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Archive for the ‘estado del bienestar’ Category
Jueves, Mayo 27th, 2010
Lei hace unos meses la reseña de un libro (de cuyo nombre no me acuerdo) en el Economist, que hablaba de las consecuencias del envejecimiento poblacional y decia que los conflictos del futuro ocurririan fundamentalmente entre generaciones. En aquel momento no le di mayor importancia, al fin y al cabo la seccion de libros del Economist publica todas las semanas varios reseñas de libros sobre el tema “todo va a cambiar” o “el fin del mundo se aproxima, arrepentios” y este parecia ser algo parecido. Sin embargo, desde entonces y especialmente a raiz del tema de las pensiones en España, he pensado que la idea tiene mucha logica. (1)
El principal problema al que nos enfrentamos en occidente y en Europa concretamente, a largo plazo, es de tipo demografico. Los Europeos vivimos mas tiempo y tenemos menos hijos, cubriendo con mucho esfuerzo la tasa de reposicion. No insistire sobre ello, solo hay que saber leer una piramide de poblacion.
Generalmente, los economistas solemos pensar que el principal problema es de tipo economico: una sociedad que envejece necesita mantener a mas gente inactiva (jubilados) con menos trabajadores, por tanto, por una simple operacion aritmetica, tocamos a menos. Es importante desengañarse: el problema es de tipo demografico, no tiene nada que ver con el Estado de bienestar; si los planes de pensiones fueran privados tendriamos el mismo problema.
En lo que hasta ahora no habia pensado es que el envejecimiento puede ser, sobre todo, un problema politico. En mi opinion, es bastante probable que el tipo de conflictos redistributivos que veamos en el futuro no sean tanto entre individuos con mas o menos renta, sino entre generaciones. Pensad en algo como la reforma laboral; en buena medida, es un problema intergeneracional. En España, los outsiders son el 40% de gente que hay en paro dentro de los jovenes. La verdadera relacion de fuerzas es entre trabajadores veteranos (los que Roger llama “jarron ming”) y entrantes en el mercado laboral.
Algo similar ocurre con las prioridades de gasto. En Europa, el votante mediano esta envejeciendo a toda pastilla. Eso significara que veremos gobiernos cada vez mas sensibles a gastar en necesidades de los mas mayores: en sanidad, pensiones; la ley de dependencia, probablemente, es un ejemplo claro de esto. Naturalmente, esto no saldra gratis y se hara a costa de otras politicas. Europa, por ejemplo, necesita poner en marcha un esquema de politicas familiares: necesitamos construir guarderias que permitan la compatibilizacion de la maternidad con el trabajo para las mujeres, que reduzcan la pobreza infantil, y que, esta demostrado (ved el enlace), son las mejor forma de redistribuir renta e invertir en capital humano. Sin embargo, si los jovenes que son los demandantes de este tipo de politicas pierden progresivamente peso en el electorado, este tipo de politicas iran siendo relegadas en favor del gasto en, por ejemplo, tratamientos para alargar la vida o el mantenimiento de las pensiones.
Como decia, las cosas no serian muy distintas si a alguien se le ocurre que sin Estado de Bienestar todo seria distinto. Con planes de pensiones privados tendriamos un conflicto capital-trabajo creciente, donde el capital lo detendrian los mayores.
Europa, probablemente, tendra que suplir sus carencias demograficas con un mayor numero de inmigrantes que engrosaran las filas de los jovenes. Si tenemos tensiones intergeneracionales, es posible que estas ademas se conviertan en tensiones inter-etnicas.
Desde el punto de vista cultural y sociologico, el efecto tambien es probable que se haga sentir. Si el votante medio se hace mas conservador, menos innovador, mas reacio a aceptar los cambios, es probable que veamos como nuestra sociedad tiende a anclarse y a dejar de progresar y de ser creativa. En ultima instancia, es relativamente probable que volvamos a ver guerras culturales como las que vivio la generacion del baby boom a finales de los años 60.
Bueno, que os parece.
(1) Nota: lo que voy a hacer en este post es un ejercicio de especulacion futurologica, ese tipo de cosas que en mi opinion deberian hacer perder todo el prestigio que pudiera tener a cualquiera que las hagar tomandoselas en serio y no acierte. Me interesa por tanto dejar claro que es eso, una especulacion para sacar a debate.
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Domingo, Mayo 23rd, 2010
En los ultimos dos post en los comentarios ha salido el tema de “hacer pagar a los que mas tienen” que se ha convertido en la bandera del gobierno.Da la impresion de que mi escepticismo sobre el tema me hace defender dificiles de compatibilizar con una vision relativamente intuitiva de la justicia social. ¿Como puede alguien que no necesite tratamiento, estar en contra de que los ricos paguen mas?
Dejadme empezar con una anecdota. Cuando vivia en Francia, estuve saliendo con una chica que, aparte de estudiar derecho -como yo en aquella epoca- y no saber economia, era bastante culta y bastante mas inteligente que la media -lo digo para que entendais que no era idiota. Un dia me comento que le habia chocado leer en el “Nouvel Obs” un articulo sobre distribucion de la renta en Francia donde habia descubierto que ella y su familia estaban sorprendentemente arriba, cuando ella pensaba que eran poco menos que “pobres de pedir”. Los padres de mi ex se dedicaban a los negocios y a la sanidad respectivamente, y ella, aunque daba clases a niños pequeños para pagarse sus gastos, tenia coche propio, no hacia las compras precisamente en H&M, e iba a irse el año siguiente de orgasmus a Alemania a gastos pagados de sus padres. Yo que era algo menos ingenuo que ella en aquel entonces (aunque infinitamente mas de lo que lo soy ahora) la mire de forma condescendiente.
Os cuento esto, porque creo que cada vez que alguien habla de “los que mas tienen”, piensa en Emilio Botin y de ahi para arriba, o en general en toda la gente que es relativamente mas rica que el, pero nunca en uno mismo. Cuando se trata de pagar impuestos, todos somos pobres de pedir. Y hay un problema con esto. En hacienda publica, cuando te explican como se diseña un sistema fiscal, una de las primeras cosas que uno entiende es que un impuesto debe intentar afectar al maximo numero posible de gente para repartir la carga fiscal lo mas posible de forma que se minimice el efecto individual del impuesto. Si lo pensais, tiene bastante logica. Si uno define “los que mas tienen” de forma que solo incluya a los presidentes del IBEX, entonces subir los impuestos, aunque sea mucho, no es algo que vaya a recaudar demasiado. Poner un “impuesto sobre las grandes fortunas” sera esencialmente un gesto, pero nada con efectos reales, porque tenemos muy pocas grandes fortunas. Si uno lo define de forma suficientemente amplia para que tenga un efecto razonable, entonces uno ya no esta hablando de la “clase alta”, sino de la clase media. Esto es basicamente lo que explican en este post de Nada es Gratis.
Pero al margen de lo anterior, hay una segunda serie de problemas. Cuando Reagan se hizo elegir, lo hizo con un grupo de vendedores de humo que se llamaban “economistas de la oferta” entre los que estaba Arthur Laffer. Arthur Laffer era un periodista del Wall Street Journal que habia sugerido, segun cuentan una noche con alguna copa de mas en una servillete, que se podia recaudar mas bajando los impuestos. ¿Como? Pensad que Recaudacion=Tipo impositivoxbase imponible. Laffer pensaba que los impuestos hacian que la gente quisiera trabajar menos, porque si el tipo impositivo era alto, uno se apropiaria de menos de su salario (rentas del trabajo) o ahorraria menos (para las rentas del capital) y la base imponible caeria. Si uno bajaba el tipo i mpositivo, entonces la base imponible aumentaria tanto que compensaria la caida. Reagan se hizo elegir, y bajo los impuestos.
Gracias a este magnifico experimento natural que Reagan ofrecio a la profesion economica, hoy sabemos que la curva de Laffer y la economia de la oferta en general, es un fraude, en el sentido de que no existe ninguna economia del mundo donde bajando los impuesto suba la recaudacion, aunque en teoria haya un punto mas alla del cual al subir los impuestos baja la recaudacion (pensad en el 100%, al bajarlos, es probable que suba la recaudacion), ese punto esta mucho mas alejado de lo que pensamos. Pero como la bajada de impuestos fue general, esto permitio hacer estudios sobre como habia afectado a las distintas franjas de renta y hoy tenemos un conocimiento algo mas matizado.
Concretamente, se ha estimado que para determinados colectivos si podria existir un efecto Laffer: para los mas ricos, a partir de determinadas tasas de imposicion. El ultimo ganador de la Bates Clark, Emmanuel Saez, tiene un paper con Jon Gruber donde estima econometricamente que los que ganan mas de 100 000 dolares al año pagan menos impuestos cuando su tipo de imposicion aumenta mas alla de cierto nivel. Saez tiene otro paper con Giertz y Slemrod donde matiza estas conclusiones (leed la conclusion, pg 60) diciendo que aunque la mayoria de los paises no estan al nivel del maximo de Laffer (es decir, donde si aumenta el tipo baja la recaudacion), en los niveles altos de renta la base imponible es muy sensible a los cambios en el tipo de imposicion. Chris Dillow reseñaba, por su parte, reseñaba aqui un paper de Atkinson y Leigh que llegaba a conclusiones similares para una serie de paises anglosajones. Thomas Piketty tiene un estudio similar (cap. 4 y 5; en frances, lo siento) para Francia. En general, “el big picture” que arrojan estos estudios es que cuando suben los impuestos sobre las rentas del trabajo/ahorro de los ricos, la renta imponible (su ahorro o trabajo) baja, y, aunque en general no haga que la recaudacion llegue a caer, si limita mucho la posibilidad de hacer que los ricos paguen mas (1).
¿Es esto extraño? Si lo pensais un poco, no lo es. Cuando uno es pobre, uno trabaja mas o menos lo mismo en funcion de lo que reciba como salario- deducido de impuestos. (en economia decimos que la oferta de trabajo es “inelastica”). Algo similar pasa con el ahorro: uno ahorra mas o menos lo mismo, con independencia de cuanto rendimiento le ofrezcan porque lo que espera es legar algo a sus hijos o ahorrar para la jubilacion. Cuando uno es rico, en cambio, es bastante distinto. Primero, los ricos tienen formas de pagar menos impuestos que los pobres no tienen -legales o ilegales: desde asesores fiscales, hasta domiciliarse en un paraiso fiscal, pasando por la contabilidad creativa- y pueden gastar mas en ellas cuando tienen que pagar mas impuestos. Segundo, la gente rica es mucho mas sensibles a los cambios marginales. La intuicion es como sigue: si eres un tipo que trabaja en la banca, diez horas al dia y sabes que de trabajar una hora mas el Estado se va a quedar con mas de la mitad de lo que ganes, es natural que prefieras dedicar algo mas tiempo a estar con tus hijos, a comprar comics o a irte de putas. Eso es algo que alguien pobre, que gana lo justo para llegar a fin de mes no puede permitirse porque cada fraccion de euro adicional vale mucho mas para el que tiene mucho menos dinero y que necesita mas cada euro y no puede permitirse el ocio. Algo muy parecido pasa cuando hablamos de ahorro -capital-: la gente pobre es mucho menos sensible a la rentabilidad que le ofrezcan que la gente rica, con el añadido, de que el capital de movil y se puede llevar a otro sitio.
A mi no es un resultado que me guste; de hecho, es un resultado que me disgusta MUCHO. Pero tambien es bastante inevitable. El hecho de que el “efecto Laffer” sea tanto mas fuerte conforme aumenta la renta de un individuo, es un freno (muy) fuerte a la redistribucion a traves de los ingresos. Evitar el fraude fiscal es algo que tiene limites. Poner coto a los paraisos fiscales y a la competencia fiscal es un gigantesco problema de accion colectiva internacional que no vamos a resolver de aqui a mañana. Y es definitivamente imposible evitar que la gente elija trabajar menos o consumir mas (ahorrar menos) cuando le suben los impuestos. No quiero decir con todo esto que el sistema no deba ser progresivo; solo estoy señalando que 1)cualquier solucion vagamente realista para atajar los problemas fiscales en España tendra que pesar sobre mucha gente, no solo ni principalmente sobre los ricos y 2) Que hacer mas progresivos los impuestos tiene efectos ambiguos sobre la gente rica. 3) Que este tipo de consideraciones deberian informar el debate, y no las emociones de cada cual (”oh cielos, van a patear viejecitas” “pobres funcionarios mileuristas”)
(1) Antes de que alguien intente acusarme de reseñar autores ultraliberales, haced el favor de enteraros (via google por ejemplo) quienes son (y de que pie cojean) Piketty, Atkinson, Piketty, Dillow y Saez.
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Viernes, Mayo 21st, 2010
Parece que ya es oficial, que el gobierno cree, por fin, que hay que reestructurar las instituciones del mercado laboral. Parece que los sindicatos van a protestar pero entienden que es moderadamente inevitable que ocurra. Ahora bien, se quejan de que todo esto esta siendo “impuesto” desde el gobierno.
Tienen razon en que va a ser impuesto: el gobierno va a aprobar una reforma, si es cierto que finalmente lo hacen que no habra sido debatida seriamente en ningun sitio. Pero no tienen razon, ni siquiera un poco, en quejarse. Lo tragico de todo esto es que llevamos dos años discutiendo sobre si necesitamos una reforma laboral (y el conjunto de argumentos mas o menos absurdos sobre que el mercado laboral no tenia la culpa de la crisis o similar) y no sobre que tipo de reforma laboral necesitamos. A la gente que señalabamos el gigantesco problema de la dualidad en el mercado laboral la falta de eficacia de la indemnizacion por despido como forma de proteccion laboral, la necesidad de pasar reformas estructurales (no solo en el mercado de trabajo) se nos tachaba con toda clase de descalificaciones de corte ideologico. (Alberto Garzon tuvo el sensacional detalle de disculparse por el tono, todo hay que decirlo). El debate estaba segmentado entre los que queriamos (presunstamente) reducir los “derechos de los trabajadores” (lease reducir la indemnizacion con despido) y los que no, sin tener en cuenta que en el primer grupo habia gente con distintas ideas, distintas propuestas y distintas convicciones.
Para el caso de la reforma laboral, esto era especialmente cierto. Mi (idealista) punto de vista que el gobierno debia asumir que habia cosas que debian ser hechas en algun momento, y en la medida de lo posible, hacerlas de la forma mas socialdemocrata posible. Entre un mercado laboral estilo anglosajon y uno nordico u holandes, ambos con bajos costes de despido, hay un abismo, porque uno tiene que contemplar todas las instituciones que afectan a la proteccion de los trabajadores y no solo algunas. La crisis era el momento idoneo para plantear este debate, porque era cuando mas evidente parecia que la situacion actual no funcionaba. Y entonces, podriamos haber hablado sobre como compensar la perdida de indemnizacion por despido con mejores prestaciones de desempleo, con un impuesto lineal sobre los despidos, con el sistema de la mochila austriaca, o con lo que quisieramos. Y podriamos haber enmarcado todo esto en repensar el conjunto del Estado de bienestar, con una perspectiva a largo plazo, basada en la prevencion y en la sostenibilidad. Pero la actitud del gobierno, de los sindicatos, y de la sociedad civil español era la de que el fetiche de los “derechos de los trabajadores” no estaba sobre la mesa, y ahora es demasiado tarde hemos perdido todo el margen de maniobra posible.
Esto mismo ocurre cuando hablamos de las pensiones o de las prestaciones de desempleo o de cualquier otra cosa. La izquierda tiene un fetichismo inexplicable con un conjunto de politicas que no funcionan (como la indemnizacion por despido tal y como esta planteada en España), que no son sostenibles (como la oposicion a retrasar la edad de jubilacion), o que son una forma de estado de bienestar para ricos (la educacion superior es un “case in point”). En todos estos casos, la oposicion a llevar a cabo una discusion tecnica sobre las elecciones que se deben tomar (guiadas por valores politicos) y la negacion de la realidad con excusas epistemologicas y pretextos ideologicos, hara que la realidad se nos imponga de forma dolorosa. La incapacidad de preveer los problemas, de anticiparlos y de preveer soluciones, es posible que sea un problema endemico a la democracia donde los politicos tienen un horizonte temporal limitado a las proximas elecciones; pero lograr adelantarse a los acontecimientos, transmitir los problemas y las opciones disponibles mediante un discurso ideologico coherente, es la que deberia ser la funcion de un lider politico. Si la izquierda no consigue tener una vision de futuro para renovar las estructuras de proteccion social bajo un esquema sostenible, sera inevitable que el viejo Estado de Bienestar se vaya deteriorando y batiendo en retirada cuando sea cada vez mas evidente que no es viable.
La negacion de los problemas de los problemas impide que haya un debate meditado, comprensible y democratico, basado en tratar a los votantes como adultos (que logicamente se enfadan cuando se dan cuenta de que les han mentido vilmente). Por eso, cuando en el ultimo post se me sugeria que independientemente del efecto recaudatorio real un impuesto sobre las rentas mas altas era importante aunque solo sea para dar la impresion (cierta o no) de que el sistema es mas justo, sugeria que es algo aceptable como una concesion dolorosa al realpolitik, pero tambien algo que deteriora la calidad de una democracia, que es un sitio donde los votantes actuan como adultos, piensan como adultos, y se les habla como adultos.
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Domingo, Mayo 2nd, 2010
Por Nada es Gratis, comentan algunas razones por las que debemos “Reconocernos que el estado del bienestar que nos hemos prometido a nosotros mismos es, como poco, demasiado caro y debemos, como mínimo, reducirlo.” No estoy en especial desacuerdo con ninguna de las cosas que afirma, salvo por lo que comento en el post sobre las tasas de ahorro; pero creo que el debate esta globalmente mal planteado.
Definir el “Estado de Bienestar” es complicado y usar ese termino tiene el problema de que uno puede terminar, como en los comentarios del post en cuestion, cayendo en ejercicio intelectualmente esteril: la confrontacion ideologica. Pero cuando hablamos de estado de bienestar (paper aqui) hablamos generalmente de dos cosas: transferencias (donde el Estado se limita a redistribuir dinero) y produccion de bienes preferentes (grosso modo, servicios publicos que provee el Estado) que deben ser financiados, en un momento o en otro, con impuestos, contribuciones a la seguridad social o tasas (precios publicos). El problema de la sostenibilidad existe cuando se puede mostrar que el coste de alguna de estas actividades no puede cubrirse con los ingresos. Existen basicamente dos “amenazas” para la sostenibilidad del estado de bienestar: el ratio de dependencia y los efectos de oferta (no os asusteis por el nombre, ahora lo explico).
El problema del ratio de dependencia es lo que generalmente suele llamarse el problema del “envejecimiento” de la poblacion aunque tal como pienso aqui en ello es mas amplio. Pensad lo siguiente: en una sociedad, la produccion del grupo de gente empleada debe sostener su consumo y el de la gente que no trabaja. En este ultimo grupo encontramos a gente como los jubilados, los desempleados, los jovenes que aun no trabajan, los minusvalidos y las mujeres que no trabajan. Logicamente, cuanta mas gente haya en este grupo, a menos tocamos, en media.
¿De que vive la gente que no trabaja? En primer lugar de mecanismos de transferencias. El mas antiguo, es la familia: yo no trabajo -en el sentido laboral/legal del termino- pero vivo gracias a mis padres que me “transfieren” rentas. Idem para las amas de casa. Otro mecanismo de transferencias es el mercado de capitales: si durante el periodo en el que trabajaba una persona ahorro dinero (que presto al banco o a una empresa comprandole sus acciones) ahora puede gastar ese ahorro recibiendo una transferencia en terminos de bienes. El tercer mecanismo, imagino que ya lo habeis adivinado, es el Estado de Bienestar: los parados reciben seguro de desempleo; las familias numerosas reciben ayudas; los jubilados reciben pensiones. En segundo lugar, de servicios proveido de forma “gratuita” o cuasi gratuita por parte del Estado de Bienestar (educacion, servicios medicos, etc…) y de la familia.
El problema aparece cuando el grupo de “dependientes” aumenta sustancialmente. En este caso, tenemos un PROBLEMA MACROECONOMICO que consiste en que ahora tocamos a menos para repartir. Un primer punto a tener en cuenta es que hay que ver por que aumenta el ratio de dependencia. Un factor importante -uno de los mas importantes- es la demografia. En Europa la esperanza de vida ha aumentado y la natalidad ha caido. En la medida en que la primera supone una mejora de bienestar y la segunda se debe, al menos parcialmente, a elecciones personales, no es algo que uno deba intentar contrarrestar. Otro problema tiene que ver con el paro, que es obviamente un problema real que debe ser combatido.
¿Por que tenemos un problema de sostenibilidad? Si se tratara simplemente de repartir lo que se produce en cada periodo, tendriamos un simple problema distributivo; cuando hubiera mas para repartir, tocariamos a mas, cuando hubiera menos, tocariamos a menos; pero el Estado de bienestar, no tiene aparentemente nada que ver con todo esto. Y, antes de emborronar las cosas -y por eso decia que creo que plantean mal el problema- el problema es fundamentalmente ese, con o sin Estado de Bienestar: la gente tiene expectativas de consumo excesivamente altas: hoy consideramos que es normal no morir antes de los 80 y muchos (mi abuelo, decia mi madre, murio “joven”: 70 años); que es normal que tu hijo tenga ortodoncia; etc,…
¿Donde aparece el estado de bienestar? Hay potencialmente dos ideas. Primero, es posible sugerir, como hacen en Nada es Gratis, que como la gente piensa que los servicios son gratis, trabajan o ahorran menos en lugar de cubrirse para “un mal dia”. Mi respuesta para esto es que es basicamente un problema empirico, pero creo que hay razones para dudar de ello. Primero, los paises con Estados de bienestar mas desarrollados no ahorran menos- la tasa de ahorro de EUA no es precisamente brillante. Segundo, nada de esto es problematico si el sistema de financiacion esta correctamente diseñado- la edad de jubilacion es apropiada, las contribuciones estan bien calculadas, etc… Que tu metas el dinero en el banco cada mes o que lo haga el Estado en la seguridad social por ti es macrocontablemente identico.
El segundo problema, que distingue al Estado como mecanismo de distribucion de otros sistemas, es que las obligaciones del EStado estan, en principio, fijadas ex ante mientras que sus ingresos son variables. Las obligaciones del Estado son: las pensiones, los servicios de salud, los salarios publicos, etc,… Si alguien llega a un hospital, hay que atenderle, fin de la historia. Eso hace que garantizar que esos servicios sean gratuitos se convierta, si su demanda se hace muy grande, en insostenible. Lo que señalan en Nada es Gratis es que, politicamente, ajustar, como seria necesario, los ingresos y los gastos es muy dificil. No tengo una respuesta clara para esto; pero pensad en lo siguiente. Lo que diferencia, por ejemplo, la insostenibilidad de la sanidad publica de la quiebra de la sanidad privada, no es que la primera sea mas probable sino que la primera se discute en la arena politica, mientras que la segunda se traduce en un conjunto de tragedias personales donde se le niega el seguro sanitario a la gente. Algo similar ocurre con los otros problemas. El problema no “desaparece”, solo se privatiza.
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Lunes, Agosto 10th, 2009
La primera pregunta a la que debemos responder los socialdemocrátas es la siguiente: ¿como es posible que, en una sociedad democrática dónde todo el mundo vota, haya desigualdades profundas dónde una minoría se las apaña para mantener sus privilegios frente a una mayoría? ¿Como es posible que los pobres no expropien a los ricos? La respuesta tradicional (o una de ellas) era la frase del canciller alemán: los beneficios de hoy soy las inversiones de mañana y los empleos de pasado mañana. Es decir, lo que Roemer llama “Explotación socialmente necesaria”; en lenguaje ortodoxo la desigualdad está justificada por razones de eficiencia, con la expropiación perdería todo el mundo.
Llevo algunos días pensando en los problemas que está teniendo Obama para hacer pasar sus reformas -el sistema financiero, los para el cumplimiento del protocolo de Kyoto, y sobre todo, para la reforma del sistema sanitario. El Economist lo indicaba hace una semana. La oposición que el hombre está sufriendo es simplemente increíble. Mirad el sistema sanitario.
Dejando a un lado algunos detalles, la superioridad de los sistemas sanitarios estilo europeo es algo bastante bien establecido en economía sanitaria. No sólo hay un montón de evidencia empírica que apunta hacia esta idea; además, existe una rama entera de la economía que va desde el paper de Kenneth Arrow sobre la selección adversa en el mercado sanitario hasta la moderna teoría del seguro. Es decir, tenemos un cuerpo teórico y empírico bastante sólido y ortodoxo -se puede encontrar en cualquier libro de hacienda pública- que justifica una reforma del sistema sanitario y explica porque el modelo competitivo básico dónde los precios ajustan el mercado y la solución es óptima simplemente no se aplica a este caso. Cuando hablamos del sector sanitario, las “reglas estándar” no se aplican y sólo tenemos soluciones “second best”. Chequead que nuestro aprecio relativo por la redistribución no tiene nada que ver; estamos hablando de eficiencia.
Lo increíble no es tanto que esta posición sea contestada, sino el modo en que está siendo y por quién. Dejando a un lado los argumentos como que la sanidad pública llevará a la gente a matar gatitos y a practicar la eugenesia, lo increíble es que gente que se supone debería saber como funcionan estas cosas dicen cosas absurdas. Como ya ha indicado Roger alguna vez, alguien de la talla de Greg Mankiw-probablemente unos de los 7 mejores macroeconomistas de los últimos 20 años- simplemente mea fuera del tiesto. Tyler Cowen decía que mientras que los sistemas públicos funcionan mejor para la parte de la población más joven, funciona peor para la gente mayor como evidencia el hecho de que en EUA estén mejor atendidos los mayores que en europa. Cowen obviaba, no obstante, que en USA esa parte del mercado- medicare- es precisamente la que es pública! La perplejidad que produce que algo tan evidente y necesario sea tan difícil de hacer lleva a uno a preguntarse por qué y a qué se debe que esto sea así y que gente que se supone debería ser capaz de entender por qué haga argumentos que hasta yo sería capaz de desmontar. Algo similar ocure con los argumentos sobre el cambio climático.
En general, soy escéptico respecto a la idea de que todo lo que se hace en la arena política se hace a sueldo de algún lobby que busca su propio interés. No creo que la gente pro palestina esté a sueldo de los saudíes, ni tampoco que los periódicos que hablan mal de Chavez estén a sueldo de los intereses empresariales. Don’t get me wrong, no soy tan ingenuo como para creer que la gente actúa guiada por el altruismo bla bla, pero sí creo que antes de rechazar un argumento diciendo que el que los pone sobre la mesa está a sueldo de algún lobby malvado, uno debe examinar el argumento y si tiene alguna justificación.
El problema es, como dice Roger Egócrata, que la democracia americana está siendo puesta a prueba estos días. Una democracia funciona de tal forma que cuando un partido gana las elecciones, debe poder aplicar sus políticas; el equilibrio institucional por el que los distintos grupos admiten no cargarse el sistema reposa, implícitamente sobre ese supuesto. Por supuesto, en cualquier democracia existen límites a lo que un gobierno puede hacer para reformar, los famosos checks and balances. El problema es que si esos checks and balances son demasiado fuertes, el país puede llegar a una situación de inmovilismo. Ese es probablemente el caso de EUA. El hecho de tener partidos poco disciplinados hace que reunir una mayoría para reformar algo sea realmente difícil, sobre todo si los representantes de cada estado son facilmente capturables -y lo son- a nivel local. El hecho de tener una prensa “neutral” que se toma demasiado en serio los argumentos lunáticos y con un sesgo heredado de la guerra fría en contra de cualquier cosa que suene a gestión pública excluye determinadas
De veras, pensando en estas cosas me siento más cerca de Alberto Garzón de lo que debería.
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Jueves, Agosto 6th, 2009
He terminado hace unas horas el libro que me recomendó Becario en Moncloa sobre historia económica de España. El libro de Tafunell y Carreras es simplemente excelente no sólo es riguroso, presentando los puntos de vista y los debates de forma objetiva y detallando cada proceso con datos, también se las apaña para ser muy legible sin perderse en el cuantitivismo. Es fantásticamente legible.
En el último capítulo tienen un par de párrafos dónde hablan del mercado laboral desde los ochenta. Una de las acusaciones que he leído por ahí contra la gente que defendemos la reforma del mercado de trabajo es la “oportunismo”; lo cierto es que es algo que no podía ser más injusto. Os copio la parte en cuestión:
“La reforma del estatuto de los trabajadores aprobada en 1984 respondía a la convicción que la reglamentación laboral que éste había configurado entorpecía gravemente la creación de nuevos puestos de trabajo durante los tiempos de expansión económica al proteger fuertemente a los trabajadores con empleo. De modo que el objetivo de la reforma era flexibilizar tanto la entrada como la salida del mercado de trabajo introduciendo nuevas figuras contractuales de duración fijada (no indefinida) (…) para estimlar su uso, se aplicarían incentivos fiscales.
La reforma permitió una muy significativa creación de empleo en los años siguientes que, como sabemos, fueron precisamente de intenso crecimiento. Entre 1985 y 1990 la población ocupada aumentó a una tasa del 3,4% anual. Sin embargo, la reforma tuvo dos efectos perversos derivados del mismo hecho: casi todo el empleo generado fue en forma de contratos temporales. En primer lugar apareció un mercado dual, al segmentarse en dos categoríasm los trabajadores fijos y los trabajadores temporales. El volumen excesivo de esto- que n muy pocos aos pasaron a representar el treinta por cien de la población ocupada- debió tener efectos negativos a medio y largo plazo para el creicmiento económico dado que las empresas dejaron de tener incentivos para invertir lo necesario en capital humano. La economía española de hoy lo está pagando y seguirá haciéndolo en el futuro inmediato. El segundo efecto perverso es que aumentó el poder negociador del segmento de trabajadores fijos, ya que su blindaje se vio reforzado por la circunstancia que las empresas ahora tenían la posibilidad de utilizar como instrumento de ajuste de plantillas la contratación-despido de trabajadores temporales. Por consiguiente, los trabajadores fijos tuvieron una gran capacidad de presión en las negociaciones salariales, logrando así fuertes alzas durante todo el ciclo (hasta 1993, es decir, incluso el año en que cada mes se destruyeron decenas de miles de puestos de trabajo).
En definitiva, los resultados d el areforma de 1984 fueron cristalinos. Ésta posibilitó una tasa de incremento de la población empleada muy intensa durante la etapa expansiva, pero al mismo tiempo permitió una destrucciónd e puestos de trabajo muy rápida y masiva en la fase contrativa. La destrucción tuvo un carácter tan brutal que despertó la conciencia de muchos actores sociales acerca de la necesidad de nuevas reformas laborales. SE vio reforzada por las medidas tomadas por el gobierno para hacer frente al déficit pub´lico: en 1992 y 1993 se aprobaron medida para hacer más restrictivas las prestación de desempleo para frenar el crecimiento desmesurado del grasto. Para colmo, se suprimieron las bonificaciones a las cotizaciones sociales a los contratos en prácticas y en formación vigentes desde 1984. Esta medidas no hicieron sino acelerar el recorte de la splantillas de los trabajadores temporales.
Tras el intento de reforma de 1988 abortado por la huelga general, en 1994 se aprbó una nuva reofrma laboral que buscaba mejorar el funcionameinto del mercado de trabajo por diversas vías. Primero, mediante el establecimiento de un nuevo contrato para los jóvenes. Segundo, la supresión de obstáculos a la movilidad funcional (…) Tercero, la potenciaciónd e la negociación colectiva. Cuarto, la eliminación del monopolio del INEM en la colocación y el establecimiento de libertad de creación de ETTs y en último lugar, introduciendo ciertas facilidades para el despido.
Los resultados directos de esta reforma no son claros, dado que la aplicación de la misma avanzó con suma lentitud, en buena medida por la judialización existente en el funcionamiento del mercado de trabajo. Sus efectos aparentemente fueron importantes e inmediatos en la moderación salarial. Algunos expertos sostienen que los sindicatos compraron la no aplicación de la reforma pagando con reivindicaciones salariales extremadamente discretas. En todo caso, los principales agentes sociales asumieron con prontitud que la reforma de 1994 era insuficiente de manera que en 1997 bajo el primer gobierno del PP sellaron un acuerdo para poner en marcha otra más amplia. El objetivo esencia consistía en rebajar la tasa de temporalidad que caracteriza la mercado laboral español desde finales de los 80. A tal efecto, se creó un nuevo tipo de contrato de duración indefinida y unas condiciones de rescisión mucho más favorables. Con el nuevo marco normativo, los costes de despido se han aproximado a la media europea, aunque todavía se mantienen a un nivel más alto.
Los resultados (…) la paradoja es que la tasa de temporalidad no ha cedido y por tanto persiste el dualismo del mercado de trabajo. Si bien se mira, la paradoja es sólo aparente, las rigideces continúan siendo muy grandes y la protección de los viejos trabajadores fijos permanece intocada.”
X. Tafunell y Albert Carreras “Historia económica de la españa contemporánea” páginas 429-430
Cuando egócrata y yo hablamos tanto de que hay que reformar el mercado laboral y de que hay un dualismo del copón, no lo hacemos por gusto; es algo que tenemos pendiente desde finales de los 80. El patrón dónde se crea mucho empleo en los ciclos expansivos pero se destruye también mucho en las recesiones es una constante desde finales de los 80. La “ilusión” de qeu algo había cambiado era que llevábamos casi diez años sin recesiones. Lo que ocurre es que nos habíamos olvidado de que antes teníamos una tasa del 20% de paro. Vamos, no os copio las gráficas porque no sé, pero los procíclico que es el desempleo en España desde finales delos 80 da auténtico terror.
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Viernes, Julio 10th, 2009
Allá a principios de los noventa un tipo llamado Gosta Esping Andersen propuso una clasificación tripartita de los estados del bienestar. Desde entonces, ha habido una cantidad considerable de literatura proponiendo alternativas, matizaciones o subdivisiones adicionales dentro de la clasificación.
Una constante en este literatura ha sido la discusión entre si son las alianzas entre grupos sociales (el aspecto electoral) o los aspectos culturales los que explican que se haya adoptado un tipo de estado de bienestar o el otro. En realidad, ambas hipótesis no son excluyentes.
Curioseando por aquí he encontrado un artículo que relaciona lo machista que es una cultura y cómo de tradicional es el modelo familiar con el nivel de apoyo a la protección laboral. Tradicionalmente se sabe que los mercados de trabajo muy protegidos tienen efectos negativos sobre el acceso de la mujer al mercado laboral y por tanto sobre la igualdad real entre sexos. Cahuc y Algan muestran además que el apoyo a este tipo de instituciones es mayor entre los que tienen una concepción más tradicional de la familia, basada en un sólo “breadwinner” y a su vez ésta es mayor entre los miembros de la religión ortodoxa, católica y musulmana y menor entre los protestantes, ateos y judíos.
¿Qué consecuencias tiene ésto? Me permito señalar algunas. En primer lugar, uno puede especular sobre la dirección de la causalidad ¿acomodan las instituciones del mercado de trabajo concepciones pre-existentes o por el contrario tienden a reforzarlas?. Si pensamos que las acomodan, una mejora legislativa en la flexibilidad del mercado de trabajo podría tener efectos menores de los que se piensan porque los trabajadores seguirán siendo aversos al riesgo. Si pensamos que las instituciones del mercado de trabajo influencian el tipo de familia que tenemos y la religiosidad de la población, entonces hay buenas razones para pensar seriamente en cómo se hace la reforma. Si la cohesión familiar se debilita con la flexibilidad- (eg: flexibilidad_>incorporación de la mujer al mercado de trabajo _> aumento de la tensión familiar y mejora de la autonomía de la mujer_>aumento del número de divorcios_>aumento del número de familias atípicas_>reducción de la cohesión, reducción de la natalidad) entonces hay razones para pensar medidas de acompañamiento e instituciones que suplan el hueco dejado. Esa es de hecho, la principal razón por la que pienso qeu deben ser gobiernos de izquierdas los que hagan las reformas del mercado de trabajo; los gobiernos de derechas no piensan en estas cosas.
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Lunes, Julio 6th, 2009
Terminé el otro día “The Natural survival of work“, versión original (en francés). El libro es un compendio/sistematización divulgativa de lo que se sabe en economía sobre instituciones del mercado laboral (salario mínimo, costes de despido, seguro de desempleo, etc,…). El libro es fantástico por varios motivos. En primer lugar, aborda las cosas de una forma rigurosa y matizada, organizando los argumentos con pros y contras y poniéndolos en la balanza, citando literatura empírica seria, etc… En segundo lugar, el libro no es en absoluto tedioso de leer; los estudios serios están reducidos a los pies de página y el hilo argumental está ilustrado con casos concretos, historias de experimentos que se han hecho y símiles que hacen el libro muy pedagógico y accesible.
Descubro sino que los chicos del manifiesto de los Cien han publicado un e-book que aborda más o menos las mismas cosas para el caso español. El e-book es una colección de artículos que viene a reelaborar lo que decían en la propuesta de forma más concreta. No lo he leído todavía (en realidad, acababa de escribirles para sugerirles que hicieran algo en la linea de Cahuc y Zylberberg y me he topado con el e-book, ha debido ser una inspiración divina). Os intento contar más adelante lo que pienso del libro. Los artículos, por cierto, se pueden leer de forma individual en función del tema concreto que os interese. Echadles un vistazo.
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Miércoles, Julio 1st, 2009
Una de las denominaciones que más urticaria me producen y que sin embargo me veo obligado a usar para que la gente me entienda, es la idea de autodenominarme de “centro izquierda”, “social-liberal” o de “izquierda moderada”. Es la etiqueta que uso para decir “vale, me gusta lo de la sanidad pública, pero leo el The Economist y me tomo en serio la economía ortodoxa”. Para muchos, esta etiqueta está justificada como una especie de desistimiento en la ambición de conseguir ciertos objetivos. Hablar de la necesidad de liberalizar determinados sectores y de no subvencionar otros, de estar a favor del libre comercio o en contra de que determinados servicios públicos sean gratuitos es interpretado como una “concesión” al pensamiento de derechas y/o liberal, léase burgués.
La idea que subyace en este razonamiento es que existe una lógica “social” opuesta a la lógica “económica” y que el objetivo de la izquierda debería ser el de mantener un mayor número de aspectos de la vida en sociedad bajo la primera esfera. Esta idea, por supuesto, contraría muchas conclusiones bien establecidas en ciencias sociales y a menudo tiende a justificar situaciones de ineficacia o injusticia flagrante. Llamaré Estado de Bienestar para Ricos (EBR) al conjunto de políticas cuyo efecto es netamente regresivo o ineficaz en términos de renta, pero cuya legitimación se hace mediante un lenguaje izquierdista que oculta ese carácter regresivo. Los casos son numerosos: el proteccionismo económico, la política agraria, la subvención de determinados sectores de la industria cultural, la política industrial, la semigratuitidad de la enseñanza superior… .Detallaré más estos efectos en los artículos siguientes; aquí sólo me interesa plantear el marco teórico.
Marx, contrariamente a lo que suele pensarse, sigue siendo útil, y lo es especialmente para criticar este tipo de cosas. El primer elemento útil-y la pieza central de esta crítica- es la reconstrucción de la teoría de la explotación que produce John Roemer (sacado de aquí). Tras el colapso de la teoría laboral del valor, junto con el resto de la economía clásica, Roemer cree sin embargo que es posible reconstruir la idea de explotación marxista. La idea de Roemer es desligar el grado de descentralización de las decisiones de producción y consumo (i.e. el papel del mercado) de lo socializados que están los medios de producción. Este grado de socialización depende lo explotado que esté un determinado grupo. Un grupo está explotado por otro cuando existen desigualdades que resultan de la división del trabajo y concretamente del acceso distinto a determinados recursos. En palabras de Roemer “I propose that a group be conceived as exploted if it has some condtionally feasible alternative under which its members would be better off”
Así, podemos diferenciar distintos tipos de explotación de acuerdo con las distintas fases del materialismo histórico; tendríamos explotación feudal si asumiendo que los siervos poseyeran sus lotes de tierra éstos fueran obligados por la ley feudal a trabajar para tener acceso a sus frutos, estos pudieran retirarse con sus lotes y, aún así, estar mejor que con la relación feudal. En una sociedad capitalista (con propiedad privada) no existe explotación feudal-el trabajo el voluntario- pero sí existe explotación capitalista si suponemos que un grupo (los proletarios) podría retirarse del proceso productivo con su parte justa de los medios de producción y estar mejor. La idea es interesante porque permite comparar los resultados -el que resulta de la asignación en una economía capitalista y el que resultaría si tuvieran acceso igualitario a los medios de producción- sin tener en cuenta los procesos por los que se producen las asignaciones -el mercado o el Estado. El Estado o la ausencia de un régimen de mercado, puede, por tanto, ser un instrumento al servicio de la explotación capitalista; y eso es de hecho, lo que hace el EBR.
¿Cómo es esto posible? En realidad, no es algo fundamentalmente nuevo. La teoría marxista del Estado que reconstruye Elster explica que una de las funciones del Estado ayudar a los explotadores en su tarea de extraer la plusvalía que pertenece a los trabajadores. Pero la pregunta surge ¿cómo es posible que esto ocurra en el caso de un régimen democrático? ¿realmente algo que se hace en el nombre de la lógica “social” puede cumplir esa función? Marx es considerado (junto con Freud y Niesztche) uno de los filósofos de la sospecha: la idea de que uno debe desconfiar de las cosas tal como vienen presentadas, e ir más allá. La última pieza de nuestro análisis es pues la crítica marxista de la ideología. En la optica del materialismo histórico lo que caracteriza al modo de producción capitalista capitalista -por oposición a los modos asiáticos y feudales- es que la explotación no es aparente, sino que está solapada por un velo de legitimidad imprimido por la ilusión de la libre elección. En un régimen democrático dónde la explotación fuera aparente, en principio, los pobres deberían expropiar a los ricos y abolir las políticas cuyo efecto fuera regresivo. No obstante, esto no ocurre porque el régimen de producción capitalista genera instituciones que tienden a legitimar la explotación, a ocultarla el conflicto de intereses fundamental que subyace dentro de la sociedad y retrasan la lucha de clases. Una de esas instituciones es la ideología. Así pues, REFORMULAMOS El Estado o la ausencia de un régimen de mercado, puede, por tanto, ser un instrumento al servicio de la explotación capitalista y es posible que esto prevalezca, incluso en un régimen democrático, debido a la existencia de ideologías que justifiquen ese status quo y ocultan el conflicto de intereses subyacente.
Las piezas del marco teórico comienzan pues a encajar las unas con las otras. El EBR es algo que, lejos de cumplir una función “social” que redistribuya renta y reduzca el grado de desigualdad, puede a menudo aumentar el grado de explotación que sufre un determinado colectivo si lo comparamos con una solución a través de un mercado menos regulado. En una sociedad con instituciones idílicas, este tipo de explotación sería aparente y sería eliminada simplemente reduciendo ese tipo de política y dejando jugar al mercado o al sector privado. No obstante, esto no ocurre necesariamente en un régimen capitalista porque existen instituciones, generadas por la propia dinámica del sistema, que legitiman este tipo de prácticas dándoles una apariencia de legitimidad.
Concretamente, la ideología que mencionaba en el segundo párrafo es un ejemplo. La paleo-izquierda, al defender políticas regresivas o ineficaces bajo el signo de ideologías que pretenden proteger a los débiles, es por tanto un agente esencial del proceso de explotación que tiene lugar en una sociedad capitalista avanzada. En este sentido, podemos decir que este tipo de izquierda que se pretende más pura por esgrimir una retórica más “social”-léase demagógica- que nosotros es en realidad fundamentalmente reaccionaria.
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Martes, Junio 30th, 2009
Eduardo ha publicado una interesante reseña de un paper según el cuál el nivel de religiosidad de una sociedad depende negativamente de lo desarrollado que está el Estado de Bienestar en esa sociedad. La verdad es que el paper es uno de esos que confirman todos mis prejuicios así que no puedo resistirme a hacer un par de comentarios.
En primer lugar, es algo que contradice frontalmente la idea liberal según la cuál las sociedades dónde el Estado es más pequeño son sociedades más abiertas. Esta idea tiene una cantidad interesante de partidarios, pero la idea básica es la misma, común a todo el movimiento conservador-liberal: la del estado tentacular de Buchannan o la ruta de la servidumbre de Hayek, dónde una vez que se admite el Estado de bienestar, este tiende a expandirse creando una sociedad estátizada, apagadas, corporatizadas, poco creativas, inundadas por rent seekers, etc… dónde la libertad individual es sólo un recuerdo. A esta visión del Estado del bienestar, se opone una visión socialdemócrata que ve en el EStado de Bienestar un instrumento de emancipación y un soporte para el progreso, social, material y cultural; una prolongación del proyecto modernizador ilustrado, que ve en la igualdad la condición sine qua non para el progreso etc…
En realidad, tener una sociedad dónde el EStado es más pequeño no es ninguna garantía de vivir en una sociedad más abierta. Históricamente-digamos, en el periodo largo de los últimos X siglos-, el tamaño del Estado ha sido de hecho relativamente pequeño- básicamente porque las tecnologías para recaudar impuestos eran ineficientes- sin embargo, eso no garantizó que las sociedades fueran “abiertas” en el sentido de que fueran más descentralizadas o se tomaran más decisiones de forma individual. Al contrario, una serie de instituciones alternativas suplían al “estado” para resolver los problemas de acción colectiva que existen en toda sociedad y los individuos son bien “forzados”, bien “invitados a unirse voluntaria e irreversiblemente a esas instituciones”.
La familia es un ejemplo: cuando se estudian los tipos de Estado de bienestar, se estudian tres tipos de mecanismos para asignar recursos: el mercado, el estado y la familia. En una sociedad dónde el Estado es más pequeño- no hay seguridad social, ni bajas por maternidad, etc…- suelen tener por tanto una parte más importante la familia y el mercado y las sociedades fuertemente familiarizadas suelen ser muchas cosas, pero no sociedades abiertas.
Es probable que con la religión ocurre algo similar: las religiones son factores que cohesionan la sociedad al mantener unida a la gente en un conjunto de valores. Las religiones-el cristianismo, además, han jugado en muchos lugares un papel suplente del sector público -en la enseñanza, en la redistribución de la renta, jugar el papel de seguro, etc,… Por supuesto, este carácter suplente no es algo gratuito. No es sólo algo que asegura una legitimidad considerable a las organizaciones religiosas y sino que también hace más costoso salir de la organización- igual que divoriciarse es más costoso para una mujer que no trabaja.
En este sentido, no es ninguna casualidad que entre los partidarios del homeschooling y de la enseñanza privada veamos tanto a liberales convencidos, a ultraconservadores creacionistas y a miembros de alguna secta extraña -y en algunos casos ambas cosas a la vez; las sociedades más fuertemente privatizadas no son necesariamente -ni probablemente- sociedades más abiertas. Tener un mínimo de vida asegurado es probablemente una condición necesaria para poder empezar a emanciparse de cosmovisiones supersticiosas del mundo.
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