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Archive for the ‘El estado del bienestar no es solo caridad’ Category
Jueves, Junio 24th, 2010
Me ha parecido curioso este enfoque que leo en la reseña del Economist del ultimo libro del economista de Chicago (!) Raghuram Rajan sobre la crisis:
But what led to this massive expansion of easy credit to the less than credit- worthy? Mr Rajan’s answer, economic inequality, will surprise many. He argues provocatively that successive American governments chose cheap credit as a sop to the less-skilled parts of its workforce, who increasingly felt themselves being left behind in a globalised world. Along with all the proposals to regulate finance and find ways to allow banks to fail without bringing the rest of the economy down with them, Mr Rajan argues, America would do well to take a hard look at how it educates its young and what safety net it provides to its poor. Expanding access to education may seem like an unusual step to stress when advising governments how to avoid another financial crisis, but Mr Rajan has taken such controversial stances before.
Os cuento que me parece, de forma intuitiva (es decir, basandome en mis prejuicios mas o menos informados, pero sin datos). Por un lado, el mecanismo tiene sentido. Primero, en un pais (kof, España, kof) donde la inversion en capital humano es relativamente deficiente (i.e. el sistema educativo es una castaña) la forma de ahorrar es invirtiendo en activos materiales (por ejemplo, comprandose casas). En España, por ejemplo, la mayor parte de los padres prefieren echarle una mano a sus hijos para comprarles un piso que mandarlos a estudiar fuera; a casi nadie se le ocurre pedir un prestamo para pagarse la carrera, pero si para pagarse un piso en propiedad. Una razon para ello es que el capital humano no es revendible, mientras que las casas si lo son. Los activos materiales actuan como “seguro” o como “parachoques” que, en efecto, es un sustitutivo de tener una “safety net” como el estado de Bienestar. Esto genera cierta presion politica para que se fomente la adquisicion de activos materiales y el endeudamiento de la gente lo que nos permite añadir otro argumento a los malvadas que son las deducciones por compra de vivienda.
En el fondo, no es nada muy distinto de lo que decia Kantor en este post:
El consumidor occidental no ha querido reconocer que es un perdedor en el proceso de globalización y ha contado con mecanismos financieros para extender una ficción riqueza.
¿Y como ha podido “no reconocerlo”? Principalmente porque (al menos en el caso de Estados Unidos) se han producido enormes flujos de capital, que han servido para alimentar una burbuja inmobiliaria, y un nivel de consumo muy alto.
Por el lado de los contras, a pesar de que intuitivamente es una explicacion que me agrada mucho y que el mecanismo es mas o menos coherente, me parece un pelin traida por los pelos, basicamente por que es una explicacion de corte politico ¿realmente las politicas de reduccion de la desigualdad son un sustitutivo del credito facil?. Al fin y al cabo, la gente que se beneficia del credito facil (la clase media) no es la misma que la que se beneficia de la reduccion de las desigualdades. Para esto hay que hacer aritmetica electoral y estrategia politica, algo que no se si Rajan hace. ¿Se han podido permitir los paises con un Estado de bienestar mas eficiente politicas de credito mas duro? Pues eso ¿que os parece?
(Nota: es un artículo escrito hace una semana; iré incorporando las tildes a los nuevos posts)
Podéis leer la introducción-resumen del libro aquí
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Jueves, Agosto 20th, 2009
Durante la discusión de los dos posts anteriores sobre las imperfecciones en el mercado laboral y el de productos, el debate ha terminado degenerando en una especie de competición dónde unos nombrábamos fricciones posibles y otros sin negar su existencia minimizaban su importancia confiando en la fuerza de la competencia a la hora de limitar las rentas. El problema, por lo visto, es fundamentalmente empírico. ¿Con cuál de los dos modelos encaja mejor el mundo real, con el competitivo o con el monopolístico?
Un caso interesante para chequear cada hipótesis es el salario mínimo en el mercado laboral. ¿Cómo afecta el salario mínimo al equilibrio del mercado laboral? En la medida en que cada modelo genera predicciones distintas, se puede chequear empíricamente su validez viendo cuales de las predicciones se adaptan mejor a la realidad. Recordamos por tanto las predicciones de cada modelo (i) y después vemos la evidencia empírica (ii)
(i)Teoría: El análisis económico del salario mínimo
En un modelo competitivo, las empresas igualan el salario a la productividad marginal multiplicada por el precio. Es decir, las empresas aumentan el número de trabajadores hasta que el último trabajador produce exactamente lo que hay que pagarle. Los trabajadores, por su parte, plantean sus demandas eligiendo entre dos bienes, el ocio y el consumo. En equilibrio, el salario que se paga refleja exactamente el valor del ocio para el trabajador y los trabajadores que no están empleados son sólo los que no aceptan trabajar recibiendo lo mismo que producen. Si el salario estuviera por debajo, otra empresa pujará por el trabajador haciéndolo subir, si el salario está por encima todos los trabajadores serán atraídos por esta empresa. Decimos que el paro es “voluntario”. El efecto del salario mínimo en este sentido introduce una brecha entre trabajadores dispuestos a trabajar por ese salario y empresas dispuestas a contratarlos generando “paro involuntario”. La predicción es por tanto que la introducción de un salario mínimo reducirá considerablemente el empleo, especialmente de los trabajadores menos cualificados que son los que tienen menos productividad y deberían ser pagados por debajo de ese salario.
Esta idea cambió sustancialmente cuando en 1946 Georges Stigler (economista de Chicago-liberal- y posterior premio Nobel) escribió un artículo fundador admitiendo la posibilidad teórica de que un aumento del salario mínimo aumentara el número de contrataciones si “el empleador dispusiera de un grado de control significativo sobre el salario que paga”. Es decir, si el empleador tiene poder de monopsonio. Cuando existe poder de monopsonio, vimos, el resultado de equilibrio es que el salario está por debajo de la productividad marginal y el empleo es menor que en competencia perfecta. Esto es así porque contratar un trabajador adicional tiene dos costes: el coste del salario que hay que pagar al trabajador adicional y el coste en que se incurre al hacer subir el salario de mercado que debe ser pagado a todos los trabajadores.
¿Cuál es el efecto del salario mínimo en un mercado monopsonístico? Si el Estado fija el salario un poco encima del salario elegido por el empresario, entonces éste ve su margen reducido. Sin embargo, como había una brecha entre la productividad y el salario qeu pagaba, este margen sigue siendo positivo siempre que el aumento sea pequeño de modo que el empleo no disminuye. Al mismo tiempo, al aumentar el salario habrá trabajadores que buscarán empleo más intensamente, que se incorporarán al mercado de trabajo o que que aceptarán trabajos que antes no aceptaban. El efecto del salario mínimo es por tanto el de aumentar el empleo total y el salario de los trabajadores que están al principio de la distribución de salarios a costa de las rentas empresariales.
Este efecto no es sin embargo el único. Al igual que en el modelo competitivo, al aumentar el salario mínimo, habrá trabajadores poco productivos que serán excluidos del mercado de trabajo y eso reducirá el empleo. Sin embargo, en la medida en que el primer efecto domine -es decir, para salarios mínimos relativamente bajos- el efecto neto será aumentar el empleo y el salario de los menos cualificados. La relación entre salario mínimo y empleo es por tanto en forma de U invertida; para niveles bajos un aumento del SMI aumenta el empleo, para niveles intermedios tiene un efecto relativamente neutro y para niveles altos el empleo cae.
(ii) Evidencia empírica
¿Cuál de los dos modelos es una mejor representación de la realidad? Es decir, ¿aumenta realmente el salario mínimo el desempleo y significa eso qeu los mercados de trabajo son muy competitivos como o por el contrario el poder de monopsonio es sustancial y el salario mínimo tiene un efecto pequeño o nulo? Para un análisis detallado os remito a la serie que escribió Jose sobre el tema (i, ii), aquí quiero explicar el experimento “natural” que hicieron Alan Krueger y David Card sobre el asunto que les llevó a escribir después un libro. (artículo original, gratis, aquí)
En 1992 el Estado de New Jersey aumentó de forma relativamente súbita el salario mínimo en un 19% (es decir, bastante). Por el contrario, la situación en el Estado vecino de Pennsylvania no varió. Card y Krueger pensaron entonces aprovechar esta situación natural de estática comparativa para chequear los resultados de los modelos que hemos visto. Para verlo, se fijaron en la industria de la comida rápida situada en ambos estados. ¿Por qué la comida rápida? Bueno, la comida rápida emplea el tipo de mano de obra que suele estar empleada al salario mínimo y la rentabilidad de los restaurantes depende directamente del nivel del SMI. El razonamiento al que se adhieren los economistas como Kantor es que en esta situación, la rentabilidad bajará y, al estar empleada la mano de obra al nivel competitivo, muchas empresas cerrarían y el empleo en el sector bajaría. Por el contrario, en Pennsylvania dónde el salario mínimo no había cambiado, la evolución debería haber sido sustancialmente distinta, no sólo por no haber sufrido la subido, sino también porque habría una migración de trabajadores desempleados.
Krueger y Card llevaron a cabo varias encuestas a lo largo del año 1992 para ver cuál había sido la evolución en la industria del fast food. El resultado fue hasta cierto punto sorprendente: el efecto del aumento sustancial del SMI no sólo no habría sido negativo, sino que habría incluso débilmente positivo.
El artículo produjo un debate considerable en EUA, desde gente que cuestionaba la calidad de los datos, el modo de obtención de los mismos o el método de comparar dos poblaciones con shocks exógenos distintos (copiado de la medicina). Sin embargo, a lo largo de las respuestas que desarrollaron Krueger y Card tendieron a reafirmar la conclusión inicial. Por ejemplo, evaluaron el impacto sobre los jóvenes de entre 16 y 24 años (de nuevo una población posiblemente sujeta al SMI) y descubrieron que en relación con el resto de EUA, el empleo habría aumentado en New Jersey entre esta población.
¿Cuál es la conclusión? El experimento de Krueger y Card pone en evidencia que la estructura de los mercados laborales es, al menos para la mano de obra poco cualificada- la afectada por el salario mínimo- sustancialmente monopsonística; es decir, los empresarios explotan a los trabajadores y los remuneran por debajo de su productividad marginal. De otra forma, la predicción de caída del empleo se habría cumplido.
Por otro lado, personalmente, soy poco entusiasta -bastante menos qeu los sindicatos en cualquier caso- respecto de los aumentos del SMI. Como explicaba antes, el aumento del SMI tiene dos efectos: excluir trabajadores poco productivos del mercado de trabajo e incitar a trabajadores que demandan salarios más altos a incorporarse. Excluir a la gente menos productiva (los pobres y los inmigrantes) es algo razonablemente regresivo e ineficiente que me causa alergia como socialdemócrata y como economista. El SMI debería ser distinto entre sectores- en función de la productividad- para ser “óptimo”, algo muy dificil de hacer, máxime cuando los aumentos se hacen por razones electorales y no con la teoría económica en la mano, lo que tiende a subirlo por encima de lo razonable. En Francia, por ejemplo, es probable que el SMI destruya empleo- como contraste a EUA. Si de lo que se trata es de redistribuir, prefiero un impuesto negativo sobre la renta- o una bajada de las cotizaciones a la SS financiada con un impuesto más progresivo- que un aumento del SMI.
Tags: card, comida rápida, desempleo, explotación, fast food, krueger, mercado de trabajo, neoprogs, salario mínimo Posted in El estado del bienestar no es solo caridad, Marx, Nación Europea, ciencia recreativa, johnny cogió su fúsil, mercado de trabajo, neoprogs, regional | 45 Comments »
Martes, Junio 30th, 2009
Eduardo ha publicado una interesante reseña de un paper según el cuál el nivel de religiosidad de una sociedad depende negativamente de lo desarrollado que está el Estado de Bienestar en esa sociedad. La verdad es que el paper es uno de esos que confirman todos mis prejuicios así que no puedo resistirme a hacer un par de comentarios.
En primer lugar, es algo que contradice frontalmente la idea liberal según la cuál las sociedades dónde el Estado es más pequeño son sociedades más abiertas. Esta idea tiene una cantidad interesante de partidarios, pero la idea básica es la misma, común a todo el movimiento conservador-liberal: la del estado tentacular de Buchannan o la ruta de la servidumbre de Hayek, dónde una vez que se admite el Estado de bienestar, este tiende a expandirse creando una sociedad estátizada, apagadas, corporatizadas, poco creativas, inundadas por rent seekers, etc… dónde la libertad individual es sólo un recuerdo. A esta visión del Estado del bienestar, se opone una visión socialdemócrata que ve en el EStado de Bienestar un instrumento de emancipación y un soporte para el progreso, social, material y cultural; una prolongación del proyecto modernizador ilustrado, que ve en la igualdad la condición sine qua non para el progreso etc…
En realidad, tener una sociedad dónde el EStado es más pequeño no es ninguna garantía de vivir en una sociedad más abierta. Históricamente-digamos, en el periodo largo de los últimos X siglos-, el tamaño del Estado ha sido de hecho relativamente pequeño- básicamente porque las tecnologías para recaudar impuestos eran ineficientes- sin embargo, eso no garantizó que las sociedades fueran “abiertas” en el sentido de que fueran más descentralizadas o se tomaran más decisiones de forma individual. Al contrario, una serie de instituciones alternativas suplían al “estado” para resolver los problemas de acción colectiva que existen en toda sociedad y los individuos son bien “forzados”, bien “invitados a unirse voluntaria e irreversiblemente a esas instituciones”.
La familia es un ejemplo: cuando se estudian los tipos de Estado de bienestar, se estudian tres tipos de mecanismos para asignar recursos: el mercado, el estado y la familia. En una sociedad dónde el Estado es más pequeño- no hay seguridad social, ni bajas por maternidad, etc…- suelen tener por tanto una parte más importante la familia y el mercado y las sociedades fuertemente familiarizadas suelen ser muchas cosas, pero no sociedades abiertas.
Es probable que con la religión ocurre algo similar: las religiones son factores que cohesionan la sociedad al mantener unida a la gente en un conjunto de valores. Las religiones-el cristianismo, además, han jugado en muchos lugares un papel suplente del sector público -en la enseñanza, en la redistribución de la renta, jugar el papel de seguro, etc,… Por supuesto, este carácter suplente no es algo gratuito. No es sólo algo que asegura una legitimidad considerable a las organizaciones religiosas y sino que también hace más costoso salir de la organización- igual que divoriciarse es más costoso para una mujer que no trabaja.
En este sentido, no es ninguna casualidad que entre los partidarios del homeschooling y de la enseñanza privada veamos tanto a liberales convencidos, a ultraconservadores creacionistas y a miembros de alguna secta extraña -y en algunos casos ambas cosas a la vez; las sociedades más fuertemente privatizadas no son necesariamente -ni probablemente- sociedades más abiertas. Tener un mínimo de vida asegurado es probablemente una condición necesaria para poder empezar a emanciparse de cosmovisiones supersticiosas del mundo.
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Domingo, Abril 26th, 2009
Algo en lo que se supone que está de acuerdo la gente de izquierdas y de derechas (al menos en sistemas democráticos dónde los pobres votan) es en la igualdad de oportunidades. No obstante, en general, suele verse como algo que está hasta cierto punto en conflicto con la eficiencia económica. En su libro clásico de economía Samuelson y Nordhaus hablaban de “el gran tradeoff” para referirse a la combinación de igualdad y eficiencia adecuada.
Sin embargo, existen ejemplos-como las pluscuamperfectas socialdemocracias nórdicas- de economías muy igualitarias y de hecho muy eficientes. ¿Cómo es ésto posible? Esping Andersen ha estudiado el tema y lo tiene claro: guarderías públicas (1). En general, se sabe que las capacidades, sobre todo de corte cognitivo, de un niño se forman en los primeros años de edad. Son esos primeros años que el niño pasa en casa jugando con duplos o viendo la tele los que hacen que su status social se parezca tanto al de sus padres. Por otro lado, se sabe que el número de hijos deseado por cada pareja está por debajo del número que se tiene efectivamente. Ésto tiene consecuencias por ejemplo de corte demográfico- relacionadas con el envejecimiento de la población, el sistema de pensiones, etc,…- pero también de corte económico; las mujeres no necesitan abandonar su puesto de trabajo para dedicarse a cuidar de sus hijos, lo cuál de hecho es una virtud en sí misma si uno se toma en serio lo de la igualdad hombre-mujer.
Eso explica que las guarderías funcionen tan bien generando igualdad y crecimiento; cuando el acceso al cuidado de los niños es mejor, esos países tienen tasas de participación mayores (las mujeres es incoporan al trabajo), la estructura demográfica es más sostenible a largo plazo (natalidad es más alta), las mujeres tienen un status mejor en la sociedad y el status social de los individuos depende menos de la renta de sus familias. En general, lo que viene a explicar Esping Anderse en este libro es que las políticas de reducción de la pobreza infantil son una forma de ahorrarse las políticas de reducción de la desigualdad posterior.
Pero hay otro aspecto muy importante que uno, independientemente de su aversión a la desigualdad, no debería despreciar. En una economía terciarizada- dónde el sector servicios es más importante- y dónde los trabajos con algún contenido intelectual son los que tienen un valor añadido mayor, las guarderías juegan un papel muy importante. Al ser en esa edad en la que se forman las habilidades cognitivas y por tanto la capacidad de aprendizaje, abolir la pobreza infantil (i.e. construir guarderías) es algo que asegura que las cohortes de niños del futuro sean más productivos, más listos, más sofisticados, (me ha faltado decir más guapos para parecer mi abuela).
Pues bien, el The Economist comentaba hace unos números que, este hecho (las oportunidades se forman en la infancia) tiene una base neurológica. La pobreza en la infancia reduce la “working memory”, (no sé cómo traducirlo) y la memoria permanente, según un tal Dr. M. Farah. Pero además, dos investigadores (Evans y Schamberg) han proseguido ese mismo aspecto descubriendo que lo que produce la exclusión social es de hecho el estrés sufrido en la infancia que afecta al desarrollo del cerebro de los niños.
Lo cierto es que el hallazgo podría explicar varias cosas que me interesaría saber. Por ejemplo, la diferencia entre el campo y la ciudad y por qué la urbanización produjo el vértigo que nos describen los historiadores cuando explican la industrialización. Sería algo que también podría explicar las diferencias entre áreas con distintos climas. A nivel más práctico, el imperativo económico y social de nuestro tiempo que son las guarderías públicas podría practicarse con un enfoque que permitiera reducir el estrés sufrido en la infrancia.
(1) Usaré “guarderías” para referirme a las políticas familiares en general; desde cheques bebé, hasta guarderías públicas pasando por desgravaciones fiscales por el número de hijos.
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Jueves, Abril 16th, 2009
Echad un vistazo a esta noticia para poneros de buen humor o, en su defecto, a la comparecencia en si misma que es más bonita y completa.
Hablando de qué reformas son necesarias, ésta es una de esas que es urgente. Es urgente, sobre todo, empezar a mentalizar a la gente de que es a) Inevitable y b) Inevitablemente doloroso reformar el sistema de pensiones. Cosas como las jubilaciones anticipadas o subir las pensiones mínimas que los gobiernos de todos los colores políticos proponen con tanta alegría son casi siempre malas ideas.
Por supuesto, no es nada nuevo, el gobernador solo se está uniendo a la “línea marcada por el club lorem ipsum”. Os recuerdo las soluciones de las que hablábamos entonces: 1) Reducir el ratio de dependencia (el número de jubilados respecto de la gente que trabaja) 2) Reducir el dinero que se cobra como pensión 3) Aumentar las contribuciones a la seguridad social (a costa de aumentar el paro, etc,…). En la primera medida-la única medida “real” entran cosas como aumentar la edad de jubilación y permitir ampliarla voluntariamente si uno quiere, políticas familiares que favorezcan la incorporación de la mujer al trabajo y aumenten el número de hijos por mujer o políticas de integración de los inmigrantes, de las de verdad.
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Martes, Marzo 24th, 2009
Los economistas y los filósofos discutimos a menudo de redistribuir recursos. En general hay una mayoría considerable en cualquier sociedad civilizada en que los pobres no tienen la culpa de serlo y que debemos tener algo como “igualdad de oportunidades” que deben ser promovido por el sector público. Los economistas tenemos algo, (bastante,) que decir sobre el tema. El modelo económico más elemental que tenemos, el modelo “Arrow Debreu” de equilibrio general tiene aparejado algo que llamamos “segundo teorema del bienestar”. Los que nos dice el segundo teorema del bienestar es algo como “bajo unas condiciones relativamente restrictivas, cualquier asignación eficiente puede lograrse haciendo transferencias de renta”. La idea es la siguiente; si los supuestos hacen que una asignación hecha a través del mercado sea eficiente; la mejor forma de redistribuir es solo dar dinero a los que lo necesitan y dejar que compren en el mercado según sus gustos.
Ningún estado de bienestar del mundo encaja con este modelo; es decir, todos tienen algo más que transferencias de renta. Eso es así, si y solo si, porque alguno de los supuestos del modelo no se cumplen. Pero supongamos que se cumplieran; el modelo no nos dice nada sobre a quién se debe redistribuir renta y de quién. ¿Como identificamos a quién debemos dar dinero? Este es el problema del “targeting” (en inglés). En un mundo ideal, el sector público podría verificar las necesidades de todo el mundo y ver quién lo necesita más y menos; en el mundo real, saber quién necesita qué es más complicado. ¿Como se resuelve el problema? ¿Qué debe saber el funcionario que diseña la ley con la que van a distribuir renta? Hay dos tipos de mecanismos: los mecanismos que se basan en un indicador y los que se basan en la autoselección
Los mecanismos basados en un indicador asumen que, si bien las necesidad (o la renta, o el criterio que queremos usar para redistribuir) no es fácil de verificar, es posible encontrar algún rasgo que, sin ser la causa de la redistribución, está relacionado con criterio; ese rasgo es el indicador. Un indicador es por ejemplo la declaración de la renta (los ricos pagan más), o la zona dónde se vive, o la renta de los padres de uno.
El problema es que, en general, los indicadores no son buenos predictores de la “necesidad”. Suponed una sociedad dónde tenemos todas las personas son aparentemente iguales salvo por un rasgo: unos son hobbits y otros son Elfos. ¿Como redistribuiriamos renta en esta sociedad? La única forma sería en función de la raza; hobbits o Elfos. Las condiciones en las que esa redistribución será eficiente son tres:
- Sólo los hobbits son pobres
- Todos los hobbits son pobres
- No existe ninguna tecnología para convertirse en hobbit.
En esta situación, la redistribución de renta será idílicamente walrasiana y fácil de hacer. En la medida en que nos alejemos de ello, tendremos distorsiones. Si resulta que hay también algunos elfos son pobres, habría no sería suficiente con tener un estado de bienestar que redistribuya a los hobbits desde los elfos; los elfos pobres terminarían siendo especialmente pobres. Si resulta que algunos Hobbits no son pobres, entonces tendremos el famoso fenómeno de “estado de bienestar para los ricos” donde la gente se aprovecha de algo que no necesita. La tercera característica es la más interesante; es lo que se llama el problema de la selección adversa; lo que nos viene a decir es que si ser hobbit está relacionado con ganar dinero y ser elfo con tener que pagar impuestos, siempre que sea posible cambiarse de raza sin coste alguno, los elfos cambiarán y se pasarán al bonito mundo de la Comarca y a tener pelos en los pies. En este sentido, un buen indicador tiene que tener tres características: estar a) muy correlacionado con la pobreza, b) fuera del control del individuo y c) fácil de observar por parte de la agencia que redistribuye renta.
Esto es potencialmente una razón para tener cosas muy mal vistas con los liberales en general como mecanismos de discriminación positiva u otras discriminaciones legales. Cuando se decide dar ayudas a las madres solteras, por ejemplo, la razón no es que se sean madres y estén solteras; es porque ser madre soltera es un buen indicador de la pobreza. Algo similar ocurre con la zona donde uno vive, la renta de los padres de uno, etc,…
El segundo mecanismo son los de tipo “autoselectivo” (self-targeting). En este caso, lo que verificamos no es un indicador, sino que diseñamos un mecanismo tal que sólo los pobres se apunten/se beneficien del programa de redistribución (los economistas llamamos a esto un “equilibrios separador” porque separa a los dos tipos de personas). ¿Como es esto posible? ¿No habíamos dicho que no podemos observarlo? Bueno, nosotros no, pero el pobre y el rico sí saben si son pobres o ricos.
Un primer tipo son los mecanismos condicionales. La idea es que hacemos a la persona hacer algo desagradable a cambio de darle el dinero. Ese algo tiene que ser suficientemente desagradable para que la persona no lo hiciera a menos que realmente lo necesitara. Un ejemplo son los programas de desempleo de subsidio condicionado a hacer un trabajo “ayudado”. En esta situación, el parado no participará en el programa a menos que realmente lo necesite y el que pueda encontrar trabajo lo aceptara. Versiones más lugubres existen como las explicaba egócrata el otro día (como entrevistas humillantes, etc….) y tienen problemas aparejados como la estigmatización de la gente pobre, y otros problemas.
Un tipo de mecanismo autoselectivo distinto son los subsidios de precios. Si suponemos que existe un bien consumido sólo por gente pobre, por toda la gente pobre y al que la gente rica no se apuntaría, una buena forma de redistribuir renta es subvencionando ese producto. Obviamente, esto crea distorsiones en el mercado (hace que un bien aparezca como menos escaso de lo que es realmente) y en general es muy dificil de implementar, pero existe una razón teórica para ello. Debe tratarse de bienes inferiores (los que disminuye su consumo cuando aumenta la renta), de hecho, muy inferiores: un ejemplo es el pan negro.
De forma más general, los subisidios de precios nos da una pista de por qué el sector público debe producir o subvencionar determinados servicios públicos y no otros. Por ejemplo, pensad en los cursos contra el analfabetismo o en la atención sanitaria derivada de los accidentes de trabajo; es algo muy correlacionado con la pobreza y por tanto que el estado lo subvencione o lo produzca es muy progresivo. Algo muy distinto ocurre sin embargo con cosas como la compra de la vivienda (las deducciones fiscales) o la educación superior. La gente que compra casas o va a la universidad no es la gente pobre. El efecto de este tipo de políticas es por tanto regresivo en general siempre que no se discrimine entre ricos y pobres. De nuevo, tenemos “Estado de Bienestar para ricos”.
Si os interesa saber más; es una copia de las paginas 217-18 de este libro
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Domingo, Febrero 8th, 2009
Todos los que tenemos algo de socialdemócratas y por tanto de prejuicios positivos a favor del Estado de Bienestar estamos acostumbrados a escuchar argumentos con mas o menos fundamento sobre lo horrible que es redistribuir renta desde el punto de vista económicos. Desde los argumentos basados en el azar moral, en la (falaz) eficiencia de los mercados competitivos hasta argumentos relacionados con los grupos de presión, o la ineficiencia congénita del Estado haciendo casi cualquier cosa que no sea proteger al propiedad privada.
Aunque algunos de estos argumentos tienen -ocasionalmente- algo de sentido económico, en general los Chicago Boys (Huerta Boys en versión patria) de todas las naciones se olvidan de que existe también una batería de argumentos a favor del Estado de Bienestar, todos ellos esencialmente correctos y bastante ortodoxos desde el punto de vista de la economía política. Aprovecho para señalar a los que creen qeu los economistas ortodoxos comemos niños proletarios, que no, no es cierto. Hoy hojeando uno de mis libros favoritos he encontrado una lista de ellos, que voy a completar con alguna aportación mía.
1. La justicia social se trata del argumento más popular a favor del Estado de bienestar, así que seré breve. El modelo económico más ortodoxo que tenemos nos dice que el resultado distributivo de una economía de mercado depende de la renta de los individuos. En otras palabras; lo que uno termina teniendo después de comerciar con la demás gente, depende de lo que uno tenía al principio y por tanto existen muchas posibilidades finales. Si uno cree en alguna teoría de la justicia social basada en el mérito, existe un argumento poderoso para redistribuir renta.
2. Teoría del seguro. He escrito sobre el tema antes (I y II ) así que no voy a a extenderme demasiado, os remito a los post en concreto. Muy rápido; los mercados de seguros -dónde se gestiona el riesgo- tienen fallos a puñados así que el sector público puede usar su capacidad de hacer la pertenencia obligatoria para evitar problemas de selección adversa y usar su músculo financiero para asegurar el riesgo sistémico- el riesgo que afecta a todo el mundo al mismo tiempo. Lo dicho, echadle un vistazo al paper de NIcholas Barr. Y si os animáis, el libro de Robert Shiller dice algo bastante parecido.
3. La defensa nacional: esta justificación me ha hecho gracia encontrarla en el libro de Przeworski. El tipo explica que históricamente tuvo mucha importancia, especialmente en Suecia dónde los arquitectos del Estado de Bienestar (como Gunnar Myrdal) lo esgrimían a menudo. La idea es que el Estado debe cuidar de los pobres para mantener gente joven saludable para poder luchar en las guerras. Lo cierto es que el argumento ya no tiene demasiada actualidad, pero si yo creyera en alguna versión del fin de occidente o la segunda guerra fría no me parecería tan absurdo.
4. Seguridad pública/estabilidad política: existe bastante evidencia empírica de que las sociedades donde la pobreza es reducida, son sociedades dónde el Estado puede ahorrarse dinero “garantizando los derechos de propiedad”, es decir, hay menos delicuencia. Otra variante, es que las sociedades dónde la distribución de la renta es más igualitaria tienen sistemas políticos más estables y el riesgo político es por tanto menor, algo fundamental desde el punto de vista del desarrollo del país.
5. Eficiencia económica/inversión en capital humano: Przeworski indice que existe bastante evidencia de que si los subsidios están bien diseñados, pueden aumentar la eficiencia económica. En el mundo hay alreadedor de mil millones de personas que come los suficiente para sobrevivir pero no para empezar a trabajar. Un subsidio para la nutrición- muy pequeño, 45 céntimos al día- podría ponerlos a trabajar. Cita además un trabajo de Fogel que estima que el 30% del crecimiento de gran bretaña desde la revolución industrial se debio a una mejor nutrición. Una variante de este argumento aplicable a los países ricos es el caso de la inversión en capital humano. La teoría del crecimiento nos dice que el principal determinante del crecimiento de un país es la acumulación de capital, y entre estos ocupa una parte muy importante el capital humano- que la gente esté bien educada. A su vez, el valor de las habilidades de cada trabajador tiene externalidades de red- un trabajador bien formado produce más si está con otros trabajadores bien formados. En este sentido, existe un argumento, no sólo para subvencionar la educación pública, sino en general para mejorar la igualdad de un país- si suponemos que la productividad está relacionada con el nivel de renta. Otra variante del argumento tiene que ver con las políticas de integración de inmigrantes; cuando se producen ghettos y mala integración, a menudo por razones relacionadas con la pobreza, eso hace que la productividad de esos trabajadores en relación con la economía sea de hecho negativa- si eso da lugar a conflictos sociales por ejemplo. Una forma de aprovechar al máximo los beneficios económicos de la inmigración es con un estado del bienestar fuerte- bien diseñado, claro.
6. Estabilización macroeconómica: Richard Musgrave, el padre de la Hacienda Pública moderna, citaba entre las tres funciones del sector público la de la estabilización macro. Las recesiones ocurre normalmente porque hay una demanda insuficiente- se produce más de lo qeu la gente está dispuesta comprar, eso lleva a despidos que hace que la gente pueda comprar aún menos, etc,… y desde Keynes sabemos qeu una de las formas de remediarlo es con gasto público. El estado de Bienestar actúa como un estabilizador automático; hace transferencias de la gente que tiene más dinero- y que gasta marginalmente una parte de su renta menor- a gente que puede consumir más porque necesita más el dinero- los parados por ejemplo.
7 La apertura al comercio internacional/liberalización: La historia es como sigue; los países más abiertos son también los que tienen un estado de Bienestar más amplio- esto es un hecho. Esto sugiere que debe haber alguna relación entre tener una sociedad más libre económicamente y una sociedad más igualitaria. La interpretación es que, el libre comercio -y en general las liberalizaciones- tienen ganadores y perdedores. En una democracia uno toma las decisiones tomando en cuenta las opiniones de todo el mundo y por tanto también de los perdedores. El resultado es que el Estado del bienestar es una condición (política) necesaria para mantener una sociedad suficientemente abierta y liberalizada económicamente. Como la liberalización es algo económicamente positivo, el Estado de bienestar está justificado Está relacionado con el argumento de la estabilidad política, pero no es la misma.
Ninguno de estos argumentos es suficiente por sí mismo a la hora de justificar poner impuestos y hacer transferencias, pero desde luego son aspectos a poner en la balanza a la hora de decidir.
Actualización, al final salieron 7
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Viernes, Enero 16th, 2009
Después de los dos artículos anteriores sobre teoría del seguro, podemos por fin responder a la pregunta de Jesús (¿sería viable privatizar el seguro de desempleo como privatizamos otros seguros?)y de paso podemos enlazar con la serie sobre el mercado laboral (I y II.)
¿Por qué es público el seguro de desempleo? ¿No sería mejor privatizarlo, al menos parcialmente, como se ha hecho con otros seguros? Cuando hablo de privatización, ojo, no hablo automáticamente de privatizar la financiación. El seguro podría estar cubierto por el estado y ser provisto por distintas aseguradoras como ocurre por ejemplo con Muface; las empresas compiten, los consumidores eligen, el Estado paga.No obstante, no creo qeu ninguna de estas idea sea una buena idea. Aunque aquí voy a hacer el análisis para el seguro de desempleo, os invito a pensar algo parecido para la sanidad o las pensiones.
En primer lugar, recordad del post anterior que las probabilidades de que el riesgo se realice, deben ser independientes de un individuo a otro, no puede tratarse de un riesgo sistémico. El riesgo de desempleo es esencialmente un riesgo sistémico porque varía fuertemente con el ciclo económico y los ciclos económicos pueden llegar a durar décadas La seguridad social experimenta periodos de déficit y de superavit y esos periodos pueden llegar a ser muy largos. Lo que diferencia al sector público como institución financiera es que la gente sabe que el riesgo de insolvencia es bastante remoto y que su personalidad jurídica es eterna de forma que los periodos de déficit se pueden financiar con relativa facilidad. Esta es probablemente la razón más importante para que el seguro de desempleo deba ser público.
En segundo lugar, la probabilidad debe ser conocida. Esto está en conexión con lo anterior; los ciclos económicos son relativamente impredecibles, de forma que la probabilidad es relativamente dificil de predecir. No se trata sólo de riesgo, es un problema de incertidumbre. De nuevo, el músculo financiero del sector público es mucho más potente que el de las aseguradoras privadas y puede resistir largos periodos de deficit sin quebrar.
De forma colateral, el Estado no necesita discriminar entre riesgos. Dijimos que las empresas privadas debían acumular información para conseguir calcular esa probabilidad individual con más exactitud. Sin embargo, el Estado puede proveer seguros sin calcular la probabilidad individual de cada individuo; asume todos los costes y ya está, sin preocuparse de quién lo soporta exactamente, se limita a cobrar impuestos/contribuciones. Egócrata lo comentaba para la sanidad:El sistema público, sin embargo, no tiene este problema de costes de información, ya que no discrimina. Sabe que acaba pagando por todos los tratamientos, así que no pierde tiempo en seleccionarlos. (de nuevo, su artículo es mucho mejor que este, así que leedlo).
Esto último hace que, además, el seguro de desempleo sea una forma fantástica de redistribuir renta. Redistribuye de los riesgos buenos -la gente con poca probabilidad de ir al paro como los funcionarios y la gente con mucha formación- a los riesgos malos -la gente con mucha probabilidad de ir al paro que normalmente es pobre. Sin embargo, este papel es accesorio, la principal razón para tener un seguro público es que es más eficiente. (nota; esto es lo que se llama el teorema Atkinson-Stiglitz que viene a decir que cuando resolvemas un problema de eficiencia podemos aprovechar para resolver otro de distribución).
En tercer lugar, recordad lo que decíamos de la selección adversa. Si asegurarse fuera voluntario, sólo la gente que necesitara un seguro- los que tuvieran más probabilidad de ir al paro- demandarían ese seguro y eso a su vez aumentaría la probabilidad media y el precio del seguro de forma que en última instancia el seguro desaparecería. El Estado tiene una ventaja decisiva; cotizar a la seguridad social es obligatorio, no voluntario. Por supuesto, esto significa que hay gente que “sobrecontribuye”- la gente con un riesgo de ir al paro inferior a la media- pero al menos el mercado existe y no desaparece.
Por último, está el aspecto del riesgo moral. ¿Es el paro un riesgo exógeno (que no depende del individuo) o endógeno? Esto era lo que discutía en los posts sobre el seguro de desempleo (I y II). La respuesta unánime es que probablemente no sea ni un riesgo exógeno ni endógeno al cien por cien. No obstante, los economista clásicos tienden a pensar que el paro es esencialmente voluntario; si uno no encuentra trabajo es porque no está dispuesto a aceptar un salario más bajo, el que marca el mercado y es eficiente. Los economistas keynesianos somos relativamente escépticos respecto a este resultado y señalamos que las recesiones ocurren por una caída de la demanda agregada y hay una cantidad de evidencia empírica y teórica (las nuevas teorías del mercado de trabajo) que respalda este punto de vista; el desempleo es, al menos parcialmente, un riesgo exógeno y por ello debe existir alguna forma de seguro.
Cuando metemos el aspecto macro, vemos que hay una razón adicional para tener seguro de desmpleo. El seguro de desempleo es lo qeu llamamos un “estabilizador automático”. Las recesiones-entre otras razones- ocurren porque la demanda de productos es insuficiente para cubrir toda la oferta- la gente no está dispuesta a comprar todo lo que se produce y eso hace qeu cada vez se produzca menos, qeu la gente tenga menos dinero y la gente quiera comprar menos lo cuál lleva a producir menos y así sucesivamente. Que la gente no vea su renta disminuir violentamente es una forma de cortar ese bucle de no gasto, no producción, no empleo, no renta no gasto. Si la gente pudiera asegurarse voluntariamente, el riesgo lo soportaría él, pero si mucha gente toma la misma decisión, el efecto afectará a todo el mundo- creando una recesión.
En definitiva, existen razones poderosas (las tres últimas) para que el seguro de desempleo esté fuertemente regulado -sea obligatorio, no voluntario- y existen también razones poderosas- las dos primeras- para que el seguro de desempleo sea gestionado de forma pública. Si las empresas privadas lo gestionaran, las veríamos quebrar periódicamente y el Estado las nacionalizaría también periódicamente para evitar que quebrar así que es en definitiva mejor que esté gestionado de forma pública.
Actualización: Rallo ha contestado al post.
Por cierto, esta serie de posts es un plagio descarado de este libro.Nicholar Barr es un tipo fantástico; he colgado un paper en la sección de paper que lo explica mejor que yo.
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Jueves, Enero 15th, 2009
En el post anterior decía que para que haya un mercado de seguros, lo único que necesitamos es gente dispuesta a pagar la fracción de su renta igual a la probabilidad de que le ocurra una desgracia multiplicada por el coste de esa desgracia. Sin embargo, resulta curioso uno querría pagar esa cantidad- como en el caso del desempleo o de “tener éxito en la vida”- pero no hay ninguna empresa de seguros que esté dispuesta a ofrecernos un seguro para esas cosas, y decía también que eso es extraño.
En realidad, no os he contado toda la verdad. Si el mercado de seguros fuera sólo eso, no tendríamos empresas de seguros, tendríamos una especie de cooperativa. ¿Por qué es esto así? La razón es que las condiciones bajo las cuáles el mercado de seguros es eficiente son tremendamente restrictivas.
En primer lugar, hemos asumido que la probabilidad de que se realice el riesgo es conocida o estimable y por tanto se le puede cobrar a la persona una cantidad acorde con su probabilidad individual. Esta es la diferencia entre “riesgo” e “incertidumbre“; el riesgo es que algo, que no sabemos si ocurrirá, ocurre con una probabilidad determinada, mientras que en la incertidumbre ni siquiera conocemos la probabilidad. Si la probabilidad es desconocida, no hay ley de los grandes de números que valga y si la ley de los grandes números no juega la empresa de seguros quebrará cuando el riesgo ocurra con más frecuencia de lo que ella pensaba.
La razón por la que tenemos una industria de seguros es precisamente para esa: para procesar la información y estimar cuál es el riesgo exacto. La mejor empresa de seguros es la que es capaz de estimar mejor el riesgo y ofrecer primas más bajas. Si una empresa de seguros “descubre” que mi “riesgo” es en realidad menor del que se podría pensar, entonces podrá ofrecerme un seguro más barato.
En segundo lugar, las probabilidades entre los asegurados deben ser independientes. Esta es la diferencia entre el riesgo “individual” y “sistémico”. Para que el mercado de seguros funcione, debe haber una cantidad de “ganadores” (los que no sufren el riesgo y pagan cuota) y “perdedores” (los que sufren las desgracia y reciben la compensación) predecible en cada periodo de tiempo de forma que los pagos de los segundos se financien con las cuotas de los primeros. Sin embargo, si las cuotas son fijas -y son siempre fijas- y el número de perdedores aumenta en un periodo, la aseguradora se irá a la quiebra porque no podrá cubrir sus deudas con los asegurados.
En tercer lugar, los mercados de seguros tienen graves problemas de lo que los economistas llamamos “información asimétrica”. Los problemas de información asimétrica tienen dos versiones. Los primeros son los problemas de “selección adversa” (el artículo de egócrata es mucho mejor que este, leédlo) y tienen que ver con lo de la probabilidad conocida o estimable. En ocasiones, es posible que el asegurado sepa más sobre su riesgo que la aseguradora. Sepa por ejemplo que sus jefes están pensando en echarlo y por eso le interese asegurarse contra el paro o que su casa está construida con amianto y por eso le interese asegurarse contra el cáncer. El problema es entonces que la gente con probabilidad más alta, es la que más demanda los seguros. La aseguradora, típicamente, calculará la probabilidad media del grupo de gente, sin embargo, si los asegurados conocen su probabilidad con más exactitud todos los que tengan una probabilidad menor decidirán no asegurarse y eso hará aumentar la probabilidad media y por tanto el precio del seguro, lo cuál a su vez expulsará a los asegurados que no están dispuestos a pagar tanto porque su riesgo sea menor y eso hará que el precio suba de nuevo. En última instancia, el mercado desaparece.
El segundo tipo de problemas es lo que llamamos “azar moral” o “riesgo moral” del que hablabay la idea es que la probabilidad puede de hecho depender del asegurado y, especialmente,de si está asegurado. Si yo me aseguro contra el riesgo de desempleo, es probable que no ponga tanto esfuerzo en buscar empleo o que sea más exigente a la hora de aceptar uno. Si ni el médico ni el paciente pagan por los medicamentos, es poco probable que piensen en comprar los más baratos. El hecho de estar asegurado hace que la probabilidad de que el riesgo ocurra aumente. Esto explica, por ejemplo, que haya seguros de incendios, de salud o de accidente de tráfico- la gente cuida de su casa, de su salud o de su vida de todas formas y el riesgo es “exógeno”- pero no para, por ejemplo, el riesgo de quedarse embarazada o de que una empresa vea su demanda caer.
Todas estas imperfecciones hacen que, aunque la gente esté dispuesta a pagar por cubrirse de su riesgo la cantidad necesaria-el coste real- en realidad no existan mercados ni mecanismos para para esos riesgos. Esto es obviamente un “fallo de mercado”; una situación dónde el mercado no lleva a una situación eficiente. La teoría estándar de la hacienda pública nos dice que cuando hay un fallo de mercado hay un papel potencial para el sector público. Si el mercado falla a la hora de ofrecer seguros y de cubrir del riesgo, en principio, el Estado podría tomar esa tarea como propia siempre y cuando sea capaz de hacerlo mejor que el mercado. Si el estado fuera capaz de superar esos problemas, entonces el Estado sería más eficiente y sería mejor gestionarlo públicamente igual que ocurre con la policía o la defensa nacional. La pregunta que uno debe hacerse es: ¿Es capaz del estado de proveer seguros mejor que el sector privado? La respuesta es, como veremos, un SÍ con mayúsculas, al menos en el caso de algunos sectores y concretamente del seguro de desempleo.
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Miércoles, Enero 14th, 2009
Jesús planteaba el otro día una pregunta interesante ¿por qué es el seguro de desempleo público?. Aunque la respuesta parece evidente, no lo es en absoluto. En la sabiduría convencional, el estado de bienestar es una especie elaborada de caridad/justicia social; una forma de dar dinero a los que no tienen quitándoselo a los que sí tienen. Eso hace que las discusiones sobre el tema suelan girar en torno a un conjunto de concepciones moralistas donde se discute sobre el grado de culpa que tienen los pobres en ser pobres y cuanto merecen los ricos su dinero.Sin embargo, si el Estado de bienestar fuera sólo eso, sería mucho más pequeño y barato; podría ser de hecho gestionado mediante un ordenador que realizara transacciones en función del nivel de renta de cada para persona; ni la sanidad, ni la seguridad social, ni la educación deberían ser público: el Estado redistribuye y los individuos compran y venden en el mercado.
En este blog defendemos que el Estado, el sector público, no es una organización esencialmente distinta de una empresa, es sólo un mecanismo de asignación de recursos alternativo y debe existir un sentido económico para que exista una regulación estatal. En otras palabras, no estamos por ninguna razón de principio en contra de que el seguro de desempleo se privatice; las razones son sobre todo económicas. El sentido económico del Estado del bienestar es, en realidad, solo secundariamente el de redistribuir renta. Es, sobre todo, una gran empresa de seguros.
Todos nosotros afrontamos un conjunto de incertidumbres respecto al futuro relativamente molestas. A la hora de comprar una casa nos gustaría saber si vamos a estar en el mismo puesto dentro de 15 años para ajustar nuestro presupuesto. Todos preferimos tener un seguro médico que pague por nuestros gastos médicos que tener que pagar cuando nos ocurra una desgracia. Tanto, que estamos incluso dispuestos a pagar una cantidad determinada por un seguro que nos cubra esos gastos. Esta actitud se llama “aversión al riesgo”.
Como para prácticamente todo, para el riesgo también hay un mercado; se llama el mercado financiero. En principio, si yo pienso que podría ocurrirme algo malo, la idea intersante sería ahorrar para el momento en que eso me ocurra tener fondos disponibles. Sin embargo, hay una forma más eficiente de hacerlo; acudir a una empresa de seguros. El mercado de seguros funciona según lo que llamamos la “ley de los grandes números”. Según esta ley, mientras que la probabilidad de que un riesgo se realice para un individuo es muy dificil de calcular, para un grupo relativamente grande es bastante estable. El gasto en incendios de una ciudad es relativamente estable a lo largo del tiempo, sin embargo, el gasto en incendios que ocurren en la vida de una persona es mucho más inestable- lo normal es que uno solo viva uno a menos que sea bombero.
¿Cuál es la solución? La empresa de seguros reúne a un grupo de gente y les propone un contrato “sabemos que uno de vosotros sufrirá, por razones estadísticas, un incendio, pero no sabemos quién de forma que podemos pagar un fondo común que servirá para pagar el incendio en su momento”. Como la gente es “aversa al riesgo” lo normal es que la gente acepte. Así funciona el mercado de seguros; nos venden certidumbre a cambio de una cuota. ¿Cuál es el coste de esa cuota? Idealmente, será la probabilidad de que nos ocurre la desgracia multiplicada por el coste de la desgracia. Si somos 100 personas, y sabemos que una de nosotros deberá afrontar un coste de 1000 euros, la probabilidad de que nos ocurra será en principio de 1/100, si multiplicamos un 1/100 por 1000, tenemos 10 que es el coste “real” del seguro”.
Probablemente sospecháis que no es todo tan bonito. Por ejemplo, todo el mundo firmaría que su sueldo fuera relativamente estable a lo largo de su vida en lugar de fluctuar, y sin embargo no encontraremos una aseguradora que nos cubra contra el riesgo de que nuestro sueldo fluctúe. Algo similar ocurre con, por ejemplo, el desempleo. ¿por qué?
Para un economista, esto es intrigante; hay una demanda que no está cubierta, es decir, hay un fallo por el lado de la oferta. Algo importante es que no se debe al “coste” de producirlo. No es como cuando uno desea tener una casa pero no está dispuesto a pagar lo que cuesta construirla; para que el mercado de seguros funcione, lo único que necesitamos es un grupo de gente aversa al riesgo que esté dispuesta a pagar una fracción de su renta a cambio de tener seguridad. Sin embargo, esto no es así, nadie estará dispuesto a ofrecernos un seguro sobre, digamos, “tener éxito en la vida” y sin embargo, es probable que todo el mundo esté dispuesto a pagar una cantidad interesante para cubrirse del riesgo de un fracaso estrepitoso. ¿Por qué es esto así? Ya sabéis que tengo problemas de síntesis, así que responderé en el próximo post.
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