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Archive for the ‘Crisis, la llamada de Cthulu y el avance imparable de la RPA’ Category

La subida del IVA: encuadrando el debate (I)

Martes, Marzo 16th, 2010

Jorge Galindo nos pidió hace unos días a ver si escribíamos algo sobre el tema de la subida del IVA. Mi primera reacción fue: ni idea. Honestamente; no sé si subir el IVA es una idea sustancialmente buena. Sin embargo, dado que en teoría aspiro a dedicarme a esto de la economía, imagino que debería tener una opinión sobre el tema, desde luego si pienso en que la gente que la tiene. En este post voy por tanto a intentar poner cerco a mi ignorancia y dar alguna clave para entender el tema.

1. Teoría: ¿Qué es una consolidación fiscal y por qué es necesaria?

El principal problema al que se enfrenta el gobierno es que su déficit es básicamente enorme y por tanto la deuda -los deficit acumulados- empezará a crecer a buen ritmo. ¿Por qué es grande el déficit? La ecuación presupuestaria del gobierno- fijaos porque es importante para lo que sigue- es básicamente la siguiente:

Gastos - Gravamen x Base Imponible = Déficit

El gravamen es lo altos que son los impuestos (en porcentaje) y la base imponible es, grosso modo, el PIB. La idea es que los ingresos del sector público son una porción del PIB que se cobra a partir de distintos impuestos. Cuando hay una crisis, tenemos el fenómeno de los “estabilizadores automáticos“: el PIB cae, y el gravamen (si el sistema fiscal es progresivo) también, lo que reduce los ingresos; por otro lado, los gastos entre los que están las ayudas y los subsidios de desempleo, aumentan.

Una consolidación fiscal consiste en hacer que el deficit se reduzca en la medida de lo posible para no entrar en una situación insostenible. La primera pregunta que puede uno hacerse es ¿por qué llevar a cabo la consolidación fiscal?. La pregunta es un poco larga de responder, pero la idea es básica es que el déficit ha llegado a ser mayor de lo que la sostenibilidad sugiere y por tanto hay que reducirlo. Si España se mantuviera en esta senda, acumularía deuda, y esa deuda generaría más intereses que aumentarían los gastos, generando más deuda y así en un efecto bola de nieve, hasta que alguien de por ahí fuera tuviera que salvarnos. Por tanto, vamos a asumir que independientemente de que se deseen otros objetivos, la consolidación fiscal debe ser una prioridad.

2. ¿Reducir los gastos o aumentar los ingresos?

Con un vistazo a la ecuación, vemos qeu hay dos formas de reducir el déficit: aumentando los ingresos o reduciendo los gastos. Esto plantea el problema de la elección del instrumento para hacer la consolidación. Hay dos instrumentos-no excluyentes- que el gobierno puede manejar: el gravamen de los impuestos o los gastos -dado que el PIB no se controla directamente. El gobierno ha optado por el gravamen de los impuestos; ¿qué sentido tiene?

En parte, es una elección de carácter político- depende de si quieres ver un Estado más pequeño o más grande pero sobre es que es casi inevitable. Como explica Rallo en este artículo, la idea de Rajoy de bajar los impuestos y reducir los gastos, simplemente no se sostiene en la medida en qeu habría que liquidar un parte del gasto muy importante que nadie, salvo Rallo, parece estar dispuesto a poner sobre la mesa. Hay una parte muy importante del gasto público que no es realmente discrecional y espero que nadie contemple dejar a la gente sin pensión o sin subsidio de desempleo.

Un punto relevante aquí, es que la teoría económica estándar nos sugiere que, tanto elevar los impuestos como reducir el gasto público tendrá un caracter contractivo- esto es, tendrá un efecto negativo sobre el PIB-y de forma indirecta sobre los ingresos. Esto es un problema para un país que está ya de por sí en una situación muy grave, pero por otro lado, es probable que no nos quede otro; así que una consideración que debe informar la respuesta es ¿cuál de los dos es menos contractivo- y tendrá menos efecto sobre los ingresos?

Sobre esto, hay opiniones y como señalaba Kantor es una pregunta que no se puede responder en abstracto- depende concretamente de en qué se esté gastando el dinero. Pero en general, se piensa que el gasto, aunque reacciona de forma más lenta, tiene un efecto multiplicador mayor. La razón es que cuando bajas los impuestos, la gente tiene más dinero, pero hace falta que la gente (empresas y consumidores) esté dispuesto a gastarlo, algo que no ocurre en una recesión; mientras que el dinero público se gasta directamente. Esto depende no obstante del país y de la situación concreta, algo sobre lo que no estoy demasiado informado. Aquí teneis un primer cerco de mi ignorancia. Pero, grosso modo y por lo que he leído por ahí, yo diría que la subida de impuestos es una forma más adecuada de hacerlo o al menos debería ser parte de la solución.

Nota: Enteraos del resto en el siguiente post. Siento la ausencia, problemas técnicos y falta de ideas.

El debate sobre la innovación financiera

Viernes, Febrero 26th, 2010

A pesar de las conspiraciones en todas partes de los gnomos de londinenses que ve el gobierno, The Economist sigue siendo, con mucho, el mejor semanario de Europa.  No suelo estar de acuerdo con muchas cosas que dicen, creo que a veces se les ve el plumero ideológico y que a menudo pecan de ingenuos, pero tienen al menos un par de cosas fantásticas: mostrar siempre las dos caras de un problema y apostar el high profile. Explican las cosas de forma pedagógica y citan a gente buena. En España o en Francia en las páginas de opinión se ven demasiado a menudo apuestas por la psicomagia y en las de informacion periodistas que no han digerido bien lo que les han contado.

Y en todo esto pensaba viendo el debate (escrito) que han organizado sobre el asunto de la Innovación financiera. Básicamente han juntado a dos cracks de la economía como son Ross Levine (pro) y Stiglitz (contra) para que discutan si el desarrollo de los instrumentos financieros cada vez más sofisticados es algo globalmente positivo o negativo. El debate ilumina algo que es bastante cierto sobre la profesión económica que comenta la moderadora en el turno de réplicas; a nivel teórico/abstracto, ambos están generalmente de acuerdo en que un sistema financiero eficiente es fundamental, en que las innovaciones financieras son un arma de doble filo con riesgos y oportunidades, etc… Sin embargo, cuando se mueven a un terreno más concreto, la diferencias aparecen. Viene a poner sobre la mesa lo que decía yo en este post que lo que divide a los economistas ¨(serios) liberales y socialdemócratas no es tanto una perspectiva teórica, sino un problema de optimismo o pesimismo relativo respecto a determinados mecanismos de asignación de recursos; un pesimismo u optimismo que juega cuando la evidencia empírica es ambigua.

En torno al inmovilismo

Domingo, Febrero 21st, 2010

Este es uno de esos post motivados por lectura indignada de periódico. Llevo un tiempo pensando en ello y tirando a estar decepcionado, no tanto o no solo con los políticos, sino con el tipo de opinión pública que tenemos en España. España está en una situación difícil. No hace falta ser economista, ni sociológo para saberlo. Y además, hay cosas que deben hacerse, de forma más o menos inevitable. Pienso sobre todo en la reforma laboral (alguna, la que sea) y la reforma de las pensiones, pero sobre todo en esta última.

El problema de las pensiones es como ya he explicado en alguna ocasión, poco más que un problema aritmético (1). A diferencia de otras reformas, como por ejemplo la elección del modelo energético o la reducción déficit publico, no implica elecciones demasiado complicadas. Es un problema de sota, caballo y rey: si la población envejece, o se aumentan las cotizaciones, o se reducen las pensiones o se aumenta la productividad, o se reduce la tasa de paro, o se aumenta la edad de jubilación. Las dos primeras son relativamente inviables y muy desagradables; las dos siguientes son difíciles y nadie sabe como se hace así que el aumento de la edad de jubilación es un ingrediente básicamente inevitable de cualquier reforma.

Lo que intento poner en claro es que, una vez que uno excluye soluciones radicales como dejar a la gente sin pensión, tirar viejecitas por las escaleras o similar, la idea de que la gente que trabaja debe producir lo suficiente para mantener a los que no lo hacen y que si este último grupo aumenta de tamaño hay un problema que solo se resuelve revertiendo el proceso se impone de forma casi inevitable. La ideología podrá jugar un papel jugando con los matices. Jose Rodriguez me decía el otro día que a él no le parecía mal aumentar la edad, pero que no creía que fuera el momento y que el periodo de transición era muy corto. Sea. Pero ese tipo de argumentos son un minimatiz en la idea global dónde el conjunto de opciones es muy restringido.

La (tímida) propuesta propuesta de subir la edad de jubilación del gobierno ha sido recibida de forma mayoritaria por casi todo el mundo -grupos políticos y especialmente los sindicatos- como un “recorte de los derechos de los trabajadores” o como algo inadmisible. Los sindicatos han convocado una manifestación para quejarse. La reacción (humillante) del gobierno no se hizo esperar.

Desconozco si, como dice El País, los sindicatos se quejan para que no parezca que son serviles con el gobierno y sus afiliados les presionan para que lo hagan, o si realmente creen en lo que hacen tal y como lo plantean- es decir, como si realmente hubiera alguna forma alternativa de solucionar el problema- que no he podido encontrar en el artículo y a la que no han dado demasiada publicidad. Lo que si tengo más o menos claro es que este tipo de debates no deberían tenerse en una democracia madura.

Supongo que podría meterme con los sindicatos, pero creo que su actitud sólo refleja algo que es un problema de la sociedad española. La posición que tiene en estos momentos la sociedad española ante las reformas es no ambiguamente inmovilista; mejor, es tremendamente reaccionaria. Las acrobacias intelectuales en forma de antropología amateur y psicología espontánea que se hacen para oponerse a casi cualquier tipo de reforma laboral son sólo un ejemplo. El problema de las pensiones es directamente absurdo: nadie propone nada, salvo dejarlo como está.

No es un problema de que uno tenga una ideología de un tipo o de otro; es un problema de que parece que la gente tiene una aversión desmesurada a cualquier clase de cambio, como si el status quo fuera maravilloso. Es un problema de falta de madurez, de no querer hacer frente a la realidad, algo que atestigua, no ya de una sociedad divorciada de sus élites, sino de una dónde éstas no son capaces de articular un discurso que haga frente a los problemas, ni de transmitir la información de las opciones disponibles a la opinión pública, hasta el punto de que da la impresión de que no son conscientes de ello.

(1) Cualquier fanboy de la capitalización individual que tenga previsto comentar está avisado de leerse este paper -o estar al tanto de los argumentos. Si no lo hace y se le nota, mi respuesta será muchas cosas, pero no amable. Mi paciencia es escasa últimamente.

La campana de Stiglitz: estabilidad económica e integración financiera

Lunes, Febrero 15th, 2010

Stiglitz es uno de mis economistas favoritos, si bien probablemente no uno de mis intelectuales públicos favoritos. Stiglitz combina una visión interesante de la economía, basada en un mundo lleno de imperfecciones, fallos de información, descoordinaciones, etc,… con una poderosa mente analítica que le ha llevado a recorrer la mayor parte de los campos de la economía haciendo aportaciones revolucionarias en casi todos ellos sin dejarse encerrar, como suele ser el riesgo en un campo tan complejo y especializado como la economía, en una rama específica. Una de las ramas dónde sus aportaciones tienen más relevancia es probablemente el lado financiero de la economía. Su modelo de racionamiento de crédito es el punto de partida de una rama entera de la economía actual. La paradoja Grossman-Stiglitz es una de las grandes aportaciones a la economía financiera.

Cotilleando en su página web descubro que después de la (en mi opinión poco fructífera) incursión en el campo de la economía del desarrollo y la globalización, las finanzas han vuelto a su agenda. Stiglitz estudia el tema de la inestabilidad financiera en relación con la integración financiera.  Mi idea en este post es intentar resumiros su punto de vista de una forma accesible (eso significa: no os asustéis por los títulos, intento explicarlo todo paso a paso) basado en lo que he leído por ahí y este resumen de Yannick Bourquin.

(more…)

Los Gnomos de Zurich y la confianza de los mercados: II

Martes, Febrero 9th, 2010

Decíamos en el último post que la prima de riesgo que los inversores exigen por la prima depende de la probabilidad que le asignan esos inversores a un impago y esa probabilidad era tanto mayor como insostenible fuera la deuda. La sostenibilidad era, os lo recuerdo, que a medio plazo el ratio deuda/PIB fuera estable y eso lógicamente dependía de dos cosas: el crecimiento del PIB y el déficit, para que la deuda sea sostenible a medio plazo, deben crecer más o menos al mismo ritmo. Por eso, la prima de riesgo depende de las expectativas que tengan los inversores respecto del crecimiento del PIB y del déficit público. En este post vamos a ver qué hay dentro del déficit público.

El deficit público se define como la diferencia entre gastos e ingresos. Respecto a los ingresos, resaltar sólamente que dependen del crecimiento de la economía; si la economía se hunde, los ingresos que son un porcentaje de ella también. Esto añade más luz sobre por qué es importante que el gobierno haga pensar a los inversores que la economía va a crecer en el futuro: el PIB influye tanto directamente en el ratio deuda/PIB como indirectamente en los ingresos.

Pero la parte que más me interesa aquí son los gastos. Una parte de los gastos está compuesta por la devolución de la deuda pasada: al final de cada año o de cada mes, el sector público tiene que pagar una serie de cupones/bonos que vencen. El verdadero problema está en que, a partir de cierto nivel, hay una retroalimentación en los efectos. Cuando aumenta el nivel de deuda, aumenta la prima de riesgo; pero si aumenta la prima de riesgo significa que para financiar el mismo déficit tendremos que endeudarnos más lo cuál a su vez hará que aumente la deuda y la prima de riesgo. Es posible que llegue un momento en el que estamos en un esquema de Ponzi horrible.

Ahora olvidaos de lo anterior y vamos con la segunda pata del problema. Una de las razones por las que los inversores compran deuda es porque hay mercados dónde uno puede comprar y venderla a gente que no es el gobierno, lo que se llama “mercados secundarios“. Es en estos mercados secundarios dónde se ve cuál es la prima de riesgo; si un bono por el que el Estado se ha comprometido a pagar 1€ se vende en el mercado secundario a 0,5 euros, la prima de riesgo es del 100% (se vende a la mitad de su valor nominal).

Ya tenemos todas las piezas de un ataque especulativo. Vamos a ver tres casos. Primero hay que entender que para un inversor, que un gobierno suspenda pagos es un riesgo y también una oportunidad. Es posible perder dinero si el gobierno no devuelve su deuda, pero también ganarlo apostando a que el gobierno va a suspender pagos. ¿Como? Simplemente, “tomando prestados” (1) bonos en el mercado secundario, venderlos y esperar a que el gobierno diga que no va a ser capaz de hacer frente a sus deudas. Cuando el gobierno diga que no es capaz de hacer frente a su deuda, compra los bonos de nuevo -lógicamente a un precio risible- y los devuelve a quien se los había prestado. La diferencia entre el precio de compra y el de venta es el beneficio. Lo que me interesa que se vea es que esta actitud es totalmente racional -sin tener que acudir a conspiraciones de los Gnomos de Zurich- si uno piensa que es probable que el gobierno suspenda pagos. Una vez que esa probabilidad es suficientemente elevada, todo el mundo hará lo mismo de forma descentralizada. Esto es un “ataque especulativo” y no hace falta que nadie lo organice; ocurre sólo. No es algo demasiado distinto que vender tus acciones o sacar tu dinero del Santander si crees que va a quebrar; es el resultado natural de que las cuentas del Estado estén en mala situación.

Pero hay más casos posibles. Como he dicho antes, la probabilidad de impago depende en parte de la prima de riesgo- que depende de como cotice la deuda en los mercados secundarios. Si de repente la prima de riesgo se dispara porque todo el mundo empieza a vender sus bonos, la probabilidad de impago también aumentará y la gente empezará a deshacerse compulsivamente de sus bonos del Estado a precios cada vez menores haciendo a su vez que la prima de riesgo aumente y así sucesivamente. Es básicamente lo mismo que un pánico bancario y también ocurre sólo, sin que nadie lo provoque ni haya conspiración de los Gnomos de Zurich, con la diferencia de que aquí un Estado puede estar en una situación relativamente sana y sin embargo verse atrapado en un problema de profecia autocumplida.

Sin embargo, también es posible para uno o varios inversores hacerse ricos provocando el problema. Entre un grupo de inversores, deben ponerse de acuerdo para tomar prestados suficientes bonos como para afectar significativamente al precio de mercado y a continuación ponerse a venderlos compulsivamente. Además, se puede aparecer en la prensa sugiriendo que las finanzas del gobierno no son sostenibles, que en un momento u otro ocurrirá, etc… lo que hará que la prima de riesgo se dispare. Al final, llegará a convertirse en una profecía autocumplida y habrá gente que, como dice Wyplosz cuando le citan en el artículo de El País, se haga rica de forma irresponsable. En este caso, es posible que la conspiración (paper) de los Gnomos de Zurich tenga algo que ver.

He tardado cerca de una hora en escribir (y entender lo que quería escribir) este post y el anterior repasando mis libros, apuntes, etc,… La verdad es que me pregunto si los chicos de El País -no digamos ya el lector medio- tenían el background para entenderlo y explicarlo.

¿Qué es lo que nos muestra todo esto? Personalmente, soy escéptico, por razones de higiene intelectual, respecto a la conspiración de los Gnomos de Zurich- de Nueva York en este caso. Sé que el titular queda bien y sé que es algo que ha ocurrido en el pasado (Georges Soros se hizo rico así en el pasado especulando contra la Libra esterlina), pero lo cierto es que es algo dificil de hacer y de todas formas, no hay mucho que podamos hacer. Desde luego, me parece demencial intentar buscarle un texto político moralista a esto; de existir conspiración, es gente intentando ganar dinero, no atentar contra la patria, la unión monetaria o contra un gobierno de izquierdas. Sugerir lo contrario, sin pruebas, es buscarle cinco pies al gato cuando no es necesario. Segundo, el gobierno necesita, con urgencia, dar un imagen de credibilidad y de firmeza y de estar dispuesto a hacer las cosas que haga falta para poner su casa en orden, lo que no es el caso. El último tema con el episodio de las pensiones ha sido para echarse a llorar. Tercero, nada de todo esto estaría ocurriendo si los chicos de la Eurozona se hubieran puesto de acuerdo en una estrategia común. Lo que estamos viendo con la deuda griega es básicamente lo mismo que con Lehman Brothers y ni los bancos, ni los Estados deben quebrar.

(1) “Tomar prestado” es una forma de hablar. En realidad consiste en contratar hoy un futuro dónde se comprometa a vender a un precio en una fecha futura y al mismo tiempo comprar los bonos hoy. El efecto es el mismo que un préstamo que al fin y al cabo no es otra cosa que una compra unida a una promesa de venta.

Los Gnomos de Zurich y la confianza de los mercados: (I)

Domingo, Febrero 7th, 2010

Una de mis enormes frustraciones con el periodismo contemporáneo es que lo que los medios parecen entender por informar no es cumplir una función de intermediación dónde se haga accesible al ciudadano de a pie información potencialmente complicada, sino coger una información que podría resumirse en seis líneas, envolverla en rumores y falsos tecnicismos para darle un aspecto suficientemente impresionante como para que haga un titular presentable. Creo que se llama sensacionalismo.

La portada de El País de hoy es un ejemplo. “Van a por España”; “los mercados han olido sangre”. Leyendo el artículo intentando entender qué es exactamente lo que intentan sugerir me preguntaba ¿sabe el lector medio de El País qué es un ataque especulativo? ¿lo sabe el periodista, o sólamente tiene en mente la idea de los raiders financieros comprando y vendiendo todos a la vez mientras se llaman por el móvil? La imagen que transmite el artículo es, en efecto, la de un gobierno subyugado por los malvados capitalistas y ejecutivos con corbata y traje de Hugo Boss que se ceban con los más débiles. ¡El retorno de los Gnomos de Zurich! La realidad es, sin embargo, ligeramente diferente y me gustaría intentar aportar una idea del tema.

Empecemos por lo básico: para un gobierno, igual que para cualquier otra unidad económica, es razonable estar endeudado para financiarse, por razones que no vienen al caso. Para ello, lo que el gobierno hace es básicamente vender papelitos dónde pone que se compromete a pagar una determinada(s) cantidad(es) en el futuro que normalmente exceden el precio de venta. Esos papelitos se llaman normalmente bonos”. El porcentaje que representa esa diferencia sobre el precio al que se vende es lo que le cuesta endeudarse al gobierno y es, grosso modo, el tipo de interés.

¿Por qué tiene que pagar el gobierno un tipo de interés? En otras palabras, ¿qué hay detrás del coste de ese tipo de interés? Hay unas cuantas teorías para explicarlo, pero uno de los factores que influyen (voy a ignorar los demás) es lo que podemos llamar el riesgo de impago. Suponed que el tipo que compra el bono piensa que hay una probabilidad del 0,3 de que no le paguen un bono por el que ha pagado 0,70 €; si suponemos que quiere recibir como mínimo en el futuro lo mismo que pagó por el bono, exigirá recibir más de 0.70 €; exactamente 1€, de forma que lo que espera recibir, una vez incorporada la probabilidad de que no le paguen, 0,70. Esos treinta céntimos de diferencia es lo que llamamos la “prima de riesgo” que es, la compensación que debe recibir el tipo que se queda con el bono por el riesgo de impago. Chequead una cosa importante. Esa prima de riesgo depende de la creencia, subjetiva, más o menos estúpida, que tenga el inversor sobre la probabilidad de que el gobierno cumpla su promesa en el futuro; si el inversor se fía mucho del gobierno, entonces exigirá una prima pequeña, si se fía poco, una prima grande.

A pesar de ser una creencia subjetiva, hay ciertos factores más o menos conocidos sobre la capacidad de un gobierno para pagar sus deudas en el futuro. Por ejemplo está lo que llamamos la “sostenibilidad”, si un gobierno que corre déficit permanentes y cuya deuda no para de hincharse probablemente tenga que dejar de pagar su deuda en algún momento. En general, los economistas pensamos que la deuda, como tanto por ciento del PIB, debe mantenerse estable a medio largo plazo- lo que viene a significar que esa deuda puede crecer tanto como -i.e. el gobierno puede tener un déficit por valor de- el crecimiento del PIB. De otra forma, la deuda será cada vez mayor y el gobierno terminará no pagando. Así, tenemos dos factores que influyen en la sostenibilidad de la deuda: el déficit que corre el gobierno y el crecimiento del PIB. Cuando el comportamiento de esas dos variables es preocupante, lógicamente, la prima de riesgo que exigirán los inversores aumentará.

Pero la sostenibilidad es algo que juega, en principio, a medio plazo. Eso implica que un gobierno que vea su economía en recesión (dónde el PIB cae) no tiene por qué empezar a correr superavits (para compensarlo); la deuda puede crecer temporalmente siempre que en el futuro se reduzca. Para que ese aumento de la deuda no afecte a la prima de riesgo (la probabilidad que los inversores le dan a que el gobierno no pague) los inversores deben percibirlo como algo temporal y ver bien perspectivas de crecimiento para el PIB, bien una firme voluntad del gobierno de reducir el déficit a un nivel sostenible. Si no es así, la prima de riesgo aumentará.

Esto nos da una primera idea de en qué consiste esto de la credibilidad, el liderazgo, la confianza, y demás.  Cuando el gobierno propone reformar las pensiones o un plan de austeridad que prometan reducir el déficit en el futuro, o propone reformas del modelo productivo que prometan aumentar el crecimiento en el futuro, el inversor percibe que el riesgo de impago es menor y por tanto la prima de riesgo será también menor. Cuando el gobierno da la impresión de no saber qué hace, promete que no tocará el coste de despido, bla bla bla, la prima de riesgo aumenta. Es un puñetero problema de credibilidad. No se trata, como parece que uno oye por ahí, de dar gustirrinín a los mercados como si fueran dioses abstractos o de contentar a los capitalistas; se trata de que el Estado no tenga que endeudarse a un precio excesivo (i.e. pueda seguir endeudándose para pagar cosas). Pero esto no es toda la hsitoria; vemos el resto en el siguiente post.

Estefanía, sobre Fuentes, sobre las reformas

Lunes, Enero 25th, 2010

Estoy leyendo en estos día el libro de Joaquín Estefanía “La larga Marcha”. Hay un capítulo dedicado a los pactos de la Moncloa dónde relata una entrevista que hizo a Enrique Fuentes Quintana. Os copio unos párrafos.

Sigue reflexionando Fuentes: dependen de cada momento las dosis de políticas aplicables para conseguir paliar esos desequilibrios interno y externo. Normalmente ha de servir una utilización ponderada de tres grupos de actuaciones: conseguir una moderación en el crecimiento de las rentas (salariales y no salariales), aplicar una política presupuestaria que domine le crecimiento del gasto y el déficit público (reduciendo su componente estructural) y mantener una política monetaria que discipline el crecimiento de la cantidad de dinero. No hay ideología alguna en esto, como decía Fuentes al comienzo de estas conversaciones. Los defectos de la política económica en la aplicación de estas medidas de ajuste apuntaron hacia pasivos que debían corregirse (…)

Nuestro economista mira al mismo tiempo al pasado y al presenta para indicar que la experiencia Española acentúa hasta el límite de la evidencia la importancia de evitar rigideces e intervenciones que coarten la adaptación de las empresas a las condiciones variables de los distintos mercados. La rigidez del sistema económico ha sido denunciada de manera reiterada en los informes más solventes sobre la economía Española, aunque ha mejorado mucho con el tiempo. Todos esos informes han destacado el hecho de que el cambio de demandas de distintos productos, con el consiguiente desmoronamiento de sectores productivos y la irrupción de nuevas tecnologías, con su influencia en la aparición de nuevos productos o procesos productivos constituyen fenómenos centrales de algunas de las crisis que se han padecido , que reclamaron para su superación una movilidad y un mejor aprovechamiento de los factores productivos. La flexibilidad de los mercados de trabajo y de los mercados financieros, la generalización del sistema de economía de mercado y la mejora en la programación y administración del sector público constituyeron reformas imprescindibles para facilitar esa adaptabilidad durante la crísas. Durante mucho tiempo la rigidez de los mercados de factores productivos, los obstáculos puestos a la competencia y al mercado y la deficiencias en la administración del sector público fueron la causa del gran mal del déficit público y de la desaparición de muchas empresas. La gran pérdida de empleos registrada en la economía española durante la transición fue el producto final de esa costosa rigidez de la economía que era preciso corregir.

No hay que separar nunca las políticas de sanemiento de las reformas estructurales que necesitan las economías. Los ajustes positivos de la estructura productiva deben formar parte de las políticas economicas frente a las crisis. La pereza política para su inclusión, justificada por su indudable coste social, es explicable, pero sus consecuencias serán muy graves para la economía que padezca a estos políticos poco diligentes. Esa experiencia ha mostrado con reiteración el doble escenario en el que deben actuar la medidas y apreciarse sus resultados. Sanamiento y ajuste global de una parte, reforma y ajuste positivo de otra. Esos dos escenarios y las medidas que en ellos actúan están indisolublemente unidos y los logros en uno de ellos beneficiarán los resultados del otro.

Es tan actual.

Apuntes sobre teorías del ciclo y teoría de juegos

Lunes, Enero 11th, 2010

Una diferencia clave entre Kantor y yo es un gusto diferente por la criptografía y el lenguaje complicado. Lo atribuyo a que yo estudié derecho y él matemáticas y mientras que yo tuve un exceso de dosis de lenguaje circular y de desencriptación retórica/interpretativa en la facultad y eso implica que he ganado un gusto considerable por lo exacto y lo claro, él aún disfruta leyendo a autores clásicos en lenguaje arcaico. En economía esto se traduce en que, mientras que a mí me aburre excavar dentro de las espesuras escolásticas teóricas de la escuela austriaca en busca de alguna forma de verdad revelada, a él todavía le divierte e incluso lo encuentra intelectualmente excitante a pesar de haber sido incapaz hasta ahora de explicarme (o yo de entenderlo) que ha aprendido con ello cada vez que se lo he preguntado. Sea como fuere, vengo observando no sin cierto grado de diversión, desde ayer, como mantiene un animado debate sobre la Teoría Austriaca del Ciclo (TAC) con algunos de sus partidarios. Valga este post como apunte al margen.

El ciclo económico lleva al menos un siglo y medio siendo un quebradero de cabeza para los economistas. ¿Por qué en una economía hay épocas de prosperidad seguidas de épocas de recesión? Y con esta idea, los economistas -ortodoxos y heterodoxos; desde Marx hasta Lucas, desde Solow hasta Mises- hemos articulado unas cuantas teorías para intentar explicarlo. Grosso modo, creo que estas teorías se pueden clasificar en teorías por el lado de la oferta, de la demanda o financieras/monetarias, según pongan el acento sobre los desequilibrios en los mercados de bienes (demanda), en las finanzas o en la estructura productiva y tecnológica (oferta).

Cuando empecé a hacerme mi tema sobre ciclos de la oposición, pensé desde el principio que el problema estaba mal enfocado. Tal como estaban planteadas la mayoría de las teorías, parecía que se estaba buscando LA explicación para la existencia de ciclo. Mi punto de vista era sin embargo más ecléctico y eso implicaba que todas las teorías me parecían más o menos plausibles. En primer lugar, por una cuestión de actitud epistemológica; un modelo es básicamente una representación de la realidad y Models are to be used, not believed!. Por otro lado, el ciclo no debería ser un objeto de estudio en sí mismo. El ciclo es algo que se observa cuando uno mide las magnitudes macro de un país. Explicar el ciclo con UNA teoría, para mi, era similar a explicar la muerte con una sola teoría; uno puede morirse por distintas causas es absurdo buscar una “teoría general de la muerte”. Por eso, una parte importante del debate en macro- sobre la coherencia o no de las explicaciones- me parece fundamentalmente inútil; lo importante es la capacidad de predicción de cada teoría y un buen economista debería tener un toolkit y no ser partidario de una u otra teoría.

Pero sobre todo, me parece estéril la forma en que se aborda el debate. Los economistas tendemos a considerar los ciclos como una “anomalía” y no como algo relativamente normal que simplemente ocurre.  Buscar el mecanismo exacto no me parece una pérdida de tiempo, pero sí tiendo a pensar que un ciclo es algo que ocurre en cualquier entorno y no necesariamente macroeconómico.

Una economía no es al fin y al cabo otra cosa que un sistema complejo de individuos que hacen distintas actividades repartiéndose el trabajo. Esta actividad implica que los individuos tienen que estar coordinados- los que compran tienen que estar dispuestos a comprar lo que otros venden y los que venden a vender lo que otros desean. Esta actividad ocurre de forma descentralizada y en mi opinión un ciclo no es más que un fallo (éxito) o una acumulación de fallos (éxitos) que se encadenan repercutiéndose.

Una alternativa a ver esto es como un juego. Una economía es un juego soportado por una estructura de a) intereses y b) creencias c) posibilidades que da lugar a un determinado equilibrio- la situación dónde todos tienen una estrategia y esa estrategia es la mejor tomando en cuenta la estrategia de los demás. Ese equilibrio es el que determina la repartición del trabajo y la coordinación de los mismos. Esto permite reordenar las teorias del ciclo según pongan el acento sobre los cambios en los intereses, la creencias o las posibilidades.

En general, mientras que los intereses y las posibilidades/tecnología son algo relativamente estable, las creencias no lo son. Eso implica que para una misma estructura de intereses y tecnología, existen muchos equilibrios alternativos según sea la estructura de creencias. Por ejemplo, en nuestra sociedad podemos pensar un equilibrio Hobbesiano basado en la guerra total, dónde todo el mundo cree que los demás van a quedarse en casa armados hasta los dientes y viviendo según una economía de subsistencia para defenderse de los demás. Es algo razonable si uno piensa que todos los demás van a hacerlo y como todos los demás van a hacerlo por los mismos motivos, al final termina autoconfirmado. Al contrario podemos pensar que las creencias lleven a un “equilibrio rousseauniano” dónde todo el mundo crea que lo sdemás van a ser buenos y opten por la cooperación voluntaria hasta que al final termine siendo la mejor estrategia para todos. Ambos equilibrios de Nash son posibles son similares condiciones tecnológicas y similares intereses personales. Vale la pena decir al margen que la importancia que le atribuyo a las creencias/la información/expectativas en las estrategias individuales  hace que mi escepticismo respecto de la posibilidad de existencia de las utopías (comunismo, anarcocapitalismo, etc…) sea bastante menor que el que preside mi pesimismo hacia la posibilidad de alcanzarlas con ingeniería social.

El mundo está lleno de equilibrios de Nash múltiples para un determinado esquema de preferencias. Cuando esos equilibrios son múltiples, las creencias, esto es, las expectativas de lo que va a hacer el otro, son cruciales para seleccionarlo. Así, en muchas ocasiones el equilibrio de Nash que resulta está lejos de ser el mejor de todos los posibles; las burbujas financieras se apoyan en expectativa de aumentos de precios, los locales de ocio pasan de estar de moda a que la gente deje de ir sólo porque otros dejan de ir, los países entran en guerra que ninguno de los dos desea pero creen que el otro intentará invadirlos de otro modo, los coches se chocan y por supuestos las empresas y los consumidores de una economía pasan a tener malas expectativas respecto al futuro de modo que todos empiezan a ahorrar y no gastar. En todos estos casos, presenciamos problemas de coordinación; casos en los que la estructura de creencias cambia haciendo llegar a un equilibrio subóptimo- los fallos de coordinación llevan al desastre.

En general, nadie considera estos fenómenos “extraños”. La gente entiende que si la India cree, sea cierto o no, que Pakistán va a desarrollarse nuclearmente, no le quede otra que hacer lo mismo y en ese caso a Pakistán no le queda otra, confirmando así la creencia de la India. Sin embargo, cuando pasamos a la economía, los economistas parecemos cambiar de actitud y ver, como decía, los ciclos como una anomalía. Los economistas liberales, en particular, tienden a apresurarse apresuran de seguir el hilo causal hasta que encuentran un funcionario culpándolo a él- es el caso de la teoría del ciclo de Lucas, de la de Milton Friedman y de la teoría austriaca. En el caso de Kantor-y en general de la derecha liberal-, existe además una considerable discontinuidad filosófica; mientras que su visión de la seguridad, los conflictos étnicos, etc es extremadamente pesimista, casi marxista diría yo, parece considerar que el proceso económico como algo armónico suavemente coordinado y autorregulado por la acción descentralizada de muchos individuos. Yo argumentaría que mi posición es algo más coherente; yo veo un fracaso/éxito relativo de las instituciones internacionales, democráticas y de mercado y soy asimétricamente pesimista respecto a ninguna de ellas.

La razón que se me ocurre para ello, supongo, es que tienen un grado de confianza elevado en el mecanismo de precios como forma de coordinación. Piensan que los precios tienen valor como mecanismo, no sólo asignativo -el precio refleja el coste social de producir algo y asegura que se está pagando lo que realmente cuesta- sino también informativo -no es necesario que nadie tenga toda la información sobre la economía porque está reflejada en los precios; basta con observar los precios. En este sentido, los precios disciplinan la asignación en el presente y en el futuro -en el caso de los tipos de interés. Luego el papel de las creencias individuales es despreciable porque estas quedan reflejadas en los precios. ¿no?

Este punto de vista captura parte de por qué los mercados son un buen mecanismo para asignar ciertos bienes: los precios que se forman son un buen mecanismo de coordinación descentralizada. El problema es que la teoría económica moderna tiene bastante elementos que sugieren que los precios son elementos imperfectos. Es posible que las creencias colectivas sean irracionales- que la gente tenga creencias absurdas sobre que los pisos o las acciones no bajan nunca- es posible que los precios no reflejen todo el valor real- y que haya externalidades, o es posible que los individuos se basen en algo más que en los precios para formar sus expectativas respecto al futuro. Cuando esto ocurre, los errores pueden tender a acumularse y crear un problema que mueva la economía de un equilibrio “bueno” a uno “malo” y que se quede metida allí, respaldada por una estructura de creencias que se autoconfirma.

¿Para qué sirven los índices de bolsa?

Lunes, Enero 4th, 2010

José ha puesto un post dónde defiende que, aunque los índices de las bolsas se hayan recuperado, eso no significa que la economía se haya recuperado porque la economía real sigue yendo muy mal y el desempleo es alto, etc,… Aunque lo que dice es más o menos cierto, pienso que el enfoque que le da al problema es parcialmente desacertado y que merece la pena matizar un par de cosas.

Sala i Martín dice en uno de sus artículos de divulgación que Robert Solow dice a menudo que los economistas serios nunca hablan de la bolsa. Estoy esencialmente de acuerdo con esa idea (mi  estima profesional por los analistas de bolsa es sólo un poco mayor que la que tengo por los sociólogos no cuantitativos y los psicoanalistas) y en general los economistas serios tienden a tener la misma opinión. Sin embargo, un índice de bolsa tiene cierta utilidad para entender el rumbo de una economía.

Un índice, como el del IBEX35, el Dow Jones o el CAC40, es una medida estadística de la evolución de las acciones de un determinado grupo de empresas. En el caso de los tres citados, las empresas más importantes que cotizan en tres bolsas (Madrid, Nueva York y París). Si el índice sube, significa que las acciones están subiendo, y vice versa.

A nivel del análisis macro, esto tiene varias implicaciones. Os recuerdo que el PIB de un país es: Consumo+Inversión+Gasto público+Exportaciones netas. En general, los estudios sobre el ciclo suelen atribuir el grueso de la volatilidad cíclica a la inversión. El empleo, por otro lado (si mal no recuerdo), suele reaccionar con retraso (empieza a recuperarse después del PIB). El gasto público es un componente autónomo (discrecional) y las exportaciones netas suelen ser despreciables. El consumo, en general, suele reaccionar con retraso a cambios en el PIB, en el sentido de que la gente consume en función de la renta que tenga que es una de las cosas que se puede medir con el PIB, así que normalmente solemos ver como primero se hunde el PIB y luego el consumo. Nos queda por tanto explicar la inversión.

Confesión: los economistas tenemos una teoría de la demanda de inversión relativamente rudimentaria y bastante mala en cuanto predicciones. Pero aún así, solemos pensar, porque es razonable pensarlo, que depende de dos cosas: las expectativas empresariales (Keynes hablaría de los “animal spirits”) y del acceso al crédito. Un índice de bolsa afecta ambos aspectos.

En primer lugar, un índice de bolsa mide la confianza de los inversores en una economía. Si la gente invierte mucho, significa que están percibiendo que la economía va bien, lo cuál es en general una buena noticia ya que significa que el mercado, de forma colectiva, percibe que la economía se va a recuperar. Es posible que los inversores sean colectivamente idiotas -si miráis las series de los últimos veinte años, hay varias veces en que se ve que son, efectivamente, muy idiotas- y estén sólo jugando una especie de casino/burbuja que no refleje realmente el valor de los activos y por tanto el indicador deba ser contrastado con otras cosas. Pero incluso en ese casos, es una buena noticia porque significa que las expectativas han mejorado y por tanto también mejorará la inversión- y el PIB y a medio plazo el empleo.

En segundo lugar, la cotización de los activos influencia el acceso al crédito. Cuando una empresa decide endeudarse, normalmente suele tener restricciones en el nivel de “apalancamiento” con el que juega. El apalancamiento es la relación entre la cantidad que financia con sus activos propios y la cantidad que financia con préstamos. Si tu empresa vale 100 monedas de mithrill, es posible que el banco no quiera prestarte más de 50 monedas de mithrill. Cuanto valgan las acciones de las empresas es por tanto importante porque influencia su acceso al crédito que es un primer paso para que se recupere la inversión, luego el PIB y el empleo. Poro otro lado, esto tiene un efecto multiplicador. Aunque muchas empresas no cotizan en bolsa, los bancos que les prestan si manejan carteras de acciones y si los activos que tienen en sus carteras valen más, pueden hacer más préstamos que antes.

Por último, pero esto es algo mucho más limitado, está lo que llamamos el “efecto riqueza”. Las decisiones de consumo dependen no sólo de la renta, sino también de la riqueza. La renta es lo que a uno le pagan, la riqueza es lo que uno tiene (como patrimonio). Cuanto más rico es uno, más consume y también tiene un mejor acceso al crédito por las mismas razones que las empresas (a uno no le prestan ilimitadamente sino en función de lo que tiene). Normalmente, esa riqueza suele estar repartida en activos y , entre otros, en acciones. Si el valor de esas acciones cae, la riqueza también y uno intentará ahorrar (consumir menos) para intentar reconstruir su patrimonio; si el valor aumenta ocurrirá lo contrario. Pensad en alguien que tiene un plan de pensiones y que ha visto como el valor de sus ahorros ha caído considerablemente; la primera reaccion es intentar reconstruirlo.

Por todo lo anterior, ver que los índices bolsa se recuperan es un indicador (inexacto, como todos los indicadores) de que las cosas van a mejorar. Van a mejorar significa que aún no han mejorado porque normalmente la situación tiene que consolidarse para que las expectativas se materialicen en inversión y la mejora del acceso al crédito en consumo e inversión. Y en todo esto sí juega un papel importante la actitud del gobierno. Cuando la percepción de los inversores y las agencias de rating es que la deuda pública española es insostenible y que el gobierno no tiene muy claro lo que está haciendo, es poco probable que las cosas mejoren.

Diez libros para empezar el año

Jueves, Diciembre 31st, 2009

Como muchos sabréis, me gasto el grueso mis ingresos destinados al ocio y de mi tiempo libre leyendo libros de utilidad incierta. Sin embargo, en parte por aquéllo de intentar facilitar el acceso la cultura (ya de por sí amplísima, no lo dudo- salvo en un par de casos) de los que me leen, como también por fardar un poco de lecturas interesantes. voy a recomendar diez libritos para empezar el año. Por orden de dificultad, de más fácil a más difícil:

  1. Game Theory: A very short introduction -Ken Binmore: una joyita para tener las primeras ideas de qué es la teoría de juegos y la economía en general por uno de los especialistas más importantes en la materia. Es interesante incluso si uno ha estudiado la materia.
  2. The natural survival of work -Cahuc y Zylberberg: hable de él hace unos meses. Habla de las políticas del mercado laboral, de lo que se sabe al respecto y de lo que no se sabe y por qué en términos generales el grueso de las discusiones suelen estar mal enfocadas. Argumentativo, pero objetivo. Tal vez un poco centrado en Francia, pero es lo de menos.
  3. The penguin history of economics- Roger Backhouse: un librito, también muy corto como los anteriores, sobre historia del pensamiento económico. POdéis leer la reseña que hice aquí.
  4. The myth of the rational Market- Justin Fox. Una historia de la teoría financiera, bastante rigurosa, pero muy accesible, plagada de anécdotas y muy legible. Muy útil para entender qué falló con la crisis. El enlace es a la reseña que hice en su día
  5. The return of depression Economics- Paul Krugman- es el libro de Krugman sobre la crisis. No es su mejor libro, pero es un buen libro para entender la crisis. Además, cuenta la historia de todas las crisis económicas que ocurrieron a lo largo de los noventa. Me gusta mucho francamente.
  6. Irrational Exhuberance- Robert Shiller: Robert Shiller es la casandra de la crísis, mejor dicho, de las dos o tres últimas crisis. En el libro presenta su visión de por qué los mercados actúan de forma relativamente irracional y qué mecanismos psicológicos y sociológicos hacen que sea así. Personalmente se me hizo un poco pesado, porque muchas cosas ya las conocía y otras se me hacían redundantes. Pero creo que es algo que hay que conocer o al menos saber que existe.
  7. La España del siglo XX- Santos Juliá, Juan Pablo Fussi, José Luis García Delgado: es el primer libro de historia de España que leo es más o menos bastante tiempo y la verdad es que me ha venido muy bien para centrar ideas. La primera parte se lee rápido porque trata la política y mi percepción es que estaba bastante bien tratada, desde el punto de vista científico quiero decir, en el sentido de que era riguroso y claro en las hipótesis que hacía. La tercera parte, la cultura, está bien expuesta pero se hace un poco rollo si no se conocen las obras y la segunda, sobre la economía, es probablemente la más aburrida, escrita por el pedantorro de García Delgado
  8. Historia Económica de la España Contemporánea- Taffunel y Carreras: El libro es fantástico, muy legible, un poco demasiado económico para el neófito en ocasiones (quiero decir, hay que saber qué es la balanza de pagos para entender los análisis del sector exterior) pero básicamente muy accesible.
  9. Le Marxisme de Marx- Raymond Aron: El principal inconveniente del libro es que está en francés, lo cuál es problemático si no lo habláis. El resto, es que es fantástico, honestamente. Es una exposición clara, sistemática del pensamiento de Marx y sobre todo de su evolución y de mostrar que es un pensamiento que se presta a muchas interpretaciones, todas ellas más o menos respetables y otras que no son interpretaciones sino ideas dentro del marco marxista. Aquí uno de los posts sobre el tema.
  10. Microeconomics- Samuel Bowles: Posiblemente el mejor libro que he leído el año pasado. El libro intenta una síntesis en la microeconomía “tradicional” y todas las innovaciones ha habido en los últimos 20 años. Los capítulos sobre el mercado laboral y el mercado de crédito son simplemente fantástico. La parte del final habla de evolución y cambio en los sistemas económicos. El libro es genial, aunque las matemáticas son moderadamente complicadas (vamos, hay que saber sacar condiciones de primer orden), por eso lo he puesto al final. Atención: recomendable haberlo leído después de haber entendido, comprendido y apreciado el grueso de un curso de micro intermedia (El libro de Hal Varian “Microeconomía intermedia”), no solo por razones de comprensión, sino también porque, de otra forma, uno puede llegar a ser víctima del conocido síndrome de “Todo ha cambiado” después de leerlo.

Aparte de estos, hay tres libros sobre la crísis que no he leído pero que os recomiendo vivamente porque tienen muy buena pinta. El primero es el de Rogoff y Reinhart “This Time is different”. Es un librazo que podéis conseguir por un precio ridículo de 15 euros en bookdepository. He oido hablar bastante bien de Too Big to Save de Robert Pozen. Dicen que es un libro con mucha información para intentar encontrarse dentro de toda la jungla de la jerga financiera esta. Las referencias del libro (robert Shiller, Tyler Cowen, Alan Blinder) no podían ser mejores. Por último, dice que está también bien el libro Too Big to Fail que es una historia de la última crisis financiera, con un hilo conductor claro y centrándose en la gente  y las personalidades antes que en las teorías.