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Archive for the ‘Defensa de la economía neoclásica’ Category
Jueves, Abril 1st, 2010
En mi (corta) carrera de economista, sólo he construido, con éxito, un modelo formal. Fue escribiendo mi tesina. Intentaba demostrar que para una empresa que estuviera asentada como monopolista en un mercado resultaría ventajoso investigar y patentar innovaciones aún cuando no pretendiera utilizarlas y eso podría servir para mantener el monopolio. ¿Por qué? Por qué para la empresa asentada los beneficios extraordinarios en situación de monopolio serían mayores que los que obtendría una empresa que entrara en el mercado y compitiera. Por tanto, la empresa instalada estará dispuesta a gastar más dinero en mantener su monopolio que la entrante en robarle la mitad del mercado. Tristemente, descubrí un par de meses más tarde, que el modelo ya había sido inventado de una forma más sofisticada por Gilbert y Newbery unos veinte años antes.
Pero aparte de para presumir, tenéis que entender que, a pesar e ser un modelo simple hasta el extremo, para alguien que había elegido su carrera precisamente porque no había matemáticas ni economía y que había dejado los códigos de Derecho sólo seis meses antes, desarrollar aquélla, formalmente, suponía sudar bastante. Así me encontraba en la biblioteca moviendo incógnitas y ecuaciones en una hoja llena de funciones y coeficientes cuando pasó una compañera del Master -politóloga si mal no recuerdo- que me miró con cierto aire de entre superioridad, extrañeza y desprecio y me dijo “We are supposed to do social science” Cuando se lo conté a Kantor, me dijo que en aquél momento me debí sentir como el primer químico que dejó de intentar obtener oro estudiando la alquimia. Tenía razón.
De esto me he acordado leyendo este párrafo de la introducción de “Value and Capital” de Hicks. El libros es de no hace tanto tiempo, los años 30:
One often hears, particularly from those who are engaged in the study of these most intricate questions, a wish for some method of dealing at once of dealing at once with more than two of three variables. Simple problems of two or three variables can be dealt with, quite efficiently, by geometrical diagrams; but when the problems becomes more complex, the familiar geometrical method fails. What is to be done? The obvious answer is, “Have recourse to algebra”. But, quite apart from the fact that many economists are not very good at algebra, the sort of algebraic methods commonly employed, while they are of some use in setting out problems, are much less efficient as a means of argument than diagrams appear to be when diagrams can be used.
Y es que hasta hace no demasiado tiempo la economía no era demasiado distinta aparentemente de la historia o la literatura. Sin embargo, el libro de crecimiento económico que tengo junto a mi mano izquierda está plagado de ecuaciones diferenciales y de programas de control óptimo. Es sorprendente que un libro como el de Hicks se considerara “matemático” en aquél momento. Más interesante aún es este párrafo:
I must confes that, as I have worked with Mr Keynes’s book, I have been amazed at the way he manages without the use of any special apparatus, to cut through the tangle of difficulties that beset him, and to go straight for the really important things. He succeds in doing so just because he makes free use of his superb intuition and acute observation of the real world, in order to be able to discard the inessentials and go straight for the essential. Yet, this same power has its drawbacks and sets obstacles in the way of many readers. “Supposing” they cannot helps saying “supposing he is worng; supposing the one set of influences is more important than he thinks, and the other less important, would it not make a great deal of difference?” This kind of question deserves to be answered. It is indeed, particularly desirable for the reader to be able to separate out those things which are the fruit of pure logic, which he can thus be compelled to believe, from those things which are the fruit of Mr. Keynes’s own points of view on social question, where he may prefer to differ.
Mathematics -decía Adam Pzeworski- is a tool for the stupid. Uno puede tener fantásticas intuiciones y eso llevarle a hacer una economía fantástica. Y de hecho, cuando uno pone las cosas sobre el papel, con mates, todo cuadra. Pero a veces no. Y otras veces- y en el caso de Keynes es especialmente cierto- un texto puede ser de una gran inspiración y decir cosas interesantes, pero no estar muy claro de dónde salen o en que se apoyan de modo que después hay querellas interpretativas sobre lo que fulanito quiso decir realmente. Las matemáticas filtran eso; si yo deseo cargar contra tal o cuál modelo, sé exactamente lo que están intentando decirme y contra qué tengo que cargar. Las mates son difíciles, pero existe un método para aprenderlas. Cuando me quejo de que Alberto Garzón o Rallo hablan un idioma extraño, hablo exactamente de esto: sus argumentos no me resultan inteligibles y, como no hay ningún modelo con el que entenderlos, tengo la impresión de que lo que me piden es un acto de fe.
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Miércoles, Diciembre 16th, 2009
Since Paul Samuelson died recently there has been much talk about how he shaped modern economics and, his influence on most of the branches. As far as I have been able to read, the emphasis is usually put on mathematics and how he helped to make economics looking more like other hard sciences with its complex formal apparatus. My opinion is a bit different; I think Samuelson’s main contribution was to create a method of which mathematics was just one component and, maybe more importantly, he solved one of the most important methodological problems of our beloved dismal science: he created the theory of revealed preference. In this article I will try to sketch in a nontechnical way why it is so important and what are its consequences.
(more…)
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Jueves, Octubre 22nd, 2009
Desde dónde alcanza mi memoria he sido una persona despistada. Quiero decir, soy el tipo de persona que va por la calle buscando algo y pasa por delante sin darse cuenta, que busca un bolígrafo en la mesa y no se da cuenta de que está ahí o que va por la calle y, especialmente desde que soy alto, se choca con la gente. Cuando la gente me pregunta como he podido no ver algo, o como me ha pasado tal o cuál cosa suelo dar la explicación “es que soy muy despistado” y me han reprehendido varias veces por ser así de despistado y no prestar atención.
Hoy he ido al oftalmólogo a hacerme una serie de pruebas, entre las cuáles estaba un campo visual. La prueba del campo visual consiste en que lo ponen a uno delante de una pantalla dónde van saliendo puntos y tiene que apretar el botón cada vez que salgan los puntos. El objeto de la prueba es determinar cuanto abarca el campo visual en función de los puntos que uno localiza. El resultado ha sido que tengo una lesión en el campo visual respecto a lo que se considera “normal”; hay una zona a la derecha del ojo derecho y abajo a la izquierda del ojo izquierdo dónde no veo y la mayoría de la gente sí lo hace. El diagnóstico del médico ha sido, después de examinarme el ojo que se trata de un trastorno de origen neurológico, no ocular- el aparato con el que veo las cosas está bien, lo que está mal es el ordenador con el que lo computo.
Cuando venía para casa he pensado; vaya, tal vez por eso he pensado siempre que era despistado. En realidad, no era un problema de despiste, era un problema neurológico. La reflexión inmediata que me ha venido a la cabeza es que si el despiste existe debería ser en cualquier caso un fenómeno de tipo neurológico, de modo que no tiene sentido oponer problema neurológico a problema de ser despistado; soy despistado y punto. Pero, quid si hubiera sido, como decía el médico que podría haber sido, un problema de retina; ¿se podría decir que soy una persona despistada o simplemente que veo mal?
El friki que hay en mí se dio cuenta de que estaba ante un problema de filosofía de las ciencias cognitivas relativamente profundo. Uno de los problemas más importantes en filosofía de la ciencia es el problema del reduccionismo. En el sueño húmedo de un positivista como yo, todas las ramas del saber podrían reducirse a un nivel inferior. Como explicaba Kantor: “En principio siempre hay una vía reduccionista para afrontar cualquier fenómeno. En principio es posible entender el cerebro a base de agregar neuronas, y la neuronas a base de agregar metabolitos. En última instancia bastaría integrar todas las ecuaciones del movimiento de todas las partículas del cerebro para explicar todo cuanto hace un ser humano.”
El problema es, sin embargo, que no siempre se puede. Recordad lo que os contaba del médico; el problema podía tener un origen neurológico o fisiológico. En general, ser despistado no es fenómeno homogéneo, con una misma causa, a nivel biológico y por tanto no es posible “reducirlo”- digamos encontrar la neurona o el gen exacto dónde existe el despiste. Y este problema, es algo que afecta a muchas cosas. Por ejemplo, las creencias o los deseos no son un fenómeno neurológicamente homogéneo. Cuando nosotros explicamos algo diciendo “Luis quiere tal cosa, cree que puede lograrla de esta forma por eso hace ésto” estamos empleando esos términos, igual que cuando yo digo “es que soy despistado”.
Churchland explicaba en este librito que existen distintas actitudes respecto a este problema, pero las voy a reducir a básicamente dos. Una de ellas es la de simplemente negar que el fenómeno tenga relevancia científica y que el objetivo de la ciencia es intentar superar conceptos precientíficos con los que nosotros funcionamos. Es el llamado “materialismo eliminativo”. La idea es que, al fin y al cabo, antiguamente la gente también consideraba que determinadas personas eran brujas y explicaban con ese concepto su comportamiento, pero hoy nadie considera que la teoría de la posesión demoníaca sea algo relevante. El proyecto de los Churchland ha sido ir más allá de los conceptos convencionales e intentar explorar las bases biológicas y neurológicas del problema; y si resulta que no se trata de un problema, sino de varios, dejamos de hablar de “despistado” y lo sustituimos por “trastorno de origen neurológico en el campo visual”. Cuando algo no se puede reducir, entonces se elimina- de ahí el nombre.
La segunda actitud es la que podemos llamar conductista/funcionalista (sé que no es lo mismo, pero la postura es similar). Volviendo al caso del despiste, el conductista sostiene que lo realmente importante para ser despistado es actuar de forma despistada. Si yo me choco sin querer con la gente soy despistado, punto. Lo que ocurra dentro de la mente de la gente es irrelevante, lo importante es que ante un mismo fenómeno la reacción sea similar. El funcionalismo es por tanto una visión anti-reduccionista; sugiere que un mismo fenómeno puede tener muchos orígenes, pero continúa siendo el mismo fenómeno y debe estudiarse de forma similar. Lo que le interesa al funcionalista es que cuando yo voy por la calle es más probable que me choque con alguien que otra persona o me salte un semáforo.
El hecho de que yo soy despistado es un hecho perfectamente objetivo y, de hecho, es así como el resto de la gente lo percibirá. Mi padre no razonará “tiene alteración en el campo visual y por eso se saltará el semáforo” sino “es despistado”; mi alteración en el campo visual es imperceptible, lo único perceptible es mi comportamiento.
Esto es lo que intentaba explicarle a Kantor cuando hablábamos del problema de las funciones de utilidad en economía. Una función de utilidad es un concepto puramente funcionalista/conductual. Cuando los economistas utilizamos funciones de utilidad, no estamos suponiendo que existe un órgano interno que absorbe utilidad; ni siquiera que la gente experimenta “placer” o lo busca con sus acciones. Cuando decimos “el agente A maximiza la función de utilidad f” sólo decimos que actúa de acuerdo con ese comportamiento, aún cuando la “utilidad” sea algo inexistente.
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Lunes, Octubre 19th, 2009
La crisis actual ha llevado a un montón de gente a cuestionar la idea de que la economía que hacemos los economista fuera algo científicamente fundado. Entre los entusiasta habituales encontramos no sólo a periodistas, economistas radicales, austroeconomistas y demás abogados del uso del uso del chamanismo en economía, sino también a gente reputada y teóricamente informada.
Mi opinión, como sabréis, es sustancialmente distinta. Lo decía el otro día en un comentario en crookedtimber: para alguien que haya estado atento a los desarrollos de la economía de la información, la economía behaviourista, las Nueva economía financiera institucional, la literatura sobre crisis financieras y monetarias y demás desarrollos importantes de los últimos quince años, la crísis no tiene nada de “inexplicable”; lo que ha fallado ha sido la aplicación de los modelos, pero los modelos y las herramientas estaban ahí.Los papers que lo explican no son nuevos; llevan al menos diez años publicados.
Pues bien, curioseando por ahí he llegado a varios posts de gente importante que sostienen, básicamente, la misma opinión. Eric Maskin, premio Nobel de economía en 2007 por la teoría del diseño de mecanismos presenta en una entrevista una serie de papers sobre liquidez, finanzas y crisis financieras que resuelven los supuestos “enigmas”. Lo cierto es que el enfoque es bastante accesible y muy pedagógica (toda la jerga está explicita) dónde explica el esqueleto teórico que está detrás de las intervenciones que han tenido lugar; qué es un pánico bancario; como debe estar regulado el sistema financiero. Os invito a que le echéis un vistazo, por un coste relativamente bajo, podéis tener una idea bastante precisa de por qué Kantor se equivoca cuando dice que los economistas neoclásicos no tenemos una teoría bancaria.
El segundo artículo es de Gilles Saint Paul que ofrece una defensa de la teoría económica tal como la conocemos. Al igual que Maskin, sugiere que los economistas teníamos las herramientas adecuadas, que una crisis es intrínsecamente muy difícil de predecir y que si los agentes fueron incapaces de gestionar el riesgo correctamente fue tal vez porque no habían prestado suficiente atención a la literatura económica sobre el tema. Asimismo, Saint Paul ofrece una defensa del uso de las matemáticas en economía. Os recomiendo vivamente que leais ambos para que veais que no me lo invento.
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Martes, Septiembre 8th, 2009
Decíamos en el post anterior que los modelos económicos son sobre todo una forma de resumir algo relativamente complejo en unas cuantas variables para aislar los mecanismos causales y ese resumen implica realizar simplificaciones. Concretamente, los economistas hemos pensado que, en general, es más útil concentrarse en la situación final después de que todo el proceso haya tenido tiempo. Eso es lo que llamamos un “equilibrio”: una situación dónde las fuerzas que hacen que la situación que estábamos describiendo se hayan cancelado las unas a las otras. El análisis de equilibrio –o estático comparativo- tiene ventajas en la medida en que permite ahorrarse los detalles del proceso y comparar, con instrumentos matemáticos, las distintas “photo – finísh” variando las condiciones de partida, suponiendo que lo que ocurre entre media simplemente “ocurre”. Además de ser fácil de modelizar, es significativamente sencillo, también genera predicciones que se pueden generalizar, estemos hablando de patatas, caballos o coches de carreras.
Eso no significa que lo que ocurra entre medias no nos parezca importante, que asumimos simplemente ocurre y no observamos esa dimensión en esta parte del análisis; sólo el resultado final. Pensad en ello como ver la clasificación de una liga de fútbol. Para ver quién ha ido ganando un puede ver el proceso en su detalle –todos los partidos de fútbol- o sólo focalizarse en los fichajes del principio de la temporada y en la clasificación del final y entender que el equipo que gana la vida es el que ha ganado más partidos y jugado mejor.
Para víncular el resultado final- el equilibrio- con las condiciones iniciales, cuando hablamos de un mercado, suponemos que media un proceso similar al de la subasta de más arriba que lleva, de forma más o menos automático al equilibrio, aún cuando sabemos que esto no ha sido exactamente así. El primero en formularlo fue Leon Walras que hablaba de un mecanismo de “tanteo” (tatonnement) de prueba y error que replicaría el mecanismo de un subastador.
A pesar de su evidente superioridad sobre todas las alternativas que preconizan sus críticos que normalmente suelen pertenecer a alguna rama de la psicomagia o la literatura, el análisis de equilibrio basado en el mecanismo competitivo ha ejercido sobre la teoría económica un efecto acaparador. Me refiero aquí a que, por un lado, no han existido esfuerzos fructíferos por entender cómo es el proceso intermedio, por otro, una parte importante de la profesión económico parece haber ignorado las limitaciones del análisis de equilibrio y haber creído realmente que el mecanismo intermedio es una subasta y finalmente, no han tenido en cuenta como afectan las transacciones que se realizan fuera del precio de equilibrio y si impiden que se llegue al equilibrio final.
Así, existe toda una parte de la Nueva Macroeconomía clásica que trabaja con la hipótesis de “equilibrio continuo” de los mercados y en general haciendo como si las simplificaciones fueran más que eso, fueran de hecho la realidad, ignorando que las condiciones bajo las cuáles se cumple son en realidad muy restrictiva y el resto del tiempo sólo tenemos aproximaciones más o menos precisas. A nivel menos fuerte, muchos economistas han (o hemos) pensado que el hecho de que se llegue a un equilibrio de tipo competitivo, similar al de una subasta, es algo que ocurre siempre en el largo plazo. Es posible que a corto plazo la gente cometa errores y compre la lata de atún más cara; pero a largo plazo, rectificará comprando la barata.
Aunque estas hipótesis están en ocasiones justificadas, lo que no está justificado en ningún caso es no ser consciente de que uno está metiendo en una caja negra un proceso que no analizamos y simplemente suponemos que “ocurre” de una forma similar a una subasta y pensar que realmente se trata de una subasta, igual que la de la lonja. Este tipo de abuso con el mecanismo competitivo, como algo más que una metáfora, ha llevado a muchos economistas, no sólo a hacer mala economía, sino también a dar munición a los críticos de la economía neoclásica pmara tirar el bebé con el agua del baño.
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Miércoles, Agosto 26th, 2009
El debate que abrí algunos posts atrás y que luego seguí con otro se ha prolongado bastante en una mezcla de guerrilla de datos regada con epistemología entre kantor por un lado y Jose y yo por otro. En este post quiero intentar organizar el debate por puntos e intentar dar un feedback. (dado que Jose y yo tenemos posiciones similares, lo presentaré como oposición entre kantor y yo como si la posición de josé y la mía fuera la misma aunque obviamente sólo me la atribuyo a mí)
A nivel epistemológico creo que los tres, y ninguno lo cuestiona, estamos de acuerdo en qeu una teoría debe estar orientada empíricamente- es decir, ser falsable, o progresiva o como queramos llamarlo. Que una teoría no se cumpla en un caso no es una razón para descartarla si tiene un buen “record” predictivo, y que se cumpla en otro caso caso tampoco es motivo para adoptarla. bla bla bla; todos hemos leído lo que decían Lakatos, Popper y Kuhn. Descartar el empirismo no es un opción, pero adoptar un empirismo ingenuo tampoco. Propongo cerrar el debate en este punto.
La divergencia reside en lo que uno considera como empíricamente contrastable. Kantor piensa que cuando uno trata con sistema complejos, los estándares de la física son demasiado exigentes. Personalmente, estoy bastante de acuerdo con él, por eso creo (más luego) que en ciencias sociales lo que uno considera empíricamente contrastado debe ser más o menos flexible ya que un mal conjunto de datos que te arruinen una buena teoría es mejor que una teoría sin ningún tipo de dato; él en cambio considera que eso es una razón para no fiarse demasiado de las contrastaciones empíricas que se llevan a cabo en economía, o al menos no darles la misma importancia que se le dan en otras ciencias.
En el caso concreto de la economía, tenemos divergencias más fuertes. Él cree que la investigación empírica debe estar guiada por la teoría y el caso de Card y Krueger que mencionaba en el post anterior que se limita a mostrar que el empleo no baja cuando el salario mínimo aumenta, sino que deben explicar como y por qué. En el caso concreto de la comida rápida, esto es tanto más incoherente que con lo que sabemos, teóricamente de los mercados, porque la demanda de trabajo está muy fragmentada. Señala además el carácter anecdóctico y ad hoc del caso y cuestiona que sea un fenómeno general. Yo he apuntado que no es necesario que haya concentración, y que existen mecanismos teóricos que permiten racionalizar el resultado que además encajan con el funcionamiento general del mercado laboral (más luego). Especialmente, pienso que no existe ninguna razón a priori para suponer que un modelo se aplica (el modelo competitivo) y el hecho de que tengamos anomalías y que el modelo de monopsonio sea capaz de explicarlas y de englobar las predicciones del modelo competitivo lo hace una teoría más general y es una razón para adoptarlo como “benchmark”.
En general, creo que nos separa cierta concepción epistemológica en cuanto a la importancia de los microfundamentos. Yo pienso que los modelos son estilizaciones que permiten hacer predicciones y que sus fundamentos teóricos pueden ser poco realista, pero lo realmente importante es que tengamos un modelo que realice predicciones. No creo que exista una escalera reduccionista que nos haga pasar de de la macro a la micro, a la psicología individual, a las neurociencias, ecología, biología, química, etc… sin negar las sinergias que pueden existir entre ramas. Pienso que los economistas- casi todos los científicos- tratamos con propiedades emergentes, generalmente mal microfundamentadas, pero que son útiles porque modelizan correctamente patrones reales que observamos, aunque esos patrones sean emergentes. Kantor piensa que lo que hizo adoptar la física moderna fue su potencia teórica más que la adecuación empírica y que por tanto uno debe ser escéptico respecto a las anomalías empíricas. Kantor piensa que el precio a pagar por mi punto de vista en economía fue la estanflación de los 70 dónde se tomaron en serio la curva de Philips; yo creo que el precio a pagar por la concepción de Kantor es la irrelevancia práctica de la nueva macroeconomía clásica (más luego). Robert Lucas y Thomas Sargent estarían con Kantor, Milton Friedman y Paul Samuelson conmigo.
A nivel del tema del mercado de trabajo. Kantor ha cuestionado la relevancia, el método, y la significatividad de los resultados del paper de Card y Krueger. Yo soy bastante oficialista en cuanto a los resultados empíricos -me creo lo que viene en las instituciones internacionales y en los manuales de editoriales prestigiosas- porque mi formación en métodos cuantitativos es sólo un poco mejor que la que recibí en párvulos. No entraré por tanto en el debate en cuestión.
José y yo pensamos que la razón para tomarse en serio la hipótesis del monopsonio en el mercado del fast food es que esa es la situación general en el mercado de trabajo y no hay ninguna razón para considerarlo una anomalía o algo “ad hoc”. ¿Por qué? Porque las predicciones del modelo competitivo son más estrechas que las del monopsonístico - es decir, siempre qeu se el modelo competitivo haga una prediccion acertada el monopsonístico también estaría haciéndola, pero no necesariamente al revés. El modelo de monopsonio explica cosas como la dispersión salarial (porque empleados iguales cobran distinto) la brecha salarial entre géneros, o por qué los empleadores gastan dinero en capital humano del que no se pueden apropiar.
Kantor ha señalado que para que exista poder de monopsonio debe haber concentración y que en el caso de la comida rápida y la mano de obra poco cualificada -el salario mínimo- la concentración es mínima: el número de empleadores “pujando” por los trabajadores es máximo porque los trabajadores no son específicos. El monopsonio puede existir sólo cuando la mano de obra es muy específica para un sector. Yo he señalado que esto no es necesariamente así; es suficiente con que existan costes de información y búsqueda (de forma que cambiar de trabajo sea costoso para el trabajador y no instantáneo) o que los trabajos estén diferenciados. Kantor ha dicho que escribirá sobre el tema.
Ahora, un par de apuntes en el margen. El debate entre Kantor y José ha derivado en una serie de ejemplos sobre historia de la ciencia dónde kantor se esfuerza por mostrar la importancia de tener una buena teoría y José le lleva la contraria diciendo que esas teorías son buenas porque hacen buenas predicciones. Como lo más científico que yo he hecho es economía, vamos a contar como ha sido la historia de la economía y ver de parte de quién está la historia.
La economía ortodoxa actual es el fruto de dos revoluciones: la revolución marginalista qeu dio lugar al análisis microeconómico y la revolución keynesiana que dio lugar a la macro (simplifico, claro) que cuajaron un consenso en la posguerra que se llamó “síntesis neoclásica”. De estas dos disciplinas, la más orientada empíricamente era la macro, en buena medida porque de las únicas fuentes estadísticas de las que se disponía era de la contabilidad nacional. Durante casi 30 años, los economistas keynesianos (neoclásicos) aplicaron modelos estadísticos respaldados por estilizaciones teóricas, a menudo un tanto abruptas. Sin embargo, resulta que esas estilizaciones funcionaban: la curva de philips era y es el ABC para hacer política monetaria, y el Modelo Mundell Fleming es una explicación simple, manejable y razonable de como funciona una economía abierta a corto plazo. Y lo cierto es que durante ese tiempo los ciclos prácticamente desaparecieron del mapa hasta el punto de que muchos pensaban que habían “domado” el ciclo económico. Los resultados fueron, por tanto, espectaculares.
En algún momento a mediados de los 60, comenzó a crecer una tendencia intelectual que subrayaba el hecho de que había una contradicción fundamental entre el análisis micro y el macro; entre el equilibrio general dónde los mercados se vacían y todo se ajusta y el modelo de precios rígidos dónde hay paro involuntario. En jerga económica, se decía que el modelo macro estándar no tenía “microfundamentos”. Esta tendencia cuajó primero en el “monetarismo” que era una forma de keynesianismo liberal y después en la Nueva macro clásica. La idea de los microfundamentos teóricos es que uno no puede tomarse en serio un modelo solo porque haga predicciones buenas si se apoya en hipótesis que parecen implausibles teóricamente. En el periodo que va desde principios de los 70 hasta mediados o finales de los 80, los departamentos de macroeconomía se llenaron de economistas que miraban a los economistas keynesianos orientados hacia la práctica como el equivalente económico de la astrología, o, por ponerlo como Kantor, como físico Ptolomeicos, por hacer cosas que no conocían muy bien. El “rigor” teórico sustituyó en todos sitios la capacidad explicativa de las teorías.
¿Qué ocurrió durante ese tiempo? A a nivel práctico y a pesar de carecer de microfundamentos, los modelos teóricos antiguos siguieron usándose porque eran los únicos capaces de generar predicciones cuantitativas útiles. A nivel teórico, se probó que lo “devastador” de la revolución de las expectativas racionales estaba muy exagerado. Los supuestos que cuestionaban, por razones “teóricas” los economistas de la nueva macro clásica fueron justificados teóricamente siempre que uno relajara algunos supuestos de forma relativamente razonable. Hay un zillón de modelos que demuestran qeu los precios y salarios son rígidos, al menos a corto plazo, y eso crea paro involuntario. Si uno asume que los trabajadores tienen una ilusión monetaria, aunque sea leve -una hipótesis teórica que los macroeconomista clásicos desechaban como supersticiosa- la curva de Philips es algo sólidamente fundado y en esos casos existe un tradeoff permanente entre paro e inflación. Sabemos que cuando hay fricciones ni el tipo de interés ni la tasa de paro son “naturales”.
¿Cuál es la moraleja que uno saca? En mi opinión, lo que ha librado a los economistas de ser irrelevantes ha sido que hemos sido capaces de guardar nuestro contacto con la realidad y realizar predicciones interesantes. Hay muchas cosas que no podemos modelizar, a menudo porque no tenemos instrumentos matemáticos suficientes y uno necesita usar supuestos “ad hoc” que son una caja negra dónde uno pone nombre a cosas que no entiende. Como decía Paul Krugman los economistas hemos seguidos la ley de la menor resistencia matemática y eso ha limitado nuestra capacidad en muchos casos de ver cosas que no podíamos modelizar; pero esos supuestos ad hoc han sido el motor del progreso científico en economía en los últimos 70 años.
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Miércoles, Agosto 12th, 2009
El último post de kantor trata sobre la teoría laboral del valor como la entendían los economistas marxistas y como la entendió Marx. En general, el post dice cosas muy interesantes, pero hay un párrafo-el primero- en el que kantor, por haber abusado de las ilusiones cartesianas y de los economistas austriacos, no caracteriza correctamente lo que pensamos los economistas ortodoxos sobre el tema.
Si abrís un libro de microeconomía ortodoxa (Kreps, Varian, Mas Colell,…), no encontraréis nada que se parezca a “teoría del valor”. Es probable que ni siquiera buscando en el índice analítico. Encontraréis un capítulo sobre teoría del consumidor, luego otro sobre producción, costes, mercados en equilibrio parcial y finalmente otro sobre teoría del equilibrio general. ¿Por qué? Porque los economistas neoclásicos no tenemos una teoría científica del valor. Es posible que cuando lleguéis a los capítulos de economía del bienestar -la economía del bienestar es una disciplina normativa, no científica- encontréis alguna mención, pero nada más.
Explica por qué es lo que voy a hacer en este post. Aviso; la historia que voy a contar es mucho más lineal que la auténtica, pero lo qeu me interesa es el desarrollo de las ideas, no los detalles de la historia. La economía ortodoxa es el resultado de dos revoluciones; una ocurrió a finales del siglo XIX y otra en los años 30. Tradicionalmente, los economistas se guiaban por el lado de la oferta: el valor de un bien dependía de lo que costaba producirlo y ese valor debería corresponder con el precio. El problema es la paradoja del agua y los diamantes que presentó Adam Smith. Entonces llegó Jevons y desarrolló el principio del margen; el agua es más barata que los diamantes porque lo que cuenta no es el valor absoluto, sino el valor marginal- la utilidad marginal, la que aporta la última unidad del bien.
Para gente como Jevons, la idea era atractiva. Jeremy Bentham y Gossen habían desarrollado ideas sobre la existencia de “utilidad” y una forma de psicología hedonista que en aquél momento parecían atractivas- la psicología no existía!. Jevons creyó que era interesante basar su teoría del valor sobre la psicología benthamiana dónde la utilidad sería algo que existiría en el cerebro y que actuaría como una caja de resonancia -soñando con desarrollar un modelo de Bolas de billar a lo Hume. La utilidad sería algo cuantificable y medible que aumentaría con los bienes y disminuía con los males igual que la temperatura o cualquier otra magnitud. El programa tenía además su contraparte normativa: las cosas valen por lo qeu la gente las valora. El objetivo de la planificación social debería ser maximizar la felicidad de todos los agentes- el clásico programa utilitarista. Lo que me interesa apuntar es que inicialmente el utilitarismo “empírico” y el “normativo” estaban unido. Uno era una teoría psicológica de como actúan los individuos y otro una teoría moral del valor. Ambas configuraban una teoría del valor. Y los primeros economistas neoclásicos tenían las esperanza de que la psicología se desarrollaría para apoyar estas conclusiones.
El primer problema es, por supuesto, que la psicología no se desarrolló en este sentido; la psicología reveló al contrario que los seres humanos eran mucho más complejos, interna y externamente, y que no existía nada como un “órgano de la utilidad”. El segundo y más importante de funcionar con funciones de utilidad desde el punto de vista científico es que las funciones de utilidad no son observables. Decir que un agente hace tal o cuál cosa porque maximiza su utilidad haciéndolo no es algo que se pueda falsar.
La primera respuesta que hubo a este problema fue inspirada por Lionel Robbins- que, al igual que kantor, había abusado leyendo a los austriacos- y es basarlo en la introspeccion. La idea de que las cosas valen o dejan de valer, de que se realizan elecciones, de que ciertas cosas aportan más satisfacción, debería derivarse de la introspección, igual que el “cogito ergo sum”, pero aplicado a la economía, de forma apriorística. Una consecuencia de ésto fue la idea, terrible por haber servido a las ideologías más reaccionarias, de que no se podían hacer comparaciones interpersonales de utilidad. La utilidad es un hecho radicalmente subjetivo y sólo el que la experimenta puede saber qué es. La idea de maximizar la “utilidad social” era simplemente absurda.
Sin embargo, el essay de Lionel Robbins fue el último gran manifiesto a favor del apriorismo acientífico en economía. A lo largo del periodo de entreguerras hubo un conjunto de manifiestos metodológicos por parte de los economistas más importantes de aquél entonces para intentar librarse del “utilitarismo”; es decir, descartar los supuestos psicológicos de una doctrina social y científica en decadencia. Pareto inventó la economía del bienestar concibiendo un concepto de eficiencia como aprovechamiento de recursos éticamente muy poco exigente -aunque no neutro. Edgeworth inventó las curvas de indiferencia que eran una forma de expresar combinaciones de bienes que aportaban la misma utilidad.
La gran vuelta de tuerca fue aportada por Hicks y Allen primero y por Paul Samuelson después. Hicks y Allen que demostraron que la utilidad no necesitaba ser medible -cardinal- sino que únicamente era necesario que fuera posible “ordenar” distintas situaciones -utilidad ordinal. La dudosa proposición según la cuál la cantidad, intensidad, etc,… de la utilidad es medible era descartada como fundamento de la teoría del consumidor y reemplazada por la idea de utilidad ordinal. Así por ejemplo, la idea de “utilidad marginal” se podía reemplazar por “Relación marginal de sustitución” dónde lo que medimos no es la satisfacción de la última unidad de un bien, sino la cantidad de otro bien a la que se está dispuesto a renunciar. La utilidad no es el patrón común; lo son los precios.
No obstante, la contribución de Hicks todavía mantenía aspectos introspectivos como los que propone Kantor en su post enlazando a Wittgenstein. Fue Paul Samuelson quién ancló la teoría neoclásica contemporánea dentro de la corriente más científica contemporánea en ciencias cognitivas: el conductismo. Esa es la idea de “preferencia revelada”. El axioma de la preferencia revelada dice, básicamente, que si un agente elige algo cuando puede elegir otra cosa, ese individuo prefiere esa cosa a la otra. Pero esto no es una aseveración empírica es un axioma; es decir, no decimos que elija algo porque lo prefiere, decimos que lo prefiere porque lo elige. Samuelson define el concepto de preferencia como un concepto derivado del concepto de elección. No hay introspección en la definición de preferencia; sólo hay observación del comporamiento. Conductismo puro y duro.
El lector se pregunta, con razón, ¿qué utilidad científica tiene una teoría que es básicamente una tautología?. La utilidad reside en que si ese comportamiento es relativamente regular a lo largo del tiempo, es decir, si esa preferencia es consistente (transitiva, completa,…) podemos usar el comportamiento observado para hacer predicciones. Es decir, podemos construir nuestra función de utilidad a partir del comportamiento observado y extrapolarla para hacer predicciones. La definición (axiomática) de un agente económico es una entidad -no necesariamente humana- que cumple esos requisitos.
¿Como de comunes son las entidades que son agentes económicos ideales? Muy raras. Don Ross explica que la experimentación ha demostrado que el agente económico típico samuelsoniano sería un insecto. Los insectos tienen preferencias consistentes, completas transitivas, etc,… Los seres humanos no. Sin embargo, para que la teoría económica, como instrumento, sea útil para hacer predicciones, no necesitamos que las entidades con que tratamos sean agentes económicos tipo. Necesitamos que, en cierta medida y a lo largo de un periodo de tiempo no necesariamente eterno, el comportamiento se ajuste más o menos al de un agente con preferencias consistentes.
Así, los economistas tratamos con empresas maximizando beneficios, aún cuando sabemos que son organizaciones complejas que no están guiadas por autócratas; modelizamos partidos maximizando votos; consumidores maximizando su utilidad, etc… pero son siempre estilizaciones, no verdades a priori. Por eso nuestros modelos son inexactos, porque el concepto “función de utilidad” no tiene una contraparte empírica clara; sólo sirve para modelizar un comportamiento que observamos.
Un aspecto muy importante y que me lleva a cerrar la crítica que hago a Kantor, es que la teoría económica contemporánea no nos dice nada sobre el valor. El modelo Arrow-Debreu no produce una teoría del valor; produce una teoría de los precios y dice que esos precios reflejan las preferencias de los individuos bajo ciertos supuestos. Pero recordad que una preferencia una forma abreviada para hablar de ¡una elección!. Lo que nos dice es que los precios reflejarán la acción de los agentes. Podríamos tener una economía Arrow Debreu que funcione con autómatas cuyos algoritmos sean los de los agentes del modelo y dónde los resultados -el vaciado de los mercados y los precios reflejan la escasez- sean los mismos. De hecho, los instrumentos de la teoría de juegos se han aplicado a otras entidades-no humanas- y los resultados son similares- en biología.
No hay por tanto, en la teoría económica contemporánea, dependencia alguna de una teoría del valor psicológica subjetiva. La incorporación de una teoría del valor subjetivo es algo extra que Kantor incorpora por sus convicciones utilitaristas/cartesianas, que no es en ningún caso inherente ni necesario para la economía ortodoxa y que no tengo muy claro si suscribo o no. Los orígenes de la teoría económica en el utilitarismo primitivo son una lacra que nos acompaña todavía hoy a la hora de justificar nuestras conclusiones como científicas. Precisamente, la gran ventaja de los economistas ortodoxos es que no nos hemos puestos a hacer psicología en ningún momento -a diferencia de los heterodoxos que empiezan y terminan en fogonazos de psicología amateur.
Nota: El párrafo sobre las “rentas de privilegio” es una fantástica defensa de la teoría de la explotación neoclásica, aunque él probablemente no lo sabe. Tengo que escribir un día de estos sobre ello.
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Lunes, Julio 27th, 2009
Eduardo comentaba el otro día un artículo que intenta explicar que la teoría de la evolución NO es una tautología. El post es en cierto sentido muy excitante porque explica para el caso de la teoría de la evolución algo que yo intentaba explicar el otro día para la economía. Dejadme ilustrar la relación.
Dan Dennett explica en su libros “La peligrosa idea de Darwin” (leeos mi reseña) que la evolución no es tanto teoría como un algoritmo. Lo que la teoría de la evolución demuestra es que cada vez que tengamos una información heterogénea y una capacidad de replicación heterogénea, la información con mayor capacidad de replicación tenderá a prevalecer sobre la otra y se hará predominante.Esto parece tautológico ¿cierto? En cierta medida lo es; no estamos diciendo nada nuevo sobre el mundo, sólo que los rasgos más aptos para reproducirse tenderán a reproducirse más.
No obstante, lo que describe el mecanismo de la selección natural es un mecanismo por el que la información se replica cuando reúne ciertas características. El mérito de Darwin no fue tanto descubrir que la información se replica o que ciertos organismos se replican más que otros (ambas son aserciones empíricas) como el diseñar una estrategia de resolución de problemas. La estrategia del evolucionista sería la siguiente: dado un rasgo que aparezca en una determinada población, intenta descubrir el mecanismo de replicación por el cuál ese rasgo ha conseguido reproducirse más que los demás. Lo que critica Fodor es por tanto absurdo ya que la teoría vista desde esta óptica no tiene contenido empírico. La estrategia puede ser más o menos útil, pero en ningún caso puede ser “falsa” entendida como que los hechos que describe no se ajustan a la realidad.
Sin embargo, resulta que la estrategia ha sido tremendamente útil descubriendo aspectos en muchas ciencias que sobrepasan con mucho el campo de aplicación original (la biología) que le asigno Darwin. La aplicaciones de la estrategia SÍ la hacen cierta o falsa. Por ejemplo, podemos intentar construir una teoría que explicara la caída de una piedra desde un quinto piso usando la estrategia y esa aplicación sería falsable (de hecho, sería falsa), pero la estrategia, en sí, no es cierta ni falsa.
¿Qué relación guarda con la economía? Cuando el otro día discutía con un comentarista sobre el tema lo que intentaba explicar es que la idea microeconómica de que los agentes económicos maximizan su utilidad sobre la que se construyen la mayoría de modelos económicos es exactamente eso; una tautología. La idea de “racionalidad económica” no nos dice que los seres humanos se comportan de una determinada forma. La estrategia del economista sería (grosso modo) “dado un patrón de comportamiento observado por un agente, intenta encontrar una dotación de recursos y unas preferencias que describan adecuadamente el comportamiento de ese agente” Preferencias y recursos son cosas que se interpretan de forma extremadamente amplia. Concretamente, la teoría de la preferencia revelada nos dice que el fundamento para una preferencia es el agente elige algo- el elemento primitivo es la elección/comportamiento y el derivado las preferencias.
En la medida en que el comportamiento de ese “algo” -que no es necesariamente un ser humano igual que lo que se reproduce en la teoría evolutiva no son necesariamente los genes- que estamos explicando se parezca al de un agente económico (tenga preferencias estables y consistentes) y el modelo esté bien construido, podremos usarlo para hacer predicciones -igual que uno puede usar el principio de selección natural. El proceso de ingeniería inversa (dado el resultado, intentar buscar qué dio lugar al mismo construyendo interacciones entre variables) es idéntico en ambos casos.
Las predicciones que uno haga pueden ser ciertas o falsas y SON falsables -igual que con el PSN. Mi interpretación (no es mía, pero dista de ser unánime/entendida dentro de la profesión) es que los modelos que aparecen en los libros de micro son, SOBRE TODO herramientas -versiones adaptadas de la estrategia general de resolución de problemas que he descrito más arriba- y discutir su veracidad es un sinsentido más allá de la consistencia lógica- no lo es en cambio discutir su utilidad . No tienen necesariamente una contraparte ontológica definida y no realizan predicciones concretas; son sobre todo matemáticas definidas por una estructura axiomática (i.e. tautológica) pero que iluminan como juntar supuestos puede dar lugar a patrones más generales. Cuando hablamos de macro- o de ramas más aplicadas de la micro, la economía financiera por ejemplo- la cosa cambia, porque en este caso sí tenemos una ontología definida y las predicciones son más o menos concretas.
Nota: Este post de Kantor, del que este un plagio-homenaje enriquecido, dice exactamente lo mismo.
Nota2: Deberíais haberme avisado de que no estaba puesto el vínculo al post de Eduardo
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Sábado, Julio 25th, 2009
He escrito sobre ello en alguna otra ocasión pero leyendo este post de Paul Krugman me alegro de que algo que era una sospecha sea algo más o menos compartido por gente que se dedica a esto. Mirad lo que dice Paul Krugman
he’s an insanely great economist, in ways you can’t really appreciate unless you’re deep into the field. I’d say that he’s more his generation’s Paul Samuelson than its John Maynard Keynes: as with Great Paul, almost every time you dig into some sub-field of economics — finance, imperfect competition, health care — you find that much of the work rests on a seminal Stiglitz paper.
La parte que he puesto en cursiva es cierta. La mayoría de la gente ve a Stiglitz por su imagen pública; de un economista politizada que escribe libros incendiarios atacando al “establishment”, una especie de Galbraith de nuestro tiempo. Creo que sabéis que soy demasiado yonki de la autoridad para compartir ese tono iconoclasta, pero lo que me molesta especialmente de esa actitud es que Stiglitz está empañando el gigantesco servicio que ha hecho a la ciencia económica.
Personalmente, y esto tiene bastante de opinión personal en dónde cada uno tiene su corazoncito, pienso que Stiglitz es probablemente el mejor economista de los últimos, digamos, 30 años. No existe una sola área de la ciencia económica dónde Stiglitz no haya hecho una contribución decisiva. El hecho de que sus contribuciones abarquen la teoría macro y micro, economía financiera, la hacienda pública, la organización industrial, el mercado de trabajo o el comercio internacional, hasta el punto de que algunas ramas de la economía existen gracias a él hace que sea difícil, sino imposible, hacer un resumen de sus contribuciones a la economía. En este sentido es trágico que sea conocido por tal vez el área en el que sus contribuciones son menos importantes y dónde tiene menos autoridad para hablar: el desarrollo económico.
Como decía, es realmente difícil hacer una lista de sus contribuciones y muchas de ellas son muy difíciles de apreciar para alguien que no sea un economista. Todas sus contribuciones tienen un denominador común: la toma en cuenta de las imperfecciones en la información a la hora de evaluar la eficiencia de los mercados; pero esas contribuciones desbordan casi todos los campos. Dejadme señalar mis dos favoritas y tal vez las más importantes.
El primero es su modelo con Shapiro de salarios de eficiencia (paper original aquí). Como decía en el post anterior, uno de los desafíos a los que se enfrentaban los economías Keynesianos era a explicar por qué los salarios debían de ser rígidos. En teoría, los salarios deberían bajar hasta que todo el mundo que esté dispuesto a trabajar por ese salario esté empleado y el mercado se vacíe. ¿Por qué no es así? Shapiro y Stiglitz demostraron que cuando los empresarios no tienen capacidad para supervisar perfectamente a sus trabajadores, les resultará ventajoso mantener los salarios demasiado altos. En ese caso, tendremos paro involuntario- una situación dónde los parados están dispuestos a trabajar por menos de lo que se está pagando.
¿Como es posible que el empresario quiera pagar más? ¿Se ha vuelto el empresario una hermanita de la caridad? No, la idea es la siguiente. Cuando el empresario sólo supervisa de forma imperfecta, la probabilidad de pillar a un trabajador haciendo el vago cuando está haciendo el vago es menor que 1. Si los trabajadores encuentran ventajoso hacer el vago (ausentarse del trabajo por ejemplo) y costoso esforzarse, harán el vago de vez en cuando, dado que no es seguro que les pillen. ¿Como afecta el salario? Lo que hace aumentar el salario es aumentar la brecha de renta entre estar parado y estar empleado y por tanto hará que le trabajador se esfuerce más. En cristiano: si mi trabajo está bien pagado, me arriesgaré menos a perderlo, sobre todo si sé que la alternativa es el paro. Si todos los empresarios hacen esto, sin embargo, tendremos a trabajadores desempleados.
El segundo trabajo que quiero presentar es tal vez el más relevante para el contexto actual, especialmente para la gente que cree que la teoría ortodoxa no puede explicar lo que ha pasado con la crísis. Es el modelo de racionamiento de crédito de Stiglitz y Weiss (paper original aquí). Desde la posguerra, los economistas -keynesianos o monetaristas- han tratado el mercado de dinero y los mercados financieros en general de forma distinta a como han tratado otros mercados. Mientras que cuando hablamos del mercado de bienes o del mercado laboral oímos hablar de estructuras de costes, de interacciones estratégicas y de empresas maximizando beneficios, la economía monetaria y financiera no tiene nada parecido. Los economistas financieros hablan de flujos de dinero y de activo que se mueven misteriosamente y se equilibran de forma enigmática pero nunca nos dicen cómo o quién.
Sin embargo, desde mediados de los 80 ha surgido algo que se ha llamado la “Nueva Economía Financiera Institucional” (NEFI) (”New Instutional Finance”) cuya idea ha sido fundamentalmente la de explicar cómo, exactamente, se crea el crédito a partir el dinero y los activos analizando las peculiaridades de los mercados financieros y no sólo los flujos. En esta corriente hay dos tipos de modelos; los modelos de “fragilidad financiera” promovido por Ben Bernanke y Gertler y los modelos de Racionamiento. Aquí es dónde entra la contribución de Stiglitz.
Tradicionalmente, se creía que cuando la cantidad de dinero en circulación aumentaba, los tipos de interés deberían bajar. Al fin y al cabo, se pensaba, el tipo de interés es el precio del dinero. Pero Stiglitz tenía dudas sobre esto. El precio del dinero no es lo mismo que, digamos, el precio de las patatas; los mercados financieros tienen un problema de riesgo: uno no sabe si le van a repagar la deuda. Por eso, el tipo de interés incorpora también ese riesgo: el riesgo de insolvencia. Pero la idea más original de Stiglitz y Weiss fue explicar que los mercados podían racionar el crédito; es decir, en lugar de ajustar el tipo de interés, ajustar la cantidad. Si la gente demanda más dinero de repente, según la visión tradicional, los bancos deberían subir el tipo de interés como ocurre con cualquier otro bien. El problema es que entonces uno tendría un problema de selección adversa; al aumentar mucho el tipo de interés, sólo la gente con proyecto desmesuradamente arriesgados pedirá créditos. Como el riesgo no se puede medir perfectamente, eso desincentivará dar créditos.
¿Por qué? Porque en ese caso, si el proyecto sale bien podrán repagar el préstamo, pero si el proyecto sale mal se limitan a declararse insolvente. Cuando el tipo de interés es muy alto, el proyecto tiene que salir MUY bien para que merezca la pena ser financiado; pero eso significa que también tendrá un riesgo enorme. En este sentido, un banco que quiera mantener su nivel de riesgo estable, preferirá racionar el crédito; es decir, mantener el tipo de interés bajo, pero dado que le pide prestado demasiada gente prestar a menos gente.
El paper de Stiglitz y Weiss fue el pionero de la NEFI. Lo que hemos visto, con el “credit crunch” de el último año y medio, ha sido precisamente un problema de racionamiento de crédito como el descrito por los distintos modelos de la NEFI dónde un cambio en la percepción del riesgo cambia los costes de intermediación financiera y lleva a procesos de racionamiento de crédito.
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Miércoles, Julio 22nd, 2009
Uno de los objetivos más comunes de los críticos (serios) de la teoría económica ortodoxa es la idea de “racionalidad”. A Eduardo, por ejemplo, le encanta citar ejemplos de preferencias “other-regarding”, de “economías de lo sagrado” y de “reciprocidad fuerte” como ejemplos de que la idea de que el homo oeconomicus no funciona. Eduardo no está sólo, gente seria como Herbert Gintis o Georges Akerlof defienden una idea bastante similar.
Mi idea general es que todas estas críticas tiran contra un hombre de paja; no hay nada en la metodología económica que haga imposible modelizar este tipo de cosas y si las teorías económicas suelen ignorarlo no es tanto porque creamos que las cosas no funcionan así, como porque a menudo estos casos de “irracionalidad” -en realidad no es irracional, más luego- no son necesarios para explicar la realidad económica o son muy difíciles de chequear empíricamente.
No obstante, pienso honestamente que, cuando uno quita la retórica Kuhniana de cambio de paradigma sangriento y ataque a los estúpìdos y miopes economistas, uno tiene interacciones muy interesantes entre la teoría tradicional y la economía “behaviourista” (en sentido amplio; la economía que incorpora hechos estilizados de la sociología, las ciencias cognitivas, la biología evolutiva o la antropología).
Por ejemplo, uno de los enigmas empíricos desde que Keynes lo formulara es por qué los salarios son rígidos a la baja; si los trabajadores fueran racionales, deberían aceptar rebajas salariales cuando saben qeu la alternativa es el paro y sin embargo las empresas prefieren ajustar el número de trabajadores y no los salarios. Georges Akerlof y su mujer Janet Yellen han dado un conjunto de microfundamentos basados en la sociología de por qué esto es así. Básicamente, si uno le baja el sueldo a los empleados, estos tienden a tomárselo mal y reducir su productividad porque creen que es “injusto”-es decir, tenemos un caso de “reciprocidad fuerte”. Resulta que, además, esto es algo que tiene una base sociológica, evolutiva y psicológica bastante sólida. Es un microfundamento para la hipótesis del salario de eficiencia. Hoy la hipótesis del salario de eficiencia está en la base de la NEK (nueva economía keynesiana). El proceso de interacción es fructífero porque lo que genera la necesidad de una explicación es el paradigma “tradicional”; eso genera una nueva hípótesis basada en la economía behaviourista y terminamos con una nueva explicación, mejor fundamentada, del problema.
Pensé en escribir este post cuando mi novia me comentó un suceso que había ocurrido en su familia. Rápìdamente; su hermano había encontrado trabajo para el que necesitaba el coche. Sus padres no querían dejárselo porque no estaban contentos con sus notas. Él estuvo enfadado un tiempo y al final encontró un amigo con el que compartiría el trabajo poniendo él el coche. Mi pregunta fue ¿por qué no quieren dejarle el coche? La respuesta de mi novia fue que a) Querían que se dedicara a estudiar en verano y no a trabajar y b) El trabajo produciría un desgaste al coche por arrancarlo y pararlo muchas veces y además los padres pondrían las gasolina.
El apostol de la ciencia lúgubre que hay en mí conjeturó lo siguiente. El punto a) al final, no lo van a conseguir ya que de todas formas va a trabajar. Para el punto b) tenemos algo llamado “solución de negociación de nash” y “teorema de Coase” dos individuos que tengan algo que ganar podrán llegar a un acuerdo. Mi hipótesis de economista cínico era: si el problema era la depreciación del coche ¿por qué no organizaban un mecanismo para repartirse las ganancias? Es decir ¿por qué no le alquilaban el coche a su hijo?
Para que las soluciones anteriores no se cumplan, debe existir, automáticamente, algún incumplimiento de los supuestos. (atención, chicos, proceso de generación de hipótesis). Hay dos posibilidades: o bien las dos partes no tenían algo que ganar, o bien existían costes de transacción.
- El primer caso podría ser que los padres mi novia simplemente no querían consentir qeu su hijo les hiciera chantaje; en palabras de mi novia “no les daba la gana”. Esto puede deberse a dos causas (conjetura) bien porque no quieren parecer débiles frente al futuro y que su hijo no les haga chantaje (hay un problema estratégico intertemporal para mantener el poder de negociación) bien porque tienen un sentido de “reciprocidad fuerte” de que les parezca injusto que su hijo les tome por el pito del sereno. Ambas posturas representan el mismo fenómeno, en realidad, solo que con distintos horizontes temporales. La postura estratégica busca mantener el poder de negociación intacto (evitar ser “explotado”) pero de forma consciente/estratégica -si consiento hoy, me chantajean mañana- y la reciprocidad fuerte cumple la misma función biológica con la diferencia de que no es una acción consciente, sino que está incorporada por la madre naturaleza en nuestra evolución cultural- los organismos que no se dejan explotar tienen más aptitud para sobrevivir.
- El segundo caso, es que existieran costes de transacción. En el fondo, los costes de transacción son una caja negra dónde los ecnomistas metemos “todo aquéllo que impida las transacciones provechosas”. La existencias de economías de lo sagrado, por ejemplo, es un coste de transacción. Esto podría ser un caso. Podría existir una norma, comunmente aceptada en la familia de mi novia, de que no se negocia entre padres e hijos- sería raro lo de “alquilarle el coche a tu hijo”. Esa norma tiene una base evolutiva firme; una de las funciones evolutivas de la familia es poner riesgos en común y proveer seguros, algo que se lleva muy mal con los problemas de hold up y las transacciones de mercado- las organizaciones jerárquicas no funcionan con precios. Aunque ambas partes estuvieran dispuestas a hacerlo, esa norma impide que ninguno de los dos tome la iniciativa. Eso es una “economía de lo sagrado”.
Como véis, el problema está lejos de ser imposible de resolver dentro de un marco estrictamente ortodoxo; al contrario, el marco ortodoxo permite reforzar las hipótesis empíricas y hacerlas más manejables. Permite concretamente a) Formular preguntas que lleven a hacer conjeturas y b) permitir ver cómo encaja dentro de la imagen general. Cuando uno dice que algo es “irracional”, normalmente, es porque no ha metido las cosas relevantes en la función de utilidad de los agentes. La idea es qeu cuando el modelo llega a un resultado “irracional”, es el momento de variar los supuestos del modelo y construir uno nuevo, no de concluir que los modelos no sirven para nada.
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