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Evaluación de políticas y competencia política

Tim Harford se queja amargamente en su blog de que en las políticas públicas, a diferencia de otras prácticas dónde se opera con un grado importante de incertidumbre a la hora de hacer un diagnóstico y aplicar un tratamiento -sí, pienso en la medicina- la experimentación y la evaluación sistemática brillan por su ausencia.

Lo que dice y argumenta tiene un sentido aplastante. Los que me leeis sabéis de mi visión de la teoría económica y de las ciencias sociales como “caja de herramientas”; es decir, como un conjunto de modelos que pueden usarse para describir distintos aspectos de la realidad con más o menos éxito. “Models are to be used, not believed”. Y lo cierto es, por tanto, que no tenemos un conjunto de recetas bien marcadas, sino instrumentos con los que construir esas recetas que, en función del modelo que usemos pueden dar lugar a un resultado o a otro.

Qué modelo utilizar es en parte un problema de sentido común, o de intuición o de algo que no es fácil enseñar o utilizar. ¿Es la política monetaria un “arte”? El resultado, demasiado a menudo, es que la discusión sobre cuál es la mejor receta suele degenerar en una exposición de prejuicios mutuos basados en visiones más o menos irreconciliables que son contrarias a cualquier discusión racional de las cosas.  Los ejemplos están ahí, a diario, desde la reforma laboral, hasta la subida del IVA.

Sin embargo, a diferencia de en el pasado, hoy existen, y cada vez más, formas de evaluar las distintas recetas en función de sus resultados mediante la experimentación. Un campo en auge a nivel teórico es el de la economía experimental, que le valió a Vernon Smith el Nobel en 2002. Pero sobre todo, existen formas de evaluar y chequear los resultados de una política, por ejemplo, diseñando programas piloto dónde se chequea el efecto entre un grupo de control (al que no se aplica el programa) y otro experimental (al que se aplica el programa).

Esto no es sólo un problema de “accountability” democrática y de que los ciudadanos puedan saber si lo que hacen sus gobiernos funciona o no, es sobre todo un problema de racionalizar en la medida de lo posible las discusiones políticas y de conseguir soluciones mejores para todos. Pero para que esto sea posible, esto exige no sólo un mecanismo de evaluación sistemático, sino también una forma específica de diseñar los distintos programas. Implica que cuando un programa se establece, se debe establecer un periodo de prueba, unos objetivos facilmente comprobables, unos estándares que permiten ver si el programa ha tenido exito y unas fechas de caducidad y revisión, etc… Supone además dejar abiertas las politicas públicas a que las examinen terceras partes: académicos, universitarios, consultorías, y la oposición… para que el diagnóstico sea contrastado. Esto no existe y es de lo que se queja harford.

Lo que Harford no dice, es que es en buena medida una consecuencia de como se formulan las políticas públicas y de como funcionan los políticos. Si habéis seguido a Egocrata sobre la reforma sanitaria veréis que las acrobacias parlamentarias de la democracia americana se prestan poco a este tipo de tests sobre la coherencia (la coherencia existe raramente, sino que es más el resultado de un trato e intercambio de cosas). En una democracia parlamentarista, esto es moderadamente distinto. Pero aún en una democracia competitiva de partidos esto tampoco es sencillo; aunque aquí los proyectos que salen adelante al menos tienen cierta coherencia interna, la competencia política tiende a hacer muy difícil que la evaluación sea justa, no digamos ya que el gobierno admita que el proyecto ha sido un fracaso. Esto no es sólo políticamente costoso -los electores perciben que eres un inútil y te sancionan- también lo es psicológicamente, en el sentido de que cuando uno ha tenido que defender una posición (y en la confrontación política es inevitable) contra una oposición y montar un argumentario sólido a su favor hace que la posición se radicalice y se lleve al terreno maniqueo de la ideología.

Lo que el electorado demanda, por suerte o por desgracia, no es (”pondremos a prueba algunas políticas contra el empleo”) sino dictámenes rotundos y emociones políticas fuertes que concuerden con su orientación ideológica (”El gobierno no dejará tirado a ningún trabajador en la cuneta”). Tal y como funciona nuestro sistema político, diseñar una política para que sea fácil ver sus fallos (en eso consiste evaluar) y rectificar después de periodos de prueba equivale a darle munición política a la oposición.

En el fondo, es el viejo e irresoluble problema de las relaciones principal agente: si un agente se ve perjudicado por el hecho de revelar una información (y los resultados de una apuesta política son un caso) no lo hará, y de hecho, buscarán ofuscar todo lo posible esa información- que es lo que vemos en la práctica. Si los votantes no castigan estas prácticas, no premian la transparencia, el problema persistirá.

3 Responses to “Evaluación de políticas y competencia política”

  1. J.E Says:

    Mucha tralla en un solo post, pero más razón que un santo. En los ámbitos en los que me he movido más (Juventud, cultura) es excepcionalmente sangrante, por cierto.

    Y aun estando de acuerdo con lo que dices (que la política no debería ser arte, sino elección), le veo un problema hasta cierto punto: en el momento que nos limitamos estrictamente a la esfera de lo posible, la ambición decae. Por así decirlo, innovar consiste en avanzar hacia lo desconocido, y si solo nos movemos por lo conocido (una posible consecuencia de sostener la acción política mediante la evaluación y la predictibilidad) no innovamos, lo cual en el largo plazo siempre es peligroso.
    Aunque ni siquiera estoy seguro que este argumento se sostenga. Pero si es un buen punto de debate.

  2. Club Lorem Ipsum :: La Ley de la Gravedad » Archivo » Esther Duflo en video Says:

    [...] ¿Os acordais de Esther Duflo, la chica que gano la John Bates Clark hace unos dias? Aqui teneis un video donde habla de experimentos para reducir la pobreza. Es importante, de veras, evaluar politicas publicas y no solo en los paises desarrollados. [...]

  3. Club Lorem Ipsum :: La Ley de la Gravedad » Archivo » Los programas britanicos pasados a revista Says:

    [...] en la que metemos un conjunto de cosas que no sabemos explicar- pero desde luego es un problema de deficit democratico. En unas elecciones, saber si el programa del candidato es economicamente viable y si la conexion [...]

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