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Archive for the ‘estado del bienestar’ Category
Lunes, Agosto 10th, 2009
La primera pregunta a la que debemos responder los socialdemocrátas es la siguiente: ¿como es posible que, en una sociedad democrática dónde todo el mundo vota, haya desigualdades profundas dónde una minoría se las apaña para mantener sus privilegios frente a una mayoría? ¿Como es posible que los pobres no expropien a los ricos? La respuesta tradicional (o una de ellas) era la frase del canciller alemán: los beneficios de hoy soy las inversiones de mañana y los empleos de pasado mañana. Es decir, lo que Roemer llama “Explotación socialmente necesaria”; en lenguaje ortodoxo la desigualdad está justificada por razones de eficiencia, con la expropiación perdería todo el mundo.
Llevo algunos días pensando en los problemas que está teniendo Obama para hacer pasar sus reformas -el sistema financiero, los para el cumplimiento del protocolo de Kyoto, y sobre todo, para la reforma del sistema sanitario. El Economist lo indicaba hace una semana. La oposición que el hombre está sufriendo es simplemente increíble. Mirad el sistema sanitario.
Dejando a un lado algunos detalles, la superioridad de los sistemas sanitarios estilo europeo es algo bastante bien establecido en economía sanitaria. No sólo hay un montón de evidencia empírica que apunta hacia esta idea; además, existe una rama entera de la economía que va desde el paper de Kenneth Arrow sobre la selección adversa en el mercado sanitario hasta la moderna teoría del seguro. Es decir, tenemos un cuerpo teórico y empírico bastante sólido y ortodoxo -se puede encontrar en cualquier libro de hacienda pública- que justifica una reforma del sistema sanitario y explica porque el modelo competitivo básico dónde los precios ajustan el mercado y la solución es óptima simplemente no se aplica a este caso. Cuando hablamos del sector sanitario, las “reglas estándar” no se aplican y sólo tenemos soluciones “second best”. Chequead que nuestro aprecio relativo por la redistribución no tiene nada que ver; estamos hablando de eficiencia.
Lo increíble no es tanto que esta posición sea contestada, sino el modo en que está siendo y por quién. Dejando a un lado los argumentos como que la sanidad pública llevará a la gente a matar gatitos y a practicar la eugenesia, lo increíble es que gente que se supone debería saber como funcionan estas cosas dicen cosas absurdas. Como ya ha indicado Roger alguna vez, alguien de la talla de Greg Mankiw-probablemente unos de los 7 mejores macroeconomistas de los últimos 20 años- simplemente mea fuera del tiesto. Tyler Cowen decía que mientras que los sistemas públicos funcionan mejor para la parte de la población más joven, funciona peor para la gente mayor como evidencia el hecho de que en EUA estén mejor atendidos los mayores que en europa. Cowen obviaba, no obstante, que en USA esa parte del mercado- medicare- es precisamente la que es pública! La perplejidad que produce que algo tan evidente y necesario sea tan difícil de hacer lleva a uno a preguntarse por qué y a qué se debe que esto sea así y que gente que se supone debería ser capaz de entender por qué haga argumentos que hasta yo sería capaz de desmontar. Algo similar ocure con los argumentos sobre el cambio climático.
En general, soy escéptico respecto a la idea de que todo lo que se hace en la arena política se hace a sueldo de algún lobby que busca su propio interés. No creo que la gente pro palestina esté a sueldo de los saudíes, ni tampoco que los periódicos que hablan mal de Chavez estén a sueldo de los intereses empresariales. Don’t get me wrong, no soy tan ingenuo como para creer que la gente actúa guiada por el altruismo bla bla, pero sí creo que antes de rechazar un argumento diciendo que el que los pone sobre la mesa está a sueldo de algún lobby malvado, uno debe examinar el argumento y si tiene alguna justificación.
El problema es, como dice Roger Egócrata, que la democracia americana está siendo puesta a prueba estos días. Una democracia funciona de tal forma que cuando un partido gana las elecciones, debe poder aplicar sus políticas; el equilibrio institucional por el que los distintos grupos admiten no cargarse el sistema reposa, implícitamente sobre ese supuesto. Por supuesto, en cualquier democracia existen límites a lo que un gobierno puede hacer para reformar, los famosos checks and balances. El problema es que si esos checks and balances son demasiado fuertes, el país puede llegar a una situación de inmovilismo. Ese es probablemente el caso de EUA. El hecho de tener partidos poco disciplinados hace que reunir una mayoría para reformar algo sea realmente difícil, sobre todo si los representantes de cada estado son facilmente capturables -y lo son- a nivel local. El hecho de tener una prensa “neutral” que se toma demasiado en serio los argumentos lunáticos y con un sesgo heredado de la guerra fría en contra de cualquier cosa que suene a gestión pública excluye determinadas
De veras, pensando en estas cosas me siento más cerca de Alberto Garzón de lo que debería.
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Jueves, Agosto 6th, 2009
He terminado hace unas horas el libro que me recomendó Becario en Moncloa sobre historia económica de España. El libro de Tafunell y Carreras es simplemente excelente no sólo es riguroso, presentando los puntos de vista y los debates de forma objetiva y detallando cada proceso con datos, también se las apaña para ser muy legible sin perderse en el cuantitivismo. Es fantásticamente legible.
En el último capítulo tienen un par de párrafos dónde hablan del mercado laboral desde los ochenta. Una de las acusaciones que he leído por ahí contra la gente que defendemos la reforma del mercado de trabajo es la “oportunismo”; lo cierto es que es algo que no podía ser más injusto. Os copio la parte en cuestión:
“La reforma del estatuto de los trabajadores aprobada en 1984 respondía a la convicción que la reglamentación laboral que éste había configurado entorpecía gravemente la creación de nuevos puestos de trabajo durante los tiempos de expansión económica al proteger fuertemente a los trabajadores con empleo. De modo que el objetivo de la reforma era flexibilizar tanto la entrada como la salida del mercado de trabajo introduciendo nuevas figuras contractuales de duración fijada (no indefinida) (…) para estimlar su uso, se aplicarían incentivos fiscales.
La reforma permitió una muy significativa creación de empleo en los años siguientes que, como sabemos, fueron precisamente de intenso crecimiento. Entre 1985 y 1990 la población ocupada aumentó a una tasa del 3,4% anual. Sin embargo, la reforma tuvo dos efectos perversos derivados del mismo hecho: casi todo el empleo generado fue en forma de contratos temporales. En primer lugar apareció un mercado dual, al segmentarse en dos categoríasm los trabajadores fijos y los trabajadores temporales. El volumen excesivo de esto- que n muy pocos aos pasaron a representar el treinta por cien de la población ocupada- debió tener efectos negativos a medio y largo plazo para el creicmiento económico dado que las empresas dejaron de tener incentivos para invertir lo necesario en capital humano. La economía española de hoy lo está pagando y seguirá haciéndolo en el futuro inmediato. El segundo efecto perverso es que aumentó el poder negociador del segmento de trabajadores fijos, ya que su blindaje se vio reforzado por la circunstancia que las empresas ahora tenían la posibilidad de utilizar como instrumento de ajuste de plantillas la contratación-despido de trabajadores temporales. Por consiguiente, los trabajadores fijos tuvieron una gran capacidad de presión en las negociaciones salariales, logrando así fuertes alzas durante todo el ciclo (hasta 1993, es decir, incluso el año en que cada mes se destruyeron decenas de miles de puestos de trabajo).
En definitiva, los resultados d el areforma de 1984 fueron cristalinos. Ésta posibilitó una tasa de incremento de la población empleada muy intensa durante la etapa expansiva, pero al mismo tiempo permitió una destrucciónd e puestos de trabajo muy rápida y masiva en la fase contrativa. La destrucción tuvo un carácter tan brutal que despertó la conciencia de muchos actores sociales acerca de la necesidad de nuevas reformas laborales. SE vio reforzada por las medidas tomadas por el gobierno para hacer frente al déficit pub´lico: en 1992 y 1993 se aprobaron medida para hacer más restrictivas las prestación de desempleo para frenar el crecimiento desmesurado del grasto. Para colmo, se suprimieron las bonificaciones a las cotizaciones sociales a los contratos en prácticas y en formación vigentes desde 1984. Esta medidas no hicieron sino acelerar el recorte de la splantillas de los trabajadores temporales.
Tras el intento de reforma de 1988 abortado por la huelga general, en 1994 se aprbó una nuva reofrma laboral que buscaba mejorar el funcionameinto del mercado de trabajo por diversas vías. Primero, mediante el establecimiento de un nuevo contrato para los jóvenes. Segundo, la supresión de obstáculos a la movilidad funcional (…) Tercero, la potenciaciónd e la negociación colectiva. Cuarto, la eliminación del monopolio del INEM en la colocación y el establecimiento de libertad de creación de ETTs y en último lugar, introduciendo ciertas facilidades para el despido.
Los resultados directos de esta reforma no son claros, dado que la aplicación de la misma avanzó con suma lentitud, en buena medida por la judialización existente en el funcionamiento del mercado de trabajo. Sus efectos aparentemente fueron importantes e inmediatos en la moderación salarial. Algunos expertos sostienen que los sindicatos compraron la no aplicación de la reforma pagando con reivindicaciones salariales extremadamente discretas. En todo caso, los principales agentes sociales asumieron con prontitud que la reforma de 1994 era insuficiente de manera que en 1997 bajo el primer gobierno del PP sellaron un acuerdo para poner en marcha otra más amplia. El objetivo esencia consistía en rebajar la tasa de temporalidad que caracteriza la mercado laboral español desde finales de los 80. A tal efecto, se creó un nuevo tipo de contrato de duración indefinida y unas condiciones de rescisión mucho más favorables. Con el nuevo marco normativo, los costes de despido se han aproximado a la media europea, aunque todavía se mantienen a un nivel más alto.
Los resultados (…) la paradoja es que la tasa de temporalidad no ha cedido y por tanto persiste el dualismo del mercado de trabajo. Si bien se mira, la paradoja es sólo aparente, las rigideces continúan siendo muy grandes y la protección de los viejos trabajadores fijos permanece intocada.”
X. Tafunell y Albert Carreras “Historia económica de la españa contemporánea” páginas 429-430
Cuando egócrata y yo hablamos tanto de que hay que reformar el mercado laboral y de que hay un dualismo del copón, no lo hacemos por gusto; es algo que tenemos pendiente desde finales de los 80. El patrón dónde se crea mucho empleo en los ciclos expansivos pero se destruye también mucho en las recesiones es una constante desde finales de los 80. La “ilusión” de qeu algo había cambiado era que llevábamos casi diez años sin recesiones. Lo que ocurre es que nos habíamos olvidado de que antes teníamos una tasa del 20% de paro. Vamos, no os copio las gráficas porque no sé, pero los procíclico que es el desempleo en España desde finales delos 80 da auténtico terror.
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Viernes, Julio 10th, 2009
Allá a principios de los noventa un tipo llamado Gosta Esping Andersen propuso una clasificación tripartita de los estados del bienestar. Desde entonces, ha habido una cantidad considerable de literatura proponiendo alternativas, matizaciones o subdivisiones adicionales dentro de la clasificación.
Una constante en este literatura ha sido la discusión entre si son las alianzas entre grupos sociales (el aspecto electoral) o los aspectos culturales los que explican que se haya adoptado un tipo de estado de bienestar o el otro. En realidad, ambas hipótesis no son excluyentes.
Curioseando por aquí he encontrado un artículo que relaciona lo machista que es una cultura y cómo de tradicional es el modelo familiar con el nivel de apoyo a la protección laboral. Tradicionalmente se sabe que los mercados de trabajo muy protegidos tienen efectos negativos sobre el acceso de la mujer al mercado laboral y por tanto sobre la igualdad real entre sexos. Cahuc y Algan muestran además que el apoyo a este tipo de instituciones es mayor entre los que tienen una concepción más tradicional de la familia, basada en un sólo “breadwinner” y a su vez ésta es mayor entre los miembros de la religión ortodoxa, católica y musulmana y menor entre los protestantes, ateos y judíos.
¿Qué consecuencias tiene ésto? Me permito señalar algunas. En primer lugar, uno puede especular sobre la dirección de la causalidad ¿acomodan las instituciones del mercado de trabajo concepciones pre-existentes o por el contrario tienden a reforzarlas?. Si pensamos que las acomodan, una mejora legislativa en la flexibilidad del mercado de trabajo podría tener efectos menores de los que se piensan porque los trabajadores seguirán siendo aversos al riesgo. Si pensamos que las instituciones del mercado de trabajo influencian el tipo de familia que tenemos y la religiosidad de la población, entonces hay buenas razones para pensar seriamente en cómo se hace la reforma. Si la cohesión familiar se debilita con la flexibilidad- (eg: flexibilidad_>incorporación de la mujer al mercado de trabajo _> aumento de la tensión familiar y mejora de la autonomía de la mujer_>aumento del número de divorcios_>aumento del número de familias atípicas_>reducción de la cohesión, reducción de la natalidad) entonces hay razones para pensar medidas de acompañamiento e instituciones que suplan el hueco dejado. Esa es de hecho, la principal razón por la que pienso qeu deben ser gobiernos de izquierdas los que hagan las reformas del mercado de trabajo; los gobiernos de derechas no piensan en estas cosas.
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Lunes, Julio 6th, 2009
Terminé el otro día “The Natural survival of work“, versión original (en francés). El libro es un compendio/sistematización divulgativa de lo que se sabe en economía sobre instituciones del mercado laboral (salario mínimo, costes de despido, seguro de desempleo, etc,…). El libro es fantástico por varios motivos. En primer lugar, aborda las cosas de una forma rigurosa y matizada, organizando los argumentos con pros y contras y poniéndolos en la balanza, citando literatura empírica seria, etc… En segundo lugar, el libro no es en absoluto tedioso de leer; los estudios serios están reducidos a los pies de página y el hilo argumental está ilustrado con casos concretos, historias de experimentos que se han hecho y símiles que hacen el libro muy pedagógico y accesible.
Descubro sino que los chicos del manifiesto de los Cien han publicado un e-book que aborda más o menos las mismas cosas para el caso español. El e-book es una colección de artículos que viene a reelaborar lo que decían en la propuesta de forma más concreta. No lo he leído todavía (en realidad, acababa de escribirles para sugerirles que hicieran algo en la linea de Cahuc y Zylberberg y me he topado con el e-book, ha debido ser una inspiración divina). Os intento contar más adelante lo que pienso del libro. Los artículos, por cierto, se pueden leer de forma individual en función del tema concreto que os interese. Echadles un vistazo.
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Miércoles, Julio 1st, 2009
Una de las denominaciones que más urticaria me producen y que sin embargo me veo obligado a usar para que la gente me entienda, es la idea de autodenominarme de “centro izquierda”, “social-liberal” o de “izquierda moderada”. Es la etiqueta que uso para decir “vale, me gusta lo de la sanidad pública, pero leo el The Economist y me tomo en serio la economía ortodoxa”. Para muchos, esta etiqueta está justificada como una especie de desistimiento en la ambición de conseguir ciertos objetivos. Hablar de la necesidad de liberalizar determinados sectores y de no subvencionar otros, de estar a favor del libre comercio o en contra de que determinados servicios públicos sean gratuitos es interpretado como una “concesión” al pensamiento de derechas y/o liberal, léase burgués.
La idea que subyace en este razonamiento es que existe una lógica “social” opuesta a la lógica “económica” y que el objetivo de la izquierda debería ser el de mantener un mayor número de aspectos de la vida en sociedad bajo la primera esfera. Esta idea, por supuesto, contraría muchas conclusiones bien establecidas en ciencias sociales y a menudo tiende a justificar situaciones de ineficacia o injusticia flagrante. Llamaré Estado de Bienestar para Ricos (EBR) al conjunto de políticas cuyo efecto es netamente regresivo o ineficaz en términos de renta, pero cuya legitimación se hace mediante un lenguaje izquierdista que oculta ese carácter regresivo. Los casos son numerosos: el proteccionismo económico, la política agraria, la subvención de determinados sectores de la industria cultural, la política industrial, la semigratuitidad de la enseñanza superior… .Detallaré más estos efectos en los artículos siguientes; aquí sólo me interesa plantear el marco teórico.
Marx, contrariamente a lo que suele pensarse, sigue siendo útil, y lo es especialmente para criticar este tipo de cosas. El primer elemento útil-y la pieza central de esta crítica- es la reconstrucción de la teoría de la explotación que produce John Roemer (sacado de aquí). Tras el colapso de la teoría laboral del valor, junto con el resto de la economía clásica, Roemer cree sin embargo que es posible reconstruir la idea de explotación marxista. La idea de Roemer es desligar el grado de descentralización de las decisiones de producción y consumo (i.e. el papel del mercado) de lo socializados que están los medios de producción. Este grado de socialización depende lo explotado que esté un determinado grupo. Un grupo está explotado por otro cuando existen desigualdades que resultan de la división del trabajo y concretamente del acceso distinto a determinados recursos. En palabras de Roemer “I propose that a group be conceived as exploted if it has some condtionally feasible alternative under which its members would be better off”
Así, podemos diferenciar distintos tipos de explotación de acuerdo con las distintas fases del materialismo histórico; tendríamos explotación feudal si asumiendo que los siervos poseyeran sus lotes de tierra éstos fueran obligados por la ley feudal a trabajar para tener acceso a sus frutos, estos pudieran retirarse con sus lotes y, aún así, estar mejor que con la relación feudal. En una sociedad capitalista (con propiedad privada) no existe explotación feudal-el trabajo el voluntario- pero sí existe explotación capitalista si suponemos que un grupo (los proletarios) podría retirarse del proceso productivo con su parte justa de los medios de producción y estar mejor. La idea es interesante porque permite comparar los resultados -el que resulta de la asignación en una economía capitalista y el que resultaría si tuvieran acceso igualitario a los medios de producción- sin tener en cuenta los procesos por los que se producen las asignaciones -el mercado o el Estado. El Estado o la ausencia de un régimen de mercado, puede, por tanto, ser un instrumento al servicio de la explotación capitalista; y eso es de hecho, lo que hace el EBR.
¿Cómo es esto posible? En realidad, no es algo fundamentalmente nuevo. La teoría marxista del Estado que reconstruye Elster explica que una de las funciones del Estado ayudar a los explotadores en su tarea de extraer la plusvalía que pertenece a los trabajadores. Pero la pregunta surge ¿cómo es posible que esto ocurra en el caso de un régimen democrático? ¿realmente algo que se hace en el nombre de la lógica “social” puede cumplir esa función? Marx es considerado (junto con Freud y Niesztche) uno de los filósofos de la sospecha: la idea de que uno debe desconfiar de las cosas tal como vienen presentadas, e ir más allá. La última pieza de nuestro análisis es pues la crítica marxista de la ideología. En la optica del materialismo histórico lo que caracteriza al modo de producción capitalista capitalista -por oposición a los modos asiáticos y feudales- es que la explotación no es aparente, sino que está solapada por un velo de legitimidad imprimido por la ilusión de la libre elección. En un régimen democrático dónde la explotación fuera aparente, en principio, los pobres deberían expropiar a los ricos y abolir las políticas cuyo efecto fuera regresivo. No obstante, esto no ocurre porque el régimen de producción capitalista genera instituciones que tienden a legitimar la explotación, a ocultarla el conflicto de intereses fundamental que subyace dentro de la sociedad y retrasan la lucha de clases. Una de esas instituciones es la ideología. Así pues, REFORMULAMOS El Estado o la ausencia de un régimen de mercado, puede, por tanto, ser un instrumento al servicio de la explotación capitalista y es posible que esto prevalezca, incluso en un régimen democrático, debido a la existencia de ideologías que justifiquen ese status quo y ocultan el conflicto de intereses subyacente.
Las piezas del marco teórico comienzan pues a encajar las unas con las otras. El EBR es algo que, lejos de cumplir una función “social” que redistribuya renta y reduzca el grado de desigualdad, puede a menudo aumentar el grado de explotación que sufre un determinado colectivo si lo comparamos con una solución a través de un mercado menos regulado. En una sociedad con instituciones idílicas, este tipo de explotación sería aparente y sería eliminada simplemente reduciendo ese tipo de política y dejando jugar al mercado o al sector privado. No obstante, esto no ocurre necesariamente en un régimen capitalista porque existen instituciones, generadas por la propia dinámica del sistema, que legitiman este tipo de prácticas dándoles una apariencia de legitimidad.
Concretamente, la ideología que mencionaba en el segundo párrafo es un ejemplo. La paleo-izquierda, al defender políticas regresivas o ineficaces bajo el signo de ideologías que pretenden proteger a los débiles, es por tanto un agente esencial del proceso de explotación que tiene lugar en una sociedad capitalista avanzada. En este sentido, podemos decir que este tipo de izquierda que se pretende más pura por esgrimir una retórica más “social”-léase demagógica- que nosotros es en realidad fundamentalmente reaccionaria.
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Martes, Junio 30th, 2009
Eduardo ha publicado una interesante reseña de un paper según el cuál el nivel de religiosidad de una sociedad depende negativamente de lo desarrollado que está el Estado de Bienestar en esa sociedad. La verdad es que el paper es uno de esos que confirman todos mis prejuicios así que no puedo resistirme a hacer un par de comentarios.
En primer lugar, es algo que contradice frontalmente la idea liberal según la cuál las sociedades dónde el Estado es más pequeño son sociedades más abiertas. Esta idea tiene una cantidad interesante de partidarios, pero la idea básica es la misma, común a todo el movimiento conservador-liberal: la del estado tentacular de Buchannan o la ruta de la servidumbre de Hayek, dónde una vez que se admite el Estado de bienestar, este tiende a expandirse creando una sociedad estátizada, apagadas, corporatizadas, poco creativas, inundadas por rent seekers, etc… dónde la libertad individual es sólo un recuerdo. A esta visión del Estado del bienestar, se opone una visión socialdemócrata que ve en el EStado de Bienestar un instrumento de emancipación y un soporte para el progreso, social, material y cultural; una prolongación del proyecto modernizador ilustrado, que ve en la igualdad la condición sine qua non para el progreso etc…
En realidad, tener una sociedad dónde el EStado es más pequeño no es ninguna garantía de vivir en una sociedad más abierta. Históricamente-digamos, en el periodo largo de los últimos X siglos-, el tamaño del Estado ha sido de hecho relativamente pequeño- básicamente porque las tecnologías para recaudar impuestos eran ineficientes- sin embargo, eso no garantizó que las sociedades fueran “abiertas” en el sentido de que fueran más descentralizadas o se tomaran más decisiones de forma individual. Al contrario, una serie de instituciones alternativas suplían al “estado” para resolver los problemas de acción colectiva que existen en toda sociedad y los individuos son bien “forzados”, bien “invitados a unirse voluntaria e irreversiblemente a esas instituciones”.
La familia es un ejemplo: cuando se estudian los tipos de Estado de bienestar, se estudian tres tipos de mecanismos para asignar recursos: el mercado, el estado y la familia. En una sociedad dónde el Estado es más pequeño- no hay seguridad social, ni bajas por maternidad, etc…- suelen tener por tanto una parte más importante la familia y el mercado y las sociedades fuertemente familiarizadas suelen ser muchas cosas, pero no sociedades abiertas.
Es probable que con la religión ocurre algo similar: las religiones son factores que cohesionan la sociedad al mantener unida a la gente en un conjunto de valores. Las religiones-el cristianismo, además, han jugado en muchos lugares un papel suplente del sector público -en la enseñanza, en la redistribución de la renta, jugar el papel de seguro, etc,… Por supuesto, este carácter suplente no es algo gratuito. No es sólo algo que asegura una legitimidad considerable a las organizaciones religiosas y sino que también hace más costoso salir de la organización- igual que divoriciarse es más costoso para una mujer que no trabaja.
En este sentido, no es ninguna casualidad que entre los partidarios del homeschooling y de la enseñanza privada veamos tanto a liberales convencidos, a ultraconservadores creacionistas y a miembros de alguna secta extraña -y en algunos casos ambas cosas a la vez; las sociedades más fuertemente privatizadas no son necesariamente -ni probablemente- sociedades más abiertas. Tener un mínimo de vida asegurado es probablemente una condición necesaria para poder empezar a emanciparse de cosmovisiones supersticiosas del mundo.
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Viernes, Mayo 22nd, 2009
Los chicos de Economía Crítica han escrito un editorial criticando la propuesta de reforma del mercado laboral de los “Los cien”. No deja de resultarme triste que un grupo de gente que pretende ser una alternativa de izquierdas a la economía ortdoxa den la impresión de que les interesa más ganar que llevar razón; de otra forma no se explica que una buena parte del artículo no sean argumentos sustanciales sino conjeturas sobre las intenciones ocultas de los firmantes, insinuaciones sobre su deshonestidad y ataques ad hominem solapados. Que gente como Andreu Mas Colell o Samuel Bentolila puedan ser despachados con el calificativo de “liberal” es similar que el único comentario que inspire leer a Proust sea el de “pequeño burgués”; pero esto último es sensibilidad de economista.
Vamos con un par de críticas. En primer lugar, el editorial se limita a caracterizar el manifiesto como “de forma seguida dan un salto mortal y continúan argumentando que es necesario lanzarse a reformar la forma en que se despide y contrata, los impuestos asociados a la actividad productiva y otra serie de medidas de claro sesgo liberal y regresivo. La verdad es que es algo que me cuesta ver, lo admito. Las cuatro propuestas del manifiesto son básicamente: unificar el régimen de despido en un contrato intermedio entre el fijo y el temporal actual, mejorar/aumentar la cobertura por desempleo (¡!), mejorar políticas activas de reinserción (centrándolas en colectivos más desfavorecidos, estableciendo una evaluación de las mismas, colaborando con las empresas etc…) y descentralizar algunos aspectos de la negociación colectiva. De verdad, echadles un vistazo, están en negrita.
La principal tesis del editorial viene a ser la siguiente si no la leo mal: el problema no está en el mercado laboral, sino en la estructura productiva española que se ha basado en sectores de bajo valor añadido relativamente inestables como la construcción y el turismo. La crítica de la propuesta en cuestión es que no busca “reconfigurar el modelo de producción” sino volver a la situación de antes a costa de los trabajadores. (es lo que he sacado en claro). Lo que dicen es una forma de expresión selectiva y sesgada de la verdad, vamos a verlo.
En primer lugar hay que recordar que la reforma del mercado de trabajo no es un problema de oportunismo, es la asignatura pendiente de casi todos los gobiernos europeos desde la década de los 80. Hay gobiernos, como el holandés, que lo han hecho y tienen un mercado de trabajo dinámico con una buena protección social, y otro que no lo han hecho y tienen tasas de paro juvenil de más del 20% (en tiempos buenos). Sí, el mercado laboral puede ser flexible sin que eso signifique menos protección Lo que ha hecho la crísis es simplemente hacerlo más urgente. ¿Por qué? Bueno, en buena medida porque las empresas necesitan ajustarse a una situación que las ha cogido desprevenidas; es decir, debe haber una reasignación de factores y lo rápido que se recupere la economía depende de lo rápido que se produzca este reajuste.
En segundo lugar, da la impresión de que los chicos de economía crítica creen que las instituciones del mercado laboral no afectan en absoluto a la estructura productiva. Es decir, es como si las empresas decidieran concentrarse en un sector o en otro sin que los costes de despido, las políticas de formación, etc,… afectaran su decisión. Esto no es en mi opinión de recibo. Egócrata hablaba de ello el otro día, y pone hoy unos gráficos que lo ilustran. A falta de más datos-que en economía crítica tampoco aportan- puedo sugerir varias razones para pensar que el modelo productivo están influido por las instituciones tal y como están diseñadas. La estructura dual favorece que las empresas mantengan un grupo de trabajadores rotativos que despide periódicamente y un grupo de trabajadores bien formados que mantiene dentro de la empresa; ese es un patrón se que adapta bastante bien a la construcción y al turismo. La ausencia de buenas políticas de formación -como las que abogan los firmantes del manifiesto- hace que los trabajadores busquen trabajo en sectores que no requieren una alta cualificación-como casualmente ocurre con el turismo y la construcción. Por último, la ausencia de una protección laboral bien diseñada es también un factor desincentiva el reciclaje de trabajadores, como indican los tipos del manifiesto- y el reciclaje es siempre más sencillo entre sectores con bajo valor añadido.
¿Cuál es la historia que se encuentra detrás de esto? Kantor lo decía en uno de mis posts “las consecuencias económicas del Aznarismo son miles de parados convertidos en mileuristas”; podéis cambiar mileuristas por trabajadores precarios. Para España, la entrada en la UE supuso un paso fantástico hacia adelante: la integración en un mercado grande, recibir fondos estructurales que permitieron modernizar las infraestructuras y el modelo productivo, participación en un entorno político y económico estable etc… Es cierto que hasta cierto punto la ventaja de España era tener bajos salarios, pero era una ventaja, la única que se puede tener cuando la productividad también es baja (es decir, no hay una historia de explotación y extracción de plusvalía por detrás). También es cierto que eso supuso renunciar a cualquier clase de política industrial de corte proteccionista, pero lo cierto es que a mí me parece una ventaja positiva haber terminado con las pork barrels; espero una argumentación en contra.
A lo largo de la primera mitad de los noventa, las enormes tasas de paro se explican en parte por las políticas monetarias restrictivas para entrar en el Euro y por la existencia de un mercado laboral excesivamente rígido. En la última legislatura de Felipe Gonzalez y a lo largo de las dos de Aznar comenzaron a ponerse en marcha políticas de empleo que incluían una liberalizacion parcial del mercado; el origen de la dualidad está ahí. En combinación con la relajación de la política monetaria y la mejora de la coyuntura mundial, así como de las finanzas públicas, estas políticas supusieron la transformación de millones de parados en trabajadores en situación precaria o pobres en sectores de baja calidad. Cuando se critica la precariedad, por cierto, hay que tener en cuenta que la alternativa no es el empleo fijo bien remunerado, es el paro a menos que se argumente alguna forma de mejorar la productividad.En España, de hecho, la productividad aparente del trabajo (la parte del crecimiento que no se debe a un aumento del empleo) fue negativa durante un buen periodo de tiempo, lo que significa que los salarios reales deberían haber caído. Es decir, el patrón de crecimiento era puramente extensivo, basado en la creación de empleo y movilización de factores. Cuando los chicos de economía crítican hablan mal de este modelo no está claro si lo que añoran son los parados o si tienen alguna receta para mejorar la productividad que no he podido ver referenciada en ningún sitio. Habría estado bien que la productividad hubiera aumentado, pero volvemos al problema de la política industrial: aumentar la productividad está bien siempre y nadie sabe muy bien como se hace.
En definitiva, volvemos a lo de siempre; la presunta actitud crítica no es algo que tenga un programa alternativo; se limitan a hablar del “sistema económico” de las “estructuras” y demás retórica vacía sin proponer ninguna alternativa concreta basada en propuestas eficientes algo que constituye una actitud profundamente reaccionaria. (mis propuestas, por cierto, están en los enlaces, así que leedlos antes de meteros conmigo)
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Domingo, Abril 26th, 2009
Algo en lo que se supone que está de acuerdo la gente de izquierdas y de derechas (al menos en sistemas democráticos dónde los pobres votan) es en la igualdad de oportunidades. No obstante, en general, suele verse como algo que está hasta cierto punto en conflicto con la eficiencia económica. En su libro clásico de economía Samuelson y Nordhaus hablaban de “el gran tradeoff” para referirse a la combinación de igualdad y eficiencia adecuada.
Sin embargo, existen ejemplos-como las pluscuamperfectas socialdemocracias nórdicas- de economías muy igualitarias y de hecho muy eficientes. ¿Cómo es ésto posible? Esping Andersen ha estudiado el tema y lo tiene claro: guarderías públicas (1). En general, se sabe que las capacidades, sobre todo de corte cognitivo, de un niño se forman en los primeros años de edad. Son esos primeros años que el niño pasa en casa jugando con duplos o viendo la tele los que hacen que su status social se parezca tanto al de sus padres. Por otro lado, se sabe que el número de hijos deseado por cada pareja está por debajo del número que se tiene efectivamente. Ésto tiene consecuencias por ejemplo de corte demográfico- relacionadas con el envejecimiento de la población, el sistema de pensiones, etc,…- pero también de corte económico; las mujeres no necesitan abandonar su puesto de trabajo para dedicarse a cuidar de sus hijos, lo cuál de hecho es una virtud en sí misma si uno se toma en serio lo de la igualdad hombre-mujer.
Eso explica que las guarderías funcionen tan bien generando igualdad y crecimiento; cuando el acceso al cuidado de los niños es mejor, esos países tienen tasas de participación mayores (las mujeres es incoporan al trabajo), la estructura demográfica es más sostenible a largo plazo (natalidad es más alta), las mujeres tienen un status mejor en la sociedad y el status social de los individuos depende menos de la renta de sus familias. En general, lo que viene a explicar Esping Anderse en este libro es que las políticas de reducción de la pobreza infantil son una forma de ahorrarse las políticas de reducción de la desigualdad posterior.
Pero hay otro aspecto muy importante que uno, independientemente de su aversión a la desigualdad, no debería despreciar. En una economía terciarizada- dónde el sector servicios es más importante- y dónde los trabajos con algún contenido intelectual son los que tienen un valor añadido mayor, las guarderías juegan un papel muy importante. Al ser en esa edad en la que se forman las habilidades cognitivas y por tanto la capacidad de aprendizaje, abolir la pobreza infantil (i.e. construir guarderías) es algo que asegura que las cohortes de niños del futuro sean más productivos, más listos, más sofisticados, (me ha faltado decir más guapos para parecer mi abuela).
Pues bien, el The Economist comentaba hace unos números que, este hecho (las oportunidades se forman en la infancia) tiene una base neurológica. La pobreza en la infancia reduce la “working memory”, (no sé cómo traducirlo) y la memoria permanente, según un tal Dr. M. Farah. Pero además, dos investigadores (Evans y Schamberg) han proseguido ese mismo aspecto descubriendo que lo que produce la exclusión social es de hecho el estrés sufrido en la infancia que afecta al desarrollo del cerebro de los niños.
Lo cierto es que el hallazgo podría explicar varias cosas que me interesaría saber. Por ejemplo, la diferencia entre el campo y la ciudad y por qué la urbanización produjo el vértigo que nos describen los historiadores cuando explican la industrialización. Sería algo que también podría explicar las diferencias entre áreas con distintos climas. A nivel más práctico, el imperativo económico y social de nuestro tiempo que son las guarderías públicas podría practicarse con un enfoque que permitiera reducir el estrés sufrido en la infrancia.
(1) Usaré “guarderías” para referirme a las políticas familiares en general; desde cheques bebé, hasta guarderías públicas pasando por desgravaciones fiscales por el número de hijos.
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Jueves, Abril 16th, 2009
Echad un vistazo a esta noticia para poneros de buen humor o, en su defecto, a la comparecencia en si misma que es más bonita y completa.
Hablando de qué reformas son necesarias, ésta es una de esas que es urgente. Es urgente, sobre todo, empezar a mentalizar a la gente de que es a) Inevitable y b) Inevitablemente doloroso reformar el sistema de pensiones. Cosas como las jubilaciones anticipadas o subir las pensiones mínimas que los gobiernos de todos los colores políticos proponen con tanta alegría son casi siempre malas ideas.
Por supuesto, no es nada nuevo, el gobernador solo se está uniendo a la “línea marcada por el club lorem ipsum”. Os recuerdo las soluciones de las que hablábamos entonces: 1) Reducir el ratio de dependencia (el número de jubilados respecto de la gente que trabaja) 2) Reducir el dinero que se cobra como pensión 3) Aumentar las contribuciones a la seguridad social (a costa de aumentar el paro, etc,…). En la primera medida-la única medida “real” entran cosas como aumentar la edad de jubilación y permitir ampliarla voluntariamente si uno quiere, políticas familiares que favorezcan la incorporación de la mujer al trabajo y aumenten el número de hijos por mujer o políticas de integración de los inmigrantes, de las de verdad.
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Martes, Marzo 24th, 2009
Los economistas y los filósofos discutimos a menudo de redistribuir recursos. En general hay una mayoría considerable en cualquier sociedad civilizada en que los pobres no tienen la culpa de serlo y que debemos tener algo como “igualdad de oportunidades” que deben ser promovido por el sector público. Los economistas tenemos algo, (bastante,) que decir sobre el tema. El modelo económico más elemental que tenemos, el modelo “Arrow Debreu” de equilibrio general tiene aparejado algo que llamamos “segundo teorema del bienestar”. Los que nos dice el segundo teorema del bienestar es algo como “bajo unas condiciones relativamente restrictivas, cualquier asignación eficiente puede lograrse haciendo transferencias de renta”. La idea es la siguiente; si los supuestos hacen que una asignación hecha a través del mercado sea eficiente; la mejor forma de redistribuir es solo dar dinero a los que lo necesitan y dejar que compren en el mercado según sus gustos.
Ningún estado de bienestar del mundo encaja con este modelo; es decir, todos tienen algo más que transferencias de renta. Eso es así, si y solo si, porque alguno de los supuestos del modelo no se cumplen. Pero supongamos que se cumplieran; el modelo no nos dice nada sobre a quién se debe redistribuir renta y de quién. ¿Como identificamos a quién debemos dar dinero? Este es el problema del “targeting” (en inglés). En un mundo ideal, el sector público podría verificar las necesidades de todo el mundo y ver quién lo necesita más y menos; en el mundo real, saber quién necesita qué es más complicado. ¿Como se resuelve el problema? ¿Qué debe saber el funcionario que diseña la ley con la que van a distribuir renta? Hay dos tipos de mecanismos: los mecanismos que se basan en un indicador y los que se basan en la autoselección
Los mecanismos basados en un indicador asumen que, si bien las necesidad (o la renta, o el criterio que queremos usar para redistribuir) no es fácil de verificar, es posible encontrar algún rasgo que, sin ser la causa de la redistribución, está relacionado con criterio; ese rasgo es el indicador. Un indicador es por ejemplo la declaración de la renta (los ricos pagan más), o la zona dónde se vive, o la renta de los padres de uno.
El problema es que, en general, los indicadores no son buenos predictores de la “necesidad”. Suponed una sociedad dónde tenemos todas las personas son aparentemente iguales salvo por un rasgo: unos son hobbits y otros son Elfos. ¿Como redistribuiriamos renta en esta sociedad? La única forma sería en función de la raza; hobbits o Elfos. Las condiciones en las que esa redistribución será eficiente son tres:
- Sólo los hobbits son pobres
- Todos los hobbits son pobres
- No existe ninguna tecnología para convertirse en hobbit.
En esta situación, la redistribución de renta será idílicamente walrasiana y fácil de hacer. En la medida en que nos alejemos de ello, tendremos distorsiones. Si resulta que hay también algunos elfos son pobres, habría no sería suficiente con tener un estado de bienestar que redistribuya a los hobbits desde los elfos; los elfos pobres terminarían siendo especialmente pobres. Si resulta que algunos Hobbits no son pobres, entonces tendremos el famoso fenómeno de “estado de bienestar para los ricos” donde la gente se aprovecha de algo que no necesita. La tercera característica es la más interesante; es lo que se llama el problema de la selección adversa; lo que nos viene a decir es que si ser hobbit está relacionado con ganar dinero y ser elfo con tener que pagar impuestos, siempre que sea posible cambiarse de raza sin coste alguno, los elfos cambiarán y se pasarán al bonito mundo de la Comarca y a tener pelos en los pies. En este sentido, un buen indicador tiene que tener tres características: estar a) muy correlacionado con la pobreza, b) fuera del control del individuo y c) fácil de observar por parte de la agencia que redistribuye renta.
Esto es potencialmente una razón para tener cosas muy mal vistas con los liberales en general como mecanismos de discriminación positiva u otras discriminaciones legales. Cuando se decide dar ayudas a las madres solteras, por ejemplo, la razón no es que se sean madres y estén solteras; es porque ser madre soltera es un buen indicador de la pobreza. Algo similar ocurre con la zona donde uno vive, la renta de los padres de uno, etc,…
El segundo mecanismo son los de tipo “autoselectivo” (self-targeting). En este caso, lo que verificamos no es un indicador, sino que diseñamos un mecanismo tal que sólo los pobres se apunten/se beneficien del programa de redistribución (los economistas llamamos a esto un “equilibrios separador” porque separa a los dos tipos de personas). ¿Como es esto posible? ¿No habíamos dicho que no podemos observarlo? Bueno, nosotros no, pero el pobre y el rico sí saben si son pobres o ricos.
Un primer tipo son los mecanismos condicionales. La idea es que hacemos a la persona hacer algo desagradable a cambio de darle el dinero. Ese algo tiene que ser suficientemente desagradable para que la persona no lo hiciera a menos que realmente lo necesitara. Un ejemplo son los programas de desempleo de subsidio condicionado a hacer un trabajo “ayudado”. En esta situación, el parado no participará en el programa a menos que realmente lo necesite y el que pueda encontrar trabajo lo aceptara. Versiones más lugubres existen como las explicaba egócrata el otro día (como entrevistas humillantes, etc….) y tienen problemas aparejados como la estigmatización de la gente pobre, y otros problemas.
Un tipo de mecanismo autoselectivo distinto son los subsidios de precios. Si suponemos que existe un bien consumido sólo por gente pobre, por toda la gente pobre y al que la gente rica no se apuntaría, una buena forma de redistribuir renta es subvencionando ese producto. Obviamente, esto crea distorsiones en el mercado (hace que un bien aparezca como menos escaso de lo que es realmente) y en general es muy dificil de implementar, pero existe una razón teórica para ello. Debe tratarse de bienes inferiores (los que disminuye su consumo cuando aumenta la renta), de hecho, muy inferiores: un ejemplo es el pan negro.
De forma más general, los subisidios de precios nos da una pista de por qué el sector público debe producir o subvencionar determinados servicios públicos y no otros. Por ejemplo, pensad en los cursos contra el analfabetismo o en la atención sanitaria derivada de los accidentes de trabajo; es algo muy correlacionado con la pobreza y por tanto que el estado lo subvencione o lo produzca es muy progresivo. Algo muy distinto ocurre sin embargo con cosas como la compra de la vivienda (las deducciones fiscales) o la educación superior. La gente que compra casas o va a la universidad no es la gente pobre. El efecto de este tipo de políticas es por tanto regresivo en general siempre que no se discrimine entre ricos y pobres. De nuevo, tenemos “Estado de Bienestar para ricos”.
Si os interesa saber más; es una copia de las paginas 217-18 de este libro
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