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Archive for the ‘el mercado laboral en España’ Category

El mercado laboral en España IV: ¿por qué el paro fluctúa tanto?

Viernes, Julio 2nd, 2010

En los posts anteriores de esta serie hemos visto como han evolucionado, por un lado, las instituciones del mercado laboral y por otro, la situación en este mercado. Decíamos que había varios rasgos que sobresalían; uno de ellos era la dualidad del mercado laboral y otro que los ajustes en España se hacen en cantidades y no en precios (salarios) de modo que el paro fluctúa con mucha fuerza. De hecho, si uno mira la evolución de los salarios en las dos últimas grandes crisis en España (la de principios de los noventa y esta), uno observa que estos caen muy poco, no caen, o incluso aumentan durante las recesiones. Tenía previsto escribir post específicos sobre instituciones, pero como me voy de vacaciones no me va a dar tiempo; en este último post quiero dar cuenta de que es lo que ocurre en España para que durante las recesiones el ajuste sea tan violento y por qué esto tiene que ver, entre otras cosas, con las instituciones del mercado laboral.

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El mercado laboral en España: los gobiernos socialistas y populares (1984-hoy)

Lunes, Junio 14th, 2010

Terminamos la ultima parte de la historia reciente del mercado laboral en España.

a) Periodo 1984-1994
El periodo del gobierno socialista se caracteriza por una fuerte creación de empleo entre 1986 y 1990 y una fuerte destrucción después. En 1984 se aprueba la reforma del Estatuto de los trabajadores con la idea de flexibilizar el mercado de trabajo y relanzar así la creación de empleo. Este objetivo se intenta alcanza por un lado estableciendo nuevas figuras contractuales (contratos atípicos) y por otro dando incentivos fiscales para incentivar su uso. En combinación con otras medidas de liberalización en otros sectores, la integración en la UE (1986), el aumento de importancia del sector servicios en la economía que siguió a la reconversión industrial (un sector mas intensivo en trabajo) y la recuperación económica por cambio de ciclo, el efecto fue una creación significativa de puestos de trabajo en los año.

Sin embargo, la situación se invirtió a principios de los años 90 cuando se ralentizó la actividad y vuelve a crecer el paro. De una forma muy similar a la situación actual. España pasa en muy poco tiempo de tasas de paro relativamente bajas a una situación donde, entre 1992 y 1993 la tasa de paro llega al 24%.

En suma, se puede ver que la reforma de 1984 tiene un balance contrastado. Aunque ayudo a crear empleo, convirtió el mercado laboral español en un mercado dual, que reaccionaba con mucha fuerte a los cambios de ciclo. La mayor parte del empleo creado era de carácter temporal y el mercado se segmentó en dos categorías: aproximadamente un tercio de empleo precario y dos tercios de empleo indefinido. La dualización aumenta significativamente el poder de negociación de los trabajadores fijos.

b) 1995-2005

Lo que caracteriza este periodo es que la tasa de paro tiende a caer y además aumenta la población ocupada en buena medida por la entrada masiva de inmigrantes en edad de trabajar.

En 1994 se introduce una nueva reforma laboral que buscaba mejorar el funcionamiento; introduce nuevas figuras contractuales, intenta incentivar la movilidad laboral, da facilidades administrativas para el despido, se elimina el monopolio del INEM para la coloración de empleo (las famosas ETTS) y se intenta potenciar la negociación colectiva. El resultado a corto plazo de esta reforma es bastante ambiguo. La creación de empleo fue relativamente pequeña. Por otro lado, la aplicación fue relativamente lenta, debido a los obstáculos judiciales y algunos autores estiman que los sindicatos “compraron” la no aplicación de la reforma admitiendo una importante moderación salarial durante el periodo.

Es por ello que en 1997 se intenta una nueva reforma después de que los agentes sociales sellaran un pacto con el objetivo de reducir la temporalidad. Se creo el famoso contrato indefinido con 33 días de despido y se introdujeron bonificaciones sociales para incentivas su uso.

La combinación de las dos reformas anteriores tuvo un éxito notable, al menos unido a la mejora de la coyuntura económica y la introducción de nuevas tecnología, de forma que se estima que el paro estructural cayó un 8% y el paro en mas de dos millones. Sin embargo, la tasa de temporalidad y la dualidad del mercado que había sido el objetivo de la reforma no se movió.

En 2002, el famoso “Decretazo” intento profundizar en las reformas anteriores, sin embargo quedo finalmente en un intento fallido tras la huelga general del 20J. En 2006 se intentaran nuevas reformas en la misma línea, pero los resultados siguieron en la tendencia.

c) 2006 hasta hoy:

Como hemos indicado las reformas que se han llevado a cabo desde mediados de los noventa han sido relativamente eficientes creando empleo en las fases altas del ciclo (si un ocho por cierto de paro se considera un buen resultado) y pero no han tenido casi ningún éxito reduciendo la dualidad laboral. El mercado laboral español crea muchos puestos de trabajo durante las fases altas del ciclo económico, la mayor parte de ellos temporales, y los destruyes con igual habilidad en la parte baja.

Desde el comienzo de la crisis, este patrón se ha cumplido punto por punto. Entre 2008 y mediados de 2010, el mercado laboral español paso de un 9,6% de paro a superar el 20%. Las causas se encuentran naturalmente en la recesión; sin embargo, el mecanismo de propagación del shock externo, esto es, la estructura del mercado laboral, es el único elemento que explica que el ajuste sea tan violento. Así, las características estructurales del mercado laboral español son las siguientes.

El desempleo aparece como un problema a largo plazo que paso a ser estructuralmente alto en las ultimas dos décadas. En este sentido, la evolución –los cambios- sigue la pauta de otras economías europeas, pero a un nivel exageradamente alto. La tasa de actividad (la población empleada) esta lejos del objetivo de Lisboa que se fijaron los gobiernos europeos en un 70%.

La evolución cíclica manifiesta lo que en economía se llama un fenómeno de “histéresis”, donde el paro responde de forma asimétrica a las recesiones y a las expansiones: crece mas en épocas de recesión de lo que decrece durante la expansión; trabajadores desanimados o que han perdido sus habilidades, etc,..

Por otro lado, el desempleo esta concentrado en determinados colectivos: el paro afecta con mucha mas fuerza (a veces llega a doblar la tasa de paro media) a las mujeres, los jóvenes, los mayores de 45 años, los individuos menos educados (en un país con un nivel enorme de fracaso escolar) y a los inmigrantes. Asimismo, la tasa de paro se concentra también en unas comunidades frente a otras (Andalucía, por ejemplo, tiene tasa históricamente altas de paro)

Por ultimo, el rasgo mas característico es la dualidad laboral. El patrón de desempleo anterior –y su concentración en determinados grupos- se explica por unas instituciones laborales que protegen asimétricamente a los trabajadores de forma que el ajuste se centra en el tercio con empleo precario. Así, además de los evidentes efecto negativos en términos de injusticia, los trabajadores “atípicos” ganan un 15% menos, tienen menos hijos, ahorran mas para cubrirse del riesgo de desempleo y se forman menos

El mercado laboral en España III: El fin de la edad de oro, los shocks energeticos y la Transicion

Lunes, Junio 7th, 2010

Deciamos en el post anterior que el Franquismo habia establecido un modelo economico extremadamente rigido, basado en el sindicalismo vertical y un ferreo control salarial, que se fue suavizando introduciendo algunas medidas sociales, pero manteniendo la rigidez. Este modelo entrara en crisis a principios de los 70.

En los años finales del franquismo, el régimen intentó compensar la falta de libertad sindical con un sistema muy protector del mercado de trabajo inspirado en la filosofía dirigista y paternalista del régimen. Así, por ejemplo, en 1973 se estableció la indiciación de los salarios sobre la inflación. 1975, con la muerte de Franco, ve comenzar un importante movimiento de huelgas con la aparición de las principales centrales sindicales que existían en la clandestinidad; un año más tarde se legaliza el derecho a huelga y al año siguiente se disuelve el sindicato vertical. Sin embargo, el grueso del marco intervencionista del franquismo permanece intacto.

Tras la Transición, en 1980, se promulga el Estatuto de los trabajadores que buscaba la legislación laboral española a la de otros países. Si los sindicatos se habían opuesto fuertemente al marco laboral durante el periodo franquista, el mercado laboral rígido e intervenido les garantizaba un mayor poder de negociación. Aunque la reforma se hizo a la imagen de otros países, esta se produjo en el peor momento: cuando el modelo corporatista de relaciones laborales entraba en crisis, la economía afrontaba retos estructurales y la flexibilidad era más necesaria que nunca.

En efecto, la evolución del empleo durante este periodo es escalofriante. Entre 1974 y 1985 la tasa de paro pasó de ser del 4,4% al 21,5% como consecuencia de la quiebra de numerosas PYMES que vieron como su demanda se hundía y estaban en la imposibilidad legal de ajustar sus plantillas. La causas de este proceso sin embargo están en dos ejes.

Demográficamente, el mercado de trabajo español tuvo que absorber la generación del Baby Boom, la incorporación de la mujer al trabajo y el retorno de los emigrantes ante la mala coyuntura en el resto de Europa. Desde el punto de vista estrictamente económico, los años 70 vieron una serie de shocks energéticos. Un shock energético funciona de forma que el precio de uno de los factores (la energía) aumenta significativamente, de forma que toda la estructura productiva se trastorna. Por un lado, la productividad del resto de factores cae- ya que su “parte” en el producto pasa a ser menor y por tanto la composición de cada sector en términos de trabajo y capital tiene que ser modificada. Si la política de ajuste necesaria –reducción de los salarios y los beneficios- para acomodar el aumento del precio y de la parte de la energía en el producto y los agentes intentan conservar su parte (fijando los mismos precios y salarios), el resultado es un aumento del paro (ya que el salario es demasiado alto) y de la inflación. En España, la delicada situación política no permitió llevar a cabo este tipo de ajuste y los sindicatos usaron su recién recobrada libertad para hacer valer las reivindicaciones retrasadas durante cuarenta años. Así, mientras que la productividad del trabajo cayó, la militancia salarial aumentaba y también lo hizo el coste relativo del trabajo, no sólo debido al aumento de los salarios sino también de las cotizaciones que eran inherentes a la puesta en marcha del Estado del Bienestar, lo que aceleró la sustitución de capital por trabajo. Finalmente, la inversión privada cayó como respuesta a la inflación.

La respuesta institucional fue gradual y dubitativa. Los Pactos de la Moncloa (1977) fueron un intento exitoso de poner a los agentes sociales de acuerdo para terminar con el proceso inflacionario mediante la contención salarial y el compromiso del gobierno de acelerar la puesta en marcha del Estado de Bienestar. El Estatuto de los trabajadores (1980) mantuvo sin embargo una fuerte rigidez en el mercado laboral, aunque dejaba abierta la flexibilización. La Ley Básica del empleo de ese mismo año buscará, ante la resistencia de los sindicatos de tocar los contratos indefinidos, establecer nuevas formas de contratación “atípicas”. Es el principio del carácter dual del mercado laboral español. Sin embargo, las medidas aparecieron como insuficientes y la primera gran reforma ocurrirá con el primer gobierno socialista en 1984, como veremos en el proximo post.

El mercado Laboral en España II: La posguerra y el Franquismo

Viernes, Junio 4th, 2010

Como decia ayer, en esta serie voy a tratar el mercado laboral; lleva algo de tiempo escrita y era un doc de google bastante largo y quiero terminar de escribirla antes de que caduque, asi que ire pegando trozos progresivamente. Empezamos con la perspectiva historica, en este primer post, con la epoca del franquismo y la posguerra.

Los años de la posguerra están marcados por lo que Carreras y Tafunell llaman el “Contrarreformismo social”. Si durante la Segunda República los sindicatos eran legales y habían logrado importantes cambios en la legislación social –destaca por ejemplo la ley de jurados mixtos para la negociación de salarios- su existencia también estuvo asociada a una importante conflictividad social que el nuevo régimen buscó revertir. A la percepción del carácter maligno del sindicalismo de clase y la legislación social, se le añadió la voluntad de pagar favores políticos a empresarios y capitalistas que habían apoyado al bando nacional durante la guerra.

La filosofía social del franquismo estuvo consagrada en el fuero del Trabajo de 1938 y se basaba en la práctica, en dos pilares fundamentales. El primero de ellos, el sindicalismo vertical que, basado en el modelo corporatista, agrupaba a todos los agentes del proceso productivo en cada rama de producción. Se prohibieron los sindicatos de clase y las decisiones económicas sobre la fijación de salarios y legislación industrial pasaron a estar supeditadas a decisiones políticas- un carácter que acompañó al régimen hasta sus últimos días. El segundo pilar fue un férreo control salarial. Durante la posguerra los salarios cayeron hasta el punto de que en 1950 el salario real era alrededor de la mitad que en 1936 como consecuencia de la inflación descontrolada y la fijación del salario nominal. Esta caída del poder adquisitivo de los salarios contribuyó al hundimiento del consumo que arrastró al resto de la economía y llevó a un reagrarización masiva de la mano de obra en consistencia con la política agraria del nuevo Estado.

A partir de 1950, las instituciones del régimen comenzaron a suavizarse. La fijación de salarios y la contratación se liberalizó parcialmente (ley de convenios colectivos de 1958) y se fijó un salario mínimo (1963). El sindicato vertical se horizontalizó parcialmente permitiendo cierto grado de participación. El periodo que sigue al plan de estabilización (1958) (plan de ajuste estructural del FMI) esta marcado por la “edad de oro” de la economía española, caracterizada por un aumento de la productividad, del empleo y de la población activa y una industrialización sostenida, con un caída del paro que en los años 60 llegó a ser del 4%.

La epoca que sigue al plan de estabilizacion fue vendida por el regimen como el “milagro español” omitiendo el hecho de que la principal de sus causas no era la buena gestion de las instituciones franquistas, sino el terreno que quedaba por recuperar despues de los daños autoinfligidos por el regimen a la economia española. Sin embargo, el “Milagro Español” era un gigante con pies de barro. El afan modernizador se dejo de lado una vez que la economia empezo a crecer poniendo en marcha los llamados “planes de desarrollo”, un engendro dirigista copiado de la planificacion indicativa francesa de la posguerra. Los problemas estructurales del modelo se hicieron evidentes, como veremos en el proximo post, con los shocks de oferta de los 70.

El mercado laboral en España I: Introduccion

Jueves, Junio 3rd, 2010

Llevo un tiempo pensando en el debate sobre la reforma laboral; no tanto en el contenido como en la actitud de la gente que lo analiza. Algo impactante es la asimetría de percepción del problema entre lo que podemos llamar “la comunidad científica” o el consenso entre economistas que se dedican profesionalmente a investigar sobre el tema y los intervinientes en el debate público. Mientras que la necesidad de una reforma de este tipo es ampliamente aceptada por el primer grupo, en el sentido de que es lo que uno puede encontrar en los libros de texto, en los temarios de oposición o en los informes de organismos independientes, ésta es una posición minoritaria en la opinión pública.

Cuando hablo de consenso, creo que vale la pena precisarlo, no hablo de unanimidad. Es cierto, en primer lugar, que la economía aplicada dista mucho de ser una ciencia exacta y, en segundo lugar, que este tema es objeto de debate entre economistas. Lo que me choca es la asimetría; suponiendo que fuera un problema de percepción distinta de las cosas, la heterogeneidad de las opiniones debería ser similar entre la comunidad científica y la opinión pública. Si pudiéramos medir la ortodoxia –digamos, en función de los mecanismos de asignación de prestigio de la comunidad científica- de un punto de vista en un espacio del 0 al 10, dónde los valores extremos (0 y 10) son los más heterodoxos, el grueso de la opinión pública debería estar situada en el centro y sólo una parte residual en las colas. Pero no es así. Los puntos de vista heterodoxos o extremos parecen haberse convertido en dominantes; un argumento sólidamente construido según las “reglas del arte” en economía es rebatido en el debate público con objeciones extremadamente poco convencionales, a menudo improvisadas o basadas en la observación personal y no en datos, cuestionando el carácter objetivo del argumento, sugiriendo su exceso de simplicidad o incluso el status científico de la economía.

Lo paradójico de este fenómeno no es que es cuestione ese status científico o el valor de esos razonamiento, algo que es obviamente legítimo. Lo que resulta paradójico es el aparente oportunismo con el que se hace. La misma opinión pública que confía su política presupuestaria o monetaria –ambas con repercusiones dramáticas sobre la vida común, más si cabe que la del mercado de trabajo- a economistas educados en una tradición ortodoxa, haciendo los mismos supuestos simplificadores, siguiendo la misma metodología y los mismos protocolos, se niega a aceptar sus puntos de vista cuando se trata de problemas “políticamente” más sensibles aunque igual de técnicos. No es pues el status social o la autoridad del economista lo que se cuestiona.

Una primera explicación, pesimista, de este fenómeno es que la gente que contribuyen a formar la opinión pública –actores sociales, medios de comunicaciones, partidos políticos- no están guiados por la honestidad intelectual, sino por intereses particulares o por prejuicios ideológicos y eso les lleva a seleccionar, según su conveniencia, aquéllas ideas que sirven a esos prejuicios e intereses y a rechazar aquéllas que no lo hacen, independientemente de su grado de veracidad. Es algo que vemos persistentemente en otros debates públicos, como el cambio climático o la enseñanza de la teoría de la evolución, de modo que no hay nada extraño en que el mecanismo sea similar para las ideas económicas.

Esta serie, sin embargo, va a partir de una hipótesis –no tanto por creer en ella como por considerarla útil- distinta basada en el viejo “principio de caridad” dónde lo que separa a las partes del debate no su interés personal, sino distintos grados de acceso a la información. Así que lo voy a intentar en los post siguientes va a ser dar una visión convencional y aburrida, como la que puede encontrarse en cualquier libro de texto o tema de oposición sobre la cuestión, del mercado de trabajo español.