres la ciencia económica. Si lo que te interesa es poder lucirte ante tus colegas con demostraciones elegantes o follar mucho a continuación de las asambleas de partido, probablemente esta concepción sea inadecuada. En mi caso, la economía debe iluminar las decisiones públicas y privadas para mejorar el bienestar de la sociedad y hacer del mundo un lugar más justo. Pero no hay ningún obstáculo a hacer sólo economía positiva- el fin no está definido tampoco.
“criterios determinados que, de forma adecuada, deben tener como efecto prioritario la consecución del objetivo fundamental: el crecimiento económico.”
Esto es otro hombre de paja. Espero que seas consciente del hecho de que acabas de pasarte por el arco del triunfo 80 años de economía del bienestar. Leete el post, anda: (puedes encontrar una presentación un poco menos elaborada en cualquier libro de hacienda pública)
“Ambas corrientes tienen una carga ideológica profunda. Es tan ideológico buscar una mejor distribución de la renta como aspirar continuamente al crecimiento económico, pasando desde luego por aquellos que buscan priorizar el medio ambiente.”
Probablemente sea ideológico BUSCAR cosas, pero es poco probable que lo sea DESCRIBIR. Volvemos a la diferencia “positivo-normativo”de nuevo, leete el post (la fuente de “Mark Blaug: “La metodología de la ciencia económica”)
El crecimiento: los economistas sensatos defendemos que las economías que crecen más son, ceteris paribus, mejores. Hay varias razones. Allá va una lista no exhaustiva:
1.Si uno piensa que, grosso modo, los bienes y servicios que se producen son los que demandan los consumidores -algo que debería ocurrir en un régimen de mercado más o menos eficiente- más bienes y servicios producidos significan más eficiencia.
2. Más riqueza significa también más recursos para hacer políticas públicas. El crecimiento del PIB tiene un impacto directo sobre la recaudación y cuando uno toma decisiones financieras para el sector público, es un dato muy relevante
3. Por último, mientras que lo justa, igualitaria, o eficiente que es una sociedad es algo dificil y generalmente bastante subjetivo de evaluar, especialmente para los ciudadanos, el crecimiento es algo bastante objetivo y claro. Si uno quiere vigilar como hacen las cosas los políticos-algo propio de toda sociedad democrática, es razonable que se fije en el crecimiento.
“La EO considera que la Ciencia Económica es en cierta medida autónoma del resto de ciencias sociales. En cambio, la EH considera que para entender la economía se debe prestar atención, en mayor o menor medida según escuelas de pensamiento, a otras ramas de la ciencia social. ”
Esto es una exageración. Es cierto que muchos-la mayoría tal vez- economistas ortodoxos creen no tener mucho que aprender de otras disciplinas. No obstante, esto es algo que no es exclusivo de la economía: todos los científicos creen que tienen cierto grado de autonomía respecto del resto de disciplinas.
Aún así, si uno define “ortodoxia” de forma más o menos amplia, es algo radicalmente falso. Propongo considerar “ortodoxia” toda la gente susceptible de ganar premios nobel. Kanheman y Tverski era psicólogos; Akerlof es famoso por usar hipotesis sacadas de la sociología para justificar la rigidez de los salarios. Krugman es licenciado en historia y ha ha metido muchas hipótesis sacadas de la geografía en sus modelos de comercio. Amartya Sen habla todo el rato de antropología. Douglas North es historiador y ha incorporado el papel de las instituciones dentro de la teoría ortodoxa.
En resumen, si miras en el “hard core” de la economía ortodoxa, como en cualquier disciplina, encuentras gente que la considera autónoma. Si miras en las “fronteras”, hay gente que sin dejar de ser ortodoxa incropora ideas de las biología evolutiva, la sociología, la psicología, la historia, etc,… De nuevo,. hombre de paja.
Mientras que para la EO nos encontramos ante una sociedad inmóvil (…)para la EH nos encontramos ante una sociedad histórica determinada (el capitalismo)
Esto es estrictamente falso, y si quieres te mando un artículo de Solow dónde dice exactamente lo contrario. Nuestros modelos incorporan instituciones concretas y no son válidos fuera de ellas. Sin derechos de propiedad no hay mercado, sin ordenamiento jurídico no hay intercambio, etc,… De hecho, hay toda una corriente (la nueva economía institucional: Williamson, Coase, North) perfectamente ortodoxa que se dedica a estudiar las instituciones.
La ciencia natural: personalmente pienso que las ciencias naturales son más exactas y sus conclusiones más sólidas porque tratan con sistemas menos complejos que las sociedades humanas. POr eso, en la medida de lo posible, es interesante aprender de ellas e intentar imitarlas. Lo que dices sobre los métodos matemáticos y econométricos es simplemente falso: tengo un paper de Samuelson que puedo mandarte dónde el tipo dice, explícitamente, que aunque usemos herramientos parecidas a las de los físicos, eso no significa ni por asomo que nuestras conclusiones sean igual de precisa. En cuanto a la econometría ¿te suena la crítica de Lucas? ¿Son Lucas y Samuelson economistas heterodoxos según tu punto de vista?
“Y es que las consecuencias de las dos formas de entender la economía van más allá de lo metodológico. Salta a la vista, por ejemplo, que la EO beneficia al status quo y al orden social existente sea cuál sea”
Esto es simplemente falso. Las conclusiones EO no justificaba el orden social existente en la URSS, ni lo justifica en Venezuela ni en Cuba hoy. Es probablemente cierto que los (buenos) EO tienden a tener cierta aversión a la ingeniería social excesivamente ambiciosa-y por tanto a ser escépticos respecto a los cambios- pero la razón es totalmente distinta a la que tú crees: es porque sabemos que nuestras conclusiones no son igual de sólidas que, digamos, en la física, por lo que sabemos que nuestra ingeniería no es comparable a la que hay para los puentes o los edificios.
En general, existe-ya te lo he dicho alguna vez- una tensión fundamental en tu forma de ver las cosas. Por un lado proclamas a bombo platillo que no podemos tener conclusiones exactas en ciencias sociales y que debemos tener muchos puntos de vista, todos ellos muy influidos por concepciones ideológicas y por otro lado crees que basándote en esa base tan débil puedes poner en marcha proyectos ambiciosos de cambio social y político. Suena a lo de Woody Allen “Qué mala es la comida aquí, además las raciones son tan pequeñas”
Una de las denominaciones que más urticaria me producen y que sin embargo me veo obligado a usar para que la gente me entienda, es la idea de autodenominarme de “centro izquierda”, “social-liberal” o de “izquierda moderada”. Es la etiqueta que uso para decir “vale, me gusta lo de la sanidad pública, pero leo el The Economist y me tomo en serio la economía ortodoxa”. Para muchos, esta etiqueta está justificada como una especie de desistimiento en la ambición de conseguir ciertos objetivos. Hablar de la necesidad de liberalizar determinados sectores y de no subvencionar otros, de estar a favor del libre comercio o en contra de que determinados servicios públicos sean gratuitos es interpretado como una “concesión” al pensamiento de derechas y/o liberal, léase burgués.
La idea que subyace en este razonamiento es que existe una lógica “social” opuesta a la lógica “económica” y que el objetivo de la izquierda debería ser el de mantener un mayor número de aspectos de la vida en sociedad bajo la primera esfera. Esta idea, por supuesto, contraría muchas conclusiones bien establecidas en ciencias sociales y a menudo tiende a justificar situaciones de ineficacia o injusticia flagrante. Llamaré Estado de Bienestar para Ricos (EBR) al conjunto de políticas cuyo efecto es netamente regresivo o ineficaz en términos de renta, pero cuya legitimación se hace mediante un lenguaje izquierdista que oculta ese carácter regresivo. Los casos son numerosos: el proteccionismo económico, la política agraria, la subvención de determinados sectores de la industria cultural, la política industrial, la semigratuitidad de la enseñanza superior… .Detallaré más estos efectos en los artículos siguientes; aquí sólo me interesa plantear el marco teórico.
Marx, contrariamente a lo que suele pensarse, sigue siendo útil, y lo es especialmente para criticar este tipo de cosas. El primer elemento útil-y la pieza central de esta crítica- es la reconstrucción de la teoría de la explotación que produce John Roemer (sacado de aquí). Tras el colapso de la teoría laboral del valor, junto con el resto de la economía clásica, Roemer cree sin embargo que es posible reconstruir la idea de explotación marxista. La idea de Roemer es desligar el grado de descentralización de las decisiones de producción y consumo (i.e. el papel del mercado) de lo socializados que están los medios de producción. Este grado de socialización depende lo explotado que esté un determinado grupo. Un grupo está explotado por otro cuando existen desigualdades que resultan de la división del trabajo y concretamente del acceso distinto a determinados recursos. En palabras de Roemer “I propose that a group be conceived as exploted if it has some condtionally feasible alternative under which its members would be better off”
Así, podemos diferenciar distintos tipos de explotación de acuerdo con las distintas fases del materialismo histórico; tendríamos explotación feudal si asumiendo que los siervos poseyeran sus lotes de tierra éstos fueran obligados por la ley feudal a trabajar para tener acceso a sus frutos, estos pudieran retirarse con sus lotes y, aún así, estar mejor que con la relación feudal. En una sociedad capitalista (con propiedad privada) no existe explotación feudal-el trabajo el voluntario- pero sí existe explotación capitalista si suponemos que un grupo (los proletarios) podría retirarse del proceso productivo con su parte justa de los medios de producción y estar mejor. La idea es interesante porque permite comparar los resultados -el que resulta de la asignación en una economía capitalista y el que resultaría si tuvieran acceso igualitario a los medios de producción- sin tener en cuenta los procesos por los que se producen las asignaciones -el mercado o el Estado. El Estado o la ausencia de un régimen de mercado, puede, por tanto, ser un instrumento al servicio de la explotacióncapitalista; y eso es de hecho, lo que hace el EBR.
¿Cómo es esto posible? En realidad, no es algo fundamentalmente nuevo. La teoría marxista del Estado que reconstruye Elster explica que una de las funciones del Estado ayudar a los explotadores en su tarea de extraer la plusvalía que pertenece a los trabajadores. Pero la pregunta surge ¿cómo es posible que esto ocurra en el caso de un régimen democrático? ¿realmente algo que se hace en el nombre de la lógica “social” puede cumplir esa función? Marx es considerado (junto con Freud y Niesztche) uno de los filósofos de la sospecha: la idea de que uno debe desconfiar de las cosas tal como vienen presentadas, e ir más allá. La última pieza de nuestro análisis es pues la crítica marxista de la ideología. En la optica del materialismo histórico lo que caracteriza al modo de producción capitalista capitalista -por oposición a los modos asiáticos y feudales- es que la explotación no es aparente, sino que está solapada por un velo de legitimidad imprimido por la ilusión de la libre elección. En un régimen democrático dónde la explotación fuera aparente, en principio, los pobres deberían expropiar a los ricos y abolir las políticas cuyo efecto fuera regresivo. No obstante, esto no ocurre porque el régimen de producción capitalista genera instituciones que tienden a legitimar la explotación, a ocultarla el conflicto de intereses fundamental que subyace dentro de la sociedad y retrasan la lucha de clases. Una de esas instituciones es la ideología. Así pues, REFORMULAMOS El Estado o la ausencia de un régimen de mercado, puede, por tanto, ser un instrumento al servicio de la explotación capitalista y es posible que esto prevalezca, incluso en un régimen democrático, debido a la existencia de ideologías que justifiquen ese status quo y ocultan el conflicto de intereses subyacente.
Las piezas del marco teórico comienzan pues a encajar las unas con las otras. El EBR es algo que, lejos de cumplir una función “social” que redistribuya renta y reduzca el grado de desigualdad, puede a menudo aumentar el grado de explotación que sufre un determinado colectivo si lo comparamos con una solución a través de un mercado menos regulado. En una sociedad con instituciones idílicas, este tipo de explotación sería aparente y sería eliminada simplemente reduciendo ese tipo de política y dejando jugar al mercado o al sector privado. No obstante, esto no ocurre necesariamente en un régimen capitalista porque existen instituciones, generadas por la propia dinámica del sistema, que legitiman este tipo de prácticas dándoles una apariencia de legitimidad.
Concretamente, la ideología que mencionaba en el segundo párrafo es un ejemplo. La paleo-izquierda, al defender políticas regresivas o ineficaces bajo el signo de ideologías que pretenden proteger a los débiles, es por tanto un agente esencial del proceso de explotación que tiene lugar en una sociedad capitalista avanzada. En este sentido, podemos decir que este tipo de izquierda que se pretende más pura por esgrimir una retórica más “social”-léase demagógica- que nosotros es en realidad fundamentalmente reaccionaria.