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Segregación, racismo y mercados laborales duales

Este post viene del anterior sobre el tema de la discriminación positiva.

Te pongo un ejemplo personal (real) que, si lo piensas, no es más que un modelo insiders outsiders aplicado a la realidad y creo que es bastante generalizable. Una explotación agrícola en Murcia tiene un trabajador fijo, blanco, que sabe manejar un tractor y es el que lleva la finca durante todo el año. Llega la época de la cosecha y necesitas a dos personas más para que recojan mientras el trabajador permanente lleva el tractor. La productividad no es individualizable; lo que tienes es un equipo trabajando que produce un único output. A la hora de contratar gente, el dueño de la explotación sabe que los inmigrantes (ecuatorianos) exigen menos y trabajan mejor; pero también sabe que el blanco al que no puede despedir es racista/xenófobo y rechaza trabajar con inmigrantes. Si le obligas a hacerlo, la productividad del grupo cae (hay mal ambiente, cooperan menos, etc,…).

¿Qué muestra esto? Te muestra que el hecho de el miembro de una minoría sea menos productivo no es necesariamente debido a que sea vago, malvado, idiota etc,… Puede deberse a algo exógeno, relacionado con el ambiente o la gente con la que interactúa o las convenciones sociales en las que se mueve. Akerlof, por ejemplo, sugiere en este paper que este tipo de esquemas multiequilibrio son bastante frecuentes.  Personalmente, apuesto a que una parte importante de los problemas de integración de minorías se deben a este tipo de esquemas. Era el caso, desde luego, de la integración de las mujeres en el trabajo.

La anécdota concreta no sugiere ninguna forma de ingeniería social con la que paliarlo. Pero vamos a prolongar el problema (esta vez de forma ficticia) a nivel macro. Si algo similar a esto se repite en todas las empresas, los inmigrantes estarán sobrerrepresentados en la masa de parados. Esto puede tener problemas a distintos niveles. Primero, es posible que los inmigrantes encuentren rentable dedicarse a otras actividades, distintas de buscar trabajo (delincuencia, etc,…) y desde luego dediquen poco esfuerzo a educarse. La señal que manda el mercado laboral es, simplemente, que no vale la pena intentarlo y el hecho de que el inmigrante sea vago o improductivo se convierte en algo endógeno. Por otro lado, será algo que provoque sentimientos de injusticia claros. Segundo, la pertenencia a la minoría se convierte en un proxy de baja productividad, de modo que tenemos un esquema de “racismo / machismo bayesiano”. Las dos tendencias se retroalimentan y tenemos lo que en economía se llama un “equilibrio” con un efecto típicamente path dependent. Si añadimos algo de lo que sabemos sobre como se forman las identidades de grupo, tenemos un primer paso para un conflicto interétnico con una segregación entre “ellos” y “nosotros” con hostilidad clara.

En el fondo, la segregación en el mercado laboral no es más que un ejemplo del modelo tipping clásico de Schelling donde la segregación ocurre a nivel geográfico con algún ingrediente adicional de información y demás. La esencia del modelo es que determinados comportamientos producen externalidades. No contratar inmigrantes produce una externalidad informacional (manda de una señal de que los inmigrantes son idiotas o malos o similar) y contribuye a producir segregación. Como todas las demás externalidades, es algo que merece ser corregido, bien con un impuesto, bien con una subvención, bien con un regulación. Concretamente, volviendo a nuestro ejemplo, la aplicación de políticas que ayuden a la integración de ingmigrantes, educación, etc… son todas formas de evitar lo que ocurre. En el caso de las mujeres, ocurre algo muy similar; obligar a las empresas a tener cierta cuota de mujeres puede romper este tipo de dinámicas.

Por descontado, esto es difícil de hacer y es el tipo de cosas que se deben hacer con cuidado. Tampoco estoy sugiriendo que no haya diferencias innatas o genéticas que justifiquen este tipo de cosas. Pero lo que sí muestra la explicación que he dado es que el mercado no necesariamente penaliza el racismo/machismo; hay un equilibrio racista perfectamente estable y subóptimo.

16 Responses to “Segregación, racismo y mercados laborales duales”

  1. Heathcliff Says:

    Al introducir la DP no conseguimos que el conductor del tractor sea menos racista o xenófobo, sino todo lo contrario.

    Si el inmigrante o la mujer de las que nos hablas en el ejemplo fuesen trabajadores más productivos, el empresario los contrataría sin necesidad de DP.

    Lo que no estás tenbiendo en cuenta es el resentimiento que genera ver cómo una persona que vale menos o igual que tú disfruta de un derecho y una prebenda de la que tú no puedes gozar.

    Las causas exógenas de las que hablas se ven exacerbadas por la DP. De hecho, nunca se ha visto que el darle pisos gratos o muy baratos a los gitanos (mientras los demás pagan religiosamente su hipoteca) haya servido para integrar a este colectivo o aumentar las simpatías hacia él, sino más bien al contrario.

    La DP no reduce las causas exógenas, sino que las estimula generando resentimiento.

    Creo yo, vaya.

  2. Kantor Says:

    Evidentemente si el mercado laboral es racista la DP podría tener sentido. Mi argumento principal es que si el mercado laboral NO es racista pero el resto de la sociedad si, entonces el mercado laboral no es el lugar donde arreglarlo.

    Además el mercado laboral no suele ser racista, si se le deja libre. Y no lo es porque al poco tiempo, alguien contrarta a un capataz ecuatoriano, o a un blanco que no sea racista, y gana mas que el otro… Vamos, que si hay racismo, la ley del precio unico va erosionándolo.

    Otra cosa es que exijamos a los empresarios que contraten a los negros o a las mujeres al mismo precio por el mismo trabajo. Entonces como no pueden competir en precio (que es en lo que uno compite cuando no puede competir en otra cosa), el empresario deja de contratar negros y mujeres (¿que mas le da a el? si es un racista se lo puede permitir) con lo cual empieza a ser necesario fijar no solo los precios, sino también cantidades: y ahí entran las cuotas.

    Total, empezamos con la equidad, luego con las cuotas, y finalmente cuando quieres depedir a alguien tienes que andar pensando si te va a demandar; asi que procuras no contratarlo, pero a la vez tienes que cumplir la cuota… Total, el mercado laboral se convierte en algo similar a los gremios del s.XI. Todo cuenta menos el trabajo bien hecho.

  3. citoyen Says:

    La DP puede tener ese efecto de exacerbar el racismo; pero puedes hacerlo de forma que no sea así. De todas formas, pensaba que la reserva de mi último párrafo os valdría; yo no he dicho que sea sencillo, yo he dicho que uno debe intentarlo.

    “Mi argumento principal es que si el mercado laboral NO es racista pero el resto de la sociedad si, entonces el mercado laboral no es el lugar donde arreglarlo”

    No entiendo muy bien lo que quieres decir. Si extiendes el modelo a nivel macro, lo que te crea el racismo (o machismo) en la sociedad es el racismo en el mercado laboral. Si el mercado laboral segrega o crea dualidades, eso acentúa el racismo y eso es un equilibrio autorreforzado. Si arreglas el problema inicial asegurando que tienen oportunidades en el mercado laboral y que no forman el grueso de la masa de paro, puedes hacer que el equilibrio en la sociedad vaya hacia una situación sin racismo.

    “Además el mercado laboral no suele ser racista, si se le deja libre. Y no lo es porque al poco tiempo, alguien contrarta a un capataz ecuatoriano, o a un blanco que no sea racista, y gana mas que el otro…”

    Esto me suena a la frase de Merton Miller de que uno no debe fijarse en la estupidez de los inversores sino en las “fuerzas predominantes del mercado” (es una de esas frases que pasarán a estar con la de Fukuyama de “ni el nacionalismo ni el radicalismo islámico son una amenaza para el fin de la historia”). O como cuando me dijiste que los sesgos cognitivos afectan la varianza y no a la media. Es un supuesto arbitrario, en el sentido de que no está justificado; simplemente lo asumes porque te resulta cómodo o porque es matemáticamente más elegante. Lo que te muestra el modelo que he esquematizado en este post es precisamente que la ley del precio único no necesariamente termina erosionándolo y que no se cumple.

    El tema de las cuotas y el equal pay se puede ver con otro modelo dónde incluyes normas sociales y convenciones que conocerías si leyeras más a Akerlof. Página 15: http://www.unc.edu/~shanda/courses/plcy289/Akerlof_Rat_Race.pdf Otra forma de verlo es con preferencias externas. Es posible que los trabajadores sean machistas y, en un contexto de salarios de eficiencia, perciban como algo injusto recibir el mismo salario que una mujer (como una señal de que su trabajo no es bien valorado) y reduzcan su productividad como consecuencia de esa injusticia percibida.

  4. Ender Says:

    “Te pongo un ejemplo personal (real) que, si lo piensas, no es más que un modelo insiders outsiders aplicado a la realidad y creo que es bastante generalizable.”

    Precisamente tu ejemplo no creo que sea muy generalizable… yo he vendimiado a jornal en La Mancha (pecadillos de juventud…) y te aseguro que el empresario, independientemente de sus prejuicios raciales (que no niego que los tuviera) contrataba inmigrantes y no inmigrantes y lo que hubiera (ojo, les pagaba lo mismo que a mi, el jornal está regulado) porque la producción hay que sacarla, eso era lo más importante.
    En tu ejemplo, esa empresa tiene un problema interno grave que afecta a su productividad futura porque elimina grados de libertad a la hora de seleccionar trabajadores, por lo que debería primero de todo despedir al tractorista.

    Por lo demás, estoy con Kantor: las sociedades en las que la DP puede tener sentido, nunca la aplicarán… impón una medida de discriminación positiva hacia la mujer en Afganistán o en Arabia Saudí y yo la apoyaré.

    Mi tesis es que las sociedades en que se aplica, el efecto de discriminación que tratan de corregir es irrelevante frente al mucho más grave y profundo de pobreza y marginación.

  5. Citoyen Says:

    “Precisamente tu ejemplo no creo que sea muy generalizable… yo he vendimiado a jornal en La Mancha (pecadillos de juventud…) y te aseguro que el empresario”

    En mi ejemplo, el empresario no es racista; los que son racistas son los trabajadores. por eso se llama “insiders-outsiders”.

    “esa empresa tiene un problema interno grave que afecta a su productividad futura”

    Bueno, si se trata de algo más o menos generalizado, tal vez no puedas. Es posible que el tractorista conozca mejor la finca que nadie y no puedas prescindir de él (esto se llama “inversión espefíca”) o es posible que toda la gente con cualificación de tractorista sea blanca y racista (algo que en el modelito que extiendo se produce de forma espontánea). Quiero decir, ¿cuantos ingenieros ecuatorianos hay en España?

    Por cierto kantor, los argumentos de pendiente resbaladiza no valen. Suenan a “empiezas admitiendo la propiedad privada y terminas apoyando a Pinochet”; no es un argumento.

  6. Kantor Says:

    “Suenan a “empiezas admitiendo la propiedad privada y terminas apoyando a Pinochet”; no es un argumento.”

    A mi me ha pasado, Citoyen.

    Los argumentos de “pendiente resbaladiza” son correctos cuando hay un proceso real que hace las veces de gravedad y velocidad. La gracia de una pendiente resbaladiza es que cuanto más rapido vas, mas te cuesta parar. No valen cuando se limitan a criticar una medida cuantitativa en nombre de que solo cuentan las diferencias cualitativas.

    Si hoy no dejas al empresario explotar a los negros y a las mujeres, pagandoles menos por lo mismo, contratará hombres blancos, y mañana tendrás que imponer cuotas. Es obvio, y si es un argumento de “pendiente resbaladiza”, entonces es que valen esa clase de argumentos.

    La ley del precio único funciona; si hay capitalismo, hay entrantes, y estos presionan siempre por igualar precios, por el expeditivo método de dejar que sean distintos.

    Otra cosa es que no haya capitalismo, sino discriminacion coactiva contra los posibles entrantes.

  7. Fernando Poo Says:

    Estimado Citoyen:

    ¿Has pensado que las “externalidades”, la famosa discriminación, la crea el hecho de que el mercado laboral está intervenido?

    Si el empresario murciano pudiera despedir sin indemnización al tractorista xenófobo, éste se vería obligado a trabajar con los compañeros aunque no quisiera simplemente porque al empresario le conviene.

    La injusticia se produce porque el coste de despedir al xenófobo puede ser mayor que la rentabilidad de contratar a los ecuatorianos.

    En un sistema abierto, la competencia siempre favorece a las personas que mejor se adaptan penalizando, por tanto, actitudes como la xenofobia. En un sistema con previlegios laborales para los que trabajamos como el español, sin embargo, estas actitudes se pueden dar pues están [indirectamente]defendidas.

    Saludos

  8. Fernando Poo Says:

    Por cierto, el razonamiento también vale para los empresarios. Los empresarios xenófobos, si se niegan a contratar inmigrantes aunque estos sean más baratos, acabarán siendo expulsados del mercado por lo que sí contratan inmigrante pues no podrán competir en precio.

  9. Nemotecnico Says:

    Concuerdo con la postura expresada por Kantor, Ender y hasta cierto punto con Fernando Poo, pero si es cierto que éste último obvia uno de los aspectos que ha destacado Citoyen. Es cierto que el empresario puede obligar al tractorista xenófobo a que trabaje con jornaleros ecuatorianos, le haga más o menos gracia (y si no hay restricciones al despido, y por tanto su poder de negociación es menor, tendrá serios incentivos para callarse la boca). No obstante, no hablamos de absolutos: El hecho de tener que trabajar con ellos es algo que no le agrada, y eso redundará en una más baja productividad que en consecuencia se trasladará al grupo en conjunto. De ahí que, en ese sentido, se refuerce el argumento de Citoyen. A fin de cuentas, trabajar a desgana puede mostrarse de muchas formas, a cada cual más sutil, y puede traducirse en términos de productividad tanto de forma directa (en el output) como de forma indirecta (creando mal ambiente, poca cohesión, disrupciones, etc.).

  10. Nemotecnico Says:

    Algo que se me olvidaba: Si a ese hecho le añades que el tractorista puede ser una “inversión específica” o en todo caso difícil de sustituir (tanto a un nivel más general por la situación del mercado laboral, por su propia formación o productividad; o a un nivel más concreto porque posee gran formación en su trabajo específico, conociéndose la finca de pe a pa), la posibilidad de despido, aun en un mercado sin restricciones al despido, se vuelve mucho más complicada, con lo que se refuerza el hecho de que lo más probable es que el tipo trabaje “a desgana”, con las consecuencias que eso conlleva para la productividad individual y la del grupo.

    Si esa situación fuese más general, bien, puede que no afectase a la ocupación, pero desde luego la productividad estaría infravalorada, y las de los jornaleros ecuatorianos, en particular, mucho más que la media, pero no por causa propia.

  11. Nemotecnico Says:

    Y otra más: Aunque todo lo dicho anteriormente, en cualquier caso, no se resuelve con cuotas ni políticas de discriminación positiva. Es un efecto congénito de la socidad a la que afecte. En ese sentido estoy plenamente con Kantor.

    (P.D. Perdonad los tres posts tan seguidos, es lo que tiene escribir con prisas y carecer de posibilidad de editar los mensajes :p)

  12. Demócrito Says:

    Disiento de Kantor cuando afirma: “Mi argumento principal es que si el mercado laboral NO es racista pero el resto de la sociedad si, entonces el mercado laboral no es el lugar donde arreglarlo.” El mercado laboral está articulado junto con otros subsistemas sociales y es dependiente de ellos. No podemos hacer una separación neta y afirmar que la sociedad es racista y el mercado laboral, o meramente el mercado, no lo son. Al menos ciertos hechos no parecen acomodarse a tal afirmación: a igualdad de formación (licenciatura) los trabajadores de origen magrebí de segunda generación en Francia sufren una tasa de paro cercana al triple de la de los de origen francés. Da que pensar.

    Dicho esto, también es cierto que el mercado laboral, si es funcional, crea sistemas de incentivos que erosionan ciertas conductas racistas (no necesariamente las actitudes, aunque con la modificación conductual éstas últimas también se vean debilitadas). La cuestión es, y ya lo ha apuntado Fernando, que el mercado laboral no tiene por qué ser perfectamente funcional. Una empresa puede permitirse emplear trabajadores menos cualificados, por ejemplo, si alcanza una posición dominante en un mercado con barreras de acceso, puesto que los mecanismos de mercado en este caso no serán capaces de expulsarla, al menos en el corto-medio plazo.

    Esto me lleva a otra cuestión quizá minusvalorada por Kantor y Ender: los plazos. Si bien es un hecho que la mujer ha alcanzado su posición actual en buena medida gracias a su inserción en el mercado laboral, no lo es menos que ha costado casi dos siglos lograrlo, aunque es un proceso que se ha acelerado considerablemente en los últimos cincuenta años. La ley del precio único funciona, cuando y donde lo hace, a largo plazo, es natural que las minorías discriminadas no aprecien en mucho la posibilidad de esperar tres o cuatro generaciones para solucionar sus problemas.

    Pero, siempre hay un pero, es cierto que la discriminación positiva puede introducir ineficiencias y desequilibrios en distintas áreas. En mi opinión debería ser una solución de emergencia y muy justificada. En eso estoy con Ender pues creo que existen otros mecanismos menos intrusivos y que causan menos rechazo social. Hablo de mayores esfuerzos de integración mediante la educación y la formación profesional, por ejemplo. También de un estado de bienestar que, al ofrecer soporte a los ciudadanos más desfavorecidos, también lo hace con las minorías de algún modo marginadas. De hecho, no puedo evitar sentir cierta sospecha ante la discriminación positiva por parecerme el encubrimiento político de un fracaso: el de no haber podido desarrollar un mercado laboral eficiente, una educación de calidad e inclusiva y un estado del bienestar sólido.

  13. Kantor Says:

    “a igualdad de formación (licenciatura) los trabajadores de origen magrebí de segunda generación en Francia sufren una tasa de paro cercana al triple de la de los de origen francés”

    El mercado resuelve eso mediante las desigualdades salariales: los magrebies cobran menos por el mismo trabajo, y se vuelven mas atractivos para el empleador. ¿Dejamos al mercado ajustarse así? No, claro: sería injusto. Además un magrebí es (por razones culturales) mas arriesgado para el empleador que un frances. ¿Dejamos al empleador echarle facilmente si sale mal la jugada? No, es Francia! Luego está el hecho de que sería interesante comprobar si los magrebies estudian licenciaturas mas o menos valoradas en el mercado. Porque comparar “licenciados” con “licenciados” a mi me parece una agregación salvaje.

    En cuanto a las mujeres, desde que su situacion legal se ha equiparado a la de los hombres hasta su inserción en el mercado laboral en términos de relativa igualdad han pasado bastante menos de 50 años. Porque la primera generacion de mujeres formadas y con ambiciones comparables a las de los hombres es como muy pronto la de las que nacieron en los 60s, y el mercado laboral las absorvió con su imparcial eficacia en los 80.

    La parte del proceso de liberación femenina asociada a la plena obtencion de la ciudadanía, a la aceptación de la mujer como igual en la sociedad, en la interiorización de la propia libertad y en el desarrollo de una educación y expectativas similares a las de los hombres ha durado 200 años, si. La absorción en el mercado laboral, 20 años at most. ¿Por que? Por la ley del precio único.

  14. José Luis Ferreira Says:

    En el ejemplo del tractorista, funciona la discriminación a corto y medio plazo, pero a largo plazo, el empresario que, en las nuevas contrataciones ofrezca el puesto de tractorista a una persona no xenófoba acabará ganando más. Pero el largo plazo puede tardad, y medidas anti-racistas pueden funcionar. Aunque en este caso tal vez no la DP.

    El mercado de trabajo puede no ser discriminatorio, la sociedad sí serlo y tener en la DP en el mercado de trabajo la solución. Por ejemplo, el empresario no discrimina, pero sus clientes sí, así que no puede contratar a un empleado con la característica X (donde X es mujer, negro, inmigrante,…) porque perderá clientes. Una DP que obligue a todos a tener una cuota de empleados de la categoría X hace que no pierda clientes, puesto que los clientes no encontrarán una alternativa que satisfaga sus prejuicios.

  15. Demócrito Says:

    Kantor:

    Ya dije que da que pensar, no que haya escrito un papel al respecto. De todas formas, te conozco ;) y podrás exigir el cumplimiento de condiciones ceteris paribus hasta el infinito y mas allá. A mí, a bote pronto, se me ocurre desglosar por tramos de edad, experiencia, nivel educativo y de renta de la familia de origen, carrera cursada y centro educativo donde se cursó, poseer postgrado o no, experiencia laboral, zona geográfica, sexo y el nombre de la suegra, pero no tengo los datos y no puedo ponerme a ello.

    Respecto a los prejuicios racistas, pensar que los empresarios van a estar libres de ellos no se sostiene. Si existe un prejuicio racial extendido en la sociedad, y este es razonablemente homogéneo, de cada agregado (empresarios, lampistas, señoritas de compañía y rubios de ojos azules) tendrás tu bonito pocentaje de individuos con actitudes racistas. Estoy de acuerdo con vosotros, no obstante, en que un sistema de incentivos que castigue la consucta discriminatoria (los curritos magrebíes me salen más baratos a igualdad de productividad) impulsará al individuo en cuestión a modificarla.

    Pero esos sistemas de incentivos que en teoría el mercado debiera originar muchas veces no funcionan. ¿Por qué? Porque la realidad es sucia, nada elegante, no es una bonita fórmula matemática. Porque resulta que es muy difícil medir la productividad individual en numerosísismos casos, por ejemplo. Porque la productividad depende en la mayoría de los puestos de trabajo más de los sistemas, procesos y el capital físico que de la “calidad” individual del trabajador, por ejemplo. Porque buscar empleados supone costes de trnsacción y si puedo evitarlos (nepotismo, redes sociales) los evito, por ejemplo.

    ¿Por qué carajo en el Mercadona de mi barrio ahora hay españoles en la atención de cajas? ¿Porque son mejores cajeros? Mis cojones. Porque antes ni se presentaban y ahora lo hacen, y los prefieren antes que a otros de otra procedencia. Dado que es un trabajo poco cualificado tampoco necesitas que el seleccionado ofrezca un capital humano excepcional, no es demasiado difícil elegir. Y total, les pagas lo mismo.

    Es decir, un empresario será cuidadoso eligiendo objetivamente (y asumiendo costes de transacción por tanto) a su administrador de red, no vaya a ser que le tire abajo las comunicaciones. Seguramente elija un ingeniero magrebí si es eficiente y le sale más barato. En cambio un tipo ineficiente en caja no provocará grandes problemas y es fácil (menos de un mes) ponerlo a un nivel razonable. No tienes grandes incentivos para dejar de ser racista, si es que lo eres. O para dejar de elegir tirando un dado, si es que no lo eres.

    A eso se añade, como ya comenté, la existencia de ineficencias causadas por la competencia imperfecta en numerosos sectores, lo que permite a algunos empleadores hacer de su capa un sayo, gracias a que tienen clientes cautivos que les financiarán las cagadas.

    Esto significa que la ley de precio único no funciona como la de gravitación universal. Digamos que es mucho menos universal y que un agente puede pelearse mucho más con ella. A la larga quizá pierda, pero a la larga.

    Respecto a lo de las mujeres me estás haciendo trampa, y lo sabes, que tú conoces mejor la historia económica que yo. Dices:
    “En cuanto a las mujeres, desde que su situacion legal se ha equiparado a la de los hombres hasta su inserción en el mercado laboral en términos de relativa igualdad han pasado bastante menos de 50 años. Porque la primera generacion de mujeres formadas y con ambiciones comparables a las de los hombres es como muy pronto la de las que nacieron en los 60s, y el mercado laboral las absorvió con su imparcial eficacia en los 80.”
    Y yo te digo que las mismas capacidades y ambiciones (sobrevivir, esencialmente) tenían las trabajadoras del textil de 1830 en Gran Bretaña que los hombres.

    También dices:
    “La absorción en el mercado laboral, 20 años at most. ¿Por que? Por la ley del precio único.”
    Y yo te digo que durante siglo y pico la ley del precio único se la pasaron por donde da gustito los empresarios, pagando sistemáticamente menos a la mujer obrera que a su equivalente masculino, incluso cuando realizaban labores similares. Y discriminándola de puestos que podría haber ejercido perfectamente porque no estaba aceptado que los ocuparan (total, a menudo sobraba la mano de obra masculina) La absorción y relativa igualación en el mercado laboral se origina a partir de que la segunda revolución industrial (y la Segunda Guerra Mundial) provoquen mayores déficits de mano de obra y mayores exigencias de cualificación. En los setenta el advenimiento del toyotismo, superando sistemas tayloristas de organización, impulsará definitivamente el cambio. Es entonces cuando la ley de precio único comienza a apretar.

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