¿Os acordais de Esther Duflo, la chica que gano la John Bates Clark hace unos dias? Aqui teneis un video donde habla de experimentos para reducir la pobreza. Es importante, de veras, evaluar politicas publicas y no solo en los paises desarrollados.
Para los que no sois unos frikis de la economia, me gustaria preguntaros. ¿Deberia preocuparme el hecho de que me parezca bastante sexy asi hablando de economia del desarrollo, o es que realmente tengo un problema parafilico con las academicas de ciencias sociales analiticas y las francesas?
He encontrado hoy tres cosas interesantes. La primera y mas importante, esta maravillosa conferencia de Stiglitz
Es moderadamente larga pero vale la pena a poco que os interese la teoria economica y su direccion. Caricaturiza a sus oponentes menos de lo normal y dice cosas mucho mas matizadas de las que suele soltar en la tele. El resto es basicamente brillante. Os lo recomiendo a la gente que oye a menudo a Stiglitz hablar de que hay que cambiar no se cuantas cosas para que veais a que tipo de cambio se refiere exactamente. (Defiende la hipotesis de la expectativas racionales!)
Segunda cosa, he encontrado via Twitter este articulo de Felix Salmon donde presenta una hoja de excel para calcular la dinamica de la deuda griega. Podeis divertiros haciendo numeritos y escenarios mas o menos pesadillescos.
Tercero, echad un vistazo a la demostraciones graficas de Wolfram. Teneis muchas cosas, no solo economia; fisica, matematicas, computacion, bla bla bla. Pero las mas interesantes en economia (obviamente, la economia siempre es lo mas interesante !) desde calcular el coste de opciones hasta la perdida de eficiencia en el monopolio.
Suponed que tenemos el juego de los Lemmings. ¿Recordáis esos simpáticos muñequitos a los que había que ponerles paraguas para que no se estrellaran al caer o a los que había que equipar con picos para que picaran abriendo túneles? El juego nos daba distintos escenarios dónde había que conseguir que un mínimo de ellos sobrevivieran.
Nuestro escenario es en este caso el de tres Islas que conforman el archipiélago “oek-onomía”. Regularmente veremos los Lemmings emigrar de una isla a otra según las reglas que precisaremos a continuación.
La primera Isla se llama “in-aktiva”; a ella llegan periódicamente un flujo de nuevos lemmings a través de una especie de apertura en el techo y también desde la segunda isla.
La segunda Isla se llama “aktiva” y a ella inmigran en barco periódicamente lemming que viene de “in-aktiva”. De ella emigran lemmings que van a parar a “in-aktiva” y a la tercera isla.
La tercera Isla se llama “jub-bilación” que recibe periódicamente lemmings que vienen de aktiva e in-aktiva y dónde periódicamente se suicidan ellos solos -el arte de suicidar lemmings siempre estuvo infravalorado.
Tenemos por tanto flujos de Lemmings que van en varios sentidos y la actividad del archipiélago oek-onomía funciona así.
Al principio de cada año cada Lemming puede bien quedarse en su isla, bien coger el barco y cambiar de Isla, bien aparecer/desaparecer (caso de in-aktiva o jub-bilación).
Durante ese año, los Lemmings que están en la segunda isla trabajan cultivando plantas. Esas plantas tienen la propiedad de atraer nubes que hacen que llueva maná- el único alimento de los Lemmings- en el archiepiélago oek-onomía.
Al final de ese año, en función de la cantidad de plantas que hayan cultivado, llueve una cantidad de maná que sirve de alimento para todos para el resto del año siguiente.
Nuestro objetivo en el juego es conseguir que la cantidad de maná que consume cada Lemming sea relativamente estable o incluso aumente dentro de la medida de lo posible. Esa cantidad viene dada por
Maná por lemming= número de lemmings en aktiva X producción de cada lemming / nº total de lemmings
Como decía, los flujos de Lemmings en el archipiélago oek-onomía son relativamente aleatorios, aunque como jugadores podemos intentar influir en ellos vamos a ver algunos ejemplos.
Suponed que de repente hay una emigración masiva de “aktiva” a -> “in-aktiva”. Si miráis la ecuación de arriba, veréis que por pura lógica el número de lemmings cultivando plantas caerá y la cantidad de maná también caerá mientras que el resto permanece constante. Llamamos a este problema “paro” -cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Suponed ahora que el número de Lemmings que se suicidan en “jub-bilación” cae pero todo lo demás constante. Veremos un número de lemmings total mayor y por tanto una caída del maná por lemming. Llamamos a este problema “envejecimiento”.
Como decía, como jugadores podemos intentar influir en los flujos y en la cantidad de lemmings que hay en cada Isla. Suponemos que antes el problema del envejecimiento queremos podemos poner un coto al número de barcos que llegan a “jub-bilación“. Eso reducirá los barcos que llegan de cualquiera de las dos islas, da igual de cuál. Algunos barcos dejarán de llegar de “aktiva” y otros de “in-aktiva“. Si es el caso del primero, lógicamente tendremos una (principio de) solución al problema dado que el número de lemming en “aktiva” aumentará -ver ecuación. Si es el caso del segundo, nos quedamos igual que estábamos.
Pero entonces llega uno de nuestros amigos y dice “eh, cuidado, intentando arreglar el problema del envejecimiento, vas a acentuar el del paro”. Nuestro amigo nos señala que al prohibir que haya más gente yendo de “aktiva” a “jub-bilación” vamos a intentar tener un problema dónde esos barcos van a salir hacia “in-aktiva” teniendo un problema de, como decíamos, paro (la emigración de “aktiva” hacia “in-aktiva” era lo que habíamos definido como paro).
Eso tiene sentido hablando literalmente. Pero por otro lado, no hemos agravado el problema; a lo sumo lo hemos aliviado. No lo hemos agravado porque los términos de la ecuación en la situación “paro” y en la situación “envejecimiento” son los mismos: tenemos el mismo maná por lemming porque tenemos la misma cantidad de lemmings trabajando en oek-onomía. Lo hemos tal vez aliviado porque mientras que hay lemmings que emigran de “in-aktiva” a “aktiva“, no hay lemmings que emigren de “Jub-bilación” a “aktiva“; es un viaje de no retorno. Si queremos ganar en el juego- aumentar o mantener la cantidad de maná de cada lemming- lo razonable sería limitar -en la medida de lo posible- la cantidad de lemmings en “jub-bilación” y aumentar la cantidad de Lemmings en “aktiva” fletando más barcos hacia aktiva y menos hacia in-aktiva.
Dedicado a Juan Antolin y a Kantor, me consta les gusta la pedagogía friki
Yannik Bourquin reported recently a post written by Tyler Cowen and commented that anglo saxons seems to see the sales period as a matter of anthropological curiosity. From the point of view of the economist, it is rather difficult to understand why shops are not allowed to sell cheap whenever they want; the only explanation should therefore lie on the side of cultural particularity or, more realistically, as an unjustifiable measure that restricts competition. I have been thinking about the issue during the last 7 days, and although I do not have any specific knowledge of the literature which must exist in the area, I think I can make some comments from the perspective of an armchair economist. It should be pointed out, though, that I write mainly with sales for clothes in mind, although the arguments should be applicable to other articles.
The main question that should be asked is: why would sellers like to have different prices in different periods of the year? Why wouldn’t they, instead, have the same average price the whole year?
In the case of clothes or any article that might turn to be perishable, it should be noted that the same piece of clothe might turn to be a different article in different periods of the year. The same person might be willing to pay more money for clothes at the beginning of the season, when they are more necessary and more fashionable, than at the end of the season when they will have to wait one year before being able to wear them again and they may well be out of fashion. In this case, it is natural for the seller to adjust the price. There is nothing wrong, in principle, with this practice which just means that different goods are sold at different prices.
Another reason for the existence of sales is what economists call “price discrimination”. Typically different consumers have different willingness to pay. From the point of view of the producer, it would be optimal for him to sell each good to each consumer at the maximal price that he would be ready to pay. However, producers do not know the real willingness to pay of different consumers and they are forced to sell at a single, impersonal, average price which maximizes their profits. Price discrimination consist just in separating consumers with different willingness to pay and sell them the good at different prices. One way of doing this is to artificially degrade the good; if you have two different types of consumers, one demanding-with-high-willingness-to-pay and one-non-demanding-with-low-willingness-to-pay, then downgrading the quality of the good and selling it cheaper will ensure that both consumers will buy the good but at different prices. In the case of sales, goods are usually sold in worse conditions; you usually have less choice since many sizes are not available, they are more difficult to find and the conditions of refund are more stringent. Those who value an article a lot could wait for sales, but they will run the risk of not finding the article available any more and therefore will choose to buy during the season. This explains for example why luxury brands have outlet stores in remote places where they sell their articles much cheaper than at they grand boutiques in town; those who are willing to go that far are less willing to pay. The welfare evaluation of this technique is a bit more ambiguous, but the situation is quite efficient since everyone get what he wants at the price he is willing to pay.
Another possibility is that sellers need to liquidate their stocks. Typically, stocks have costs because the sellers can not store the new stuff as long as the old has not gone. As long they can not anticipate perfectly the demand that they will have during the season, they will usually find themselves with excess supplies. By selling it cheaper, they can minimize the loss.
Finally, sales might be a way to let consumers know about your shop. Consumers tend to develop habits, that is, they tend to buy always in the same shop or the same article instead of looking around for the best offer. Sales joined to advertising might help consumers to know about your products, try them and thereafter to develop a habit for them. It is therefore a way of cultivating the loyalty of your clients.
The reasons pointed out above are welfare improving and ask for no regulation. They are also compatible with regulation as it exist in Europe since sales would be usually concentrated in the same period of the year, with or without regulation. Are there any arguments for the kind of regulation we have in Europe? Let’s try some possible arguments.
If you listen to sellers who push for regulation you will often heard the argument of “disloyal competition”. The idea is that some producers would like to sell their productive for less than their production cost in order to eliminate competitors and monopolize the market. This argument has some validity, but only under some conditions. For example, the market should have few participants and important sunk entry cost that would make withdrawing from or entering into business very costly. In this case, the strategy would be sustainable. But this is clearly not the case for sales and especially fashion where the market is not concentrated at all and entry costs are low. Thus, this argument does not justify any regulation for sales.
A different argument could be more supportive. Sales could be one way of exploiting consumers in a unlawful way. As any shopkeeper knows, consumers are more willing to buy something when its price has been reduced, no matter how high the price. Those psychologists who have tried to understand economic decisions –behavioural economist- studied similar phenomena. For example, people tend to answer that they would prefer to earn double when every price has been double than their current real income – despite the fact that their purchasing power has been kept constant. Sales could therefore be a way of exploiting cognitive biases of consumers that would buy more than they would otherwise because they have the impression, true or false, that they are making a good deal. This is a good case for regulating sales.
Moreover contrary to conventional economic reasoning, the price of a good might have under some circumstances some positive influence of the demand for it. Firstly, some goods are what we call “Veblen Goods” in honour of Thorstein Veblen, the economist who first thought about them in his book “Theory of the leisure class”. He pointed out that some goods, such as luxury goods, are bought just for snob reasons; they are expensive, so they denote a social status. Secondly, a related argument comes from the field of information economics. Consumers usually ignore the quality of the good they are buying. In the case of clothes, for example, you don’t really long how resistant will this pair of jeans that you are buying be. One possibility is to rely on brands; you know that Levi Strauss is a good brand. But another possibility is to rely on price. Assume you find a new shop you had never heard of before with a French name “Jean Michel Dunod”. The aspect of the shop is very fashionable and the prices are huge. If you have to make a guess, you would probably suggest that it is a luxury brand that you did not know and think that the articles are worth more than what you would have think in another environment. Prices are a valuable piece of information, in this context.
When prices are positively related to demand, sales are an extremely effective marketing technique because you can put two prices. The “normal price” which signals quality or status and the “sales’ price” which allocates the good to consumers. A good strategy would be to have a very high price during the year and a lower sales price, increasing sales considerably. It is not difficult to see that in this case, the effect of sales on welfare is much more ambiguous.
These two arguments do not, however, call for a limitation of the period on which sales should be allowed. It could call for ensuring that sales are lawful, and not artificially engineered just for marketing reasons. This would be, however, hard to enforce unless prices were stable during the season, since it would be very difficult to compare it. Finally, although the argument exists, I personally think that, overall, the effect of regulation is largely negative as it restricts competition and that the possibilities for consumer exploitation are neglectable.
Is there an economic rationale for subsidizing girls wearing mini-skirts? By this I do not mean whether we should subsidize or not, but to what extent doing it would be welfare improving. As a dismal scientist, I suggest that there could be- and that in any case the thought experiment is challenging.
The explanation is as follows. Assume that women make their dressing decisions caring about whether they like or not the way they look like. On the other hand, men are not indifferent between different alternatives; they actually prefer mini-skirts since they are nicer to watch. Under these conditions, we have what we call “an externality”; a situation when the decision of one agent affects another agent- we might call it a “visual externality”- the the number of girls wearing mini-skirts will typically be suboptimal (insufficient) from a social point of view- in the very same way as the factory will over-pollute the river if it does not support its cost.
To see what I mean, think about it in the following terms. Imaging that we have a house which can be warmed. Girls actually would like to wear mini-skirts, but only if the house is warmed; the number of girls wearing mini-skirts increases with warming. However, warming the room is not free: someone should pay for it. Typically, girls will balance their preference for wearing miniskirts and the cost of warming the house. Now, ask youself whether the level of warming will be higher when we allow men or women to contribute: that’s the externality. The maximal amount that men would be willing to pay for warming is a good aproximation.
This problem was recognized a century ago by the economist A.C. Pigou and proposed that it could be solved via taxes and subsidies. The issue would be: extract taxes from miniskirt-enjoying-men and transfer that amount of money to women who accept to wear miniskirts. If you know the amount that men would be willing to pay, you can properly adjust it. There is, therefore, a prima facie case for subsidizing miniskirts if our assumptions are correct.
You might think that all this economic stuff is just crazy, but let me follow the economic logic a little bit further. A liberal economist would counter-argue in a rather automatic way that, if there is a problem, the market could solve it. Couldn’t it? Hypotetically, it could. The market for miniskirts has a demand (men watching miniskirts) and a supply (women wearing miniskirts) why don’t we see deals between men and women to wear miniskirts as we do, say, in the tomato market? The common sense answer would be “well, because wearing miniskirts is not a marketable activity, unless you do it professionally” The economist’s answer is a bit more sophisticated, but actually says more or less the same thing.
The liberal economist is appealing, maybe unconsciously, to what we call the “Coase theorem”. The Coase theorem says that, when transaction cost are zero and property rights are well distributed, then market exchange and bargaining will lead to a efficient outcome. What does this actually mean? The issue is, if making a deal has no cost, then you will reach a good deal. The Coase theorem is a mathematical truth which means that it holds whenever its assumptions are fulfilled. So, coming back to the miniskirts case, if the commonsense view is correct, some of its assumptions should not hold.
In fact, they don’t, and that is the main point of this post. The commonsense view says that nobody would accept, either paying or being paid for wearing miniskirts; that doesn’t mean they do not value it, it just means that none would accept to consider it an object of trade. This phenomena is called by behavioural economists “procedural utility” which means that people do not only care about about outcomes, but also about how outcomes are reached. It might happen that men or women just find abhorrent to pay or being paid for that stuff (it would be a kind of “ethical preference” where people care about what is right or wrong, not only about what is convenient) or maybe they are quite tolerant about dignity but there is some form of social sanction for accepting such a deal (there would be a “social norm” which forbids it). This is the very same issue as when people are reluctant to sell their organs for ethical reasons.
Whatever the reason- ethical preferences or social norms- this constitutes a market failure in the sense that the spontaneous order solution leads to an outcome that is not the one that everyone would have desired if deciding collectively and rationally. The point is therefore that social norms and ethical preferences can be a source of transaction costs- impeding mutually beneficial trade and the Coase theorem to hold- and therefore cause market failures.
This is, however, not all the story. There are two things I’d like to point out. The spontaneous order solution could be less inefficient than one could think and men could be willing to “pay” for it, so the number of girls wearing miniskirts will be close to the optimal level. How do men pay? Typically, not with money- due to the ethical preferences and social norms stuff- instead, with “attention”, “gifts” or other ways. Girls actually know that dressing themselves in a sexy way will increase their chances to be succesful among boys,and will balance this chances of succes againt their “dislike” of wearing a miniskirt. We see therefore that the issue “tends” to solve itself- boys reward miniskirts- but only in an indirect way. The solution is also imperfect: the amount of reward does not account for the satisfaction got by boys watching miniskirts- in economic terms “the gains from trade are not exhausted”.
There is, therefore a rather strong case for taxing boys and subsidizing miniskirts-wearing-girls. Does this sounds absurd? It does, but it is not. Actually, it is something that is actually done with some frequency in analogous situations. For example; not long ago I was invited to a club were they celebrated the “miniskirt party”. It was so called because girls wearing a miniskirt were granted free access and a drink while the rest of us had to pay. This is, in fact, a way of arranging transfers in the same way a tax scheme would. The same rationale operates for dress codes in private parties where individuals access is conditioned on proper dressing.
All this suggest that there is indeed a good case for subsidizing miniskirts. Now, I do not think, nor does economics theory suggest- just in case someone did not understand that this was a thought experiment written in a provocative way- that miniskirts should actually be subsidized. The arrangement is likely to be unfeasible. First, it would be hard to know who to tax- who does really enjoy miniskirts? how much?. Second, we are likely to have the very same problems as in the Coasian solution- people are unlikely to accept voting for paying/receiving money for wearing miniskirts for the very same ethical preferences and social norms reasons.
The point was, however, to show that institutions -such as moral and social norms- that evolve spontaneously can be a source of transaction costs causing inefficiency, and this is especially true in the case of “non economic phenomena” where what we can call “animal spirits” are strong; it does also holds in the economic realm, in, for instance, wage setting.
Después de una pausa en la serie sobre el mercado laboral y el monopsonio, volvemos con el tema del poder de mercado y las asimetrías en el mercado laboral. Si recordáis, hablaba de como la estructura organizativa o la heterogeneidad de los puestos de trabajo podían hacer que los empresarios tuvieran poder de mercado y el mecanismo de subasta -dónde, en principio, los empresarios pujan hasta que los trabajadores reciben lo mismo que lo que producen-se viera limitado. Sin embargo, mi punto de vista es que estos casos son relativamente anecdóticos; el principal problema en la estructura del mercado de trabajo tiene que ver con el hecho de que es un mercado informativamente denso; es decir, un mercado dónde laspartes no saben muy bien lo que están vendiendo.
En este artículo quiero usar mi bonito modelo espacial de la Tierra Media para mostrar intuitivamente como modifica el mercado laboral; en los dos siguientes lo presentaré de una forma un poco más técnica presentando los modelos que existen en economía laboral para representar el problema. Si recordáis, habíamos considerado dos casos. En el primero, todos los elfos y los enanos estaban situados a la misma altura del río, de modo que los elfos pagaban a los enanos todo el Mithrill que producían; si pagaran por debajo, otro elfo podría pagar al enano lo mismo más un poco más y obtener una ganancia. La única situación de equilibrio era dónde los enanos reciben todo el Mithrill que producen de forma que ningún elfo puede ganar pagando al enano un poco más. Cuando dejábamos que los enanos estuvieran distribuidos por toda la rivera del río y asumíamos que desplazarse era costoso, la conclusión cambiaba. En esta situación, los elfos sólo tenían que pagar a los enanos el mithrill que producían menos el coste de moverse al siguiente elfo- ya que al enano le da igual quedarse dónde está y no moverse que moverse y cobrar un poco más. Ese coste era una “renta” de monopsonio.
Pues bien, podemos reinterpretarlo para ver cómo funciona con información imperfecta. Asumimos ahora que lo costoso no es moverse; los enanos se han hecho resistentes al mareo en el barco y pueden viajar sin coste. Lo que resulta costoso es enterarse de cuanto pagan los demás elfos. Para simplificar, suponemos primero que los enanos sólo saben cuanto cobran con su elfo actual, pero no tiene ni idea de cuanto les pagaría el elfo vecino. La intuición es entonces que la “competencia” entre elfos por atraer a los enanos dejará de ser efectiva porque ésta reposa sobre el mecanismo según el cuál los enanos pueden ser atraídos con un mayor salario.
Para ver cómo funciona el problema, suponed que con la práctica, los herreros enanos trabajan cada vez mejor y eso les permite producir cada vez más, de modo que al final del primer año producen el doble (los economistas llamamos ésto con el nombre bizarro de “shock de productividad positivo” por “learning by doing”). En un escenario competitivo con información completa, dónde los enanos saben cuanto ofrece cada elfo y los elfos pueden por tanto atraerlos con un salario mayor, esto resultaría en un pago de mithrill de el doble: el primer hechicero élfico en ver que los herreros enanos producen más ofrecería un poco más de mithrill, y los demás reaccionarían ofreciendo más mithrill, etc,… el único punto estable sería dónde los enanos reciben el doble de mithrill que al principio y los elfos el mismo. Sin embargo, cuando los enanos no conocen las ofertas de los demás elfos, éstos no ganarían nada ofreciendo más mithrill porque ningún enano acudirá- dado que no están al corriente de la oferta. En este escenario, los enanos son pagados por debajo de su productividad.
Algo similar ocurre en el caso contrario(un “shock de productividad negativo“). Suponed que un elfo reduce el mithrill que da a su enano aludiendo que el cobre que usan para producir mithrill se ha vuelto más caro y hay que dar más cantidad a los proveedores de cobre. El enano no sabe si el elfo está intentando engañarlo o no; si le estuviera diciendo algo cierto, sin embargo, sería incapaz de encontrar otro elfo que le pagara más (ya que todos tiene que pagar más por el cobre), pero si lo está engañando, entonces el elfo podría llegar a pagarle por debajo de su productividad. Si suponemos, de una forma un poco más realista que el enano le da la misma probabilidad a ambos resultado, aceptará una reducción intermedia en su pago de mithrill.
Aunque nos permite hacernos una idea de cómo afecta la información a la formación de salario, el supuesto de la ignorancia absoluta parece demasiado restrictivo. Vamos a suponer en cambio, el enano tiene una “idea aproximada” de lo que pagan los demás elfos; tal vez se entere por rumores o simplemente por alguna forma de sociología espontánea de barra de bar. Suponemos además que asegurarse de cuanto pagan los demás elfos tiene un “coste”; el enano puede dejar a su elfo actual, pagar ese coste, e ir a buscar a otro elfo. En este caso, tendremos un resultado similar al anterior aunque con varios matices que nos permite ver de qué depende la “renta” de monopsonio.
Primero, dependerá del coste que tenga que pagar. Si el coste por informarse es prácticamente nulo, no habrá ningún problema serio y tendremos un resultado similar al competitivo. Segundo, dependerá del “espíritu aventurero”; dejar el trabajo actual con la esperanza de encontrar uno mejor depende de la actitud frente al riesgo que se tenga- una persona muy conservadora preferirá “más vale lo malo conocido”. Tercero, dependerá de la percepción que se tenga del resto de elfos y de la calidad de esa información. Un enano muy optimista o que tenga amigos que cobran más que él creerá que puede encontrar un elfo que le pague más y que le merece la pena ponerse a buscar; si la percepción de la situación en general es muy negativa (crisis, gente muriendo, etc,…) no será muy exigente.
Como veremos en los próximos artículos, esos son los elementos que aparecen en el modelo. La regla general, sin embargo, sigue siendo la misma: cuando para los trabajadores es costoso cambiar de trabajo- su movilidad es reducida- eso garantiza a los empresarios poder de mercado al reducir la presión competitiva que ejercen unos sobre otros.
Según dicen en la página de la fundación Nobel, mañana Lunes a las 13:00 se hará público a quién le otorgan el Nobel de Economía de este año. Como sabréis el año pasado se lo dieron a uno de mis economistas favoritos, así que este año quiero hacer una apuesta. Racionalmente, es probabe o posibl que se lo den a alguno de los eternos nobelizables como Barro, o sobre todo, Mankiw. Sin embargo, yo voy a apostar por Jean Tirole.
Probablemente, lo que más me gusta de Tirole es un pragmatismo extremo a la hora de entender la economía. Paul Samuelson dijo en una ocasión “Los que no pueden, hacen metodología, lo que pueden, hacen ciencia”. Tirole es un ejemplo de esto. El tipo se graduó en Polytechnique (la escuela de ingenieros de élite en Francia), hizo un master en teoría de la decisión matemática, y se especializó en economía industrial y teoría de juegos clásica. Sin embargo, cuando el zeitgeist cambió introduciendo aspectos hipótesis psicológicas, etc,…, él también se movió. No recuerdo haber leído un sólo artículo suyo dónde entre en batallas metodológicas; él se ha limitado a formular modelos y teorías, marcando sus limitaciones y siendo todo lo pragmático posible.
Por otro lado, aprecio su versatilidad. Soy de los que piensa que la unidad en las ciencias sociales- y en las ciencias en general- es algo importante. A diferencia de muchos economista, Tirole ha sido capaz de moverse de un campo a otro trasladando sus habilidades básicas de teoría de juegos y economía de la información y haciendo innovaciones relevantes en todos los campos. Recientemente-, como decía, ha colaborado con Roland Benabou en modelos basados en hipótesis psicológicas de autocontrol, etc… y al mismo tiempo- esto desde principio de los noventa- ha puesto investiga en aspectos de mercados financieros. Este paper sobre liquidez, concretamente, es una delicia. Os invito a daros una vuelta por su página web
Hará menos de un mes terminé el libro de Justin Fox “The Myth of the rational market“. Me había topado con él por primera vez en las páginas del The Economist y la verdad es que no me planteé ni siquiera seguir leyendo, en parte por el tedio profundo que me produce la economía financiera (1) en parte porque por el título tenía toda la pinta de ser parte de la gigantesca e inútil industria dedicada a disparar contra el hombre de paja del homo oeconomicus, de los que los periodistas, propagandistas y traders son los principales promotores. Sin embargo esta reseña de Paul Krugman terminó por convencerme de que merecía echarle un vistazo. La verdad es que el libro no me decepcionó y superó, por mucho, mis expectativas.
El tema del libro es el mismo que el del clásico de Peter Bernstein “Capital Ideas”: se trata de una historia de la teoría financiera, contada no sólo desde un ángulo científico- académico, sino en relación con las corrientes intelectuales y las tendencias que dominaban en el mundo financiero y cómo la realidad social y económica influyó en ellas. Así, Justin Fox narra los descubrimientos pioneros de Fisher en el periodo de entreguerras; cómo Markovitz aplicó lo mejor de la economía neoclásica y de la estadística para explicar cómo se gestiona el riesgo diversificando una cartera y como los grandes pilares de la teoría financiera moderna -la teoría de selección de carteras; teoría de los mercados eficientes, el teorema Modigliani&Miller; el Modelo CAPM- van cayendo uno tras otro hasta configurar el esqueleto intelectual de la industria financiera moderna y convencer no sólo a la academia, sino también al mundo financiero empresarial entorno a la idea del “mercado racional”.
Pero la historia que cuenta no sigue un guión puramente whig de progreso lineal; al contrario, intenta dar cuenta de la disidencia y de las anomalías que existían desde el principio en el paradigma. Por un lado, hombres como Georges Soros, Ed Thorp o Warren Buffett eran capaces de obtener beneficios muy por encima de lo que era consistente con la teoría según la cuál los precios se comportan de forma aleatoria. Por otro lado, tanto a nivel teórico como empírico, el paradigma del mercado eficiente experimentaba anomalías crecientes. Stiglitz y Grossman demostraron que era conceptualmente imposible que los precios incorporaran toda la información disponible; Richard Thaler trajo los innovaciones de los psicólogos Kanhemann y Tverski al campo financiero; Shleifer puso de manifiesto los límites del arbitraje ; Robert Shiller demostró que los mercados eran mucho más volátiles de lo que la teoría podía predecir. La imagen final con la que uno termina es la de un cuadro a medio terminar; dónde los elementos del antiguo paradigma, basado en el ajuste automático, en mercados con información perfecta y seres humanos que actúan como estadísticos naturales y los parches añadidos por las llamadas “finanzas conductuales” que incorporan hipótesis de la psicología, sociología y demás ciencias para explicar las imperfecciones.
El punto más fuerte del libro es tal vez que Justin Fox se las arregla para explicar hacer una historia coherente y amena y mantener una narrativa entrenida y accesible para cualquiera interesado, sin necesidad de tener conocimientos previos a pesar de lo técnico del tema y sin embargo perder muy pocos detalles sobre el proceso, con enlaces a los artículos y libros de referencia. A pesar del título, el libro es considerablemente imparcial y sin juicios de valor- el autor sólo expresa su opinión en el prólogo y el epílogo- y da una imagen bastante fiel (hasta dónde yo sé) del estado de las finanzas modernas. Es un libro que permite hacerse una idea de cuál fue el esqueleto intelectual que llevó a la crísis actual con sus fallos y sus éxitos y sin caer en maniqueismos. Permite sobre todo tener una visión general de los desarrollos con el fin de alabarlos o criticarlos, según la opinión de cada uno.
(1) Suelo decir que cuando yo sea tirano mundial, toda la actividad económica ocurrirá en un sólo periodo, sólo habrá dos sectores-la burocracia y las minas de sal- y por supuesto será una economía de trueque.
Escribo porque el blog me da un poco de pena así tan sólo y para dar señales de vida, etc,… Primero, tiene explicación, me examino del primer ejercicio de la oposicion el próximo día 3, es decir el sábado. Si alguien quiere venir a animarme (pancarta, confetti, etc,…), estaré por la mañana en la escuela de industriales de Madrid.
He estado ausente, además, porque mi mente ha estado ocupada en mi escaso tiempo de ocio con otras cosas como terminar el fantástico libro de Justin Fox que reseñaré próximamente, empezar el igualmente fantástico libro de Samuel Bowles y sobre todo, asistiendo a clases en Berkeley. Sí, habéis oído bien, clase de Historia Económica Americana, por Bradford Delong.
Vale, no ha sido realmente en Berkeley, sino que son clases que se pueden descargar de forma totalmente gratuita escucharlas en el ordenador o en el mp3/ipod. Después de que Nuestro Amado Líder Juan Antolín (NALJA) me informara en una comida secreta de que existe cursos online, me puse a curiosear y encontré esta entrada de este blog dónde hay toda clase de clases gratis, desde Finanzas (la da Robert Shiller!!) o teoría de juegos hasta computación o física. Echadle un vistazo, en serio, además está bien para practicar vuestro inglés (psicología, neurociencias, biología, ingeniería, matemáticas, geografía, historia del arte, hay de todo).
Uno de los objetivos más comunes de los críticos (serios) de la teoría económica ortodoxa es la idea de “racionalidad”. A Eduardo, por ejemplo, le encanta citar ejemplos de preferencias “other-regarding”, de “economías de lo sagrado” y de “reciprocidad fuerte” como ejemplos de que la idea de que el homo oeconomicus no funciona. Eduardo no está sólo, gente seria como Herbert Gintis o Georges Akerlof defienden una idea bastante similar.
Mi idea general es que todas estas críticas tiran contra un hombre de paja; no hay nada en la metodología económica que haga imposible modelizar este tipo de cosas y si las teorías económicas suelen ignorarlo no es tanto porque creamos que las cosas no funcionan así, como porque a menudo estos casos de “irracionalidad” -en realidad no es irracional, más luego- no son necesarios para explicar la realidad económica o son muy difíciles de chequear empíricamente.
No obstante, pienso honestamente que, cuando uno quita la retórica Kuhniana de cambio de paradigma sangriento y ataque a los estúpìdos y miopes economistas, uno tiene interacciones muy interesantes entre la teoría tradicional y la economía “behaviourista” (en sentido amplio; la economía que incorpora hechos estilizados de la sociología, las ciencias cognitivas, la biología evolutiva o la antropología).
Por ejemplo, uno de los enigmas empíricos desde que Keynes lo formulara es por qué los salarios son rígidos a la baja; si los trabajadores fueran racionales, deberían aceptar rebajas salariales cuando saben qeu la alternativa es el paro y sin embargo las empresas prefieren ajustar el número de trabajadores y no los salarios. Georges Akerlof y su mujer Janet Yellen han dado un conjunto de microfundamentos basados en la sociología de por qué esto es así. Básicamente, si uno le baja el sueldo a los empleados, estos tienden a tomárselo mal y reducir su productividad porque creen que es “injusto”-es decir, tenemos un caso de “reciprocidad fuerte”. Resulta que, además, esto es algo que tiene una base sociológica, evolutiva y psicológica bastante sólida. Es un microfundamento para la hipótesis del salario de eficiencia. Hoy la hipótesis del salario de eficiencia está en la base de la NEK (nueva economía keynesiana). El proceso de interacción es fructífero porque lo que genera la necesidad de una explicación es el paradigma “tradicional”; eso genera una nueva hípótesis basada en la economía behaviourista y terminamos con una nueva explicación, mejor fundamentada, del problema.
Pensé en escribir este post cuando mi novia me comentó un suceso que había ocurrido en su familia. Rápìdamente; su hermano había encontrado trabajo para el que necesitaba el coche. Sus padres no querían dejárselo porque no estaban contentos con sus notas. Él estuvo enfadado un tiempo y al final encontró un amigo con el que compartiría el trabajo poniendo él el coche. Mi pregunta fue ¿por qué no quieren dejarle el coche? La respuesta de mi novia fue que a) Querían que se dedicara a estudiar en verano y no a trabajar y b) El trabajo produciría un desgaste al coche por arrancarlo y pararlo muchas veces y además los padres pondrían las gasolina.
El apostol de la ciencia lúgubre que hay en mí conjeturó lo siguiente. El punto a) al final, no lo van a conseguir ya que de todas formas va a trabajar. Para el punto b) tenemos algo llamado “solución de negociación de nash” y “teorema de Coase” dos individuos que tengan algo que ganar podrán llegar a un acuerdo. Mi hipótesis de economista cínico era: si el problema era la depreciación del coche ¿por qué no organizaban un mecanismo para repartirse las ganancias? Es decir ¿por qué no le alquilaban el coche a su hijo?
Para que las soluciones anteriores no se cumplan, debe existir, automáticamente, algún incumplimiento de los supuestos. (atención, chicos, proceso de generación de hipótesis). Hay dos posibilidades: o bien las dos partes no tenían algo que ganar, o bien existían costes de transacción.
El primer caso podría ser que los padres mi novia simplemente no querían consentir qeu su hijo les hiciera chantaje; en palabras de mi novia “no les daba la gana”. Esto puede deberse a dos causas (conjetura) bien porque no quieren parecer débiles frente al futuro y que su hijo no les haga chantaje (hay un problema estratégico intertemporal para mantener el poder de negociación) bien porque tienen un sentido de “reciprocidad fuerte” de que les parezca injusto que su hijo les tome por el pito del sereno. Ambas posturas representan el mismo fenómeno, en realidad, solo que con distintos horizontes temporales. La postura estratégica busca mantener el poder de negociación intacto (evitar ser “explotado”) pero de forma consciente/estratégica -si consiento hoy, me chantajean mañana- y la reciprocidad fuerte cumple la misma función biológica con la diferencia de que no es una acción consciente, sino que está incorporada por la madre naturaleza en nuestra evolución cultural- los organismos que no se dejan explotar tienen más aptitud para sobrevivir.
El segundo caso, es que existieran costes de transacción. En el fondo, los costes de transacción son una caja negra dónde los ecnomistas metemos “todo aquéllo que impida las transacciones provechosas”. La existencias de economías de lo sagrado, por ejemplo, es un coste de transacción. Esto podría ser un caso. Podría existir una norma, comunmente aceptada en la familia de mi novia, de que no se negocia entre padres e hijos- sería raro lo de “alquilarle el coche a tu hijo”. Esa norma tiene una base evolutiva firme; una de las funciones evolutivas de la familia es poner riesgos en común y proveer seguros, algo que se lleva muy mal con los problemas de hold up y las transacciones de mercado- las organizaciones jerárquicas no funcionan con precios. Aunque ambas partes estuvieran dispuestas a hacerlo, esa norma impide que ninguno de los dos tome la iniciativa. Eso es una “economía de lo sagrado”.
Como véis, el problema está lejos de ser imposible de resolver dentro de un marco estrictamente ortodoxo; al contrario, el marco ortodoxo permite reforzar las hipótesis empíricas y hacerlas más manejables. Permite concretamente a) Formular preguntas que lleven a hacer conjeturas y b) permitir ver cómo encaja dentro de la imagen general. Cuando uno dice que algo es “irracional”, normalmente, es porque no ha metido las cosas relevantes en la función de utilidad de los agentes. La idea es qeu cuando el modelo llega a un resultado “irracional”, es el momento de variar los supuestos del modelo y construir uno nuevo, no de concluir que los modelos no sirven para nada.