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Archive for the ‘ciencia recreativa’ Category
Martes, Marzo 2nd, 2010
En una ciudad hay dos hospitales de distinto tamaño. En el hospital más grande nacen diariamente alrededor de 45 niños por día y en el más pequeño unos 15. En media la proporción niños/niñas nacidos en total es del 50%/50%, sin embargo, esta proporción puede variar en un día concreto pudiendo estar por encima o por debajo en un determinado hospital.
Durante el año pasado cada hospital mantuvo un registro de los días en los que más del 60% de los nacimientos eran niñas. La pregunta que quiero que respondáis en los comentarios es: ¿cuál de los dos hospitales, el grande o el pequeño, creeis que registró más de esos días? (no vale mirar en google). La respuesta os la doy en un par de días.
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Viernes, Febrero 26th, 2010
A pesar de las conspiraciones en todas partes de los gnomos de londinenses que ve el gobierno, The Economist sigue siendo, con mucho, el mejor semanario de Europa. No suelo estar de acuerdo con muchas cosas que dicen, creo que a veces se les ve el plumero ideológico y que a menudo pecan de ingenuos, pero tienen al menos un par de cosas fantásticas: mostrar siempre las dos caras de un problema y apostar el high profile. Explican las cosas de forma pedagógica y citan a gente buena. En España o en Francia en las páginas de opinión se ven demasiado a menudo apuestas por la psicomagia y en las de informacion periodistas que no han digerido bien lo que les han contado.
Y en todo esto pensaba viendo el debate (escrito) que han organizado sobre el asunto de la Innovación financiera. Básicamente han juntado a dos cracks de la economía como son Ross Levine (pro) y Stiglitz (contra) para que discutan si el desarrollo de los instrumentos financieros cada vez más sofisticados es algo globalmente positivo o negativo. El debate ilumina algo que es bastante cierto sobre la profesión económica que comenta la moderadora en el turno de réplicas; a nivel teórico/abstracto, ambos están generalmente de acuerdo en que un sistema financiero eficiente es fundamental, en que las innovaciones financieras son un arma de doble filo con riesgos y oportunidades, etc… Sin embargo, cuando se mueven a un terreno más concreto, la diferencias aparecen. Viene a poner sobre la mesa lo que decía yo en este post que lo que divide a los economistas ¨(serios) liberales y socialdemócratas no es tanto una perspectiva teórica, sino un problema de optimismo o pesimismo relativo respecto a determinados mecanismos de asignación de recursos; un pesimismo u optimismo que juega cuando la evidencia empírica es ambigua.
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Lunes, Febrero 15th, 2010
Stiglitz es uno de mis economistas favoritos, si bien probablemente no uno de mis intelectuales públicos favoritos. Stiglitz combina una visión interesante de la economía, basada en un mundo lleno de imperfecciones, fallos de información, descoordinaciones, etc,… con una poderosa mente analítica que le ha llevado a recorrer la mayor parte de los campos de la economía haciendo aportaciones revolucionarias en casi todos ellos sin dejarse encerrar, como suele ser el riesgo en un campo tan complejo y especializado como la economía, en una rama específica. Una de las ramas dónde sus aportaciones tienen más relevancia es probablemente el lado financiero de la economía. Su modelo de racionamiento de crédito es el punto de partida de una rama entera de la economía actual. La paradoja Grossman-Stiglitz es una de las grandes aportaciones a la economía financiera.
Cotilleando en su página web descubro que después de la (en mi opinión poco fructífera) incursión en el campo de la economía del desarrollo y la globalización, las finanzas han vuelto a su agenda. Stiglitz estudia el tema de la inestabilidad financiera en relación con la integración financiera. Mi idea en este post es intentar resumiros su punto de vista de una forma accesible (eso significa: no os asustéis por los títulos, intento explicarlo todo paso a paso) basado en lo que he leído por ahí y este resumen de Yannick Bourquin.
(more…)
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Jueves, Febrero 11th, 2010
Es realmente interesante que un periódico como el Economist sugiera de una forma tan concreta y abierta que si el liberalismo económico ha tenido muy poco éxito en Brazil es porque los pobres votan:
One reason why liberals have been so muted since Brazil became a democracy again is that voting in elections is compulsory. This means that a large number of poor voters, who pay little tax but benefit from government welfare spending, help to push the parties in the direction of a bigger state. If the same system were to be applied to America, the Democrats might well enjoy a permanent majority.
Si este tipo de cosas se pueden decir de forma tan sincera, creo que nadie puede dudar de que la Guerra Fría ha terminado definitivamente y la Historia probablemente también. RIP
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Martes, Febrero 9th, 2010
Decíamos en el último post que la prima de riesgo que los inversores exigen por la prima depende de la probabilidad que le asignan esos inversores a un impago y esa probabilidad era tanto mayor como insostenible fuera la deuda. La sostenibilidad era, os lo recuerdo, que a medio plazo el ratio deuda/PIB fuera estable y eso lógicamente dependía de dos cosas: el crecimiento del PIB y el déficit, para que la deuda sea sostenible a medio plazo, deben crecer más o menos al mismo ritmo. Por eso, la prima de riesgo depende de las expectativas que tengan los inversores respecto del crecimiento del PIB y del déficit público. En este post vamos a ver qué hay dentro del déficit público.
El deficit público se define como la diferencia entre gastos e ingresos. Respecto a los ingresos, resaltar sólamente que dependen del crecimiento de la economía; si la economía se hunde, los ingresos que son un porcentaje de ella también. Esto añade más luz sobre por qué es importante que el gobierno haga pensar a los inversores que la economía va a crecer en el futuro: el PIB influye tanto directamente en el ratio deuda/PIB como indirectamente en los ingresos.
Pero la parte que más me interesa aquí son los gastos. Una parte de los gastos está compuesta por la devolución de la deuda pasada: al final de cada año o de cada mes, el sector público tiene que pagar una serie de cupones/bonos que vencen. El verdadero problema está en que, a partir de cierto nivel, hay una retroalimentación en los efectos. Cuando aumenta el nivel de deuda, aumenta la prima de riesgo; pero si aumenta la prima de riesgo significa que para financiar el mismo déficit tendremos que endeudarnos más lo cuál a su vez hará que aumente la deuda y la prima de riesgo. Es posible que llegue un momento en el que estamos en un esquema de Ponzi horrible.
Ahora olvidaos de lo anterior y vamos con la segunda pata del problema. Una de las razones por las que los inversores compran deuda es porque hay mercados dónde uno puede comprar y venderla a gente que no es el gobierno, lo que se llama “mercados secundarios“. Es en estos mercados secundarios dónde se ve cuál es la prima de riesgo; si un bono por el que el Estado se ha comprometido a pagar 1€ se vende en el mercado secundario a 0,5 euros, la prima de riesgo es del 100% (se vende a la mitad de su valor nominal).
Ya tenemos todas las piezas de un ataque especulativo. Vamos a ver tres casos. Primero hay que entender que para un inversor, que un gobierno suspenda pagos es un riesgo y también una oportunidad. Es posible perder dinero si el gobierno no devuelve su deuda, pero también ganarlo apostando a que el gobierno va a suspender pagos. ¿Como? Simplemente, “tomando prestados” (1) bonos en el mercado secundario, venderlos y esperar a que el gobierno diga que no va a ser capaz de hacer frente a sus deudas. Cuando el gobierno diga que no es capaz de hacer frente a su deuda, compra los bonos de nuevo -lógicamente a un precio risible- y los devuelve a quien se los había prestado. La diferencia entre el precio de compra y el de venta es el beneficio. Lo que me interesa que se vea es que esta actitud es totalmente racional -sin tener que acudir a conspiraciones de los Gnomos de Zurich- si uno piensa que es probable que el gobierno suspenda pagos. Una vez que esa probabilidad es suficientemente elevada, todo el mundo hará lo mismo de forma descentralizada. Esto es un “ataque especulativo” y no hace falta que nadie lo organice; ocurre sólo. No es algo demasiado distinto que vender tus acciones o sacar tu dinero del Santander si crees que va a quebrar; es el resultado natural de que las cuentas del Estado estén en mala situación.
Pero hay más casos posibles. Como he dicho antes, la probabilidad de impago depende en parte de la prima de riesgo- que depende de como cotice la deuda en los mercados secundarios. Si de repente la prima de riesgo se dispara porque todo el mundo empieza a vender sus bonos, la probabilidad de impago también aumentará y la gente empezará a deshacerse compulsivamente de sus bonos del Estado a precios cada vez menores haciendo a su vez que la prima de riesgo aumente y así sucesivamente. Es básicamente lo mismo que un pánico bancario y también ocurre sólo, sin que nadie lo provoque ni haya conspiración de los Gnomos de Zurich, con la diferencia de que aquí un Estado puede estar en una situación relativamente sana y sin embargo verse atrapado en un problema de profecia autocumplida.
Sin embargo, también es posible para uno o varios inversores hacerse ricos provocando el problema. Entre un grupo de inversores, deben ponerse de acuerdo para tomar prestados suficientes bonos como para afectar significativamente al precio de mercado y a continuación ponerse a venderlos compulsivamente. Además, se puede aparecer en la prensa sugiriendo que las finanzas del gobierno no son sostenibles, que en un momento u otro ocurrirá, etc… lo que hará que la prima de riesgo se dispare. Al final, llegará a convertirse en una profecía autocumplida y habrá gente que, como dice Wyplosz cuando le citan en el artículo de El País, se haga rica de forma irresponsable. En este caso, es posible que la conspiración (paper) de los Gnomos de Zurich tenga algo que ver.
He tardado cerca de una hora en escribir (y entender lo que quería escribir) este post y el anterior repasando mis libros, apuntes, etc,… La verdad es que me pregunto si los chicos de El País -no digamos ya el lector medio- tenían el background para entenderlo y explicarlo.
¿Qué es lo que nos muestra todo esto? Personalmente, soy escéptico, por razones de higiene intelectual, respecto a la conspiración de los Gnomos de Zurich- de Nueva York en este caso. Sé que el titular queda bien y sé que es algo que ha ocurrido en el pasado (Georges Soros se hizo rico así en el pasado especulando contra la Libra esterlina), pero lo cierto es que es algo dificil de hacer y de todas formas, no hay mucho que podamos hacer. Desde luego, me parece demencial intentar buscarle un texto político moralista a esto; de existir conspiración, es gente intentando ganar dinero, no atentar contra la patria, la unión monetaria o contra un gobierno de izquierdas. Sugerir lo contrario, sin pruebas, es buscarle cinco pies al gato cuando no es necesario. Segundo, el gobierno necesita, con urgencia, dar un imagen de credibilidad y de firmeza y de estar dispuesto a hacer las cosas que haga falta para poner su casa en orden, lo que no es el caso. El último tema con el episodio de las pensiones ha sido para echarse a llorar. Tercero, nada de todo esto estaría ocurriendo si los chicos de la Eurozona se hubieran puesto de acuerdo en una estrategia común. Lo que estamos viendo con la deuda griega es básicamente lo mismo que con Lehman Brothers y ni los bancos, ni los Estados deben quebrar.
(1) “Tomar prestado” es una forma de hablar. En realidad consiste en contratar hoy un futuro dónde se comprometa a vender a un precio en una fecha futura y al mismo tiempo comprar los bonos hoy. El efecto es el mismo que un préstamo que al fin y al cabo no es otra cosa que una compra unida a una promesa de venta.
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Domingo, Febrero 7th, 2010
Una de mis enormes frustraciones con el periodismo contemporáneo es que lo que los medios parecen entender por informar no es cumplir una función de intermediación dónde se haga accesible al ciudadano de a pie información potencialmente complicada, sino coger una información que podría resumirse en seis líneas, envolverla en rumores y falsos tecnicismos para darle un aspecto suficientemente impresionante como para que haga un titular presentable. Creo que se llama sensacionalismo.
La portada de El País de hoy es un ejemplo. “Van a por España”; “los mercados han olido sangre”. Leyendo el artículo intentando entender qué es exactamente lo que intentan sugerir me preguntaba ¿sabe el lector medio de El País qué es un ataque especulativo? ¿lo sabe el periodista, o sólamente tiene en mente la idea de los raiders financieros comprando y vendiendo todos a la vez mientras se llaman por el móvil? La imagen que transmite el artículo es, en efecto, la de un gobierno subyugado por los malvados capitalistas y ejecutivos con corbata y traje de Hugo Boss que se ceban con los más débiles. ¡El retorno de los Gnomos de Zurich! La realidad es, sin embargo, ligeramente diferente y me gustaría intentar aportar una idea del tema.
Empecemos por lo básico: para un gobierno, igual que para cualquier otra unidad económica, es razonable estar endeudado para financiarse, por razones que no vienen al caso. Para ello, lo que el gobierno hace es básicamente vender papelitos dónde pone que se compromete a pagar una determinada(s) cantidad(es) en el futuro que normalmente exceden el precio de venta. Esos papelitos se llaman normalmente “bonos”. El porcentaje que representa esa diferencia sobre el precio al que se vende es lo que le cuesta endeudarse al gobierno y es, grosso modo, el tipo de interés.
¿Por qué tiene que pagar el gobierno un tipo de interés? En otras palabras, ¿qué hay detrás del coste de ese tipo de interés? Hay unas cuantas teorías para explicarlo, pero uno de los factores que influyen (voy a ignorar los demás) es lo que podemos llamar el riesgo de impago. Suponed que el tipo que compra el bono piensa que hay una probabilidad del 0,3 de que no le paguen un bono por el que ha pagado 0,70 €; si suponemos que quiere recibir como mínimo en el futuro lo mismo que pagó por el bono, exigirá recibir más de 0.70 €; exactamente 1€, de forma que lo que espera recibir, una vez incorporada la probabilidad de que no le paguen, 0,70. Esos treinta céntimos de diferencia es lo que llamamos la “prima de riesgo” que es, la compensación que debe recibir el tipo que se queda con el bono por el riesgo de impago. Chequead una cosa importante. Esa prima de riesgo depende de la creencia, subjetiva, más o menos estúpida, que tenga el inversor sobre la probabilidad de que el gobierno cumpla su promesa en el futuro; si el inversor se fía mucho del gobierno, entonces exigirá una prima pequeña, si se fía poco, una prima grande.
A pesar de ser una creencia subjetiva, hay ciertos factores más o menos conocidos sobre la capacidad de un gobierno para pagar sus deudas en el futuro. Por ejemplo está lo que llamamos la “sostenibilidad”, si un gobierno que corre déficit permanentes y cuya deuda no para de hincharse probablemente tenga que dejar de pagar su deuda en algún momento. En general, los economistas pensamos que la deuda, como tanto por ciento del PIB, debe mantenerse estable a medio largo plazo- lo que viene a significar que esa deuda puede crecer tanto como -i.e. el gobierno puede tener un déficit por valor de- el crecimiento del PIB. De otra forma, la deuda será cada vez mayor y el gobierno terminará no pagando. Así, tenemos dos factores que influyen en la sostenibilidad de la deuda: el déficit que corre el gobierno y el crecimiento del PIB. Cuando el comportamiento de esas dos variables es preocupante, lógicamente, la prima de riesgo que exigirán los inversores aumentará.
Pero la sostenibilidad es algo que juega, en principio, a medio plazo. Eso implica que un gobierno que vea su economía en recesión (dónde el PIB cae) no tiene por qué empezar a correr superavits (para compensarlo); la deuda puede crecer temporalmente siempre que en el futuro se reduzca. Para que ese aumento de la deuda no afecte a la prima de riesgo (la probabilidad que los inversores le dan a que el gobierno no pague) los inversores deben percibirlo como algo temporal y ver bien perspectivas de crecimiento para el PIB, bien una firme voluntad del gobierno de reducir el déficit a un nivel sostenible. Si no es así, la prima de riesgo aumentará.
Esto nos da una primera idea de en qué consiste esto de la credibilidad, el liderazgo, la confianza, y demás. Cuando el gobierno propone reformar las pensiones o un plan de austeridad que prometan reducir el déficit en el futuro, o propone reformas del modelo productivo que prometan aumentar el crecimiento en el futuro, el inversor percibe que el riesgo de impago es menor y por tanto la prima de riesgo será también menor. Cuando el gobierno da la impresión de no saber qué hace, promete que no tocará el coste de despido, bla bla bla, la prima de riesgo aumenta. Es un puñetero problema de credibilidad. No se trata, como parece que uno oye por ahí, de dar gustirrinín a los mercados como si fueran dioses abstractos o de contentar a los capitalistas; se trata de que el Estado no tenga que endeudarse a un precio excesivo (i.e. pueda seguir endeudándose para pagar cosas). Pero esto no es toda la hsitoria; vemos el resto en el siguiente post.
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Lunes, Febrero 1st, 2010
Suponed que tenemos el juego de los Lemmings. ¿Recordáis esos simpáticos muñequitos a los que había que ponerles paraguas para que no se estrellaran al caer o a los que había que equipar con picos para que picaran abriendo túneles? El juego nos daba distintos escenarios dónde había que conseguir que un mínimo de ellos sobrevivieran.
Nuestro escenario es en este caso el de tres Islas que conforman el archipiélago “oek-onomía”. Regularmente veremos los Lemmings emigrar de una isla a otra según las reglas que precisaremos a continuación.
- La primera Isla se llama “in-aktiva”; a ella llegan periódicamente un flujo de nuevos lemmings a través de una especie de apertura en el techo y también desde la segunda isla.
- La segunda Isla se llama “aktiva” y a ella inmigran en barco periódicamente lemming que viene de “in-aktiva”. De ella emigran lemmings que van a parar a “in-aktiva” y a la tercera isla.
- La tercera Isla se llama “jub-bilación” que recibe periódicamente lemmings que vienen de aktiva e in-aktiva y dónde periódicamente se suicidan ellos solos -el arte de suicidar lemmings siempre estuvo infravalorado.
Tenemos por tanto flujos de Lemmings que van en varios sentidos y la actividad del archipiélago oek-onomía funciona así.
- Al principio de cada año cada Lemming puede bien quedarse en su isla, bien coger el barco y cambiar de Isla, bien aparecer/desaparecer (caso de in-aktiva o jub-bilación).
- Durante ese año, los Lemmings que están en la segunda isla trabajan cultivando plantas. Esas plantas tienen la propiedad de atraer nubes que hacen que llueva maná- el único alimento de los Lemmings- en el archiepiélago oek-onomía.
- Al final de ese año, en función de la cantidad de plantas que hayan cultivado, llueve una cantidad de maná que sirve de alimento para todos para el resto del año siguiente.
Nuestro objetivo en el juego es conseguir que la cantidad de maná que consume cada Lemming sea relativamente estable o incluso aumente dentro de la medida de lo posible. Esa cantidad viene dada por
Maná por lemming= número de lemmings en aktiva X producción de cada lemming / nº total de lemmings
Como decía, los flujos de Lemmings en el archipiélago oek-onomía son relativamente aleatorios, aunque como jugadores podemos intentar influir en ellos vamos a ver algunos ejemplos.
- Suponed que de repente hay una emigración masiva de “aktiva” a -> “in-aktiva”. Si miráis la ecuación de arriba, veréis que por pura lógica el número de lemmings cultivando plantas caerá y la cantidad de maná también caerá mientras que el resto permanece constante. Llamamos a este problema “paro” -cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
- Suponed ahora que el número de Lemmings que se suicidan en “jub-bilación” cae pero todo lo demás constante. Veremos un número de lemmings total mayor y por tanto una caída del maná por lemming. Llamamos a este problema “envejecimiento”.
Como decía, como jugadores podemos intentar influir en los flujos y en la cantidad de lemmings que hay en cada Isla. Suponemos que antes el problema del envejecimiento queremos podemos poner un coto al número de barcos que llegan a “jub-bilación“. Eso reducirá los barcos que llegan de cualquiera de las dos islas, da igual de cuál. Algunos barcos dejarán de llegar de “aktiva” y otros de “in-aktiva“. Si es el caso del primero, lógicamente tendremos una (principio de) solución al problema dado que el número de lemming en “aktiva” aumentará -ver ecuación. Si es el caso del segundo, nos quedamos igual que estábamos.
Pero entonces llega uno de nuestros amigos y dice “eh, cuidado, intentando arreglar el problema del envejecimiento, vas a acentuar el del paro”. Nuestro amigo nos señala que al prohibir que haya más gente yendo de “aktiva” a “jub-bilación” vamos a intentar tener un problema dónde esos barcos van a salir hacia “in-aktiva” teniendo un problema de, como decíamos, paro (la emigración de “aktiva” hacia “in-aktiva” era lo que habíamos definido como paro).
Eso tiene sentido hablando literalmente. Pero por otro lado, no hemos agravado el problema; a lo sumo lo hemos aliviado. No lo hemos agravado porque los términos de la ecuación en la situación “paro” y en la situación “envejecimiento” son los mismos: tenemos el mismo maná por lemming porque tenemos la misma cantidad de lemmings trabajando en oek-onomía. Lo hemos tal vez aliviado porque mientras que hay lemmings que emigran de “in-aktiva” a “aktiva“, no hay lemmings que emigren de “Jub-bilación” a “aktiva“; es un viaje de no retorno. Si queremos ganar en el juego- aumentar o mantener la cantidad de maná de cada lemming- lo razonable sería limitar -en la medida de lo posible- la cantidad de lemmings en “jub-bilación” y aumentar la cantidad de Lemmings en “aktiva” fletando más barcos hacia aktiva y menos hacia in-aktiva.
Dedicado a Juan Antolin y a Kantor, me consta les gusta la pedagogía friki
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Miércoles, Enero 27th, 2010
Si tengo que nombrar dos autores que hayan influido más que en mi cosmovisión del mundo, entendida como “educación sentimental”-J, ahora te mando el copyright- o como conciencia histórica, probablemente nombraría a Marx y a Ortega y Gasset. Algo -tal vez lo único- que tienen en común es la articulación de, por un lado, de la importancia del momento histórico, la idea de que cada periodo de la vida humana está dominado por unos temas y que sus soluciones globales son más o menos inevitables y por otro, el papel del individuo -o en el caso de Marx la clase- como agente de ese cambio y la consiguiente llamada a las armas.
Ortega sugeriría que la condición sine qua non para el éxito de un discurso político -la vieja y la nueva política- es “estar a la altura de los tiempos”; ser capaz de colmar las aspiraciones de una generación, permitir que los cambios necesarios o inevitables se produzcan y que la sea la generación que los vive la que los lidere en lugar de sufrirlos. Pero para que los cambios sean asumibles y no traumáticos, la economía del proceso histórico exige que sean graduales y que lo nuevo se apoye siempre en algo que ya existe y de lo que se tiene conciencia.
Cuando hablamos del discurso de la izquierda, pienso que ese discurso debe, para tener éxito, cumplir dos condiciones. Por un lado, ser realista y ambicioso y colmar las aspiraciones de una generación, responder a los problemas de un momento histórico- o lo que es lo mismo, apoyarse sobre un diagnóstico certero y hacer prescripciones realistas. Por otro lado, debe apoyarse en una tradición que recupere los temas y las sensibilidades históricas con las que un movimiento- como la izquierda- se sienta identificado; los imaginarios construidos sobre tablas rasas tienen eso de problemático que transmiten esa horrible sensación de “low profile”- sí, pienso en la eclosión neocañi. Identidad y ambición; realismo y movilización deben ir de la mano en un discurso.
Si hablamos del diagnóstico, creo que puedo apostar sin demasiado riesgo que los próximos 20 o 30 años estarán, en Occidente, marcados por un problema que podemos poner bajo la rúbrica de “sostenibilidad”. A su vez, esta idea se desdobla en dos temas: la sostenibilidad ecológica entendida como el problema tanto de la economía ambiental y el respeto del medioambiente como del progresivo agotamiento de recursos energéticos y la sostenibilidad demográfica entendida como el problema del reto del envejecimiento de la población-y la sostenibilidad de los Estados de Bienestar- y el declive demográfico de la sociedad occidental. Cuando pienso en cualquier problema futuro, me resulta difícil encontrar alguno que no se pueda agrupar bajo alguna de estas rúbricas; son los problemas fundamentales del futuro y pienso que cualquier partido, de izquierdas o derechas, deberá responder a estos problemas o fracasar para inscribir su nombre en la Historia.
Resulta que la tradición de izquierdas está particularmente bien armada para responder a ambos retos siempre y cuando sepa reformar sus ideas. El ecologismo es un tema que forma parte del imaginario de la izquierda al menos desde los 70. Sin embargo, además de la retórica mecánica sobre el cambio climático y las renovables, sería razonable que el debate se articulara en términos un poco más científicos -pienso en la energía nuclear y en la necesidad de una política energética coherente. Favorecer un cambio de modelo energético sobre la base de un debate técnicamente informado debería ser una baza electoral, a cambio de saber hacer un poco pedagogía política.
Respecto a la sostenibilidad demográfica, es probable que éste sea un tema históricamente de derechas -Malthus, etc,… Sin embargo, sus soluciones pasan por tres tipos de políticas. En primer lugar, una economía suficientemente robusta para que la productividad aumente, capaz de innovar y de adaptarse, con mercados flexibles que se adapten a los cambios inherentes a esta innovación y sirvan efectivamente al consumidor y no al empresario, con un sistema educativo funcional orientado a mejorar el capital humano de los individuos, a mejorar su posición en el mercado laboral así como una red de protección con seguros obligatorios que haga esos cambios menos traumáticos.
En segundo lugar, Occidente y Europa en particular necesita encontrar una política de inmigración coherente y planificada a largo plazo, no basada en la última sensacionalidad política. Frente a las políticas irresponsables, sólo veladamente racistas y oportunistas de la derecha, la izquierda necesita y puede articular un discurso basado en la correcta gestión de los flujos migratorios que ponga en la balanza las ventajas e inconvenientes de cada política- lo que probablemente incluye valorar a los inmigrantes en función de las necesidad del mercado laboral.
En tercer lugar, necesitamos un sistema de protección social más moderno, que haga frente a los nuevos riesgos sociales. Las políticas familiares en Europa continental brillan por su ausencia. Sin embargo, cuanto más sabemos sobre la situación en la infancia y el éxito posterior más claro está que el status socioeconómico de tus padres es la madre de todas las externalidades y que este tipo de políticas son la clave para reducir la desigualdades y mejorar la cohesión social. El efecto sobre la sostenibilidad es tanto mayor en la medida en que no sólo aumentan el número de hijos por mujer sino que también fomentan la incorporación de la mujer al trabajo. La temática feminista, la de la sostenibilidad y la igualdad de oportunidades, reunidas en una misma política.
Que este tipo de programa tenga éxito depende en buena medida de la capacidad de los líderes para hacer pedagogía y modificar el discurso. Mi exasperación con la izquierda española actual proviene precisamente de esa falta de visión y de liderazgo para ser consciente del momento histórico en el que vivimos, de los retos a los que se enfrenta y la miopía inherente a ir a salto de mata electoral. El discurso actual de la izquierda en España basado en el género, la memoria histórica y la “sostenibilidad light” tiene el problema de ser un discurso vacío en la medida en que no aporta soluciones a problemas reales. Las soluciones a esos problemas en las que parece creer la izquierda tienen el problema de ser viejas- no solo antiguas. Ambos son la causa de que la izquierda lleve treinta años a la defensiva cuando se habla de cosas importantes.
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Miércoles, Enero 20th, 2010
Yannik Bourquin reported recently a post written by Tyler Cowen and commented that anglo saxons seems to see the sales period as a matter of anthropological curiosity. From the point of view of the economist, it is rather difficult to understand why shops are not allowed to sell cheap whenever they want; the only explanation should therefore lie on the side of cultural particularity or, more realistically, as an unjustifiable measure that restricts competition. I have been thinking about the issue during the last 7 days, and although I do not have any specific knowledge of the literature which must exist in the area, I think I can make some comments from the perspective of an armchair economist. It should be pointed out, though, that I write mainly with sales for clothes in mind, although the arguments should be applicable to other articles.
The main question that should be asked is: why would sellers like to have different prices in different periods of the year? Why wouldn’t they, instead, have the same average price the whole year?
In the case of clothes or any article that might turn to be perishable, it should be noted that the same piece of clothe might turn to be a different article in different periods of the year. The same person might be willing to pay more money for clothes at the beginning of the season, when they are more necessary and more fashionable, than at the end of the season when they will have to wait one year before being able to wear them again and they may well be out of fashion. In this case, it is natural for the seller to adjust the price. There is nothing wrong, in principle, with this practice which just means that different goods are sold at different prices.
Another reason for the existence of sales is what economists call “price discrimination”. Typically different consumers have different willingness to pay. From the point of view of the producer, it would be optimal for him to sell each good to each consumer at the maximal price that he would be ready to pay. However, producers do not know the real willingness to pay of different consumers and they are forced to sell at a single, impersonal, average price which maximizes their profits. Price discrimination consist just in separating consumers with different willingness to pay and sell them the good at different prices. One way of doing this is to artificially degrade the good; if you have two different types of consumers, one demanding-with-high-willingness-to-pay and one-non-demanding-with-low-willingness-to-pay, then downgrading the quality of the good and selling it cheaper will ensure that both consumers will buy the good but at different prices. In the case of sales, goods are usually sold in worse conditions; you usually have less choice since many sizes are not available, they are more difficult to find and the conditions of refund are more stringent. Those who value an article a lot could wait for sales, but they will run the risk of not finding the article available any more and therefore will choose to buy during the season. This explains for example why luxury brands have outlet stores in remote places where they sell their articles much cheaper than at they grand boutiques in town; those who are willing to go that far are less willing to pay. The welfare evaluation of this technique is a bit more ambiguous, but the situation is quite efficient since everyone get what he wants at the price he is willing to pay.
Another possibility is that sellers need to liquidate their stocks. Typically, stocks have costs because the sellers can not store the new stuff as long as the old has not gone. As long they can not anticipate perfectly the demand that they will have during the season, they will usually find themselves with excess supplies. By selling it cheaper, they can minimize the loss.
Finally, sales might be a way to let consumers know about your shop. Consumers tend to develop habits, that is, they tend to buy always in the same shop or the same article instead of looking around for the best offer. Sales joined to advertising might help consumers to know about your products, try them and thereafter to develop a habit for them. It is therefore a way of cultivating the loyalty of your clients.
The reasons pointed out above are welfare improving and ask for no regulation. They are also compatible with regulation as it exist in Europe since sales would be usually concentrated in the same period of the year, with or without regulation. Are there any arguments for the kind of regulation we have in Europe? Let’s try some possible arguments.
If you listen to sellers who push for regulation you will often heard the argument of “disloyal competition”. The idea is that some producers would like to sell their productive for less than their production cost in order to eliminate competitors and monopolize the market. This argument has some validity, but only under some conditions. For example, the market should have few participants and important sunk entry cost that would make withdrawing from or entering into business very costly. In this case, the strategy would be sustainable. But this is clearly not the case for sales and especially fashion where the market is not concentrated at all and entry costs are low. Thus, this argument does not justify any regulation for sales.
A different argument could be more supportive. Sales could be one way of exploiting consumers in a unlawful way. As any shopkeeper knows, consumers are more willing to buy something when its price has been reduced, no matter how high the price. Those psychologists who have tried to understand economic decisions –behavioural economist- studied similar phenomena. For example, people tend to answer that they would prefer to earn double when every price has been double than their current real income – despite the fact that their purchasing power has been kept constant. Sales could therefore be a way of exploiting cognitive biases of consumers that would buy more than they would otherwise because they have the impression, true or false, that they are making a good deal. This is a good case for regulating sales.
Moreover contrary to conventional economic reasoning, the price of a good might have under some circumstances some positive influence of the demand for it. Firstly, some goods are what we call “Veblen Goods” in honour of Thorstein Veblen, the economist who first thought about them in his book “Theory of the leisure class”. He pointed out that some goods, such as luxury goods, are bought just for snob reasons; they are expensive, so they denote a social status. Secondly, a related argument comes from the field of information economics. Consumers usually ignore the quality of the good they are buying. In the case of clothes, for example, you don’t really long how resistant will this pair of jeans that you are buying be. One possibility is to rely on brands; you know that Levi Strauss is a good brand. But another possibility is to rely on price. Assume you find a new shop you had never heard of before with a French name “Jean Michel Dunod”. The aspect of the shop is very fashionable and the prices are huge. If you have to make a guess, you would probably suggest that it is a luxury brand that you did not know and think that the articles are worth more than what you would have think in another environment. Prices are a valuable piece of information, in this context.
When prices are positively related to demand, sales are an extremely effective marketing technique because you can put two prices. The “normal price” which signals quality or status and the “sales’ price” which allocates the good to consumers. A good strategy would be to have a very high price during the year and a lower sales price, increasing sales considerably. It is not difficult to see that in this case, the effect of sales on welfare is much more ambiguous.
These two arguments do not, however, call for a limitation of the period on which sales should be allowed. It could call for ensuring that sales are lawful, and not artificially engineered just for marketing reasons. This would be, however, hard to enforce unless prices were stable during the season, since it would be very difficult to compare it. Finally, although the argument exists, I personally think that, overall, the effect of regulation is largely negative as it restricts competition and that the possibilities for consumer exploitation are neglectable.
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Lunes, Enero 18th, 2010
He hablado ya en alguna ocasión de lo importante que es en términos generales que los mercados de bienes y servicios sean competitivos. Cuando en un mercado existen barreras de entrada u otros obstáculos a la competencia, eso crea rentas. El efecto de las rentas es que los precios son mayores y, en la práctica, eso afecta a la capacidad adquisitiva de los salarios. La competencia tiene además toda una serie de ventajas desde el punto de vista dinámica -fomenta la innovación, etc…- que hacen que sea crucial para el desempeño y la productividad de una economía.
En la práctica, muchos obstáculos al desarrollo de la competencia vienen de la regulación pública. Tener que rellenar demasiados formularios para montar una empresa; pasar por demasiadas autorizaciones, cumplir con demasiado “red tape”. Todo eso son costes para una empresa que obstaculizan la competencia y estos suelen desarrollarse de forma relativamente inintencionada.
Esto se ve de forma bastante clara a nivel comunitario. El tratado de la UE consagra los principios de libre circulación de las mercancías, personas, servicios, libre establecimiento, y capitales. La idea es que no pueden existir, dentro de la zona europea, medidas que obstaculicen estas libertades creando un efecto de frontera. Desde el punto de vista jurídico, sin embargo, el alcance de estas libertades ha sido mucho más amplio de lo que uno puede imaginar. Os recuerdo que el derecho comunitario tiene primacía sobre el nacional; eso implica que cuando alguien lo invoca, el juez que lo aplica puede saltarse la ley nacional si esta es contraria y si no lo hace, el caso puede llegar hasta el tribunal europeo de Justicia de Luxemburgo.
La jurisprudencia establecida para las libertades comunitarias es la de la sentencia “Dassonville” un funciona de la forma siguiente. En primer lugar, se debe probar la existencia de un obstáculo a la circulación. Es algo que se interpreta de forma tremendamente amplia; prácticamente cualquier intervención de la administración que un impacto directo o indirecto sobre la actividad económica puede considerarse un obstáculo. Sin embargo, eso no hace la intervención ilegal; el obstáculo puede estar justificado por algún objetivo legítimo de la administración (la protección del consumidor, del medioambiente, bla bla bla). Para que este justificado debe cumplir dos tests: ser necesario (que sirva para lograr el objetivo) y ser proporcionado (que lo haga de la forma menos gravosa para el comercio entre estados. Algo similar se aplica a las ayudas públicas a empresas que deben tener un carácter no discriminatorio, necesario, justificado, etc,… según el derecho de la competencia comunitario.
En la práctica, esto ha servido a los jueces para echar abajo una cantidad interesante de regulaciones absurdas y de subvenciones guiadas por el amigachismo. La idea es hacerles pasar ese test económico en el que los redactores de las normas no piensan necesariamente. El problema es, sin embargo, que el ámbito de estas cosas sólo es el comunitario; si la actividad a la que afecta no tiene una dimensión comunitaria y es puramente interna, entonces este test no se aplica y las cosas funcionan de forma interna.
Pues bien; mi propuesta es establecer los mismos principios en el ámbito nacional/interno. De hecho, el proyecto de ley de economía sostenible dice algo similar (”principios de necesidad, proporcionalidad, seguridad jurídica, transparencia, accesibilidad, simplicidad y eficacia”) en el artículo 4 lo que es, no hace falta que lo diga, una magnífica idea- aunque no me fíe un pelo de como se vaya a aplicar. El problema es que se trata de una simple ley de la Administración General del Estado que afectará, a lo sumo, a los reglamentos. No afectará (imagino) a las leyes posteriores, ni a la regulación que exista con anterioridad ni a lo que hagan las Comunidades Autónomas.
Mi propuesta es, por tanto, que esto se codifique dentro de la Constitución. El tribunal constitucional podría empezar a desarrollar doctrina, alineándola sobre la del tribunal de Luxemburgo, pero aplicada al ámbito interno y los jueces administrativos podrían usarlas para interpretar las normas. Sí, sé que soy un ingenuo y que es imposible políticamente, bla bla bla,… pero es el tipo de cosas que hacen consenso y si la reforman un día de estos para lo de Leonor podrían tener el detalle de meterlo.
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