Quiénes somos
Hágase socio
Noticias y eventos
El Coliseo

Narrativas de sostenibilidad: caso práctico

El otro día hablaba del problema de las narrativas y de renovación del discurso de izquierdas. Como decía, lo que hace históricamente grande a una ideología es ser capaz de articular soluciones bien fundadas a problemas históricos concretos y para ello es necesario disponer de un discurso,. de una narrativa. En este post quiero, relacionado con el problema de las pensiones que acaba de salir dar un ejemplo de discurso, tipo “meeting” de como sería posible “vender” este tipo de soluciones. No hace falta que diga no es un análisis fino; es un discurso que intenta primar la elegancia sobre la precisión. Allá va:

La política tiene que ver con una cuestión de elección de sociedad. Es en la arena política dónde se deciden los asuntos que nos afectan a todos, que desbordan el campo de lo estrictamente individual, sobre el tipo de sociedad en el que queremos vivir y en la que queremos que vivan nuestros hijos.

En las últimas siete décadas, los movimientos de izquierda en Europa occidental hemos apoyado un programa basado en valores sólidos como la libertad, la igualdad, la justicia, la prosperidad, y hemos sido unos de los protagonistas de un cambio político y social sin precedentes. Los niveles de prosperidad de los que disfrutamos hoy, la libertad y la igualdad material de la que disfrutamos y la cantidad de bienes a la que tienen acceso hoy hasta las clases mas desfavorecidas son mayores de los que los autócratas de hace dos siglos podían siquiera soñar. Creo que la responsabilidad histórica de una sociedad en su conjunto y de la izquierda en particular consiste en hacer que ese progreso continúe, se extienda al mayor número de individuos posible y se asiente sobre bases sólidas.

De entre todas las conquistas sociales por las que la izquierda puede atribuirse algun grado, mayor o menor, de paternidad, hay una que a menudo, con mucha frecuencia, pasa desapercibida. Estoy hablando de la democratización de la jubilación. En un tiempo tan reciente como antes de la última guerra mundial, la vida después de los sesenta años para un trabajador era corta y miserable. Los que llegaban a esa edad dejaban de trabajar sólo porque sus fuerzas ya no se lo permitían y cuando lo hacían recibían algún tipo de subsidio que les permitiera sobrevivir los escasos últimos años de vida. Con la instauración de la seguridad social, sin embargo, hoy creemos que la jubilación es mucho más que la parte final de un camino extenuante; hemos conseguido que nuestros mayores, sin excepción, tengan un bienestar mucho mayor, pudiendo acceder a la mejor atención sanitaria y a tratamientos que antes ni siquiera eran concebibles. La jubilación no es hoy ya algo hecho por pura necesidad, sino visto como la recompensa de toda una vida de trabajo duro; ya no se trata de cinco últimos años de padecimiento, sino de más de una esperanza de vida de vida de casi dos décadas de bienestar.

Sin embargo, uno de los efectos de este logro que podemos y debemos celebrar como uno de los mayores logros históricos, ha sido poner en peligro la sostenibilidad de nuestro sistema. Es una verdad elemental que una sociedad no puede, a medio plazo, consumir más de lo que produce. Por cada hospital que provea servicios sanitarios, debe existir un grupo de médicos que trabaje en él; por cada supermercado que venda productos, deben existir trabajadores que lleven el producto hasta el consumidor; por cada subsidio de desempleo o pensión que se pague, deben existir trabajadores que paguen sus contibuciones. Esta es una ley inexorable e intentar eludirla supone evitar las responsabilidades o engañar a los ciudadanos: todo nuestro bienestar, toda nuestra prosperidad, proviene del trabajo y de nada más.

La implicación de este hecho es que todos los trabajadores en activo deben ser capaces de producir lo suficiente para toda la población, activa o no. Dentro de la población inactiva se encuentran, grosso modo, los jubilados, los ciudadanos en edad de trabajar que por elección o por ser incapaces de encontrar un empleo no trabajan y los jóvenes que aún no se han incorporado al mercado laboral. Desde el punto de vista histórico, tener a estos grupos fuera de la actividad productiva y sin embargo viviendo en condiciones dignas supone, no sólo una conquista, sino también un lujo. No hace tanto tiempo que el trabajo infantil era legal; que los mayores seguían trabajando hasta agotar sus fuerzas y que los parados caían en la miseria más absoluta o en la marginación.

Sin embargo, un efecto colateral de este gran logro ha sido que la proporción de ciudadanos inactivos ha crecido de forma muy significativa en los últimos años y ese aumento ha puesto en peligro la sostenibilidad del sistema. Las razones para ello son, grosso modo, la caída de la natalidad, el aumento de la esperanza de vida y las tasas de paro relativamente altas.  Si los ciudadanos activos no producen lo suficiente para mantenerse a sí mismos y a los inactivos, la cantidad de bienestar de que disfrutan todos ellos deberá reducirse y eso, en última instancia, significa ver como los progresos de los últimos 50 años.

Como decía antes, la política tiene que ver, sobre todo, con las elecciones y he aquí que tenemos una elección que determinará nuestro futuro. Si lo que produce el total de trabajadores activos debe ser suficiente para sostener a toda la sociedad, la solución al problema la sostenibilidad pasa bien por aumentar la cantidad que se produce, esto es, bien por reducir la proporción de población que no trabaja, bien por aumentar lo que produce cada trabajador. Y es aquí dónde, de forma crítica, vemos las diferencias entre distintas visiones de la política, ya que existen distintos caminos para lograr esto.

La solución fácil que es la que se impondrá si no hacemos nada, es tal vez la que menos deseamos: bien aumentan las contribuciones a la seguridad-esto es, los impuestos sobre el trabajo- de modo que sean suficientes para cubrir las prestaciones que recibe la población que no trabaja lo que en última instancia obligaría a trabajar más horas de las que ya se trabajan para ganar el mismo sueldo; bien se reduce el valor de las prestaciones. Ese es el camino por defecto y es al que no queremos llegar.

Otra posibilidad es intentar acometer reformas para que la cantidad de individuos trabajando aumente y la cantidad de individuos inactivos se reduzca. Aumentar la edad de jubilación sería un primer paso e incluso no hacer obligatoria la jubilación de forma que sólo aquéllos que lo deseen se retiren. A diferencia de la generación de nuestro padres, el tipo de trabajos que se realizan hoy no tienen ese carácter extenuante que los hacía físicamente inviables a partir de cierta edad. Hoy la salud a partir de los sesenta es netamente mejor y una parte muy importante de los trabajadores se encuentra en el sector servicios. Por último, el número de años que se puede esperar vivir tras la jubilación es mucho mayor; parece justo pedir que una parte de ese aumento se dedique a la sociedad. Es probablemente justo, viable y necesidad estudiar un aumento de la edad de jubilación, con el calendario y las políticas de acompañamiento de convengan.

Una segunda solución sería reducir la población sin empleo pero en edad de trabajar. Sabemos hoy que nuestro paro está persistentemente muy encima de la media de la UE y que ello es así por razones estructurales. Sabemos también que nuestro mercado de trabajo pone desventaja a determinados colectivos, como las mujeres, los inmigrantes, los mayores de 45 años, o los jóvenes. Esto es problema en sí mismo que requiere una solución urgente, pero lo es tanto más por el problema de sostenibilidad. Parece por tanto necesario considerar una reforma a gran escala de nuestras instituciones laborales, de las políticas y de su implementación con el fin de solucionar de una vez por todas el problema del empleo.

Parte de la solución pasaría por mejorar la conciliación de la vida familiar y laboral. Si nuestra demografía no es sostenible es en buena medida porque resulta cada vez más costoso tener hijos. Las mujeres se ven obligadas a elegir entre su familia y su carrera profesional y somos uno de los pocos países en los que es común que dejen el trabajo a partir de su segundo hijo. Ampliar la red de guarderías y mejorar su acceso, mejorar las ayudas a las mujeres, parece una política de sentido común que además ayudaría a culminar el viejo sueño feminista de la emancipación de la mujer.

Sin embargo, en ocasiones se olvida que la caída de la natalidad, de la que depende nuestro sistema de bienestar, no se debe sólo a razones económicas, sino también a un problema de elección personal. Por tanto, otra forma de arreglar el problema pasaría por establecer una política de inmigración eficiente. Espero que entiendan la tragedia que supone para un decisor político tomar decisiones en esta materia; sabemos que la entrada de inmigrantes crea tensiones sociales y que existe un número limitado de ellos que nuestro mercado laboral puede absorber; pero por otro lado, tenemos a miles de seres humanos guiados por la desesperación y el sueño de una vida digna. Elegir entre ambos es tal vez una de las decisiones políticas más complicadas. Y sin embargo, sabemos también que, correctamente gestionada, la inmigración puede ser una fuerza para el progreso económico y social y una fuente de enriquecimiento cultural. Va siendo tal vez hora de tener una política de inmigración planificada a largo plazo, que permita rejuvenecer nuestra fuerza laboral, que busque integrar y acomodar a los recién venidos, gestionar su entrada selecionandolos en función de su capacidad de adaptación y de las necesidades de nuestro mercado de trabajo.

Este es un reto que vemos, está ahí a medio plazo y de como lo afrontemos depende la sostenibilidad de nuestro sistema, de las conquistas sociales, de nuestra prosperidad, de nuestros valores de igualdad, libertad y justicia y, en última instancia, de nuestra civilización.

¿Qué tal lo he hecho?

7 Responses to “Narrativas de sostenibilidad: caso práctico”

  1. Carlos Jerez Says:

    Bueno…

  2. Carlos Jerez Says:

    En serio, esta bien el discurso, lo que pasa es que mezclar tantos temas, aunque estén muy relacionados, puede distraer al público y no quedarse con lo principal en la cuestión de porque hay que subir la edad de jubilación, que explicas muy bien entre los párrafos 6 y 10.

  3. Heathcliff Says:

    Ahora tengo que creerme que la jubilación la inventó la izquierda.

    ¿Birmarck era progre?

    No sé…

  4. Club Lorem Ipsum :: Materias Grises » Archivo » ¡Las reformas existen! Says:

    [...] Díaz-Saavedra; si queréis ver los números. La verdad, son bastante impepinables: como comenta Citoyen, vivimos más años, así que es lógico trabajar [...]

  5. Miguel Says:

    Creo que lo has hecho bastante bien, la mayor parte de los postulados para mí resultan casi obvios, pero es evidente que no tienen por qué serlo para los demás.
    Dicho esto, creo que se te ha colado una errata en el segundo párrafo: “En las últimas siete, …” ¿las siete qué? ¿décadas?

    Yo añadiría un requisito más al discurso: el sistema de protección social debería ser sostenible también con una población en equilibrio, sin crecimento constante. Que los recursos no son infinitos.

    A Heathcliff: Bismarck tenía muy claro que preservar la paz social era imprescindible para el despegue económico de su país, mejorando las condiciones de los obreros. No se si sería “progre”, gobernante inteligente lo era un rato.

  6. Carlos Jerez Says:

    Te recomiendo este post de Seth Godin sobre como vender ideas, los principios son muy buenos aunque lo difícil debe ser aplicarlos.
    http://sethgodin.typepad.com/seths_blog/2009/12/think-like-me-agree-with-me.html

  7. Jorge Galindo Says:

    Hablaré, pues, de elegancia, y no de precisión.

    Diría que tienes que pulir el estilo. Al texto le falta de alguna manera ritmo y se torna en algunos párrafos, repites palabras, abusas de alguna expresión que otra (grosso modo), y al enumerar la cadena de “soluciones” lías al oyente. Además, creo que de las 5 veces que usas “sostenibilidad”, al menos 3 están metidas con calzador, o al menos da esa impresión. Ah, y algún dato sencillo, un par porcentajes o así, ayudarían mucho.

    Todo ello redunda en una falta de articulación de ideas en una estructura narrativa, a pesar de que tu argumentación está bastante bien organizada. Pero el resultado final es irregular, queda algo deslucido, y con falta de potencia, a pesar de que las ideas sí merecen todo ello.

    Me extraña, porque siempre que te leo (y se podría decir que te leo siempre) me parece que escribes de manera muy fluida y eres realmente bueno exponiendo ideas complejas. Creo que la elegancia expositiva a ti te sale sola, y si a este texto le has dado más de una vuelta, se nota esa vuelta de más.

    (Sí, ha hecho falta que pidas crítica de forma y no de fondo para que pueda criticarte en algo :P)

El Club Lorem Ipsum le invita a dejar su opinión: