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Archive for the ‘Estado de Bienestar para ricos’ Category

Competencia Imperfecta, explotación capitalista y economía ortodoxa (I): Dos resultados opuestos

Lunes, Agosto 17th, 2009

La crítica marxista de la explotación capitalista, se puede reconstruir en lenguaje moderno como la síntesis de dos ideas, una moral y otra económica. La tésis económica propugna que en una economía capitalista, una situación dónde uno minoría se limitan a obtener beneficios por el hecho de detener los medios de producción es ineficiente, mientras que la tésis moral considera que además de ser ineficiente, es injusta. Ambas tesis desembocan en una prescripción política: la eutanasia obligatoria para los rentistas- rentista= aquél que recibe algo sin haber trabajado.

Aunque la tésis moral no me parece totalmente sostenible* la intuición que estaba detrás de la tésis económica era esencialmente correcta y es uno de los principios más fértiles de la economía (ortodoxa) contemporánea. La idea de que un mercado capitalista puro -con un estado que se limite a garantizar el orden público y asegurar que los contratos se cumplan- lleva a una situación ineficiente es algo bien anclado en la teoría económica moderna. Pero vamos a empezar por el principio.

Atención chicos: esto es “droga dura”, aunque he intentado simplficar bastante las ideas, el post me ha salido muy largo así que he decidido cortarlo en dos; publico la otra parte mañana y creo que hay cosas que no terminan de entenderse si no las habéis visto antes. Aun así, respondo en los comentarios.

Competencia perfecta y el mundo Arrow Debreu

Uno de los grandes avances de la teoría económica es el marco Arrow Debreu y especialmente los dos teoremas del bienestar. Lo que, de forma resumida, nos dice el marco Arrow Debreu es que cuando los mercados tienen una determinada estructura -son completos y de competencia perfecta- son eficientes (primer teorema del bienestar). ¿Qué significa eficiente? Significa que los recursos se aprovechan al máximo y se produce todo lo que se puede producir con unos recursos dados y la producción va a parar a los que están dispuestos/pueden a pagar más por ello.

Una de las predicciones del marco Arrow Debreu es que los factores de producción - trabajo y capital- son remunerados de acuerdo con su productividad marginal. Para el caso del trabajo, la idea es que cada trabajador produce un poco más y dado que los empresarios compiten para atraer trabajadores, tendrán que pagarle lo máximo que puedan- es decir, todo lo que produce. Como el valor de la producción es el precio del bien. Por tanto en equilibrio tiene que cumplirse que Productividad marginal del trabajoxPrecio=salario . Es decir, el salario es igual a lo que valen todas las unidades que produce el trabajador adicional. Otro tanto ocurre para el capital Productividad marginal del capitalxprecio= tipo de interés.

Por otro lado, la competencia en el mercado de bienes hace que todas las empresas tengan que producir al nivel de sus costes (es decir, de la remuneración de los factores) de forma que se cumple que Coste Marginal=Precio. En este marco no hay beneficios propiamente dichos, sólo hay remuneración de factores. Como estos bienes se venden en mercado dónde compran los que han recibido la renta de los factores de producción, tenemos una situación estrictamente eficiente.

Kantor tiene razón al considerar que esta teoría es estrictamente mejor que la teoría del valor según la cuál el capital no producía estrictamente nada y habría una explotación en cualquier clase de remuneración del capital y especialmente en que el “problema de la transformación” sigue siendo hoy un enigma. Pero, como veremos, las cosas cambian cuando cambiamos un poco los supuestos.

Monopolio y monopsonio

Aunque el modelo Arrow Debreu es muy útil para mostrar muchas cosas porque muchos resultados son robustos y el modelo es un simplificación matemáticamente muy manejable. Pero ésto sólo se mantiene si uno tiene claras las hipótesis hundidas del modelo. Una de ellas es que las empresas son precio aceptantes, tanto en el mercado de bienes como en el factores porque hay un mecanismo, la competencia, que las disciplina. Si una empresa redujera sus salarios, el modelo asume, todos sus trabajadores se irán a la competencia a trabajar. Si una empresa aumenta sus precios, todos los consumidores pasarían a comprar en la competencia. Es decir, la empresa no puede influir en el precio al que vende ni en el salario que paga; ambos están determinados por el mercado los economistas decimos que no tienen poder de mercado.

¿Qué ocurriría si hubiera una sóla empresa? Hablamos entonces de un monopolio (cuando la empresa es la única que vende un bien) o de un monopsonio (cuando es la única que los demanda). En esta situación se puede mostrar que la condición anterior (Pmg x Precio = precio del factor) no se cumple. ¿Por qué? Vamos a verlo.

En el caso de un monopolio. El efecto que tiene producir una unidad más para una empresa sobre sus ingresos es doble; por un lado vende más y por tanto sus ingresos aumentan; pero por otro, en una situación dónde no hay competencia también hace bajar el precio de todas las unidades que vende. Esos dos efectos son el ingreso marginal. En esta situación, es posible que una empresa pueda ganar produciendo menos; no sólo se ahorraría costes de producción, además todas las unidades que vende serían más caras. El resultado estilizado es que en situación de monopolio tenemos precios más altos y menos producción.

En el caso de un monoposonio ocurre algo similar. En un mercado competitivo, contratar un trabajador más afecta a los costes de dos formas (el coste marginal de un trabajador);  Por un lado, debe pagar el salario, más alto, a ese trabajador. Pero por otro, ese aumento de los salario afecta a todos los trabajadores que contrata. En esta situación, la empresa preferirá contratar menos trabajadores, aunque produzca menos-y venda menos- a cambio de mantener los salarios bajos. El resultado es por tanto, salarios más bajos y menos empleo.

Una vez que hemos hecho estos apuntes, podemos ver dónde surge la explotación. Joan Robinson decía que en una economía capitalista, el trabajador está doblemente explotado. Está explotado monopolísticamente porque el empleador decir producir menos y por tanto contratar menos trabajadores para mantener los precios de los productos altos y explotado monopsonísticamente porque el empresario querrá mantener la demanda de trabajo baja para mantener los salarios bajos. Está explotado porque el salario no está al nivel de su productividad marginal; está por debajo. Lo que surge de esa diferencia son RENTAS que son detenidas por los capitalistas y yo suscribo, junto con Marx, Joan Robinson y Kantor que deben ser eliminadas.

Vemos por tanto que según adoptemos unos supuestos u otros, los resultados son radicalmente distintos. La pregunta es ¿cuál de los dos resultados es más realista? Lo vemos en el próximo post.

*Me parece incompleta porque considera sólo las injusticias que ocurren en el mercado de trabajo. Es una teoría que lleva a considerar a las mujeres en los países dónde se les prohíbe trabajar o los disminuidos psíquicos asistidos como explotadores.

Alberto Garzón, sus buenos modales y su ataque contra los molinos de viento

Viernes, Julio 3rd, 2009

Quería reseñar que Alberto Garzón ha tenido la (rara y elogiable) amabilidad de disculparse por el tono del cruce de posts que tuvimos sobre el mercado laboral.

Por supuesto, yo sigo llevando razón y él no(:P) y podéis comprobarlo con el último post que ha publicado dónde básicamente se dedica a repetir un conjunto de lugares comunes, vaguedades, hombre de paja, molinos de viento y tópicos que no termina de justificar para concluir alegremente que los economistas ortodoxos engañamos a la gente. Siguiendo esto de copiar comentarios que he puesto en otros blogs, os copio un largo comentario que le he dejado:

Alberto, casi todos tus posts deforman las posiciones que criticas. Al menos deberías “citar” algo que justifique lo que estás criticando máxime cuando tienes un amigo que es un economista ortodoxo que tiene unos cuentos posts que puedes fiskear alegremente.

“EO se caracteriza por definir a la economía como “la ciencia que estudia la asignación eficiente de recursos escasos”.”

Eso es un hombre de paja. Los economistas ortodoxos estudiamos los mecanismos de asignación de recursos y cuáles son sus consecuencias (eso es la “economía positiva” y el objetivo no está definido). A continuación, solemos usar criterios para evaluar distintos estados de cosas (eso es economía normativa). Pero uno puede combinar distintos criterios normativos según su punto de vista ideológico, con las mismas herramientas positivas.

Mi opinión personal-que no adscribo a ninguna corriente concreta- es que, uno necesita ambos aspectos para que la ciencia económica sea útil. Por supuesto, depende para qué quieres la ciencia económica. Si lo que te interesa es poder lucirte ante tus colegas con demostraciones elegantes o follar mucho a continuación de las asambleas de partido, probablemente esta concepción sea inadecuada. En mi caso, la economía debe iluminar las decisiones públicas y privadas para mejorar el bienestar de la sociedad y hacer del mundo un lugar más justo. Pero no hay ningún obstáculo a hacer sólo economía positiva- el fin no está definido tampoco.

“criterios determinados que, de forma adecuada, deben tener como efecto prioritario la consecución del objetivo fundamental: el crecimiento económico.”

Esto es otro hombre de paja. Espero que seas consciente del hecho de que acabas de pasarte por el arco del triunfo 80 años de economía del bienestar. Leete el post, anda:  (puedes encontrar una presentación un poco menos elaborada en cualquier libro de hacienda pública)

“Ambas corrientes tienen una carga ideológica profunda. Es tan ideológico buscar una mejor distribución de la renta como aspirar continuamente al crecimiento económico, pasando desde luego por aquellos que buscan priorizar el medio ambiente.”

Probablemente sea ideológico BUSCAR cosas, pero es poco probable que lo sea DESCRIBIR. Volvemos a la diferencia “positivo-normativo”de nuevo, leete el post (la fuente de “Mark Blaug: “La metodología de la ciencia económica”)

 El crecimiento: los economistas sensatos defendemos que las economías que crecen más son, ceteris paribus, mejores. Hay varias razones. Allá va una lista no exhaustiva:
1.Si uno piensa que, grosso modo, los bienes y servicios que se producen son los que demandan los consumidores -algo que debería ocurrir en un régimen de mercado más o menos eficiente- más bienes y servicios producidos significan más eficiencia.
2. Más riqueza significa también más recursos para hacer políticas públicas. El crecimiento del PIB tiene un impacto directo sobre la recaudación y cuando uno toma decisiones financieras para el sector público, es un dato muy relevante
3. Por último, mientras que lo justa, igualitaria, o eficiente que es una sociedad es algo dificil y generalmente bastante subjetivo de evaluar, especialmente para los ciudadanos, el crecimiento es algo bastante objetivo y claro. Si uno quiere vigilar como hacen las cosas los políticos-algo propio de toda sociedad democrática, es razonable que se fije en el crecimiento.

“La EO considera que la Ciencia Económica es en cierta medida autónoma del resto de ciencias sociales. En cambio, la EH considera que para entender la economía se debe prestar atención, en mayor o menor medida según escuelas de pensamiento, a otras ramas de la ciencia social. ”

Esto es una exageración. Es cierto que muchos-la mayoría tal vez- economistas ortodoxos creen no tener mucho que aprender de otras disciplinas. No obstante, esto es algo que no es exclusivo de la economía: todos los científicos creen que tienen cierto grado de autonomía respecto del resto de disciplinas.

Aún así, si uno define “ortodoxia” de forma más o menos amplia, es algo radicalmente falso. Propongo considerar “ortodoxia” toda la gente susceptible de ganar premios nobel. Kanheman y Tverski era psicólogos; Akerlof es famoso por usar hipotesis sacadas de la sociología para justificar la rigidez de los salarios. Krugman es licenciado en historia y ha ha metido muchas hipótesis sacadas de la geografía en sus modelos de comercio. Amartya Sen habla todo el rato de antropología. Douglas North es historiador y ha incorporado el papel de las instituciones dentro de la teoría ortodoxa.

En resumen, si miras en el “hard core” de la economía ortodoxa, como en cualquier disciplina, encuentras gente que la considera autónoma. Si miras en las “fronteras”, hay gente que sin dejar de ser ortodoxa incropora ideas de las biología evolutiva, la sociología, la psicología, la historia, etc,… De nuevo,. hombre de paja.


Mientras que para la EO nos encontramos ante una sociedad inmóvil (…)para la EH nos encontramos ante una sociedad histórica determinada (el capitalismo)

Esto es estrictamente falso, y si quieres te mando un artículo de Solow dónde dice exactamente lo contrario. Nuestros modelos incorporan instituciones concretas y no son válidos fuera de ellas. Sin derechos de propiedad no hay mercado, sin ordenamiento jurídico no hay intercambio, etc,… De hecho, hay toda una corriente (la nueva economía institucional: Williamson, Coase, North) perfectamente ortodoxa que se dedica a estudiar las instituciones.

La ciencia natural: personalmente pienso que las ciencias naturales son más exactas y sus conclusiones más sólidas porque tratan con sistemas menos complejos que las sociedades humanas. POr eso, en la medida de lo posible, es interesante aprender de ellas e intentar imitarlas. Lo que dices sobre los métodos matemáticos y econométricos es simplemente falso: tengo un paper de Samuelson que puedo mandarte dónde el tipo dice, explícitamente, que aunque usemos herramientos parecidas a las de los físicos, eso no significa ni por asomo que nuestras conclusiones sean igual de precisa. En cuanto a la econometría ¿te suena la crítica de Lucas? ¿Son Lucas y Samuelson economistas heterodoxos según tu punto de vista?

Y es que las consecuencias de las dos formas de entender la economía van más allá de lo metodológico. Salta a la vista, por ejemplo, que la EO beneficia al status quo y al orden social existente sea cuál sea

Esto es simplemente falso. Las conclusiones EO no justificaba el orden social existente en la URSS, ni lo justifica en Venezuela ni en Cuba hoy. Es probablemente cierto que los (buenos) EO tienden a tener cierta aversión a la ingeniería social excesivamente ambiciosa-y por tanto a ser escépticos respecto a los cambios- pero la razón es totalmente distinta a la que tú crees: es porque sabemos que nuestras conclusiones no son igual de sólidas que, digamos, en la física, por lo que sabemos que nuestra ingeniería no es comparable a la que hay para los puentes o los edificios.

En general, existe-ya te lo he dicho alguna vez- una tensión fundamental en tu forma de ver las cosas. Por un lado proclamas a bombo platillo que no podemos tener conclusiones exactas en ciencias sociales y que debemos tener muchos puntos de vista, todos ellos muy influidos por concepciones ideológicas y por otro lado crees que basándote en esa base tan débil puedes poner en marcha proyectos ambiciosos de cambio social y político. Suena a lo de Woody Allen “Qué mala es la comida aquí, además las raciones son tan pequeñas”

Perspectivas marxistas sobre la izquierda reaccionaria y la ideología del E.B.R. I: El marco teórico

Miércoles, Julio 1st, 2009

Una de las denominaciones que más urticaria me producen y que sin embargo me veo obligado a usar para que la gente me entienda, es la idea de autodenominarme de “centro izquierda”, “social-liberal” o de “izquierda moderada”. Es la etiqueta que uso para decir “vale, me gusta lo de la sanidad pública, pero leo el The Economist y me tomo en serio la economía ortodoxa”. Para muchos, esta etiqueta está justificada como una especie de desistimiento en la ambición de conseguir ciertos objetivos. Hablar de la necesidad de liberalizar determinados sectores y de no subvencionar otros, de estar a favor del libre comercio o en contra de que determinados servicios públicos sean gratuitos es interpretado como una “concesión” al pensamiento de derechas y/o liberal, léase burgués.

La idea que subyace en este razonamiento es que existe una lógica “social” opuesta a la lógica “económica” y que el objetivo de la izquierda debería ser el de mantener un mayor número de aspectos de la vida en sociedad bajo la primera esfera. Esta idea, por supuesto, contraría muchas conclusiones bien establecidas en ciencias sociales y a menudo tiende a justificar situaciones de ineficacia o injusticia flagrante. Llamaré Estado de Bienestar para Ricos (EBR) al conjunto de políticas cuyo efecto es netamente regresivo o ineficaz en términos de renta, pero cuya legitimación se hace mediante un lenguaje izquierdista que oculta ese carácter regresivo. Los casos son numerosos: el proteccionismo económico, la política agraria, la subvención de determinados sectores de la industria cultural, la política industrial, la semigratuitidad de la enseñanza superior… .Detallaré más estos efectos en los artículos siguientes; aquí sólo me interesa plantear el marco teórico.

Marx, contrariamente a lo que suele pensarse, sigue siendo útil, y lo es especialmente para criticar este tipo de cosas. El primer elemento útil-y la pieza central de esta crítica- es la reconstrucción de la teoría de la explotación que produce John Roemer (sacado de aquí). Tras el colapso de la teoría laboral del valor, junto con el resto de la economía clásica, Roemer cree sin embargo que es posible reconstruir la idea de explotación marxista. La idea de Roemer es desligar el grado de descentralización de las decisiones de producción y consumo (i.e. el papel del mercado) de lo socializados que están los medios de producción. Este grado de socialización depende lo explotado que esté un determinado grupo. Un grupo está explotado por otro cuando existen desigualdades que resultan de la división del trabajo y concretamente del acceso distinto a determinados recursos. En palabras de Roemer “I propose that a group be conceived as exploted if it has some condtionally feasible alternative under which its members would be better off”

Así, podemos diferenciar distintos tipos de explotación de acuerdo con las distintas fases del materialismo histórico; tendríamos explotación feudal si asumiendo que los siervos poseyeran sus lotes de tierra éstos fueran obligados por la ley feudal a trabajar para tener acceso a sus frutos, estos pudieran retirarse con sus lotes y, aún así, estar mejor que con la relación feudal. En una sociedad capitalista (con propiedad privada) no existe explotación feudal-el trabajo el voluntario- pero sí existe explotación capitalista si suponemos que un grupo (los proletarios) podría retirarse del proceso productivo con su parte justa de los medios de producción y estar mejor. La idea es interesante porque permite comparar los resultados -el que resulta de la asignación en una economía capitalista y el que resultaría si tuvieran acceso igualitario a los medios de producción- sin tener en cuenta los procesos por los que se producen las asignaciones -el mercado o el Estado. El Estado o la ausencia de un régimen de mercado, puede, por tanto, ser un instrumento al servicio de la explotación capitalista; y eso es de hecho, lo que hace el EBR.

¿Cómo es esto posible? En realidad, no es algo fundamentalmente nuevo. La teoría marxista del Estado que reconstruye Elster explica que una de las funciones del Estado ayudar a los explotadores en su tarea de extraer la plusvalía que pertenece a los trabajadores. Pero la pregunta surge ¿cómo es posible que esto ocurra en el caso de un régimen democrático? ¿realmente algo que se hace en el nombre de la lógica “social” puede cumplir esa función?  Marx es considerado (junto con Freud y Niesztche) uno de los filósofos de la sospecha: la idea de que uno debe desconfiar de las cosas tal como vienen presentadas, e ir más allá. La última pieza de nuestro análisis es pues la crítica marxista de la ideología. En la optica del materialismo histórico lo que caracteriza al modo de producción capitalista capitalista -por oposición a los modos asiáticos y feudales- es que la explotación no es aparente, sino que está solapada por un velo de legitimidad imprimido por la ilusión de la libre elección. En un régimen democrático dónde la explotación fuera aparente, en principio, los pobres deberían expropiar a los ricos y abolir las políticas cuyo efecto fuera regresivo. No obstante, esto no ocurre porque el régimen de producción capitalista genera instituciones que tienden a legitimar la explotación, a ocultarla el conflicto de intereses fundamental que subyace dentro de la sociedad y retrasan la lucha de clases. Una de esas instituciones es la ideología. Así pues, REFORMULAMOS El Estado o la ausencia de un régimen de mercado, puede, por tanto, ser un instrumento al servicio de la explotación capitalista y es posible que esto prevalezca, incluso en un régimen democrático, debido a la existencia de ideologías que justifiquen ese status quo y ocultan el conflicto de intereses subyacente.

Las piezas del marco teórico comienzan pues a encajar las unas con las otras. El EBR es algo que, lejos de cumplir una función “social” que redistribuya renta y reduzca el grado de desigualdad, puede a menudo aumentar el grado de explotación que sufre un determinado colectivo si lo comparamos con una solución a través de un mercado menos regulado. En una sociedad con instituciones idílicas, este tipo de explotación sería aparente y sería eliminada simplemente reduciendo ese tipo de política y dejando jugar al mercado o al sector privado. No obstante, esto no ocurre necesariamente en un régimen capitalista porque existen instituciones, generadas por la propia dinámica del sistema, que legitiman este tipo de prácticas dándoles una apariencia de legitimidad.

Concretamente, la ideología que mencionaba en el segundo párrafo es un ejemplo. La paleo-izquierda, al defender políticas regresivas o ineficaces bajo el signo de ideologías que pretenden proteger a los débiles, es por tanto un agente esencial del proceso de explotación que tiene lugar en una sociedad capitalista avanzada. En este sentido, podemos decir que este tipo de izquierda que se pretende más pura por esgrimir una retórica más “social”-léase demagógica- que nosotros es en realidad fundamentalmente reaccionaria.