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Archive for the ‘Israel’ Category

Reflexion de fin de semana sobre el derecho a criticar a Israel

Sábado, Junio 5th, 2010

Al igual que cualquier persona con pene que viva en un pais occidental, he sido alguna vez tratado de machista, habitualmente por mujeres y en particular por mi madre a raiz de mis propios comentarios sobre el feminismo, version oficial. Siempre me ha parecido una apreciacion ridicula porque, en general, siempre me he considerado bastante menos machista que mi madre o que muchas de mis amigas que, a diferencia de mi, tendian a pensar que los hombres y las mujeres tenemos diferencias estructurales mucho mas marcadas de lo que en mi opinion es razonable aceptar. En general, es extremadamente raro que mi explicacion para la estupidez/inteligencia de alguien pase por la entrepierna de esa persona; mientras que he tenido que soportar unas cuantas veces algun “los hombres no lo entendeis” o “las mujeres somos asi”. No obstante, sugerir que el feminismo academico y la queer theory es, en un 90%, esencialmente un fraude intelectual sigue siendo algo que hoy me pone en el mismo campo que Federico Trillo.

Explico esto porque con el tema del conflicto Israeli me pasa por el estilo. Creo que es dificil considerar que soy una persona antisemita; de hecho, simpatizo esteticamente mucho con el proyecto sionista como ideal, aunque algo menos con la forma en que ha sido llevado a la practica. En los ultimos dias, a raiz de lo de la flotilla, hemos visto el conjunto habitual de exabruptos y, en mi opinion, de falta de prudencia a la hora de juzgar lo que habia ocurrido.

Cuando las fuerzas de seguridad de un Estado que se proclama como una democracia liberal lleva a cabo una operacion que resulta en 10 muertos, eso es algo que deberia ser sospechoso e investigable o en cualquier caso criticable; y deberia serlo si hubiera ocurrido en cualquier sitio. Pasar a sugerir inmediatamente y sin tener mas datos de lo que ocurrio que un pais que es un estado liberal tenia la intencion de lograr ese resultado para dar un escarmiento, es algo que nadie moderadamente razonable deberia hacer. Ninguna de las cosas del parrafo anterior tienen que ver con que se trate de Israel. La mezcla juicio critico+voto de confianza es algo que deberia ser el prerrequisito para juzgar de forma relativamente ecuanime y justa un hecho.

Ahora, lo realmente odioso de todo este debate es que, al igual que el tema del femenismo o el aborto, parece estar prohibido hablar de determinadas cosas, porque en el fondo no se trata de un debate, se trata de una guerra mediatica basada donde las partes “razonan” basandose en “cierres epistemicos“.

Pensaba en esto leyendo este ensayo que he encontrado de Tony Judt donde defendia a dos autores que habian escrito un libro sobre “Lobby Judio”, diciendo que mientras que era evidente que ese lobby existia en los EUA, deberia ser posible mantener un debate razonable sobre el tema de cual es su influencia y si esta es positiva o negativa. Sin embargo, cualquier intento de sacar el tema recibia inmediatamente el calificativo de “antisemita”.

Lo contrario tambien ocurre. Mi padre, una persona por lo demas bastante razonable, me decia el otro dia que era increible que Israel quedara siempre impune con estas cosas. Cuando yo sugeri que tal vez habia que pensar todo esto con la cabeza algo mas fria y que en general los medios tienden a ser injustos con Israel, mi padre me miro como poco menos que si hubiera propuesto hacer limpieza etnica a gran escala en oriente medio.

Decia todo esto, porque, igual que tantos otros temas, que van desde la guerra civil hasta el aborto pasando por la familia y no miles de cosas, el debate acaba siempre dominado por la histeria donde parece realmente que uno no tiene derecho a criticar a Israel y si tuviera, uno tiene miedo de ejercerlo por terminar compartiendo trinchera con Guillermo Toledo o algun tertuliano de la SER.

Nota: Chequead este debate, es interesante.

Antisemitismo & Antisionismo

Miércoles, Diciembre 23rd, 2009

La idea de escribir este post me vino después de la cena que tuvimos el grupo más activo de apóstoles de la servidumbre y la exacción fiscal que vivimos en Madrid dónde salió el tema de la relación entre antisemitismo y antisionismo y concretamente si se trata del mismo fenómeno o no. Mi idea es convertir esto en una especie de meme/debate sobre el tema, dónde aquí expondré mi punto de vista y espero que bien en los comentarios bien en los respectivos blogs, la gente se anime a llevarme la contraria o matizarlo. Adelanto que mi opinión es básicamente especulativa.

Mi punto de vista es que, aunque relacionadas, ambas actitudes son distintas y separables. ¿Qué significa que son distintas? Puede significar distintas cosas. Como posición personal/individual creo que es indiscutible que es posible ser antisionista (i.e. opuesto al proyecto de construcción nacional de Israel y a su soberanía sobre los territorios que ocupan) sin por ello ser antisemita (tener algo en contra de los judíos por el hecho de serlo) y posiblemente al revés. Se trata de dos posiciones separables desde el punto de vista lógico y político y desde luego que, al menos en mi opinión, merecen juicios de valor distintos. Creo que en esto estamos básicamente de acuerdo.

Lo que creo que estaba abierto a discusión era si son fenómenos sociales diferentes. Aquí me gustaría hacer una pequeña puntualización de método. Para alguien que no crea filosóficamente en la existencia de esencias hegelianas qu pugnan entre sí, la utilidad de las tipologías es puramente descriptiva; nunca explicativa. Si dos fenómenos son iguales es porque responden a causas similares o tienen consecuencias análogas y, en definitiva, merecen ser estudiados de la misma forma, no porque realmente sean iguales. Digo esto para evitarnos problemas sobre nominalismos estériles.

Mi ángulo de ataque, por tanto, es que, en primer lugar, se trata de fenómenos con un origen histórico diferenciado. El antisemitismo surge históricamente de alguna forma de conflicto de corte étnico, basado en el papel que ocupaban los judíos en la sociedad, en prejuicios religiosos (se les creía segun tengo entendido, estúpidamente, responsables de la muerte de jesucristo), etc… El origen histórico del antisionismo, sin embargo, además de bastante más reciente (como mucho igual de antiguo que el sionismo) y se basa en una oposición a la política exterior que lleva a cabo un Estado concreto o en la solidaridad con el lado árabe del conflicto.

La diferenciación de ambos fenómenos -es mi apuesta- es interesante por varias razones. En primer lugar, apuesto a que responden a variables explicativas distintas, incluso a nivel psicológico o sociológico. El antisemitismo es una forma de racismo mientras que el antisionismo es básicamente un punto de vista político relacionado con una posición en política exterior. El primero es predominantemente -al menos hoy- un fenómeno de derechas y el segundo un fenómeno de izquierdas y por tanto deben ser reactivos a distintos tipos de prejuicios. Desde luego, ambos  se dan de forma relativamente separada, aunque no siempre.

Responsabilidad moral, Razón de Estado y Estado de Derecho

Martes, Mayo 19th, 2009

He pasado mi primera hora de estudio de esta mañana leyendo y pensando en la reseña que hacían en el mundo (lo he leído en papel y la noticia no era exactamente la misma) de la entrevista que le han hecho en Vanity Fair a Rafael Vera. Lo cierto es que me ha intrigado bastante y me ha recordado la discusión que teníamos el otro día con Lole sobre lo de saltarse las reglas en derecho internacional.

Vera habla de los GAL y se defiende diciendo cosas como (he copiado las frases en el cuaderno pero no son exactas) “Al llegar, nos encontramos con una estructura que ya existía; simplemente seguimos con ella; si los que estaban antes eran inocentes yo también” o “Después de un atentado como el de Hipercor con veinte muertos, ¿qué cree usted que pide la opinión pública?” o la mejor de todas respecto a los fondos reservados “Me dijeron lo que se hacía con ellos y yo seguí haciéndolo (…) Era legal” Pues no, resulta que no era legal.

El debate que me gustaría plantear no es si lo que dice es cierto o no, sino si, suponiendo que sea cierto, existe alguna razón para que eso le exima de lo que hizo. Si Vera es o no inocente me importa relativamente poco, así que tomaroslo como un ejercicio mental que es lo qu eme interesa. Es decir, si suponiendo que él actuaba con el beneplácito de sus superiores (i.e. Felipe Gonzalez) solamente seguía haciendo lo que hacía y no había otra forma de hacerlo.

En primer lugar, dejadme hacer un poco de abogado del diablo (sino, esto no sería interesante). Cuando pensamos en enjuiciar las decisiones de un líder político, uno no puede pensar en ello como si él las tomara en el vacío, sino en un determinado contexto. Concretamente, me interesa lo el “argumento de la continuidad” la idea de que él siguió solamente con lo que ya se estaba haciendo. Cuando un lider político, como Vera, llega a un ministerio, las decisiones no las toma sobre una tabla rasa sino que normalmente existe un conjunto de prácticas, instituciones, costumbres y demás instituciones que tienen un efecto de inercia organizativa y cambiarlas radicalmente supone un coste . Especialmente cuando uno depende de sus subordinados qeu normalmente tienen más información y más conocimientos que uno. La guerra sucia contra ETA era probablemente un ejemplo de esas prácticas; era la política que, según cuenta, llevaba siguiéndose en el ministerio desde hacía años como respuesta a la acción terrorista. Cambiar de rumbo y reencaminarlo en el curso legal suponía una acción con riesgo (de que saliera mal) y con costes de adaptación (seguir lo que se está haciendo siempre es menos arriesgado que innovar) y con beneficios inciertos. 

¿Cuál es la posición de un tipo como Rafael Vera en esta estructura? Vera era el secretario de Estado para la seguridad, es decir, el subordinado del ministro y el jefe de la policía. Eso significa que tenía dos tipos de presiones: desde arriba y desde abajo. Desde abajo, dependía de sus subordinados, en este caso la policía. Un cargo político en general no sabe tomar decisiones técnicas y es de hecho bueno al menos al principio no las tome sino que se deje aconsejar. Por arriba, tendría la responsabilidad antes sus jefes políticos, todos ellos responsables ante la opinión pública y respondiendo, como debe ser en una democracia, a la lógica electoral.

Si juntamos estos dos tipos de presiones el argumento tiene cierta coherencia: si uno se sitúa en el contexto de los años 80 cuando la ofensiva etarra era altísima -con decenas de muertos al año- y dónde la opinión pública pedía a voces que se hiciera algo sin que les importara demasiado el qué. Por otro lado los subordinados legitimaban la guerra sucia como algo “normal” que siempre se había hecho como respuesta a una situación excepcional. Además, Vera aduce la falta de colaboración de Francia que se hecho “toleraba” las actividades etarras en su territorio así como la percepción de una amenaza de un golpe de Estado militar como respuesta a la falta de energía en la lucha antiterrorista. Por último, en un esquema de guerra de desgaste como en el que estaba inmersos el Estado y ETA entonces, una disminución de la agresividad en la estrategia podía haber sido interpretado como una debilidad y haber aumentado el umbral de resistencia de la organización.

Cuando ponemos todo esto junto, resulta más comprensible entender las razones de un tipo como Rafael Vera; intentar cambiar de rumbo hacia un respeto estricto de la legalidad era una acción con beneficios menos que inciertos, riesgos enormes y un éxito dudoso -si lo hubiera hecho lo habrían destituido y puesto a otro.

Lo que me interesa de este análisis es que cuando ponemos el problema en contexto, la repulsión inicial que nos causa (al menos a mí) la acción de un hombre como Vera se ve considerablemente atenuada. Es decir, es razonable que si no está mintiendo, él se considere inocente de haber hecho nada “malo” aunque no necesariamente legal.

Ante este análisis existen dos tipos de reacciones. La primera es la reacción legalista” que era la que esgrimía Lole el otro día: lo que hicieron era ilegal e, independientemente de que lo que persiguieran fuera una causa noble, debieron respetar las reglas del juego- en este caso las reglas jurídicas de un Estado de Derecho. Esta posición coincide con la que yo habría mantenido en mis años de kelseniano militante, pero lo cierto es que tiene ciertos problemas. En primer lugar, lo “jurídico” y lo “moral (bueno, ético, etc…)” no son necesariamente cosas idénticas y en cualquier caso no guardan una correlación exacta, ni siquiera aproximada en muchos casos. Es decir, existe una infinidad de casos dónde saltarse las leyes es algo razonable, que van desde el funcionario que se salta alguna fase del procedimiento porque vas con prisa para hacerte un favor, hasta la intervención de los EUA en europa en la segunda guerra mundial, pasando por las leyes nazis y los argumentos de obediencia debida y por algunas de las estrategias defensivas de Israel. No hurgaré en ello; todas las posturas no consecuencialistas tienen que lidiar con este tipo de problemas.

El problema es que la postura alternativa a la legalista, digamos basada en la “razón de Estado” y en que el fin justifica los medios tiene algunos problemas. Lole me recordaba que es el tipo de análisis que te lleva a hablar bien de la dictadura de pinochet y a alabar los golpes de Estado. En última instancia, se podría argumentar que la postura incita a que la gente se salte las normas con la idea de que serán vindicados por la historia y al ser esa intención buena, deberían ser absueltos.

Mi postura es un intermedio entre ambas, aunque más próxima de la segunda que de la primera. Por un lado, creo que las reglas son necesarias y que nadie, especialmente los gobernantes, deberían poder saltárselas facilmente, mucho menos con la idea de “razón de Estado” detrás. Por otro lado, reconozco que a menudo estas reglas son insuficiente para que determinadas cosas necesarias se hagan y creo que éstas deben ser violadas sólo cuando a) El objetivo que se persiga sea realmente importante y haya cierta proporcionalidad en la violación y b) La probabilidad de éxito sea alta- no se viole de forma gratuita. Una forma de de resumirlo es “En principio violar las reglas no debe ser condenable, pero si te pillan y/o te sale mal se te tiene que caer el pelo”.

Para el caso de Vera (siempre suponiendo que lo que dice es cierto), esto me lleva a un conclusión que muchos tacharán de cínica. A nivel moral, es posible y probable que no merezca una reprobación severa ya que actuar de otro modo sería haberle exigido un comportamiento cercano a lo heroico. Sin embargo, en un mundo dónde el derecho -y en general las instituciones, solo las jurídicas- es un mecanismo de control social que asegura que las cosas no se van de madre, gente como Rafael Vera, o Pinochet debe ir a la cárcel; sino la credibilidad de esas reglas que son archinecesarias para que la sociedad funcione se hundiría. Aunque el comportamiento heroico no sea exigible a nivel moral, la política es una actividad de riesgo y los cargos políticos como Vera no son sólo gestores, sino decisores; si había alguien responsable de romper la inercia organizativa era él y es razonable que se le condene para dar ejemplo por no haberlo hecho. Por último, creo que la gente que no tomaba realmente decisiones y sólo seguía órdenes -no tenía tanta responsabilidad- debería salir indemne. Es decir, comparto la idea de egócrata respecto de Guantánamo

En el fondo lo que estoy abogando es una visión positivista-utilitarista de las normas penales. Lo que se hace con la norma penal es diseñar mecanismos, funciones de “prevención general”, no ejercer juicios de valor. La credibilidad de un mecanismo de incentivos puede depender de que se castigue a gente inocente, aunque la cantidad de gente inocente debe obviamente ser proporcionada (es decir, vale cuando se mete a Vera en la cárcel, no cuando se bombardea Gaza).

¿Tiene sentido criticar a Israel?

Miércoles, Diciembre 31st, 2008

Una reacción común por parte de la derecha del “apoyo incondicional” cuando los partidarios del apoyo condicional criticamos las acciones de Israel, es la acusación de “Falta de realismo” o de “traición”. El patrón de razonamiento siempre es común: los que consideramos que Israel se excede y lo criticamos estamos cometiendo uno de los dos siguientes tipos de errores:

  • Un error ético porque el pueblo de Israel son “los buenos” y Hamás los malos y criticar a Israel es una forma de traición. Kantor lo explica bastante bien: en definitiva, yo tengo bando, porque Israel es mejor que Palestina, y porque Occidente es mejor que el Islam (en Amsterdam y en Tel Aviv), y me alegro de cada centímetro cuadrado que ganamos a su costa, ya sea por la guerra o mejor aún, por la conversión. También me hubiese alegrado del avance soviético hacia Berlin, y ahora sabemos que fue un tanto traumático.
  • Un error estratégico porque ignoramos como funcionan las reglas de la guerra dónde no existen juicios normativos o exigir respeto por los derechos humanos supone una deficit de realismo en nuestro punto de vista. Y aquí, Kantor también lo expone bastante bien: Pero ¿vale todo en la guerra?  Vale matar al enemigo, claro, por eso se le llama enemigo, y por eso se llama guerra. O sea, que valen cosas muy feas. De hecho se trata de matar al enemigo, cuantos más enemigos mejor, hasta que se rinda, o no quede ninguno (¿no te parece bien? ¿y que coño crees que les hicimos a los alemanes y los japoneses?)

A la primera crítica, ya respondí aqúi y no, no creo que criticar a Israel sea una forma de traición, ni a Israel, ni a Occidente (y Mario Vargas Llosa tampoco por cierto). ¿Qué hay de la segunda crítica? ¿Tiene sentido mirar con lupa las acciones de Israel para ver si respetan la proporcionalidad?

Kantor opina que no- y desde luego, no es el único, en siracusa han posteado unas cuantas opiniones por el estilo-no he mirado en red liberal-, pero me centraré en el dado que ambos hablamos un idioma metodológico bastante parecido.

¿Qué es la guerra?

En el post anterior argumenté que había un número de bajas necesario- que Israel no podía evitar para garantizar su seguridad- pero que para ser óptimo, debía ser también el mínimo, de entre todos los números de bajas enemigas. Concretamente, desde el punto de vista objetivo, si damos el mismo valor a todas las vidas, la mejor solución sería la que minimizara el número de bajas, sin contar si se trata de un bando o de otro. Ese es el criterio con el que lo historiadores evalúan lo desastroso de las guerras y el único consistente con una perspectiva no etnicista de la justicia social.

Esa situación óptima no será espontánea. De hecho, una respuesta intuitiva sería que lo ideal sería que el número de muertos fuera exactamente 0. La guerra no es un juego de suma 0- no se pierde o se gana como argumenta kantor- desde el punto de vista objetivo es un juego de suma vastamente negativa- porque todos los muertos cuentan y todo el mundo pierde. Luego desde el punto de vista colectivo, lo mejor es una situación de Paz (0 muertos) o lo que más se acerque a esa situación ¿cierto?.

Pero la situación de Paz no es, en principio, posible. ¿Por qué? Una buena razón para ello es porque la valoración de las vidas ajenas suele ser menor que el valor que se otorga a las vidas propias. Es decir, si los palestinos dieran el mismo valor a las vidas israelíes que a las suyas propias, es probable que no hubiera guerra; pero si matan israelíes es porque prefieren hacerlo.

Cuando una o las dos partes prefieren la violencia  al resto de cosas que podrían hacer, tenemos una situación de Guerra. En la guerra, hay una de las partes que agrede y la otra que, normalmente, suele tener que defenderse o al revés, agredir.

En términos de teoría de juegos, decimos que la paz no es un equilibrio de Nash. La única situación de equilibrio es la guerra: una situación dónde las dos partes atacan o-es lo mismo- las dos se defienden porque no hay mejor defensa que un buen ataque. Para cada parte, tiene sentido atacar a la otra, entre otras cosas, porque sabe que la otra sino lo atacará. A eso se refiere kantor con “hostilidad permanente”.

Pero, de todas las situaciones de guerra -las únicas posibles- hay algunas que son preferibles a otras. Concretamente, si seguimos la idea anterior, la mejor situación es aquélla en la que muere menos gente- sin que importe de dónde viene esa gente.

Para Kantor, y para los partidarios del apoyo incondicional, esta situación se logra apoyando a Israel de forma incondicional. Dado que Israel son los buenos, es probable que si les damos todo nuestro apoyo ellos apliquen la mejor solución, aquélla que minimizará el número de bajas de los dos bandos.

Dinámica del conflicto y juegos a dos niveles

En economía describiríamos esa situación como una dónde los intereses colectivos-minimizar el número de bajas de los dos bandos- están alineados con los intereses de una de las partes- Israel. Démosles nuestro apoyo incondicional y ellos lograrán la paz. Una versión alternativa de este argumento, que esgrimen con frecuencia los israelíes, es el de la soberanía: se trata de un problema interno en el que los europeos no tenemos mucho que decir.

¿Es este punto de vista realista? Yo creo que no lo es. De hecho, es un punto de vista contrario al que mantienen los gobiernos europeos en general, y casi todas las organizaciones internacionales. Para Kantor, claro, se trata de una forma de degradación positivista, pero yo defiendo que tiene cierta lógica.

Pensad en lo siguiente: ¿qué variables tomará en cuenta un jefe israelí a la hora de decidir sus acciones? Kantor nos da una buena indicación sobre cómo lo hacía Sharon:

Como todo comandante creíble no contaba las bajas enemigas como las propias: las de los combatientes no las contaba o las contaba positivamente, las de los civiles palestinos las contaba menos que las de los propios. Yo como israelí jamas votaría a alguien que hiciese otra cosa. En cuanto a los palestinos ya sabemos que votan igual que los alemanes, es decir ellos cuentan a los civiles israelies muertos como una victoria.

Lo que uno debería preguntarse es si esta descripción del patrón de comportamiento de un decisor Israelí será el que minimice las bajas de los dos bandos. Existe, teóricamente, una posibilidad de que esto sea así. En teoría de juegos llamamos a esto una solución de negociación de Nash. Lo que esta idea nos dice es que si los jugadores tienen el mismo poder de negociación, la solución tendrá un caracter eficiente aún cuando sólo les interese su propio bienestar. En palabras del conflicto: si Israel quisiera minimizar sus bajas, los palestinos quisieran minimizar las suyas y ambos tuvieran el mismo poder de negociación entonces el número de bajas totales correspondería con el mínimo que consideramos mejor.¿Se cumplen esas condiciones en el conflicto Palestino israelí?

Algo que tenemos que entender es que cuando hablamos de Israel y de Hamás no estamos hablando de personas, sino de grupos/organizaciones y eso hace que el comportamiento colectivo no tenga por qué ser “racional” en el sentido de minimizar el número de bajas. Al contrario, es posible y probable que responda a incentivos más variados. Por ejemplo, Hamás es una organización basada en el fanatismo y existen razones de psicología organizativa para que los que llegan a los puestos de decisión sean los más duros siempre (Ignacio sanchez cuenca defiende esta teoría respecto a ETA): los partidarios de seguir en el conflicto.

Pero lo que nos interesa aquí, es el caso de Israel. ¿Tiene sentido pensar que Israel minimizará sus bajas propias? Israel es una democracia y como todas las democracias defines su prioridades a partir de elecciones y dinámicas parlamentarias. Concretamente, el gobierno actual, ha estado sufriendo una oposición considerable por parte del partido de Benjamin Netanyahu, que sí es muy partidario de la mano dura con Hamás. El gobierno está bajo la presión interna de demostrar que es suficientemente duro con los palestinos y que no, no está en condiciones de dejarles hacer porque eso, posiblemente, les costaría las elecciones. Esto es la lógica del carrito de helados: cuando el partido de derechas se mueve a la derecha, el de izquierda le sigue para capturar su voto. Así que contrariamente a lo que decía Geografo; una democracia SÍ puede hacer esto, de hecho, es muy probable que lo haga precisamente porque es una democracia. En esta dinámica, es probable que el gobierno Israelí sobrerreaccione para ganar credibilidad, no sólo respecto a los palestinos, sino respecto a su propio electorado.

Por último, el poder de negociación es considerablemente asimétrico. Israel no es solo el bando de los buenos, también es el bando de los militarmente poderosos. La tecnología militar que tiene Israel es una tecnología que permite inflingir daños masivos al enemigo, pero en ningún caso discriminar entre enemigos. Discriminar entre enemigos es lo que hacemos en el sistema interno: procesamos a la gente judicialmente y miramos si son o no inocentes; en la guerra, como bien indica kantor, inflingimos daños masivos al enemigo. Para discriminar entre enemigos, sería probablemente necesario tomar más riesgos- incursiones armadas, asesinatos selectivos, etc,…- algo que el gobierno Israelí, minimizando sus bajas propias, está poco dispuesto a admitir.

Esto explica que el resultado final sea probablemente el de un número de bajas mucho más importantes que el que tendríamos minimizando el número total.

El papel de la sociedad internacional

Este escenario es lo que en economía llamamos un problema de acción colectiva: una situación dónde el número total de bajas es subóptimo. ¿Como podemos acercarnos todo lo posible a una situación de paz?

La sociedad internacional probablemente no pueda hacer mucho y nosotros desde aquí que somos los “jefes” de los gobiernos probablemente tampoco. Luego todas esas campañas metiéndose con Israel no tendrán mucho más efecto que el de aumentar el odio.

Sin embargo, que no podamos hacer mucho no significa que no podamos hacer algo. Nuestro objetivo es diseñar un mecanismo que haga a las partes acercarse todo lo posible a la situación óptima. Eso implica sancionar a cada una de las partes cuando estas se excedan de forma que eso les haga soportar un “coste” adicional.

La dinámica es exactamente la misma que cuando hacemos pagar a una empresa por contaminar: le hacemos soportar algo un poco más cercano a el coste real de sus acciones. La presión internacional, para minimizar el número de víctimas, debería reequilibrar la balanza de forma que la solución se acerque todo lo posible a la solución de negociación de Nash.

Es decir, SÏ tiene sentido criticar a Israel, en la medida en que eso hace que, a la hora de decidir sus acciones, tengan en cuenta el efecto que eso tiene sobre el prestigio internacional. Israel sabe que necesita a las potencias occidentales y por eso sabe que no puede pasarse en las cosas que hace.

Un punto importante, es que ninguna de estas ideas implica pensar que Israel no lleva razón en sus reivindicaciones, no implica ser menos sionista de lo que deberíamos, no implica ser un traidor. Lo que implica, es admitir que Israel, por su condición de potencia militarmente muy poderosa, es susceptible de extralimitarse en sus respuestas y ESO hace necesario que verifiquemos si esas respuestas se producen dentro de ciertos límites o no.

Nota/Actualización: Un conocido diario eurábico ha escrito un editorial que suscribo casi al 100%:

And yet Israel should not be surprised by the torrent of indignation it has aroused from around the world. This is not just because people seldom back the side with the F-16s. In general, a war must pass three tests to be justified. A country must first have exhausted all other means of defending itself. The attack should be proportionate to the objective. And it must stand a reasonable chance of achieving its goal. On all three of these tests Israel is on shakier ground than it cares to admit.

En mi artículo original el término técnico para describirlo en castellano era el de “chapuza”. Lo que dice el economist se parece bastante. Leedlo entero.

Midiendo la proporcionalidad

Lunes, Diciembre 29th, 2008

Mi entrada anterior ha recibido un par de críticas (al menos), una por cada lado.  Por un lado, Snipfer ha argumentado que

En el caso particular que nos ocupa; se habla mucho de desproporcionalidad, pero lo cierto es que la respuesta no es para nada desproporcionada y se podría incluso calificar de quirúrgica.
Lo que pasa es que ante cohetes de fabricación casera, Apaches y Cazas son una respuesta asimétrica. Asimetría es la palabra: La respuesta es asimétrica, como no podría ser de otra manera viniendo de quien viene. Los terroristas recurren a soluciones low-tech, mientras que el Leviatán tiene a su disposición un poder de fuego que hace palidecer a cualquier cosa que los terroristas puedan conseguir.

Y por otro, a geógrafo no le ha parecido bien mi llamada al principio de caridad:

No se puede amparar en un “estado de guerra” perpetuo y que en el terreno las cosas se ven de una forma diferente, básicamente porque eso no es una justificación o una causa legítima para una acción armada, sino una especie de garantía de impunidad.

Cuando hablamos de este tipo de cosas, solemos hablar de “acciones excesivas”, o “desproporcionadas”, etc… Pero a mí me gustaría dejar el terreno de las ideas abstractas y llegar a algo así como algo comprobable sobre el terreno. En general, el orden lógico suele invertirse: primero se elige la parte y luego se determinan unos estándares de lo que resulta aceptable de acuerdo con lo que es necesario para satisfacerlo. Es algo que ya salió cuando debatí con la gente de siracusa sobre el tema del derecho internacional y el imperio; mi problema cuando la gente dice que el derecho internacional es demasiado garantista es que lo que proponen no es un Derecho alternativo, sino una alternativa al Derecho, es decir, una situación dónde todo más o menos vale siempre y cuando lo hagamos nosotros y no hay reglas del juego.

En general, toda la gente más o menos sensata- la que espero que lea este blog- estamos de acuerdo en al menos dos cosas respecto al conflicto entre Israel y Palestina:

  1. Israel es un Estado y tiene derecho a defenderse de los ataques contra su población civil
  2. La forma en que se ejerce ese derecho debe tener algún límite y que la gente muera no es algo deseable.

Los que no estén de acuerdo con alguna de las dos proposiciones anteriores pueden por favor salir de este blog (cuestión de higiene) los demás pueden seguir leyendo. Bien, esto es lo que en economía se llama un “tradeoff”, es decir, una situación dónde tenemos que llegar a un punto medio entre dos puntos de vista. El hecho de que Israel se defiende supone que, probablemente, deberá hacer uso de violencia de algún tipo y eso implicará que habrá gente que morirá para salvar a otra.¿Cierto?

Mi problema principal, como expresaba en el post anterior, es que las posiciones grises parece que no existen. Uno es totalmente proarabe o totalmente proisraelí; pero si existe ese tradeoff, debe haber un límite dónde lo que hacen los árabes o los israelíes es excesivo y la respuesta del otro está justificada.

Mi pregunta es la siguiente: ¿Cuál es el ratio de intercambio? Para que algo sea considerado como “proporcional” o “necesario” es necesario que el mal que evita sea mayor que el mal que causa. Aquí tenemos dos males: los muertos de un bando y los muertos del otro.

Cuando snipfer considera que 250 víctimas no le parece un número excesivo, mi pregunta es: si el derecho a defenderse tiene límites, ¿cuanto sería un número excesivo? ¿Está snipfer en condiciones de argumentar que esas 250 víctimas eran necesarias? ¿Cuantos israelíes salvó el ejército israelí con su intervención? La razón por la que soy crítica con la chapuza es porque, en mi función de utilidad, la vida de un palestino y la de un israelí valen esencialmente lo mismo y tengo serias dudas de que los 15 críos que salían el colegio fueran necesarios para salvar a, al menos, otros 15 críos israelíes.

A la inversa, espero de geógrafo que define también un estándar. Si Israel tiene derecho a defenderse ¿Cómo debe ejercer ese derecho? ¿Cómo debe reaccionar un Estado cuando lanzan cohetes contra su población civil? ¿Cuál debe ser la política de seguridad de Israel? Lo que yo argumentaba en el post es que no creo que un estado en la situación de Israel-rodeado de enemigos y con problemas de seguridad muy importantes- deba ser considerado de la misma forma que un pacífico estado occidental. Cuando geógrafo dice que le parece mal ¿qué nivel de reacción podría ser considerado como “defensa legítima”?

En general, de lo que estamos hablando es, siempre, de un problema de gestión del riesgo y como cualquier problema de este tipo la posición debería ser intermedia. Mi idea es que, para evitar caer en la arbitrariedad y el favoritismo, cada uno debería definir, ex ante, unos estándares de lo que le parece aceptable y luego comparar esos estándares con el caso concreto. Eso debería permitir decir qué es y no es proporcional y adecuado. Eso debería ser una alternativa a la idea de “una de las partes lleva siempre razón”.

Actualización: Kantor ha entendido bastante bien mi post y ha dado una respuesta coherente: las vidas palestinas no cuentan porque es la guerra y a largo plazo, sólo puede sobrevivir uno de los dos bandos; cada baja enemiga cuenta para que el que sobreviva sea tu bando. Le agradezco su coherencia, pero me gustaría que el resto de gente que apoya incondicionalmente a Israel lo diga con claridad y no pretenda que “existen límites” en la legítima defensa o que nosotros somos mejores; o el apoyo es incondicional, o existen límites y nosotros somos mejores, pero las dos cosas no funcionan.

Una reflexión sobre el sionismo crítico, la no equidistancia y el apoyo condicional

Domingo, Diciembre 28th, 2008

En esta bitácora somos sionistas. Como en cualquier conflicto, no se trata de un juicio analítico válido para todas las situaciones, sino de un prejuicio. Pero se trata de una forma racional de prejuicio. Tengo varias razones para ello.

En primer lugar, un conjunto de razones ético-estratégicas. Si uno mira a ambos lados de la trinchera, hay a un lado un Estado que es, con algún matiz, una democracia liberal consolidada, perteneciente a la civilización occidental, y que funciona de forma relativamente normal. Al otro, un conjunto tribus, grupos, colectivos etnicistas que representa esencialmente la barbarie. Para alguien que cree que la principal función del Estado es la protección de los derechos fundamentales y de la democracia liberal, la elección, si debe hacerse, es casi completamente obvia ante una asimetría de este calibre.

Hay en segundo lugar, un conjunto de razones de tipo heurístico-pragmático. En mi casa compramos el País y escuchamos la SER. Como todos los medios progres occidentales, ambos presentan un sesgo pro-árabe, antisionista y equidistante que ni comparto ni me parece tolerable. Ante esta situación, una buena forma de filtrar el ruido producido por ese sesgo en la información es ser sionista; creerse sólo la mitad de lo que dicen malo sobre israel y el doble de lo que dicen bueno y al revés con los Palestinos.

En tercer lugar hay una serie de razones de tipo estético. Los judíos han militado, tal vez por razones estratégicas, en corrientes favorables al progreso desde tiempo inmemorial. Y el progreso es, innegablemente, un invento de izquierdas. De hecho, el movimiento sionista fue, hasta antes de la guerra de los seis días, una corriente esencialmente zurda. En mi caso, esta última razón tiene nombres y apellidos: se trata de Shlomo Ben Ami. La lectura de “Cual es el futuro de Israel” fue para mí una experiencia dónde mi empatía basculó de forma casi permanente hacia el lado sionista. Shlomo Ben Ami simboliza para mí la izquierda sionista, realista, y autocrítica que está ausente en los medios y que a la vez es esencial.

En la barbarie de la confrontación política, ser proisraelí supone ser automáticamente de derechas y ser crítico con Israel supone inmediatamente negar el derecho a existir de Israel y pertenecer a la izquierdaquetraicionaaoccidente; “que nadie se mueva, es la guerra”. La primera víctima de las guerras es siempre el matiz y como dice Ben Ami citando a Oscar Wilde “La diferencia entre la civilización y la barbarie es el matiz”.

Pero lo importante son siempre los matices. Ser un defensor incondicional de la Civilización no significa automáticamente ser un defensor incondicional del pueblo de Israel y ser un defensor incondicional de los derechos humanos no debería tampoco implicar ser un defensor incondicional del pueblo palestino. Y en cualquier caso, ambas cosas- la civilización y los derechos humanos- no deberían entrar en conflicto, sino exactamente lo contrario.  Los defensores del RealPolitik que hizo posible tragedias humanitarias y geoestratégicas como la guerra de Irak o los partidarios de formas modernas de tribalismo -de todos los partidos- no opinan igual. Para éstos, es razonable apoyar a Hamas o a la extrema derecha israelí , de forma incondicional.

MI objección a este tipo de razonamientos es la siguiente. Los prejuicios son probablemente una buena forma de ver las cosas cuando uno no tiene más información. Pero la adopción de tomas de partidos o de lealtades específicas en un determinado conflicto no excluye ser crítico con su lado. No creo que nadie niegue que existan o deban existir límites al modo en que se ejerce la legítima defensa. Tampoco creo que nadie esté dispuesto a sostener que “todo vale” cuando se trata de luchar contra el enemigo. En España condenamos el GAL, en Francia condenaron a los extremistas de Argelia y en Italia consideraron que “italia puede permitirse perder a Aldo Moro, no así reinstaurar la tortura“.  Mi ingenuo punto de vista considera que la defensa de los valores que fundan nuestra civilización- la libertad, la igualdad, la justicia, el respeto del individuo y una forma razonable de gestión del riesgo de seguridad- debería tomar en cuenta la situación concreta de Israel; es decir, entender que un Estado en estado de guerra no debe ni puede aplicar las mismas reglas que se aplica en una situación de paz y que el derecho a defenderse existe. Exige desde luego comprender que las cosas se ven de forma muy distinta cuando ocurren en el patio de tu casa a cuando ocurren lejos y uno comenta la jugada mirando el televisor.

Pero también exige ser crítico con violaciones manifiestas de los derechos humanos como Abu Ghraib o Guantánamo, exige ser crítico con chapuzas securitarias dónde mueren más de 250 personas entre ellos muchos inocentes (como niños que salían del colegio), y ninguna de esas exigencias supone una traición a occidente ni una defensa incondicional de la barbarie; yo diría que se trata de más bien lo contrario.

Y todas esas ideas excluyen las posiciones partidistas de apoyo incondicional; a uno o a otro bando.