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El Coliseo

Archive for Diciembre, 2009

Pasando reformas IX: La urgencia

Domingo, Diciembre 13th, 2009

La idea de que Europa y España en particular necesita cambiar de modelo productivo no es nueva. Es algo que está en la agenda política al menos desde hace una década y en la agenda de los economista desde hace bastante más. Europa lleva más de treinta años creciendo a ritmo anémico y con tasas de paro que no deberían ser aceptables por casi ninguna sociedad.

Sin embargo, la crísis ha hecho la necesidad de reformas aún más acuciante. Como explica la gente de Nada es gratis que el gobierno empiece a dar señales de decisión es urgente. Os recomiendo vivamente que leáis este post de Luis Garicano y este post de Tano Santos (el segundo es totalmente fundamental), aquí me voy a limitar a hacer un resumen/comentario. De forma resumida; un informe reciente de Standard and Poors ha anunciado malas perspectivas para la economía española. El efecto que tiene el hecho de que los inversores tengan malas expectativas es que el riesgo de impago es mayor y eso hace que a la hora de quedarse con deuda del estado exijan una prima de riesgo; endeudarse va a ser cada vez más caro; esto a su vez contribuye a que la deuda sea mayor.

¿Por qué es esto así? Una primera razón es que el deficit en España ha crecido de forma brutal durante la crísis y por tanto ha hecho que tengamos más deuda y más deuda, significa más riesgo de impago. Pero el problema fundamental es uno de expectativas. Durante los años pasados España mejoró mucho sus finanzas, esto es, los ingresos crecieron mas rápido que los gastos y en 2005 tuvimos el primer superavit de la democracia. La perspectiva frente al futuro hace pensar que esto no será así.

¿Por qué? Primero, porque la economía estuvo creciendo de forma artificial a través de una burbuja immobiliaria, de forma que ese desarrollo era esencialmente transitorio y los ingresos obtenidos por este hecho también lo eran. Segundo, el sector privado está altamente endeudado y si seguimos teniendo deflación, el valor real de las deudas aumentará lo que reducirá la inversión privada y el consumo privado (que son dos componentes muy importantes del PIB).

Como ninguna de estas cosas debería cambiar en el futuro, los inversores pedirán una prima de riesgo mayor a cambio de quedarse con la deuda. ¿Como se asegura que el deficit mejore y el riesgo sea menor? Para verlo mirad esta ecuación deficit=gastos- gravamen x base imponible. El gravamen es lo altos que son los impuestos; la base imponible es, grosso modo, el PIB. Como explicar Tano Santos, para que el deficit se reduzca, el gobierno puede subir los impuestos, reducir los gastos o asegurar un crecimiento más rápido. Reducir los gastos es complicado y de ámbito limitado; supondría ponerse a tocar cosas difíciles de tocar durante una recesión como el estado de bienestar, algo que como socialdemócrata no me entusiasma. Subir los impuestos tiene inconvenientes similares en una recesión. Luego la solución pasa por hacer que la base imponible aumente más rápido; es decir, pasar reformas estructurales que reduzcan el paro (aumentando el PIB, reduciendo el gasto en subsidio de desempleo) y aumenten el PIB.

No es sólo que esto sea necesario, en sí mismo, como lo era hace diez años, para tener un modelo social sostenible. Es que además, es necesario enviar una señal a los inversores de que las cosas van a mejorar para que estén dispuestos a invertir en España y a quedarse con la deuda estatal. Como decía Luis Garicano, y sugería Egocrata el otro día, es un problema de mostrar voluntad política.

¿Cómo andamos en España de voluntad política? En el caso del gobierno, yo diría que es al menos preocupante. La impresión generalizada que el gobierno todavía no ha sido capaz de contrariar, es que la administración de Zapatero subestimó la crísis desde el principio y todavía está en esa situación. Poner a la cabeza del ministerio a Elena Salgado no ha sido un avance desde luego, como no lo son los problemas estructurales de comunicacion que tiene el gobierno desde su primera legislatura. Por otro lado, el gobierno parece haber sacralizado el diálogo social y estar dispuesto a casi cualquier cosa con tal de no llevarle la contraria a los sindicatos. Como decían por aquí, el gobierno parece estar cautivo.

Esto no sería un problema si los sindicatos tuvieran consciencia de lo grave que es la situación; de lo necesario que es reformar el mercado laboral; de lo urgente qeu es pasar reformas estructurales. Lo que pasa por la mente de los sindicalistas es para mí un misterio; mi impresión sería pésima si no leyera a Jose Rodríguez, pero aún conociéndolo, cuando leo lo que dicen y hacen los sindicatos, mi impresión sigue siendo muy mala.

Quiero insistir en que esto no es un problema ideológico; a mí me gustaría que lo fuera, pero que la situación es grave y urgente es así y las soluciones no son únicas, pero tampoco son infinitas. Cualquier principio de solución tendrá que empezar por hacer los mercados de productos más competitivos y un mercado laboral que tenga una tasa de paro menor y ambas cosas son impepinables.

Con su actitud, el gobierno no sólo está poniendo en peligro la prosperidad del país para las próximas dos décadas; está dándole la razón a la gente que piensa que el proyecto socialdemócrata es incompatible con hacer buena política económica.

Matemáticas & economía

Jueves, Diciembre 10th, 2009

It is interesting that Menger wrote a letter to Walras on this very subject.(…) Menger said that mathematics was all very well for certain descriptive purposes, but it did not enable you to get the essence of the phenomenon. I wish I thought it were true that the language of mathematics had some special faculty drawing attention away from pseudo-problems of qualitative essence. For, unlike Menger, I would consider that a great advantage.

Paul Samuelson en un fantástico (y muy legible) artículo sobre el uso de las matemáticas en la economía.

Como decía Kantor, esta es una de las cosas que los germánicos (alemanes o austriacos) tienen en común, hablemos de Marx, Menger o Hegel, esa fiebre hermeneútica era algo común en esa época en europa central.

Costes de despido: buenos y malos

Martes, Diciembre 8th, 2009

Por geografía subjetiva plantean una serie de objecciones a la idea de Blanchard que presenté hace unos meses para reemplazar el esquema actual de indemnización por despido y sustituirlo por un sistema de impuesto sobre los despidos con un mercado laboral más barato. Las objecciones de geógrafo malinterpretan algo la idea, así que voy a intentar presentarla de forma clara.

A la hora de decidir si despide o no a un trabajador, un empresario compara dos cosas; el beneficio de despedirlo y el coste de despido. Vamos a ignorar el primer componente y a suponer que es simplemente un dato; el funcionamiento normal de una empresa hace que en ocasiones sea ventajoso despedir a un trabajador y reemplazarlo por otro, o no, para este caso nos da igual. Por tanto en este esquema simplificado, que un trabajador sea o no despedido depende exclusivamente del coste de despido. Si los costes de despido son altos, veremos menos despidos (también menos contratatación) y si son bajos veremos más despidos (y más contratación).

En el debate sobre el mercado laboral, se suele identificar coste de despido con indemnización por despido. Sin embargo, esta es una perspectiva miope. Desde el punto de vista de una empresa (que es de lo que hablamos cuando hablamos de coste y de lo que habla Díaz Ferrán) es más amplio el coste de despido que incluye todos los costes en que debe incurrir la empresa para poner fin a la relación laboral. Dentro del coste de despido hay que distinguir dos aspectos.

  1. Un primer componente es una transferencia; en este caso, la empresa paga una cantidad de dinero que va a parar a otro agente. En el esquema actual, se trata de la indemnización por despido que cobra el trabajador. En el esquema de Blanchard se trataría también del impuesto que recibiría la seguridad social.
  2. Un segundo componente es lo que los economista llamamos el “coste irrecuperable” en (hacienda pública se llama de “exceso de gravamen”). El coste irrecuperable son aquéllos costes de los que no se beneficia nadie; incluyen los costes de negociar, los costes administrativos, el tiempo que se tarde en terminar con la relación laboral, los costes procesales en caso de que los haya, la incertidumbre respecto al futuro etc,…

Desde el punto de vista económico la distinción es importante. Una transferencia, en principio, tiene efectos puramente distributivos y no tiene un coste de eficiencia; desde el punto de vista social, tenemos la misma cantidad de dinero distribuida entre el trabajador y la empresa. El coste irrecuperable, sin embargo, no beneficia a nadie, es por así decirlo una “desperdicio”.

Uno de los efectos perversos del sistema actual es que el componente de “coste irrecuperable” es bastante fuerte; como explica Samuel Bentolila en el enlace los costes de despido no son una decisión discrecional y conocida ex ante sino que dependen en buena medida de un pulso entre sindicatos y empresarios y en última instancia de la decisión del juez. Todo esto crea una serie de costes adicionales de gestión de los que nadie se apropia. El esquema dónde el despido ocurre por causas objetivas y se paga un impuesto tiene el efecto de minimizar el componente de coste irrecuperable y convertirlo, entero, en una transferencia.

Esto me lleva al segundo punto en el que geógrafo se equivoca. Como explicaba más arriba, el número de despidos que vemos en la economía depende del coste de despido al que se enfrenta la empresa. Sin embargo, da la impresión de que geógrafo sugiere a) que establecer un impuesto sobre los despidos sería un coste adicional que las empresas no aceptarían y b) que esto produciría más paro porque dejaría desprotegida a la gente mayor. En realidad no. Vamos a verlo. Hay que separar dos aspectos; el tema de la antigüedad y el del coste.

La ventaja de un esquema dónde el despido funciona con causas objetivas y se paga un impuesto en función del número es, como he dicho, reducir el componente de coste irrecuperable. El esquema no tiene, en principio, por qué afectar al nivel de desempleo ni a la estructura del mismo. El esquema puede establecerse para que el coste de despido sea idéntico pero su composición entre coste irrecuperable, indemnización e impuesto sea distinta y en dado que al empresario le da igual si el dinero va a parar al estado, al empleado o a los abogados, tendremos el mismo nivel de despidos.

La ventaja de un impuesto respecto a la indemnización es, como decía en el artículo original, reducir el componente de suma cero (yo gano, tú pierdes) del despido al tener al Estado como mediador. Además, el Estado podría desacoplar ambos componentes; varias los costes de despido sin por ello tener que varias las prestaciones por desempleo.

En relación con el tema de la antigüedad; es algo controvertido. Lo cierto es que la propuesta original de Blanchard sugería que el coste por despido aumentara con el tiempo que llevara dentro de la empresa el trabajador y eso también lo que sugerían los chicos del Manifiesto de los Cien. Personalmente, es algo que no termina de convencerme. El argumento de Geógrafo de que es mejor tener a gente que la empresa preferiría no tener porque entonces los veríamos ir al paro no es un argumento que se sostenga en términos generales. Quiero decir, es el mismo argumento que te lleva a justificar que se prohiba la luz eléctrica para que los fabricantes de velas no vayan todos al paro o a reducir la inmigración paa reducir el paro y es algo sin ningún soporte teórico ni empírico (de verdad). Los costes de ajuste son algo a tener en cuenta, pero en ningún caso algo que deba impedir el ajuste de forma permanente.

Por otro lado, geógrafo tiende a cometer el error ingenuo de que la estructura salarial se basa en la antigüedad porque, hum,… ¿el estado obliga a ello?. Existen razones económica para que una empresa decida pagar más a sus trabajadores más antiguos, fundamentalmente dos. En primer lugar, es una forma de disciplinar a los trabajadores; si sabes que vas a cobrar más mañana, más te vale trabajar duro para que no te despidan entre tanto. Si la empresa quiere que esta disciplina sea efectiva, debe ser creíble y no romper este tipo de relaciones. En segundo lugar, los trabajadores tienden a aumentar su productividad con la experiencia en la empresa y la antigüedad es una forma de reactualizar el contrato de forma automática.

Por último, existe un conjunto de buenas razones por las que los seguros de desempleo no son privatizables. Leeos este post (y los dos que lo preceden).

Segregación, racismo y mercados laborales duales

Miércoles, Diciembre 2nd, 2009

Este post viene del anterior sobre el tema de la discriminación positiva.

Te pongo un ejemplo personal (real) que, si lo piensas, no es más que un modelo insiders outsiders aplicado a la realidad y creo que es bastante generalizable. Una explotación agrícola en Murcia tiene un trabajador fijo, blanco, que sabe manejar un tractor y es el que lleva la finca durante todo el año. Llega la época de la cosecha y necesitas a dos personas más para que recojan mientras el trabajador permanente lleva el tractor. La productividad no es individualizable; lo que tienes es un equipo trabajando que produce un único output. A la hora de contratar gente, el dueño de la explotación sabe que los inmigrantes (ecuatorianos) exigen menos y trabajan mejor; pero también sabe que el blanco al que no puede despedir es racista/xenófobo y rechaza trabajar con inmigrantes. Si le obligas a hacerlo, la productividad del grupo cae (hay mal ambiente, cooperan menos, etc,…).

¿Qué muestra esto? Te muestra que el hecho de el miembro de una minoría sea menos productivo no es necesariamente debido a que sea vago, malvado, idiota etc,… Puede deberse a algo exógeno, relacionado con el ambiente o la gente con la que interactúa o las convenciones sociales en las que se mueve. Akerlof, por ejemplo, sugiere en este paper que este tipo de esquemas multiequilibrio son bastante frecuentes.  Personalmente, apuesto a que una parte importante de los problemas de integración de minorías se deben a este tipo de esquemas. Era el caso, desde luego, de la integración de las mujeres en el trabajo.

La anécdota concreta no sugiere ninguna forma de ingeniería social con la que paliarlo. Pero vamos a prolongar el problema (esta vez de forma ficticia) a nivel macro. Si algo similar a esto se repite en todas las empresas, los inmigrantes estarán sobrerrepresentados en la masa de parados. Esto puede tener problemas a distintos niveles. Primero, es posible que los inmigrantes encuentren rentable dedicarse a otras actividades, distintas de buscar trabajo (delincuencia, etc,…) y desde luego dediquen poco esfuerzo a educarse. La señal que manda el mercado laboral es, simplemente, que no vale la pena intentarlo y el hecho de que el inmigrante sea vago o improductivo se convierte en algo endógeno. Por otro lado, será algo que provoque sentimientos de injusticia claros. Segundo, la pertenencia a la minoría se convierte en un proxy de baja productividad, de modo que tenemos un esquema de “racismo / machismo bayesiano”. Las dos tendencias se retroalimentan y tenemos lo que en economía se llama un “equilibrio” con un efecto típicamente path dependent. Si añadimos algo de lo que sabemos sobre como se forman las identidades de grupo, tenemos un primer paso para un conflicto interétnico con una segregación entre “ellos” y “nosotros” con hostilidad clara.

En el fondo, la segregación en el mercado laboral no es más que un ejemplo del modelo tipping clásico de Schelling donde la segregación ocurre a nivel geográfico con algún ingrediente adicional de información y demás. La esencia del modelo es que determinados comportamientos producen externalidades. No contratar inmigrantes produce una externalidad informacional (manda de una señal de que los inmigrantes son idiotas o malos o similar) y contribuye a producir segregación. Como todas las demás externalidades, es algo que merece ser corregido, bien con un impuesto, bien con una subvención, bien con un regulación. Concretamente, volviendo a nuestro ejemplo, la aplicación de políticas que ayuden a la integración de ingmigrantes, educación, etc… son todas formas de evitar lo que ocurre. En el caso de las mujeres, ocurre algo muy similar; obligar a las empresas a tener cierta cuota de mujeres puede romper este tipo de dinámicas.

Por descontado, esto es difícil de hacer y es el tipo de cosas que se deben hacer con cuidado. Tampoco estoy sugiriendo que no haya diferencias innatas o genéticas que justifiquen este tipo de cosas. Pero lo que sí muestra la explicación que he dado es que el mercado no necesariamente penaliza el racismo/machismo; hay un equilibrio racista perfectamente estable y subóptimo.

Economía de la discriminación positiva

Miércoles, Diciembre 2nd, 2009

La discriminación positiva lleva siendo una de las bestias negras de la derecha, al menos desde finales de los años setenta cuando se formó esa extraña coalición que incluía a científicos sociales escépticos, conservadores con mala uva y racistas convencidos y que viene teniendo una apariencia de respetabilidad desde entonces.

Lo cierto es que la idea tiene una apariencia de respetabilidad entre economistas. Si los miembros de una minoría (digamos, los gnomos de jardín) son vagos o idiotas no hay ninguna razón para forzarlos a estar dentro del mercado laboral si son menos productivos. Se sugiere, además, que el hecho de dar dinero a los gnomos hará que los gnomos sigan siendo pobres porque no tendrán razones para esforzarse.

 Chris Dillow da, sin embargo, una fantástica explicación de por qué puede ser, de hecho, una buena política introducir cuotas para los gnomos. La idea es básicamente la misma que la que expuse en este post. Si se puede identificar una correlación entre gente pobre y ser miembro de una minoría, se puede redistribuir renta dándoles ventajas legales. Para que esto no cause problemas de eficiencia, la pertenencia a esa minoría debe estar a) muy correlacionada con ser pobre b) Depender muy poco del individuo.

Kantor me replicaba por mail que esto es un argumento para dar dinero a esa minoría, no para obligar por ley a que haya más gente de esa minoría en ciertos puestos. Más; sugería que si los gnomos son congénitamente inútiles o vagos, lo suyo sería pedirles que tuvieran menos hijos para que hubiera menos gente congénitamente inútil o vaga ¿no?

El problema de Kantor es que no entiende que el hecho de ser vago o inútil independientemente del esfuerzo que uno haga no es necesariamente algo que no se pueda modificar con ingeniería social. Los modelos insiders outsiders del mercado laboral sugieren que la productividad de un individuo puede depender de como encaje dentro de la dinámica de un grupo. La existencia de odio racial o de prejuicios asentados, está claro, debería ser algo que ayude. Ahora bien, este tipo de cosas se pueden, en teoría modificar. Akerlof sugiere, por otro lado, que es probable que la identidad juegue un papel importante en este tipo de cosas. Más; Akerlof y Shiller sugieren en este librito que la falta de éxito de los negros puede probablemente deberse al hecho de que desde pequeños están imbuidos en una narrativa dónde entienden que por el hecho de pertenecer a ese colectivo no pueden tener éxito; eso es algo que repercute sobre su esfuerzo y hace que su ambición sea menor. Por último, el probable que determinadas estructuras sociales, aparentemente neutras, no lo sean en la práctica o estén sesgadas. Las pruebas de aptitud son un ejemplo. Si quieres evaluar la cultura general, por ejemplo, que es algo muy correlacionado con el interés o el esfuerzo o la curiosidad o lo que sea etc,… tiene sentido que te pregunten por, digamos, Lope de Vega, si eres español, en la medida en que si no lo conoces señaliza que eres probablemente tonto o inculto. Si eres Austriaco no tiene sentido y no señaliza nada en absoluto.

Todas estas cosas se pueden modificacar con discriminación positiva y es buena economía. La idea de que las relaciones de mercado ocurren en el vacío cultural y social no lo es.