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El Coliseo

Archive for the ‘globalización’ Category

Libros que debéis leer

Lunes, Julio 6th, 2009

Terminé el otro día “The Natural survival of work“, versión original (en francés). El libro es un compendio/sistematización divulgativa de lo que se sabe en economía sobre instituciones del mercado laboral (salario mínimo, costes de despido, seguro de desempleo, etc,…). El libro es fantástico por varios motivos. En primer lugar, aborda las cosas de una forma rigurosa y matizada, organizando los argumentos con pros y contras y poniéndolos en la balanza, citando literatura empírica seria, etc… En segundo lugar, el libro no es en absoluto tedioso de leer; los estudios serios están reducidos a los pies de página y el hilo argumental está ilustrado con casos concretos, historias de experimentos que se han hecho y símiles que hacen el libro muy pedagógico y accesible.

Descubro sino que los chicos del manifiesto de los Cien han publicado un e-book que aborda más o menos las mismas cosas para el caso español. El e-book es una colección de artículos que viene a reelaborar lo que decían en la propuesta de forma más concreta. No lo he leído todavía (en realidad, acababa de escribirles para sugerirles que hicieran algo en la linea de Cahuc y Zylberberg y me he topado con el e-book, ha debido ser una inspiración divina). Os intento contar más adelante lo que pienso del libro. Los artículos, por cierto, se pueden leer de forma individual en función del tema concreto que os interese. Echadles un vistazo.

Perspectivas marxistas sobre la izquierda reaccionaria y la ideología del E.B.R. I: El marco teórico

Miércoles, Julio 1st, 2009

Una de las denominaciones que más urticaria me producen y que sin embargo me veo obligado a usar para que la gente me entienda, es la idea de autodenominarme de “centro izquierda”, “social-liberal” o de “izquierda moderada”. Es la etiqueta que uso para decir “vale, me gusta lo de la sanidad pública, pero leo el The Economist y me tomo en serio la economía ortodoxa”. Para muchos, esta etiqueta está justificada como una especie de desistimiento en la ambición de conseguir ciertos objetivos. Hablar de la necesidad de liberalizar determinados sectores y de no subvencionar otros, de estar a favor del libre comercio o en contra de que determinados servicios públicos sean gratuitos es interpretado como una “concesión” al pensamiento de derechas y/o liberal, léase burgués.

La idea que subyace en este razonamiento es que existe una lógica “social” opuesta a la lógica “económica” y que el objetivo de la izquierda debería ser el de mantener un mayor número de aspectos de la vida en sociedad bajo la primera esfera. Esta idea, por supuesto, contraría muchas conclusiones bien establecidas en ciencias sociales y a menudo tiende a justificar situaciones de ineficacia o injusticia flagrante. Llamaré Estado de Bienestar para Ricos (EBR) al conjunto de políticas cuyo efecto es netamente regresivo o ineficaz en términos de renta, pero cuya legitimación se hace mediante un lenguaje izquierdista que oculta ese carácter regresivo. Los casos son numerosos: el proteccionismo económico, la política agraria, la subvención de determinados sectores de la industria cultural, la política industrial, la semigratuitidad de la enseñanza superior… .Detallaré más estos efectos en los artículos siguientes; aquí sólo me interesa plantear el marco teórico.

Marx, contrariamente a lo que suele pensarse, sigue siendo útil, y lo es especialmente para criticar este tipo de cosas. El primer elemento útil-y la pieza central de esta crítica- es la reconstrucción de la teoría de la explotación que produce John Roemer (sacado de aquí). Tras el colapso de la teoría laboral del valor, junto con el resto de la economía clásica, Roemer cree sin embargo que es posible reconstruir la idea de explotación marxista. La idea de Roemer es desligar el grado de descentralización de las decisiones de producción y consumo (i.e. el papel del mercado) de lo socializados que están los medios de producción. Este grado de socialización depende lo explotado que esté un determinado grupo. Un grupo está explotado por otro cuando existen desigualdades que resultan de la división del trabajo y concretamente del acceso distinto a determinados recursos. En palabras de Roemer “I propose that a group be conceived as exploted if it has some condtionally feasible alternative under which its members would be better off”

Así, podemos diferenciar distintos tipos de explotación de acuerdo con las distintas fases del materialismo histórico; tendríamos explotación feudal si asumiendo que los siervos poseyeran sus lotes de tierra éstos fueran obligados por la ley feudal a trabajar para tener acceso a sus frutos, estos pudieran retirarse con sus lotes y, aún así, estar mejor que con la relación feudal. En una sociedad capitalista (con propiedad privada) no existe explotación feudal-el trabajo el voluntario- pero sí existe explotación capitalista si suponemos que un grupo (los proletarios) podría retirarse del proceso productivo con su parte justa de los medios de producción y estar mejor. La idea es interesante porque permite comparar los resultados -el que resulta de la asignación en una economía capitalista y el que resultaría si tuvieran acceso igualitario a los medios de producción- sin tener en cuenta los procesos por los que se producen las asignaciones -el mercado o el Estado. El Estado o la ausencia de un régimen de mercado, puede, por tanto, ser un instrumento al servicio de la explotación capitalista; y eso es de hecho, lo que hace el EBR.

¿Cómo es esto posible? En realidad, no es algo fundamentalmente nuevo. La teoría marxista del Estado que reconstruye Elster explica que una de las funciones del Estado ayudar a los explotadores en su tarea de extraer la plusvalía que pertenece a los trabajadores. Pero la pregunta surge ¿cómo es posible que esto ocurra en el caso de un régimen democrático? ¿realmente algo que se hace en el nombre de la lógica “social” puede cumplir esa función?  Marx es considerado (junto con Freud y Niesztche) uno de los filósofos de la sospecha: la idea de que uno debe desconfiar de las cosas tal como vienen presentadas, e ir más allá. La última pieza de nuestro análisis es pues la crítica marxista de la ideología. En la optica del materialismo histórico lo que caracteriza al modo de producción capitalista capitalista -por oposición a los modos asiáticos y feudales- es que la explotación no es aparente, sino que está solapada por un velo de legitimidad imprimido por la ilusión de la libre elección. En un régimen democrático dónde la explotación fuera aparente, en principio, los pobres deberían expropiar a los ricos y abolir las políticas cuyo efecto fuera regresivo. No obstante, esto no ocurre porque el régimen de producción capitalista genera instituciones que tienden a legitimar la explotación, a ocultarla el conflicto de intereses fundamental que subyace dentro de la sociedad y retrasan la lucha de clases. Una de esas instituciones es la ideología. Así pues, REFORMULAMOS El Estado o la ausencia de un régimen de mercado, puede, por tanto, ser un instrumento al servicio de la explotación capitalista y es posible que esto prevalezca, incluso en un régimen democrático, debido a la existencia de ideologías que justifiquen ese status quo y ocultan el conflicto de intereses subyacente.

Las piezas del marco teórico comienzan pues a encajar las unas con las otras. El EBR es algo que, lejos de cumplir una función “social” que redistribuya renta y reduzca el grado de desigualdad, puede a menudo aumentar el grado de explotación que sufre un determinado colectivo si lo comparamos con una solución a través de un mercado menos regulado. En una sociedad con instituciones idílicas, este tipo de explotación sería aparente y sería eliminada simplemente reduciendo ese tipo de política y dejando jugar al mercado o al sector privado. No obstante, esto no ocurre necesariamente en un régimen capitalista porque existen instituciones, generadas por la propia dinámica del sistema, que legitiman este tipo de prácticas dándoles una apariencia de legitimidad.

Concretamente, la ideología que mencionaba en el segundo párrafo es un ejemplo. La paleo-izquierda, al defender políticas regresivas o ineficaces bajo el signo de ideologías que pretenden proteger a los débiles, es por tanto un agente esencial del proceso de explotación que tiene lugar en una sociedad capitalista avanzada. En este sentido, podemos decir que este tipo de izquierda que se pretende más pura por esgrimir una retórica más “social”-léase demagógica- que nosotros es en realidad fundamentalmente reaccionaria.

¿Qué es la “hipótesis de Porter”?

Domingo, Mayo 3rd, 2009

Michael Porter tiene el raro privilegio de ser un economista de la empresa que goza de cierto respeto entre los economistas académicos. El hecho de que su especialidad sea el marketing (en la que es una especie de semidios), que sus enfoques sean sólo colecciones de case studies y que sus libros se vendan en la misma estantería que los manuales de autoayuda libros de management y liderazgo no ha sido un obstáculo para que sus contribuciones hayan sido reconocidas. Su modelo de las cinco fuerzas para estudiar la presión competitiva de una industria es un buen instrumento para los que hacemos economía industrial aplicada y el modelo del Diamante para determinar la competitividad de una localización viene a decir exactamente lo mismo que la geografía económica de Paul Krugman.

Pero de lo que me interesa hablar hoy, al hilo de los posts de kantor y egócrata, es de lo que se llama la “hipótesis de Porter”. La hipótesis de Porter viene a decir lo siguiente: contrariamente a la intuición y la visión tradicional que tiende a ver un tradeoff entre crecimiento y el respeto del medioambiente, la regulación medioambiental, si se hace correctamente, puede hacer que los recursos se utilicen de forma más eficiente y reducir los costes. En este sentido, tener stándares medioambientales estrictos podría ser, de hecho, una ventaja competitiva para un país.

A mis prejuicios de economista neoclásico ésto les produce una cierta urticaria. ¿Cómo es posible que reduciendo el conjunto de elección de las empresas éstas consigan producir más?. Los argumentos que ofrece Porter son variados. En primer lugar, ofrece evidencia empírica dónde más regulación ha significado más eficiencia. Por ejemplo, el caso de la industria de las flores Holandesa (Holanda produce la mitad de las exportaciones de flores mundiales), dónde, a pesar de tener el clima y los recursos naturales en contra, la regulación medioambiental impulsó una industria próspera.

¿Qué mecanismos existen para que ésto ocurra? Porter ofrece tres. En primer lugar, es posible que las nuevas regulaciones medioambiente fuercen a las empresas a invertir en nuevas tecnologías. En la medida en que el progreso tecnológico no es algo que se conozca ex ante sino que se descubre una vez se ha invertido, es posible que el forzar a invertir produzca ese efecto sorpresa. Un ejemplo sería transformar los residuos que se producen en algo útil (reciclarlos). En segundo lugar, y según Porter el más importante, el mecanismos aumentaría la “resource productivity”. La idea es que la regulación forzaría una remodelación de todo el proceso productivo. Con esa remodelación, se descubrirían fallos y problemas varios en la cadena de valor añadido que podrían ser reducidos. En tercer lugar, si en el futuro sólo existirá desarrollo sostenible, los consumidores demandarán cada vez más productos “verdes” y eso dará una ventaja de “primero en mover” al país que introduzca regulación.

Todo ésto está muy bien, pero, pregunta el economista neoclásico: si tan fácil era, ¿por qué no lo implementan ya las empresas? ¿por qué es necesario forzarlas con regulación? Presumir que esto es así supone varias cosas; que la información es perfecta, que todas las oportunidades de innovación ya han sido descubiertas y que dentro del complejo organizativo de una empresa los incentivos están correctamente alineados. Es decir, supone bastantes cosas que no ocurren siempre en el mundo real. Una regulación bien diseñada, en cambio, podría (Porter ofrece una lista) aumentar la presión para innovar, reducir los sesgos cognitivos de los empresarios contra la regulación verde (no verla como un coste, sino como una oportunidad), forzar procesos de evaluación en las compañías rompiendo resistencias internas, reducir el riesgo de ser la primera empresa en hacerlo al igualar el terreno de juego, crear una demanda de los consumidores para productos verdes.

Aunque desde un punto de vista ortodoxo ésto es moderadamente aberrante y bastante falto de rigor teórico, creo que hay desarrollos en la teoría económica moderna que explican que ésto es en principio posible (y no estoy sólo, por cierto). Ya dijimos que las empresas tienden a ser aversas al riesgo (los directivos quieren asegurarse su permanencia) y existen razones potentes en economía conductual para pensar que existen esos sesgos cognitivos. Por último, podríamos estar en un caso específico de “Economía QWERTY“; suponed que una empresa tiene que elegir entre invertir en dos innovaciones. Una de ellas es inicialmente más cara, pero una vez descubierta, producir con ambas tiene el mismo coste. Al ser inicialmente más barato, se inicia una senda de innovación tecnológica “sucia”, aunque sólo es más barato al principio. Si además suponemos que la empresa depende de proveedores “río arriba” y de demandantes “rio abajo” que funcionan con un determinado estándar (sucio o limpio) y que han hecho todos el mismo cálculo inicial (sucio vs. limpio) pasarse a una tecnología limpia puede ser individualmente irracional (si sólo lo haces tú) aunque fuera racional desde el punto de vista colectivo. Al ser la innovación un proceso incremental (se innova basándose en lo que ha hecho el anterior) por dónde se inicie la senda de expansión es algo que importa mucho para redirigirlo a posteriori.

Por último, Porter dice que, obviamente, no todas las regulaciones son equivalentes y que el gobierno sólo debe promover las que sean “innovation friendly” (flexibles, poco burocráticas, coordinadas a nivel internacional, transparentes, predecibles etc,….). No quiero aburriros con los detalles.

Lo que me interesa apuntar es cuál es la importancia de la hipotesis de Porter y cómo creo que se debe interpretar. Como he expuesto, lo que el hombre dice no es en absoluto absurdo, es algo que tiene bastante sentido a nivel teórico. No obstante, creo que el nombre de “hipótesis” está bien puesto; se trata sólo de una hipótesis que debe ser investigada y contemplada a nivel empírico, pero no de un caso general. Llamadme escéptico, pero creo que es excesivamente optimista y espero ver expuesta la abrumadora evidencia empírica de que habla en sus artículos. El tradeoff entre medioambiente y crecimiento existe siempre en el margen- sino, no habría un problema de elección y el calentamiento global no sería un problema. Pero sí es una forma de relajar la tensión entre los melenudos que abogan por el decrecimiento y los chicos a sueldo de Exxon.

Pasando reformas VI: La enseñanza de idiomas

Lunes, Marzo 16th, 2009

Decía el otro día que deberíamos ir pensando en qué tipo de economía tendremos cuando empecemos a rebuscar dentro de las cenizas de la crísis. También he dicho en alguna ocasión que todos los que tenemos prejuicios socialdemócratas, cuando pensamos en reformar un país terminamos hablando del sistema educativo pero que en general es una reforma que requiere el uso de tecnologías fuera del alcance de un país sin potencia nuclear como el nuestro. Sin embargo, a la espera de la llegada de algún Terminator del futuro que venga para prevenirnos del desastre existe una reforma relativamente sencilla de implantar, relativamente poco costosa y potencialmente muy efectivas; se trata de la enseñanza de idiomas y concretamente del inglés. Lo importante que es hablar idiomas a día de hoy es algo que todo el mundo sabe (”es necesario para encontrar trabajo”, etc…) pero vale la pena considerarlo desde el punto de vista de la economía en su conjunto.

En primer lugar, se trata de algo que aumenta la competitividad de la economía. El plurilingüismo es un coste; que una empresa tenga que operar en varios idiomas, supone una serie de costes administrativos y de transacción importantes; luego es probable que una empresa decida adoptar una lengua vehícular, normalmente el inglés. Eso reduce considerablemente los costes de implantarse en un país como España y por tanto aumenta la productividad de la mano de obra (y los salarios, claro). En el caso de España, esto es especialmente importante si, como dice el gobierno, quiere que seamos una economía basada en el capital humano y en los servicios. Los servicios son un sector dónde el aspecto lingüístico tiene una importancia aún mayor que en otros. Además, España por su posición geográfica, su mano de obra (relativamente poco cualificada) ocupa un lugar privilegiado para una empresa que quiera acceder al mercado común Europeo y el enlace con el norte de África. Éste fue de hecho uno de los grandes motores del crecimiento Irlandés (hablar Inglés, salarios bajos y acceso al mercado común) y lo está siendo para la India.

En segundo lugar, de algo que fomenta la movilidad del trabajo, concretamente, de forma transfronteriza. La movilidad del trabajo no es solo importante desde el punto de vista de los trabajadores (el hecho de poder encontrar trabajo en otro país), sino que juega el papel de “estabilizador automático”. Una forma de eliminar el paro es mediante la emigración y el hecho de tener una mano de obra que habla idiomas puede favorecer qeu la mano de obra se mude a otros sitios de la UE cuando las cosas vayan mal aquí y bien fuera.

En tercer lugar, es un gasto profundamente progresivo en término de renta. Es probable que una de las grandes barreras qeu aumente las desigualdades en la época postindustrial es que el hecho de hablar idiomas supone un gap salarial considerable. La gente de familias de renta media alta manda a sus hijos a estudiar fuera en verano, a hacer cursos de inglés, etc,… mientras que las familias de renta baja no sólo no tienen recursos para hacerlo, sino que en general no aprecian tampoco la importancia de hacerlo. El hecho de enseñar idiomas no sólo es una forma de hacer que la gente pobre tenga habilidades que no tendría de otra forma y que juegan un papel importante determinando los salarios, es también una forma de hacer que las becas para ir a estudiar fuera y demás sean realmente igualitarias.

Por último, existen una serie de motivos de carácter político que podrían parecer accesorios pero que a mí me parecen muy importante. Primero, hablar inglés es algo que favorece la libertad informativa y en general el acceso a información no producida en nuestro país. Poder leer el Financial Times, el Guardian, el New york times o el Economist favorece tener una opinión pública crítica e informada. En general, tener acceso a otras culturas es algo que enriquece el capital social de un país; no solo la prensa, también la literatura, las películas, etc… En segundo lugar, es una forma de superar las querellas de corte nacionalista y regionalista. Los que somos entusiastas respecto a la anglosajonización del mundo creemos que un primer paso hacia la creación de una sociedad civil global es de hecho hablar el mismo idioma. Si las cosas se dieran lo suficientemente bien, yo estaría a favor de que la administración y la normativa en España funcionara en inglés y nos dejáramos de bilingüismo y demás querellas. Además los que creemos en el proyecto europeo como proceso de construcción nacional sabemos que la única lengua común que llegaremos a tener será el inglés.

La enseñanza de idiomas extranjeros es algo que además tiene los que los economistas llamamos “externalidades de red”; cuanta más gente la hable, más te interesa aprenderlo. Eso justifica que el sector público intervenga para ponerlo en marcha y convertir el bilingüismo en algo “normal”.

Vale, me diréis, todo esto está muy bien, pero ¿cómo lo ponemos en marcha? Al final da la impresión de que terminamos en otra reforma del sistema educativo, esta vez poniendo profesores de inglés de verdad. Bueno, yo apostaría por un sistema alternativo: outsourcing educativo. Recordad la función del sector público en una economía de mercado: regular, no producir y redistribuir.

  1. El sector público debe condicionar la obtención de títulos oficiales (el bachillerato, la selectividad, títulos universitarios, oposiciones) a haber obtenido un certificado de idiomas de prestigio homologado. Los certificados existen y todos sabemos cuáles son: el DELF y el DALF francés, los de Cambridge y el TOEFL en inglés. No, nada de hacer exámenes en selectividad o en las facultades, los exámenes del sistema educativo españoles no tienen reconocimiento internacional, los de Cambridge y el TOEFL sí. Poner el cartel de “nadie sale del sistema educativo español/entra en el sector público sin tener una puntuación X en el TOEFL” Este sistema tendría la ventaja de que el gobierno podría negociar con las agencias que expeden los certificados condiciones especiales (por ejemplo que cobren menos por los exámenes).
  2. Obviamente, el gobierno debería jugar un papel importante a la hora de financiarlo para que esto no fuera regresivo. Hay bastante formas de hacerlo. Personalmente, me gustan bastante los sistemas de cheque (”cheque lingüístico” suena bastante bien como marketing). Otra forma es mediante préstamos (con la variante en que que solo se repagan si uno tiene éxito en la carrera.). En general, existen bastantes formas de diseñar un mecanismo de incentivos adecuado. El sistema educativo público podría intervenir o no (en la enseñanza), pero en cualquier caso soy partidario de dejar jugar al mercado: uno obtiene el certificado como le parezca mejor con el dinero que le dan, no necesariamente gracias a la formación pública; “subvenciones personas, no centros”. Lo que me interesa aquí es apuntar que si está bien diseñado, no es necesariamente algo “caro” y de todas formas es un dinero que ya se está gastando, aunque probablemente mal.

Como veis, es una reforma “piecemeal” pero que puede tener consecuencias importantes y réditos relativamente altos.

Pasando reformas II: Diseñando el seguro de desempleo

Viernes, Enero 9th, 2009

Decía en el artículo anterior que un mercado laboral rígido suele ser generalmente una mala idea. Sin embargo, los trabajadores suelen ser generalmente reacio a este tipo de cosas dado que piensan, con razón, que eso empeorará la situación; aumentará el número de despidos y eso mejorará la posición de fuerza del empresario que además podrá pagarle menos al ser la amenaza de echarle más creíble

Aquí vemos de nuevo que las instituciones encajan unas con las otras. Reducir las rigideces y los costes de despido, lógicamente, aumentará el número de despidos y por tanto reducirá la estabilidad laboral. Sin embargo, eso no tiene por qué ser una cosa que perjudique al trabajador si el sectorpúblico tiene una red deprotección social eficiente. La misión del sector público no debe ser evitar que los despidos aumenten, sino hacer que un despido, un hecho económico normal, no se transforme en una tragedia personal irreversible. Eso se logra, en principio, con un seguro de desempleo eficiente y con política de formación que asegure que los trabajadores pueden encontrar un trabajo nuevo una vez pierdan el antiguo. Este es el esquema de flexiseguridad que existe en los países nórdicos o en Holanda y es un esquema que, combinado con fuertes políticas familiares y gasto de inversión social crea sociedades fuertemente igualitarias y productivas. En definitiva, es el sistema con el que soñamos todos los economistas socialdemócratas.

El problema con esta idea, es que aunque sobre el papel pinta muy bien, yo personalmente no estoy convencido de que sea viable, al menos en España. Volvemos al tema de las instituciones qeu encajan las unas con las otras y la path dependence. Como decía en el otro artículo, los Estados del bienestar funcionan a modo de clusters dónde unas políticas encajan las unas con las otras. Especialmente, hay condicionantes de carácter cultural y ligados al tipo de producción que se realiza que pueden condicionar fuertemente la viabilidad.

Pensad en el modelo. La idea es que los empresarios tengan margen de maniobra para poder contratar o despedir trabajadores y eso no interfiera con la actividad productiva. Por otro lado, a cambio de no proteger los puestos de trabajo, el sector público protege a las personas; les garantiza un sueldo mínimo y los medios para encontrar un trabajo nuevo. Este esquema asume que perder o encontrar un trabajo es lo que los economistas llamamos un “riesgo exógeno“, es decir, es una cuestión de mala suerte y no depende del trabajador. Esto no es demasiado realista, claro. Encontrar un trabajo depende en buena medida el tipo de salario qeu el trabajador esté dispuesto a aceptar- lo que llamamos el “salario de reserva”. El salario de reserva depende en buena medida de la diferencia que haya entre estar en paro y encontrar un empleo. Si estar en paro supone tener una renta relativamente regular y estable de forma relativamente indefinida, es poco probable que el trabajador acepte un trabajo digamos en McDonalds dónde pagan poco. También es relativamente probable que intente buscar con menos intensidad el trabajo. Cuanto mayor sea el salario de reserva, mayor desempleo habrá.

¿Cuál es la solución para este problema de “riesgo moral”? Existen a este problema dos soluciones distintas y una pluralidad de soluciones intermedias. En realidad, todos los problemas de riesgo moral implica la elección entre un sistema con incentivos fuertes donde el agente soporta todo el riesgo y otro con incentivos leves pero que confía más en el agente

La primera aproximación es la visión de “capital humano” y es esencialmente el modelo socialdemócrata que ha sido aplicado, por ejemplo, en Holanda. En este escenario, tenemos agencias de empleo, como el INEM, que supervisan que la búsqueda de trabajo es relativamente efectiva y condicionan el salario de desempleo a esta efectividad. La idea es que cuando el trabajador pierde su empleo, va a ver a la agencia y con su curriculum en la mano idean un plan para que éste encuentre trabajo fijando plazos, programas de formación etc,… El trabajador social supervisa que esto se hace correctamente y hace un seguimiento lo cuál obliga al trabajador. La ventaja principal de este modelo es que hace que la búsqueda sea más eficiente y que los trabajadores se coloquen en dónde son más eficientes después de haber adquirido la formación necesaria.  En Holanda, esto se hizo traspasando esta labor a nivel local a las agencias de empleo y con un equipo de reinserción que colaboraba con los sindicatos y las empresas y funcionó bastante bien.

Suena demasiado bonito y en realidad, sospechais bien en que hay gato encerrado. En primer lugar, se trata de un programa caro. Caro significa que implica invertir en personal que sea capaz de hacer este tipo de labores y supone arriesgarse a pagar subsidios de desempleo muy altos. En segundo lugar, se trata de un sistema específicamente Holandés. Holanda es un país pequeño, relativamente homogéneo, con poca concentración urbana, una gran cohesión social y donde los ciudadanos tiene cierto “espíritu público”; es decir, son poco dados a vivir sólo del paro dejando de buscar trabajo.Tampoco está nada claro que los funcionarios encargados de decidir cuanto han de pagar vaya a hacer su trabajo todo lo bien que el modelo supone que deben hacerlo. Tened en cuenta que siempre que aumentamos la discrecionalidad, también aumentamos el riesgo de arbitrariedad.

El segundo modelo que se ha venido implementando, por ejemplo en Alemania, es el modelo “work first”. La idea de este modelo es que cualquier trabajo es mejor que ninguno. El objetivo del modelo es evitar que se produzcan fenómenos de histéresis en el mercado laboral dónde hay una masa de parados de larga duración sin ningún tipo de esperanza de encontrar trabajo. El modelo work first es un modelo razonablemente más agresivo que el anterior. En lugar de llevar una aproximación ad hoc para cada trabajador, plantea y sistema estricto de plazos dónde después de rechazar el primer trabajo adaptado a su cualificación profesional los beneficios se reducen considerablemente se le condiciona a la aceptación de cualquier trabajo y después de rechazar el segundo, se llevan al mínimo.

Este modelo tiene ventajas e inconvenientes respecto del anterior. La principal ventaja es bastante evidente, es que es muy barato y minimiza los problemas de riesgo moral. No requiere poner a funcionar una burocracia que supervise si el trabajador está buscando trabajo correctamente, el sistema es relativamente automático. Esta es una ventaja fundamental de este modelo y no debe ser subestimada. Los problemas son también relativamente aparentes. Se trata de un modelo que cubre menos el riesgo de desempleo; en la medida en que se trate de un problema de mala suerte, el sistema será más injusto. Además, es también potencialmente injusto en el hecho de que es demasiado brutal y no se adapta a la situación individual del trabajador; no termina de estar bien que alguien se vea obligado a aceptar un McJob cuando buscando un poco más podría encontrar algo que corresponda a su formación.

¿Cuál de estos dos sistemas debería aplicarse en España? La verdad, no lo sé. Como decía más arriba, no hay un sistema mejor de forma absoluta, sino que es algo que depende del país. Cada uno de los dos sistemas tiene riesgos y ventajas; las aproximaciones de capital humano tienen más sentido cuanto más eficientes sean las burocracias qeu lo implementan, más espíritu público tengan los trabajadores, mayores sean los beneficios de una búsqueda eficiente y cuanto mayor sea la intensidad de nuestra preferencia por la igualdad. El sistema work first, al contrario.

¿Cuál de los dos sistemas es más probable que se implante en España? Personalmente, soy escéptico respecto a que un sistema socialdemócrata de inversión den capital humano pudiera implantarse en España. Transferir el seguro de desempleo a las autonomías es algo qeu me produce escalofríos y que requeriría acrobacias legales que no vamos a hacer. Por otro lado, el espíritu público de los parados en España es al menos dudoso. Mi opinión sobre los programas de formación es la de un escepticismo agudo, solo paliado por mis prejuicios socialdemócratas. Por último, una economía dónde el trabajo es relativamente poco productivo tiene menos que ganar de que el emparejamiento del trabajador con el empresario mejore la situación; hacer aceptar a un mecánico un trabajo de camarero tiene cierto sentido, pero hacérselo aceptar a un ingeniero tiene menos.

En cualquier caso, es algo que debe verse con los datos en la mano y esto solo es un análisis superficial del tema.

Pasando reformas (I): planteando el debate

Viernes, Enero 9th, 2009

Al hilo de lo que ha explicado egócrata, me gustaría plantear alguna idea adicional.Un primer punto en el que creo que estamos, o todos deberíamos estar de acuerdo es que España necesita cambiar de forma más o menos fundamental su modelo de crecimiento. Como explica egócrata, la productividad de nuestro país es horriblemente baja y eso hace que los sueldos sean también bajos. Cuando la gente habla de mileurismo y demás, uno tiene que tener en cuenta eso; kantor dice a menudo que las consecuencias económicas del Aznarismo fueron cientos de miles de parados transformados en mileuristas. Las razones del alto crecimiento de España en la última década se ha debido en buena medida a los asteroides que nos mandaban desde el BCE y que nos quedaba mucho terreno que recuperar. Hoy España es la octava potencia económica del mundo, pero tenemos una productividad irrosoria así que el terreno por recuperar ha desaparecido.

Algo importante a la hora de hablar de reformas, es entender que los sistemas socioeconómicos no son una suma de políticas concretas las cuáles se pueden modificar de forma intercambiable. Al contrario, suele tratarse de “clusters” es decir, de un conjunto de instituciones que se emparejan las unas con las otras y forman un “equilibrio“. Tener un montón de sectores con baja productividad es algo que se empareja bastante bien con un sistema educativo dónde la gente hace el vago; tener un sistema financiero basado en bancos-en lugar de mercados de capital- funciona bastante bien con un modelo social muy basado en la familia dónde las hipotecas se otorgan al núcleo familiar. Tener un mercado laboral con el despido muy regulado funciona bastante bien con un subsidio de desempleo insuficiente. Esto es así con los modelos de crecimiento parecido ocurre con los tipos de Estados del bienestar. El resultado es que desviarse de ese equilibrio suele ser malo a corto plazo y por lo tanto los gobiernos son reacios a hacerlo.

Un primer paso para hacer que suba la productividad de los trabajadores sería invertir en formación y demás. La idea es buena, pero tiene bastante de quimera y de poner nombre a nuestro ignorancia. Supondría, por ejemplo, reformar las universidades y el sistema educatvo en España y ese tipo de cosas que a los (aprendices de) tecnócratas nos hacen añorar que los grises tengan cuartelillo en las facultades. No diré más sobre el tema; es algo que tiene que hacerse en algún momento, pero que no cuento con que se haga.

El segundo camino para aumentar al productividad es aumentar la presión competitiva del sistema. Si hay más empresas, habrá probablemente más innovación y además es probable que eso haga que los salarios aumenten al reducir el poder de negociación de las empresas. Eso incitará a las empresas a invertir en la formación de sus trabajadores y a intentar centrarse en sectores de mayor valor añadido. Aquí hay varios tipos de reformas que deben ser llevadas a cabo. En primer lugar, las fáciles: quitar las trabas administrativas- el proceso de guillotina que se hizo en Suecia- agilizar el sistema judicial y probablemente algún retoque al sistema fiscal podrían mejorar este tipo de cosas. Hay también bastante que hacer en el campo de la liberalización, pero ya lo explica egócrata.

¿Cuál es la dificil? Probablemente la reforma del mercado laboral. Los sistemas continentales con fuertes costes de despido son hasta cierto punto perversos. Normalmente, las empresas necesitan ajustar sus plantillas cuando las cosas van mal y por tanto cuando la liquidez escasea. Sin embargo, que las indemnizaciones por despido sean altas implica que el coste de despidir aumenta dramáticamente en el momento menos oportuno- cuando toca apretarse el cinturón; es decir, es como si multiplicara el riesgo. Además, las indemnizaciones por despido aumentan mucho el poder de los insiders frente a los posibles entrantes. Los despidos, además, tienen una cantidad considerable de formalidades burocráticas que van desde el preaviso, la consulta con los sindicatos, o la necesidad de una causa económica justificada- que corresponde al juez de lo social apreciar. El efecto de todas estas rigideces en el mercado laboral es hacer la contratación de trabajadores una tarea arriesgada para el empresario y por lo tanto crea fuertes barreras de entrada en los mercados de bienes y servicios reduciendo la presión competitiva a la que se enfrentan las empresas lo cuál en última instancia, perjudica a todo el mundo, incluidos los trabajadores. En buena medida, ésto también explica que las contrataciones se hagan de forma precaria y que los empresarios sean reacios a contratar gente de forma fija e invertir en su formación. Algo similar ocurre con el salario mínimo; el efecto del salario mínimo sobre el empleo es eliminar los puestos de trabajo dónde el empresario no gana, al menos, ese salario mínimo por contratar al trabajador. Y eso, es algo que suele impactar especialmente a la gente pobre y los inmigrantes que son las capas menos productivas de la economía.

Todos los problemas anteriores hacen que, en general, los economistas seamos bastante hostiles a los esquemas con costes de despido altos, al salario mínimo y mercados de trabajo rígidos y más bien favorables a mercados laborales flexibles, relativamente competitivos.

En España, las consecuencias económicas del aznarismo de las que hablaba arriba no fueron tan favorables como uno se podía esperar. Aunque el mercado se flexibilizó considerablemente, los beneficios en términos de empleo se hicieron esperar y en términos de productividad todavía están por llegar. Por otro lado, el salario mínimo es en la práctica tan bajo que su efecto sobre el empleo es despreciable- algo que no ocurre, desde luego, en Francia donde el salario mínimo es un problema gordo.

Aunque los economistas de todos los partidos estamos de acuerdo en lo anterior-con matices, claro-, recordad que hemos dicho que los sistemas sociales no son una suma aritmética de política individuales. Por ejemplo, el paper de Blanchard que enlazo arriba propone la sustitución del salario mínimo por un esquema con un impuesto de la renta negativo que tenga el mismo efecto de garantizar una renta mínima pero eliminando la distorsión del mercado laboral. Igualmente, argumenta que la indemnización por despido debería ir a cargo del Estado y se debería obligar a las empresas a pagar un impuesto sobre los despidos que no se pagaría en ese mismo momento- cuando las cosas están peor- sino a posteriori. ¿Quién protegerá entonces a los trabajadores? Bueno, esto es algo que vamos a dejar para el próximo artículo y es precisamente lo que nos diferencia a los economistas socialdemócratas de los economistas más liberales.

Reseña de Papers/ideas varias

Lunes, Diciembre 22nd, 2008

Este es uno de esos posts un poco residuales que voy a aprovechar para decir varias cosas que tienen poco o nada que ver entre sí.

En primer lugar y razón principal, muchos habréis visto que este blog ha cambiado un poco bastante de aspecto últimamente. La razón es que nuestro amado líder Juan Antolín está empeñado en que parezcamos un sitio serio, algo que yo intento evitar por todos los medios posibles, ahora con la ayuda la egócrata será mucho más sencillo. Los que me conocéis sabéis que mi ambición profesional es llegar a ser como Jesús Zamora o Xavier Sala i Martin: ser lo suficientemente bueno en mi trabajo como para poder seguir pareciendo un friki y que, aún así, la gente siga respetándome.

No obstante, mi contribución a que este sitio siga siendo un nido de gente gafosa ha sido la creación de un blog de Papers y una bonita tienda de Amazon con mis libros de referencia. SEXO SEXO SEXO!!! [LA PARTE INTERESANTE DE ESTE POST EMPIEZA AQUÍ]

El blog de papers es de especial interés para todos vosotros. En teoría lo llevamos entre todos los de Lorem Ipsum, pero podéis ver por el tipo de papers que están colgados que el que lo actualiza es sobre todo servidor. La idea es enlazar papers bonitos e interesantes, aunque por el momento me han salido un poquito técnicos. En el último, he hecho una reseña un poco más larga de un artículo de Robert Shiller que podéis leer en el sitio en cuestión. En general intento que tengan cierta actualidad y que sean accesibles- aunque esto último no siempre es posible, de ahí la reseña del paper de Robert Shiller que es una “introducción”. Huelga decir que si tenéis sugerencias para que publiquemos papers interesantes, podéis hacérnoslas llegar, yo prometo echarles un vistazo y si están bien enlazarlos en el blog.

La tienda de Amazon, no hay mucho más que decir que le echéis un vistazo y si hipotéticamente compraráis algo, mejor que lo hagáis vía la página de Lorem Ipsum que dice Juan que nos envían algo. Si alguien quiere mi opinión específica sobre alguno de los libros que aparece que no dude en pregúntarmela, ME ENCANTA recomendar libros.

Sí, además este blog en Lorem Ipsum hizo un día de estos un año [ovación]. Gracias gracias, sé que soy el blogger más irresistiblemente sexy, inteligente y friki que habéis conocido. Lorem Ipsum tiene una sección para enviar cheques, cartas de amor y demás a cada uno de sus bloggers.

Por lo demás, os deseo a todos un feliz año y una bonita navidad llena de materialismo y falta de espiritualidad de cualquier tipo.

pD: No, no estoy borracho.

¿Qué pueden aprender los Reyes Magos de la economía del bienestar?

Martes, Diciembre 16th, 2008

Un mito abominablemente persistente dentro de la sabiduría convencional es la idea del “homo oeconomicus”. Según este mito, los economistas tenemos-si, ya me he acostumbrado a usar la primera persona- una concepción sesgada de la naturaleza humana según la cuál los individuos actúan de forma egoista e inmoral etc,… Aunque esto era cierto en tiempos de Stuart Mill, no lo es hoy en absoluto. Otro mito persistente es la idea de que la economía, especialmente los teoremos del bienestar, viven desconectados de la realidad y son por tanto totalmente inútiles. En este post voy a ilustrar mediante un case study que ambas concepciones son falsas.

Cuando yo era niño- y ahora todavía un poco- esperaba la Navidad desde el 12 de Junio-justo después de mi cumpleaños- con gran ansiedad. La razón principal eran los regalos. Para esa época del año guardaba todos los juegos de videoconsola que debía gastar en los seis siguientes meses. Hoy algunos años después, la pregunta que me hago como economista es: ¿por qué nos hacemos regalos en navidad? ¿qué optimizan los individuos que hacen regalos navideños?

Mecanismos de asignación de recursos

Para un economista, los regalos de navidad pueden ser vistos como un mecanismo de asignación de recursos. Hay muchos mecanismos, en principio. Los comités de planificación central, la ley de la cachiporra, las elecciones, son todos métodos de asignación de recursos. Sin embargo, después de varios miles de años de historia humana, la selección natural ha retenido uno que afecta a casi todas las facetas de nuestra vida: el mercado de intercambio indirecto. Un mercado puede ser de intercambio puro (cuando hay trueque) o de intercambio indirecto (cuando interviene dinero). Me referiré a este último como el mercado a secas.

Pues bien, los economistas tenemos cierta idea de por qué los mecanismos de mecardo suelen ser mejores asignando recursos. Concretamente, existe algo llamado “segundo teorema de la economía del bienestar” que dice que cualquier asignación deseada se puede hacer distribuyendo renta (dinero) y dejando jugar al mercado. La idea detrás este este postulado obtuso es bastante intuitiva. Cada persona sabe mejor que los demás lo que le gusta, yo sé qué comics me hacen reír más y qué libros necesito. Si tenemos dos personas de las cuáles una tiene muchos comics y otra ninguno, en lugar de quitarle comics a una y dárselos a la otra, es mejor hacer una transferencia monetaria y que la otra persona elija los comics que le gustan más. Este mecanismo tiene la ventaja de que el individuo ajusta su gasto en bienes individuales a su presupuesto y por tanto “revela” sus preferencias. Si me preguntan “cuantos comics necesito” lo más probable es que yo diga “todos los posibles”. Si en cambio me dan dinero y me dejan comprarmelos, sólo me compraré unos cuantos. Esta es la razón más importante por la que el mercado es un buen mecanismo asignando recursos.

El enigma aparece entonces. “Oye mira perdona, pero la navidad no funciona así”. En efecto, el mecanismo mediante el cuál asignamos recursos en navidad no es, la mayor parte de las veces, un mecanismo de mercado. Aunque regalar dinero es algo relativamente común no es algo que sea general y si os fijáis- luego veréis por qué- siempre es un sustitutivo de regalar algo en especies- a mí personalmente me parece abominable regalar dinero. Al contrario, es un sistema de asignación directa dónde la gente transmite bienes y servicios que, en general, él ha elegido, a otra gente que normalmente no ha expresado sus preferencias. ¿Qué sentido económico tienen los regalos navideños?

Antes de que los sociólogos y antropólogos presentes en la sala se me tiren al cuello tachándome de economicista y perder así mis derechos civiles, quiero apuntar que no pretendo explicar la existencia de la navidad, como fiesta, por los argumentos que voy a dar a continuación. Es probable que la navidad sea una
institución que haya emergido por alguna razón histórica extraña y se haya perpetuado gracias a la existencia de rendimientos crecientes y el efecto path dependence. Es una “norma social” cuyo efecto es establecer una serie de “obligaciones” de caracter social y probablemente responda a algún mecanismo evolutivo criptomemético. Como no soy historiador, no voy a analizar este tema.

Optimizando recursos

Lo que me interesa aquí es: ¿cómo podemos optimizar los regalos que hacemos? es decir ¿Qué pueden aprender los reyes magos del segundo teorema de la economía del bienestar?

1. Problemas de información: Una primera cosa que se puede aprender es que presenta inconvenientes que no presentaría, por ejemplo, un mecanismo de mercado, concretamente al nivel de la revelación de preferencias. Todos hemos vivido esas situaciones dónde comienzas la encuesta de preguntar “¿oye, sabes qué necesita fulanito?” o “qué le puedo regalar a megano”. O pensad en cuando vais a regalar ropa: ¿qué talla usa vuestra amigo? Podría uno preguntárselo, claro, pero aparte de que eso arruinaría el regalo (vis infra) la persona se sentiría cohibida diciendo lo que necesita. Es decir hay costes de transacción muy fuertes y la ausencia de un mecanismo de mercado crea problemas graves de información.

La selección natural ha previsto, obviamente, mecanismos de información para solucionar este problema. La carta a los reyes magos es una de ellas, pero también lo son en un contexto más amplio las listas de bodas, esa comunicación secreta que le haces a tu madre para que la difunda en la familia. Este tipo de mecanismos de listas es un mecanismo a medio camino entre el mecanismo de mercado y el mecanismo de asignación directo. Hay dos extremos: en un mecanismo de mercado, yo digo lo que necesito y me dan el dinero para que me lo compre, la acción del que regala es sólo firmar el cheque y la mía elegir el regalo. Con el mecanismo de lista, la persona que regala tiene cierta capacidad de elección, aunque restringida.

Pero ¿como se puede optimizar desde el punto de vista del que regala?

2. Instituciones. Las razones individuales por las que regalamos es porque existe una “norma”, una institución social que considera normal hacer regalos en navidad. Esta norma, en función del vínculo de amistad o cercanía puede tener un caracter más o menos obligatorio y más o menos normal. Por ejemplo, en navidad yo espero que mi familia me regale algo, hasta el punto de que me sentaría realmente mal que no me regalaran nada, no es un “extra” es lo “normal”. No me espero al contrario que en otra época del año me regalaran algo sin que existiera razón alguna. Al contrario, aunque no me espero que, digamos, mi exnovia me regale algo, si me parecería algo relativamente normal. Esto no sería así en otra parte del año dónde un regalo sin algún tipo de excusa provocaría una sensación de extrañeza.

Esto nos lleva al segundo punto: el efecto de la existencia de una norma sobre la motivación individual es cambiar el equilibrio de Nash por defecto. Concretamente, un regalo es un mecanismo de señalización. Los individuos tenemos una concepción-una expectativa- de lo que es normal o “justo” para cada persona. Al contrario, una desviación de esta norma supone una forma de transmitir un mensaje- señalizar una idea que no podríamos señalizar de otra forma. Si mi madre no me regala nada en Navidad cuando yo considera que es normal, es probable que yo considere que está enfadada es decir, que ese acto significa algo que ella siente pero que no me transmite de viva voz. Esto es la esencia de la teoría de la preferencia revelada la formalización conductista de la teoría de Paul Samuelson que considera que las acciones de los individuos revelan sus preferencias. Cuando yo no cumplo la norma que dice que debo regalar en navidad, estoy revelando algo que junto con el resto de informaciones podrá significar una cosa u otra: bien que no tengo dinero, bien que estoy enfadado, bien que soy una persona descuidada etc… Algo semejante ocurre cuando se regala algo que uno no está obligado a regalar: es una forma de señalizar gratitud, amistad, cariño, amor, etc… La razón principal para que sea necesario hacer esto es que uno no tiene por qué ser creíble cuando dice algo, es decir, el refrán aquél de “hechos son amores y no buenas razones”: conductismo cotidiano puro y duro.

Esta idea nos da también una pista de por qué no regalamos dinero, aunque esto sea relativamente más eficiente en términos de asignación. Una razón es que con regalos en especies podemos señalizar cosas que con el dinero no podemos. Regalar un libro de poesía puede ser una forma de señalizar nuestro amor y regalar un despertador puede querer decir “a ver si dejas de llegar tarde a las citas”. Las cosas que se pueden señalizar con casi infinitas: desde el buen gusto personal hasta el malo, el respeto, los sentimientos, la generosidad etc… También nos da una pista de por qué preferimos los regalos al dinero. Si nuestro objetivo es que esa señal perdure en el tiempo por ejemplo, recordándole a la persona que se lo regalasteis vosotros, es mejor regalar algo tangible que simplemente dinero- los osos de peluche son especiales, los billetes son todos muy parecidos.

3 Preferencias externas/paternalismo suave: una razón importante de los regalos navideños es el fenómeno de las “preferncias externas” (other regarding). En general, los individuos tenemos preferencias respecto a nuestro propio bienestar: necesito tal o cuál o cosa, me gustaría tener tal otra. Pero también queremos que otros fueran de otra forma. Todos conocemos amigos cuyas novias les regalan ropa en navidad para conseguir que se vistan mejor o ropa que combine. Yo suelo regalar libros en un intento de colonización intelectual. El efecto es interesante porque puede tener dos vertientes.

En primer lugar tiene efecto de modificar las elecciones futuras, pensad que necesitáis un par de vaqueros, pero en vuestro orden de preferencias preferís que esté teñidos de color morado y a ser posible de campana a que sean más convencionales. Dado que vuestro par actual está viejo, en un máximo de dos meses tendréis que pasar por el contrabandista que os proporciona este material prohibido para comprar vuestros adorados vaqueros morados-hippy. Sin embargo, vuestra novia aborrece vuestra inclinaciones hippies de sexualidad cuestionable y le gusta más el modelo Zara convencional, de corte recto. Así, con la esperanza de que no os compreís los vaqueros de contrabando, se pasa por zara a elegiros un par de vaqueros clásicos y bonitos. Cuando os regala los vaqueros, entonces pensais que, aunque hubierais prefereido el modelo morado, estos también están bien y decidís no pasar por el vuestro amigo el contrabandista. Luego vuestra novia tendrá un incentivo fuerte para pasar por Zara.

¿Por qué ocurre esto? La razón es relativamente simple y se llama “teoría de la demanda de características” y fue formulada por Kelvin Lancaster. Lo que Lancaster decía es que los individuos no demandamos bienes, sino características que están contenidas en esos bienes. Yo puedo valorar muchos aspectos en un bien: que sea un par de pantalones, que sea vaquero, que sea morado, que sea de tal marca, que sean de campana. Eso hace que los bienes sean parcialmente sustitutivos en función de las características que compartan: los pantalones de Zara y los hippies de contrabando son sustitutivos en la medida en que ambos son vaqueros y ambos son pantalones. Cuando yo decido gastar 30 euros, lo que estoy comprando es una cesta de características que valoro en 30 euros. Sin embargo, si cuando ya tengo un par de pantolones, el único valor añadido de los vaqueros morados es, eso, que son morados, algo que tal vez valores en menos de 30 euros y por lo tanto mi elección será no gastarme el dinero que vale comprarme esos pantalones.

Otra razón para que esto ocurra es que los individuos, por razones psicológicas, tendemos a “conformarnos” con lo que tenemos. Es el fenómeno de las preferencias adaptativas. Es posible que os regalen algo que al principio no os haga gracia pero de lo que luego desarrolléis una dependencia enorme. Pensad en el teléfono móvil, o en internet, o en cualquier avance. También es posible que otorguéis un valor específico por el hecho de que os lo haya regalado una persona concreta y tenga un significado especial. En ese sentido, el regalo de la persona modifica las vuestras elecciones y vuestras preferencias y para la persona que os lo regala es una buena elección.

Por todas estas razones lo llamamos paternalismo suave “soft paternalism”: la idea es que alguien elige en vuestro lugar de forma paternalista para modificar vuestra conducta.

4. Transferencia de conocimiento/información asimétrica: una justificación alternativa para el paternalismo suave es que es posible que yo no tenga toda la información necesaria para elegir por mi cuenta. Cuando uno va a comprar algo, muchas veces no sabe lo que está comprando por su información es imperfecta. Pensad en los coches usados . En este sentido, una parte del regalo es el hecho de transmitiros un “servicio”: el de elegir y evaluar el bien en cuestión.

No penséis en bienes como las patatas, pensad en un bien relativamente complejo, por ejemplo un libro. Una de las razones por las que yo regalo libros es para hacer descubrir a la otra persona cosas que yo he descubierto por mi cuenta. Es una forma de decirle a la persona “lo he leído y está muy bien”. Si mi transacción se hubiera limitado a darle un sobre con dinero, probablemente él nunca habría comprado ese libro porque no lo conoce.

Esto también es aplicable al caso de la ropa: a veces nos cuesta elegir y preferimos que alguien elija en nuestro lugar. Y en el caso de las novias/novios es algo especialmente importante: si lo que os importa es vestiros de forma que le gustéis a vuestra novia, podéis preguntarle qué ropa le gusta, pero es posible que no quiera influir en vuestra decisión. Si le dejáis que le elija ella, es posible y probable que elija el que más le guste: es un mecanismo de revelación de preferencias (again).

A modo de conclusión

Hasta aquí por hoy. Quería analizar alguna cosa más. Por ejemplo, los regalos son un juego simultáneo con acción oculta y por lo tanto algo muy parecido a un dilema del prisionero que además se repiten cada año y eso hace que tenga efectos redistributivos que no he contemplado.

Pero lo que uno debe ver en este análisis son varias cosas. En primer lugar, es simplemente absurdo pretender que “el homo oeconomicus” actúa de forma idiota, como hace, digamos, Amartya Sen cuando los economistas modelizamos individuos maximizando funciones de utilidad en ningún caso estamos presuponiendo algo concreto dentro de esa función de utilidad. La gente puede maximizar su utilidad haciendo regalos, cuidando negritos o viendo películas porno. Tampoco estamos asumiendo una suerte de cálculo ultrarracional: el análisis de las preferencias adaptativas es un caso concreto de que esto no es así y en general cualquier forma de irracionalidad puede modelizar como información incompleta o asimétrica.

Además, esto muestra que el análisis económico en términos de maximización es perfectamente compatible, contrariamente a lo que se dice a menudo, con la existencia de “normas” o “valores sociales”. Los fenómenos de estacionalidad en el consumo, o de “exceso de sensibilidad” se pueden entender metiendo “normas” en la función de utilidad de los agentes. Esto es precisamente lo que reivindicaba Georges Akerloff es su discurso presidencial de la AEA. La gente considera “normal” consumir más en Navidad, y también considera “normal” hacer regalos en esa época y desviarse de esa norma supone un coste y desde luego supone una elección- igual que conformarse a la norma tambien tiene un beneficio y supone una elección. Por esta razón, tiendo a tender que la microeconomía samuelsoniana es en general superior a las visiones sociológicas en términos de “Teoría de Roles”.

Por otro lado, todo esto nos da pistas de cuando los mercados son eficientes, es decir, cuando se cumplen los teoremas de la economía del bienestar. En ocasiones, cuando sus presupuestos no se cumplen, las interacciones de mercado pueden tener problemas de información, o costes de transacción muy fuertes- por eso no regalamos dinero. Además, las instituciones sociales -la norma social que nos dice que hay que hacer regalos en navidad- afectan a las cosas que podemos o no podemos hacer- nuestro conjunto de elección.

Una pregunta adicional es saber si los regalos navideños son o no son eficientes. Ahí tenéis la gente que directamente regala dinero, o la gente que no celebra la navidad. Como he dicho, se trata de una institución sujeta a la regla de los rendimientos crecientes- una vez que la hemos aceptado, es muy dificil desviarse- y es perfectamente posible que todo el mundo prefiriera que le regalaran dinero pero como los demás no lo saben, se sigan haciendo regalos normales. En ese caso, los Reyes Magos deberían repasar su libro de micro.

Nota: Siento los ejemplos en libros y ropa, es lo que se regala en mi familia.

Crónicas de la República Popular Americana (RPA) (una de enlaces)

Jueves, Diciembre 11th, 2008

Si alguien pensaba que este blog, detenido por un rojo peligroso, estaba abogando recetas excéntricas
cuando decía aquéllo de la dinamita para volver a meter a los animal spirits en el vórtice, lo menos que podría responderle es aquéllo de “je ne suis pas fou tout seul”.

Por supuesto, a nadie le extraña que autores declaradamente rojos, como Paul Krugman, aboguen por el TNT fiscal. Pero algunos ya documentábamos el otro día signos evidentes del advenimiento del gran Cthulu, versión soviética, cuando The Economist se apuntaba a eso de las soluciones nucleares y el progreso inevitable hacia la república popular Americana de la mano de los camaradas Paulson, Bush y Bernanke.

Pero esta mañana he tenido un momento de pánico revisando mi google reader. Imaginad que tenéis un amigo profundamente proamericano, de esos que defienden incondicionalmente a todo lo que venga de América, con más intensidad incluso si está hecho por impresentables republicanos como Jorge Bush junior o Dick Cheney. A ese amigo, lo utilizáis normalmente para medir el pulso de vuestro proamericanismo, para ver si estáis yendo demasiado lejos. Pero ahora, un día, lo descubrís alabando a Fidel Castro y Vladimir Putin como grandes modernizadores de sus respectivos países. ¿Qué cara pondríais?

Pues más o menos la misma que he puesto yo al leer que Kenneth Rogoff dice que “la inflación es ahora es menor de los males” y que:

Una inflación moderada a corto plazo –digamos del 6% durante dos años—no arreglaría los problemas, pero los mejoraría significativamente, con lo que otras medidas serían menos costosas y más efectivas.

O cuando resume en un párrafo su receta:

Pero en este momento, la economía se tambalea a orillas del precipicio del desastre. Ya tenemos una recesión global hecha y derecha. A menos que los gobiernos tomen el control del problema, corremos el riesgo de sufrir un deterioro mundial como no se ha visto desde los años treinta.Las acciones de política necesarias implican estímulos macroeconómicos agresivos. Idealmente, la política fiscal debería enfocarse en la reducción de impuestos y el gasto en infraestructura. Los bancos centrales ya están recortando las tasas de interés por todas partes. Es probable que en todo el mundo las tasas de interés oficiales se acerquen a cero; las de los Estados Unidos y Japón ya se situaron ahí. A la larga, El Reino Unido y la zona del euro decidirán acercarse lo más posible.

A los que les flaquee la memoria, Kenneth Rogoff es algo así como el ogro comeniñosproletarios por excelencia, el hombre que defendió al FMI de los ataques de Stiglitz etc etc… Vamos, es evidente que Rogoff ha estado consultando sus libros de Lovecraft.

Por cierto, el tipo tiene un paper que yo debería leerme un día de estos repasando crisis financieras. Es bastante largo, pero tiene muy buena pinta

La localización del éxito académico en el espacio

Domingo, Diciembre 7th, 2008

A principios de este año tuve una conversación con un amigo. De alguna forma que no recuerdo salió el tema del futuro profesional etc y él me comentó que había comenzado a hacer los cursos de doctorado para hacer una tésis. Yo le dije que que a mí también me gustaría hacer algo por estilo, pero que me gustaría irme fuera de España a hacerlo, a EUA seguramente. Le pregunté que si él no había pensado en hacer por estilo y él me respondió que no veía ninguna necesidad para ello; al fin y al cabo para ser bueno en la academia sólo hace falta escribir buenos papers y podía escribirlos desde España aunque los publicara fuera; los libros que necesitaba estaban aquí. Yo le dije que no estaba de acuerdo porque yo soy más “krugmaniano”, pero la conversación no siguió porque yo conozco su opinión y él conoce la mía.

No porque antes hubiéramos hablado del tema, sino porque en el fondo es una prolongación de los debates sobre convergencia e inmigración. Existen dos puntos de vista respecto a esto. Su idea se basa en la idea de que los factores de producción son relativamente sencillos de transportar y con la caída de los costes de transporte es probable que la importancia de las diferencias geográficas sea poco importante. En este sentido, producir un zapato en España con mano de obra marroquí, es económicamente equivalente que producir ese zapato en Marruecos e importarlo después de España. Análogamente, es equivalente escribir papers en España y publicarlos fuera que irse fuera y publicarlos allí. Es decir “exportar capital es lo mismo que importar trabajo” (en este caso sería al revés; importar capital humano es lo mismo que exportar trabajo).

Mi punto de vista es distinto y es, efectivamente, más krugmaniano. Lo que Paul Krugman argumenta en su magnífico “Geografía y comercio” es que cuando hay mucha gente produciendo en el mismo lugar, eso hace que producir en ese lugar sea más rentable. Una de las cosas qeu más llama la atención de la producción, decía Paul Krugman, es su concentración en el espacio. La idea es que la eficiencia de una industria depende de muchas cosas además de la combinación de factores productivos, concretamente, de factores productivos relativamente intangibles o difíciles de importar. Concretamente, depende de dos:

  • Mercado de factores común: como decía egócrata:Cuando pensamos en Silicon Valley, Taiwan o incluso Hollywood y Bollywood, el fenómeno detrás de esa concentración es algo parecido. ¿Necesitas un especialista para filmar tu secuencia de acción? No lo vas a encontrar en New Haven, sino en Los Angeles. ” La idea es que el hecho de que haya muchas empresas especializadas en algo permite asegurar a los trabajadores/proveedores más demanda y les permite especializarse. La especialización supone más eficiencia y por tanto más productividad. Cuando una empresa es la única que produce una cosa en todo el país, los únicos trabajadores/proveedores especializados serán los que ella demande y por tanto estarán menos especializados que si hubiera más empresas como ella.
  • Spillovers tecnológicos: hay una gran cantidad de conocimiento, necesario para funcionar en una empresa, que no se puede vender o transferir y que se transmiten espacialmente. Está el caso del espionaje industrial, claro, pero en general la imitación entre empresas, el aprendizaje de los trabajadores de un campo a otro, etc etc,… influye bastante.

Cuando esto es así, importar trabajo puede no ser lo mismo que exportar capital, en buena media porque el capital puede ser imposible de mover. Formas intangibles de capital como el capital institucional, cultural, organizacional no son factores comerciables, pero son partes indispensables del stock de capital de una sociedad.

¿Como se aplica esto al tema de los doctorados? Bueno, acabo de descubrir un paper que, básicamente, me da la razón. El paper presenta datos que establecen que el éxito de los coautores de académicos importantes cayó considerablemente tras el fallecimiento de estos últimos. La idea en el fondo es la misma que la de Krugman; cuando un investigador se localiza en una universidad llena de premios nobeles, es bastante probable que tenga más éxito que si lo hace en una universidad desconocida. Esto no se debe sólo a que el prestigio, en sí, sea un impulsor del éxito; aparte del hecho evidente de que los profesores cuentan está también el hecho de que es mucho más probable que encuentre coautores inteligentes, directores de tesis con prestigio, pueda discutir con gente culta, a la hora de la comida se hable de temas pseudo-intelectuales, le recomienden libros relevantes, trabe amistades influyentes, asista a conferencias de gente interesante etc… Todas esas cosas no se pueden hacer por internet, al menos de momento. Si pensáis en ello, no es tan raro. Todos conocemos escuelas académicas que llevan el nombre de alguna universidad; la escuela positivista austriaca (en derecho), las escuelas de Cambridge y Chicago en economía, la ilustración escocesa,…

Algo que sería interesante sería estudiar qué factores llevan a una universidad/escuela a convertirse en un centro privilegiado. Es probable que la emergencia de un líder sea un factor que influya bastante. Pero también hay cosas como catástrofes y guerras que crean fugas de cerebros. La hegemonía intelectual de EUA en los últimos 60 años no es sólo una consecuencia de la guerra fría; también de la segunda guerra mundial. Esto también sugiere que las políticas de ayuda a la investigación la ciencia, y subvenciones varias etc… tienen una efectividad sólo limitada a menos que se consiga atraer una masa crítica de investigadores.